Blog I: Quiénes deben afrontar la crisis / Empresas políticas de Azaña y Prieto: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Hemos visto, pues, cómo la situación el norte de los Pirineos y sus expectativas influían en la estrategia de Franco, que no podía ser meramente militar, y que condicionaban sus decisiones sobre el terreno. Así, el giro hacia el sur, hacia Valencia, después de llegar al Mediterráneo, era menos prometedor en el plano militar que el giro hacia el norte, hacia Barcelona, pero menos comprometido en la situación europea. Además demostró ser una empresa muy difícil, a causa de la dura resistencia izquierdista, en parte inesperada después de sus duras derrotas en anteriores desde Teruel: de nuevo, como al llegar ante Madrid en noviembre de 1937, el ejército rojo demostró su capacidad de reacción y resistencia, haciendo lentos y costosos los avances de los nacionales contra Valencia.
En compensación, los anteriores fracasos del Frente Popular dejaron claro a la mayoría de sus dirigentes que la guerra estaba perdida, y así aumentó el derrotismo y las maniobras de azañistas, separatistas y otros, para salvarse de algún modo. Los separatistas vascos y catalanes, una vez frustrados sus tanteos con los fascistas y los nazis, centraron sus esfuerzos en ofrecer a Francia e Inglaterra un práctico protectorado sobre sus regiones a cambio de una paz separada. Los republicanos de izquierda intrigaban a su vez con Londres y París, y parece que Prieto ofreció a Londres la ría de Vigo y las bases de Cartagena y Mahón si Inglaterra decidía involucrarse y asegurar el triunfo izquierdista. El 18 de julio de 1938, en el segundo aniversario de la guerra, Azaña lanzaba su célebre mensaje, desgraciadamente extemporáneo y oportunista, hablando de “paz, piedad, perdón”, a las que tan poco había contribuido hasta entonces. Naturalmente, Negrín y los comunistas interpretaron aquellos manejos como las proverbiales ratas que huyen al hundirse el barco. Ellos, en cambio, no lo daban por hundido aún, depositaban sus esperanzas en la guerra europea que veían próxima, y además tenían el control real, político y militar, en su zona. Así, obraron inteligentemente por dos vías con sus desleales aliados. En abril trataron de involucrar a las potencias extranjeras en una paz negociada (los famosos 13 puntos de Negrín), para demostrar “buena voluntad” y al mismo tiempo procedieron a amedrentar a los derrotistas mediante amenazas, movilizaciones y exhibiciones de fuerza. Los trece puntos eran una maniobra claramente distractiva y no tuvieron el menor éxito, pero el amedrentamiento sí funcionó, aunque no frenó del todo a los derrotistas. Y al mismo tiempo Negrín y los suyos hicieron un esfuerzo ímprobo para reclutar nuevas tropas y les impusieron un reglamento realmente de terror. Y el consejero soviético Orlof “sugirió” al ministro de Defensa, Prieto, la constitución del SIM, una despiadada policía política que inmediatamente cayó en manos de los comunistas, quienes lo utilizaron no solo contra la “quinta columna” sino para tener bajo un férreo control a sus cada vez más asustados socios del Frente Popular.
El resultado de todas estas medidas fue la gran sorpresa de la ofensiva del Ebro, que puso nuevamente a prueba a las fuerzas nacionales y demostró la peligrosidad de sus enemigos, vertebrados por los comunistas. El envite fue mucho mayor que en Teruel, y en principio pudo estrangular la penetración nacional hacia Valencia o provocar la retirada de esta. Algunos tratadistas, desde un punto de vista estrechamente militar, han criticado como falto de sentido tanto el ataque rojo, ya que no podía aspirar a conseguir sus fines (pero esto es muy subjetivo), como el contraataque nacional, que dieron lugar a la batalla más prolongada y sangrienta de la guerra, casi cuatro meses entre finales de julio y mediados de noviembre.
Pero los rojos no pensaban solo en la posibilidad de una ofensiva victoriosa, sino en prolongar la lucha demostrando al mundo que distaban de estar acabados. Máxime en unos meses en que la situación europea se ponía al rojo vivo por la reivindicación alemana de los Sudetes. No es probable que creyeran en una gran victoria, pero sí en enlazar la guerra de España con la europea, inminente, según creían muchos.
Para Franco, en cambio, se presentaba la oportunidad, también arriesgada, de aplastar allí al mayor ejército que sus enemigos habían puesto en pie, dejando de paso maduras para caer a las tres provincias catalanas. También consideró el grave peligro de que el problema europeo repercutiese en una intervención francesa, y así en el momento álgido de la crisis de Munich (concluida a finales de septiembre) declaró su neutralidad en caso de guerra entre Alemania e Italia por un lado, y Francia e Inglaterra por el otro. Como finalmente cumpliría. Su declaración ocasionó un serio disgusto en Roma y algo menor en Berlín. De esta manera echó por tierra una baza con la que jugaba insistentemente el Frente Popular.
La batalla del Ebro resultó muy costosa para las dos partes, pero mucho más para el bando rojo, el cual, como se vería, quedó efectivamente sin ulterior capacidad de resistencia en Cataluña, a pesar de los últimos y desesperados intentos de Negrín y los mayores envíos soviéticos de armas durante toda la guerra. Y ante la cesión de las democracias a Hitler en Munich, la ofensiva nacional hasta los Pirineos catalanes ya no entrañaba ningún serio riesgo político ni, por tanto, militar.
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La moderación de Prieto (En LD, 15-3-2007)
Cuenta Ansón que Prieto fue un político realista y moderado. ¿Lo fue realmente? A la cabeza se vienen enseguida algunas frases magnánimas y pacificadoras del personaje, pero también los hechos, los duros hechos.
En la crisis de la bolchevización del PSOE en 1933-34, Prieto no tomó partido por el legalista Besteiro, sino que contribuyó a liquidarlo políticamente, en alianza con Largo Caballero. Preparó con este la guerra civil y la intentó en octubre del 34. Ideó el putsch a lo Dollfuss con el que, imitando el golpe nazi en Viena, quería eliminar a los gobernantes legítimos. También propuso sabotajes para dejar a Madrid sin abastecimiento de agua.
Fracasada la insurrección, contribuyó como quien más a la campaña de infundios sobre la represión de Asturias, la cual envenenó al pueblo español y le predispuso para la guerra civil, a la que en 1934 solo habían estado dispuestos los dirigentes socialistas, comunistas y nacionalistas catalanes. Organizó con Azaña una coalición demagógica y antidemocrática, que derivó rápidamente hacia un Frente Popular de estilo soviético, ya antes de reanudarse la guerra en julio del 36. Formó un grupo de pistoleros guardaespaldas, “la Motorizada”, que sembró el terror durante la repetición de las elecciones en Cuenca, deteniendo arbitrariamente a personas de derechas para impedirles votar. Fueron sus guardaespaldas y policías ligados a él quienes organizaron el secuestro y realizaron materialmente el asesinato de Calvo Sotelo.
Durante la guerra, Prieto tomó parte en el envío del oro a Rusia, se alió con los comunistas para defenestrar a su antes amigo Largo Caballero, participó en la corrupción organizada por su partido con las compras de armas –corrupción que pagaban los propios soldados socialistas en el frente– y organizó el siniestro SIM a sugerencia de Orlof, el representante del NKVD soviético, y a imagen y semejanza de este. Hay indicios sólidos de que, cuando se desengañó de los soviéticos, quiso atraerse a los ingleses ofreciéndoles a cambio de su ayuda la ría de Vigo y Menorca… Y al terminar la guerra, y por no entrar en más detalles, birló a Negrín el tesoro del Vita, saqueado a su vez al patrimonio artístico e histórico español y a miles de particulares, incluyendo personas humildes; y con ese tesoro prosiguió su labor corruptora.
A Prieto le ha tratado muy bien la derecha, desde los falangistas a los monárquicos, y todo porque, en su oportunismo sin límites, el jefe socialista les hizo algún favor alguna vez. Lo pintan incluso como el gran ministro de Hacienda que no fue. Para Ansón, lo que parece pesar decisivamente en la balanza es que, en su ilimitada vocación intrigante, Prieto buscara el pacto con los monárquicos contra Franco, después de la guerra. Comparado con ese mérito, ¿qué es todo lo demás?
Pasa aquí algo semejante a lo ocurrido con Negrín: sus partidarios encuentran perfectamente aceptable su corrupción, su prolongación inútil de la guerra, su intento de multiplicar el número de víctimas enlazando con la guerra mundial, sus ilegalidades constantes, su servicio a la política de Stalin, incluso su brutal represión de las izquierdas desafectas… Nimiedades, según parece, comparadas con su mérito sin par: ¡todo lo hacía para derrotar a Franco!
Es una forma de escribir la historia. Reduciéndola a una farsa idiota, claro. A quien nunca reivindican tales “demócratas” es a Besteiro, el dirigente realmente moderado del PSOE.
