¿La vida como capricho absurdo?

**Gibraltar (IV) Significado militar del peñón http://www.gaceta.es/pio-moa/significado-militar-penon-gibraltar-iv-04122014-1206

**La historia no es una simple ilustración más o menos inútil, sino el cimiento de unas políticas actuales que están  llevando al país a la ruina, lo que indica que el cimiento es falso, de arena. El programa de radio “Cita con la Historia” desafía a la ley de memoria histórica y las versiones del pasado que intentan oficializarse de modo totalitario.  Lógicamente, carecemos de subvenciones o mecenazgo,  por lo que la continuidad del proyecto va a depender del interés que muestren en él sus oyentes. El programa podría mantenerse a partir de 30.000 euros al año, una suma modesta. Para reunirla bastaría con que unos centenares de seguidores aportasen una pequeña cantidad, a partir de  10 euros al mes o 100-120 para todo el año. Apelamos, por tanto, a nuestros oyentes para cambiar la difundida “cultura de la queja” por la cultura de la acción y apoyo. 

El número de la cuenta, de Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI es, en el  BBVA:  ES09 0182 1364 33 0201543346

**Próximo programa de Cita con la Historia: sobre la Reconquista.

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–…ni Dios ni amo, que dicen los anarquistas. Mira, Pepe, en la práctica tenemos que orientarnos y actuar  en la vida según esta nos va exigiendo y de nada nos vale  pedir a Dios. Si tiene que haber una sequía por las condiciones meteorológicas, las rogativas pueden calmar algo la angustia de la gente, pero en realidad no sirven de nada. Si tú rezas a Dios todas las noches y todas las mañanas, y te va bien en la vida, puedes atribuirlo a esos rezos y a la protección de Dios; pero muchas personas no rezan, incluso blasfeman o son ateos, y les va igual de bien. O de  mal, tanto los que rezan como los que blasfeman. Y por bien que nos vaya sabemos que la muerte acaba con todo eso. Es decir, consumimos la vida en esa pasión inútil, que decía Sartre, y no existe ninguna transcendencia, nada que dé a la vida un sentido superior al que percibimos que tiene. Ahora bien, ¿quita eso valor a la vida? ¿Quita la libertad al hombre? Al contrario. Significa que el hombre se crea a sí mismo, no depende de algo superior. Es más, está condenado a ser libre, no tiene más remedio. La libertad consciente consiste precisamente en prescindir de transcendencias ilusorias. Eso exige valor para afrontarlo, aceptar la angustia, pero también es liberador.

–Ah, todo eso no son más que juegos de palabras. Tu Sartre derivó hacia el marxismo, que es precisamente la negación de la libertad. Eso no es casual. El marxismo es la imposición de lo social sobre lo individual, por eso nunca tiene reparo en sacrificar a miles o millones de individuos, todo por una “pasión inútil” de carácter social. También pudo haber derivado Sartre hacia el anarquismo, como sugerías, haciendo del individuo el todo y de la sociedad nada, es decir, concibiendo la sociedad como un conjunto de individuos que hacen lo que les da la gana… lo cual impide la vida social. Pero el marxismo, como el anarquismo, son consecuencias ineludibles  de la idea de que, como esta vida lo es todo y no hay transcendencia, lo que tiene que hacer cada cual es lo que le pida el cuerpo. El marxismo es más elaborado: socializa al grado máximo esa libertad individual, y al socializarla, la anula. Además, volvamos al principio: no estamos aquí por propia decisión, sino por voluntad ajena e inescrutable, como decías. Tampoco morimos porque lo hayamos decidido o deseado, salvo casos especiales. No nacimos donde queríamos ni en la época en que queríamos, ni en la familia que queríamos: todo eso nos viene dado por algo independiente de nuestra voluntad y de nuestra libertad. Y  a lo largo de la vida la mayor parte de las cosas que nos pasan tienen muy poco que ver también con nuestra libre voluntad. Si lo miramos  bien, nuestra libertad es igual que nuestra consciencia, es un islote en medio de un mar de inconsciencia y determinación… Por consiguiente hemos de admitir una voluntad superior, aunque no la entendamos. Eso aparte de que una libertad que es por definición inútil se convierte en un capricho idiota.

–Bien, entiendo lo que dices, tiene  mucha lógica. Pero admitir que existe una voluntad por encima de nosotros nos convierte en esclavos de ella, y lo que es peor, es una voluntad que no podemos entender, como  has dicho, porque está por encima de nuestra capacidad de comprensión. Por consiguiente estás trasladando a esa voluntad el capricho que tú ves en la libertad sin sentido  de tipo sartriano, en la libertad nihilista, si quieres… Esa voluntad transcendente nos gobierna  sin que podamos entenderla. Eso nos lleva a un mundo de Kafka, al absurdo. Rogamos  o rogáis a esa voluntad sin tener la menor idea de si querrá haceros caso o no. En  fin, sufrimos sus sentencias sin saber de qué se nos acusa o por qué se nos beneficia. Así que siempre volvemos a lo mismo…  (continuará)

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Dios como creación humana

Blog I: El peñón define la posición internacional de España (Gibraltar, III): http://www.gaceta.es/pio-moa/gibraltar-o-realidad-internacional-espana-gibratar-iii-01122014-1258

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La asociación “Tiempo de ideas” es un proyecto cuya primera iniciativa es el programa de radio “Cita con la Historia”.  Existen otras iniciativas en gestación, pero partimos de unos recursos sumamente modestos y es preciso en primer lugar asegurar el programa de historia. Dado que carecemos de subvenciones o mecenazgo, la continuidad del proyecto va a depender del interés que muestren en él sus oyentes. Consiguiendo unos 30.000 euros al año, el programa podría consolidarse, lo cual puede conseguirse con pequeñas aportaciones de unos centenares de seguidores. Apelamos, por tanto, a nuestros oyentes para que pasen de la difundida “cultura de la queja” a la de la acción y apoyo. La historia no es una simple ilustración más o menos inútil, sino el cimiento de todo lo actual.

El número de la cuenta, de Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI es, en el  BBVA:  ES09 0182 1364 33 0201543346

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–Amigo Santi, enseguida te vas por los cerros de Úbeda. No me interesa discutir ahora sobre las variadas formas de moral y de crimen en la sociedad humana, sino sobre el fondo de tu primer argumento: que Dios no tiene por qué preocuparse del hombre…

–Suponiendo que exista Dios, claro.

—…y  que la vida humana es bastante miserable.  Ya te dije que no debe de ser tan miserable cuando casi todo el mundo  le tiene tanto apego y pocos se suicidan. Y ese apego es anterior a cualquier deliberación, va en la persona misma. Quizá por ahí podamos entender  la naturaleza de Dios, si así se puede hablar.

– Convendrás conmigo en que la idea de Dios surge de la psique humana, es una creación del ser humano, por tanto Dios es una creación humana. Admito que tiene lógica: ni tú, ni yo, ni nadie, está aquí por propia decisión, sino por una voluntad ajena e indescifrable,  que podemos considerar que está muy por encima de nosotros, ya que nuestra existencia depende de ella y no a la inversa, y a esa voluntad podemos llamarla Dios…

–¡Eh, un momento! Que la idea de Dios sea una creación humana no significa que Dios sea una creación humana. También nos hacemos una idea del mundo y eso no significa que el mundo sea una creación nuestra…

–Pero el mundo, las cosas del mundo, podemos verlas, oírlas, palparlas… A Dios no.

–¿Y qué? Tampoco puedo ver ni oír ni sentir de ningún modo las ideas que bullen en tu caletre, y sin embargo sé que ahí están, porque oigo y entiendo lo que dices, que es, como si dijéramos, una emanación de eso que bulle en tu cerebro. La cuestión es: ¿corresponde a algo digamos real la idea de Dios?… Si es que la noción de realidad o de existencia puede aplicársele.

– De acuerdo, pero te lo diré de otro modo: no sostendré que la vida humana sea totalmente  miserable, pero sí que tiene mucho de miserable, y de esa sensación de miseria, de esa angustia, surge la idea de Dios como un consuelo. Pero que necesitemos un consuelo no quiere decir que ese consuelo  responda a la realidad. Hay muchos consuelos irreales y al final pueden ser incluso contraproducentes. Como quien lo busca en la bebida, o en la droga. En definitiva, como dice Sartre, la vida humana es una pasión inútil, porque, con sus desgracias y alegrías, termina en el fracaso total, en la muerte. Y parte de esa inutilidad es la creencia en Dios

– Si la vida es como dice Sartre, la persona que lo entiende así debería suicidarse, para acabar cuanto antes con esa pasión dolorosa e inútil…

–¿Por qué? Quizá en esa misma concepción está la clave de la libertad. La vida valdría la pena por la libertad que nace de no reconocer ni Dios ni amo, que dicen los anarquistas…

 

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El todo y la nada / Goytisolo o el odio a España

Blog I: Por qué Gibraltar no está en la agenda / El donjulianismo en la izquierda (y la derecha). http://www.gaceta.es/pio-moa/gibraltar-agenda-gibraltar-ii-28112014-1508

** Más vale un gramo de acción que una arroba de quejas. “Cita con la Historia ” es una alternativa a una historiografía demostradamente falsa que quiere imponerse oficialmente y mediante subvenciones.  Apoyarla es combatir la corrupción intelectual  que abona muchas otras corrupciones.  Puedes difundir el programa entre tus conocidos y en las redes sociales, así como apoyarla en microfinanciación, en la cuenta de Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, en el BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346

  Este domingo, en Cita con la historia, hablaremos del franquismo. Radio Inter, 16.00 a 17.00

Podcast:  http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

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En Sonaron gritos… se produce una breve discusión cuando Contreras afirma que el signo básico de las matemáticas es el de igualdad, por lo que en definitiva, todo es igual a todo  (todas las cosas son iguales entre sí) en determinadas condiciones y proporciones, y pone el ejemplo de la masa y la energía. Paco le contesta que si todo es igual a todo, todo es igual a nada. Quizá se parezca al dicho “si todos somos culpables, nadie es culpable”. La verdad es que en la novela se trata de un simple juego de ideas, o el relator de sus recuerdos, aunque es profesor de filosofía, no quiere ir más allá. La verdad es que no había pensado en ello hasta que don Jerónimo me llamó la atención.

En realidad nos es imposible imaginar el todo y la nada. Tendemos a concebir la nada como un espacio vacío y el todo como un espacio lleno de cosas, aunque el espacio ya es algo; y lo concebimos  sin tener en cuenta el tiempo que , como el espacio, no sabemos en  qué consiste, aunque notemos sus efectos. Sobre la corteza terrestre percibimos una gigantesca variedad de seres y de formas,  mayor que en el resto del universo conocido, y podemos abstraer del conjunto la idea del “todo”. Pero sus muchísimas partes nos parecen claramente irreductibles unas a otras (una mariposa es totalmente distinta de una ballena, o de un hoyo en el suelo, o de un cometa).

Pero si vamos descendiendo a sus componentes físicos, encontramos ciertas igualdades, y siguiendo por esa vía  llegamos a una situación física indiferenciada,  hasta culminar a la Grex o la preGrex, que dirían los pastores. La situación imaginaria previa a la Grex sería la nada, o algo equivalente a la nada, sin tiempo ni espacio. Así, no parece imposible sostener que el todo es igual a la nada, porque el universo, la corteza terrestre con su infinita variedad de formas y combinaciones, debía de estar contenida en aquella nada, aunque ello sea muy difícil de concebir. ¿De dónde podría salir lo existente, si no? Todo lo existente serían combinaciones de la nada, creadas por el tiempo. Esto es un sinsentido, pero de una abstracción en otra llegamos a él. Podemos decir entonces que nuestro pensamiento, al igual que todo lo existente, equivale a nada.  El concepto de “nada” solemos asociarlo al de “sin sentido” o “sin valor”.

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Goytisolo o el odio a España

Goytisolo encarna como nadie ese odio visceral a la España histórica que tanto daño ha hecho a la cultura de nuestro país.

Hubo un momento en el que la izquierda española decidió que su enemigo no era sólo Franco, ni los ricos, ni la Corona, ni siquiera Dios. Hubo un momento –pongamos 1970- en el que la izquierda española decidió que su enemigo era, simplemente, España; una España idealizada –vale decir diabolizada- como encarnación histórica de todos los males, a saber, el oscurantismo, la cerrilidad, el analfabetismo, la arrogancia, la prepotencia, la violencia, el fanatismo, la injusticia. De repente toda la vieja literatura del “malestar de España”, que antaño tuvo un afán regeneracionista (incluso en un odiador como Azaña), se condensaba ahora en una execración sumaria y sin paliativos, una condena global que iba más allá del tiempo y del espacio. Ese día la izquierda empezó a pensar que romper España era un acto revolucionario. En semejante operación tuvo un cierto peso el autor al que ahora el Gobierno del PP ha concedido el premio Cervantes: Juan Goytisolo.

No debieron ganar los cristianos, sino los musulmanes. No debió ganar Roma, sino los protestantes. No debieron ganar los “blancos”, sino los moros o los gitanos. Cada rezo es una mueca grotesca, cada batalla ganada es una miserable carnicería, cada verso encierra un insulto, cada palabra de amor enmascara un complejo sexual. Caín era el bueno y Abel, el malo. Isabel la Católica era una atroz madrastra de cuento y más nos valdría habernos quedado con los Omeyas. La “Reivindicación del conde Don Julián” de Goytisolo es la mayor obra de odio a España –a la España real- jamás escrita. Y esa sensibilidad –más que la obra en sí- terminó permeando a una, dos, tres generaciones de progresistas españoles. Sus efectos perduran en la cultura española, sobre todo en la educación. Nada más lógico que verla ahora premiada por el acomplejadísimo Gobierno Rajoy.

El Cervantes suele darse a un autor por el conjunto de su obra. Pero lo de Goytisolo no es una obra; lo de Goytisolo es un complejo o, más precisamente, un montón de complejos puestos uno encima de otro y revueltos en sórdida mezcolanza. Complejo del niño que se queda sin madre en un bombardeo y que crece junto a un padre franquista al que detesta (porque le falta la madre). Complejo de niño bien que, por acomodado, siente una especie de simpatía reactiva hacia el pobre, al que desea redimir por el narcisista procedimiento de hacerse pasar por pobre también. Complejo de una sexualidad culpable e indefinida –siempre la falta de la madre-, de una homosexualidad vergonzante, de una heterosexualidad ocasional que se desmiente para volver a la pederastia. Complejo de blanco malo frente al moro bueno, complejo de español que no quiere serlo porque en España ve al padre que le sobra y a la madre que le falta. Complejo de burgués que se hace comunista para lavar su conciencia y que después, descubierto el podrido pastel estalinista, abraza una existencia de turista universal para predicar nihilismo desde una bonita casa en Marrakech. Juan Goytisolo es todo eso. Como no podía ser de otro modo, recaló en El País, depósito inagotable de ese plúmbeo izquierdismo que desde hace largos años descarga sobre España su despotismo intelectual. También por esto le han premiado los chicos de Rajoy.

Hace seis años, para Goytisolo fue precisamente el último premio importante que otorgó el Gobierno Zapatero: el de las Letras Españolas. Ahora el de Rajoy le concede el galardón más relevante de la literatura en español. Todo cobra sentido.

P.S.: Ya sé que el Cervantes, nominalmente, no lo concede el Gobierno, sino un docto sanedrín. Pero, créame, conozco el paño: los jurados de designación gubernamental (o de órganos satélites) tienen suficiente peso como para determinar el fallo. Este ha sido un premio gubernamental. Y eso es precisamente lo más preocupante.

 

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El feminismo libera a los hombres

Blog I, Importancia de Gibraltar (I) “¡Con la que está cayendo…”!:http://www.gaceta.es/pio-moa/importancia-gibraltar-i-cayendo-26112014-1916.

Muchas gracias a los que venís aportando para hacer posible la continuidad de “Cita con la historia”.

Vale más un gramo de acción que una arroba de lamentaciones. Para cuantos entiendan que apoyar el programa “Cita con la Historia” de Radio Inter es salir de la queja inútil para apoyar una labor práctica fundamental, aunque sea a plazo medio-largo, volvemos a poner la cuenta de la Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, del BBVA, Sagrados Corzazones 1, de Madrid , en la que pueden ingresar sus aportaciones, a partir de 10 euros mensuales:  ES09 0182 1364 33 0201543346 

Podcast del programa, con ruego de difusión: http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

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FELICIO.- Perdonad, ¡oh magnánimos ordeñavacas de la ilustre villa de Porriño, cuya belleza y enjundia intelectual  solo admite comparación, en Europa, con la de Becerreá! Por  sugestivas que sean vuestras profundas divagaciones en torno a la crisis económica y la economía en general, reconoced que se trata de asuntos grises, pesados, tediosos… Escuchadme, os ruego: estoy indignado por la lectura de unos escritos de un tal Moa metiéndose con el feminismo…

SIMPLICIO.- ¿Se mete con el feminismo? Me huelo que ese tipo no puede ser progresista. ¿Quiere mantener a las pobres mujeres en la opresión tradicional, bajo la férula del machismo, que todavía perdura? 

 FELICIO.- ¡Pero qué dices, botarate! A quienes ha liberado el feminismo es a nosotros, a los tíos, y aun queda bastante para que la liberación sea completa.

FABRICIO.- Pásmasme, Felicio.

FELICIO.- Pero ¿acaso no tenéis memoria? ¿Tan rápido olvidáis lo que habéis vivido y aún vivimos, por desgracia? Diríase que los varones  fuéramos todos unos déspotas del hogar, unos pichasbravas dedicados a poner los cuernos a nuestras esposas y  a hacer el vago. Algunos siempre ha habido de esos, claro, pero ¿qué pasa con la inmensa mayoría? ¿Y qué pasaba no hace tantos años? Para empezar, tenías que tener muchísimo cuidado en no dejar embarazada a una chica, porque entones la presión social, amenazante incluso, te obligaba a casarte con ella y eran pocos los valientes que se resistían. Es más, muchas chicas procuraban quedarse embarazadas para  obligar a los maromos a casarse. ¿Es así o no?

MAURICIO.- En cuanto a ese extremo, excelente Felicio, no me queda sino darte la razón.

FELICIO.- ¿Y qué era para un fulano la vida de casado? Para la inmensa mayoría suponía tener que mantener el hogar, lo que significaba trabajar como una mula, no solo la jornada normal, sino horas extras, pluriempleo, aguantar a jefes absurdos… Y cuando volvía a casa derrengado, ¿le esperaba la paz y el consuelo en el hogar? Nada de eso. Le esperaba una mujer gruñendo porque el sueldo no le daba para llegar a fin de mes, que si la carne estaba por las nubes, y contándole mil historias fastidiosas de la jornada, más los críos alborotando y riñendo entre ellos o quejándose al padre de esto o de lo otro, porque, claro, los críos venían enseguida. ¿Qué podía hacer el pobre hombre? Largarse cuanto antes hasta el bar de la esquina para beber un poco y relajarse con los amigos. Con lo cual, al volver a casa se encontraba con nuevas y mayores quejas de la señora, que si no me atiendes, que si no me haces caso, que si me tienes abandonada… Y no faltaban las que tomaban ese cuento como pretexto para ponerle los cuernos. Algunos se volvían alcohólicos, lo que no puede extrañar a nadie con experiencia del mundo, pero servía para humillar más a los miserables parias, que suscitaban el desprecio general. ¡Borrachos! No solo tenían que soportar una verdadera esclavitud sino que se les exigía ¡ser hombres!,  ¡soportarlo estoicamente!,  ¡incluso con alegría! ¡Sé hombre, tío, y no llores! ¡Anda, jódete y baila! La vida de los tíos era una auténtico calvario. Y encima, eso: está muy mal visto que te lamentes o reivindiques.  En cuanto lo haces, te tratan de abusón, de chulo, de machista…

FABRICIO.- Admito, Felicio, que has pintado un cuadro muy realista. Es más, me has recordado muy vivamente mis experiencias familiares…

SULPICIO.- No obstante, eran los cabezas de familia, los que mandaban.

MAURICIO.- Hombre, Sulpicio, lo de cabeza de familia era  un título honorífico, sin más, una especie de consolación para tontos… ¿Habría que concluir entonces, ¡oh Felicio!, que las mujeres han sido más hábiles para quejarse y que por eso casi siempre consiguen sus objetivos?

FELICIO.- Que se quejan con más habilidad, eso no admite duda. Sin embargo no siempre salen bien libradas. Te digo que los tíos debemos mucho al feminismo. Hoy, si dejas embarazada a una tía, pues es cosa de ella, no haber sido tan tonta. Que aborte o que haga lo que le dé la gana, pero tú no tienes por qué sentirte comprometido si no quieres… Tenemos mucha más libertad. Y la mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa, eso ha sido una gran conquista, sobre todo para nosotros. Ya no tenemos que matarnos como antes para sostener el hogar y todas esas zarandajas. Además, la mayoría de ellas ya no quiere tener hijos, o como máximo uno o dos, lo que nos aligera a todos el trabajo y nos da más calidad de vida. Claro, muchas insisten, como mi Rojilis, en que compartamos las tareas del hogar, y ya lo hago un poco, de vez en cuando, pero eso siempre ha sido cosa de mujeres, a mí me da igual si la casa está un poco guarra, no tengo por qué compartir sus manías con la limpieza, el orden casero y esas gaitas… Salicio, si llegas a enmaromarte con Amarilis, recuerda estas lecciones.

PATRICIO.- Me parece que el pobre Salicio no tiene muchas esperanzas, desde que su Amarilis le rompió su zambomba stradivarius con la que tanto deleitaba a las ovejas…

SALICIO.- Hablas, ¡oh Felicio!, al sórdido modo de Mauricio. Tus barbaridades solo pueden conducir a las aberraciones de Mauricio, que afirma que la masturbación significa la cura de todos los males del amor y sustituye ventajosamente a este. ¿Qué sería de la humanidad si teorías como la tuya prosperasen? En dos o tres generaciones no quedaban seres humanos.

FELICIO.- Posiblemente, Salicio, pero, ¿y qué importaría eso? El hombre apareció sobre la tierra como quien dice ayer, si medimos en tiempo geológico, por lo que no sería raro que desapareciese en cualquier momento. ¿Por qué te preocupa eso? ¿Eres tú responsable de que la humanidad  haya de continuar siglo tras siglo, milenio tras milenio? ¿Lo somos cualquiera de nosotros? ¿Nos ha impuesto alguien ese deber? Nosotros estamos aquí, en este mundo, porque le ha dado la gana a doña Natura, y nuestro único deber es ser lo más felices posible, pasarlo bien,  aprovechar al máximo los años que la naturaleza nos da de vida, que con bastantes pesares nos obsequia también sin que nosotros los busquemos. Preocuparse de otra cosa es asunto vano, pues la naturaleza que nos hizo, que hizo a la humanidad, sin pedirnos permiso para nada, bien puede eliminar igualmente a los humanos, por las buenas, porque le dé la gana. La Naturaleza es sabia,  sabe lo que se hace, ¿por qué habríamos de preocuparnos?

SULPICIO.- ¡Cómo que sabia, Felicio! ¡Sapientísima! Es más, insisto en que nos refiramos a ella como la Sapientísima, según expliqué en su momento y corroboró Patricio. (Ver http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/los-suecos-no-aman-a-las-mujeres-i-franco-vicioso-5116/)

SIMPLICIO.- Por otra parte, si la población bajase a la mitad, pongamos por caso, o a la cuarta parte o más, ¿no sería eso muy ecológico? ¡Estamos destrozando el medio ambiente!

SALICIO.- ¡Oh, santos cielos! ¡Lo que hay que oír!

—-

SIMPLICIO.-  Pero Felicio, no dices más que memeces. ¿Acaso las mujeres no trabajaban más que los hombres? Atendían las faenas del hogar, del campo, sin límite de horario, y por las noches apenas podían dormir atendiendo a los niños pequeños;  además, ya la fuerza física no es nada importante porque ya casi no hay guerras. Ya el hombre no es el único protagonista de la sociedad y las mujeres acceden legítimamente a la formación académica,  a la vida laboral y la política. ¿No te gusta? Pues te jodes.

FELICIO.- Complejicio, ¿qué gansadas salen de tus protuberantes labios? El derecho a la estulticia es el más fundamental de todos los derechos, lo admito; sin él, ¿qué sería de nosotros? Pero como todos los derechos, no hay que abusar de ellos, y tú abusas, tú te excedes, tú estulteas más de la cuenta. La mujer vivía muy bien, en general. Si era de clase alta no trabajaba y si era de clase baja solía trabajar en la casa, ¿Una jornada más larga? Puede ser, pero más tranquila, la organizaba a su manera, sin ningún jefe que le diera órdenes ni le exigiera una cantidad de trabajo por hora. Y el dinero que ganaba el marido lo administraba ella la mayor parte de las veces.  ¿O acaso tu madre trabajaba en otros oficios antiguos y todavía menos laboriosos? Y los niños, pues ¿qué culpa tenemos de que  la Sapientísima los haya encomendado más a las madres que a los padres? Y ahí tengo otro motivo de loa al feminismo: eso de “nosotras parimos, nosotras decidimos” me parece espléndido. Significa que por primera vez, en lugar de pasarte a ti parte de la carga de los críos, aceptan libre y voluntariamente, sea  abortarlos, sea encargarse en  exclusiva de ellos. ¿Qué más se puede pedir?  Por eso no me extraña que la mayoría de ellas prefiera no tener hijos. Si yo tuviera que parir, me negaría en redondo, así que me parece muy encomiable e igualitario que ellas hagan lo mismo… Todos somos más libres y felices. Además, esa vida académica, laboral y política que dices, la han inventado y desarrollado los tíos, y me parece muy bien que las mozas entren a saco en ella, si quieren,  hay que ser generosos. Ahora bien, no niego que las féminas necesitan hombres como tú, que las comprendan, las protejan del machismo y las animen a emanciparse. Haz el favor de mantenerte sano para cumplir con tan bella misión.

SIMPLICIO.- Pese a tu detestable acritud, ¡oh Felicio!, algo en tus palabras me ha hecho reflexionar. Estas malditas y retrógradas diferencias entre hombres y mujeres, que persisten, no sé hasta cuándo… ¿No crees que vienen de la primitiva división de tareas entre los sexos? Los hombres se dedicaron a la caza, las mujeres a la recolección y a criar los niños… Los hombres, claro, se quedaron con la mejor parte, con lo más divertido,  y  de ahí que desarrollaran más los músculos, la agresividad y la correspondiente vida académica… Y ahí está la raíz de todas esas injustas diferencias posteriores.

MAURICIO.- Vamos a ver, Simplicio, ¿quién obligaba a las mujeres a quedarse con la peor parte? Además,  la caza no eran tan sencilla y divertida, tenía sus riesgos. Las chicas podían ir por ahí tranquilamente en busca de frutas y raíces silvestres, charlando entre ellas, escuchando a los pajarillos y mirando las florecillas, era un trabajo agradable y entretenido. Pero la caza exigía mucha más atención, mucha más concentración. Por ejemplo, imagina que te encuentras de pronto, y sin refugio posible, con un mamut…

PATRICIO.- O con un tiranosaurio rex… O con un trilobites gigante…

MAURICIO.- Eso es, y no tienes adónde escapar, y si echas a correr la fiera te alcanza en un abrir y cerrar de ojos, y te ensarta en los colmillos o lo que sea. ¿Qué harías?

SIMPLICIO.- No se me ocurre nada, la verdad.

FABRICIO.- Los expertos aconsejan, en esos casos, quedarse quieto como una estaca. El animal se desconcierta, se te acerca, te mira, te olfatea, y cuando se cansa da la vuelta para irse. En ese momento, lo más útil y sensato  es saltarle a la chepa –perdón, Fabricio–  y agarrarse con manos y pies al pelo, a los cuernos o a lo que sea. La fiera corre como un demonio, se encabrita, da brincos, pero tú no te despegas a ella, porque sabes que te va la vida. Por fin,  el tiranosaurio o lo que sea cae exhausto, sin fuerzas, lo más fácil es que le dé un infarto. En  ese momento te apeas de él, corres hasta  la aldea más próxima, y ya está: carne para todo el mundo durante una semana.

SIMPLICIO.-Reconozco que yo no tendría sangre fría para tanto…

FELICIO.- Pero como, además, a la gente le gusta la carne, los pobres cazadores se verían obligados a pasarse la vida correteando de aquí para allá en busca de presas, en jornadas agotadoras, a menudo para no conseguir nada y que luego, a la vuelta al hogar, las mujeres se enfurruñaran y les negaran sus favores. Siempre ha sido así.

SIMPLICIO.- Pero yo he leído, Felicio, que en realidad los cazadores se repartían la carne entre ellos y no dejaban casi nada para las mujeres y los niños.

FABRICIO.- ¡Bah, bah! Paparruchas. ¿Estaban allí para verlo los que dicen eso? Además, ¿acaso los hombres no trabajaban y se sacrificaban por la mujer y los niños? ¿No han seguido haciéndolo hasta hace nada, como explicaba Felicio?

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La importancia de clarificar el pasado

 

La clarificación de nuestro pasado interesa a todos. Interesa frente a la falsificación y tergiversaciones con que lo tratan los separatismos y unos partidos con talante dictatorial que intentan imponer por ley una determinada versión de la historia. Interesa porque, como decía Cicerón, “Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, y una sociedad infantilizada es fácil presa de demagogos. Y porque, en palabras de Santayana, “Un pueblo que olvida su historia se condena a repetirlo”. A repetir lo peor de ella. La clarificación del pasado nunca se logra de forma completa, pero siempre es posible acercarse a ella y evitar muchas distorsiones, lo que nos permite entender mejor el presente. Una visión distorsionada del pasado es muy peligrosa, porque  motiva políticas actuales también distorsionadas, como vemos constantemente. 

   “Cita con la Historia” dirigida y organizada  por Pío Moa y presentada por Javier García-Isac, es un programa semanal de alta divulgación que persigue, precisamente, realizar esta imprescindible labor aclaratoria para el gran público. Lleva emitiéndose desde marzo, todos los domingos de 16,00 a 17,00, y su continuidad exige un respaldo económico que todavía no tiene.

    Es muy frecuente en nuestra sociedad la queja pasiva, que deja de ser aceptable cuando se ofrece la posibilidad de hacer algo práctico, de actuar contra alguno de los males que sufre el país, precisamente en un asunto tan de fondo y a la larga decisivo como este. Por ello llamamos continuamente a nuestros oyentes a dar a conocer el programa en sus círculos de conocidos y en las redes sociales, a difundir sus podcast y a comprometerse con su sostenimiento mediante pequeñas cuotas, que pueden ser a partir de e 10 ó 20 euros al mes. Lo ideal es ingresar la cantidad correspondiente a un año, para evitar  el trasiego mensual. Estas pequeñas cantidades permitirán además evitar  aportaciones demasiado grandes que limitarían la independencia del programa.

   Para esto último existe ya una cuenta de la Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, en el BBVA de Madrid, Sagrados Corazones 1, con el número ES09 0182 1364 33 0201543346 

Nuestros oyentes y lectores deben ser conscientes de que iniciativas como esta pueden quedarse en meras anécdotas, acciones pasajeras sin continuidad ni eficacia real. Así ha ocurrido a menudo, precisamente por la falta o insuficiencia de compromiso de quienes lamentan el rumbo que están tomando las cosas en España pero no encuentran la  forma de oponérsele. Vuestra aportación es esencial.

http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

 

 

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