Mitos y realidades de la República: evolución hasta octubre del 34:

Blog I: Puntos para una regeneración nacional /Stanley Payne explica algunas evidencias http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/para-una-regeneracion-nacional-s-payne-explica-evidencias-20130315

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  1. Frente a una opinión muy divulgada, la legitimidad de la república no vino de unas elecciones municipales (ganadas por los monárquicos), sino de un golpe de estado. Frente a otra tesis de cierta aceptación, el golpe no procedió de los republicanos, sino de  los monárquicos, que, en plena quiebra moral, despreciaron a sus propios electores y entregaron sin resistencia el poder a sus adversarios. Esta tesis, que creo haber demostrado, difiere tanto de las interpretaciones habituales de izquierda como de derecha.
  2. Casi nunca se ha dado relieve al hecho de que el elemento aglutinador de los republicanos fueron los políticos de derecha Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura. En su intención estaba formar un régimen demoliberal. Gracias a su labor unificadora los republicanos llegaron al poder en abril de 1931, y Alcalá-Zamora sería  luego nombrado presidente  o jefe de estado de la república, aunque el gobierno lo ejercerían los partidos ganadores de las elecciones.
  3. Tampoco suele destacarse en la historiografía común que la derecha republicana se encontró enseguida desbordada por las violencias de la izquierda (quema de más de cien iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza). Esa derecha (Alcalá-Zamora en primer lugar, quedó desacreditada por su incapacidad para  defender la ley frente a tales desmanes. La “quema de conventos” no fue un episodio secundario, como a menudo se le trata: después de él, la república tomó un sesgo izquierdista y violento,
  4. Frente a una opinión muy divulgada, la derecha no se opuso desde el principio a la república. Solo empezó a oponerse, y solo una minoría de ella, a partir de aquella quema de conventos, bibliotecas y escuelas. Entonces quedó dividida entre una minoría republicana (Alcalá-Zamora, Maura…), otra minoría monárquica y una gran mayoría  que aceptaba la república, sin entusiasmo y como un mal menor.
  5. Aún menos recordado es el dato crucial de que, desde la izquierda “burguesa”, Azaña intentó un “proceso de demolición” de las tradiciones hispanas, aliando la “inteligencia republicana” con las masas sindicales “en la bárbara robustez de su instinto”.  Su estrategia fracasó: pronto comprobó él mismo la escasez de aquella “inteligencia republicana”, cuyo carácter “tabernario e incompetente, de codicia y botín, sin ninguna idea alta” él mismo denunció una y otra vez. Y terminó superado y arrastrado por las izquierdas obreristas.
  6. Azaña fue el principal promotor de una Constitución no de consenso, sino de imposición, no laica sino anticatólica y solo parcialmente democrática y que, a juicio de Alcalá-Zamora, invitaba a la guerra civil. Completada por una Ley de Defensa de la República que autorizaba a los gobiernos a saltar sobre la propia Constitución e imponer, entre otras cosas, una censura de prensa casi permanente.
  7. El PSOE fue el factor decisivo de la república, al llegar a ella como el partido mejor organizado y con mayor influencia de masas, gracias a su anterior colaboración con la dictadura de Primo de Rivera. En él fueron formándose dos corrientes: una revolucionaria, con Largo Caballero y Prieto,  y otra socialdemócrata, con Besteiro. La hegemonía de la primera marcaría la evolución del PSOE y de  todo el régimen.
  8.   Frente a una idea bastante generalizada, las izquierdas no defendían a los obreros ni a los campesinos pobres, sino unas ideas utópicas. Su realización concreta, en el primer bienio republicano, de carácter izquierdista, empeoró gravemente la situación de las masas populares: el desempleo, el hambre, la delincuencia. Acompañados de choques callejeros, insurrecciones anarquistas y violencias contra la derecha. La situación económica era mala en todo el mundo, por la crisis económica comenzada en 1929, pero los peores daños no vinieron de ella, sino de una políticas demagógicas.
  9. Las reformas emprendidas por la izquierda: la militar, educativa, agraria y autonómica, fracasaron por el sectarismo, la incompetencia y falta de sentido de la realidad con que fueron aplicadas. No solo criticó tales errores la derecha, sino también el mismo Azaña.
  10. Como resultado de esas experiencias, en noviembre de 1933 el pueblo votó por amplia mayoría a las derechas en unas elecciones plenamente legales –aunque sacudidas por violencias y asesinatos de origen, todos ellos, izquierdista–. La respuesta a esa victoria electoral,  fue, por parte de Azaña y otros republicanos intentar el golpe de estado para anularla; por parte de los anarquistas, su insurrección más sangrienta hasta la fecha (un centenar de muertes); por parte de los separatistas catalanes, declararse “en pie de guerra”, y por parte del PSOE, la resolución de ir a la guerra civil para derrocar la república “burguesa” e implantar por la fuerza armada la “dictadura del proletariado”.
  11. La victoria derechista, aunque dio lugar al breve período de mayor prosperidad de la república dentro de la crisis general, resultó infructuosa políticamente, debido a las querellas entre Alcalá-Zamora y Gil-Robles, jefe de la CEDA, el partido más votado en los comicios y las maniobras del primero contra Lerroux, jefe del segundo partido más votado,  con carácter de centro-derecha. Las izquierdas y los separatistas catalanes y vascos aprovecharon la situación para realizar, a lo largo de 1934, continuas huelgas, provocaciones y choques desestabilizadores, coronados por le  insurrección armada de octubre de 1934,  objeto de mi libro Los orígenes de la Guerra Civil.
  12. Esa insurrección, planteada por sus autores, textualmente, como guerra civil, ocasionó 1.300-1.400 muertos en 26 provincias, enormes daños materiales (destrucción de iglesias monumentales, bibliotecas, fábricas y edificios varios) y duró entre unos pocos días en Barcelona o Madrid, y dos semanas en Asturias. Fue, en lo fundamental, debida al PSOE y al separatismo catalán, aunque le apoyaron los partidos republicanos de izquierda y le acompañaron los comunistas y sectores anarquistas. Su derrota dejó, no obstante, una república tambaleante. Gerald Brennan la considera “la primera batalla de la guerra civil”, apreciación acertada como creo haber demostrado. Los meses siguientes serían una tregua inquieta debido a la impotencia de uno de los bandos.
  13. El pretexto para la insurrección fue el carácter fascista atribuido por el PSOE a la CEDA  –y toda la derecha, incluso a la izquierda republicana–. Se trató de una falsedad no creída por la cúpula directiva del PSOE, pero utilizada masivamente para soliviantar a las masas.
  14. El anterior y muy resumido esquema lo he desarrollado documentalmente en los libros anteriores a este, Los personajes de la República vistos por ellos mismos y Los orígenes de la guerra civil. Su enfoque difiere del muy extendido de la “lucha de clases”, según el cual la república y la guerra consistieron en un enfrentamiento entre “el pueblo y la oligarquía” o entre los partidos “defensores del pueblo” o “de los obreros”, y los partidos que pretendían mantener “los privilegios” de los ricos. O del clero, los militares y los banqueros. Etc.  Pero la mayor parte del pueblo votó  a la derecha en 1933, después de haber experimentado las reformas izquierdistas del bienio anterior. Y los datos reales prueban que los pretendidos defensores del pueblo atrajeron sobre este más miseria, hambre, violencia, arbitrariedad  y restricción de libertades que los supuestos fanáticos de la opresión, el oscurantismo y los privilegios oligárquicos.
  15.   Mi enfoque, por el contrario, puede describirse en unos pocos puntos: a) Todas las sociedades humanas, todos los pueblos,  entrañan una fuerte diversidad y a menudo oposición de intereses, ideas, sentimientos y aspiraciones. No existe unanimidad.  b) Para mantener un orden aceptable dentro de esa diversidad,  la sociedad genera espontáneamente el poder y la ley.  c) En el plano político, esa diversidad se resuelve en partidos  y el único modo de que las diferencias no deriven en choques y guerras  o disgregación social consiste en la aceptación mayoritaria de unas leyes, respetadas suficientemente por los partidos y políticos. d)   La causa última de una guerra civil o una revolución radica en la caída de la ley, sea porque esta es rota desde el poder, sea porque una gran parte de la población la rechaza y quiere sustituirla radicalmente por otra más acorde a lo que cree ser sus intereses.
  16. Lo que creo haber demostrado en mis libros es que, contra la interpretación basada en la lucha de clases u otras similares, la causa real de la guerra fue la destrucción de la ley, y que fueron las izquierdas y los separatistas, que ya habían arruinado el régimen de la Restauración, los que echaron por tierra la legalidad republicana… que ellos mismos habían establecido, y no por consenso. Azaña anunció en vísperas de la república que se proponía  demoler lo que llamaba tradiciones españolas, que asimilaba entre otras cosas al catolicismo. No deja de ser una ironía que lo que realmente demoliese, él y sus aliados obreristas, fuese la misma legalidad que ellos habían impuesto.

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Tres ciclos en la historia reciente de España y sus causas

Blog I: Regeneración nacional (y III) La línea defensivade España  (http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/regeneracion-nacional-y-iii-linea-defensiva-espana-20130313

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Desde la Guerra de Independencia, España ha pasado por tres ciclos históricos culminados por crisis catastróficas, en las que su misma continuidad nacional ha llegado a verse comprometida. La invasión francesa truncó la evolución anterior, dejó al país en ruinas y, más grave aún, profundamente dividido. Por ello el siglo XIX no continuó la recuperación anterior, sino que hundió a España en uno de sus más profundos baches históricos, con la pérdida de casi todo el imperio, una guerra civil muy dura y otras dos menores entre tradicionalistas y liberales, más pronunciamientos y luchas entre grupos liberales. No todo fue nefasto, desde luego, pues aun con tan graves contratiempos la nación fue modernizándose,  pero el balance global distó de ser positivo. España dejó de contarse entre las tres o cuatro primeras potencias mundiales, como había seguido siéndolo en el siglo XVIII para decaer  a un estatuto de segunda o tercera categoría en Europa, tanto en lo político o militar como en lo cultural. Y de ser uno de los países europeos internamente más estables y pacíficos durante siglos pasó a convertirse en uno de los más inestables, quedando  harto retrasado con respecto a los países punteros de Europa. Este proceso, que incluyó el derrocamiento de la dinastía borbónica en 1868, abocó a la I República en 1873, en la que las fuerzas disgregadoras y demagógicas estuvieron cerca de acabar con la propia unidad nacional. Así se cumplió el primer ciclo de que hablamos.

Superar la crisis republicana resultó bastante fácil: bastaron unas decenas de guardias civiles contra un Parlamento demenciado y algunas medidas enérgicas contra los facciosos carlistas y cantonales. Y a continuación se abrió un nuevo ciclo. Los liberales, cuyas peleas habían creado tanta inestabilidad en el período anterior, decidieron compartir el poder, alternándose en él sus partidos Liberal y Conservador y restaurando la monarquía borbónica. El sistema se modeló sobre el de Inglaterra, con debilidades considerables debidas a la diferencia entre los dos países. Aun así, la Restauración no restauró solo a la monarquía, sino también a la propia nación, que experimentó, por primera vez desde principios del siglo, un crecimiento sostenido y acumulativo, y propició un considerable florecimiento cultural. Sin embargo el régimen sufrió el embate de la pérdida de las últimas colonias en América y el Pacífico en la guerra de 1898 con Usa, causante de una profunda quiebra moral en la sociedad. Si en el siglo XIX la fuente de convulsiones había sido la oposición entre liberales y tradicionalistas por una parte, y entre los propios partidos liberales por otra, desde  el 98 entraron en liza corrientes más radicales y revolucionarias: el anarquismo, el socialismo y los separatismos vasco y catalán. El régimen de la Restauración, abandonado además por el grueso de la intelectualidad, terminó por no resistir la violenta presión. La dictadura de Primo de Rivera, desde 1923,  intentó salvar lo salvable e introducir reformas en profundidad, pero, a despecho de sus éxitos económicos, de la pacificación interna y de Marruecos, fracasó antes de siete años. A resultas de ese fracaso, un año después nació la Segunda República… que reprodujo en gran medida a la Primera, hasta provocar una crisis revolucionaria-separatista. Así se completó el segundo ciclo.

Si la salida de la Primera República resultó fácil,  la de la Segunda no se dio sin una dura y prolongada guerra civil. El triunfo del bando nacional en la guerra de 1936 al 39 originó el período de paz más prolongado que haya vivido España en dos siglos, hasta hoy,  y también el más fructífero desde el punto de vista económico y político, con una notable  producción cultural. El régimen autoritario de Franco venció a las fuerzas revolucionarias y disgregadoras,  salvó a España de la guerra mundial, derrotó un nuevo intento de guerra civil y dejó un país próspero, libre de los odios desatados por la república y que habían hundido a esta: condiciones excelentes para una democracia no convulsiva. Pero una transición hecha con escaso acierto ha permitido la recomposición de las fuerzas disgregadoras, hispanófobas  y de tendencia totalitaria, hasta empujar a la nación a una tercera crisis de gran envergadura. Así, hoy vuelve a jugarse la subsistencia de la nación y posiblemente una nueva república, sin que los nuevos republicanos den la sensación de haber aprendido gran cosa de las  dos anteriores.

Es llamativo que estos tres ciclos hayan durado en torno a 60-70 años cada uno y hayan tenido un desarrollo similar. El primero vio  la lucha entre tendencias liberales –entonces revolucionarias—y tradicionalistas, acompañada de pugnas violentas entre los propios liberales, mantuvo una estabilidad precaria y terminó en una república. En el segundo ciclo, los liberales pasaron a convertirse en el elemento conservador frente a los revolucionarios anarquistas, marxistas y separatistas (también revolucionarios en la medida en que querían destruir la unidad de España). Una parte de los que, en un sentido amplio, llamaríamos liberales (Azaña), pretendieron satelizar a las fuerzas revolucionarias, convirtiéndose de hecho en satélites de ellas. Y durante la propia guerra civil quedó de manifiesto hasta qué punto se odiaban entre sí, casi tanto como a los nacionales. El tercer y por ahora último período muestra diferencias notables, dentro de una similitud general. La dictadura autoritaria –no totalitaria—franquista careció de oposición democrática, hecho muy significativo. Pero, por un fenómeno digno de estudio, con el paso a la democracia diversos partidos recobraron las ideas salidas de la quiebra del 98 y de la II República, proclamándose antifranquistas, republicanas ideológicas –ya que de momento no políticas– e inspirándose en los partidos que, agrupados en el Frente Popular, arruinaron precisamente  a la república.

Estas repeticiones cíclicas sugieren la presencia de unas clases políticas mediocres, incapaces de aprender de la experiencia histórica, y confirman la sentencia de Santayana de que quienes olvidan su historia se condenan a repetirla. A repetir lo peor de ella. Y creo que tal es el caso, efectivamente.  Un caso relacionable con la decadencia de la enseñanza superior española desde el siglo XVII. Los políticos con poder y responsabilidad no obran ciegamente empujados por “realidades objetivas”, económicas o de otro tipo, sino más bien por lo que ellos piensan de esas realidades, por cómo las interpretan. Lo cual nos remite a una carencia fácilmente apreciable: la debilidad del pensamiento y análisis político en España, su pobre calidad durante estos dos siglos largos. No es cuestión aquí de examinar por extenso es debilidad, baste señalar la escasa enjundia del los doctrinarios liberales españoles del siglo XIX, por lo común vulgarizadores de ideas tomadas del exterior, a menudo convertidas en dogmas y con pretensiones de aplicarlas a la realidad hispana sin verdadero examen de esta. Lo mismo ha ocurrido con el marxismo y otras ideologías muy influyentes en el siglo XX. El “desastre” del 98 provocó una serie de consideraciones y seudoestudios en el llamado regeneracionismo (Costa, Ortega, Azaña, Unamuno…), que en general no pasaron de ocurrencias, no pocas disparatadas, sobre la historia anterior de España y propuestas de remedios simples orladas por retóricas ampulosas pero de pobre sustancia. Por el lado tradicionalista encontramos poco más que una idealización del Antiguo Régimen pre liberal y una religiosidad ritualista con tendencia a aplicarse como doctrina política. El franquismo intentó con el Instituto de Estudios Políticos la articulación de un discurso justificador del nuevo régimen como superación del marxismo y el liberalismo, algo que tampoco consiguió. La izquierda y los separatismos han sido en general antidemocráticos, pero sostenían fraudulentamente  la bandera de la democracia. La derecha ha sido mayoritariamente liberal, pero poco o nada democrática, y no ha desarrollado una doctrina propia al respecto. Creo que la repetición de ciclos y la dificultad para aprender de ellos radica en esa  escasez de pouvoir spirituel (más bien intellectuel), que decía Ortega criticando las gratuitas  incursiones propagandísticas de Einstein y otros en nuestra guerra civil. He intentado exponerlo en mis libros Nueva historia de España y España contra España

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Hayek y la paradoja del ahorro /Salvamento de judíos por Franco.

Blog I: El 11-m como revelador de un desastre político: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/niveles-11-m-20130311#comments

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En los primeros años 30,  Keynes y Hayek sostuvieron una polémica en torno a la naturaleza de la crisis de entonces, cuya gravedad recuerda a la actual. Sus posiciones eran muy distintas. Hayek basaba su análisis en el “ahorro voluntario” o más propiamente espontáneo.   El ahorro espontáneo sería la disposición o inclinación social a prescindir de bienes de consumo para facilitar la inversión en  bienes de equipo. Esa inclinación espontánea determinaría el equilibrio por así decir natural entre inversión y consumo, y se manifestaría en la tasa de interés del capital. Una tasa alta  indica que la sociedad  está dispuesta a ahorrar poco, y que las inversiones necesitan tener una elevada rentabilidad para ser viables (ya que han de pagar un interés alto). En cambio, si la tasa de interés es baja, la sociedad estaría dispuesta a ahorrar más con vistas a mejorar sus bienes de equipo y obtener más bienes de consumo en el futuro.

Pues bien, los empresarios inversores no tienen medio de conocer por anticipado la propensión social al ahorro, y por tanto cometen normalmente errores parciales en sus inversiones, lo que da origen a los ciclos. Cuando esos errores son muy fuertes se rompe el equilibrio ahorro/consumo y  sobreviene una crisis profunda, numerosas inversiones quedan inutilizadas, las empresas no encuentran salida para sus productos, aumentan las quiebras y numerosas fábricas y empresas diversas deben cerrar o trabajar a bajo ritmo.

Concretamente, la crisis de los años 30 –como la de ahora—se debería a haber mantenido una tasa de ahorro no voluntaria, sino forzada por el estado, con unos tipos de interés demasiado bajos, que habrían roto el equilibro “natural” entre ahorro y consumo. Y lo mismo habría ocurrido en la crisis actual, según diversos economistas.

Creo que pueden hacerse algunas observaciones sobre este enfoque.

  1. ¿Existe de verdad un ahorro voluntario que señale el punto de equilibrio, por encima o por debajo del cual asoma la crisis? Al parecer solo puede identificarse de forma tentativa, por error y acierto, y quizá no exista en absoluto.
  2. No es lógico el ahorro. El interés primario de los individuos consiste en consumir todo lo que alcanza su nivel de renta.
  3. Se puede objetar a lo anterior que el individuo no solo piensa en el interés inmediato, sino también en el futuro. Pero para ello ha de tener una renta por encima de sus exigencias de consumo inmediato. Solo se ahorra lo que no se necesita.  La idea del ahorro implica que la renta de los individuos da para más que para un consumo suficiente.
  4. En el plano social, todos los bienes son, de un modo u otro, de consumo, unos de consumo inmediato, como la comida, otros a más largo plazo, como la ropa o los bienes de equipo.
  5. Dicho de otro modo, el interés del individuo por consumir su renta coincide con el interés de la sociedad, ya que los bienes producidos y no consumidos se echarían a perder y muchas empresas se arruinarían. Luego, el ahorro es imposible.
  6. Esto choca con la aparente evidencia de que, en efecto, la gente ahorra y ese ahorro sirve para la llamada inversión en bienes de equipo (u otros) a través de la banca. La paradoja  indica que los conceptos de ahorro, inversión y consumo ofrecen ciertas dificultades.

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Leo que Arcadi Espada publica un libro sobre el salvamento de judíos en Budapest  por el diplomático español Sanz Briz.  Sobre ese  y otros episodios han escrito una pandilla de sinvergüenzas tratando de presentar a los diplomáticos españoles  obrando al margen y hasta contra las  instrucciones de Franco.  Para los antifranquistas, el ataque a Franco justifica todas las mentiras, las sandeces, las vilezas y los crímenes, desde el apoyo a la ETA a tales “estudios”.

El libro de Espada se titula, muy adecuadamente, En nombre de Franco.  Sin embargo la presentación no podía evitar una tontería o pequeña vileza: “En la legación de España, Ángel Sanz Briz y un valiente grupo de franquistas buenos aplican con especial pasión humanitaria las instrucciones del gobierno de Franco, que ve en la protección de los judíos un salvoconducto ante el sombrío futuro que presagia la inminente derrota nazi“. Parece como si el franquismo hubiera salvado a judíos solo hacia el final de la guerra y por temor al “sombrío futuro”. Nada más lejos de la verdad. Franco salvó a muchos judíos desde el primer momento, fuera permitiendo el paso por la frontera a los que huían, fuera concediendo a los sefardíes la nacionalidad española que les había concedido Primo de Rivera, aunque la ley estaba ya prescrita. Y no lo hizo ni por temor a los aliados ni por especial simpatía a los judíos, que no la tenía, sino por simples razones humanitarias.  Y es cierto que hacia el final de aquella guerra casi todo el mundo en el extranjero y muchos en España, creían que Franco no resistiría a  la voluntad omnímoda de Stalin, Churchill y Roosevelt. Creo haber descrito el ambiente en Sonaron gritos y golpes a la puerta.  Pero lo cierto es que Franco desafió todas las presiones y se mantuvo. En Nueva historia de España y en varios artículos he explicado por qué.

http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/franco-y-auschwitz-o-la-historia-segun-el-pais-54069/

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/ingratitud-de-israel-mas-europa-y-menos-europeismo-defectos-de-la-ilustracion-hispana-10433/

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El cansancio: hace casi siete años

Blog I: Regeneración nacional (II) La Hispanidad. /  Lap psicopatía de Alberto: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/regeneracion-nacionalii-hispanidad-alberto-psicopata-20130309#comments

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Apuntes:

26 de Marzo de 2006 – 16:53:15 – Pío Moa – 92 comentarios

**El lazo entre el estatuto secesionista catalán y la tregua de los asesinos es evidente:la ETApremia el plan Ibarreche-Ternera bis. El gobierno va por buen camino, a juicio de los etarras.

**Pero observen: se produce la tregua cuando todo el mundo hablaba del 11-M y sus circunstancias, cada vez más inquietantes. ¿Ninguna relación?

** Firma Norberto en un foro de internet: “Los cacos del PSOE y los criminales de ETA van a regalarnos la paz. ¡La paz!, ¿entendéis? Pongámonos todos de rodillas ante ellos, en señal de gratitud”.     Exacto. La “paz”, es decir, el desmantelamiento dela Constitución, la conculcación del estado de derecho y la balcanización de España. La destrucción de cuanto nos permitía vivir libres y en una paz sólo ligeramente alterada por los crímenes dela ETA (pese a que los medios de masas y los partidos agrandasen mucho el efecto).

**Antaño Besteiro salvó el honor del Partido Socialista, aunque perdiera ante los demagogos (Prieto) y los vesánicos (Largo Caballero). Hoy no aparece ningún Besteiro entre los dirigentes de ese partido. Y cualquier protesta es decapitada al instante.

**“Rosa Díez sigue la política del PP, no la del PSOE”,  ha acusado no sé si Pepiño el de los corrutos. No. Rosa Díez defiende una política antiterrorista. Los mandamases del PSOE, una política pro terrorista. Y Rosa debe pagar su “error”, y saber quién manda.

**¡Ah, Zapo, Zapo, qué harían las mujeres sin ti! ¡Y sin Zero! La carnavalada africana de las mozuelas progres, encabezadas por la vicetiple,  tenía que culminar en la mascarada de  las Cortes  a cargo de la Bandade la Cuotay su protector, el de los montillas, más Pepiño el de los corrutos salvando a las mujeres surafricanas. ¡Y el pobre Zaplana, que apenas se atrevió a insinuar una décima parte de lo que merecían…!

**Para Zaplana es una “deshonestidad” que el Gobierno compare al PP conla ETA.¡Sorpresa! ¿Deshonesto el PSOE? Quién lo hubiera dicho… Hace muy bien Zaplana en denunciarlo, no vayan a estropearse los ciento y pico años de honradez…   Bueno, ¿deshonestidad o colaboración política conla ETA?  ¿Se va aclarando Zaplana  o, como Rajoy, achaca esa colaboración a “ingenuidad”?

**Una juventud a medida. A medida de la educación progre-sociata: la España del botellón, gemela dela España de la telebasura, dela España de los PER y los “montillas”. O de la  España de  la CEAPA, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres (progres) de Alumnos.

**Dice la jefa ceapeña que el botellón se debe a la falta de alternativas de ocio económicas. Vaya, pobres jóvenes. ¿No les dan ustedes dinero, padres y madres progres? Pues menos tacañería, buena mujer, ¿para qué están ustedes?

**También dice: “si hemos fallado en la educación, la represión no sirve para nada”. ¿“si”? ¿Le cabe a usted la menor duda de que han fallado? Pues mire, cuando, a consecuencia de ese fallo esencial, tantos miles de jóvenes se portan como cerdos e infringen las normas más elementales de la convivencia, habrá que aplicarles la ley, eso que ustedes llaman “represión”, con asco y desprecio.

**Como alternativa a la represión, la buena señora pide “diálogo”. Muy bien, ¿quién se lo impide? ¿O es que en sus casas no hablan con sus hijos?  ¿O no tienen nada que decirles? … Donde hablan ustedes como descosidos es en todos los medios, para imponer sus teorías educativas. Cuyo resultado más visible –sólo eso, el más visible–, es el botellón.

**No se trata de “beber por beber”, nos adoctrinala CEAPApor boca de su lídera. Quizá fuera mejor que adoctrinaran a sus vástagos. Y  ¿están ustedes seguros de que beben por beber? Lo mismo beben por olvidar los padres que les han caído, a saber. A lo mejor encuentran los ceapeños un rato para pensarlo.

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Racionalidad liberal / Formar un partido.

Blog I: Regeneración nacional: España en el mundo (I) / Qué iba a hacer Rajoy?http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Racionalidad del liberalismo

Si el nazismo se inspiraba en un racismo presuntamente científico y el marxismo en una concepción económico-histórica también  de pretensiones científica, la racionalidad del liberalismo era de otro tipo, aunque tuviera bastante que ver con ideas asimismo más o menos científicas de la economía. Su racionalidad partía de otra clase de supuestos, como que el interés propio beneficiaba a todos si se sometía a ciertas reglas, y que el estado debería interferir lo menos posible en ellas; o que, dada la incapacidad del hombre para alcanzar verdades definitivas, al menos en el terreno de la política, la libertad de expresión, el debate y el examen de la experiencia debían permitir aproximaciones razonables a la verdad y a lo más útil;  o que el estado no debía interferir en las convicciones morales y religiosas de los individuos. Una de sus fuentes habían sido las persecuciones entre grupos protestantes, para terminar con las cuales se desarrolló en Inglaterra el concepto de tolerancia política, que sería aplicado con creciente amplitud.

Así como los enfoques marxista y nacionalsocialista llevaban a crear un estado totalitario que impusiese en toda la sociedad los imperativos de la ciencia por encima de las variadas y a menudo absurdas o contraproducentes opiniones y tendencias particulares, el liberalismo procuraba debilitar el papel del estado y apoyar al individuo. La racionalidad del liberalismo se fundaba, por tanto, en especulaciones que no pretendían tener el rigor de la ciencia, lo cual le hacía débil ante los racionalismos ciencistas de sus adversarios. Su punto fuerte consistía en la experiencia histórica  del siglo XIX, cuando los regímenes liberales fueron imponiéndose por gran parte de Europa – no sin guerras y revoluciones–, dando lugar a  naciones mucho más ricas, poderosas e instruidas que antes en toda la historia, y a una mayor libertad individual. Si tal había sido la experiencia, no había  por qué no persistir en ella. Su punto débil, desde 1918 y particularmente en los años 30, consistía en las crisis y depresiones, que los liberales entendían como desgracias pasajeras y sus adversarios como pruebas de un fracaso histórico.

Por supuesto, al igual que en el marxismo y el fascismo, unos principios racionales no daban lugar a unas conclusiones iguales y homogéneas al modo de los teoremas, sino a diversas interpretaciones. En el liberalismo había, pues, varias tendencias, desde las que llegaban a manifestar comprensión hacia el experimento soviético o el nazi, hasta las que jugaban teóricamente con una oposición entre individuo y sociedad, o entre  sociedad y estado, llevada a extremos anarquistas. Asimismo, el liberalismo no se mostró, durante largo tiempo, incompatible con el racismo. Sobre la base de las libertades públicas y el papel restringido del estado, el abanico de opciones políticas era amplio. Por otra parte liberalismo y democracia no combinaban demasiado bien, ya que la democracia primaba el peso y el poder de la masa sobre el individuo. En muchos países, los movimientos liberales habían sido impotentes ante las amenazas revolucionarias de tipo comunista o similares –así ocurriría de modo destacado en España–. Y ante el mapa de corrientes opuestas en la Europa de entonces, muchos liberales podían simpatizar con una poderosa Alemania nazi que parase los pies o incluso destruyese a la Unión Soviética –los acontecimientos impondrían que la alianza fuera la contraria, entre demoliberales y soviéticos contra el nazismo–; o desear que ambas se destruyesen bélicamente entre sí.  

Asimismo, la realidad de la depresión económica, el descontento de las masas, los progresos de la socialdemocracia y la amenaza revolucionaria, estaban llevando a los gobiernos demoliberales a adoptar políticas de intervencionismo estatal progresivo, contrarias a su tradición.

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Las condiciones para formar un partido son, por orden de importancia y cronológico: programa, liderazgo y organización. Quienes siempre hablan de la “falta de medios” y de la “cerrazón del sistema” solo manifiestan su incapacidad, incluso su tendencia a la corrupción: no tienen programa que valga la pena, ni liderazgo, pero quieren tener medios.  Hoy las circunstancias son excelentes para que nazca un partido que ayude a sacar a España del atolladero,  apoyándose en una regeneración nacional y democrática. Circunstancias favorables  tanto por la crisis política generalizada como por el surgimiento de nuevos métodos. El caso de Grillo en Italia lo ha probado. El asunto es que no salga aquí un Grillo o un Berlusconi, sino una alternativa más razonable: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/existes-no-salgas-tele-20130305

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