“A imagen y semejanza de Dios”

 

  Blog I:  El orate Blas Infante retrata a la chusma política: http://www.gaceta.es/pio-moa/orate-blas-infante-retrata-chusma-politica-27022015-1801

Este domingo hablaremos en Cita con la Historia sobre el proceso de supervivencia de Europa en la llamada Alta Edad Media, llamada despectiva e injustamente “los siglos oscuros”. Fue una época heroica, de invasiones, monasterios  y crisis destructiva del Papado, que pudo llevar al colapso la civilización grecolatina y cristiana, es decir, la propia Europa. De no ser por los esfuerzo civilizatorios realizados entonces, es posible que lo que conocemos por civilización europea se hubiera frustrado, como ha ocurrido con otras civilizaciones.

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 Sostenía, pues, que el hombre es inevitablemente religioso, en todos los niveles y circunstancias sociales, apoyándome en la idea de la voluntad. La vida humana puede describirse como la voluntad de cumplir los deseos y sus frustraciones.  La voluntad es la más concreta manifestación del yo, del sentido que atribuimos a la propia vida. Pero muchas voluntades, la mayoría,  se frustran porque los deseos son contradictorios, o porque chocan con obstáculos exteriores insalvables, o con otras voluntades más fuertes, o por insuficiente energía, o porque el resultado en apariencia logrado se convierte en lo contrario de lo planeado, etc. La voluntad humana es en gran medida impotente, y esta es la base de la religiosidad. Y no es impotente solo de modo circunstancial (ante las fuerzas naturales, como suele decirse, que en definitiva son en gran medida controlables y utilizables por el esfuerzo humano), sino de manera esencial.  Por una parte, la frustración es un acompañante normal en la vida de las personas, y nunca acaba de saberse por qué unas voluntades se cumplen, al menos pasajeramente, y otras no. Tampoco la voluntad del individuo es capaz de prever y trazar el historial de su vida de acuerdo con un plan, aunque haga proyectos generales,  que se cumplen o, más frecuentemente, no. Por otra parte, la propia llegada del hombre al mundo y su salida de él tampoco tiene nada que ver con su voluntad (incluso el suicidio  se produce  con una voluntad muy condicionada).

    La propia condición humana provoca aquel sentimiento de la existencia de una voluntad superior que, por encima de todos los avatares del mundo y de la vida, da un significado a estos. Esa voluntad superior, llamada divinidad, es el fundamento del mundo. Porque, por encima del caos de frustraciones y éxitos de la vida humana, el mundo se mantiene y “sigue andando”, aunque no podamos saber en qué dirección; lo cual debe responder a esa divinidad, a esa voluntad muy por encima de la nuestra. Cierto pensamiento racionalista podría objetar que ese sentimiento-intuición es puramente ilusorio, porque atribuye arbitrariamente al conjunto del mundo un rasgo –la voluntad—que solo existe en el ser humano. Ciertamente se trata de una analogía: “tal como mi voluntad da sentido, o al menos cierto sentido, a mi vida, otra voluntad muy superior tiene que dar sentido al mundo”; pero es una analogía básicamente correcta: de otro modo la naturaleza, la vida, habrían creado en el ser humano algo muy distinto e inexistente en ellas, idea que suena imposible. Si la vida humana se gobierna, al menos parcialmente, por la voluntad de los individuos, el mundo debe regirse por algo parecido aunque sea de un nivel y potencia inconmensurables.  Supongo que en ese sentido se habla del hombre como creado “a imagen y semejanza de Dios”.

   En suma, la religiosidad  es connatural al hombre, lo que exige plantearse el problema del ateísmo o quizá sería mejor los ateísmos, o sus niveles

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El hombre como animal religioso

Blog I: Gibraltar como cuestión de fuerza:http://www.gaceta.es/pio-moa/gibrltar-cuestion-fuerza-24022015-0941

**”Cita con la Historia” es un programa de alta divulgación histórica, primera iniciativa de un taller de ideas que aspira a plantear o replantear cuestiones que afectan a la sociedad actual, tanto políticas como ideológicas. Se trata de una iniciativa sin subvenciones ni respaldo económico, excepto el que sus oyentes  le aporten. Desde diciembre venimos recibiendo esas generosas aportaciones, que permiten mantener el programa, pero es obvio que las necesidades para el año distan aún de estar cubiertas. Nuevamente exponemos la cuenta del BBVA a la que pueden hacer ingresos: ES09 0182 1364 33 0201543346.

   No menos importante es que los oyentes del programa producren difundirlo y comentarlo en las redes sociales, a fin de darle la máxima difusión frente a la trivialización o falsificación de la historia hoy imperantes. 

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Propongo que la raíz de la religión o, mejor, de las religiones, está en un sentimiento profundo de que por encima de las muchas, contradictorias y cambiantes voluntades que percibimos en nosotros y en el mundo, deben existir algunas voluntades, y finalmente una,  infinitamente más poderosa y estable, que da fundamento, sentido y orden a la vida y al mundo: es decir, la divinidad. Aunque podemos exponerlo de forma conceptual, se trata de un sentimiento solo posterior y secundariamente elaborado como idea. Y ese sentimiento origina de modo espontáneo en la psique humana relatos o mitos, explicativos  –en un plano imaginario, no lógico– del fundamento del mundo en esa voluntad superior. Tal como la psique humana produce espontáneamente dibujos o pinturas, cantos  y otras muchas manifestaciones típicas, solo que el sentimiento religioso parte de un nivel más profundo.

   Como pasa con todos los sentimientos, su intensidad varía mucho de unas personas a otras (en algunas culturas su intensidad se refuerza con drogas). Algunas  personas elaboran  relatos míticos que impresionan especialmente a los demás y son aceptados por la comunidad, convirtiéndose en una seña de identidad y de unión de la misma. Supongo también que en todos los tiempos ha habido individuos cuya capacidad de imaginación y de impresionarse por el mundo y la vida humana apenas superan los intereses y esfuerzos cotidianos más estrictos, prescindiendo casi por completo de una visión más amplia. Siempre ha habido ateos, aunque en la edad moderna el ateísmo  haya tenido un desarrollo intelectual más elaborado. Me parece significativo el auge enorme tomado por la industria de la diversión o entretenimiento en nuestros días: parece aspirar a llenar  toda la vida de millones de personas, sin dejar espacio para preocupaciones más amplias o profundas.

   Un efecto de ese sentimiento ante una imaginaria voluntad fundadora del mundo es la abrumadora impresión de impotencia ante ella, y no solo ante su poder en cierto modo terrorífico, sino ante la imposibilidad de discernirla con claridad., de conocer bien cuáles son sus designios. Esa sensación de impotencia genera a su vez ritos para congraciarse con la voluntad divina, para hacerla propicia. Ritos que llegan a ser igualmente terroríficos,  baste pensar en la cremación de recién nacidos en culturas semíticas o en los sacrificios humanos de los aztecas. Sin llegar tan lejos, se  han impuesto a menudo normas de conducta realmente obsesivas a fin de poder disfrutar del favor de la divinidad.

   Todas estas cuestiones tienen gran interés, pero lo que quiero señalar aquí es   la naturaleza religiosa del ser humano enraizada en la necesidad de encontrar una explicación a la estabilidad y orden del mundo dentro de los mil fenómenos de desorden, sufrimiento, cambios y muerte.  Es una necesidad esencial que la ciencia no puede ya colmar, sino ni siquiera plantearse.  Negar que la vida, personal y humana en general, carezca de sentido en un mundo a su vez sin sentido, resulta inasumible –excepto como frivolidad– para la psique, que de ese modo tendería al suicidio.  Hoy, se dice, la sociedad se está volviendo indiferente hacia la religión. Ello me parece, en rigor, imposible, y lo que ocurre es más bien una confusión en la que unas divinidades están siendo sustituidas por otras. Aunque eso habría que examinarlo más a fondo

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La fatal arrogancia del mesianismo occidental

 Blog I: Para entender lo que pasa, o la enfermedad antifranquista: http://www.gaceta.es/pio-moa/entender-pasa-20022015-1935

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   (De vuelta de la gripe. Permítaseme la analogía con la obra de Hayek, aunque en otro sentido)

La guerra fría fue una competencia, a veces muy caliente y sangrienta, entre dos superpotencias  mesiánicas que se tenían a sí mismas por los faros de la humanidad,  como modelos válidos para todo el mundo y hacia los que todo el mundo debería tender. El que ambas fueran mesiánicas en ese sentido no permite equipararlas: el sistema soviético fue una pesadilla y siempre tuvo los mismos pésimos resultados allí donde se implantó. El sistema useño, la democracia liberal en un sentido amplio, resulta más humana, aunque  dio bastante mal resultado en Hispanoamérica y muchos otros países, y en Europa occidental no habría subsistido sin la intervención militar de Usa y su posterior tutela política. Con todo, la caída del muro de Berlín pareció augurar una época nueva bajo una sola superpotencia, que impondría pacíficamente sus normas por todo el mundo, de forma progresiva. Un mundo dominado por el consumo y la solución de los problemas económicos, en el que casi todos los elementos que constituyen la cultura humana (excepto la diversión industrializada) irían perdiendo sentido, como vaticinó Fukuyama.

   La democratización no dio los resultados esperados en Rusia y otros estados producto de la descomposición de su imperio. En ellos, la pobreza se agravó y la corrupción y las desigualdades se extendieron en grados inverosímiles. Rusia  salió del marasmo con Putin y ha vuelto a convertirse en una potencia fuerte e influyente y,  aunque muy lejos de la superpotencia useña,  se muestra poco dispuesta a seguir las  indicaciones de Usa o la UE. Máxime cuando la OTAN, en lugar de desaparecer al terminar la guerra fría, se ha extendido y fortalecido, y Rusia percibe en ella un intento de rodearla y mantenerla bajo permanente amenaza militar. Por su parte, China  ha tenido un éxito económico extraordinario, aunque militar y tecnológicamente  esté todavía lejos de Usa.  Han surgido otras grandes potencias regionales poco dispuestas a  identificarse con la democracia liberal y la guía política  e ideológica de Usa, mientras en el mundo musulmán crecen tendencias brutalmente antioccidentales. Todo ello, junto a otras tendencias menores y el descontento creciente en la UE, han dibujado un mundo bastante distinto del diseñado por el mesianismo useño tras la caída del muro de Berlín.

     Todo esto es evidente  y no requiere  aquí mayor exposición. Lo que importa es subrayar el carácter mesiánico y en definitiva utópico, de las aspiraciones representadas por Usa y, con algunos matices, por la UE. Los mesianismos han dado siempre malos resultados en la historia, creando una especial arrogancia, fanatismo y agresiones imperiales que casi siempre han terminado  en desastres. No debe olvidarse que los grandes imperios del pasado, incluso los más sanguinarios, se han justificado siempre en la necesidad de imponer el orden sobre la tierra. Y esto es justamente lo que está ocurriendo. La rivalidad como el Imperio soviético se ha transformado, en la mentalidad de los dirigentes useños, en una pugna global entre la democracia y la autocracia, entre los países más o menos liberales y los definidos como autocráticos, sean Rusia, China, Irán,o cualquier otra potencia con aspiraciones hegemónicas en alguna zona del mundo. Y en esa nueva pugna, que debería terminar con la victoria absoluta del estilo useño o del más confuso de la UE, se vienen sucediendo una serie de guerras de agresión, sobre todo en el mundo musulmán, que van terminando una y otra vez en graves desastres para las poblaciones afectadas. En Irak, Afganistán, Libia o Siria ello salta a la vista. Usa y secundariamente la UE, se han dedicado a inmiscuirse en los asuntos internos de muchos de aquellos países  so pretexto de tratarse de dictaduras y organizado una subversión llamada publicitariamente “primaveras árabes”. Quienes han sacado el fruto han sido las corrientes más ferozmente antioccidentales, apoyadas una y otra vez desde los centros de poder occidentales. Regímenes de orden, prooccidentales o neutrales, han sido sacrificados en nombre de la  guerra supuesta entre  la democracia y la “autocracia”.

   Para Usa y para la UE, prácticamente todas esas intervenciones se han saldado con una victoria militar inmediata seguida de una costosa derrota políticomilitar. Ello resulta desconcertante, si no se tiene en cuenta que, para los estrategas useños, se trata de costes pasajeros. En su opinión, el islamismo radical no tiene futuro, consiste en un retroceso completamente imposible a la llamada edad media (que no existió en el islam; y olvidando también que Irán consigue mantenerse y crecer como potencia regional en plena “edad media”). Por tanto, sus victorias son solo pasajeras. Antes o después el islamismo radical desaparecerá junto con las dictaduras laicas  y se impondrá la democracia y las normas Usa-UE. Que entre tanto cientos de miles de personas mueran en guerras civiles fomentadas desde Washington, París y Londres,  millones de ellas se vean desplazadas, los cristianos perseguidos salvajemente, surjan como mal menor nuevas dictaduras militares y estados enteros caigan en ruinas, parece que no importa mucho a los estrategas mesiánicos, que se lavan las manos del caos desatado por ellos. Pero los presagios son pésimos.

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Feminismo y aborto, el crimen de nuestro tiempo

Blog I. Inglaterra como potencia hostil a España: http://www.gaceta.es/pio-moa/inglaterra-potencia-hostil-espana-05022015-1903.

***Próximo domingo en “Cita con la Historia”: La División Azul. Recordamos a nuestros lectores que el programa necesita microfinanciación o micromecenazgo. Cuenta BBVA:  ES09 0182 1364 33 0201543346. La respuesta hasta ahora es muy digna de agradecer , pero insuficiente, porque siguen siendo un porcentaje muy pequeño los que contribuyen. Mientras Podemos y otras iniciativas nefastas consiguen movilizar a miles de personas.

***He terminado el libro “Los mitos del franquismo”, que estará en la calle en unos dos meses. Creo que clarificará más de una cuestión.

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Las ideologías suelen difundirse mezclando el victimismo y el narcisismo, siendo el resentimiento uno de sus componentes básicos. El feminismo ha tenido un éxito desusado en estas tácticas, siendo, además, varones muy a menudo los más decididos y radicales feministas. De ahí la facilidad con que se han aceptado sus argumentos por partidos políticos y gobiernos. En mi reciente libro La democracia ahogada he tratado algunas de estas cuestiones, y Jesús Trillo también las ha abordado hace poco, en una reacción que debe extenderse, dado lo peligroso de esta ideología.

Uno de los principales puntos del feminismo ha sido en todo el mundo el “derecho” al aborto. Al efecto se han empleado tres ideas, una de ellas la de la aplicación de ese derecho en casos de violación, malformación grave del feto o peligro de la vida de la madre. Sin embargo, la inmensa mayoría de los abortos practicados en España o en los países occidentales no tienen la menor relación con esos supuestos, constituyendo infracciones masivas de la ley por parte de clínicas y profesionales feministas (en la práctica) que, sin embargo, no son perseguidos en ningún o casi ningún caso.

La segunda idea se concreta en la consigna, tan difundida y aceptada, “Nosotras parimos, nosotras decidimos“. Pregonan ese lema, precisamente, muchas que no tienen grandes deseos de parir y sí de abortar llegado el caso. Se trata, ante todo, de anular y despreciar al padre, que no tendría arte ni parte en la decisión. Naturalmente, no podría haber una orientación más peligrosa para la mujer, a quien se incita indirectamente a no tener hijos porque, aplicando la lógica de esa histeria, la madre perdería todo derecho a reclamar del padre responsabilidad, ayuda, protección o contribución económica: los hijos serían asunto exclusivo de la madre y, por tanto, mejor no tenerlos, dada la carga que representan. De paso, el varón es animado a no responsabilizarse de la prole, tendencia cada vez más extendida. La histeria de esta consigna, de tan profundos efectos, se manifiesta asimismo en esta contradicción: los mismos gobiernos y personas que niegan el derecho y el papel del padre, ejercen sobre este una auténtica persecución legal, sobre todo económica, cuando no cumple con deberes que son naturales… pero contrarios al feminismo.

La tercera cuestión, la más decisiva, radica en el dilema: el embrión que crece en el seno materno, ¿es una simple acumulación informe de células, algo parecido a un tumor, o bien una vida humana en plena gestación? Para los feministas se trata, obviamente, de lo primero. Si esa acumulación celular molesta por cualquier razón, eliminarla resulta lo más adecuado. De hecho resultaría adecuado siempre, pues permitir el desarrollo de ese “tumor” solo puede echar sobre la mujer –que no tiene derecho a esperar ayuda del padre, según la propia ideología feminista– un pesado fardo, poniéndola en desventaja para la actividad profesional, que, según los feministas, debe ser el predominante objetivo de la mujer en la vida. Las consecuencias sociales no precisan explicación. Redondeando el absurdo, los feministas relacionan el aborto con su otra consigna de que la mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera. En realidad el cuerpo tiene sus propias exigencias y nadie hace con él lo que quiera, salvo suicidándose, y el embrión es algo distinto del cuerpo de la madre, aunque viva de este.

Pero si consideramos el embrión una vida humana en gestación, el aborto se convierte en un crimen y la política abortista en una forma de genocidio. En este sentido los gobiernos feministas estarían adquiriendo una responsabilidad criminal abrumadora.

La frivolidad con que los políticos, de derecha e izquierda, tratan estas cuestiones, refleja, a su vez, la triple corrupción intelectual, económica y sexual, que estraga nuestra sociedad, y que merece más comentario.

**** Carrillo insiste: “Los obispos y la derecha no han cambiado desde el 36″

Se ve que está pensando en un segundo Paracuellos. La cabra tira al monte.

(Publ. en blog LD, en enero de 2010)

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La romanización en la base de la cultura europea, hoy en crisis

Blog I: Ocho paradojas de la Transición: http://www.gaceta.es/pio-moa/paradojas-transicion-30012015-1401

Cita con la Historia” no quiere ser simplemente un programa ilustrativo, porque en una época en que se ha tergiversado de tal modo el pasado, es preciso adoptar una actitud activa, combativa contra la falsificación. Porque de esa falsificación nacen muchas políticas que han conducido a la actual crisis, que no es solo ni principalmente económica. Por eso no nos cansamos de insistir a nuestros oyentes, aun a costa de parecer pesados, en la necesidad de que ayuden al programa dándolo a conocer, difundiéndolo y comentándolo en las redes sociales, y apoyándolo económicamente.   Si el programa ha de continuar y no quedar en un esfuerzo testimonial y de poca duración, como tantos,  es preciso que nuestros oyentes  actúen a su vez. Resulta un poco vergonzoso que grupos como Podemos recauden  en un solo día  muchas veces más de lo que llevamos recaudado en  dos meses. Decíamos que necesitábamos 30.000 euros para  poder trabajar durante todo este año. Hemos conseguido  la cuarta parte, que no está mal para empezar, pero es claramente insuficiente y nos obliga a insistir una y otra vez. Damos las gracias de corazón  a cuantos han contribuido, varios de ellos más de una vez,  y nos gustaría que otros muchos oyentes se convenciesen de que poco vale quejarse de la situación sin hacer algo o apoyar a quienes lo hacen. 

   Hay que decir que este programa es el comienzo de un taller de ideas,  porque una crisis como la que vivimos pone en cuestión  y exige analizar  muchas cuestiones fundamentales que nos plantea la historia,  desde la democracia, la economía o la entidad  cultural de España a la evolución europea e internacional. En ello estamos, pero, repetimos, no podríamos hacer casi nada sin el apoyo de ustedes.  

   Volvemos a dar el  número de la cuenta para realizar las aportaciones: ES09 0182 1364 33 0201543346, a nombre de Tiempo de ideas siglo XXI  

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Según la mayoría de los políticos y periodistas “por fin entramos en Europa”, con motivo del ingreso de España, en muy malas condiciones, por cierto, en el Mercado Común o Comunidad Económica Europea, antecedente de la UE.  Esto es mucho más, y mucho peor que simple ignorancia de la historia, que también. Implica un desprecio esencial por España, por su historia y por su cultura, lo cual refleja el nivel de nuestra clase política, la misma que nos ha llevado a la actual crisis o multicrisis. De una clase política y periodística con tales deficiencias elementales se pueden esperar muchas cosas, y ninguna buena.

   España, naturalmente, siempre ha estado en Europa. Para empezar, debemos empezar por preguntarnos qué es Europa, en definitiva, aparte del ámbito físico. Europa es una cultura, propiamente una civilización,  que se ha venido desarrollando con unas características  que la distinguen de otras civilizaciones. Cuáles sean esas características y cuándo puede considerarse que empieza históricamente, es loa cuestión.

   La primera de las edades de Europa es la de la de formación. Europa se forma con el Imperio romano. Más exactamente, a partir de la II Guerra Púnica, pues si en ella hubiera vencido Cartago a Roma, la evolución posterior habría sido muy diferente. Es  la tesis que he defendido en Nueva historia de España, y que no conozco que haya sido expuesta antes con claridad. Aquella guerra, como ya hemos visto en otra ocasión, fue una auténtica guerra del destino,  origen de España y de lo que hoy conocemos por Europa.  Propiamente el imperio romano no fue europeo, sino mediterráneo,  ya que abarcaba las dos orillas y el Oriente Próximo. Sin embargo  el islam terminaría arrasando toda la civilización grecolatina en el norte de África y Próximo Oriente, de modo que finalmente se circunscribiría a la orilla europea, donde también estaría muy cerca de ser destruida por las invasiones bárbaras.

    Un rasgo evidente de la civilización romana de occidente fue la lengua latina, cuyos derivados se siguen hablando en Francia, Italia, Rumanía y la Península Ibérica; pero es un punto secundario porque en el resto de Europa se hablan otros idiomas y sin embargo el influjo de Roma es obvio en el continente y, a partir de él, en gran parte del mundo. Por ejemplo, España, Inglaterra, Portugal y Francia han expandido sus lenguas y culturas, creando ámbitos culturales nuevos, y aún más Inglaterra, romanizada en parte.  Además, el latín siguió siendo la lengua de la alta cultura y de la ciencia hasta los siglos XV, XVI y XVII, y la de la Iglesia hasta el Vaticano II por lo menos. Queda además un inmenso patrimonio arqueológico y arquitectónico desde el norte de Inglaterra  hasta Grecia, que es sentido como parte de la propia historia. En Oriente Próximo, Anatolia y norte de África quedan también restos muy importantes, pero  no son sentidos como parte de la cultura islámica, obviamente. Quedan también costumbres y actitudes. La red de calzadas construida por los romanos continuó usándose siglos después, y muchas carreteras recientes, por ejemplo en España, siguen aproximadamente esas calzadas.  Roma desarrolló una civilización propia, y en especial una concepción del derecho  que es la base de una parte considerable del derecho europeo; al mismo tiempo absorbió  gran parte de la cultura griega, de modo que se puede afirmar que la base de la civilización europea es grecolatina, aunque haya diferencias importantes entre ambas: la filosofía y la ciencia romanas fueron claramente inferiores a las griegas, aunque los romanos desarrollaron técnicas superiores y también una gran literatura.

 Más relevante aún fue la cristianización, comenzada también a través del Imperio romano a partir de Edicto de Milán, el año 313, que permitió la difusión del cristianismo, hasta entonces perseguido. Y  67 años después el emperador Teodosio, de origen hispano, declaró el cristianismo la religión oficial del Imperio, lo que marcó su expansión masiva y el retroceso de las religiones paganas. Es decir, el cristianismo sería la religión oficial romana durante  aproximadamente un siglo, hasta 476, de los  seis y medio que duró aproximadamente el Imperio de occidente desde la citada  II Guerra Púnica. El imperio  romano de Oriente llamado mucho más tarde bizantino continuaría mil años más después de la caída de Roma, hasta ser destruido por los turcos musulmanes. Su religión era la modalidad cristiana llamada ortodoxa, mientras que Occidente sería el catolicismo, con sede en Roma

   A pesar de que en el Imperio romano occidental el cristianismo como religión oficial solo duró el último siglo de existencia del imperio, llevaba siglos penetrando, de forma ilegal o más o menos consentida. Y por otra parte se da la paradoja aparente de que después de la caída de Roma, sería la Iglesia la que rescatase  y difundiese por Europa el legado cultural grecolatino, o lo que restaba de él. De modo que  cuando se dice que la civilización europea se basa en el cristianismo y el legado grecolatino, debe señalarse que este último lo fue a través del primero. Esto es importante porque la actual Unión Europea ha ido adquiriendo un tono francamente cristianófobo  (solo hay que ver  las campañas “yo soy Charlie”, es decir, soy anticatólico, mucho más que antiislámico); o reconociendo la herencia cristiana como una entre otras. Pero no es una entre otras: es la raíz misma, o al menos la principal, que ha unificado culturalmente todo el continente y le ha dado su particular estilo y evolución. Durante siglos, Europa ha sido el continente cristiano por oposición a los iniciales paganismos germánicos y eslavos y, sobre todo, a la civilización islámica. Otro rasgo ha sido la separación entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla, llamada ortodoxa.  Aparte de las disputas doctrinales, hay un rasgo de la mayor trascendencia que distingue a ambas corrientes cristianas: el centro religioso de los ortodoxos estaba en Constantinopla, en la misma sede imperial, por lo que la religión se convirtió en gran medida en una dependencia política del Imperio bizantino. En cambio en el Occidente europeo, Roma  quedó como una ciudad más, y harto arruinada, en medio de nuevos estados y luchas políticas, lo que le daría más independencia  de los poderes políticos y viceversa. De todas formas Roma permaneció, simbólicamente, como  faro de civilización y heredera espiritual del Imperio, aunque muchos le hayan achacado, precisamente la ruina del mismo.

   En resumidas cuentas: España fue el primer país que empezaron a latinizar los romanos, aunque ello les costaría largas y difíciles luchas. Sería también profundamente cristianizado, por lo que  su carácter europeo es más indudable incluso que el de la mayoría de los demás del continente. A los bárbaros, en su mayoría germánicos, que destruyeron el Imperio de Occidente, no se les puede considerar europeos hasta que a su vez se cristianizaron  y en parte se romanizaron, ya muy tardíamente, a lo largo de la que hemos llamado Edad de Supervivencia o Alta Edad Media.

   Pero aparte de esa tradición civilizatoria, algo más que distingue a España como país europeo, aunque la mayoría de  nuestros políticos y periodistas lo ignore, y es que, tras ser anegado el país por la invasión islámica, España se recompuso como lo que había sido, cristiana y europea. Y, por cierto, fue el primer país en expandir la cultura europea por medio mundo.  Evidentemente, la pretensión política de situar a España fuera de Europa hasta que algunos políticos de medio pelo  nos metieron en el Mercado Común,  es un disparate, aunque muy revelador. 

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