Ni unidad ni solidaridad / El Quijote y El Coyote

 ¿Por qué  hay mucha más plaga en Madrid  que en las demás regiones? Es difícil decirlo, pero lo más probable es que se deba a las concentraciones, reuniones y la gran manifestación del Día de la Tiorra, en que han convertido el día de la mujer,  al cachondeo musical de los feministas con el coronavirus y al cachondeo oficial, todo lo cual hizo perder quince días que los expertos consideran de la mayor importancia. Para la pandilla gubernamental,  la demagogia tiorreña iba por delante de todo, a pesar de las advertencias. Posiblemente influyera también el mitin de VOX, aunque no llegó a las 9.000 personas. En la manifestación de las tiorras dicen que fueron 120.000, bien arremolinadas, con mucho abrazo y mucho griterío y las salivillas correspondientes.

   Desde entonces, la gestión del gobierno apenas ha mejorado. Se ha inventado unos 200.000 millones de euros (sobre un billón del PIB lastrado por otro billón de deuda) y ha hecho pasar por medidas especiales las que por ley tiene obligación de cumplir al margen del coronavirus, y su control sanitario está provocando retrasos en la provisión de medios a los hospitales de ciertas comunidades, que estos estafadores intentan justificar que lo hacen “para evitar subidas de precios y abusos”.

   Al mismo tiempo el Doctor invoca la unidad y la solidaridad, palabras que en boca de socialistas no significan nada. Recuérdense sus campañas contra el gobierno del PP cuando el ébola, que no mató a nadie, o la del Prestige, en la que el gobierno hacía lo más o menos correcto. Y ahora es lo mismo. Como no veo la televisión y me retuerce el estómago escuchar cómo el Doctor y su pandilla  disfrazan sus fechorías con verborrea biensonante, un amigo más paciente me ha comentado unas palabras del estafador en su declaración sobre la plaga, advirtiendo que cuando esta concluya, habrá un “estudio” sobre el comportamiento de la sanidad durante el período. ¿Qué significa esto? Un reportaje de la TVE1 en el hospital de la Paz (construido por el franquismo), hacía hablar, no al director, sino a un enfermero podemita que señalaba la falta de medios e insinuaba su causa en los recortes presupuestarios del PP. Creía mi amigo que esto prepara un segundo Prestige en su momento. Le indiqué que la campaña “explicativa” ya estaba en marcha en las redes: los recortes del PP eran los culpables.

   Hay que darse cuenta de que tenemos un gobierno de auténticos delincuentes que están destrozando todo el marco institucional; que el asunto del coronavirus está conmocionando profundamente a la sociedad, como ningún otro; y que por ello tiene máximo alcance político. La cuestión de las culpas y responsabilidades va a tener la mayor importancia, la está teniendo ya. Más arriba mencioné las culpas más visibles de este gobierno, cosa que viene calando en la opinión pública por la denuncia de algunos medios  y la de VOX. La pandilla del Doctor tiene que reaccionar y ya lo está haciendo.  Son capaces de montar un núremberg contra el PP, cuyo tontín líder se le ha ofrecido incondicionalmente, “El señor Sánchez no está solo”, creo que ha dicho el pepero. Recuerda otra frase de Rajoy cuando estaba en la oposición y se ofrecía de paño de lágrimas a ZP para cuando otros “le abandonasen” o algo así. El PP no aspira a otra cosa que a congraciarse con el PSOE y los separatistas y volver a la situación anterior. No tiene otro horizonte. Si el PSOE, por sus intereses particulares, consigue hundir a ese partido de cabestros, no será mala noticia.

Otro hecho pintoresco de nuestros analistas y políticos de derecha es su insistencia en que el  Doctor prescinda del Coletas. Creen que algunas posibles discrepancias entre ellos tienen calado suficiente ante el hecho de que los dos son, políticamente, lo mismo. Los dos aspiran a completar la tarea de cambio de régimen de ZP, liquidando la monarquía y lo que reste de democracia, incluso de unidad nacional. Eso no parece preocupar mucho a la mayoría de los analistas: la cuestión es que el Coletas salga del gobierno.

Ante una crisis como la actual, todo el mundo preferiría que los partidos dejaran de lado sus intereses particulares y se unieran para resolverla. El distinguido físico Julio A. Gonzalo  ha propuesto un gobierno de concentración PSOE-PP-VOX-C´s.  Por intentarlo que no quede, ojalá fuera adelante, pero me parece una idea utópica. Podría pasar si el PSOE fuera algo distinto de Podemas, pero está claro que no lo es, y que no persigue resolver la crisis sino sacar tajada de ella para avanzar en su programa  liberticida e hispanicida.  Como si cuando la república se empeñasen a ver en el PSOE algo distinto del PCE. Eran distintos en el sentido de que el PSOE tenía los intereses mayores y más consolidados y a veces se peleaban,  pero su orientación política general era casi idéntica, incluso más radical la del PSOE, que constituía el peligro mayor. El cambio de régimen impuesto por ZP con la colaboración del PP está llevando a una descomposición política general, como hizo el Frente Popular, del que se consideran herederos la izquierda, los separatistas y, en los hechos, el PP. Solo VOX ofrece una esperanza.  Si la esperanza se cumplirá o no, es una incógnita, pero de los demás no hay ya nada que esperar.

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Historia criminal del PSOE: Los socialistas incendian Oviedo:  https://youtu.be/_L5awz95gyc 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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El Quijote y El Coyote

–Sí, algo de envidia sí.  Si se puede llamar envidia al deseo de tener tanto éxito como él. No le envidio la calidad. Ya dije por qué no me parecen buenas novelas… Aparte de su contribución a la leyenda negra, me parecen simplezas cipotudas como decía aquel.

–Pues yo inisto en que me parecen muy entretenidas y que por primera vez tenemos literatura de aventuras de calidad en España. La prueba es que se venden muy bien en toda Europa.  Antes  casi solo estaba Baroja…

–Yo diría también que tu novela es de aventuras.

–Tiene aventuras, muchas aventuras, si quieres, pero no es de aventuras. También el Quijote tiene muchas aventuras, pero no es de aventuras.

–¿Es que te comparas con Cervantes? No está mal.

– No digas tonterías. Mi novela no se parece en absoluto al Quijote. En cierto modo es un antiquijote. Quiero decir lo que he dicho. Según tu criterio, lo esencial es el entretenimiento, así que dime, ¿acaso la mayoría no encontrará más entretenido al Coyote que al Quijote?

–Quieres volver a lo de la literatura trivial. Pero ¿qué es eso? Cualquiera puede llamar trivial a lo que quiera.

–Lo trivial no es necesariamente malo. La inmensa mayoría de la literatura es trivial, es decir, que resulta entretenida, solo hay que pensar en la literatura menor, como la policíaca, la de terror, la humorística, la costumbrista, la de aventuras… Recuerdo que Agatha Christie comentó alguna vez: “Dicen que mis novelas son literariamente de poca importancia, pero han entretenido a mucha gente importante”; o algo por el estilo.  Agatha y Wodehouse se tenían mutua admiración. El que sus obras fueran triviales no significa que no fueran buenas. No son pretenciosas ni pedantes, buscan entretener con ingenio y lo consiguen. Entretener es algo necesario, porque el tedio es un gran enemigo del hombre.  Claro que la literatura, lo que se suele llamar gran literatura, no es trivial. Sófocles, Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, Dostoievski… En fin, tantos que, sin embargo son menos entretenidos que los mencionados.

–Y luego hay literatura trivial muy mala, como la que llaman y llamas cipotuda.

–Sí, La historia de España o la de cualquier país se puede tomar en broma, con ingenio, creo que Jane Austen hizo algo así con la de Inglaterra, lo menciono de oídas, pero no se la puede tratar en plan caricatura sangrienta, pedante y con pretensiones de amargura por lo inferior que resulta en comparación con las virtudes del escritor. Esa es una corriente literaria española nefasta: combina lo trivial con lo pedante y lo arbitrario, con una vanidad pueril…

–Bueno, bueno, vivimos en la sociedad del entretenimienso, ¿no?  Nunca hubo  una industria del entretenimiento como ahora, eso debe reflejarse en todo, también en el arte y en la novela… Una industria más.

 

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V. O. 10. ¿Por qué fue derrotado el maquis? / Literatura trivial y no

**Clarificador artículo de Arnaud Imatz sobre la película de Amenábar Mientras dure la guerrahttps://latribunadelpaisvasco.com/art/12624/la-ficcion-propagandistica-del-cineasta-amenabar 

**En plena crisis del coronavirus cabe recordar que la sanidad española se basa en la excelente red de hospitales creada en el franquismo, como ha señalado el general Chicharro, presidente de la Fundación Francisco Franco que el estafador de la Moncloa y su pandilla pretenden ilegalizar.

**Explicar a la gente la historia criminal del PSOE (y de sus tradicionales aliados separatistas) es esencial para cortar los manejos frentepopulistas que amenazan cada vez más seriamente la democracia y a España. De haber sido conocida y recordada esa historia, esa gente habría sido contenida mucho antes, o quizá habría modificado su política. Pero tengo la impresión de ser el único que insiste en esta cuestión de base, en Una hora con la historia.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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   El maquis, según la historiografía anglómana

La verdad es que hago la crítica a Varela Ortega no tanto por su ensayo como porque permite aclarar diversas cuestiones que él trata de modo harto peculiar.  En otro tiempo hice una serie de observaciones sobre la historiografía lisenkiana sin reparar en la anglómana,  que a mi entender no es mucho mejor, y que toma mucho de aquella, dándole un matiz algo diferente. La lisenkiana pinta un cuadro negrísimo del franquismo y de rechazo de los anglosajones por no haberse metido en la guerra civil, como quería Stalin, y por haber “salvado” a Franco en la guerra fría.  La anglómana  pinta un cuadro solo un poco menos negro del Caudillo pero muy benévolo con los anglosajones, que al parecer lo manejaban a su conveniencia, aceptándolo como dique anticomunista para transformarlo liberalizándolo desde  dentro y a quienes deberíamos, en definitiva, lo poco bueno que tenemos o hemos hecho.

He expuesto muchas veces cómo la derrota del maquis fue una victoria transcendental del franquismo, ya que, combinado con los chantajes aliados, la penuria de los tiempos y la propia represión, habría podido provocar una resistencia capaz de ser utilizada como pretexto para una invasión. De hecho así se planteó, según L. M. Ansón para traer en volandas a Don Juan. Hay que decir que el planteamiento del maquis fue objetivamente muy acertado: el régimen español era considerado casi universalmente como un fascismo más, como el de los derrotados Hitler y Mussolini, y no debía sobrevivirles; la población soportaba graves escaseces que solo podían provocar  un fuerte descontento;  y la misma represión, que en otras circunstancias habría podido imponerse, se convertía en un factor de rebeldía ante la esperanza de “liberación” que suponía la presencia de los ejércitos vencedores de Alemania al norte de los Pirineos (como las divisiones nazis unos años antes) y en la frontera del protectorado marroquí. Los guerrilleros tenían además la experiencia de la resistencia francesa y la más lejana de los partisanos soviéticos.

  Naturalmente, Varela no presta la menor atención a estos datos significativos. Como el maquis fue derrotado da por supuesto que tampoco supuso un gran peligro, al modo como considera “irrelevante” la División Azul.  Y sin embargo el franquismo,  en condiciones de aislamiento y hostilidad exteriores, derrotó al  maquis, una guerra de guerrillas en la que los comunistas han demostrado gran destreza (en Yugoslavia trajeron de cabeza a los alemanes, en Grecia obligaron a intervenir al ejército inglés, que hubo de recurrir a su vez al useño para dominarla finalmente, por poner dos casos). ¿Por qué aquí no triunfó, a pesar de tantas ventajas objetivas?

Para entenderlo Varela recurre a historiadores tan sui generis como D. Arasa: lapoblación estaba “rendida y deprimida”; “masacrada por la represión de posguerra” (C. Mir) “patología del miedo, del hambre” (E. González Duro); “la energía de la gente se concentraba en la agotadora aventura de la supervivencia individual” (J. Casanova y cols); la guerrilla “no supuso amenaza  alguna para el dispositivo de seguridad franquista” (T. Cossías) Cada uno de estos argumentos era considerado por los estrategas del maquis como una razón precisamente para que este tuviera éxito.  Podrían valer al modo de Varela y los demás con un régimen franquista triunfal y apoyado desde el exterior, pero ocurría exactamente lo contrario. Si la gente estaba tan hambrienta y oprimida, seguir al maquis para derrocar al franquismo le habría proporcionado supuestamente libertad, planes Marshall y mejoras en todos los terrenos. Lo que quieren decir esos argumentos es que la gente era muy estúpida para no ver lo que, según ellos, les habría convenido. Ni se les ocurre el argumento de que aquella gente había vivido el Frente Popular y los partidos correspondientes,  y no tenía el menor deseo de volver a tales liberadores. Y de que mantenía el suficiente patriotismo para desafiar las presiones y abusos de potencias extranjeras.

El franquismo se aplicó a fondo, desde luego, para dominar la guerrilla comunista, cosa que le costó entre tres y cinco años en las difíciles  condiciones dichas. No se dejó intimidar para ello por el aislamiento, por actos provocadores como el cierre de la frontera francesa o por las campañas de opinión hostiles y permanentes en la prensa exterior; aplicó métodos eficaces como las contrapartidas y un acoso sin tregua,  y consiguió impedir que los guerrilleros arraigasen en región alguna,  salvo provisional y localmente. Su gran ventaja fue la ya señalada: la experiencia del Frente Popular y la república, que casi nadie quería repetir, y el patriotismo, dato este desdeñado siempre en la historiografía de izquierda y la anglómana. Pero recuérdese que en la república llegó a considerarse el patriotismo como retórica de cuatro reaccionarios y fue una especie de susto para el Frente Popular comprobar cómo los sentimientos patrióticos populares alimentaban al bando nacional. Los comunistas, los primeros en percatarse, se convirtieron entonces en los más patrioteros de todos.  Lo he comentado en Por qué el Frente Popular perdió la guerra.

La derrota del maquis fue una nueva y gran victoria del franquismo. Pero para Varela y los de su tendencia, fue más bien una derrota de la libertad, como había pasado en 1939. Se ve que los españoles, o eran tan estúpidos como ellos suponen, o  ya tenían suficiente experiencia de tales libertades y libertadores.

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Literatura trivial y no.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

–Si Tolstoi pensaba que Shakespeare no valía nada literariamente, es que no existe ningún criterio válido para enjuiciar una obra literaria.

–No hay ni puede haber un criterio “científico”, si por científico entendemos algo parecido a la historia, en la que tampoco hay criterios propiamente científicos, pero al menos los hechos son más contrastables. La literatura trabaja con ficciones, que son imaginativas. ¿Cómo distinguir las buenas de las malas?

–Una manera sería ver a cuánta gente les agradan esas ficciones. Sería un criterio democrático. Cuantos más lectores tenga una obra literaria, mejor será. Depués de todo, los autores escriben  esperando que sus obras gusten al público.  Es como otra mercancía cualquiera: si  se cubre una demanda es que  la oferta tiene calidad.

–Más que un criterio democrático sería un criterio mercantil. El cual siempre se ha rechazado en relación con el arte.

–Un inciso. He leído en Roca Barea que las novelas de Pérez Reverte se han vendido mucho en Inglaterra, y eso que en Alatriste hay buenas tiradas contra los ingleses. ¿Es que  se han vuelto masoquistas los ingleses?

–No recuerdo quién un personaje importante, se quejaba de que en Inglaterra muchos están poniendo verde su propia historia.

–Sí, sin llegar a la leyenda negra, en varios países ha habido corrientes hipercríticas hacia su pasado. Por lo de Alatriste gusta en Inglaterra porque “reconoce” lo que ellos siempre piensan de España, una cultura de la crueldad y la sangre, extravagante, corrupta  e ineficaz. Esa es la impresión que da el autor, así que les parece una confesión de parte. Pero gustan porque, además, los relatos de aventuras siempre son entretenidos.

–La Leyenda Negra no cesa. Para los regeneracionistas, la historia de España era “enferma” desde la derrota de los Comuneros. O desde Recaredo, como decía Gaziel. Es una grave enfermedad intelectual.

–Dejemos eso. ¿No puede ser el criterio de calidad de una novela los premios que consiga? Los premios los otorga gente experta, no es el simple mercado. Especialmente el Nobel, pero también muchos más.

–Eso tampoco vale como criterio. Casi todo el mundo está de acuerdo en que Galdós es el mejor novelista español de su época, incluso muchos dirán que hasta ahora mismo, y sin embargo nunca recibió el Nobel. Y lo mismo pasa con otros muchos

–Tú has dicho que la literatura actual es muy trivial

– Naturalmente no puedo leerla toda, pero las calas que hago me lo confirman. Claro que es una impresión particular.

–¿No es El erótico crimen muy trivial? Y muchos episodios de Sonaron gritos, no lo son? La reseña de  Aquilino Duque tenía una carga de profundidad: venía a decir que hoy la cultura es de masas y ahí lo que cuenta es el número  y que tú no haces asco a las masas porque eres un proletario en el fondo y la forma. ¿No te sentiste ofendido por eso?

–Bueno, es verdad que no hago asco a las masas ni soy muy exquisito. Pero eso no implica trivialidad. Además, mis novelas se han vendido bastante poco, la masas no las han aceptado gran cosa,  lo cual puede deberse al boicot de los medios y los “expertos”, o a que son demasiado “elevadas” para las masas, o a otras causas.  Tampoco han tenido ningún premio… Bueno, no las he presentado a ninguno. Lo trivial en literatura viene a ser lo vulgar y trillado. En todo caso, mis novelas son originales.

–Eso es cierto, ninguna de las dos entran en las corrientes habituales.

–El famoso crítico Rafael Conte leyó El erótico crimen cuando estaba en papel y un día que lo encontré en el Ateneo me dijo que aquello no era literatura. ¿Qué era?, le pregunté, pero no supo contestarme. Cierto tipo de humor en España no se capta bien, pensé, y él era de tendencias progres. 

–¿ La  originalidad sería entonces el criterio?

–Parte del criterio, en mi opinión. Hay originalidades sin mérito. Espero que en mis novelas haya alguno. Creo que sí.

–¿Pero hay criterio o no? Si no lo hay, ¿a qué viene este galimatías?

–Sí, hay criterio, en mi opinión. Bastantes criterios, pero todos se resumen en uno: la literatura desciende del mito y cumple una función parecida, sublimar imaginativamente la condición humana. Por  tanto es buena en la medida en que refleja aspectos de fondo de ella. Por eso los personajes simples y los relatos sin problema moral caracterizan las novelas triviales. Que no obstante pueden tener mucho éxito. En realidad, la literatura más difundida es la que suele llamarse literatura menor.

– Por tanto, un escritor no debería perseguir el éxito de ventas.

–Eso decía Tolstoi.  Yo no escribo con intención de satisfacer los gustos de la gente o dirigirme  “al coño de las mujeres” como decían los cipotudos. Pero claro que me gustaría tener muchos lectores, e incluso más suscitar algún debate intelectual. 

–Confiesa que los éxitos de Pérez Reverte te causan bastante envidia…

 Un detective catalán penetra en el sórdido mundo de la intelectualidad organizada madrileña. Una novela negra como la vida misma: https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8

  El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]

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Varela Ortega, 9: “nacionalismo y economía” / Criterios en literatura

**Según los políticos de derecha, ZP era un imbécil y el Doctor aún más. En cuanto al Doctor, su profunda estupidez no le impide dominar todas las listillerías del mafioso. Y  ZP transformó limpiamente el régimen imponiendo leyes que han aceptado todos, empezando por los mismos que le llaman imbécil, y obligando al rey a firmar su ilegitimidad.  Se ve que la imbecilidad está muy extendida.

**La ministra de Defensa, una necia profunda con espíritu totalitario –presentó la nueva ley de memoria “democrática”– dice que el ejército luchará contra el coronavirus en toda España. Estoy casi seguro que no lo hará en Cataluña y Vascongadas. Porque para este gobierno delincuente, esas regiones no son España.

**La guerra civil no fue un precedente de la mundial más que en el sentido de que ambas fueron ideológicas, aunque los protagonistas lucharon en muy distintos campos. Fue, sin embargo, clave para la mundial en el sentido de que en España fracasó la estrategia de Stalin de atraer a España la intervención de Francia e Inglaterra, con vistas a provocar el choque entre ellas y Alemania. Para Stalin era esencial que la nueva “guerra imperialista” no empezase entre la URSS y Alemania, por eso después de su fracaso en España viró al acuerdo con Hitler.

**A Franco le horrorizaba una guerra en Europa occidental, porque pensaba que de ella solo podían salir revoluciones soviéticas. Por eso mantuvo una hábil neutralidad durante la guerra civil,  sin entregarse en ningún momento a Hitler o a Mussolini. Mientras que el Frente Popular  sí se entregó a Stalin.

**La cuestión clave en la guerra civil fue la de la legitimidad, como explico en Por qué el Frente Popular…  Esto lo han entendido muy bien los herederos de aquel frente popular, pero nunca han captado su importancia los historiadores y políticos de una derecha que ha preferido distanciarse primero y condenar después a los nacionales.

**La estrategia de los herederos del FP tras su fracaso en el referéndul del 76, consistió en atacar al franquismo. Fue una estrategia indirecta que se hizo directa con ZP. Ahora es preciso una aclaración de la historia criminal del PSOE, para socavar las bases del actual régimen zapateril. Pero me parece que lo estoy haciendo yo en solitario. Nada nuevo.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Historia criminal del PSOE: Los socialistas incendian Oviedo:  https://youtu.be/_L5awz95gyc 

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Nacionalismo y economía en Varela Ortega.

“No parece aventurado concluir  que los tiempos de dirigismo, nacionalismo y estatismo económico fueron también tiempos de hambrunas, penuria y atraso”, resume Varela.  No parece aventurado siempre que hagamos algunas trampas básicas como ignorar los datos que desmienten el alcance del hambre (no hubo hambrunas), la penuria y el atraso, que solo fueron graves  en los primeros dos o tres años, extrapolados falsamente  por Varela y compañía a toda la década de los 40 y parte de los 50. No parece aventurado si ”ignoramos”  que la reconstrucción se realizó en medio de semiboicots  y chantajes de los anglosajones y luego bajo un criminal  aislamiento exterior que sí pretendía crear hambrunas; si “ignoramos” que las penurias y el racionamiento  fueron, en todo caso, comunes a  la mayor parte de  Europa, con la diferencia de que España se salvó de bombardeos y atrocidades como las que sufrieron los demás.

   Aparte de esas trampas, que desacreditan a cualquier historiografía que quiera ser tomada en serio, está otra fundamental: la de presentar a Franco y a su régimen como sujetos pasivos, aunque afortunados, de la situación mundial, cuando, obviamente, Franco la entendió bastante mejor que los políticos ingleses, y supo explotarla. Con todas esas “ignorancias” se puede construir cualquier relato histórico, el que vienen haciendo en España marxistas y anglómanos a la par, se ve que ciertas alianzas de los años 40 perviven hoy con plena fuerza en el plano historiográfico.

   Pero señalemos la causa a la que Varela atribuye sus hambrunas: la economía “nacionalista”.  No queda claro en qué consiste para él el nacionalismo de modo que puede, como tantos, utilizar el concepto a conveniencia. A falta de una definición algo rigurosa, que he intentado exponer en otros textos, por nacionalismo suele entenderse un patriotismo exacerbado y agresivo, o  imperialismo sobre otras naciones, etc. Si nos quedamos con esas definiciones, más bien impresiones vulgares, resulta que las potencias anglosajonas vienen siendo las más nacionalistas del mundo. El nacionalismo español de los años 40 no fue más exacerbado de lo que imponía la defensa frente a una agresiva hostilidad exterior, procedente precisamente de los nacionalismos anglosajones y del “internacionalismo” comunista. El nacionalismo español de los años 40 no fue imperialista, o solo lo fue por muy corto tiempo y con toda probabilidad fingido para evitar la entrada en la guerra mundial,  mientras que el nacionalismo imperialista anglosajón era y es de una potencia tremenda. Inglaterra poseía un gigantesco imperio, Usa se había extendido sobre territorios inmensos, y ambos defendían con uñas y dientes sus intereses económicos, con gran despliegue de fuerza e intervenciones militares. Pero para Varela no había en ello “nacionalismo”. El nacionalismo malo era el español.

   Tampoco el nacionalismo español pretendía dictar a otros su política interior. Sin embargo los “no nacionalismos”  anglosajones y soviéticos, en segunda línea franceses, pretendían, al final de la guerra mundial e incluso durante esta, dictar a España sus conveniencias políticas, que todos llamaban “democracia”. Un poco al modo como recientemente han implantado por la fuerza la “democracia” en Afganistán, Irak, Siria, Libia y por poco en Egipto, u hostigan a Rusia, también para “democratizarla” rodeándola de bases militares y ampliando la OTAN, cuando el objetivo de esta, la contención del expansionismo soviético, ha desaparecido.

 Al parecer, enarbolar la bandera de la democracia permite al nacionalismo de  algunos países intervenir en los asuntos internos de otros y tratar de someterlos a sus intereses, por supuesto democráticos. Esto nos lleva a una cuestión fundamental, ya tratada en otras ocasiones, es decir, la relación entre franquismo y democracia, en la que los autodenominados demócratas españoles al estilo de Varela (o de Gaziel) nunca desempeñaron ningún papel constructivo. Ya lo comentaremos.

   ¿Y qué significó el “estatismo económico”? Casualmente la guerra mundial supuso un cambio en profundidad de la economía liberal, que algunos como Churchill entendieron como una aproximación a la economía nazi. Se trató de la expansión  sin precedentes del estado y de su control sobre la población, hasta ocupar en torno al 50% del PIB. No vamos a discutir ahora si fue algo positivo, creo que en conjunto sí, en todo caso  fue  lo que ocurrió. Y precisamente ese fenómeno se dio mucho más atenuado en la “estatista” España,  que mantuvo un estado pequeño y demostradamente eficiente. En ese sentido más liberal que los demás, cuya tendencia socialdemócrata no ha parado de acentuarse.

 A menos que queramos acabar con las naciones o someterlas todas a una, el nacionalismo es una realidad inevitable que, como todas puede tener derivas o vertientes muy diversas y contradictorias. Todos los países son nacionalistas económicos, es decir, buscan utilizar la economía en beneficio de la nación, acierten o no. El nacionalismo español acertó, el useño también, el inglés resulta más dudoso, pues salió de la guerra bastante arruinado y sometido a la tutela de Usa, viendo como Alemania sacaba mucho más fruto al Plan Marshall, pese a que Londres recibiera la parte del león de él… En fin, son otras cuestiones.

 Por supuesto, Varela es un cumplido nacionalista, no español sino anglosajón y más particularmente inglés. En sus análisis no existe la menor preocupación por  Gibraltar ni por un aislamiento delictivo contra un país que no había intervenido en la guerra y por ese mero motivo había favorecido enormemente a los vencedores; aislamiento que pretendía tratar a España como un país vencido y sembrar en él un hambre masiva.  Y a partir de ese nacionalismo  enfoca la historia reciente de su propio país.

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Criterios literarios.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

–Sí, en Sonaron gritos hay grandes contrastes. Entre la guerra y la paz, entre la vida épica y la vida anodina. Entre el esfuerzo y el fracaso. Lo veo también en lo que decía Aquilino Duque, las conductas elevadas y las bajezas. … Algo de eso he percibido,  sí.

–Tú dices que tu novela es muy buena, claro, eres el autor, supongo que piensas lo mismo de la del Erótico crimen

–Bueno, como autor oscilo entre parecerme muy buenas y parecerme muy malas. Un autor, yo por lo menos, siempre está en la duda. 

–… Sin embargo has dicho que las de Pérez Reverte, por ejemplo, o de Javier Marías, son muy malas.

–Yo no he dicho eso, o si lo dije me expresé mal. Quiero decir que no me gustan,

–A mí sí me gustan. Y a millones de personas no solo en España sino en otros países. Lo que no puede decirse de las tuyas.

–Es verdad. Quizá las buenas sean las suyas y las malas las mías. Según ese criterio no cabe la menor duda.

–Yo no he leído a Marías y  solo una de  Pérez. Para leerlos me gustaría saber por qué no te gustan.

–Tienes razón, si uno dice que no le gusta algo, a continuación debe explicar por qué. Bueno, Pérez Reverte es un autor muy cipotudo. Como él mismo dice, las novelas deben dirigirse “al coño de las mujeres”, o algo parecido. Marías en cambio me parece delicadamente gamberro, si vale la expresión. Es de los “angloaburridos”, que decían los partidarios de Cela y de una literatura más rudamente “racial”.  Pero en fin: hacer un héroe de  un matón a sueldo como Alatriste, es algo crudo. Tiene su código de honor, pero también lo tienen los mafiosos. Y luego sus tiradas patrioteras sobran, y no digamos sus invectivas contra la iglesia. La Iglesia, en aquellos tiempos, estaba creando una cultura original,  pasmosa. Baste pensar en la Escuela de Salamanca, en la poesía mística, en su teología, las universidades y colegios mayores, la pintura, la escultura o la arquitectura, o la música religiosa que produjo en los siglos XVI y parte del XVII… Hace falta ser muy bocazas y muy chisgarabís para referirse a ella como lo hace Pérez Reverte. 

–Pues a mí me gustan, me parecen muy entretenidas, qué le vamos a hacer.

–Tienen éxito en todo el mundo. No pueden ser tan malas.

–Sí, seguramente son entretenidas, pero eso no es un criterio de calidad literaria, me parece a mí. Hay novelas bastante pesadas y que sin embargo se estiman de gran calidad, como La montaña mágica. De todas formas, es mejor si, aparte de otras cualidades, una novela es entretenida, no defiendo la pesadez.

–¿Cuál sería ese criterio, entonces? ¿Por qué Sonaron gritos y golpes a la puerta sería superior a las de esos otros?

–Pues así de pronto… No olvidéis que a Tolstoi le disgustaba mucho Shakespeare, y los dos eran genios.  ¿Cuál sería el criterio? Pues ahí está la cuestión…

 

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Legitimidad del franquismo, cuestión clave / ¿Puede caer la monarquía? / Nostalgias y absurdos

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La legitimidad del franquismo

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

En la tercera parte de  Por qué el Frente Popular perdió la guerra civil doy especial relevancia a un tema que por lo común pasa poco advertido entre la trifulca sobre la represión, la cultura, la intervención exterior y demás. Estas cuestiones son importantes, pero secundarias con respecto a la de la legitimidad de uno y otro bando, lo mismo que la cuestión de si el oro enviado a Moscú fue consumido o no, fue una medida legal o no, o se envió porque había o no había otro remedio. Lo esencial es que fue la gran medida estratégica y política del Frente Popular, que determinó inevitablemente su evolución.

La cuestión de la legitimidad es fundamental, pues de ella depende el sentido de todo el conflicto. Si el gobierno legítimo era el del Frente Popular, entonces los “malos” eran los nacionales por sublevarse contra él e imponer un nuevo régimen tiránico, aunque tuviera otros aspectos más favorables. Si no se pone en primer plano esta cuestión, no se entiende nada. Pero el caso es que  no se puede disfrazar de legítimo ni de democrático un Frente Popular compuesto por los mismos que en 1934 habían asaltado por las armas a un gobierno salido de unas urnas impecables –pese  las violencias izquierdistas– y que en 1936 falsificaron las elecciones para imponer un régimen de terror y arbitrariedad con cientos de muertos, incendios y abusos de todo género, con amenaza creciente de sovietizar el país y/ o de disgregarlo en unos cuantos estaditos ridículos. Rebelarse contra tal gobierno era profundamente legítimo, y totalmente inmoral y miserable aceptarlo.

Ello trae otro problema que algunos plantean tan al revés como el de la continuidad del franquismo en la transición: aun si admitimos la legitimidad de la rebelión, dicen, ¿por qué esta no dio lugar a un restablecimiento de la democracia? La pregunta es tan absurda como la de por qué el franquismo no continuó después de Franco, pese a sus espléndidos logros. Franco, en 1930, era partidario de la democracia. Lo ocurrido en la república le volvió más que escéptico sobre ella, y la conducta de los que se llamaban demócratas daba la razón a su escepticismo. ¿Quién iba a asegurar una democracia después de la guerra civil? ¿Los mismos partidos que la habían provocado y que pensaban retornar sobre los tanques useños y bajo la sombra de sus aviones para causar otra guerra y más terror?  Lo mismo que ni carlistas ni falangistas ni monárquicos ni obispos podían mantener el franquismo después de 1976, la democracia era imposible en 1939, en 1945 y mucho después.

Decía Gaziel que los anglosajones habían traicionado a los demócratas españoles. Los autodenominados demócratas y liberales españoles, como el mismo Gaziel, habían contribuido en gran medida a traer una república desastrosa, incluso  muchos habían apoyado al Frente Popular.  Algunos aspiraban a disgregar España y otros miraban con buenos ojos a los socialistas y comunistas. No fueron esos supuestos demócratas, sino los nacionales, los que superaron el gravísimo peligro de sovietización o disgregación de España ¿Cómo pueden atreverse a exigir cuentas a quienes sí lo hicieron? ¿Cómo pueden atreverse a procurar una vuelta al pasado, del que visiblemente nada habían aprendido, como lo hicieron a la muerte de Franco, agrupándose en torno a los comunistas en la Junta “democrática” o a los socialistas en la Plataforma “democrática”?

   El inmenso mérito histórico de vencer al Frente Popular se redondeó con muchos otros, empezando por la no intervención en la guerra mundial, estoy harto de recordarlos. Aquellos “demócratas” habrían traído de nuevo el caos, y ahora mismo vuelven a traerlo. La democracia se decidió en 1976 desde la evidente legitimidad franquista. Y se está destruyendo, junto con la unidad nacional, desde una historia falsificada que solo puede imponerse  totalitariamente. Entre el maremágnum de farfolla política e historiográfica que confunde toda nuestra historia es preciso que se abra paso la verdad, en lo que resulte humanamente alcanzable. Y es una tarea que compete a todos.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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¿Puede caer la monarquía?

El comentario de ayer sobre Juan Carlos viene a plantear la cuestión de si la monarquía puede continuar. Desde hace años vengo diciendo que solo los monárquicos, empezando por el propio rey,  pueden acabar con la monarquía, como ocurrió en 1931. Es así por dos razones: porque la gran mayoría de los españoles ven en la monarquía lo mismo que Franco: un factor  de moderación y símbolo de  continuidad histórica. Sin embargo, la gran mayoría puede perfectamente verse burlada por las maniobras combinadas de unos y de otros. Juan Carlos ha hecho un grave daño a la monarquía, empezando por olvidar su origen actual, siguiendo por la firma de la memoria histórica, y terminando por sus corrupciones. 

Su hijo parece de otra madera, menos frívolo y alocado, aunque en gran parte sigue la misma política “progresista” y servil hacia Anglosajonia y Bruselas. En sentido opuesto  fue él quien, con motivo del referéndum golpista en Cataluña, desató con su discurso  la nueva situación política: de pronto millones de españoles cuya voz venía siendo asfixiada desde hacía muchos años,  percibieron  en él un amparo frente a los “diálogos” de mafiosos que venían hundiendo al país. Creo que gracias al nuevo ambiente así abierto se convirtió VOX en una potencia política, mientras los demás partidos han tratado de neutralizar por todos los medios el efecto de aquel discurso. Como consiguieron llevar a la nada la explosión popular ante el asesinato de Miguel Ángel Blanco o las grandes movilizaciones contra los chanchullos de ZP con la ETA. Ahora, con VOX, lo van a tener más difícil, y lo que todos temen son nuevas elecciones, cada vez más necesarias. No entro en si el coronavirus puede cambiar la situación política, cosa que solo podría hacer pasajeramente.

    ¿Significa esto que España es constitucionalmente monárquica? No lo creo. Pero la experiencia histórica de dos repúblicas indica algo. De manera pintoresca, un presidente de la primera, Figueras, se marchó del país con el máximo desprecio advirtiendo: “Estoy  hasta los cojones de todos nosotros”. Y fueron Azaña y Marañón quienes mejor y más sintéticamente describieron al personal republicano: “Estupidez y canallería”, dijo Marañón;  “Política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”, lamentó Azaña. Podría muy bien ocurrir que los actuales republicanos hubieran aprendido de la historia y fueran hoy otra cosa. Pero obsérvenlos: son exactamente lo mismo, es decir, comunistas, socialistas, separatistas y similares, a menudo auténticos majaras, auxiliados por el PP de la memoria histórica, de género y demás.

Esta repetición de lo peor de nuestra historia plantea una cuestión de fondo: ¿por qué los republicanos parecen siempre una combinación de los peores demagogos con los más frívolos e irresponsables intelectuales? Habría que investigarlo. Desde luego, la monarquía de la Restauración fue muy mediocre, y el balance histórico de los Borbones también, con algunas excepciones. Pero las repúblicas y su personal no llegan a la mediocridad:  fueron y siguen siendo el caos, la tiranía y la violencia. Es de esperar que no se repita o no tenga éxito ninguna maniobra como las que trajeron la II República, porque la tercera no augura nada mejor, a la vista del personal.

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Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

Nostalgia y absurdo (de tertulia)

–He leído la reseña de Carlos López Díaz sobre tu novela ( https://archipielagoduda.blogspot.com/2013/07/la-magnifica-novela-de-pio-moa.html ). Me llamó la atención que le dejase una sensación de “nostalgia”, y me extrañó, porque a mí me dejó más bien la impresión del “ruido y la furia”. Tantos esfuerzos, tanta sangre y penalidades para  llegar a un fracaso, no solo personal, sino también en los hijos, que le salen rana.

–Es cierto: a los hijos traen al fresco todos los sentimientos por los que se han movido los padres, pero yo no he notado que pretenda dar impresión de absurdo. Y el autor, ¿qué opina?

–El autor muchas veces es el menos indicado para juzgar. Yo creo que es una gran novela, pero, claro, todos los autores piensan más o menos lo mismo de las suyas.

–¿Cómo vas a ser el menos indicado si tú lo has inventado todo?

–Ya hemos hablado de eso. Hay novelas que se planean y otras que “salen”. La mía ha “salido”, con muy poca planeación. Los personajes  y las acciones han surgido sobre la marcha, partiendo de una idea muy general. Pero muchos autores las planean cuidadosamente antes de emprenderlas. No sé qué será mejor.

–Yo no veo ese fracaso. Los personajes y la acción te atraen y estás pendientes de ellos. Yo diría que los intervalos en Madrid resultan más aburridos, pero quitando eso, la novela cumple su función. Para eso están las novelas, para tenerte pendiente,  ¿no?

–Yo percibo en ella un intento de crear la épica de aquellos años. Tú mismo dices que el franquismo apenas produjo épica de sus propias acciones, o la produjo muy pobre. Pero, claro, si al final resulta un fracaso, ya me contarás.

–Pues te digo que sí, que según la escribía me di cuenta de que estaba haciendo una contraColmena, lo contrario de lo que hizo Cela. Lo que escribe Cela refleja algunos aspectos de la vida de entonces, con personajes sin espíritu y de escasa inteligencia, parece que le atraían especialmente, y eso que él, personalmente, se tenía por un personaje nietzscheano. Hay que tener talento para trabajar con personajes y situaciones así. Los protagonistas y la trama  de Sonaron gritos…  no tienen nada que ver con los de Cela, son casi lo contrario. Pero lo que relata mi novela es tan verdad y refleja tanto la época como la suya.

–Bueno, tú no viviste aquella época y Cela sí.

–¿Qué más da? Tampoco Cela vivió las cosas que relata. Solo da una impresión de ciertos ambientes. Y su análisis psicológico me parece bastante tosco.

–Para mí, insisto, la cuestión es la del ruido y la furia, parece que quieres transmitir una idea absurda de la vida. Tanto más absurda cuanto más han sido los esfuerzos para nada. Si no fuera porque te recreas tanto en la acción y los pensamientos de unos y otros, podría ser una novela de Sartre. Quiero decir, si le quitas la acción y le dejas los pensamientos.

–Yo, como autor, opino lo siguiente: la acción vale por sí misma, al margen de los resultados. Si la cosa termina mal es porque muchas veces ocurre así en la vida. El protagonista ha llegado a un punto en que no entiende nada y abandona aquella vida. Solo muchos años después, ya viejo, trata de recordarla y dejar testimonio de ella. ¿Por qué? Porque el recuerdo le va haciendo creer que ha sido valiosa a pesar de todo, a pesar de que sigue sin entenderla y que personalmente no le ha llevado a nada. Y en cierto modo le sirve como pequeña venganza contra sus hijos, que se han criado en un ambiente y tiempo que mira con tanto desdén aquellos años. Ya he dicho que quiero hacer una trilogía, con otra novela ambientada en los años 60 y una tercera en la actualidad. Si me salen como Sonaron gritos estaré contento.

–A lo mejor el protagonista, en su vejez, también tiene nostalgia de aquellos años tan movidos, los compara con la vida tranquila y vulgar de después y, claro… 

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El destino de Juan Carlos… y de otros héroes de la transición

Para difundir

En La transición de cristal señalé el hecho llamativo de que los autores de un proceso que se ha pintado a diestra y siniestra como ejemplar y maravilloso (“la mejor época de España”, dicen los golfos del ABC) hayan terminado tan mal: Fraga, Torcuato, Suárez, González, Carrillo y Juan Carlos.

   El mejor de todos fue sin duda Torcuato Fernández Miranda, que diseñó la única transición consistente, mediante reforma desde la legitimidad del franquismo, y la asentó en la votación de las Cortes y en un sólido referéndum, desafiando la huelga general y el boicot de los  rupturistas. Cometió el error de creer que Suárez, a quien le había dado todo, políticamente hablando,  seguiría su política. Error del que no fue culpable, pues nadie puede prever el futuro, y menos el de sus sucesores. Enemistado con Suárez, se negó a votar una Constitución que ya llevaba dentro varias bombas de relojería, falleció enseguida y su criatura ni se molestó en asistir a su funeral.

 De Fraga decía que   “fue sobresaliente  en la primera época de la transición, y precisamente el ser sobresaliente le valió el quedar relegado y contemplar cómo sus esfuerzos y avances en la reforma abonaban, desvirtuados, el campo a otros”. Su poco fondo político le empujó a traicionarse a sí mismo imitando a Suárez, para quedar relegado a político regional, con una línea cada vez más proseparatista.

Suárez fue un politiquillo de tres al cuarto, sin la menor talla de estadista, que tuvo la suerte de heredar una sociedad próspera, pacífica y reconciliada, sobre la cual emprendió maniobras peligrosas que condujeron a la destrucción de su partido, la UCD, al mayor impulso al terrorismo y al separatismo, hasta provocar la intentona del 23-f, de la cual fue máximo culpable, cosa que nunca se dice. Tuvo que dimitir en vísperas de la intentona, entre los denuestos de todo el mundo. Sus desgracias personales suscitaron luego una simpatía sentimental hacia él. Cuando murió, algunas encuestas en nuestra desastrosa universidad demostraron que casi ningún joven  recordaba medianamente quién era o qué había hecho. Y sigue ocultándose o desvirtuándose  lo que realmente hizo, a cambio de lo cual su nombre estropea el de un aeropuerto.

No menciono a Leopoldo Calvo Sotelo, servil anglómano que no logró recomponer su partido, ni frenar el terrorismo ni las tensiones disgregadoras ni la crisis económica. No sabemos si habría alcanzado algún logro en esos campos, porque afortunadamente pasó enseguida a la historia.

Felipe González llegó anulando la victoria histórica de España en relación con Gibraltar, proclamó a través de su lugarteniente Guerra la muerte de Montesquieu, es decir, la liquidación progresiva de la democracia, amparó una corrupción generalizada desde la confiscación de Rumasa,  practicó el terrorismo de gobierno, dejó tres millones de parados. Y se libró de la cárcel por muy poco. Probablemente porque chantajeó con sacar a la luz las vergüenzas del monarca y provocar una crisis de todo el régimen parecida de otro modo a la que había llevado al 23-F.

El caso de Carrillo es diferente: vio cómo, siendo su partido el único que había luchado realmente contra el franquismo, los frutos le eran birlados limpiamente por un PSOE que no había hecho nada reseñable, y había sido protegido desde antes de la transición por el propio régimen de Franco. Tuvo que aceptar la bandera, la monarquía, la economía de mercado y unas normas que su propia ideología detestaba. Su PCE entraba en crisis creciente conforme se fortalecía  el PSOE, muy  ayudado desde todos los ángulos, incluida la extrema derecha alemana. Terminó siendo excluido de su partido en 1985. No vio, como hubiera deseado, el fusilamiento de Franco y sí, en cambio, el derrumbe del  bloque comunista. Y sin embargo no dejó de tener un fin triunfal: en su 90 cumpleaños representantes de casi todos los partidos, los medios y el propio rey,   le homenajearon y le dieron además la satisfacción de la retirada nocturna de la estatua de Franco en Madrid: algo era algo, a cambio del fusilamiento.  La  farsa y esperpento a que habían llevado la democracia aquellos políticos. Y Carrillo murió  en “olor de santidad democrática”. Recuerdo que una cretina de la COPE me llamó para que opinase, y al recordar algunas verdades, la muy zorra me cortó sin aviso,  por lo que tardé e unos minutos en darme cuenta de que hablaba para nadie.

En cuanto a  Juan Carlos, rebautizado agudamente “Campechano I” por Jiménez Losantos — a quien había intentado echar de la COPE–  es especial. Cuando escribí el libro seguía siendo rey. Había congeniado mucho con Suárez porque eran muy parecidos: simpáticos y  hábiles en el trato personal, pero frívolosincultos, sin mucho sentido del estado  ni de la historia, aunque algo más por parte de Juan Carlos, que llegó a asustarse de los rumbos que Suárez imponía al estado, motivo real del 23-f. Hombre económicamente corrupto y dado a las relaciones adulterinas, perjudicó gravemente  el prestigio de la monarquía. Se llevó luego bien con Felipe González, no tan bien con Aznar, y terminó firmando su propia ilegitimidad con la ley de memoria histórica, de cuyo alcance real no se dio o no quiso darse cuenta. Dicha ley, típicamente totalitaria y que para más inri proclama como “víctimas democráticas” a los chekistas y asesinos del Frente popular y de la ETA, pretende revertir lo que no lograron cuando la reforma de Torcuato. Su sentido viene a ser la deslegitimación radical del franquismo, por lo que la monarquía, que lo debe todo a Franco, queda a su vez deslegitimada. Viene a ser un golpe de estado encubierto, hecho del que casi nadie ha querido darse cuenta.  Desde entonces la monarquía tiene una carga de ilegitimidad, cuyas consecuencias se van viendo progresivamente hasta el actual golpe de estado permanente en que vive la nación.  La  doble corrupción económica y sexual de Juan Carlos le está castigando con la amenaza de su amante Corinna de llevarlo a los tribunales por amenazas; y su hijo ha necesitado distanciarse abiertamente de su padre por la misma razón. Que sigue sin ser suficiente, pues, como recuerdan muy justamente Podemos y muchos otros, e implícitamente el doctor, ¡la monarquía viene de Franco! Pero al renunciar a su origen se convierte en una democracia esperpéntica, al gusto de Podemos.

 Uno puede preguntarse cómo con  políticos tan endebles, digámoslo así, el país no se ha hundido ya. La respuesta es que todos ellos han contado con la espléndida  herencia del franquismo, que todavía resiste. Y sobre la que deberá reconstruirse la democracia y la nación, porque no podrá hacerse sobre otra base.

Leo algunas objeciones a la transición señalando que “se reforma lo que se quiere conservar” y en cambio se demolió por completo el régimen anterior,  por lo que la reforma habría sido un fraude desde el comienzo. Nada más lejos de la realidad. El franquismo no fue un régimen de partido único, sino de cuatro partidos unidos por un cierto catolicismo y la autoridad de Franco, pero el Vaticano II lo privó de cohesión y de futuro. A la muerte de Franco, ¿quiénes podrían mantener aquel régimen? ¿Los carlistas? ¿Los falangistas? ¿Los monárquicos, muchos de los cuales siempre habían conspirado contra él? ¿El episcopado, que apoyaba a sus enemigos, incluidos comunistas y etarras? Basta plantear la cuestión en sus términos reales para entender la enorme habilidad y sentido histórico de la gran reforma de Torcuato. Lo que era preciso conservar era la legitimidad del franquismo como base de la democracia. Pero ni Franco tuvo la culpa de que Juan Carlos le saliera tan campechano ni Torcuato de que Suárez resultase otro campechano o de que más adelante Aznar se ciscase en un régimen al que le debían todo.  Hoy vivimos bajo un nuevo frente popular sin haber aprendido nada del anterior, las cosas son así y solo pueden cambiarse a partir de su realidad.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Historia criminal del PSOE. Oviedo en llamas: https://youtu.be/_L5awz95gyc

 

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