Romper el bloqueo mediático

Blog I.  Por España, la democracia y el trabajo: http://www.gaceta.es/pio-moa/espana-democracia-trabajo-06112014-1928

**Próximo domingo en Cita con la Historia, Radio Inter, hablaremos del mito de Al Ándalus, una de las claves de la hispanofobia actual.

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Aunque en democracia todos somos teóricamente iguales, en la práctica no es así, desde luego. Quienes disponen de mucho dinero son “más iguales” que los que tienen menos, también ante la ley, no en el sentido de que los jueces les favorezcan –en principio, aunque en la práctica tampoco se cumpla siempre— pero sí en el de que pueden buscarse abogados más expertos e influyentes, por ejemplo. Véase el caso de Polanco, y tantos otros.  La desigualdad se cumple también para los partidos. Cualquier ciudadano puede, si quiere, fundar un partido, pero sus posibilidades vienen limitadas drásticamente por su disponibilidad de recursos y de acceso a los medios de masas. Esto no es necesariamente malo, pues, como decía Talleyrand, la falta de dinero ha impedido muchos disparates políticos. Puede afirmarse que la mayoría de las iniciativas de este tipo son absurdas o de intencionalidad corrupta, pero seguramente  la escasez de medios ha abortado también alguna buena iniciativa.

   La democracia funciona como una competición de los partidos por  atraerse a la opinión pública, como una batalla de la propaganda, y es sabido que esa opinión la forjan los medios, sobre todo la televisión. De modo que un partido surgido “de la nada”  tendrá grandes dificultades para ganar una parcela electoral amplia, porque casi todo el espacio está ocupado por otros partidos  ya asentados. Esto es menos verdad cuando, como actualmente, el país vive una profunda multicrisis. Pero en tales circunstancias los demagogos tipo Podemos pueden hacer su agosto compitiendo con otros demagogos como los de la casta política.

   En definitiva, ¿cómo podría romper el bloqueo un partido razonable? Necesita, en primer lugar, elaborar un programa resumible en consignas propias y fáciles de retener. En segundo lugar,  recurrir a todos sus militantes, movilizándolos para  proyectar las consignas al máximo en la calle, por medio de carteles  o similares, y  buscando lugares con gran paso de público o aquellos otros que fuercen la atención de los medios. Grupos como  Greenpeace o Amnistía Internacional son maestros en ese tipo de acciones, que les han dado una relevancia internacional incomparablemente superior a su realidad física. También puede hostigarse a los grandes medios con protestas diversas,  tipo las que intentaron algunos separatistas catalanes contra Libertad Digital. Un partido razonable debe denunciar  de muchas maneras el boicot mediático que sufre, como es el caso de VOX, para poner en evidencia la falsa democracia o imparcialidad informativa de  los medios. Son acciones agitativas, más que propagandísticas, para darse a conocer y llamar la atención sobre el programa.

Asimismo conviene elaborar listas de periodistas, corresponsales extranjeros  y personas influyentes a diversos niveles y hacerles llegar la propaganda. La combinación de las agitación y la propaganda, si se hace con tino, no dejará de dar frutos.

   Otro aspecto que no debe desdeñarse son las redes sociales. Pero estas solo dan resultado cuando son muchas las personas que trabajan en ellas coordinadamente. En un partido siempre hay que distinguir  entre afiliados y militantes.  Los afiliados, en general, contribuyen con una cuota o poco más; los militantes pueden hacer un trabajo más sistemático.

   Un trabajo más a largo plazo y más persistente debe dirigirse a la universidad, pues en ella se encuentran la mayoría de los posibles militantes y los focos de influencia intelectual. La derecha política siempre ha despreciado la cultura, y al final se ha visto sin ideas, con una ideología que es solo una parodia de las de izquierda. Seguramente el PCE tuvo en la universidad su mejor cosecha, que si bien se la llevó en un tiempo el PSOE, sirvió para influir poderosamente en la opinión en sentido progre o comunistoide, que ahora reaparece inesperadamente con Podemos. Un partido que no se plantee un trabajo a largo plazo en esa dirección, se verá pronto vacío de contenido.

 

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No es la economía, estúpido

Blog I:  Los bellacos juzgan a quienes no lo son: http://www.gaceta.es/pio-moa/los-bellacos-juzgan-son-05112014-1216

Próximo domingo en Cita con la Historia, Radio Inter, hablaremos del mito de Al Ándalus, una de las claves de la hispanofobia actual.

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Si alguna posibilidad real tienen los separatistas de cumplir sus sueños, está en la inanidad política e intelectual de “Madrid”, es decir, de los dos grandes partidos que se suponen nacionales: uno, porque su desprecio a España hace el juego al separatismo; el otro porque renunció hace tiempo a la lucha de las ideas, hasta vaciarse de ellas.

Una manifestación de esa inanidad consiste en la habitual reducción del problema a la economía. Así, esgrimen el argumento “decisivo” de que la secesión de Cataluña supondría gravísimos daños económicos para esa región, al perder su principal mercado en el resto de España, y que a su vez “Madrid” podría impedirle el acceso a la UE. Los dos argumentos apenas rebasan el nivel de la tontería.

La secesión de Cataluña podría traer cierto coste económico inmediato para ella –y para el resto del país–, por el resentimiento que crearía y algún posible, aunque poco probable, boicot a los productos catalanes; pero la lógica del intercambio comercial limitaría pronto ese efecto. La gente no compra productos catalanes por amor a Cataluña, sino por interés práctico, y el desamor actual de los españoles por su propio país hace que la clase empresarial española lo sea solo geográficamente, pues culturalmente es más bien anglosajona. Cataluña no perdería de modo importante el mercado del resto de España, y en cambio entraría cada vez más en la esfera de influencia económica francesa, dirección que siguen conscientemente los separatistas.

No menos ridícula es la amenaza de impedirle entrar en la Unión Europea. Si España llegase al grado de agusanamiento que permitiese tal secesión, debería aceptar también la integración de Cataluña en la UE, un asunto insignificante comparado con la enormidad de la secesión. Y si, dentro de la nulidad política corriente, “Madrid” se enrabietase con cerrar el paso a una Cataluña separada, ya se encargarían las potencias realmente dominantes de la UE de hacerle entrar en razón “con mano de hierro en guante de seda”.

Y debe considerarse otro aspecto: en la estúpida casta político-intelectual española ha arraigado con fuerza indestructible la idea de que fuera de la UE no hay salvación. Pero Suiza o Noruega están feliz y prósperamente fuera, y Reino Unido mantiene dentro una posición muy especial, por poner dos casos. La propia experiencia de España, que nunca parece servir de nada a nuestros políticos, enseña que nuestro país creció mucho más rápidamente fuera de la CEE que dentro, y que la integración “en Europa” –como dicen demostrando nuevamente su sandez–, no nos ha librado de graves crisis económicas, como la actual.

Todo ello sin contar con que un país que consintiese tal secesión se hallaría sin fuerza política y moral para impedir el contagio de las tendencias disgregadoras a otras regiones. Porque el problema de Cataluña es político, cultural e histórico. Y en él entra la economía, por supuesto, pero solo de modo secundario y derivado. ¿Es tan difícil de entender?

En LD, 5-5-2011

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Por qué nos debe preocupar el big bang o Grex

Blog I: ¿Qué es la casta política?: http://www.gaceta.es/pio-moa/casta-politica-03112014-1307

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MAURICIO- ¡Voto a tal! ¿Qué rebuzno se te ha escapado del cerco de los dientes, poetastro Patricio? ¿Que en qué nos puede afectar el big bang, digo la Grex? Imagina por un momento que nos cae encima un meteorito gigante, como el que dicen que causó la extinción de los dinosaurios, y acaba con Porriño y el resto del mundo… ¡Hay millones de esos meteoritos o meteorazos rondando por ahí en espera de caer sobre nosotros! ¿Te imaginas? ¿No es para estar preocupado? ¿No es para interesarse en esas cosas que a los tontos les parecen tan remotas? No consigo entender cómo puedes dormir tranquilo…Por no hablar de esa actitud retardataria y oscurantista de esa despreocupación, el “que inventen otros”… Así andamos siempre…


FELICIO.- Vale, vale, pero dejemos beber en paz a Patricio, que al pobre, lo sacas de la poesía y no da una…. Pero te diré, Mauricio, que tu paradoja sobre el punto inicial de la Grex y el hecho de que recibamos su luz por todos los puntos del horizonte no vale nada. Tendría sentido si considerásemos un universo plano, por ejemplo, pero el cosmos hemos de concebirlo curvado, algo así como la superficie de una esfera, de modo que, aunque consigamos ver la luz de hace doce mil millones de años en todas las direcciones, en una circunferencia gigantesca, en realidad la vemos salir de un punto, como si cien aviones salieran en todas las direcciones de Nueva Zelanda y llegaran a Porriño simultáneamente: nos parecería que llegaban de todas direcciones, pero en realidad llegaban de un solo punto. Pues así con la luz. Esa imagen de la superficie de un globo permite imaginar también por qué las galaxias se apartan unas de otras, como pasa con los puntos de un globo al inflarse. En fin, sé que es una imagen tosca, pero es la que me han contado.

SIMPLICIO.- Pero ¿no es llamativo que se alejan con más rapidez las más lejanas? ¿No debieran estar acercándose a nosotros? Porque eso podría indicar que la velocidad de expansión del universo era mucho mayor al principio, cuando la Nacre se convirtió en la Grex, y se va debilitando conforme nos acercamos a nuestro tiempo. Pero en tal caso las galaxias debieran acercarse a nosotros, en vez de alejarse, cuando en lugar de alejarse de la Nacre, se alejan de nosotros, que estamos tan lejanos de aquella.

FABRICIO.- Con lo cual, si me permitís expresarme así, la creación de espacio también disminuye. Porque, imagina la primera fase de la Grex: allí, el espacio se expande de modo gigantesco, pero está todo él ocupado por partículas, una especie de sopa espesa de ellas. Con un poco de tiempo, se crea un espacio vacío dentro del cual las partículas, a mucha menos temperatura, se van agrupando… Sí, sí, dejemos lo de las partículas y antipartículas y por qué no se han aniquilado. La cuestión es el espacio vacío.

SALICIO.- ¿Como si muchas personas tirasen de una sábana en direcciones opuestas, hasta romperla en pedazos y dejar amplios espacios entre los jirones?

FELICIO.- Con la diferencia de que entre los pedazos de la sábana no hay ninguna tendencia unitaria, bueno, en principio. Ninguna tendencia a rehacer la unidad primigenia de la sábana. Mientras que entre las galaxias y acumulaciones de masa, subsiste como un intento de volver al principio, una voluntad, como si dijéramos, de rehacer la unidad entre las galaxias y demás, la gravedad, vamos, como si la masa recordase su ideal estado de absoluto reposo en la Nacre y tratase de volver a ella. Eso es la gravedad.

MAURICIO.- Pero ¿qué dices, Felicio? Pareces creer en el espacio vacío y en la acción a distancia. El espacio no está vacío, está lleno de campos de fuerza, el gravitatorio, sin ir más lejos.

PATRICIO.- Pasmado me dejáis. Ninguno de vosotros es físico, pero juro que habláis con una propiedad desusada entre los científicos. Casi estoy por componeros un poema.

FELICIO.- ¿Es imprescindible que lo hagas, Patricio? Te juro que con tu promesa de hacerlo me es suficiente, sin necesidad de que la cumplas.

PATRICIO.- –Entonces, Felicio, ¿hemos de pensar que la gravedad es como la fuerza del amor, la nostalgia y la atracción por la feliz Nacre, cuando todo estaba en dulce reposo, el intento de volver a aquel paraíso en lucha inclemente con las discordantes y violentas fuerzas expansivas de la Grex?

FELICIO.- Tómalo así, si quieres. Total, ¿quién te lo impide?

MAURICIO.- Pues yo creo que sigue en pie la objeción de Simplicio: ¿cómo van a alejarse más rápidamente de nosotros las galaxias más remotas, es decir, más próximas a la Grex? Admito que se alejen con mayor rapidez de la propia Grex, pero al alejarse de ella se estarían acercando más a nosotros, tal como los aviones que despegan de Nueva Zelanda se acercarían a Porriño aunque vinieran por distintos lugares del horizonte…

FABRICIO.- No tiene por qué ser así,  simpático zoquete, si Porriño, en lugar de estarse quieto, fuera alejándose de Nueva Zelanda, ampliándose el espacio entre los dos pueblos hermanos, como si dijéramos.  Entonces los aviones tardarían mucho más en llegar de lo que habrían tardado si la distancia hubiera permanecido igual. Y si la velocidad de alejamiento es igual o superior a la de los aviones, entonces los aviones nunca podrían llegar aquí, por mucho que se lo propusieran, y no conocerían jamás las bellezas y alegrías de Porriño.

FELICIO.- Bien, no vale el ejemplo de los aviones, pero eso no cambia nada. Si la velocidad expansiva del cosmos fuese disminuyendo,  veríamos a las galaxias cercanas separarse más despacio, y con el tiempo podrían acercarse en lugar de alejarse; y si la expansión tomase una velocidad creciente, las galaxias o cúmulos de ellas más próximos se separarían con mayor rapidez unos de otros. Pero en los dos casos, las galaxias más remotas tendrían que parecernos que se nos acercan, porque, además, ¿hacia dónde se alejarían, si el espacio era  mucho menor entonces?

SALICIO.-  Yo diría que si la velocidad de expansión va reduciéndose, significa que triunfa  la fuerza de la atracción gravitatoria, la cual, como bien dice Patricio, ¿qué es sino la fuerza del amor en su estado primigenio? Y si, por desgracia,  fuera cierto que la expansión se acelera, nos hallaríamos entonces ante el triunfo de las fuerzas del caos, del mal,  porque unas masas cada vez más aisladas e insignificantes en medio de un vacío cada vez más gigantesco y aterrador  resultaría… ummm… harto desagradable, por no decir más. Sería, si se me permite la expresión, el triunfo de la religión germánica sobre la cristiana, el Ragnarok, ya sabéis…Aunque a mí todo esto me parece un galimatías, con perdón.

FABRICIO.- Se me ocurre otra pega. Si el cosmos empezó hace, digamos, doce mil, o trece mil o catorce mil años, o los que sean, entonces su tamaño total sería de esos años multiplicados por la velocidad de la luz, porque tengo entendido que no es posible una velocidad mayor en el universo…

SIMPLICIO.- Bueno, eso suponiendo que la velocidad de expansión fuera la de la luz uniformemente desde el principio. Si la expansión va más lenta que la luz, el universo tiene que ser más pequeño, incluso mucho más pequeño.

FABRICIO.- Pero no es eso lo que dicen los astrónomos, según me han contado. Dicen que el cosmos tendría un diámetro, incluso un radio, mucho mayor que esos doce mil millones de años luz.  Además, quedamos en que no se expande a velocidad uniforme desde la Grex, porque si no, no veríamos a unas galaxias alejarse  con más rapidez que otras.

MAURICIO.- Sin olvidar, admirable tartaja, que si el universo se  expandiera a la velocidad de la luz, no veríamos más allá de nuestra galaxia,  porque la  luz de las demás nunca nos llegaría, tal como no nos llegarían los aviones de Nueva Zelanda si Porriño se alejara de ella a la misma velocidad que los aviones.

APARICIO.- ¿Sabéis lo que os digo? Que todas esas historias que nos cuentan los físicos son puras  patrañas para vivir del cuento. Porque dicen que a la velocidad de la luz la masa se vuelve inmensa, y cuando enciendo una bombilla yo no siento que esa masa me aplaste. Tampoco me aplastan los raudales de luz que el sol nos envía. Además, suponed un foco de luz que suelta dos rayos simultáneos en dirección opuesta: ¿se alejan uno del otro a 300.000 kilómetros por segundo, o a 600.000? En el primer caso, cada rayo iría, en relación con el otro, a 150.000 kilómetros, y no a 300.000… Y hay quien dice que el espacio puede ampliarse a mayor velocidad que la luz, pero si fuera así, nunca nos llegaría la luz de otros objetos… Item más, si el tiempo se acorta hasta pararse a esa velocidad, un tío que fuera tan rápido recorrería el universo entero sin enterarse de que ha pasado ningún tiempo. Quiero decir con ello que estaría permanentemente en la Grex, pues  entre la Grex y lo que vino después no habría ninguna diferencia para él, porque no habría  ningún después… Y aún diré otra cosa: ¿no dicen que la luz se mueve por impulsos, o cuantos, o como les llamen? Entonces, entre impulso e impulso habría un momento de oscuridad, pero nosotros solo percibimos la luz de manera continua. Dirán que los impulsos son tan rápidos que los percibimos como cosa continua, pero supongo que los instantes de oscuridad son igual de rápidos y no percibimos una oscuridad permanente… ¿Quién puede creerse todos esos rollos macabeos? ¡Y todo lo hacen por ganarse unos duros! Qué falta de escrúpulos.

PATRICIO.- A mi entender, Aparicio ha dado en el clavo, amigos. Propongo que no perdamos el tiempo y la vida en esas historias abstrusas e ininteligibles que a nada conducen, y nos dediquemos a la poesía, al amor, al vino,  antes de que la  doliente vejez  nos amargue la existencia…

MAURICIO.- Ya vuelve a rebuznar Patricio…

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En torno a la muerte / El asesinato del padre

Blog I. Un fraude generador de fraudes:http://www.gaceta.es/pio-moa/fraude-generador-fraudes-01112014-1857 

**Domingo, 2 de noviembre, hablaremos en “Cita con la Historia” de la creación y primera historia de Falange. Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde.

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Por estas fechas viene al caso plantearse la muerte. Se trata de un contrasentido: de la muerte solo podría hablar con conocimiento de causa un muerto, algo imposible, por lo que también resulta un contrasentido lo contrario: un vivo hablando de lo que escapa totalmente a su experiencia, incluso a su conocimiento indirecto, pues ver un cadáver no basta. A pesar de ello, los  (todavía) vivos hablamos mucho de la muerte, por varias razones, de las cuales la más evidente es que tenemos consciencia –al revés, supongo, que los animales—de que nuestros esfuerzos, méritos, desdichas, penas, alegrías o delitos, nos conducen a todos al mismo final. Un tópico, claro, pero que  encierra un profundo misterio. La vida es fatigosa, nos impone un trabajo continuo para mantenernos, y nos impone unas conductas morales que a menudo chocan con nuestras inclinaciones “naturales”, y todo para finalmente quedar en nada. Sobre todo la conducta moral, por la que nos regimos inevitablemente cumpliendo sus supuestas exigencias o vulnerándolas, termina en nada.  Aunque, si se quiere, no todo se acaba: nuestros cuerpos, salidos de la naturaleza, vuelven a ella, a ser devorados por ella en forma de gusanos o de fuego; y ella, la naturaleza, eso que llamamos naturaleza sin saber tampoco muy bien de qué se trata,  no parece prestar la menor atención a las exigencias morales, o cualesquiera otras, que nos parecen dar valor a nuestra pasajera existencia. ¿La naturaleza nos crea y al mismo tiempo priva de sentido a nuestra biografía? Es lo desconcertante de la vida, creada por las mismas fuerzas que la condenan a la muerte, sin que a su objeto, en este caso la  consciencia, le sea permitido saber por qué. Porque nuestra psique se plantea inevitablemente esas preguntas, de modo racional, pero le es imposible encontrar una respuesta igualmente racional.

   Obviamente, nuestra psique se da respuestas. La destrucción total, la nada, es inadmisible: todo se mueve, se transforma pero no se destruye, tiene  que haber  algo después de la muerte. Pero lo que hay, según lo percibimos, es muy inferior a lo que había. El cuerpo humano, un prodigio de organización  que por sí mismo resulta un misterio, se degrada no menos misteriosamente para ser pasto de bichejos. Ciertamente la materia que formó el cuerpo no desaparece, cambia, pero es como  cambiar un diamante por una pella de  barro. ¿Qué fuerza hay detrás de todo eso? ¿Qué sentido tiene, en definitiva, la vida? La razón exige una respuesta, pero esta, si la hay,  rebasa a la razón. La naturaleza, que nos ha creado con todas nuestras inquietudes, no se digna  informarnos. Y esta deprimente realidad, ¿se debe a que tenemos algo que nos diferencia de la muda naturaleza?  Pero, ¿cómo podemos ser distintos de ella si  somos un producto de ella? Nuestras ideas del bien y del mal, que nos parecen dar a nuestra vida valor y dignidad, o quitárselos,  ¿son en realidad un capricho absurdo? Claro que en la naturaleza no puede haber nada absurdo…  Nuestra psique, buscando consuelo, se refugia en ideas religiosas. Pero estas son  demasiado variadas y todas expuestas al ácido corrosivo de la razón.  

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Repasando las preguntas de Don Jerónimo, creo que no respondí adecuadamente a la de si la muerte violenta  de los dos padres del protagonista  en Sonaron gritos y golpes a la puerta tiene algún significado o intención literaria.

En realidad, las preguntas me obligan a buscar explicaciones en las que no había pensado al escribir el relato dándole una lógica más o menos conseguida. La muerte, el asesinato simbólico  del padre es un mito – a mi juicio disparatado– inventado por Freud, que ha disfrutado de gran fortuna en el arte y la interpretación psicológica.  Buscándole una intención en Sonaron…, observamos que Alberto solo presencia el asesinato de su padre “social”, pero sí mata a su padre biológico, aunque prefiera no participar directamente en la matanza. Pero no le ocasiona la muerte en represalia por haberle “castrado” imponiéndole su autoridad,  las normas sociales o el acceso sexual a su madre, ya que nunca vivió con él, y ambos se desconocían mutuamente. Después de todo, Alberto solo descubre a última hora que su próxima víctima es su padre, y ni yo, ni me parece que él, cree en eso  de la “llamada de la sangre”.  ¿Por qué no llega hasta el final y participa en el homicidio? ¿Por falta de valor? ¿Por sentimentalismo? Está claro que se siente sobrecogido por un tabú profundo: matar al propio padre resulta un crimen especialmente  horrible, aunque los demás maquis víctimas de la intriga de Alberto  puedan ser a su vez padres de otros hijos y desde luego  hijos de otros padres. ¿Sería más heroico o simplemente más criminal participar en aquella muerte, que de todos modos él ha preparado sin saber de quién se trataba? ¿O define esa muerte la situación general, la peripecia vital del protagonista? La respuesta no es fácil.

En un plano más profundo, matar al padre es matar al generador de la propia vida y en cierto sentido equivale a matarse a sí mismo, quitarse la razón de existir. Es lo que siente Alberto como una violenta revelación, de modo  confuso, pero intenso; y es lo que le empuja a cambiar definitivamente de vida y a olvidar sus peripecias de juventud, cuyo posible  valor solo logra intuir en la vejez. ¿Han valido la pena aquellas luchas y tragedias?  En todo caso, queda el relato, expuesto a muchos juicios, acaso fútiles todos ellos.

¿Tiene el episodio algo que ver con algún sentido especial de la guerra civil? Seguramente. Se la ha calificado de guerra fratricida, en la que estaban mezclados, por tanto, padres e hijos. Por ahí podría buscarse más simbolismo, pero por ahora lo dejo.

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Problemas de la Gran Explosión o Big Bang

Blog I: El caso Podemos:http://www.gaceta.es/pio-moa/caso-30102014-2028

** Viernes a las 12,15 en el programa de Esparza, hablaré de la represión de posguerra

**Próximo domingo en “Cita con la Historia2: la cuestión del tan mitificado Al Ándalus

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 (Anterior: 9 de octubre)
PATRICIO.- Luego, ¿no tiene sentido nada de lo que estamos diciendo aquí?

FABRICIO.- Por supuesto que no tiene sentido, Patricio. Producimos pensamientos porque, por la dinámica ciega de los átomos, estamos hechos para producirlos, nada más, tal como un gato suelta mucho pelo o marca el territorio con orina. Cuando pensamos y discutimos no estamos haciendo más que expresar lo que los átomos han puesto en nosotros, cada cual a su manera, porque los átomos, al tiempo que han decidido que tengamos el aspecto y densidad que tenemos, también han resuelto hacernos un poco diferentes, de ahí que haya tantos pensamientos distintos y contradictorios, pero eso no ocurre para nada en particular, con un sentido cualquiera, simplemente es así.

SIMPLICIO .- Entonces, ¿será imposible que nos entendamos?

FABRICIO.- Hasta cierto punto, porque en la disposición de nuestros átomos en el cerebro incluye algunas posibilidades de variación de las opiniones, pongamos por caso, pero de modo limitado, por lo que muestra la experiencia. Tú mismo puedes ver que en la sociedad hay las opiniones más dispares sobre cualquier asunto, y persisten, por muchos argumentos y datos que ofrezcan unos y otros.

MAURICIO.- Sea como fuere, yo diría que el factor clave en cuanto a la decisión de los átomos de conformarnos, si se la puede llamar decisión, vamos, es un modo de hablar, es simplemente la temperatura. Y ello se demuestra con un sencillo experimento mental: elevamos en cien grados la temperatura ambiente en Porriño y ¿qué tenemos? Todo lleno de cadáveres que pronto entrarán en descomposición, y las plantas agostadas o posiblemente presas del fuego: los átomos empiezan a dispersarse en lugar de mantener nuestra constitución. Sigues elevando la temperatura hasta tres mil grados, por ejemplo, y no solo la vida se desintegra totalmente y sus átomos se funden con el resto, sino que la mayor parte de los constituyentes materiales se funden y se mezclan, pierden su figura y su constitución sólida, figúrate el suelo y las montañas fundiéndose y mezclándose en una densa sopa… Yendo más allá, alcanzaremos un punto en que los átomos de los distintos elementos inicien el camino inverso al que los creó en las estrellas, vamos, digo yo, y aun con mayor temperatura, acercándonos a la de la Gran Explosión, los átomos serían incapaces de retener sus componentes, dispersándose en protones, electrones, neutrones y lo que sea…

APARICIO.- ¡Coño! ¿De dónde has sacado esas cosas, Mauricio?

MAURICIO .- Me las contaba el que hacía de bibliotecario en el talego.

PATRICIO.- ¿Aquel borrachuzo?

MAURICIO.- Sí, nos hicimos amigos. Era un tipo listo. Nadie consiguió saber de dónde sacaba el aguardiente…

FELICIO.- De lo que nos cuentas se deduce que nuestros átomos solo nos producen y producen los cuerpos diferenciados en un pequeño abanico de temperatura. Para las rocas y los metales, bastan unos miles de grados, cuando en el cosmos se pueden alcanzar millones. Y para la vida humana, apenas un centenar. Así que, según sea la temperatura, los átomos se comportan de un modo u otro, como sugería Fabricio. Todo depende de la temperatura, parece ser.

SALICIO.- Pero esas temperaturas no se alcanzan así como así…

FABRICIO.- ¿Seréis asnos? ¡La temperatura!¡Elevamos en cien grados…! El de la biblioteca no tenía ni idea. ¿Y de dónde viene ese aumento de temperatura, pobres charlatanes? La cuestión no es la temperatura, sino la gravedad. Cuanto más masa, más gravedad, lo que produce más temperatura, hasta que los átomos se descomponen, y juntada toda la masa del universo, toda la masa y la energía colapsan tan absolutamente sobre sí mismas que se reducen a la nada. ¿Qué, os gusta eso?

FELICIO.-  A mí me da escalofríos. Pero dime, sabihondo, ¿todo lo que existe estaba contenido en aquel punto, en aquella nada que dices, cual el roble en la bellota?

APARICIO.- Pues así debe de ser, porque si no, tendríamos que admitir que lo que existe, el mundo que vemos, Porriño mismo, se ha formado por su cuenta y se crea a cada paso… Pero tiene que proceder de algo, así que todo estaba contenido en el punto de nada ese, antes de que estallase en el Pim Pam o como le llamen. Asombroso que, sin tener casi ni idea de estas cosas, lleguemos a tales conclusiones. Se ve que somos inteligentes de carallo. Eso reconforta.


FELICIO.- No es el Pim Pam, ignaro camarada Aparicio, es el Big Bang o Gran Explosión. Si me lo permitís, sugiero un nuevo nombre, breve y expresivo, un poco técnico y un poco misterioso como, por ejemplo la Grex: Gran Explosión o Gran Expansión. ¿Qué os parece?

MAURICIO.- Magnífico, ¡oh Felicio!, como toda innovación procedente de tu excelso cráneo. Ahora debemos buscar una palabra para el momento inmediatamente anterior a la Grex, al comienzo de todo.

FELICIO.- No existe un momento anterior a la Grex, excelente Patricio. El tiempo y el espacio empiezan justamente con ella, no hay nada antes.

MAURICIO- No digo anterior en un sentido temporal, buen hombre, sino en un sentido lógico. La Grex exige lógicamente una situación anterior. Propongo llamarle la Graná, es decir, la Gran Nada.

APARICIO.- Los granadinos podrían cabrearse.

FABRICIO.- ¿Y qué os parece el Porig? El Punto Original.

APARICIO.- Mejor el Pori, Punto de Origen.

PATRICIO.- Hoy estamos muy creativos. ¿Y qué tal la Nacre? La Nada Creadora.

FABRICIO.- Venga, a votar… Por mayoría de cuatro a tres, la Nacre.

SALICIO.- Esto me recuerda a las mitologías, muchachos. Según la Biblia, al principio no había nada, el Logos o voluntad de Dios fue creando todo lo que hay. Según la mitología griega era el Caos. Según la nórtica era una especie de nada helada, aunque limitada por el reino de los muertos y no sé qué más, aunque eso es una contradicción…. Más no sé.

MAURICIO- Con eso basta y sobra. Todas quieren decir que lo que había antes del mundo es ininteligible para nosotros, puesto que todo lo que percibimos y sobre lo que podemos pensar es lo ya existente. Yo aceptaría la Nacre, porque es ininteligible, vamos una estupidez, una contradicción: la Nada Creadora. La nada no puede crear nada. Pero ¿y si le damos el sentido de “Nada Creacional”, es decir, algo que es nada, pero sobre lo que puede operar otra fuerza o poder para provocar la Grex y luego el mundo del siglo XXI?

FABRICIO.- Permitidme unas objeciones. Llegamos a la Nacre a partir de la gravedad, que tiende a concentrar toda la masa del cosmos, la cual se disuelve en sí misma, por así decir. Eso es muy satisfactorio, pues ya veis que reduce a un principio único y simple el origen del cosmos: la gravedad será una fuerza muy débil comparada con las otras tres, pero a escala cósmica resulta tan increíblemente fuerte que llega a destruir a las demás fuerzas, desintegrando los átomos y las otras partículas hasta reducirlas a un punto sin espacio ni tiempo. Sin embargo, ¿por qué de pronto la gravedad deja de mantener estable la Nacre para dar lugar a la Gran Explosión, digo a la Grex? Eso exige pensar en una fuerza contraria a la gravedad, una fuerza expansiva, aunque tengo entendido que la física no la contempla. Por decirlo de otro modo: no basta aquel principio tan único y tan satisfactorio, la gravedad. La Grex exige otro principio para producirse.

SIMPLICIO.- Mira, ahí te doy la razón.

MAURICIO.- Además fijaos en esto, camaradas: se descubrió que el universo infinito y eterno era imposible, precisamente por la gravedad. No es como un reloj que quizá precise un relojero, pero que está ahí, majestuoso y ordenado, con los astros repitiendo sin fin sus evoluciones, inexorables y armoniosas. Al contrario, no solo hay choques y catástrofes cósmicas, sino que las galaxias se van alejando unas de otras y de nosotros mismos, como si la Grex siguiera en plena función. Y las más lejanas se alejan a mayor velocidad. ¿No es esto curioso?

SALICIO.- ¿Qué de curioso le encuentras? A mí me parece de lo más natural.

MAURICIO.- Vamos a ver: la luz tarda más en llegar a nosotros conforme viene de focos más lejanos. La Grex dicen que pudo ocurrir hace unos doce mil millones de años. Pues bien, conforme atisbamos más lejos, conforme nos llega la luz más lejana, más se acerca nuestra percepción al origen de la Grex, de modo que si llegamos a captar la luz de hace doce mil millones de años estaremos viendo el comienzo de la Grex misma, como quien dice. Pero en lugar de verla en un punto, la percibiríamos como una inmensa circunferencia, la circunferencia máxima del universo.

PATRICIO.- Todo esto me marea un poco y me da sed, ¡arriba la bota! Además, ¿qué coño nos importa? ¿En qué puede afectarnos?

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