Blog I. 12 de octubre: ¿comienzo de una recuperación? / La patria de Colón:http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/12-octubre-comienzo-una-recuperacion-patria-colon-20131011
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Razón e Ilustración
El hombre utiliza siempre, con mayor o menor acierto, lo que llamamos razón, esto es, el cálculo, la previsión y la lógica. La utiliza constantemente, no solo para sus prácticas utilitarias o intentos de entender globalmente el mundo, sino en la relación con otras personas y para justificar su conducta, por arbitraria, absurda o brutal que esta llegue a ser. Esto lo hace por así decir instintivamente, sin mucha consciencia de que está empleando una herramienta determinada. Claro que, aunque no es el tema, la razón no es la única herramienta utilizada para desenvolverse en la vida: importancia acaso no menor tiene la imaginación, el “pálpito” y la apuesta, a menudo “irrazonable” y conducente al fracaso, pero a veces más exitosa. Como cuando Cortés o Pizarro se embarcaron en sus aventuras desmesuradas. Lo expresó muy bien Clausewitz; “Nuestro intelecto se inclina siempre hacia la certeza y la claridad, pero nuestro espíritu suele ser atraído por la incertidumbre. En lugar de abrirse paso con la inteligencia por la estrecha senda de la investigación filosófica y de la deducción lógica, prefiere moverse con la imaginación en el terreno del azar y de la suerte hasta llegar, casi inconscientemente, a regiones donde se siente extraño y donde los objetos familiares parecen abandonarle. En lugar de sentirse aprisionado por la necesidad elemental, como en el primer caso, goza aquí de una riqueza de posibilidades. Extasiado, el valor toma alas, y la audacia y el peligro se convierten en el elemento al que se precipita, al modo como un nadador intrépido se arroja a la corriente“.
Dicho esto, volvamos a la razón: parece que fueron los griegos, quienes, como en tantas otras cosas, concretaron esa herramienta y le dieron el nombre que perdura a través del latín. Y es en la Europa del período de Asentamiento o baja edad media, cuando se aplica en mayor medida el concepto, siempre en incómoda relación con la fe. Quizá se encuentre ahí el contraste entre la herencia judía y la griega o grecorromana que componen su espíritu y doctrina cristianos. Como decía, parte de la historia europea podría explicarse como esa difícil convivencia de razón y fe, hasta que, en la Ilustración, la primera fue adquiriendo preponderancia hasta, en apariencia al menos, imponerse a la religión en el siglo XX y quizá más en lo que va del XXI, cuando el cristianismo se ve cada vez más desplazado de la vida social, aun sin desaparecer de ella ni mucho menos.
Vamos a dejar aquí de lado la distinción entre racionalismo y empirismo, e integrar al segundo en una acepción más amplia del racionalismo, considerado simplemente como doctrina que afirma la razón como el útil máximo, incluso único, capaz de orientar al ser humano, entender el mundo y desenvolverse en él, englobando los hechos en órdenes cada vez más amplios. Este es, básicamente, el espíritu de la Ilustración, algo nuevo en la historia, aunque haya atisbos en Grecia, por cuanto adquiere rasgos cada vez más abiertamente antirreligiosos. Un tanto embriagados por los éxitos de la lógica y la ciencia, los ilustrados más radicales no se percataron del todo de que la razón, lejos de fundar unas normas de conducta política y personal sólidamente afianzadas en premisas evidentes, podía dar lugar a muchas interpretaciones y tendencias diversas a partir de esas mismas premisas. Y de que la razón no solo tiene gran dificultad para fundamentar el sentido de la vida, sino que incluso puede arruinar ese sentido en la psique humana.
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Ciertas supuestas inverosimilitudes en “Gritos y golpes“
Algunos se han extrañado, o les ha parecido inverosímil, de que los hijos de Carmen y Alberto no supieran nada de las experiencias de sus padres, en especial de Alberto, durante, la guerra y demás. Esto afecta al trasfondo histórico. No debe suponérseles ignorancia total, sino solo sobre el conjunto y detalles. Atisbos tendrían por fuerza. Esto no afecta a la verosimilitud del relato. En muchas familias de derechas se recordarían y comentarían a menudo los sucesos bélicos, pero otras muchas preferían olvidarlos. La causa es que la derecha –mucho más raramente la izquierda—consideró la guerra como una “lucha entre hermanos”, una tragedia inevitable y triste. Por esta razón he conocido diversos testimonios de hijos o nietos coincidentes en afirmar que en su familia “no se hablaba de la guerra”, incluso si varios de sus miembros habían sido asesinados. Además, la extrema violencia de acciones como las de Alberto y Paco, seguramente no eran consideradas muy pedagógicas dentro del clima católico, a menudo beato, impuesto en la posguerra. Carmen, con seguridad, nunca habría educado a sus hijos en el culto a aquellas luchas y actitudes, pues ya las había reprochado a su marido y a su hermano como una especie de locura. Por otra parte, Alberto no da la impresión de haber incidido muy a fondo en la educación de sus vástagos, cosa tampoco infrecuente.
Y hay otra razón: para Alberto, el relato expone una sucesión de traumas que le afectan en lo más íntimo, en lo más existencial, y el descubrimiento final lo trastorna muy profundamente. Su decisión de olvidar y salvarse (de sí mismo) en una convivencia “normal” con Carmen , me parece bastante verosímil psicológicamente. Es solo en su vejez y tras la muerte de ella cuando, como por efecto de una revelación, considera dignos de recordarse aquellos hechos de su juventud. Con todo, no hace una valoración de ellos, ni los reivindica ni los condena. ¡Quién sabe lo que vale y lo que no en la vida del hombre! También expresa, de forma indirecta, cierto desencanto por su vida posterior, doméstica, tranquila y rutinaria (suponemos), cuyo fruto personifican unos hijos que han seguido trayectorias tan distintas y, aunque no lo dice claramente, decepcionantes. Él mismo se ha convertido en un profesor del montón y esa parte no le parece de mayor interés para ser narrada. El contraste entre el espíritu de las dos épocas es muy fuerte pero el protagonista, nuevamente, no las valora, solo expone algunos rasgos de ellas.
Los dos hijos mayores del matrimonio, tan prácticos y concentrados en su carrera, con su afán de ganar dinero para vivir cómodamente, vienen a ser una caricatura de la propia Carmen, de su practicismo. Reflejan bien a un amplio sector de los estudiantes y profesionales formados en los años 60, pues, aunque otra cosa pueda creerse, los revolucionarios y “contestatarios” eran solo una pequeña minoría. La trayectoria del hijo menor es asimismo bastante característica (conozco casos similares) dentro de la minoría políticamente inquieta. Y también viene a ser una caricatura del propio Alberto. Puede verse como un caso de decadencia, también de lo contrario, según se enfoque.
