Un buen criterio para distinguir quién es demócrata:¿Está ud de acuerdo en premiar los crímenes de ETA con legalidad, dinero público, excarcelaciones, etc.?
El alzamiento del 18 de julio del 36 no fue contra la república,que ya no existía. Fue contra sangriento proceso revolucionario-separatista
Revisar el franquismo es una tarea urgente. La falsificación envenena la sociedad y la esteriliza. http://gaceta.es/pio-moa/significacion-historica-18-julio-14072016-1231
La guerra civil resolvió varios problemas históricos profundos creados por la invasión napoleónica y luego por el “desastre” del 98. Que ochenta años después resurjan los mismos problemas de entonces revela la corrupta inanidad política e intelectual de la derecha, tanto como la vesania persistente de izquierda y separatistas.
El mal del país se resume en esto: izquierda y separatistas reivindican, mintiendo a sus abuelos. La derecha (PP) escupe sobre las tumbas de sus abuelos: http://eldiariodelamarina.com/la-izquierda-lleva-40-anos-manipulando-la-historia-pero-la-derecha-es-peor/
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Que la razón haya engendrado ideologías tan diversas nos explica mucho sobre sus limitaciones. Uno de los grabados más famosos y significativos de Goya se titula: El sueño de la razón produce monstruos. Según explicó, el significado sería: “la fantasía abandonada de la razón produce monstruos, pero unida a ella es madre de las artes”. Claro que, más allá del propósito del artista, el título permite una interpretación muy distinta: “la razón produce sueños monstruosos”, o “la razón, abandonada de la fe, produce monstruos”. Pero esto último tampoco sería del todo adecuado, pues la razón exige también fe en sus poderes mesiánicos y liberadores, igual que la exigen sus creaciones (o sueños, que podrían ser monstruosos): “la Humanidad”, “el Proletariado”, “El Pueblo”, el “Progreso”, etc. Es bien significativo que la razón, emancipada de la fe cristiana, se convierta ella misma en una fe, basada en la esperanza de que ella ofrezca soluciones unívocas a los grandes problemas humanos. Una fe mantenida contra muchas evidencias contrarias. En sus formas extremas, el culto a la Razón socavaba no solo la fe tradicional, sino también el sentimiento en que ella se basa.
La elaboración más profunda del sentimiento del mundo y de la vida es la religión, racionalizada simbólicamente en los mitos: alguien” ha creado al mundo y al hombre y su destino, “alguien” que por haberlos creado es muy diferente y superior a ambos, tal como una silla es muy diferente e inferior al carpintero. Esto es muy racional y lógico, y no exige una fe muy ferviente. Lo que sí exige fe es más bien la idea de que ese “alguien” es bueno y ama a sus criaturas, habida cuenta de la cantidad de mal existente en su creación. La Razón encuentra irracional la creencia en Dios, por ser racionalmente indemostrable, aunque pueda admitirlo como posibilidad sin consecuencias prácticas; y socava los mitos al interpretarlos literalmente. Según el psicoanalista Paul Diel, Freud estaba equivocado en sus elaboraciones sexualistas, pero tuvo el mérito de descubrir el lenguaje simbólico de las instancias psíquicas extraconscientes, traducibles en principio al lenguaje consciente. Sea de ello lo que fuere, la fe, y por tanto una u otra forma de religiosidad, parece presentarse como una exigencia radical de la psique.
Una explicación del fenómeno podría ser esta: el hombre es impulsado por sus deseos, a menudo contradictorios o irrealizables, que el yo puede gobernar por la razón, pero solo parcialmente. Por su naturaleza, los deseos están tensionados hacia el futuro (el hombre como ser “futurizo” en expersión de Julián Marías), pero el futuro es por naturaleza inseguro. No solo unos deseos se cumplen y otros no, sino que a menudo lo que le ocurre al individuo es algo totalmente imprevisto y ajeno a sus proyectos; y su habilidad para prever o calcular las consecuencias de sus actos es también muy limitada. Esa incertidumbre impone al hombre una forma de fe, por así decir permanente. Pese a todo sí existe una certeza, pero no muy consoladora: al final del futuro personal está la muerte amenazando convertir la vida anterior en un absurdo, o por lo menos en un enigma. Y ese hecho inevitable impone la desesperación o una fe más profunda.
Como venimos viendo en la historia europea, tan apegada desde el principio al ejercicio de la razón, uno de los problemas de esta es que si originase una sola solución incontrovertible a los problemas humanos, la libertad quedaría abolida; y que en la realidad nunca origina una sola solución, sino varias y contradictorias. Pocas veces, si alguna, se habrá usado la razón con más apasionada intensidad que en la Grecia clásica, por parte de Platón, de Aristóteles, de los sofistas… y sin embargo aquel esfuerzo heroico y magnífico había llevado a conclusiones diversas e inconciliables. Y lo mismo en Europa. Esa es una de las causas por las que la Razón exige fe, como cualquier creencia religiosa. Y cada razonante deposita la fe en sus propias conclusiones, que cree asistidas por la diosa Razón. No se niega la religión, sino que se pasa de una a otra. La fe en el Dios cristiano parecía sustituible y mejorable por la fe en el Hombre, pero al final esta se mostraba incapaz de reemplazar a aquella para proporcionar “equilibrio y sentido a la vida”: con una fe caía la otra.
Por todo ello la fe y la razón se exigen mutuamente, pese a ser parcialmente incompatibles. La persistencia en el culto al Hombre y la Razón a pesar de las advertencias de la razón común y de la experiencia histórica, genera lo que podríamos llamar “pensamiento histérico”, hoy tan común. Esa forma de pensamiento deriva de las ideologías utópicas. Los utópicos, enamorados de deseos vanidosos e irreales, creen que quien impide lo que ellos suponen su derecho y su felicidad son algunas personas o grupos discrepantes, contra quienes dirigen un odio irracional. Y no se conforman con expresarse, intentan acallar la discrepancia, como si así pudieran ocultar lo evidente. La experiencia del siglo XX y el actual viene siendo pródiga en tales actitudes.