El programa de Vox (II) Posición de España en el mundo / Franquismo y democracia

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Tenemos, por tanto, dos puntos para empezar: la política internacional no es una cuestión secundaria que se deje en último lugar de un programa como una buena intención tópica. Es una cuestión radicalmente clave en todo programa alternativo. Y en segundo lugar, el programa debe ser muy concreto y partir de la realidad actual de España en el concierto mundial.

Hoy España está integrada en la OTAN y en la UE, y esas dos alianzas definen la posición de España y también su política interior. Por ejemplo, los gobiernos de la UE, con dos o tres excepciones, se  precisan hoy como gobiernos LGTBI, por la ideología LGTBI que incluye también el multiculturalismo y otras políticas de tinte cada vez más totalitario. En consecuencia, y como reflejo de ello, la política interior española es también LGTBI, etc. Esto dicho como una primera aproximación evidente.

En cuanto a la OTAN, es una alianza militar que gira en torno a Usa y, secundariamente, Inglaterra, creada para hacer frente al expansionismo soviético. Hundida la URSS, permanece como expresión tanto de los intereses anglosajones como de una concepción general del mundo y su evolución, con el inglés como lengua general superior (esto también ocurre en la UE). Una concepción mesiánica que es preciso analizar. Pues bien, la posición de España en esa alianza es precisamente la de un país satélite, utilizado como peón en las diversas guerras emprendidas desde entonces y en las provocaciones actuales a Rusia.  Si bien los miembros no anglosajones están en posición subordinada (aunque se habla de “ejército europeo”, para contrarrestarla), la posición de España es la más subordinada y humillante, al tener el país invadido por una potencia amiga y aliada, que lo es de los actuales gobernantes españoles, pero de ningún modo de España. Gibraltar resume así la posición real de España en el mundo como país satélite especialmente humillado, con intereses totalmente supeditados a los de sus “aliados” anglosajones.

Los anglosajones sí poseen una visión global del mundo, unos intereses y una orientación, y dedican energías a estudiar y discutir a fondo esos asuntos. En España no ocurre nada semejante, pero el país no debería supeditarse a quienes tienen intereses distintos y a veces opuestos a los nuestros. Insisto en que estos son temas a estudiar, pero un programa debe especificar claramente que España es hoy un país satélite, sin independencia real por obra de los actuales partidos, y debe establecer unos puntos para salir de esa situación. Puntos que deben partir de estudios en profundidad y no de simples impresiones emocionales. Y si Vox quiere ser algo más que una salida de circunstancias, debiera plantearse en serio estos asuntos. No hace mucho repliqué en tuíter a un dirigente de Vox empeñado en hacer propaganda del inglés, al modo de Rivera, diciendo que en ese idioma está el progreso y el futuro. La satelización del país empieza por esa actitud servil y en el fondo antiespañola.

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Franquismo y democracia

P. Llama ud bobos a quienes consideran antitéticos el franquismo y la democracia. Pero es lo que mucha gente nada boba sostiene.

–Vamos por puntos: 1, El franquismo no derrotó a una democracia sino a un régimen totalitario salido de un golpe de estado (las elecciones fraudulentas del 36). 2. La ideología del franquismo era el catolicismo, doctrina compatible con muchas formas políticas, siempre que estas no lo persigan abiertamente. 3. La Falange fue otro elemento importante del franquismo, aunque secundario, sí era más claramente antidemocrática,  pero su debilidad intelectual le impidió ser alternativa cuando la Iglesia decidió traicionar (esa es la palabra) a Franco. 4. Una democracia puede funcionar en sociedades prósperas, de amplia clase media y no desgarradas por odios como los de la república. Y estas condiciones las creó el franquismo.  5. ¿Es posible hoy  un régimen falangista o de lo que llaman “democracia orgánica” –que nunca se aplicó–, o nacional-católico? Está claro que no. Pero una democracia como generalmente se concibe, sí lo es.

P. Ud acepta unas evidencias, pero niega otras. La democracia, precisamente, nos ha llevado a una situación muy peligrosa, y varias veces ha dicho ud. que la UE se hace cada vez más totalitaria

–Sigamos con el asunto.  Es posible, por lo antes dicho, un franquismo democrático en dos sentidos: a) admisión de los muchos elementos positivos de aquel régimen, que debieran continuar y de hecho continúan bastantes, pero se debe profundizar más en su estudio; y b)  reconocimiento del franquismo como origen y raíz venerables de una democracia posible que mantenga la unidad nacional, la prosperidad, respete la raíz cristiana de nuestra cultura –sin oficializar a la Iglesia– y evite el resurgir de los viejos odios. No, franquismo y democracia no forman un oxímoron, por el contrario, en la historia real, el franquismo es la raíz y la base de la democracia, y si se corta esa raíz iremos al desastre. El oxímoron está entre democracia y antifranquismo. No me canso de decir que el antifranquismo, que une desde la ETA hasta el PP, sí es la antítesis de la democracia.  Por dos veces, la segunda después de muerto, derrotó Franco al frente popular. Y ahora el frente popular  ha vuelto de hecho, y es preciso derrotarlo nuevamente, antes de que nos lleva a una nueva guerra, a una tiranía totalitaria o a algún otro desastre. Pero de ninguna manera se le derrotará a base de invocar precisamente lo más endeble e inactual del franquismo.

P. Eso que ud dice suena en cierto modo a música celestial. No se percibe a nadie que vaya a seguirle en semejantes razonamientos.

–Hoy por hoy es verdad. Porque con la maldad del franquismo pasa como con la leyenda negra: han sido asumidos por prácticamente todos los partidos. Y es muy importante derruir la leyenda negra y los ataques a aquel régimen, pero ello no basta ni mucho menos para recuperar una situación mejor. Ya señalé cierto paralelismo con la Grecia actual y la clásica. Reivindicar la España del XVI es fundamental, pero con ello no vamos a volver a la España del XVI, quiero decir, a algo equivalente. Lo mismo con la reivindicación del franquismo. Uno podría especular que derrotando la leyenda negra y los mitos antifranquistas se liberarían en la sociedad nuevas fuerzas creativas  de gran envergadura. Sin duda debemos reconocer que esa leyenda y esos mitos pesan como un enorme fardo sobre nuestra sociedad, y que librarnos de ellos ya sería algo importante. Pero no garantiza ninguna mejora espectacular. Yo veo a los que he llamado extrema derecha, y su patriotería y sus simplezas no auguran nada bueno, a menudo caen en la simple majadería. Piensan en glorias militares, emplean mucha retórica vacua en lugar de análisis serios, la cultura en general les importa un bledo y por lo demás no crean ninguna; se saben cuatro tópicos que ellos creen explicativos de todo y no hay quien los saque de ahí, son alérgicos a un pensamiento algo elaborado, y su provincianismo les impide mirar más allá de la península, salvo para tomar  sin más crítica recetas de “Europa” que probablemente no servirán aquí… No obstante, confío en que las cosas mejoren; aunque será poco a poco.

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Franquismo y extrema derecha

P. A ud se le viene considerando desde hace años  historiador e ideólogo neofranquista, es decir, de extrema derecha. ¿A qué se debe que ud critique tanto ahora a la extrema derecha?

–A ver si nos entendemos: la palabra extrema derecha puede significar lo que cada uno quiera. Para la opinión hoy dominante, la extrema derecha es la que contraria a la ideología LGTBI, que se ha convertido prácticamente en la ideología oficial de la UE. Si ud se opone al abortismo, al multiculturalismo, a la anulación nacional, etc., entonces ya es de extrema derecha. Pero como, según digo, puede significar cualquier cosa, conviene que quien usa la palabra explique qué quiere decir con ella.

P. ¿En qué sentido la usa usted? ¿El franquismo no es extrema derecha?

–No necesariamente. En primer lugar el franquismo, en el sentido de pensar en una vuelta de aquel régimen, es residual. Pero hay mucha gente que, sin pensar en su vuelta, defiende su importancia y necesidad histórica, como yo;  y otros que lo hacen desde puntos de vista diferentes. Considero que el franquismo fue un régimen de excepción ante una crisis excepcional, y que abrió paso a una democracia factible, hoy echada a perder por el antifranquismo. El antifranquismo es el gran problema, el cáncer de la democracia y de la propia España. Pero los franquistas de extrema derecha suelen opinar que lo malo es precisamente la democracia, un régimen maligno traído en definitiva por la ETA al matar a Carrero Blanco, por la masonería, el sionismo, etc. Esto es propiamente lo que yo llamo extrema derecha en España. Y la verdad es que me alegro de que tenga poca fuerza.

P. Pero, ¿no es posible que vuelva a tomar fuerza, como en varios países europeos?

–Le repito que esos movimientos llamados de extrema derecha en Francia, Austria, Hungría, Polonia, etc., no lo son, se les llama así para desacreditarlos. Son una alternativa real y democrática, al menos en principio, a una deriva cada vez más totalitaria de la UE. Y es curioso que en España no acabe de surgir algo parecido. Aquí hay dos formas de extrema derecha a veces mezcladas: la de tipo católico y la de tipo más o menos fascista, las dos muy confusas. Implícitamente querrían una vuelta de aquel régimen, aunque no se atreven a decirlo claramente.

P ¿A qué atribuye que no acaben de cobrar importancia?

–Por una parte a la simpleza de sus análisis, y por otra a que nunca entendieron qué fue el franquismo. Hablan de quimeras. Por ejemplo, los ultracatólicos se  encuentran con que la Iglesia sigue rumbos muy distintos de los suyos, pero no osan proponer una Iglesia nacional, cosa por lo demás  demasiado irrealista. O se expresan en plan apocalíptico, como si estuviéramos al borde del juicio final. Otros creen que la ideología propiamente franquista fue la de la Falange, cuando se trató de una ideología de circunstancias, ecléctica y un tanto retórica, útil en la situación de grave crisis y amenaza de los años 30 y 40, pero no en la actual. Por lo demás, la Falange se ha quedado en los huesos, cediendo mucha carne a comunistas, anarquista, socialistas e incluso separatistas, pues finalmente fue venero de todos ellos, por  su debilidad intelectual;  además  está dividida en unas cuantas facciones.   Y desde luego el franquismo nunca se identificó con la Falange. El Movimiento era solo un ministerio más, con escaso presupuesto.

P. A pesar de todo, hay circunstancias históricas en las que ideologías absurdas  o débiles  cobran fuerza repentinamente.

–Cierto, pero no creo que sean estas. Repito que el franquismo no tiene nada que ver con las fantasías que estos se hacen. Propiamente no tuvo ideología, o en la medida en que la tuvo, su clave fue  el llamado nacional-catolicismo, que no era una Iglesia nacional sino la idea de que España, y en ese caso el régimen, era connatural con la Iglesia de Roma, no de Madrid. La Falange fue un factor auxiliar y secundario. Por consiguiente, el Vaticano II dejó al régimen inevitablemente en el aire y abocado a una evolución muy distinta. ¿Podía haber sido una evolución falangista? Lo intentaron algunos, pero desde luego fracasaron por las razones dichas: la Falange  desempeñó un papel importante en su momento: guerra civil y años 40, pero en los 60 ya estaba desfasada. No quedaba otra salida que una marcha hacia la democracia, en la que, con vacilaciones, estaba el propio Carrero Blanco. La herencia propiamente franquista en esa democracia sería la monarquía como eemento de equilibrio y continuidad.

P. Usted descarta, por tanto, el papel de la masonería o el sionismo

–El sionismo es la vuelta de los judíos a Israel, y a mí me parece muy bien. En cuanto a la masonería, es una sociedad extraña pero muy influyente. Aun así, en el caso de España tuvo muy poca incidencia.  Observe ud.:  ¿eran masones los orientadores del Vaticano II? Más bien simpatizantes del marxismo, entonces de la Unión Soviética, ya expliqué por qué en mi libro sobre el franquismo y en otros y en artículos; y en la URSS estaba prohibida la masonería, aparte de ser un régimen antisionista y en muchas ocasiones perseguidor de los judíos. ¿Hicieron la transición los masones? Ni Carrero, ni Fraga, ni Arias ni  Torcuato, ni Suárez ni Juan Carlos eran masones (de este dicen algunos que  lo era, pero no hay prueba real). Los orientadores de la  transición fueron sobre todo los democristianos. Y los más influyentes y eficaces  promotores del antifranquismo, Cebrián y Ansón, tampoco eran masones. Quizá alguno o  algunos lo fueran, pero no hay la menor prueba real de ello. Claro que para esa manera de pensar las pruebas no importan: les “huele” que son masones, y eso basta.  He expuesto en Los mitos del franquismo todo el proceso en lo que es constatable y probado, pero es inútil ante la simplonería de análisis de esta gente.

P. No obstante, sabemos que la masonería tiene un peso muy grande en la UE, por ejemplo en el parlamento, lo dicen abiertamente ellos mismos. Y ello tiene que influir también en España

–Sin duda. Pero estamos hablando del franquismo y la transición. Por otra parte, a mí  me interesan los aspectos internos de la masonería, como su naturaleza gnóstica y anticristiana, pero me interesan mucho más los externos. La masonería es, aparte de maquinaciones políticas reales o supuestas, una gran creadora de opinión pública.  Yo no sé si la ideología actual de la UE es masónica o simplemente afín a la masonería. Lo que me interesa es demoler racionalmente ese discurso dominante. Si ud va a la gente denunciando “¡esos son masones!”, la gente se reirá o le importará un bledo. Porque el discurso de la UE resulta muy convincente para mucha gente, y de nada valdrá que ud le lance maldiciones por su supuesto origen masónico, aunque en parte al menos sea un origen real. Necesita analizarlo, exponer sus contradicciones y sus efectos nefastos.

P. ¿Alguna alternativa?

–Podríamos hablar de un franquismo democrático, aunque a los bobos les parezca un oxímoron. Por lo demás, si no entendemos con alguna claridad lo que fue el franquismo, nada provechoso podremos sacar de él. Pero entenderlo y buscar lo aprovechable exige investigación y estudio, y eso es algo a que los franquistas españoles son muy poco proclives: prefieren las consignas simples, sus masonerías y sionismos. Y cuando se conoce el secreto profundo de la realidad, como ellos creen,  lo demás quedan como simples detalles secundarios, así pues ¿qué necesidad hay de investigarlos? Basta con adjudicarlo todo a esas causas profundas, cosa que un buen olfato consigue sin dificultad. Por eso mis libros les resbalan o no los entienden. Les resultan superfluos, salvo en lo que creen que les dan la razón.

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 Franco debe estar en el Valle de los Caídos, y el gobierno en el banquillo

El Valle de los Caídos es probablemente el monumento más grandioso y artísticamente logrado del siglo XX en cualquier lugar del mundo. Fue creado a iniciativa personal de Franco para conmemorar la victoria en la guerra civil, y poco después tomó el carácter de la reconciliación, al trasladar allí restos de soldados del bando enemigo. La reconciliación nunca fue aceptada por los dirigentes del Frente Popular ni de los políticos que se identificaron mucho más tarde con ellos. Y es lógico, entre otras cosas porque la reconciliación simbolizada en el Valle  se hacía bajo el signo de la cruz, y si algo unió al Frente Popular derrotado en la guerra fue un odio visceral a la cultura cristiana, raíz de la cultura española y europea, y su decisión de erradicarla matando al clero y a numerosos católicos, e incendiando iglesias, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza.

Se ha dicho que la reconciliación nacional se efectuó a la muerte de Franco, pero  la reconciliación muy mayoritaria se produjo ya en los años 40, como lo prueba el fracaso del maquis y la ausencia de oposición al nuevo régimen… salvo por los comunistas, el sector más totalitario del derrotado Frente Popular. En la transición solo se reconciliaron los políticos. Y solo cuando Franco, después de muerto, infligió una segunda derrota al Frente Popular en el referéndum de 1976. Entonces los que se consideraban herederos del bando derrotado intentaron una “ruptura” radical con el franquismo para enlazar con la supuesta legitimidad del Frente Popular. Pero la decisión abrumadoramente mayoritaria del pueblo fue la democracia “de la ley a la ley”, es decir, no contra sino desde el franquismo y por tanto contra la ruptura.

Y era natural: una democracia solo funciona en sociedades  prósperas, con amplia clase media y sin los odios tremendos que destrozaron la república. Y esa prosperidad y superación de los odios eran la herencia evidente del régimen de Franco. En consecuencia, los políticos que proponían la ruptura debieron aceptar, o más bien resignarse, a una reconciliación que, como han demostrado con el tiempo, no sentían realmente, de modo que cuando han vuelto a cobrar fuerza,  tratan de despertar los viejos odios y tratan de vengarse simbólicamente ultrajando los restos de Franco expulsándolos del Valle de los Caídos, dentro de una campaña más vasta con ánimo de cercenar las libertades democráticas so pretexto de “apología del franquismo”.

Para ello han ideado una campaña de absolutas falsedades, hablando de 20.000 presos republicanos condenados a trabajo esclavo para edificar el monumento y otras infamias que dejo aquí de lado. Lo esencial es el argumento de que una democracia no debe tener en un monumento tal la tumba de un dictador, victorioso sobre un Frente Popular supuestamente democrático. Esto es un insulto a la historia, a la democracia  y a la verdad. Se hace indispensable, entonces, que la opinión pública conozca lo que fue realmente el Frente Popular más allá de las propagandas, porque ello es indispensable para sanear la democracia actual, perturbada por una falsificación sistemática de la historia.

El Frente Popular fue, de hecho,  una coalición de partidos separatistas basados en un racismo demencial, de  partidos totalitarios, especialmente  socialistas y comunistas,  y de grupos golpistas republicanos de izquierda, como el de Azaña. Solo esta constatación basta para entender que no hubo un solo demócrata entre ellos, aunque hablasen incesantemente de democracia. Y para entender el sentido de la guerra civil como una lucha entre los que aspiraban a disgregar España, imponer un totalitarismo y arrasar la cultura cristiana, y los que se oponían a todo ello. Solo reconociendo esta verdad se superará la guerra civil.

El Frente Popular llegó al poder mediante un golpe de estado, pues unas elecciones fraudulentas son un golpe de estado, y las elecciones de febrero de 1936 fueron falsificadas por las izquierdas como está documentalmente probado. Aquel fraude destruyó la legalidad republicana (pero ellos se seguían llamando republicanos, con la misma desenvoltura con que se proclaman demócratas). Y a continuación de dicho golpe, el Frente Popular sumió al país en una orgía de crímenes, incendios y  arbitrariedades, anotadas por el propio Azaña, y culminados en el asesinato de un jefe de la oposición, Calvo Sotelo. Otro rasgo del Frente Popular fueron los odios entre sus mismos componentes, que ya entonces se asesinaban entre ellos y que en plena guerra civil causarían persecuciones sangrientas y  dos guerras civiles menores entre sus partidos.

Franco y otros se sublevaron contra aquella situación de descomposición de la ley y del país. Rebelión legítima, pues alzarse contra una tiranía semejante lo es.  Se consideran dos tipos de legitimidad: la de origen, que es indiscutible salvo para quienes identifican democracia con fraude, corrupción y tiranía; y la de ejercicio, manifestada en el progreso de la sociedad. Y el franquismo transformó la sociedad española, que pasó de la miseria a la prosperidad y  de un clima de odios irreconciliables a la moderación política. Y lo hizo con un régimen de autoridad que restringía, sin anularlas, las libertades políticas para los partidos de aquel Frente Popular o sus sucesores. Solo en esas condiciones era posible salir del círculo vicioso de la pobreza y los  rencores, y hacer factible finalmente  la democracia, votada por gran mayoría en 1976.

Pues bien, el máximo artífice personal de la nueva España fue Franco, y el Valle de los Caídos su símbolo. Por eso, más allá de argumentos legales o familiares, el argumento de la historia y la verdad impone que el lugar de sus restos es y debe ser aquel en que se halla.

La argucia de que una democracia no puede admitir un monumento al dictador, sugiere que quienes lo emplean son demócratas. Para entender que no es así bastará un breve repaso histórico: 1. El PSOE, en alianza con separatistas, anarquistas y extremistas republicanos,  intentó derrocar violentamente en 1917  al régimen liberal de la Restauración. 2. Pasó luego a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera. 3.  Terminada esta, colaboró en 1930 con un golpe militar para traer la república y que fracasó. 4. Durante la república juzgó que había condiciones para imponer un régimen de tipo soviético mediante una guerra civil y la organizó, con esas mismas palabras, y la  intentó, junto con los separatistas catalanes y los comunistas, en 1934. 5. Al fracasar, dejando grandes destrucciones y 1.300 muertos, fue un artífice principal del Frente Popular, de la falsificación electoral y de las violencias subsiguientes y autor directo del asesinato de Calvo Sotelo. 6. Ya durante la guerra envió las reservas financieras de España a Stalin, a quien convirtió en amo prácticamente del Frente Popular. 7. Organizó también el expolio sistemático de gigantescas sumas de bienes públicos y privados, con los que se mantuvieron sus jefes en el exilio. 8. Durante el franquismo su oposición, al revés que la de los comunistas, fue casi nula. 9. Al morir Franco fue, junto con los comunistas, separatistas y otros, principal impulsor de la “ruptura” que quería enlazar con el Frente Popular. Como puede verse , un historial democrático intachable

    Ante el fracaso del rupturismo el PSOE debió reconsiderar ciertas cuestiones, pero básicamente siguió con sus tradiciones, manifestadas en una corrupción masiva, colaboración con la ETA, explícita en la “salida política”, no incompatible con cierto terrorismo de gobierno (el PSOE tiene su propio historial terrorista, y Felipe González se libró por los pelos de la cárcel). Financiación y colaboración con los separatismos (igual que el PP, por cierto). Rescate de la ETA después de que el gobierno de Aznar la llevara a la ruina, y recompensa a  sus crímenes convirtiéndola en una potencia política y dañando gravísimamente el estado de derecho (ETA y PSOE comparten hasta un 90% de ideología, suele olvidarse este pequeño detalle).  Demagogia y derroche económico. El PSOE, “partido de los obreros”, logró elevar el número de parados a un millón en la república, a tres millones con Felipe González y a cinco millones con Zapatero. No está mal. Asimismo ha implantado leyes antijurídicas como las llamadas “de género”, y abiertamente totalitarias como la de “memoria histórica”, tratando de imponer desde el poder, al modo de Corea del Norte, su propia versión de la historia… Podríamos seguir muy largamente.

No, el PSOE no es ni ha sido nunca un partido democrático, sino, siempre, la más grave amenaza para la libertad de todos en el siglo XX y lo que va del XXI. No ha contribuido en lo más mínimo a la democracia actual, sino que se ha beneficiado de ella, parasitándola y envileciéndola con la corrupción y la mentira sistemática, porque no vive en la mentira, sino DE la mentira. Y este es el partido, que de acuerdo con la ETA legalizada, con los separatistas que vuelven a amenazar gravemente la nación española, scn el propio PP, quiere profanar y ultrajar la tumba de quien tan merecidamente lo derrotó en la guerra y trajo paz, orden, progreso y libertad personal a la sociedad española. 

Estas cosas, cuya realidad está ampliamente demostrada, debieran ser conocidas generalmente por todos los españoles, si queremos que la democracia sane, porque está muy enferma, y se regenere. La libertad no puede basarse en el engaño, como viene sucediendo. Franco debe descansar en el Valle de los Caídos por imposición de la historia  y el gobierno delincuente debería ir ante los jueces.

 

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Por qué Franco debe estar en el Valle de los Caídos… y el gobierno ante los jueces.

En torno al manifiesto católico por Franco, me preguntan algunos dónde hay que firmar. Lo he escrito para que circule al máximo y cree opinión, y para que quienes dispongan de medios para organizar actos y recogidas de firmas, lo hagan. Hay muchos. Por mi parte, no puedo hacer más que exponer un discurso coherente e incisivo, que a mi juicio es lo principal. Que se aproveche o no, ya sale de mis posibilidades 

La propuesta de manifiesto católico por Franco: https://www.piomoa.es/?p=7788

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El Valle de los Caídos es probablemente el monumento más grandioso y artísticamente logrado del siglo XX en cualquier lugar del mundo. Fue creado a iniciativa personal de Franco para conmemorar la victoria en la guerra civil, y poco después tomó el carácter de la reconciliación, al trasladar allí restos de soldados del bando enemigo. La reconciliación nunca fue aceptada por los dirigentes del Frente Popular ni de los políticos que se identificaron mucho más tarde con ellos. Y es lógico, entre otras cosas porque la reconciliación simbolizada en el Valle  se hacía bajo el signo de la cruz, y si algo unió al Frente Popular derrotado en la guerra fue un odio visceral a la cultura cristiana, raíz de la cultura española y europea, y su decisión de erradicarla matando al clero y a numerosos católicos, e incendiando iglesias, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza.

Se ha dicho que la reconciliación nacional se efectuó a la muerte de Franco, pero  la reconciliación muy mayoritaria se produjo ya en los años 40, como lo prueba el fracaso del maquis y la ausencia de oposición al nuevo régimen… salvo por los comunistas, el sector más totalitario del derrotado Frente Popular. En la transición solo se reconciliaron los políticos. Y solo cuando Franco, después de muerto, infligió una segunda derrota al Frente Popular en el referéndum de 1976. Entonces los que se consideraban herederos del bando derrotado intentaron una “ruptura” radical con el franquismo para enlazar con la supuesta legitimidad del Frente Popular. Pero la decisión abrumadoramente mayoritaria del pueblo fue la democracia “de la ley a la ley”, es decir, no contra sino desde el franquismo y por tanto contra la ruptura.

Y era natural: una democracia solo funciona en sociedades  prósperas, con amplia clase media y sin los odios tremendos que destrozaron la república. Y esa prosperidad y superación de los odios eran la herencia evidente del régimen de Franco. En consecuencia, los políticos que proponían la ruptura debieron aceptar, o más bien resignarse, a una reconciliación que, como han demostrado con el tiempo, no sentían realmente, de modo que cuando han vuelto a cobrar fuerza,  tratan de despertar los viejos odios y tratan de vengarse simbólicamente ultrajando los restos de Franco expulsándolos del Valle de los Caídos, dentro de una campaña más vasta con ánimo de cercenar las libertades democráticas so pretexto de “apología del franquismo”.

Para ello han ideado una campaña de absolutas falsedades, hablando de 20.000 presos republicanos condenados a trabajo esclavo para edificar el monumento y otras infamias que dejo aquí de lado. Lo esencial es el argumento de que una democracia no debe tener en un monumento tal la tumba de un dictador, victorioso sobre un Frente Popular supuestamente democrático. Esto es un insulto a la historia, a la democracia  y a la verdad. Se hace indispensable, entonces, que la opinión pública conozca lo que fue realmente el Frente Popular más allá de las propagandas, porque ello es indispensable para sanear la democracia actual, perturbada por una falsificación sistemática de la historia.

El Frente Popular fue, de hecho,  una coalición de partidos separatistas basados en un racismo demencial, de  partidos totalitarios, especialmente  socialistas y comunistas,  y de grupos golpistas republicanos de izquierda, como el de Azaña. Solo esta constatación basta para entender que no hubo un solo demócrata entre ellos, aunque hablasen incesantemente de democracia. Y para entender el sentido de la guerra civil como una lucha entre los que aspiraban a disgregar España, imponer un totalitarismo y arrasar la cultura cristiana, y los que se oponían a todo ello. Solo reconociendo esta verdad se superará la guerra civil.

El Frente Popular llegó al poder mediante un golpe de estado, pues unas elecciones fraudulentas son un golpe de estado, y las elecciones de febrero de 1936 fueron falsificadas por las izquierdas como está documentalmente probado. Aquel fraude destruyó la legalidad republicana (pero ellos se seguían llamando republicanos, con la misma desenvoltura con que se proclaman demócratas). Y a continuación de dicho golpe, el Frente Popular sumió al país en una orgía de crímenes, incendios y  arbitrariedades, anotadas por el propio Azaña, y culminados en el asesinato de un jefe de la oposición, Calvo Sotelo. Otro rasgo del Frente Popular fueron los odios entre sus mismos componentes, que ya entonces se asesinaban entre ellos y que en plena guerra civil causarían persecuciones sangrientas y  dos guerras civiles menores entre sus partidos.

Franco y otros se sublevaron contra aquella situación de descomposición de la ley y del país. Rebelión legítima, pues alzarse contra una tiranía semejante lo es.  Se consideran dos tipos de legitimidad: la de origen, que es indiscutible salvo para quienes identifican democracia con fraude, corrupción y tiranía; y la de ejercicio, manifestada en el progreso de la sociedad. Y el franquismo transformó la sociedad española, que pasó de la miseria a la prosperidad y  de un clima de odios irreconciliables a la moderación política. Y lo hizo con un régimen de autoridad que restringía, sin anularlas, las libertades políticas para los partidos de aquel Frente Popular o sus sucesores. Solo en esas condiciones era posible salir del círculo vicioso de la pobreza y los  rencores, y hacer factible finalmente  la democracia, votada por gran mayoría en 1976.

Pues bien, el máximo artífice personal de la nueva España fue Franco, y el Valle de los Caídos su símbolo. Por eso, más allá de argumentos legales o familiares, el argumento de la historia y la verdad impone que el lugar de sus restos es y debe ser aquel en que se halla.

La argucia de que una democracia no puede admitir un monumento al dictador, sugiere que quienes lo emplean son demócratas. Para entender que no es así bastará un breve repaso histórico: 1. El PSOE, en alianza con separatistas, anarquistas y extremistas republicanos,  intentó derrocar violentamente en 1917  al régimen liberal de la Restauración. 2. Pasó luego a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera. 3.  Terminada esta, colaboró en 1930 con un golpe militar para traer la república y que fracasó. 4. Durante la república juzgó que había condiciones para imponer un régimen de tipo soviético mediante una guerra civil y la organizó, con esas mismas palabras, y la  intentó, junto con los separatistas catalanes y los comunistas, en 1934. 5. Al fracasar, dejando grandes destrucciones y 1.300 muertos, fue un artífice principal del Frente Popular, de la falsificación electoral y de las violencias subsiguientes y autor directo del asesinato de Calvo Sotelo. 6. Ya durante la guerra envió las reservas financieras de España a Stalin, a quien convirtió en amo prácticamente del Frente Popular. 7. Organizó también el expolio sistemático de gigantescas sumas de bienes públicos y privados, con los que se mantuvieron sus jefes en el exilio. 8. Durante el franquismo su oposición, al revés que la de los comunistas, fue casi nula. 9. Al morir Franco fue, junto con los comunistas, separatistas y otros, principal impulsor de la “ruptura” que quería enlazar con el Frente Popular. Como puede verse , un historial democrático intachable

    Ante el fracaso del rupturismo el PSOE debió reconsiderar ciertas cuestiones, pero básicamente siguió con sus tradiciones, manifestadas en una corrupción masiva, colaboración con la ETA, explícita en la “salida política”, no incompatible con cierto terrorismo de gobierno (el PSOE tiene su propio historial terrorista, y Felipe González se libró por los pelos de la cárcel). Financiación y colaboración con los separatismos (igual que el PP, por cierto). Rescate de la ETA después de que el gobierno de Aznar la llevara a la ruina, y recompensa a  sus crímenes convirtiéndola en una potencia política y dañando gravísimamente el estado de derecho (ETA y PSOE comparten hasta un 90% de ideología, suele olvidarse este pequeño detalle).  Demagogia y derroche económico. El PSOE, “partido de los obreros”, logró elevar el número de parados a un millón en la república, a tres millones con Felipe González y a cinco millones con Zapatero. No está mal. Asimismo ha implantado leyes antijurídicas como las llamadas “de género”, y abiertamente totalitarias como la de “memoria histórica”, tratando de imponer desde el poder, al modo de Corea del Norte, su propia versión de la historia… Podríamos seguir muy largamente.

No, el PSOE no es ni ha sido nunca un partido democrático, sino, siempre, la más grave amenaza para la libertad de todos en el siglo XX y lo que va del XXI. No ha contribuido en lo más mínimo a la democracia actual, sino que se ha beneficiado de ella, parasitándola y envileciéndola con la corrupción y la mentira sistemática, porque no vive en la mentira, sino DE la mentira. Y este es el partido, que de acuerdo con la ETA legalizada, con los separatistas que vuelven a amenazar gravemente la nación española, scn el propio PP, quiere profanar y ultrajar la tumba de quien tan merecidamente lo derrotó en la guerra y trajo paz, orden, progreso y libertad personal a la sociedad española. 

Estas cosas, cuya realidad está ampliamente demostrada, debieran ser conocidas generalmente por todos los españoles, si queremos que la democracia sane, porque está muy enferma, y se regenere. La libertad no puede basarse en el engaño, como viene sucediendo. Franco debe descansar en el Valle de los Caídos por imposición de la historia  y el gobierno delincuente debería ir ante los jueces.

 

 

 

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El programa de Vox (I) / Grecia y España

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Puesto que  los partidos actualmente representados en las Cortes parecen competir entre ellos para arruinar la democracia y a la propia España, conviene prestar atención al único partido que ahora mismo parece despegar como una alternativa, es decir, Vox.

   Lo que define a un partido es en primer lugar su programa, que marca lo que piensa hacer en política. Y en segundo lugar su capacidad de liderazgo. Como este último es algo imprevisible o incontrolable, debemos centrarnos ante todo en el programa, que está a la vista.   

   El programa de VOX toca diez puntos clave: unidad de España, despilfarro, educación y sanidad, impuestos, empresariado, familia, vida y valores, corrupción, fundamentalismo islámico, inmigración e identidad, y, finalmente, política internacional.

   Creo que, en conjunto, el programa adolece de cierto provincianismo común a todos los partidos, porque la política exterior es fundamental, y más  en tiempos de la llamada globalización, cuando España está integrada en la UE y en la OTAN, y tiene problemas e intereses especiales en relación con Hispanoamérica, Usa, Europa y norte de África, siendo de esta última de donde pueden proceder las amenazas potenciales. En otras palabras: la solución de los problemas particulares está muy relacionada con la imbricación internacional de todos ellos.

   Por ello, la expresión del programa en este punto es puramente retórica: El peso que nuestra población, economía e historia merecen, tomando el control de nuestra soberanía en aquello que nos afecta directamente. Todo el mundo podría estar de acuerdo, lo que revela que son frases vacías. Peor aún: sugieren que dependeríamos en todo caso de potencias exteriores salvo en lo que “nos afecta directamente”. Una de las asignaturas pendientes de la política española, y la más decisiva, consiste en un análisis en profundidad de lo que pasa en el mundo y de la posición de España al respecto. Sin ese análisis, todo lo demás es palabrería: significa la disolución progresiva del país en los intereses y concepciones del mundo que sí se han preocupado de elaborar otros.

   En estos artículos no trataré de llenar esa enorme laguna, que requiere tiempo y estudios de varias personas, baste señalarla de momento,  antes de pasar a examinar los demás aspectos del programa.

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   Un poema del poeta griego Seferis lamenta el peso de la Grecia clásica, mantener el cual deja sin fuerzas al griego moderno, incapaz de ponerse a su altura. Hace años mencioné en el blog a García Terrés, helenista mejicano, que en su diario Reloj de Atenas comenta lo difícil de perdonar la vulgaridad de la Grecia actual teniendo presentes las glorias antiguas.

Creo que algo así ocurre con España. Entre finales del siglo XV y mediados del XVII, España desplegó una gran cultura original, aparte de descubrir el mundo como conjunto y ponerlo en relación y de realizar hazañas políticas y militares asombrosas.  Todo ello ha sufrido la propaganda brutal de la leyenda negra, y sin duda es preciso acabar con ella en lo posible. Pero más allá de esa denigración sistemática , el contraste entre aquella época y la posterior, y la actual, es tan fuerte que recuerda al problema de los griegos de hoy. Se plantea la cuestión de si la España actual podría volver a significar algo realmente importante en el mundo, y de qué manera podría ser; o está condenada a la mediocridad y el resentimiento, quizá a la disgregación, como parece indicar su anemia cultural, intelectual y moral. Lo cual no puede resolverse con retórica.

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Anda! @PioMoa1 ha reeditado en versión electrónica “El erótico crimen del Ateneo de Madrid”, la novela de humor que publicó hace años casi en la clandestinidad. Como soy de los pocos en este mundo que la ha leído, puedo confirmar que es magnífica” (Luis del Pino)

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas

https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1534250734&sr=1-1&keywords=er%C3%B3tico+crimen+del+ateneo …

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*Realmente el vascuence nunca produjo una cultura de mayor interés que el folklórico. Gracias al español es otra cosa: Pío Baroja, Unamuno, Maeztu, Zubiri, y tantos más. Y estos bárbaros quieren sustituirlos por el orate Arana y su cohorte de idiotas.

*Casualmente los liberales, como los socialistas, no hicieron oposición a Franco. Parece que aquí los únicos que defendían “la libertad” eran los comunistas y los de la ETA. El mundo al revés.

*#LecciónDeHistoria: El Frente Popular fue una alianza de separatistas, totalitarios y golpistas, salida de una elecciones fraudulentas. Su guerracivilismo hizo que se asesinaran abundantemente entre ellos mismos. Franco libró a España de aquella peste.

*El antifranquismo es el factor que une en un haz a ETA, separatistas vascos y catalanes, PP, PSOE, Podemos y C´s. ¿No es este dato suficiente para entender de qué miseria se trata?

*El franquismo fue absolutamente necesario para impedir la disgregación de España y una tiranía totalitaria, y para impulsar un país próspero y libre de los odios que destruyeron la república. Condenar el franquismo es condenar la democracia

*Tiene que ser una tremenda humillación para el ejército estar a las órdenes de la Robles, una tiorra que presentaba el proyecto de ley para liquidar las libertades políticas más elementales so capa de “apología del franquismo”.

*Una policía que se hace representante de un partido o corriente de opinión como la ideología LGTBI no es una policía democrática, sino totalitaria.

*Siempre se olvida un dato muy significativo: “El País” y su empresa se ligaron desde muy pronto al negocio de la prostitución y la pornografía. Este o es un dato irrelevante ni mucho menos.

*¿De qué es dialecto el vascuence? Es una lengua preindoeuropea, antiquísima. Merece atención y respeto, salvo que se la utilice contra el español común, lengua mayoritaria de los vascos, la lengua que nos une y nos hace fuertes a los españoles.

*Las “víctimas del franquismo” eran en su mayoría asesinos y torturadores que “no pensaban igual que Franco”: pensaban destruir la unidad de España e instalar regímenes totalitarios.

 

 

 

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La Gran Crisis europea de los años 30 y España

Los años 30 europeos vinieron marcados por una Gran Crisis, distinta de todas las anteriores y posteriores, crisis no solo económica sino más aún cultural y de valores. El resultado fue la II Guerra Mundial  (“Guerra de las tres ideologías”), y el hundimiento de Europa como centro rector político, militar y sobre todo cultural del mundo. Europa occidental quedó como protectorado de Usa y la oriental bajo dominio soviético. Y aunque es cierto que tanto Usa como la URSS  venían a ser ramas de la cultura europea, eran también potencias distintas y en parte opuestas y con desarrollo  diferente.

Solo cinco países se mantuvieron al margen de aquella guerra: Suecia y Suiza — colaborando con Alemania–, Irlanda,  Portugal y España. Todas ellas ellas, menos España, naciones pequeñas y poco significativas, que en ningún caso podían pesar en el curso de la contienda. La neutralidad de España fue muy especial, porque aunque hubo de dar facilidades tácticas al Eje, por gratitud a la ayuda recibida en la guerra civil y por la proximidad amenazadora de la Wehrmacht, estratégicamente benefició de manera extraordinaria a los Aliados.

Con ello, España se libró, entre otras cosas, de las atrocidades cometidas por los tres bandos y de la tremenda carga de culpa y deuda moral, política y económica del resto de Europa occidental. A ello aludía, consciente o inconscientemente, Ortega y Gasset vuelto a Madrid, al contrastar la miseria moral del resto del continente con “la salud casi indecente” que percibía en España. Una salud que permitió derrotar al maquis y   desafiar las amenazas de intervención;  y vencer después al delictivo aislamiento internacional con que debieron contentarse los que en un primer momento creyeron eliminar de un soplo al régimen que había derrotado a separatistas y totalitarios en la guerra civil.

Se abría, por tanto, la posibilidad de volver sobre las raíces culturales propiamente hispanas para producir una cultura original. Y hubo intentos conscientes de hacerlo, de considerable interés y están todavía por estudiar y valorar –de eso se han encargado hasta ahora los enemigos del régimen, cosa que ya indica una debilidad intelectual de este–. Con todo, tampoco brillaron a la altura de las expectativas y de las posibilidades teóricas. El ejemplo clásico fue la polémica sobre Ortega y Unamuno entre, grosso modo, falangistas y clérigos. Estos últimos demostraron tener muy poco de la Escuela de Salamanca (más tarde, en el Vaticano II simplemente se quedaron boquiabiertos);  y los falangistas muy poca capacidad crítica sobre los autores citados, no pasando de una intención, buena pero algo roma, de asumir a dichos pensadores y acercar a la nueva España a los intelectuales exiliados (que les respondieron con una coz).  El franquismo confundió demasiado al César con Dios, una debilidad clave que señalaron bastantes falangistas pero sin ser capaces de elaborar otra alternativa más allá de retóricas hinchadas.

Esto viene a ser un resumen muy general. Pero, repito, es un tema que está por estudiar con un enfoque como el señalado al principio: una salud indecente que dio frutos no muy brillantes pero sí muy notables y que podrían tener continuación. En Años de hierro di algunas indicaciones: los años 40 fueron para España mucho mejores que para el resto de  Europa, los logros sociales y económicos fueron importantísimos si tenemos en cuenta las circunstancias.  Franco anunció, ya al terminar 1939, que la lucha contra la mortalidad infantil y la tuberculosis, y la construcción de viviendas, serían prioridades del régimen, como así fue (la esperanza de vida al nacer creció espectacularmente en aquella década).  Y  nada despreciables fueron los logros culturales.  El mismo año 1939 echaba a andar el Instituto de Estudios Políticos, muy fructífero, y el CSIC, bastante superior a los precedentes del ILE. Publicaban o estrenaban obras Arniches, Foxá, Pemán, Mihura, Jardiel Poncela, Neville, Tono, el maestro Rodrigo (el concierto de Aranjuez, una de las piezas españolas más conocida en el mundo),  Jacinto Guerrero  o Manuel Torroba. También fue el de la publicación de Camino, de Escrivá, el libro doctrinal español de mayos difusión e influencia mundial en el siglo XX. Pero insisto en que está por escribir una buena monografía de conjunto sobre la cultura de aquellos años, los intentos de originalidad y de inspiración en las propias raíces, etc.

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