Blog I. “Romper los muros del gueto”: http://gaceta.es/pio-moa/romper-los-muros-gueto-24112015-1820
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Muchos no recuerdan ya la euforia burbujeante de los tiempos de Aznar y Zapatero, cuando parecíamos haber pasado a una época de prosperidad estable e indefinida, según se nos había prometido con la entrada en el euro. La llegada de la crisis cambió de pronto el ambiente, llenándolo de preocupación e incertidumbre económica, agravada por las presiones separatistas y por la sensación de farsa y falsedad política causadas por el premio político a la ETA, por sus asesinatos y otros manejos similares. Rajoy intenta crear de nuevo euforia por la “superación” de la crisis, que ni siquiera en su aspecto económico es real.
También ha variado sustancialmente el ambiente, nacional e internacional, con respecto al optimismo creado por el derrumbe de la URSS. Surgió entonces un mundo “unipolar”, en el que Usa, y a remolque de ella la UE, iban a orientar al mundo entero por el camino de la paz, la libertad y la prosperidad. Una especie de hybris mesiánica permitió, en nombre de la democracia, vulnerar soberanías y leyes internacionales y agredir a diversos países que, por supuesto, de ningún modo podrían resistir la apabullante superioridad militar y técnica de la única superpotencia y de la UE, aunque esta ha tendido más bien a dejar el trabajo duro a sus protectores useños.
Así, las intervenciones “de paz” en Somalia, Irak y Afganistán se saldaron con una gran victoria inicial para empantanarse a continuación en una guerra imposible de ganar. Recientemente comentaba un general francés la increíble realidad de que una coalición de países con “dos tercios de los presupuestos militares del mundo, con el diferencial tecnológico más alto de toda la historia militar, no ha logrado vencer a unos 30.000 talibanes armados con Kalashnikof”. Ha sido un escarmiento, y desde entonces, las intervenciones se han vuelto más indirectas y aéreas, menos sobre el terreno.
Después, las “primaveras árabes” eliminaron a un gobierno elegido más o menos democráticamente en Túnez, el país más europeizado del Magreb, para instalar otro semejante, de futuro incierto; en Libia, la agresión armada de Usa y UE consiguió destruir un país próspero hundiéndolo en el caos y la guerra civil. En Egipto la victoria electoral correspondió al islamismo integrista, un peligro inminente para Israel: se parcheó con un golpe militar y la correspondiente dictadura. En Siria, el intento de derrocar al “asesino” Asad ha provocado decenas de miles de asesinatos, una guerra civil de crueldad extraordinaria y el surgimiento del Estado Islámico. Un efecto ha sido un alud de refugiados más o menos reales sobre la UE, refugiados que llegan imponiéndose y sin respetar leyes ni policía, quizá porque entienden que la UE tiene cierta responsabilidad en la situación creada en sus países.
El ambiente ha cambiado radicalmente, haciéndose más y más sombrío e incierto. El Estado Islámico, derrotar al cual parece exigir el esfuerzo unido de todas las potencias, es solo un aspecto de un problema bastante más amplio, que ha dado lugar a un resurgimiento sumamente agresivo de la yijad. Ahora el islamismo golpea en el corazón de la UE, donde existen minorías musulmanas cada vez más fuertes mientras se intenta cercenar la raíz cristiana de la cultura europea y se responde a los atentados con rasgos de histeria. El ambiente social y político europeo ya no es, ciertamente, el de hace pocos años. Antes confiaba ciegamente en su capacidad de integrar a cualquier minoría, incluidas las musulmanas, y se está percatando de que, aparte de la posibilidad de ganar más dinero, esas crecientes minorías no sienten la menor admiración o respeto por el sistema occidental, que juzgan decadente.
Se da además la circunstancia de que países musulmanes con regímenes laicos y comportamientos civiles occidentalizados están volviéndose más y más fundamentalistas, así en Egipto o Turquía, esta última presentada hasta hace poco como la única democracia del mundo musulmán, aun si tutelada por el ejército.
Mientras tanto, China, una gran potencia con poderosos intereses en un gran espacio asiático tiene visos de convertirse en verdadera superpotencia antes de muchos años.
Otro caso alarmante es la Rusia de Putin. La democratización de la URSS no fue un fenómeno especialmente feliz, como puede recordar casi todo el mundo. Durante muchos años Rusia se hundió en la insignificancia y la corrupción, con bolsas de miseria extendidas, hasta que con Putin optó por una política más autoritaria y disciplinada, aunque democrática todavía. El fortalecimiento de Rusia motivó un intento de cerco por parte de la OTAN, que Putin ha rechazado recobrando Crimea y tratando de impedir la plena caída de una Ucrania hostil en el ámbito occidental. Y últimamente defendiendo al régimen de Asad, su aliado y por lo demás reconocido en la ONU, y atacando al EI, que tanto tiempo llevaba prosperando gracias a una extraña connivencia occidental y turca. El resultado es que Usa, UE y Turquía se han apresurado a sabotear la iniciativa de Putin, y de ahí pueden surgir conflictos mucho mayores y de resultado imprevisible.
