Blog I. Recuerdos (49) Viaje a Las Hurdes (I): http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-49-viaje-hurdes-i-30092015-0946
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Hace poco contesté a una pregunta que, vistas las circunstancias, ganase quien ganase en las elecciones catalanas, España y la democracia iban a perder. La democracia, porque los separatistas pretendían un auténtico golpe de estado convirtiendo las elecciones regionales en plebiscitarias en pro de la disgregación de España, golpismo aceptado implícita o explícitamente por todas las demás fuerzas. Es decir, el mero hecho del carácter tomado por estas elecciones demuestra que la Constitución y en general la ley, son papel mojado en España. Y lo son desde hace mucho tiempo, y no por culpa principal de los separatistas sino del grupo PPSOE. Sobre esta base esencial, puede decirse que las elecciones las han perdido todos.
Por tanto, ha sido una derrota importante de los separatistas, ocasionada no por quienes tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley –que nunca lo hacen—sino por los ciudadanos. A pesar de ello, no ha sido tampoco una victoria de los partidarios de España y la democracia:
El grupo PPSOE tiene una responsabilidad especial en el auge del separatismo, al que ha amparado y financiado a costa de la Constitución y, sobre todo de la unidad de España. Sin él, el separatismo nunca habría llegado tan lejos ni se habría vuelto tan audaz.
Ciudadanos no es propiamente un partido españolista, sino “europeísta”, como el PPSOE. El europeísmo, tal como está planteado por todos los partidos de España –sin el menor análisis real–, es el programa de disolución de España en la UE. No es más que una expresión del desprecio por la propia España. Otro factor de debilidad es la situación personal de Arrimadas y su escaso brío político. Y un tercero, el hecho de ser un partido de centro izquierda con votos de derecha.
Podemos es un partido directamente antidemocrático y nada opuesto de hecho a la balcanización de España.
En suma, el único partido que se ha manifestado abiertamente contra el secesionismo es Ciudadanos. PPSOE, por el contrario, viene combinando su vacuo “europeísmo” con el apoyo en los hechos al separatismo.
Como datos positivos podemos señalar, no obstante, el propio éxito de Ciudadanos que, con todas sus deficiencias, es inmensamente preferible al PPSOE. Y otro dato positivo es el gran fracaso de PPSOE, que quizá sea el principio de su fin. La historia dirá que ese doble partido ha sido una verdadera banda de malhechores cada vez más degradada, que ha llevado a España muy cerca de la ruina.
En conclusión: las circunstancias son cada vez más favorables para el surgimiento de un partido o movimiento cívico por España y la democracia. Pero el mismo no acaba de surgir. Tenía alguna esperanza en VOX, pero no lo veo ni de lejos a la altura del momento. Sigue siendo un partido marginal y con tendencia a la marginalidad en sus actuaciones, dispersas y sin estrategia.
Por tanto, la situación seguirá pudriéndose. Cuarenta años de imperio de la mentira profesionalizada han degradado profundamente a la sociedad, y la reacción sigue siendo muy débil
**Blog I. Recuerdos (48) Paseo nostálgico: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-48-paseo-nostalgico-25092015-0819
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Luego el PP se sumó a estas maniobras delictivas
22 de Septiembre de 2006 – 15:33:54 – Pío Moa – 283 comentarios
El artículo de Juan Luis Cebrián titulado pomposamente –así es el hombre– “Barbarie, religión y progreso”, ha recibido merecidas burlas, pero no debe tomarse a broma. Pues aunque consiste en una simple majadería adobada con odio a España, contiene verdadero peligro. Peligro porque el autor, por chiflado que parezca, es un hombre de poder, de mucho poder: la eminencia gris inspiradora de las fechorías de Zapo y los suyos. Fue un artículo suyo el que hundió el Pacto Antiterrorista y los intentos de colaboración del PSOE con el PP contra la ETA y los separatismos liberticidas, transformándola en colaboración con los separatistas y la ETA contra el partido que entonces defendía la unidad de España y la democracia. Y en su libro de charletas con Felipe González marcaba la orientación general para el PSOE. Lo demás ha seguido: la legitimación del asesinato como medio de obtener inmensas ganancias políticas a costa del estado de derecho, los estatutos balcanizantes y otros premios a la ETA así como al terrorismo y al extremismo islámico, el acoso a la familia y a la Iglesia, la alianza con las tiranías más detestables del globo, las insidias contra Israel y la defensa del poder nuclear para Irán…
Cebrián no propugna la “alianza de civilizaciones” entendida como una forma de entendimiento y coexistencia entre las culturas cristiana-democrática y la musulmana, sino como el socavamiento de la primera y el fortalecimiento de la segunda en la propia España. A ello se reduce el núcleo de su llamémosle pensamiento. Y en ello consiste su peligro, vista la doble estrategia islámica de penetración pacífica y chantaje terrorista, servida por una nutrida quinta columna. Nada de esto ocurre por causalidad. Alguien supo verlo, hace seis años:
El donjulianismo de la Izquierda
Como otras clarificaciones importantes, ha pasado inadvertido el artículo de César Alonso de los Ríos en ABC, “Don Julián, hoy”, donde denuncia el tic antiespañol de buena parte de la izquierda. Juan Goytisolo, en su reivindicación del conde famoso fue, en efecto, el más claro formulador de ese talante, en realidad viejo: “la negación del suelo patrio, de las tradiciones, de la moral convencional, incluida la heterosexualidad… Quizá esta última nota fue la menos celebrada: se tomó como un dato puramente personal aun cuando la consigna de Goytisolo era bien clara: la revolución total, la traición total, el entreguismo total pasaba por la reconversión sexual”.
¿Por qué Izquierda Unida o el PSOE están siempre tan dispuestos a aliarse y trabajar con los nacionalismos balcanizantes? En apariencia se trata de maniobras normales en el juego democrático, para arrancar el poder a la derecha, pero en realidad hay algo más profundo. El PNV es pura derecha, el partido más clerical, racista y, excluyendo a Batasuna, antidemocrático de España. En Cataluña, los jefes socialistas juegan a superar el nacionalismo al derechista de Pujol. Y en Galicia, el Bloque imita a Batasuna, bien que sin ETA gallega, por el momento. ¿Qué tienen de común esas alianzas? Tienen ese viejo reflejo donjulianista: debilitar o hundir a España, su unidad y tradiciones, es “progresista”.
Cierto que, a menudo, quienes actúan así proclaman su fervor por “otra España”, pero esa “otra” nunca pasó de invención fantástica y caprichosa, construida con meras y contradictorias buenas intenciones, combinadas con descalificaciones injustas y exaltadas de la historia real del país. No toda la izquierda, claro, ha sido o es así, pero la tendencia resulta muy fuerte, tanto más cuanto que la izquierda española ha sido y es, desde el punto de vista intelectual, prácticamente nula.
Las prédicas antiespañolas han tenido un terrible efecto desmoralizador, porque han sabido revestirse con el manto de la democracia y la libertad, sin haber recibido en muchos años una réplica a la altura, sino más bien un medroso silencio. De ahí la gravedad alcanzada por el problema del nacionalismo vasco, y por otros problemas. No es la primera vez que pasa, ni ha pasado sólo en España. Antes de la II Guerra Mundial, la mayoría de los universitarios ingleses, según las encuestas, no estaba dispuesta a defender a su país, lo cual hubo de animar mucho a Hitler. Después las cosas siguieron otro curso, pero sin duda aquella ola antipatriótica y pacifista contribuyó al desencadenamiento del horror. Confiemos en que aquí la reacción se produzca más a tiempo.
24 de Septiembre de 2006 – 12:42:26 – Pío Moa – 602 comentarios
Se defiende la enseñanza mixta (llamada significativamente “coeducación”) con el argumento de que chicos y chicas deben prepararse para convivir en un mundo de igualdad de sexos (“géneros”). A veces también se dramatiza: “¿Es que hay que tratar a las mujeres como si perteneciesen a otra especie?”
La dramatización no tiene mucho valor. En casi todas las especies superiores existe un fuerte dimorfismo sexual y diferenciación de funciones, sin que por ello dejen de ser la misma especie. En el ser humano el dimorfismo sexual está muy acentuado, precisamente.
Más peso tiene el primer argumento, o lo tendría si especificara mejor qué entiende por igualdad. En una sociedad democrática, la igualdad afecta a los derechos y a las oportunidades, de ningún modo supone que todo el mundo desempeñe las mismas funciones –en rigor acabaría por ser una sola función–, o gane el mismo dinero, o piense o se vista de la misma forma, etc.
Desde el punto de vista democrático –es decir, político, que no ocupa toda la vida humana, sino solo parte de ella– no existen hombres y mujeres, sino solo personas. Lo cual no niega en absoluto las diferencias físicas, anímicas y funcionales entre mujeres y varones. Ningún abusivo programa político podrá eliminarlas, e intentarlo solo puede traer perturbaciones sociales y psíquicas.
Abusivo programa claramente implícito ya en el empleo de la palabra “educación”, referida a la instrucción pública. Aunque la enseñanza tiene estrechos lazos con la educación, se trata de cosas distintas. La educación procede sobre todo de la familia, y definirla como una función del estado constituye, precisamente, una usurpación de funciones, un típico rasgo totalitario.
Dejemos, por tanto, que los padres elijan si prefieren la enseñanza mixta o separada, y veamos los resultados de una y de otra. Aunque, a decir verdad, llevamos tiempo viéndolos.
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La ETA anuncia que no abandonará las pistolas y las bombas. ¿Por qué habría de hacerlo, si Zapo les ha demostrado lo muchísimo que con ellas puedan ganar?
Porque Zapo y su ilegal gobierno no es “débil” ante el terrorismo. Su talante se llama, precisamente, colaboración política con él. Entre todos ellos intentan destruir el estado de derecho y la unidad de España.
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En abril de 1931, con motivo de unas elecciones municipales, cambió el régimen español de monarquía a república. Se trató de un golpe de estado en toda regla. Muchos han querido achacar la fechoría a los republicanos, pero no fue así. Los autores del mismo fueron los monárquicos que, para más inri, habían ganado aquellas elecciones. Sumidos en una profunda crisis moral y despreciando a sus propios votantes, decidieron regalar el poder a sus enemigos, como expone con precisión Miguel Maura, principal organizador republicano por entonces.
Este 27 de septiembre se prepara un golpe semejante, que remate una transición mal hecha y sembrada de minas contra el porvenir de España y la democracia. Los republicanos del 31 no se planteaban aquellas elecciones como ocasión golpista, pero ahora los golpistas, los separatistas catalanes, se lo plantean abiertamente así: convertir unas elecciones regionales en plebiscitarias por la secesión. ¿Pueden salirse con la suya? Solo si, al modo de los monárquicos en el 31, el gobierno de la nación colabora. Y sin duda colaborará, como lo ha venido haciendo hasta ahora con cada paso golpista, con cada infracción de las leyes por los separatistas. Tratará, si acaso, de mantener un levísimo barniz de unidad a base de hacer tales cesiones que la secesión sea un hecho apenas disimulado. El principio que rige al PP lo ha expresado Rajoy: “La economía lo es todo”, un lema muy adecuado para prostitutas. Espera sobornar a los golpistas porque él mismo es cómplice de ellos. Gane quien gane estas elecciones, por tanto, perderá España y perderá la democracia. Se trata de un acto criminal, y los culpables deberán ser juzgados por él a su tiempo. A menos que España esté definitivamente perdida, que no creo.
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“Cita con la Historia” es un programa de alta divulgación historiográfica con audiencia en aumento. Pero aspira a no quedarse en mera labor ilustrativa, sino a convertirse en un verdadero foco de agitación cultural frente a la falsedad hispanófoba subvencionada y divulgada sin tregua por los grandes medios y por políticos e intelectuales de medio pelo. Ya hace muchos años el filósofo Julián Marías denunció las consecuencias funestas de una historia tergiversada de modo deliberado, “profesional”; del “Himalaya de falsedades” que denunciaba Julián Besteiro; de “esa constante mentira” que tanto repugnaba a Marañón. Y que hoy parece imponerse por doquier, incluso por ley, la ley totalitaria de memoria “histórica”.