Blog I: “Recuperar España” . Posibilidades http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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¿Una vida sin finalidad?
La noción de sentido está ligada a la de finalidad, y es esencial en la vida humana. Todo lo que hacemos conscientemente, lo hacemos para algo, y puede definirse la perturbación mental como pérdida de sentido de finalidad o inadecuación entre la conducta y los fines.
Por otra parte, cuando el resultado de nuestros actos satisface la finalidad perseguida, tenemos una sensación de placer, o de éxito, de satisfacción en cualquier sentido, o de felicidad. Pero nuestra vida está llena de éxitos que conducen al fracaso, de placeres que anteceden el dolor, etc. Y también ocurre al revés. Asimismo, muchos éxitos no dependen tanto de nuestro esfuerzo como de azares imprevisibles. Teniendo en cuenta estos condicionantes, sorprende la extraordinaria potencia del sentimiento del yo, que tiende a considerarse imprescindible y situarse por encima de todo.
La vida corriente se presenta así como una selva o laberinto donde hemos de desenvolvernos con la vista puesta en las consecuencias y en el medio o largo plazo, más que en los placeres o éxitos momentáneos. Creo que ahí se encuentra la base de la moral: una línea de conducta no ya para los sucesos de cada momento, sino para la vida en su conjunto, suponiendo que en determinadas circunstancias, muchas renuncias momentáneas traerán recompensas mayores o una mayor felicidad. El equilibrio entre renuncias y aprovechamientos de la ocasión es sin embargo difícil.
Por analogía con las finalidades que dan sentido a nuestras acciones cotidianas, tendemos a pensar que nuestra vida, en su conjunto, debe tener asimismo una finalidad, esto es, un sentido (Creo recordar que uno de los “panteras negras”, Eldridge Cleaver o George Jackson, escribió sobre su sorpresa al constatar que nadie sabía para qué estábamos aquí, habiendo dado antes por hecho que algunas personas más enteradas sí lo sabían). Y la moral debe de expresar ese sentido de alguna manera. Pero aquí encontramos una dificultad: así como cada cual entiende y decide la finalidad de sus actos conscientes (tenga éxito en ellos o no), ¿quién podría decidir la finalidad del total de nuestras vidas? ¿Quién o qué les daría ese sentido que nuestra psique exige? No podemos ser nosotros mismos los jueces, ni cada uno ni todos juntos. A menudo oímos a políticos o intelectuales afirmar que debemos “hacernos dueños de nuestras vidas” de “nuestro destino”, de “nuestro porvenir”, etc. Es difícil concebir majadería mayor. Y sin embargo expresa un profundo anhelo humano, y por eso tiene tanto efecto en la gente poco reflexiva, a la que suele llevar a desastres mayores o menores. Ni nuestra venida al mundo, ni la época y el lugar o la familia en que hemos nacido, dependen de nuestra elección o voluntad; ni dependen de nosotros una multitud de sucesos, relaciones con otras personas, casualidades etc., que sin embargo tienen un peso decisivo en nuestras trayectorias vitales, y ante los cuales nuestra decisión suele contener muchos errores; ni morimos, salvo excepciones, porque queramos, más bien al contrario. Por tanto es evidente que lo principal, el fondo de nuestras vidas escapa a nuestra elección.
Así, nuestra vida está claramente determinada por fuerzas que nos superan por completo, si bien dentro de esa situación permanece un ámbito al cual llamamos libertad, donde la moral debe imponer cierto orden. Pero, dado lo limitado de nuestra capacidad para prever las consecuencias algo lejanas de nuestros actos, y nuestro desconocimiento de las fuerzas misteriosas que nos han depositado en el mundo, la moral se nos presenta igualmente como un mandato superior: no podemos hacerla cada cual a su gusto, porque ello haría imposible la vida en sociedad, y por tanto también la vida individual. Tampoco puede ser una convención entre la gente basada en ideas más o menos generales: esto sería más propiamente la ley. Las leyes son convenciones que nunca se cumplen del todo, pueden ser contradictorias, cambian con el tiempo, a veces de modo radical, y no infrecuentemente son consideradas injustas. Ello establece una relación sutil entre ley y moral, reflejada magistralmente en la tragedia Antígona, cuando esta dice a Creonte que para ella las leyes eternas de los dioses están muy por encima de las leyes que él pueda dictar, con mayor o menor legitimidad.
Es fácil ver que la pretensión de “ser los dueños de nuestro destino”, de “nuestra vida” solo pueden conducir a la arbitrariedad y finalmente a la desesperación, como en la frase de Macbeth. Aunque hoy se quiera, en nuestras sociedades, sustituir el ruido y la furia por una historia de pesada diversión banal, también contada por un idiota y sin significado, sin sentido. El ideal de Imagine, de Lennon. A esas fuerzas que gobiernan el ser y el destino de los humanos se las ha distinguido como “los dioses” o, de forma más concentrada, como Dios.
Y más aún, el mundo entero debe tener asimismo una finalidad, relacionada con la de la vida humana, pues no puede concebirse a esta como algo radicalmente distinto del mundo. El mundo en que nacemos, nos movemos y morimos.
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Salida a la crisis económica
Tengo la impresión de que la salida de la crisis, a corto plazo, pasa por una importante quita en la deuda, tanto pública como sobre todo privada. Hay una razón económica: esa deuda no puede pagarse, y menos si el país se va empobreciendo con medidas como las que vienen tomándose. Y hay una razón política-moral: si nos hemos endeudado a lo loco, otros han prestado también a lo loco, incitándonos a un derroche que parecía generar riqueza para todos. Así que todos hemos pecado y todos debemos pagar.
Pero a medio y largo plazo, lo esencial es el saneamiento de la economía, entendiendo por tal la corrección de los factores que la han distorsionado, creando las célebres burbujas. Y creo que el saneamiento pasa por salir del euro antes de que nos echen o que esa moneda se hunda, como parece muy posible. La salida del euro corregiría un grave error (¡la entrada nos garantizaba una prosperidad sin fin!) y nos devolvería la soberanía, sin la cual difícilmente acometeríamos un saneamiento independiente. Traería sacrificios, pero ya los estamos sufriendo sin otra perspectiva que la de perder más y más soberanía en beneficio de las potencias que realmente deciden y por su peso pueden decidir en la UE. Creo que la UE misma es un error, incompatible con la realidad histórica y cultural europea: nunca debió pasarse de la CEE.
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Dos propuestas sobre la crisis:
http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.HTML
