La religión en la historia
En su libro sobre Europa, usted sostiene que para interpretar la historia lo esencial es atender a la religión. Esa idea rompe por completo con las corrientes más habituales, casi únicas, desde hace varios cientos de años, que dan la prioridad a la economía y a la técnica, por lo general. O bien a la libertad, que a menudo se combina con ellas.
He tratado de explicarlo también en Nueva historia de España. Uno puede basarse en la economía, y de ningún modo dará una explicación de la historia o de la sociedad, sino solo del desarrollo de la economía o de la técnica. En cuanto a la libertad, es un concepto tan difícil de definir que todo el mundo puede apoderarse de él. Y a decir verdad, la historiografía con pretensiones científicas busca encontrar la necesidad en la historia. Ahora, la necesidad excluye la libertad.
Pero sin economía, las sociedades se hundirían. Es lo básico, primum vivere.
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Eso es un tópico facilón y falso. Para comer, el hombre necesita “filosofar”. No tiene en su propio cuerpo las armas o medios para capturar la comida, como los animales, sino que opera ante todo con la cabeza. No solo debe desarrollar técnicas y estrategias, cohesión y organización de grupo, jerarquías, normas morales. También debe encomendarse a las divinidades, y esto último es muy significativo, pues aparece en todas las culturas.
No obstante, sabemos que para desarrollar la economía no necesita encomendarse a ningún espíritu, que esa falsa necesidad no pasa de ser pura superstición.
Es un craso error. En el plano personal, el hombre puede sufrir mil dificultades y azares en la búsqueda del alimento, y en un plano general, se ve condicionado por los continuos cambios climáticos, por enfermedades contagiosas, por accidentes, por desastres que vienen del cielo o de la tierra, por la rivalidad de grupos… Hoy la economía se desarrolla sobre la base de las divinidades Progreso y Técnica, con sus gurús particulares, cada uno con sus recetas. O si lo prefiere bajo la adoración del becerro de oro. Para comer, el hombre necesita filosofar, y más que filosofar. Y nada más absurdo que el primum vivere. Vivir es mucho más que comer, aunque esto pueda ser verdad para los animales y solo hasta cierto punto. La religión es el núcleo generador de la historia, según mi interpretación
Si eso es así, ¿por qué las culturas son tan distintas? ¿Por qué Europa ha destacado sobre las demás? Lo lógico es que todas ellas sean bastante iguales.
Hay algo común a todas y es la religión, con muchas formas, o las creencias morales. Por supuesto, también la comida, que depende de las anteriores y no al revés. Yo creo que Europa se ha destacado, y así lo he explicado en el libro Europa, porque la religión cristiana, basada como todas en la fe, lleva dentro una aguda contradicción de la razón recogida de Grecia. Esta contradicción puede provocar antagonismos, pero más comúnmente provoca una tensión y equilibrios nunca estables, pero que suelen ser creativos. Eso ya se aprecian muy bien en la llamada Baja Edad Media o Edad de Asentamiento, como prefiero llamarla: en los debates y querellas escolásticas entre París y Oxford, entre dominicos y franciscanos, por ejemplo, que afectaban al estado y la concepción de la sociedad. De ahí surge la revolución (que no reforma) protestante, que es una rebelión de la fe contra la razón; y luego la revolución contraria, la de la Ilustración, de la razón contra la fe.
Nuevamente, eso va en una dirección difícil de aceptar. Si el protestantismo fue una rebelión de la fe contra la razón, ¿cómo se explica que fuera en los países protestantes como Alemania, Holanda, Inglaterra o poco católicos como Francia, donde se desarrollase más la crítica de la fe en nombre de la razón?
Creo que ello se debe a la inconsistencia de la fe protestante. Si usted se salva por la fe y al mismo tiempo puede interpretar las Escrituras a su gusto, sin aceptar orientación superior, entonces quita a las Escrituras todo valor normativo. Y su fe queda en el aire, ya que su salvación depende del eterno designio indescifrable de Dios. Parece normal que muchos se rebelaran contra ello.
Su visión del protestantismo y de la Ilustración resulta así muy negativa. Pero los países católicos quedaron retrasados en muchos aspectos.
Yo no lo planteo en términos de positivo-negativo, trato de entrar en su lógica interna, generalmente contradictoria y dinámica. La Ilustración adoró la Razón, de la que esperaba hallar principios universales y obligatorios, el imperio de la Necesidad, con leyes para la sociedad y la historia análogas a las de la física. Eso se presentaba en nombre de la libertad, pero al mismo tiempo la anulaba. Y en lugar de principios necesarios dio lugar a ideologías contradictorias, enemigas entre sí, y semejantes a religiones.. Eso es lo que he tratado de exponer, aunque sea esquemáticamente. En cuanto al catolicismo, pareció haber logrado en Trento un equilibrio estable entre razón y fe, por eso mismo fue anquilosándose. Trento fue sin duda un gran logro intelectual, pero la tensión persistía, no podía dar lugar a una estabilidad permanente, y el intento de mantenerla se transformó en anquilosamiento. Esta idea tendría que profundizarse mucho más, pero yo creo por ahí va el asunto. El cristianismo es una religión distintas de las demás, no tanto por sus creencias particulares, que también, sino por el dinamismo interno que le produce la contradicción entre razón y fe, entre Atenas y Jerusalén, según se ha dicho. Aunque creo que el Dios cristiano es muy diferente del judío;e sa es otra cuestión.
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Democracia (XII) Corrientes oligarquía-pueblo
La frase de Churchill sobre los cinco minutos de charla con el votante medio tiene bastante de sofisma. Los profesionales del poder, los oligarcas, también son a menudo ignorantes, sufren la incertidumbre propia de la condición humana, reaccionan a menudo torpemente ante los eventos inesperables que surgen con frecuencia, y a menudo su motivación consiste en usar el poder en provecho personal. Además, los actos de gobierno afectan al votante medio –ignorante, pero no del todo– por lo que este debe tener algún medio de influir aunque solo sea cada cuatro años. Y las ideas del vulgo, por primarias que sean, proceden de los centros de poder e intelectuales. Importa señalar que la corriente intelectual y política de la oligarquía hacia el pueblo es mucho más intensa que la inversa, y que las ideas más absurdas expresadas por el elector común provienen casi siempre de otras personas supuestamente más ilustradas y ´profesionalizadas en la política. La libertad de expresión, teóricamente universal, es ejercida y solo puede serlo por muy pocas personas en el ámbito público –los medios de masas sobre todo–, mientras que para la inmensa mayoría esa libertad apenas se ejerce fuera del ámbito familiar, de amigos y profesional. Las redes sociales parecían en un principio poner la expresión masiva al alcance de todo el mundo, pero la proliferación de datos y opiniones contradictorias en ellas, así como la simple exhibición de estupidez tan frecuente, neutralizan en gra medida su efecto.
Con todo, permanece la realidad del desfase entre las oligarquías, que saben más de su profesión, y el pueblo, que sabe menos; desequilibrio complicado por la variedad de intereses e ideas o ideologías tanto entre los profesionales del poder como entre los votantes. De ahí surgen algunas complicaciones de la democracia liberal. Una de ellas, que si en teoría la competencia entre partidos debe promover una selección de los mejores o más aptos, una selección al revés también es muy posible
Historia criminal del PSOE (18): Los comunistas entran en la historia de España: https://www.youtube.com/watch?v=iMIjiQGTM9s
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