Blog I: Carta abierta a Artur Mas http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/carta-abierta-mas-20130215
Esta carta no persigue convencer a Mas, sino dar a los antiseparatistas un argumentario las sólido y menos burdo que muchos en curso. Por eso sería bueno que los lectores la difundiesen en la medida de sus fuerzas.
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El ser humano, confrontado con un mundo admirable que puede volverse terrorífico, que en cierto modo le abruma de entrada por su inmensidad las fuerzas inconmensurables y los engimáticos mecanismos que lo mantienen y hacen funcionar; confrontado también con su propio destino y avatares impredecibles dentro del mundo, siente una profunda angustia. Y la angustia exige racionalización (espiritualización en otra terminología) para no volverse psíquicamente paralizante.
La primera racionalización no elaborada pero implícita, el animismo, consistiría en atribuir al mundo y sus objetos los mismos deseos (espíritus) buenos y malos que el hombre siente en su interior. Aunque nos parezca una proyección arbitraria, hay en ello una racionalidad profunda: puesto que el hombre vive en el mundo como parte de él, no puede haber entre ambos una diferencia esencial, sino que de algún modo el hombre, con sus “espíritus” refleja un mundo también poblado de espíritus. Esos espíritus se muestran en la variabilidad y cambios de humor (tormentas, terremotos, inundaciones, sequías, epidemias, conducta de los animales, etc.). El hombre se siente rodeado de espíritu buenos y malos, como los que le causan enfermedades (no es absurdo atribuir estas a espíritus invisibles, pues los microbios solo han podido descubrirse muy recientemente). Del modo más elemental, el hombre distingue entre sus buenos y malos espíritus, entre sus buenos y malos deseos. No se trata solo de la satisfacción o dolor inmediato que produzcan, sino de una satisfacción o dolor más general y a largo plazo, incluso general y vital, pues el ser humano tiene una capacidad de previsión limitada, y la experiencia le prueba que el cumplimiento de sus deseos puede traer consecuencias pésimas, incluso trágicas: lo que podríamos llamar el tormento moral.
Como reacción a esa angustia existencial, la psique produce explicaciones en forma de relatos o mitos. En las personas corrientes, la dura actividad elemental obligada por la búsqueda del cotidiano alimento y manutención del individuo y del grupo, disipa en buena parte la angustia. Pero ella siempre está presente de modo por así decir subterráneo, y puede salir a la superficie con gran intensidad con motivo de la muerte de un ser querido, una desgracia particular o general, o una enfermedad grave; o con la contemplación del firmamento nocturno, etc. Los relatos míticos son obra de personas especiales, con un sentimiento del mundo más sostenido e intenso. Ello origina una división peculiar del trabajo, por el que algunos individuos (el chamán, el hechicero, el brujo…) reciben un especial respeto como organizadores de la religiosidad difusa de los demás. Ellos inventan los relatos, invocan a los espíritus benignos o malignos, curan a los enfermos o heridos, etc. Aunque sus explicaciones nos parezcan sumamente groseras y supersticiosas, creo que en ellos se encuentra el origen de la ciencia, por cuanto observan el cielo y la tierra en busca de señales, buscan las plantas curativas, etc. También de ellos proceden ideas terroríficas, como la necesidad de aplacar a los espíritus mediante sacrificios humanos, una racionalización del terror que el mundo, su poder inmenso por encima del humano, causa a la psique. O salen de ellos costumbres insanas o brutales, efectos nuevamente de la angustia provocada por la inseguridad del destino humano.
Sobre la etapa civilizada, ya he expuesto mi impresión de que es en los templos donde nacen la ciencia, probablemente la música, la escritura, la medicina y muchas otras cosas. Los sacerdotes, sucesores de los chamanes, eran quienes tenían tiempo y dedicación para la observación del mundo. Podemos observar en la historia relativamente reciente un fenómeno parecido cuando la civilización retrocedió dramáticamente en Europa occidental a la caída de Roma: fueron los monasterios y la organización eclesial la que salvó parte de la vieja cultura y generó otra nueva.
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Como no todo el mundo lee los comentarios, repito uno, relacionado con la interesante discusión mantenida por Manuelp, Zgzna, Iseo, Hegemon, Menorqui, Malpharus, Daedalos, Vendeano, Lead, Ro y otros partiendo de un posible precedente de la racionalidad nazi:
Sócrates intenta rebatir a Calicles con este argumento: “Si la multitud piensa que la justicia reside en la igualdad, y que es peor cometer injustica que padecerla, puesto que la multitud es más fuerte que el individuo aislado, por fuerte que este sea, entonces la ley no contradice a la naturaleza, sino que ambas van de acuerdo”. Después, Sócrates hace un ejercicio de depurada sofística para sustentar esa opinión. La argumentación de Calicles es confusa, por lo que Sócrates puede mostrar su contradicción con relativa facilidad. Pero para defender, a su vez, su punto de vista, Sócrates debe recurrir a un largo razonamiento no muy concluyente, que culmina con el abandono de la razón y el recurso al mito: la justicia en el más allá, el premio a las almas buenas y el castigo a las malas, idea que solo puede sostener afirmando su completa fe en ella.
En la discusión hay dos problemas subyacentes: la relación entre superioridad e inferioridad y entre fuerza y justicia. Puesto que podemos distinguir, entre los humanos, entre superiores e inferiores por razón de sus méritos, de sus capacidades o de su mero impulso vital, por así decir, los superiores tendrían que imponerse sobre los inferiores, y en eso, precisamente, radicaría la justicia natural. ¿Qué papel tendría la fuerza en esa imposición? Sería necesaria pues, por ejemplo, los inferiores, por el hecho de serlo, no sabrían apreciar la superioridad y someterse de buen grado a ella. En el triunfo de la fuerza (aunque quizá no siempre), se manifestaría también la superioridad del superior. Creo que en esto radica el fondo racional del nazismo, según hablábamos, reforzado con una interpretación de fondo científico o ciencista de la evolución según Darwin: los menos aptos deben ceder el espacio y la existencia a los más aptos. Me parece que encontramos aquí un problema de la razón misma.
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Un blog interesante: http://sebastianurbina.blogspot.com.es/
