Blog I: Ocho paradojas de la Transición: http://www.gaceta.es/pio-moa/paradojas-transicion-30012015-1401
“Cita con la Historia” no quiere ser simplemente un programa ilustrativo, porque en una época en que se ha tergiversado de tal modo el pasado, es preciso adoptar una actitud activa, combativa contra la falsificación. Porque de esa falsificación nacen muchas políticas que han conducido a la actual crisis, que no es solo ni principalmente económica. Por eso no nos cansamos de insistir a nuestros oyentes, aun a costa de parecer pesados, en la necesidad de que ayuden al programa dándolo a conocer, difundiéndolo y comentándolo en las redes sociales, y apoyándolo económicamente. Si el programa ha de continuar y no quedar en un esfuerzo testimonial y de poca duración, como tantos, es preciso que nuestros oyentes actúen a su vez. Resulta un poco vergonzoso que grupos como Podemos recauden en un solo día muchas veces más de lo que llevamos recaudado en dos meses. Decíamos que necesitábamos 30.000 euros para poder trabajar durante todo este año. Hemos conseguido la cuarta parte, que no está mal para empezar, pero es claramente insuficiente y nos obliga a insistir una y otra vez. Damos las gracias de corazón a cuantos han contribuido, varios de ellos más de una vez, y nos gustaría que otros muchos oyentes se convenciesen de que poco vale quejarse de la situación sin hacer algo o apoyar a quienes lo hacen.
Hay que decir que este programa es el comienzo de un taller de ideas, porque una crisis como la que vivimos pone en cuestión y exige analizar muchas cuestiones fundamentales que nos plantea la historia, desde la democracia, la economía o la entidad cultural de España a la evolución europea e internacional. En ello estamos, pero, repetimos, no podríamos hacer casi nada sin el apoyo de ustedes.
Volvemos a dar el número de la cuenta para realizar las aportaciones: ES09 0182 1364 33 0201543346, a nombre de Tiempo de ideas siglo XXI
———————-
Según la mayoría de los políticos y periodistas “por fin entramos en Europa”, con motivo del ingreso de España, en muy malas condiciones, por cierto, en el Mercado Común o Comunidad Económica Europea, antecedente de la UE. Esto es mucho más, y mucho peor que simple ignorancia de la historia, que también. Implica un desprecio esencial por España, por su historia y por su cultura, lo cual refleja el nivel de nuestra clase política, la misma que nos ha llevado a la actual crisis o multicrisis. De una clase política y periodística con tales deficiencias elementales se pueden esperar muchas cosas, y ninguna buena.
España, naturalmente, siempre ha estado en Europa. Para empezar, debemos empezar por preguntarnos qué es Europa, en definitiva, aparte del ámbito físico. Europa es una cultura, propiamente una civilización, que se ha venido desarrollando con unas características que la distinguen de otras civilizaciones. Cuáles sean esas características y cuándo puede considerarse que empieza históricamente, es loa cuestión.
La primera de las edades de Europa es la de la de formación. Europa se forma con el Imperio romano. Más exactamente, a partir de la II Guerra Púnica, pues si en ella hubiera vencido Cartago a Roma, la evolución posterior habría sido muy diferente. Es la tesis que he defendido en Nueva historia de España, y que no conozco que haya sido expuesta antes con claridad. Aquella guerra, como ya hemos visto en otra ocasión, fue una auténtica guerra del destino, origen de España y de lo que hoy conocemos por Europa. Propiamente el imperio romano no fue europeo, sino mediterráneo, ya que abarcaba las dos orillas y el Oriente Próximo. Sin embargo el islam terminaría arrasando toda la civilización grecolatina en el norte de África y Próximo Oriente, de modo que finalmente se circunscribiría a la orilla europea, donde también estaría muy cerca de ser destruida por las invasiones bárbaras.
Un rasgo evidente de la civilización romana de occidente fue la lengua latina, cuyos derivados se siguen hablando en Francia, Italia, Rumanía y la Península Ibérica; pero es un punto secundario porque en el resto de Europa se hablan otros idiomas y sin embargo el influjo de Roma es obvio en el continente y, a partir de él, en gran parte del mundo. Por ejemplo, España, Inglaterra, Portugal y Francia han expandido sus lenguas y culturas, creando ámbitos culturales nuevos, y aún más Inglaterra, romanizada en parte. Además, el latín siguió siendo la lengua de la alta cultura y de la ciencia hasta los siglos XV, XVI y XVII, y la de la Iglesia hasta el Vaticano II por lo menos. Queda además un inmenso patrimonio arqueológico y arquitectónico desde el norte de Inglaterra hasta Grecia, que es sentido como parte de la propia historia. En Oriente Próximo, Anatolia y norte de África quedan también restos muy importantes, pero no son sentidos como parte de la cultura islámica, obviamente. Quedan también costumbres y actitudes. La red de calzadas construida por los romanos continuó usándose siglos después, y muchas carreteras recientes, por ejemplo en España, siguen aproximadamente esas calzadas. Roma desarrolló una civilización propia, y en especial una concepción del derecho que es la base de una parte considerable del derecho europeo; al mismo tiempo absorbió gran parte de la cultura griega, de modo que se puede afirmar que la base de la civilización europea es grecolatina, aunque haya diferencias importantes entre ambas: la filosofía y la ciencia romanas fueron claramente inferiores a las griegas, aunque los romanos desarrollaron técnicas superiores y también una gran literatura.
Más relevante aún fue la cristianización, comenzada también a través del Imperio romano a partir de Edicto de Milán, el año 313, que permitió la difusión del cristianismo, hasta entonces perseguido. Y 67 años después el emperador Teodosio, de origen hispano, declaró el cristianismo la religión oficial del Imperio, lo que marcó su expansión masiva y el retroceso de las religiones paganas. Es decir, el cristianismo sería la religión oficial romana durante aproximadamente un siglo, hasta 476, de los seis y medio que duró aproximadamente el Imperio de occidente desde la citada II Guerra Púnica. El imperio romano de Oriente llamado mucho más tarde bizantino continuaría mil años más después de la caída de Roma, hasta ser destruido por los turcos musulmanes. Su religión era la modalidad cristiana llamada ortodoxa, mientras que Occidente sería el catolicismo, con sede en Roma
A pesar de que en el Imperio romano occidental el cristianismo como religión oficial solo duró el último siglo de existencia del imperio, llevaba siglos penetrando, de forma ilegal o más o menos consentida. Y por otra parte se da la paradoja aparente de que después de la caída de Roma, sería la Iglesia la que rescatase y difundiese por Europa el legado cultural grecolatino, o lo que restaba de él. De modo que cuando se dice que la civilización europea se basa en el cristianismo y el legado grecolatino, debe señalarse que este último lo fue a través del primero. Esto es importante porque la actual Unión Europea ha ido adquiriendo un tono francamente cristianófobo (solo hay que ver las campañas “yo soy Charlie”, es decir, soy anticatólico, mucho más que antiislámico); o reconociendo la herencia cristiana como una entre otras. Pero no es una entre otras: es la raíz misma, o al menos la principal, que ha unificado culturalmente todo el continente y le ha dado su particular estilo y evolución. Durante siglos, Europa ha sido el continente cristiano por oposición a los iniciales paganismos germánicos y eslavos y, sobre todo, a la civilización islámica. Otro rasgo ha sido la separación entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla, llamada ortodoxa. Aparte de las disputas doctrinales, hay un rasgo de la mayor trascendencia que distingue a ambas corrientes cristianas: el centro religioso de los ortodoxos estaba en Constantinopla, en la misma sede imperial, por lo que la religión se convirtió en gran medida en una dependencia política del Imperio bizantino. En cambio en el Occidente europeo, Roma quedó como una ciudad más, y harto arruinada, en medio de nuevos estados y luchas políticas, lo que le daría más independencia de los poderes políticos y viceversa. De todas formas Roma permaneció, simbólicamente, como faro de civilización y heredera espiritual del Imperio, aunque muchos le hayan achacado, precisamente la ruina del mismo.
En resumidas cuentas: España fue el primer país que empezaron a latinizar los romanos, aunque ello les costaría largas y difíciles luchas. Sería también profundamente cristianizado, por lo que su carácter europeo es más indudable incluso que el de la mayoría de los demás del continente. A los bárbaros, en su mayoría germánicos, que destruyeron el Imperio de Occidente, no se les puede considerar europeos hasta que a su vez se cristianizaron y en parte se romanizaron, ya muy tardíamente, a lo largo de la que hemos llamado Edad de Supervivencia o Alta Edad Media.
Pero aparte de esa tradición civilizatoria, algo más que distingue a España como país europeo, aunque la mayoría de nuestros políticos y periodistas lo ignore, y es que, tras ser anegado el país por la invasión islámica, España se recompuso como lo que había sido, cristiana y europea. Y, por cierto, fue el primer país en expandir la cultura europea por medio mundo. Evidentemente, la pretensión política de situar a España fuera de Europa hasta que algunos políticos de medio pelo nos metieron en el Mercado Común, es un disparate, aunque muy revelador.