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Sitios de interés
La conferencia de Stanley Payne
Blog I Russell, Maeztu, mitología nórtica y dos maneras de ver el mundo: http://gaceta.es/pio-moa/formas-ver-mundo-09032016-2315
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La conferencia de Stanley Payne en el CESEDEN ha sido excelente, muy bien expuesta y analítica de las diversas tensiones y aspectos de la situación que llevó a la rebelión del 18 de julio. A destacar la prudencia de Franco y la ceguera, por así llamarla, de los gobiernos de Azaña y Casares Quiroga.
El fondo real de todo el asunto lo definió Azaña sin querer cuando afirmó que el poder– conseguido fraudulentamente en una elecciones no democráticas—quedaba para siempre en manos de la izquierda. Esto era una auténtica declaración de guerra a la mitad del país: “u os sometéis a nuestro despotismo, u os aplastamos”. Ahí queda resumido todo. En “El derrumbe de la república señalé que la derecha española había soportado en aquellos meses unos atropellos y desmanes que probablemente no habría aguantado sin rebelarse la derecha en ningún otro país. Payne señaló que con muchos menos motivos se había rebelado ingleses y useños en sus respectivas revoluciones y guerras civiles.
El asunto nos lleva en otra dirección: la extrema cobardía moral e incultura tradicionales en lo que convencionalmente llamamos derecha en España. Decía Fernández de la Mora que la derecha había dejado de leer desde Jovellanos, y en buena medida es cierto, si consideramos la derecha política. Esa derecha cree que en definitiva todo es cuestión de dinero, y que sobornando adecuadamente a separatistas y revoltosos diversos se solucionan los problemas o al menos se conllevan. El caso del PP, escupiendo sobre las tumbas de sus padres y abuelos, que salvaron a España de la disgregación y de una revolución totalitaria, es especialmente ultrajante. Otra parte de la derecha espera que surja alguien, algún caudillo que les saque las castañas del fuego. Queda una extrema derecha sumamente roma y, como decía Edison “capaz de cualquier cosa con tal de no pensar”. Con decidir que todos los males proceden de la masonería o algo por el estilo, y descubrir masones a diestra y siniestra o imaginar que Dios les inspira, ya lo tiene todo resuelto. Simpatizo con cierta derecha que se proclama patriótica, porque creo que sin patriotismo, los intereses de partido se vuelven absolutos y desgarradores, pero es deplorable escuchar sus “soluciones” y comentarios. Todavía no se han preguntado siquiera cómo han podido llegar a tal aislamiento.
Decía el Doctor Johnson que el patriotismo es el último refugio de los canallas. La frase es ingeniosa, pero no del todo cierta. Los canallas encuentran últimos refugios en cualquier declamación moral, por ejemplo en la libertad: “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”, se quejó madame Roland cuando iba a la guillotina (después de haber apoyado ella a los guillotinadores). Hoy, el último refugio de los canallas es el antifranquismo.
Por cierto, los antifranquistas han intentado impedir la conferencia de Payne. En nombre de la democracia, claro, y de una “ley de memoria histórica” que Payne calificó, acertadamente, de “semisoviética”. ¿Por qué son posibles estas cosas? Porque la derecha, el PP, jamás entendió la democracia, entre otras cosas.
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En el día de la mujer “trabajadora”
Blog I: Negrín, el mayor corrupto español del siglo XX, héroe de Podemos (y III)
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*El mayor desprecio hacia las mujeres consiste en usurpar su representación y hablar en su nombre como si fuesen un rebaño igualitario.
*Las amas de casa también trabajan. Y mucho.
*¿Y por qué habían de hacer trabajo doméstico los hombres?¿Porque lo dicen los feministas? Solo igualdad ante la ley
*La “igualdad plena” de que hablan los feministas es una estupidez. Hombres y mujeres tenemos muchas diferencias. Sin ellas la vida sería imposible.
*Leo una consigna feminista: “En mi coño mando yo”. Se equivocan, es al revés.
* Dice una feminista que lo malo no es ser mujer, sino ser madre. O sea: lo malo de una mujer es ser mujer. La histeria.
*Pablito Iglesias, gran protector de la mujer. Qué harían las mujeres sin ese cretino y tantos como él…
* A Inés Arrimadas: “No hable en nombre de las mujeres, charlatana”
*¿Cuándo reivindicarán los feministas igualdad en la construcción, las minas, los barcos, etc.?
*”Frases de grandes hombres que machacaron la imagen de la mujer” Ahora busque frases de feministas diciendo estupideces sobre los hombres. Las hay a miles. Pero no son grandes mujeres.
*A Albert Rivera: Charlatán barato. ¿Representas tú a las mujeres? ¿Necesitan ellas de tu “protección”?
*¿No es significativo que cuanta más “liberación” feminista, más mujeres se exhiben como objetos sexuales?
*La política se ha llenado de tiorrillas pintorescas que no mejoran nada la ya pésima calidad del elemento masculino.
*Hay diez veces más presos que presas. Es preciso que las mujeres delincan más. Hay que lograr la igualdad.
*Las señas de identidad del feminismo con el abortismo y el homosexualismo.
*Un niño no es una mascota. Su primer derecho es tener un padre y una madre, no la parodia de dos papás o dos mamás
*Para los feministas, la mujer madre es un perjuicio. Su sacramento es el aborto, asesinato de una vida humana.
*C´s no representa a “la mujer”. Hay mujeres, como hombres, muy diversas. Los partidos quieren usurpar su representación
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Por qué es imprescindible reivindicar la memoria de Franco
Blog I. El caso de Indalecio Prieto y el espíritu chekista de Podemos (II) : http://gaceta.es/pio-moa/caso-indalecio-prieto-espiritu-chekista-ii-06032016-1159
Hoy domingo emitiremos por última vez “Cita con la Historia” en Radio Inter. Tratará sobre el impacto histórico de la Leyenda Negra. En adelante, el programa seguirá saliendo en Cadena Ibérica, FM 91,9. Y también en aplicaciones para móviles o www.cadenaiberica.es
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Hemos dicho que este año debe ser el de la reivindicación de la memoria de Franco. ¿Por qué es esto importante?
Expondré la razón más simple y decisiva: porque la convivencia en libertad, la democracia en España, está cada vez más amenazada por los separatismos, la colaboración política con la ETA, la pérdida acelerada de soberanía con perspectivas de disolución en una UE cada vez menos democrática; por unas políticas económicas que nos llevan constantemente de las burbujas a las crisis, siempre con una enorme tasa de paro; por una política sostenida de corrosión de la familia, cuyos aspectos más significativos son el abortismo y el homosexualismo… Todo ello aliñado con una corrupción rampante que de los partidos se contagia a la sociedad. Pues bien, todas esas tendencias, sin excepción, tienen un rasgo común: se proclaman antifranquistas. Es más, hacen del antifranquismo su señal de legitimidad y la garantía de una democracia a la que realmente están pudriendo de modo acelerado.
Obviamente, el franquismo no puede volver, pero en la transición se abrió la posibilidad de construir sobre su legado, o de destruirlo para enlazar ideal, política y legalmente con la herencia de los vencidos en la guerra civil. Importa entender que los vencidos representaban unos revolucionarismos totalitarios aliados con los separatismos. El franquismo representó justamente lo contrario: la defensa de la unidad nacional, de la familia y de la tradición católica, contra la cual cometieron las izquierdas un auténtico genocidio. El franquismo se rebeló contra un múltiple proceso revolucionario y separatista, y los derrotó, salvó la cultura cristiana y libró al país de la guerra mundial. Pero se le achaca haber sido una dictadura. Lo fue, pero no había otra salida a la crisis profundísima creada por sus enemigos, que eran mucho más antidemócratas y que hoy vuelven a alzarse cada vez más amenazantes. Y nunca tuvo oposición real democrática, sino solo comunista o terrorista. Y, contra las acusaciones de sus enemigos, el franquismo dejó un país libre de los odios que habían destruido la república –salvo pequeños grupos irreconciliables, entonces impotentes— , un país políticamente moderado y próspero, con una economía sana y de las de más rápido crecimiento del mundo. Dejó un país apto para una democracia no convulsa. Este es el balance, cualesquiera sean sus defectos.
¿Tiene esto alguna repercusión sobre la actualidad? Muchos pensarán que ninguna, salvo la retórica. Pero no es así. Se dice que la única batalla que perdió Franco fue la de la propaganda, lo cual es cierto. Y a ello se debe, precisamente, el resurgir de los viejos odios y los viejos problemas que debían estar por completo superados. La propaganda antifranquista se apoyó siempre en lo que un socialista moderado, Julián Besteiro, definió al final de la guerra civil como “Himalaya de falsedades”. A su vez, ya bien adentrado el posfranquismo, el filósofo nada franquista Julián Marías, alzó su voz, en vano, contra lo que llamó la mentira profesionalizada sobre el pasado reciente, que cerraba el horizonte de España. ¿Se entiende por qué decía otro filósofo, el hispanouseño Santayana, que un pueblo que ignora su historia se condena a repetirla? Máxime si la ignorancia va acompañada de flagrantes falsedades, como es el caso. La alternativa está en construir sobre una herencia en conjunto espléndida, o en demolerla para repetir unos males que debieran haber quedado superados hace mucho tiempo.
¿Por qué ha venido imponiéndose en estos decenios la mentira profesionalizada, el Himalaya de falsedades? Por tres razones: porque en la transición, la izquierda y los separatismos, con pocas excepciones, nunca pasaron de la pura y dura propaganda en sus análisis de la experiencia histórica; porque el grueso de la derecha, que debía haber defendido un régimen del que provenía directamente, renunció desde el primer momento a la batalla de las ideas, y ha terminado uniéndose al coro del embuste y escupiendo sobre las tumbas de sus padres y abuelos: nada más cierto que la frase de Cicerón: “la verdad se corrompe tanto por la mentira como por el silencio”; y porque quienes querían defender la memoria de Franco, también con excepciones, han empleado a menudo argumentos simples o retóricos, de propaganda, que favorecían a sus enemigos, como recordó Ricardo de la Cierva.
Es fácil entender, entonces, que la reivindicación del papel histórico de Franco se ha convertido en una condición esencial para sanear una sociedad cada vez más corrompida por unos políticos y partidos a su vez corruptos, empezando por la corrupción intelectual. Hoy parece el antifranquismo condición sine qua non para pasar por demócrata. Si no queremos que la democracia acabe de degradarse, destruyendo de paso al país, debemos conseguir la reivindicación del pasado franquista como base para una convivencia real en paz y libertad. Y eso es tarea de cuantos respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla.
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¿Existe una civilización europea? (y III)
Blog I. Vuelve la izquierda chekista: Podemos y sus modelos a) Margarita Nelken: http://gaceta.es/pio-moa/vuelve-izquierda-chekista-modelos-margarita-nelken-04032016-1956
**”Cita con la Historia” se emitirá por última vez en Radio Inter el próximo domingo. En adelante lo hará por Cadena Ibérica, en fm 91,9 para Madrid. Seguirá pudiéndose oír en podcast y en YouTube.
**España sufre una acelerada colonización cultural o gibraltarización por el inglés. Urge denunciarlo y reaccionar.
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Al entrar en la historia europea conviene reconsiderar la clásica división en Antigua, Media, Moderna y Contemporánea, debida, hasta la Moderna, al historiador alemán Cellarius. Aparte de su absurdo, esa nomenclatura implica dos abusos: su aplicación frecuente a civilizaciones y países no europeos, con reducción de importantísimas civilizaciones, cada una con su particular desarrollo, a la categoría de “Antigüedad”; y la pretensión de considerar la historia como etapas o escalones previos hasta alcanzar su plenitud, en el siglo XVII-XVIII en que vivió Cellarius. El calificativo de “Media” al milenio entre el siglo V y el XV resulta además harto ofensivo, ya que lo priva de carácter propio, reduciéndolo a un mero período preparatorio para la “modernidad”; aun así, fue preciso dividir el milenio en dos partes: Alta y Baja edad Media. Como dicha plenitud de los tiempos desembocó en situaciones inesperadas y violentas, fue preciso nombrar una edad posterior, a la que, con mayor arbitrariedad aún, se la llamó “Contemporánea”, como si todas las anteriores no lo fueran de quienes las vivieron.
Frente a estas distorsiones, hoy absolutamente difundidas, propuse en Nueva historia de España una nueva nomenclatura, aun admitiendo grosso modo las fechas de cambio de una edad a otra: edad de formación, de supervivencia, de asentamiento, de expansión, de apogeo y de decadencia.
La Edad Antigua sería la de Formación, que abarca el Imperio romano, porque fue a través de él como se consolidaron el cristianismo y la transmisión del pensamiento griego y latino. Toda esa herencia estuvo al borde de la destrucción por dos oleadas de invasiones: la primera, sobre todo germánica, destruyó el Imperio romano occidental y la segunda estuvo próxima a arrasar la civilización propiamente europea que sobre sus ruinas fue edificando el cristianismo. Esta última unió la acción devastadora de los vikingos desde el norte con los ataques musulmanes desde el sur y el este, y los magiares en el centro del continente. A esta edad, unos cinco siglos correspondientes más o menos a la Alta Edad Media, podría llamársele de Supervivencia, como también “de las invasiones” o “de los monasterios”, ya que estos desempeñaron un papel decisivo en el sostenimiento y transmisión del legado cristiano-clásico.
Desde el siglo XI, la civilización europea no solo toma una forma definida, sino que se asienta y es capaz de alguna contraofensiva como las Cruzadas, de gran trascendencia histórica pese a su fracaso. Fue esta la Edad de Asentamiento o de Consolidación, cuyas instituciones más visibles son las catedrales, las universidades y el pensamiento escolástico, con amplios movimientos de cultura como el Románico, el Gótico y un primer Renacimiento. Las sociedades europeas se consolidan lo bastante para superar catástrofes casi apocalípticas como la Peste Negra, una peligrosísima invasión mongola o la invasión turca de la Europa suroriental culminada en la caída de Constantinopla, capital del Imperio romano de Oriente o bizantino, que había subsistido un millar de años después del derrumbe del Imperio romano de Occidente.
El descubrimiento de América señalaría el paso a una Edad de Expansión (equivalente a la Moderna), a partir de España y Portugal sobre todo, en que la cultura europea y la religión católica se extendería a otros continentes. El hecho tiene trascendencia difícil de exagerar, pues por primera vez en la historia los continentes habitados y sus civilizaciones y culturas, hasta entonces mutuamente desconocidos y con escasas o nulas relaciones entre sí, son puestos en comunicación. A partir de entonces las interinfluencias entre unos y otros crecerían, señalando una nueva época en la historia humana; pero el elemento activo y decisivo serán las expediciones navales y conquistas europeas, que crean imperios transoceánicos, también por primera vez en la historia humana. La Edad de Expansión presencia también renovados impulsos invasores islámicos por parte del Imperio otomano, a través del Mediterráneo y hacia el centro de Europa; y simultáneamente la escisión protestante, un efecto de la cual serían largos períodos de guerras civiles y entre diversas naciones cristianas. El desarrollo del espíritu científico, el Renacimiento y el Barroco caracterizarán asimismo la época.
Esta etapa concluiría en un período indefinido que abarcaría la Revolución industrial a partir de Inglaterra, la independencia de Usa y la Revolución francesa. Esta nueva edad señala el apogeo de Europa (de sus países más avanzados), cuyo poderío científico y técnico descuella de tal modo sobre el resto del mundo que se vuelve incontrastable para cualquier otra potencia o civilización. La nueva época lleva a su cenit las tendencias originadas en la anterior: casi toda América termina de ser colonizada, y lo mismo ocurrirá con África y grandes regiones de Asia. Puede decirse que entonces Europa (algunas de sus potencias) domina al mundo, bien directamente mediante colonias, bien de forma indirecta, por el comercio y la presión política. Esta edad podría definirse como “de Apogeo”. Y no solo la ciencia o la técnica, también el pensamiento y las artes experimentan un fuerte impulso en la Ilustración, el Romanticismo y las ideologías que aspiran a sustituir a la religión y en parte lo consiguen. Se corresponde con la llamada Edad Contemporánea, con el liberalismo, la democracia y las ideologías totalitarias.
Finalmente, la terminación de la II Guerra Mundial señala un evidente declive de Europa en el plano político y militar, cuando queda dividida en dos zonas de influencia, useña y soviética, y pierde casi todas sus colonias, a menudo en guerras enconadas en las que los ejércitos europeos son vencidos por movimientos armados teóricamente muy inferiores, con nuevos tipos de guerra. Europa sufre un decaimiento profundo no solo política, militar y económicamente (aunque su economía llegaría a recobrarse), sino en todos los planos creativos del pensamiento, las artes y los movimientos sociales, en los cuales la vanguardia pasa a Usa. Europa entra en su Edad de Decadencia, que no sabemos si proseguirá, acentuándose, o dará paso a un nuevo renacimiento, que hoy por hoy no se vislumbra. Tal postración ha originado planes de unir y homogeneizar el continente en un estado único, mediante el cual Europa recobraría su papel hegemónico o al menos podría competir de igual a igual con Usa, la emergente China o cualquier otra superpotencia, tras la implosión de la Unión Soviética, tan influyente en el mundo durante gran parte del siglo XX. Un sacrificio exigido para ese programa es la abolición de la gran diversidad nacional que ha dado a Europa su riqueza cultural; otro es la erradicación de la herencia cristiana, programa evidente en la llamada Unión Europea, que rompería con un larguísimo pasado y que no puede ocurrir sin serios riesgos.
Creo que esta división por edades podría resultar más útil y descriptiva que la ambigua y demasiado arbitraria tradicional.
¿Qué es Europa, finalmente? Podríamos describirla como un conjunto muy variado de naciones y culturas, unido por ciertas tradiciones y concepciones religiosas, filosóficas y artísticas a través de diversas edades, y hoy en decadencia y en trance de transformación profunda con perspectivas inciertas.
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