Blog I: Regeneración nacional / Breves sobre la democracia. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Antes de seguir, creo que la tesis de que los sentimientos más profundos del ser humano son los del yo y del mundo, debe ampliarse a un tercero, presentado como parte del mundo pero que viene mejor separarlo: el sentimiento social, puesto que el yo no existe nunca sin los “otros”, desde la familia a la comunidad próxima, la nación o el estado y, más difusamente, la humanidad. He esbozado algunos aspectos de los dos primeros sentimientos y convendrá abordar en otro momento, aunque sea por encima, el sentimiento de sociedad.
También sobre la angustia: hay dos formas de ella, la enfermiza, paralizante y autodestructiva, y la creativa, que da lugar a los mitos, al arte o a la ciencia. Pues en todas esas actividades hay un elemento de entusiasmo, pero también de ansiedad ante lo desconocido y en muchos aspectos incognoscible. De la primera, los casos llamados de “angustia vital”, la sensación de vacío existencial, muy aguda en algunas personas, son una manifestación precisa. A este respecto, llama la atención la intensidad y amplitud con que se ha desarrollado en nuestro tiempo la cultura del entretenimiento, que en gran parte es del aturdimiento: ¿como un modo de escapar a la angustia de la vida? Más precisamente cabría decir que la angustia tiene una derivación enfermiza y otra creativa o productora de consuelo.
Siguiendo con el tema anterior, fe es creer lo que no vimos, decía el catecismo; definición primaria, válida quizá para niños. Más bien sería creer en lo que no podemos ver o, mejor, no podemos comprobar. Pues la ciencia opera con una multitud de objetos invisibles e impalpables, aunque de un modo u otro comprueba su existencia y efectos prácticos. El objeto de la fe son imágenes o relatos producidos por nuestra mente impresionada por el misterio de la existencia. Es curioso que nuestra psique pueda plantearse, incluso con una carga de urgencia, el por qué y para qué de lo existente, desde el yo al universo… y en cambio sus ansiosas preguntas fundamentales no tengan respuesta racional o similar a las mil cuestiones que resolvemos normalmente en la vida cotidiana. Esa contradicción viene expresada, creo, en mitos como el del pecado original. La ciencia no se plantea el por qué y mucho menos el para qué de lo existente, sino propiamente el cómo. Explica, en un avance sin fin aparente, cómo existen, “funcionan” y se relacionan las cosas, y ahí se detiene. Por eso la fe en la ciencia suena algo absurda, salvo en el sentido trivial de que ella seguirá avanzando y aclarando asuntos muy diversos, y permitiéndonos en alguna medida manipular lo existente en beneficio propio.
También suena contradictorio plantear el problema de la existencia de Dios. Puesto que los creyentes ven en Dios la causa de lo existente, estará lógicamente por encima de la existencia, fuera del universo.
La razón, por otra parte, puede volverse muy destructiva. En una conversación algo en broma, comenté que la racionalidad económica exigiría la eliminación de los ancianos improductivos (de hecho ya se expresan opiniones en tal sentido). Y, yendo algo más lejos, sus cadáveres tendrían utilidad práctica convirtiéndolos en piensos compuestos para el ganado. Hoy por hoy, la idea nos parece –a la mayoría– una monstruosidad, pero de su carácter racional no cabe la menor duda. Si nos parece monstruoso es porque en nosotros opera todavía un “prejuicio” en sí mismo irracional, sobre la dignidad de la vida humana junto con la impresión, típicamente religiosa, de que el origen y destino de cada cual depende de alguna fuerza inasible por encima de nuestros deseos, intereses o apetencias, tiene un carácter “sagrado”.
Para terminar con estas improvisaciones varias, en twitter (he propuesto, no en serio, que le llamásemos “gorgraz”, abreviatura de “gorjeos y graznidos”), un corresponsal lector de Sonaron gritos…, que considera una novela filosófica, ha comentado una discusión de la novela: Contreras sostiene que las matemáticas pueden describirlo todo gracias al signo de igualdad. Por tanto, dentro de determinadas cantidades, proporciones y relaciones, todo sería igual a todo. Paco le replica que entonces todo sería igual a nada, aunque se queda ahí. El corresponsal indica que la teoría de la Grex (recuerden a los pastores de Porriño), comunmente conocida por “big bang”, lo demostraría: si el origen del universo está en un punto sin dimensiones espacio-temporales, entonces todo el universo sería finalmente igual a ese punto, a la nada. O bien todo estaría contenido en la nada… Bueno, lo dejo por si a alguno le sugiere algo.


Ha habido una corriente reivindicadora de la Ilustración española, y en particular de Carlos III y su reinado, un tanto excesiva a mi juicio. La Ilustración en nuestro país no produjo hombres ni obras comparables a lo que produjo en Inglaterra, Francia o Alemania, tampoco a lo que generó el Siglo de Oro. Y sin que sea desdeñable su esfuerzo de modernización, fracasó en el aspecto más importante, el de la ciencia y la educación superior. En España no se creó una academia o asociación científica como las que surgieron en otros países, hasta en la atrasada Rusia, donde fundaron la tradición que ha dado forma al mundo moderno. De matemáticas, por ejemplo, solo entendían en España los marinos y los artilleros, por exigencias de su profesión. Por otra parte, la expulsión de los jesuitas tuvo efectos devastadores sobre la enseñanza, de los que no se recuperó el país hasta entrado el siglo XIX. Observa Julián Marías que el pensamiento ilustrado español tuvo cierta importancia y no cayó en las exageraciones o extravagancias del francés y otros; pero también es cierto que apenas tuvo originalidad e inauguró una tendencia persistente hasta hoy, con pocas excepciones, de intelectuales solo capaces de divulgar y a menudo vulgarizar lo que se pensaba fuera.