Varela Ortega 8: Franco, el mediocre favorito de la suerte y un discurso de Churchill

La ridícula heroicidad de Companys y  los separatistas catalanes en octubre del 34.    https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g

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V. O. 8: Franco, el mediocre favorito de los hados.

Varela no tiene más remedio que constatar que Franco fue, efectivamente, uno de los militares y políticos más victoriosos del siglo XX en Europa o América, quizá el más notable teniendo en cuenta las dificultades, los enemigos, las  hostilidades que por un tiempo parecieron casi universales,  que hubo de superar. ¿Cómo explicarlo, si al mismo tiempo resulta ser, según los anglómanos, un ser mediocre, bruto, sanguinario  y hasta cursi? Obviamente, esta interpretación destruye cualquier explicación racional, y si algo demuestra es la mediocridad intelectual y espíritu cutre de tales análisis. El  único mérito que adjudican al Caudillo, una inteligencia primaria, propiamente astucia mezquina, aldeana o gallega, solo útil para asegurar su poder a toda costa, no le habría hecho llegar muy lejos.

Es precisa otra explicación, y la encuentran: ¡la suerte! Franco habría sido un personaje esencialmente pasivo y opaco, a quien, misteriosamente, la suerte le sonreía una y otra vez sin que él realizara acción alguna digna de recordarse (aparte de sus torpezas y crímenes, se sobrentiende). En la guerra civil, tuvo la fortuna de que sus enemigos al parecer no valían nada y él pudo haber acortado la lucha todo lo que quiso, pero la prolongó por gusto de hacer sufrir al país. Luego quiso meter a España en la guerra mundial, pero de un modo u otro el propio Hitler se lo impidió. Su momento más crítico fue al terminar dicha contienda, cuando los vencedores habrían podido barrerle con un soplo… ¡Ah, pero entonces vuelve a intervenir la baraka!: los vencedores empiezan pronto a enemistarse entre sí y gracias a eso Franco sobrevive.  Naturalmente, sobrevive condenando al pueblo a una miseria espantosa debido a sus ideas económicas infantiles. No obstante, la guerra fría vuelve a sacarle del apuro: cede unas bases militares a Usa, que no solo le concede algunos préstamos sino que, más importante aún, va empujando al régimen a liberalizar la economía, de modo que Usa vuelve a salvar a Franco, pero de manera muy positiva, “civilizando” por así decir, su régimen, modernizándolo económicamente (una versión parecida la sostiene el franquismo servil de, por ejemplo, Luis Suárez). Y así, Franco puede morir en la cama pero con su régimen  en trance de pasar a la democracia. Y colorín colorado.

Esta es en suma la versión de Varela y de tantos otros historiadores de ese nivel, muy útiles  para los políticos de tres al cuarto que venimos sufriendo tantos años, y que han precisado de una ley totalitaria para intentar garantizar  la “veracidad” del  cuento. Ya volveré sobre la iniciativa  y el protagonismo, realmente intenso, de Franco en los sucesos que le dieron tanta “suerte” pese a ser tan anodino y  vulgar.

Pero cambiando  a medias de tema, y en relación con Churchill, he leído en Revista de libros    un interesante artículo de Luis M. Linde, “La traición de Churchill, España, Cataluña”. Se trata de una amplia reseña de Meditacions en el desert. 1946-1953, de Gaziel (el periodista Agustín Calvet, director de La Vanguardia durante unos años). Las citas extraídas por Linde muestran la semidemencia del catalanismo, incluso moderado como era el de Calvet, que no llegaba al separatismo, aunque en parte lo suponía, y que merecerá comentario aparte. El caso es que Calvet, que, como Cambó, había apoyado a Franco durante la guerra, le cobraría luego un odio apasionado, así como a España misma, en la que ve una anomalía de Europa frente a una Cataluña definida como parte de la tradición europea según él la entiende. Pero ahora viene al caso por sus comentarios sobre Churchill y Usa  a quienes ve como autores de  una “gran traición”… ¿A quienes? A los “demócratas españoles” y en especial, claro, a los catalanes, que en la práctica serían los únicos auténticos. Ya hablaremos de esos “demócratas”, a quienes me he referido también en Por qué el Frente Popular…

   Se supone que la traición habría consistido en no invadir España al terminar la guerra mundial e imponer una democracia liberal bajo las orugas de los tanques y de los aviones useños e ingleses. La complacencia con el franquismo  habría comenzado ya con el discurso de Churchill en el Parlamento inglés, el 24 de mayo de 1944, poco antes del desembarco en Normandía. En él, Churchill  expresó su gratitud por la neutralidad de España, defendió a Franco contra  ”quienes creen inteligente, incluso gracioso,  insultar y ofender al gobierno español”, y se refirió a España  como necesaria para conservar la paz y el equilibrio en el Mediterráneo al acabar la guerra (transcribo abajo los párrafos dedicados al asunto en Años de hierro) .  Linde considera que el discurso adelantaba lo que sería la política de los Aliados hacia el régimen de Franco después de la guerra, pero en mi opinión no fue así. Roosevelt se mostró complaciente y respetuoso con Franco en vísperas de la Operación Torch por razones obvias, para cambiar poco después a una actitud ofensiva y chantajista; y lo mismo ocurriría con Inglaterra después del discurso de Churchill. Todo dependía de las conveniencias en las cambiantes situaciones de la guerra.

Por lo que respecta a Franco, sabía muy bien que aquellas promesas y  respetos valían poco, como le señaló a un ingenuo Don Juan cuando este creía que los tanques  anglosajones iban a llevarle en triunfo a Madrid: “No hagáis caso de lo que en el extranjero puedan insinuaros; las promesas a Polonia, al rey Pedro de Yugoslavia, al de Grecia, a Víctor Manuel, a Giraud y a tantos otros se esfumaron ante las realidades”.  ”Las naciones se guían por su propio interés y no por sentimentalismos, pesan las realidades y no las ficciones”.   Es cierto que Churchill simpatizó en cierta medida con Franco y su régimen, pero no sería esta ni mucho menos la actitud dominante entre los anglosajones.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

   Con ruego de difusión:

Con motivo de la alarma social suscitada por el coronavirus, se aplaza la presentación de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, hasta que la alarma cese.  Parece mentira que un bichito “que si se cae se mata”, pueda paralizar gran parte de la vida social.

El libro va por la tercera edición a pesar del boicot que le han hecho los grandes medios, numerosas librerías y los caciques de la universidad. Es un libro concebido para acabar de una vez por todas con la “cultura” del embuste sobre nuestro pasado –por tanto sobre nuestro presente– instalada en España desde que, en 2002, el PP decidió criminalizar el alzamiento de julio del 36, escupiendo sobre las tumbas de sus propios padres y abuelos, y entregar la historia, por tanto la cultura y la universidad, en manos del nuevo frente popular de PSOE y separatistas. 

No obstante su intención, el libro no es de ninguna manera un panfleto, ni en su análisis ni en su lenguaje. Se trata simplemente de rescatar la historia real y dar un golpe decisivo, al menos en el plano intelectual y espero que también en el político, a la infame ley de la cheka, llamada “de memoria histórica” o, más injuriosamente, “de memoria democrática”, y que amenaza muy seriamente la libertad de todos.

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   Sobre las posturas anglosajonas en  vísperas de Normandía, extracto aquí, aunque sea algo largo, los párrafos dedicados en Años de hierro, que creo que en lo esencial reflejan la situación:

 ”Franco, bien al tanto, en líneas generales, de las intenciones y preparativos aliados para invadir Francia, percibía cómo la atención de estos se desviaba de España, dándole un respiro. El 23 de marzo, Eden elogió ante la Cámara de los Comunes la actitud española cuando Inglaterra estaba luchando sola y afirmó que “no se ha pedido a España más que una neutralidad estricta y honrosa”. Lo que falseaba un tanto la realidad, pero venía muy bien a la propaganda del régimen.

   “Con este nuevo clima comenzaron el 22 de marzo, en Madrid, las negociaciones para un acuerdo comercial que resolviese la crisis entre España y los anglosajones. El criterio británico, más flexible que el useño,  buscaba evitarse un enemigo mientras preparaba Overlord (la invasión de Francia), y terminó por imponerse, introduciendo una fisura en el frente anglosajón. Ya el 2 de abril Churchill indicó a Roosevelt que era preciso suavizar  el bloqueo y que, si no se hacía así, Inglaterra “concluiría un acuerdo con España proporcionándole petróleo, lo que revelaría al mundo la división entre los aliados de habla inglesa. El resultado fue la capitulación del Departamento de Estado”, señala Hayes. Roosevelt quería forzar una suspensión total del comercio de volframio hasta julio, por lo menos, y acababa de conseguir de otro neutral, Turquía, la interrupción de las ventas de cromo, un mineral también de gran valor en las aleaciones de acero, muy necesitado por la industria bélica alemana. Sin embargo, los ingleses preferían admitir las ventas, pero en cantidad muy baja.

  ” A su vez Franco, partidario de resistir al chantaje del volframio, hubo de ceder. El 2 de mayo se firmó un acuerdo “comercial” más que comercial en la práctica, entre España, Usa y Gran Bretaña. Las ventas de volframio quedaron restringidas a cuarenta toneladas mensuales, pero además sería cerrado el consulado alemán en Tánger, suprimida la agregación militar japonesa en Madrid, confirmado el retorno de los últimos voluntarios de Rusia y arbitrada una decisión sobre el número de barcos italianos, mercantes y de guerra, refugiados en puertos españoles.

“El acuerdo suponía un golpe moral y económico, pues España había ganado con el volframio la alta cantidad de 170 millones de dólares y aún más marcos; e imponía una neutralidad relativamente favorable a los aliados, admitida a regañadientes. Pero también traía ventajas al régimen, empezando por un reconocimiento implícito del mismo y un abandono, aun si provisional, de la causa monárquica, además de un trastorno para los exiliados. De paso facilitaba un mayor comercio con los anglosajones.

“A la hora de dar publicidad al acuerdo volvieron a surgir divergencias entre Londres y Washington. Los useños, malhumorados por sus cesiones, querían achacarlas a sus socios, y Hayes, para quien la larga crisis del volframio había sido “realmente agotadora”, protestó, alegando que se trataba de una victoria diplomática y no de una derrota, y que debía atribuirse a Usa, promotora del boicot del petróleo, y no a los ingleses. Cordell Hull le contestó: “Una transacción ahora con España no sería popular, ni la salvaría de la crítica el hecho de sernos favorable (…) Debo informar a nuestro pueblo de que, debido a la insistencia de los ingleses, llegamos a un acuerdo sobre bases inferiores a nuestros deseos”.

Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

   “Pese a sus considerables cesiones, Franco salió de la prueba como adalid de la independencia nacional frente a las abrumadoras presiones extranjeras, y su popularidad aumentó. Unas semanas más tarde, su presencia en Bilbao fue acogida con más calor popular aún de lo habitual.

   “El acuerdo entrañaba una nueva estrategia franquista ante unas potencias mundiales incontrolables para España. El gobierno hizo concesiones mientras ganaba tiempo esperando que el peligro soviético cobraría total evidencia y forzase a las democracias a reconsiderar sus ideas sobre el franquismo, único régimen capaz, en su propia  opinión, de sostener un país sólido en la retaguardia continental. Su diplomacia, siempre hábil, pasó a ponderar los beneficios, invalorables en momentos críticos, de su neutralidad para quienes por fin se iban alzando con el triunfo.

  ”Pese a su cambio estratégico, Franco evitó traicionar a los alemanes, aun si su simpatía hacia ellos se le estaba volviendo gravosa e incluso peligrosa. Siguió favoreciéndoles dentro de lo que entendía posible, retrasando las medidas acordadas con los Aliados, permitiéndoles mantener gran parte de sus redes de información y espionaje, y una preferencia en la prensa. El contrabando de volframio continuó, si bien ya poco llegaría a Alemania debido a la desarticulación de los ferrocarriles y carreteras franceses por los bombardeos.  También aprovechó para obtener primero una sustancial rebaja en la deuda a Alemania, cuya valoración por parte de Berlín siempre le había parecido excesiva, y luego darla por cancelada unilateralmente.

   “El 24 de mayo la rectificación franquista obtenía un resonante triunfo propagandístico cuando Churchill, ante la Cámara de los Comunes, expresó gratitud por la conducta española durante los años en que la suerte de Inglaterra había pendido de un hilo, defendió la no injerencia en los asuntos hispanos y fue más allá (…)  No hablaba del régimen, pero  sus palabras  sonaban respetuosas hacia él, por lo que enfriaron el entusiasmo de la oposición antifranquista y ampliaron la brecha en el frente anglosajón con respecto a España, pues Usa seguía propugnando un duro hostigamiento.  En Inglaterra las declaraciones levantaron una polvareda en la prensa  y en las instituciones: “La sola evocación de los asuntos españoles tenía todavía capacidad de provocar violentos incidentes en el Parlamento”, señala Hoare. Roosevelt declaró no compartir los tiernos sentimientos de Churchill hacia España, y también su esposa, Eleanor, expresó su malestar. Churchill se vio en el caso de explicar a Roosevelt: “No me importa Franco, pero no quiero una península ibérica hostil a los británicos después de la guerra”.

   “Si Hayes y el Departamento de Estado useño sintieron el acuerdo con Madrid como una parcial claudicación, dentro del franquismo la mayoría de los falangistas lo entendió como una cesión humillante, si bien Jordana y otros los vieron como una tabla de salvación.  El disgusto de una parte del gobierno fue en aumento y el ministro del Ejército, Asensio, poco antes promotor de la unidad militar en torno al Caudillo, escribió a este una larga misiva protestando por la línea de Jordana. Las concesiones eran vejatorias y además inútiles, porque los anglosajones “se consideran incompatibles con nuestro régimen”. Sin embargo, de modo incoherente, concluía que había que entenderse con don Juan “para que no siga haciendo daño” y acelerar la vuelta del trono (…) La propuesta del general era sorprendente, porque ni los Aliados ni don Juan ni sus consejeros admitían una monarquía auspiciada por el régimen (…)

   “Antes de contestar, Franco consultó con Carrero, para quien (…) “Don Juan es garantía para los americanos pero no para España. España no tiene por qué caer en una u otra influencia”. Franco, amablemente, indicó a Asensio: “Si puedo estar conforme en parte con las premisas, no lo estoy con la mayoría de las deducciones”. Para él, las expectavias de don Juan y las promesas de los Aliados valían muy poco: una monarquía contraria al Movimiento no se sostendría y abocaría probablemente a una guerra civil. Tampoco podía confiar en una restauración hecha por el Movimiento, pues las presiones externas hacían muy verosímil que el rey derrocase al Caudillo y hasta lo encarcelase, como había hecho Víctor Manuel con Mussolini (…) Y explicó a Dieckhoff (…)  “España resistiría sin duda una agresión anglosajona, pero su ejército estaba mal armado y Alemania no estaba en condiciones de armarlo en grado suficiente, como tampoco podía suministrar petróleo o alimentos. Él quería hacer por Alemania todo lo posible, pero no había otra solución”.

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Aplazamiento presentación libro / Varela Ortega, 7: Franco y Churchill/ Jayam 16, y feminismo (III)

Con motivo de la alarma social suscitada por el coronavirus, se aplaza la presentación de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, hasta que la alarma cese.  Parece mentira que un bichito “que si se cae se mata”, pueda paralizar gran parte de la vida social.

El libro va por la tercera edición a pesar del boicot que le han hecho los grandes medios, numerosas librerías y los caciques de la universidad. Es un libro concebido para acabar de una vez por todas con la “cultura” del embuste sobre nuestro pasado –por tanto sobre nuestro presente– instalada en España desde que, en 2002, el PP decidió criminalizar el alzamiento de julio del 36, escupiendo sobre las tumbas de sus propios padres y abuelos, y entregar la historia, por tanto la cultura y la universidad, en manos del nuevo frente popular de PSOE y separatistas. 

No obstante su intención, el libro no es de ninguna manera un panfleto, ni en su análisis ni en su lenguaje. Se trata simplemente de rescatar la historia real y dar un golpe decisivo, al menos en el plano intelectual y espero que también en el político, a la infame ley de la cheka, llamada “de memoria histórica” o, más injuriosamente, “de memoria democrática”, y que amenaza muy seriamente la libertad de todos.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Varela Ortega, Franco y Churchill

Para enfocar debidamente la talla histórica de Franco debemos empezar por los hechos evidentes, que pueden resumirse así: venció siempre a todos sus enemigos militares y políticos, incluso partiendo de una situación prácticamente desesperada que habría disuadido a casi cualquier otro. Venció indirectamente a Stalin en España. A continuación evitó entrar en la guerra mundial y luego derrotó a un criminal aislamiento impuesto desde el exterior por regímenes comunistas, democráticos y dictaduras varias. En pleno  aislamiento venció asimismo a una peligrosa guerrilla comunista interior. Tanto la neutralidad en la SGM como la derrota del aislamiento fueron dos batallas diplomáticas cruciales, libradas con éxito en las más arduas circunstancias;  y en otra hazaña diplomática  humilló en la ONU a Inglaterra a propósito de Gibraltar. Y presidió la época de mayor prosperidad y con mayor ritmo de crecimiento que haya vivido España antes o después.

Por encima de cualquier matiz,  detalle o revés secundario, basta mencionar estos éxitos indudables, alcanzados en las más desfavorables y a menudo peligrosas circunstancias, para concluir que la talla de Franco como estadista y militar descuella ampliamente sobre cualquier otro español en varios siglos.

Sin embargo la pintura que de él traza Varela Ortega y los anglómanos en general, coincidentes en esto (y en otras cosas) con los lisenkianos,  es la de un personaje intelectualmente irrisorio, de “carencias culturales estridentes”, “cursilería provinciana”,  ”equipaje cultural rancio y raquítico”,   que ”no hablaba idiomas (inglés, claro) ni apenas había viajado fuera de España”, aficionado para más inri  a “pintorescas incursiones literarias”. Se destaca asimismo su mediocre estatura, su voz “atiplada” y cierta pronunciación que  “delataba, ante cualquier gallego culto, sus orígenes aldeanos  no superados”. Varela, como Preston y los anglómanos en general, le concede inteligencia, pero muy limitada, poco más que una astucia aldeana o “gallega”. 

De economía no solo lo ignoraba todo, sino que además tenía ideas fantásticas o pueriles al respecto. Y del mundo exterior algo parecido, de ahí sus ilusiones respecto a Hitler, o sus supuestos deseos de entrar en la SGM, aunque pidiendo demasiado, o sus propuestas ridículas proponiendo al final de la guerra en Europa una alianza con Inglaterra frente al expansionismo soviético. A esta última propuesta habría respondido Eden, según Tusell, otro historiador anglómano:  ”Lástima que el general Franco tenga una idea de la realidad internacional tan desenfocada”. Lo cita con mofa Varela porque  “ilustra las limitaciones de nuestro dictador”. En realidad ilustra las grandes limitaciones de Eden y del gobierno inglés, que imaginaban garantizar la estabilidad europea mediante el acuerdo entre Londres y Moscú, y poder barrer a Franco sin apenas dificultad. Ilustra también  las graves limitaciones intelectuales de los propios Varela,  Tusell, Preston, Moradiellos y tantos más.

   En otro párrafo, Varela cita al más ecuánime Paul Johnson, que tiene a Franco por “una de las figuras políticas más exitosas del siglo”, pero le añade la coletilla: “exitosa en la medida de sus intereses, que eran mandar sin restricciones y durar sin limitaciones”. Al parecer, lo único que ocurrió en los cuarenta años de franquismo fue el mando omnímodo del “dictador”, que mantuvo su poder gracias a su “astucia aldeana”. En fin, no es difícil percibir que en la figura mediocre, gris y aldeana como ven a Franco estos historiadores hay más una proyección inconsciente de sí mismos que un verdadero retrato político del propio Franco.

Entre tanto, vale la pena comparar a Franco con Churchill venerado con absoluta falta de sentido crítico por la literatura anglómana, Moradiellos en particular. De que era más viajado y más culto y un poco más alto que Franco, no cabe duda; también de que estaba muy alcoholizado, etc. Pero estos aspectos son irrelevantes en cuanto a su significación histórica y política. Ciertamente la influencia mundial de Churchill fue también  muy superior a la  de Franco, porque Inglaterra era hasta 1939 la primera potencia mundial con un imperio gigantesco, mientras que Franco partía de una España inferiorizada por más de un siglo de profunda decadencia muy agravada por el Frente Popular. Nunca tuvo Churchill, como Franco, que afrontar una guerra partiendo de una situación de inferioridad material desastrosa, debiendo además improvisar  al mismo tiempo un nuevo estado y un nuevo ejército.  Pero Churchill sufrió en su carrera  graves derrotas militares y políticas, y aunque vencedor en la SGM, dejó a su país prácticamente en quiebra, endeudado hasta las orejas y  con racionamiento. Siendo él mismo un producto típico del imperialismo inglés, tuvo que presenciar el comienzo de la disolución del imperio, la sumisión de su país a la tutela useña, a menudo humillante, muy condicionado también por el poderío soviético;  y  además fue  expulsado del poder en las elecciones hacia el final de la contienda. Si los medimos por el modo de conducir la guerra, resultó sin duda   bastante más cruel que el español.

   Si comparamos a las dos figuras por sus logros políticos  y económicos, no parece difícil concluir que, salvando la diferencia de escala de uno y otro en cuanto a proyección mundial, Franco no solo tuvo que afrontar mayores y más difíciles retos, sino que también tuvo un éxito mucho mayor en todas sus empresas políticas y militares. Claro que para los anglómanos, todos los fallos, incluso crímenes, de Churchill, quedan disculpados porque era demócrata y Franco no. Por eso es necesario un comentario al respecto.

Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

Omar Jayam y el feminismo

El problema es  por qué el feminismo, siendo una ideología tan absurda como usted dice, ha cundido de tal manera y en tantos países.

–Eso puede predicarse de todas las ideologías que por un tiempo parecen universalizarse. La causa de ello es difícil de precisar. Normalmente surgen de unas pocas personas, por ejemplo en la universidad, al principio chocan con ideas establecidas que no saben reaccionar con inteligencia, y se extienden a menudo desde la universidad hasta conquistar a poderes públicos. Sin embargo nunca se imponen en la sociedad entera ni duran demasiado. La conquista de la universidad es fundamental. Todas las ideologías tienen una lógica y una dinámica interna, y su raíz más profunda es la insatisfacción y la angustia connaturales a la condición humana.

De acuerdo con sus tesis, parece que todo el pensamiento e incluso la política, puede referirse a Jayam

Obviamente, no es así. Lo que Jayam expresa está también expresado mucho antes y mucho después de él, de modo independiente. Lo que me asombra es la claridad y concisión con que lo expone. Vamos a verlo así en relación con el feminismo: uno investiga la historia y ve que en esta hay una cantidad de sufrimiento, de inestabilidad, de violencia, que puede cegarnos a otros aspectos más, digamos, felices;  y llevarnos a entender la historia humana como una especie de mal persistente, de “ruido y de furia”. Entonces nos preguntamos: ¿a qué se debe? Cada ideología tiene su receta. Una posible sería esta: a lo largo de la historia, ha sido el elemento masculino el predominante en la política. Si lo sustituyéramos por el femenino, o al menos hiciéramos a este predominante, ¿no viviríamos con mucha más paz y amor? Es un razonamiento simple que, expreso o no, está en la base del feminismo. Es aún más engañoso o más tosco que la lucha de clases o la competencia entre individuos, pero puede atraer precisamente por su simpleza.

Si se plantea como usted dice, no sé cómo se lo podría rebatir.

Volvamos a Jayam: sus preguntas valen igual para hombres y mujeres. Es la situación del ser humano en el mundo, inapelablemente. Son preguntas sin respuesta, y sin embargo son generadoras de cultura, aunque suene a paradoja. ¿Van las mujeres, por ser mujeres, a darles la respuesta adecuada, es decir, a encontrar el sentido de la vida, pues de eso se trata, y manifestarlo en una organización social obligatoria? El marxismo decía que esa misión, la de dar sentido y felicidad a la vida, correspondía al proletariado, incluso al margen de la voluntad consciente de sus individuos, porque su posición social e histórica, como clase social,  le empujaba a conseguir por fin una igualdad de la que saldría el bienestar general, por decirlo con algo de simpleza.  Pero el marxismo ni surge del proletariado ni a los proletarios, individualmente o en conjunto, les interesa.

En cambio el feminismo nace de mujeres, de algunas por lo menos.

Tampoco eso es cierto. Las feministas adoptan ideas y tendencias desarrolladas por varones, que políticamente no se aplicaban a las mujeres por las mismas razones por las que la mayoría de los trabajos tampoco lo hacían: porque eran creaciones masculinas.  Y vemos que el “toque” que viene dando a todo eso el feminismo  termina siempre en consignas vaginales, digámoslo así. En fin, ya le he expuesto mi punto de vista, desde luego debatible, que en bruto sería así: la vida, al nivel humano, no existe sin los dos componentes, masculino y femenino (si esto tiene un carácter cósmico, como en el taoísmo, ya es otra cuestión). El elemento masculino  predomina en un terreno, la nutrición, y el otro en la reproducción. El uno va ligado al individuo, el otro a la especie. La nutrición es la lucha por la vida, y lucha es violencia, abierta o estructural, no una calma que supuestamente proporcionaría felicidad y sentido. Gran parte de los esfuerzos políticos y filosóficos ha consistido en dar a esa lucha unos cauces no destructivos o menos destructivos que la violencia abierta. El elemento femenino, más ligado a la reproducción, es el que ofrece esa calma compensatoria, que si se hace excesiva, conduce al estancamiento social. El feminismo es a la feminidad lo que el marxismo al proletariado, y de él se podrían decir muchas más cosas desagradables o ridículas. Esa especie de pornocultura en que va medio naufragando — a mi juicio, claro–, la sociedad, va relacionada igualmente con esa ideología. No sé si vale la pena seguir… En general, la pretensión de una respuesta racional,  real y definitiva a las preguntas de Jayam solo  ha generado  fanatismos e histerias.  Tiene que ser por algo, no fácil de desentrañar.

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Feminismo (II) Histeria y negocio / Varela Ortega 6 ¿No tuvo éxito la autarquía?

Jueves, 12, Casino de Madrid, c. Alcalá 15, a las 19,00: presentación de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, a cargo de Luis del Pino y de Miguel Platón.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Histeria y negocio en el feminismo

Dice usted que hombres y mujeres son muy desiguales y complementarios. ¿Cómo explica entonces este movimiento mundial de protesta feminista?

–Que son complementarios desde los mismos órganos sexuales, que se extienden a la psique, me parece que no admite discusión. Lo cual no impide tensiones y a veces antagonismos. Hasta en los matrimonios más felices se producen riñas y tensiones de vez en cuando. Pero lo esencial es sin duda la complementariedad. Si todos los hombres mataran a las mujeres, como las feministas sugieren que sería su intención, o todas las mujeres envenenasen a los hombres, como también sugieren, unos y otras desaparecerían a su vez bien pronto. Lo femenino existe en relación a lo masculino y viceversa. Tanto que incluso las parejas homosexuales suelen remedar los papeles. Por otra parte las diferencias no son simétricas. Por ejemplo, un hombre puede en teoría engendrar miles de hijos, mientras que una mujer solo puede concebir unos pocos. De ahí que, desde el punto de vista de la especie, la desaparición de gran número de hombres es mucho menos grave que la desaparición de gran número de mujeres. Esas protestas hiperbolizan  las tensiones y las convierten en antagonismos generales, al mismo tiempo que, contradictoriamente, afirman una igualdad “científicamente demostrada”, que solo haría imposible el “patriarcado”. Vienen a decir que los dos sexos son iguales y antagónicos, en lugar de diferentes y complementarios. Eso es histeria.

¿Ha visto usted las grandes manifestaciones de mujeres?  ¿Afirma que todas son histéricas?

–La ideología es histérica, sin duda. Pero en esas manifestaciones hay de todo. Una consigna ayer en Madrid creo que era “Esto es una protesta, no una fiesta”. Para muchas asistentes, quizá la mayoría, sí era una fiesta en la que podían chillar y exhibirse en masa, sin inhibiciones, sintiéndose importantes. En alguna medida recuerdan a las que van a desfogarse gritando ante sus cantantes o actores favoritos. Como he dicho antes, si contra algo protestan es contra la propia condición femenina. Tienen igualdad de derechos desde hace mucho, pero quieren extender esa igualdad a lo que no solo no es posible, sino enormemente dañino y peligroso para la sociedad. 

¿Todas marimachos, entonces?

Es bien sabido que en esos movimientos hay una proporción de marimachos y lesbianas militantes,  mucho más alta que en el resto de la sociedad. No me refiero a la masa un tanto folclórica, sino al sector  organizado y “teórico” del movimiento, que tiene también su parte de negocio: constantemente están acusando, inventando agravios y problemas y montando con todo ello chiringuitos que nos obligan a pagar a los demás.   En eso actúan como los separatistas, ecologistas y demás. Y como viven de eso, necesitan alimentar sin tregua la “cultura” de la frustración. Y sí,  es significativo que tantas lesbianas militantes se presenten como representantes de “la mujer”, con la mayor desenvoltura. Como los comunistas de los obreros o los separatistas de los catalanes o los vascos…   Es la  estafa y la usurpación hechas política.

Usted sostiene que en realidad odian a la propia mujer. Sin embargo, sus consignas hacen alusión constante a lo propiamente femenino.

–¿Se refiere usted a esas consignas del coño, la menstruación, el aborto, las bolas chinas etc.? Sí, son muy significativas, pues concentran todo su pensamiento, llamémosle así, que no parte del cerebro sino de la vagina. ¿Qué más se puede decir? Son también consignas lesbianas o de marimachos, pues parodian la grosería típica del varón con respecto a los órganos y actos sexuales, grosería que a la mayoría de las mujeres les desagrada. Pero algunas se “liberan” así de la opresión “patriarcal”. No obstante, el feminismo tiene una dimensión más de fondo… 

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**Para el gobierno del Doctor con su ley chekista de memoria histórica, los criminales ajusticiados por sus asesinatos y torturas son “demócratas víctimas del franquismo”. Al solidarizarse con ellos demuestra ser asimismo un gobierno criminal. 

**¿No es asombroso que el partido más corrupto de la historia de España se haya encaramado al poder echando por corrupción a otro? ¿No es asombroso que el partido de pasado más criminal de España pretenda dictar su versión de la historia a los españoles? A esto hemos llegado, gracias a los “contempladores de futuros” del PP.

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Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

Varela Ortega y la autarquía de los años 40

Como hemos visto, fueron muy relevantes los éxitos de la política “autárquica” a lo largo de los años 40, pese a los boicots anglosajones primero y anglosajones y soviéticos después. Varela Ortega, en cambio, hace sus peculiares análisis prescindiendo de la tremenda presión exterior, que después de la SGM puede calificarse de criminal.  Y da a entender que las penurias y estancamiento de los primeros años de posguerra civil se extendieron a toda la década. Así, los villanos de esa peculiar historia serían los autores de la política autárquica.

Viene al caso, por tanto, recordar otro factor decisivo en las miserias de los primeros tres años de posguerra y descartado frívolamente por los anglómanos: la herencia del Frente Popular,  una gran parte del país económicamente desarticulada y en gran parte arrasada. La historiografía anglómana, coincidente en eso con la lisenkiana, tiene a bien dejar de lado este condicionante, pero su peso lo ponen de relieve las dificultades que Alemania Occidental tuvo para absorber y equilibrar la parte comunista tras la reunificación. Dificultades muy grandes y prolongadas durante varios años, a pesar de que se afrontaron con un país opulento, el más rico de la UE y sin ninguna presión exterior o situación de guerra. Creo que esta comparación basta para poner en su sitio las narraciones impresionistas de la miseria en España entre los años 39 y 42.  Julián Marías recuerda: “En Madrid, la pobreza inicial era extremada (…)  En los barrios obreros la pobreza  era angustiosa. Sobre todo mujeres y niños hambriento, demacrados, vestidos con harapos, a veces con prendas militares; yo vi (…)  mujeres vestidas con un saco que tenía tres agujeros para sacar la cabeza y los brazos (…) Todo esto fue mejorando, pero así empezó” (recogido en Años de hierro) La descripción podía abarcar seguramente a casi toda la zona que había sufrido el Frente Popular, y en parte  se iría extendiendo al resto, por las imposiciones de la guerra europea.

   Para afrontar tal miseria, vienen a decir los anglómanos, el gobierno de Franco  preconizaba apretarse el cinturón o embarcarse en proyectos militares tan grandiosos como irreales, y practicar una autarquía económica que solo podría producir estancamiento y caos. En realidad, las primeras medidas del gobierno consistieron en recuperar la flota izquierdista llevada a Túnez, más 59 mercantes amarrados en puertos extranjeros, más 40 toneladas de oro remanentes de las depositadas por el FP en Francia, y recuperar los enormes tesoros artísticos llevados criminalmente por las izquierdas a Francia y Suiza, con propósitos desde luego muy alejados de la pretensión de salvarlos de bombardeos, con que se justificaron.  Asimismo fue preciso, y se realizó con éxito, recomponer la unidad de la peseta, rota por la guerra (Ley de Desbloqueo), ya que la peseta del Frente Popular había perdido todo su valor por una inflación salvaje. Se estabilizaron los presupuestos y se racionalizaron los impuestos mediante una Ley de Reforma Tributaria. Estas medidas, del ministro José Larraz, se presentan a veces como opuestas a las directrices de Franco, lo que es por completo contrario a la realidad. Larraz dimitió por disconformidad con Serrano Súñer, al parecer (aunque pudo ser por alejarse de la política y dedicarse a ocupaciones intelectuales), e hizo muy a posteriori  algunas apreciaciones despectivas sobre los conocimientos económicos de Franco. Pero los jefes de gobierno –el mismo Churchill, que tiene frases mordaces sobre los economistas– muy a menudo están en el mismo caso que el Caudillo,  por lo que recurren a expertos. Y las normas de Larraz se mantuvieron.

Tan pronto como octubre del 39, recién comenzada la  guerra europea,  se aprobó un Plan de Reconstrucción Nacional, que preveía liquidar en diez años el déficit comercial y cuyo punto clave sería la construcción de una vasta red de embalses que suministrarían gran cantidad de energía eléctrica para el abastecimiento civil y fabril, y aumentarían la productividad agraria extendiendo los regadíos. Siguió  la creación de un Instituto Nacional de Colonización ideado como alternativa a la fracasada reforma agraria de la república. Se presentó asimismo un  ambicioso plan de repoblación forestal. Una Ley de Protección y Fomento de la Industria Nacional y el posterior Instituto Nacional de Industria subvencionarían las industrias consideradas más urgentes y crearían otras  cuando la  iniciativa privada fuera insuficiente. Todos estos planes estaban realmente bien concebidos, no contrariaban la iniciativa privada ni la economía de mercado, aunque fuera preciso establecer regulaciones fuertes, control sindical y racionamiento (como en Inglaterra).

   Aquellos proyectos, muy racionales, no se dejan anular con frases simplistas o frívolas ajenas a la realidad histórica. Ciertamente fue muy difícil ponerlos en marcha ya que,  apenas estallada la guerra en Europa, Inglaterra y en segundo término Usa, se apresuraron a racionar drásticamente a España el vital petróleo y la importación de cereales y otros productos,  dejando al país a medio gas. Pero los boicots, presiones y chantajes fueron progresivamente sorteados con notable habilidad y prudencia. La red de pantanos, planeada desde la dictadura de Primo de Rivera pero nunca cumplida,  iría cambiando el paisaje agrario español, junto con una repoblación forestal de las más exitosas del mundo. También  se construyeron industrias antes inexistentes, que, aunque poco competitivas inicialmente en el ámbito internacional, una vez derrotado el aislamiento apoyaron el desarrollo  de los años 60-75, y sin las cuales este habría sido menos espectacular. En las  condiciones de los años 40, la autarquía era inevitable, y dio un resultado calificable de excelente si se tienen en cuenta las tremendas contrariedades de aquel tiempo.

 

 

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Qué es el feminismo (I)

El día 12, presentación de Por qué el Frente popular perdió la guerra, con Luis del Pino y Miguel Platón. En el Casino de Madrid, Alcalá 15, a las 19.00 horas.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Qué es el feminismo

Dice VOX que el día de la mujer trabajadora no es de la mujer sino del odio al hombre. ¿Está usted de acuerdo?

–No, en primer lugar porque lo de “trabajadora” sobra. Es una de esas palabras perversas, como, salvando la distancia, lo del “bando republicano”. Llevar una casa y criar unos hijos ha sido siempre un trabajo, y muy duro, aunque no se pague con dinero. Además, el sentimiento feminista no es el odio al hombre, sino precisamente el odio a la mujer por no ser como el hombre. Hacia el hombre es más complejo, una mezcla de envidia y odio. 

Sin embargo afirman representar los derechos y aspiraciones de las mujeres.

–Nunca las aspiraciones de las mujeres han sido ser como varones. Se trata de una usurpación, como la de los comunistas con el proletariado o de los ecologistas con “la madre tierra”. Estamos llegando a unos niveles de estupidez  sin precedentes, ahí tiene a Pancho de la Pampa celebrando a la Pachamama en los jardines del Vaticano… Podrían reivindicar, por ejemplo, el salario para el trabajo de la mujer en casa y con los hijos. Pero ese trabajo es precisamente lo que más odian. Detestan lo que más caracteriza a la mujer, que es la maternidad y propugnan el aborto como “un sacramento”, según confiesan  muchas de sus consignas. 

Hablé el otro día con una chica rusa, sorprendida porque en Rusia es un día de fiesta en que se regalan flores y obsequios a las mujeres, mientras que aquí hay una tensiones brutales.

–Aquí hay un fenómeno de histeria colectiva, que es al mismo tiempo un negocio para diversos grupos políticos y charlatanes intelectuales. La histeria viene a ser una rebelión impotente contra una realidad que no se acepta ni se quiere entender. Es impotente, salvo para causar daño a quien la sufre y a su entorno, en este caso a la sociedad entera. Esa histeria se manifiesta, por ejemplo, en la idea de que la realidad no existe, sino que es como uno quiera sentirla.  Si tú te sientes mujer eres mujer, y si te sientes millonario eres millonario (esto último no se dice, pero entra en la misma lógica, e incluso con más realismo).

De acuerdo con lo que usted dice, las feministas desearían en realidad ser varones.

–Por supuesto, así es. Se trata de una rebeldía contra la condición femenina. Sus palabras o palabrería encubren esa realidad. Y con mil consecuencias indeseadas, desde luego. Ya el hecho de que todos los partidos que atentan contra la democracia y la unidad de España, desde la ETA al PP, se declaren tan feministas, nos da una pista adicional sobre el problema.

Usted define a la mujer por la maternidad. Pero no todas las mujeres son madres, algunas no quieren serlo, y ninguna se pasa la vida teniendo hijos.

–Una cosa es la normalidad y otra las excepciones, que, como dice el dicho “confirman la regla”. Generalmente esas ideologías ponen en primer plano las excepciones como si la regla debiera acomodarse a ellas. La maternidad no consiste en tener muchos hijos, basta uno o el deseo de uno, aunque no se logre. Observe que el feminismo y algunas de sus consecuencias sociales han creado en cierto número de mujeres el deseo de tener algún hijo, “para realizarse”, al margen del varón. Muchas mujeres han sufrido siempre problemas psicológicos, incluso la locura, por esa carencia. Hay muchas más mujeres que hombres con graves problemas psicológicos (en compensación hay mucho más hombres  delincuentes, yo creo que hay una cierta simetría entre las dos cosas); y esos problemas mentales  en la mujer  suelen provenir de  una psicología relacionada con la maternidad.

¿Sostiene usted que las mujeres son mentalmente distintas de los hombres?

–Psicológicamente son tan distintas como corporalmente. El cuerpo femenino está clarísimamente diseñado para la maternidad, y eso va mucho más allá de tener o no tener hijos efectivos. La mujer es, son las excepciones que se quiera, más afectiva y afectuosa, más generosa, menos inclinada al odio o a la delincuencia, más emotiva, habla más y sonríe con más naturalidad, suele ser más limpia, también en las palabras… En los oficios a que hoy se dedica suele escoger los que tienen más relación con las personas y la ayuda, como la medicina, la enfermería, las profesiones de letras etc. Y todo eso tiene que ver con el rasgo distintivo de la maternidad. Si se mutila todo eso, no solo la gran mayoría va a sufrir mucho, crecerá el desprecio o despego del varón hacia ellas, finalmente mutuo, y el malestar en la sociedad, la disgregación de las familias, con sus consecuencias para la formación de los niños. 

Por lo tanto, por un lado o por otro, la mujer no tiene remedio

–Ser mujer no es una enfermedad, como en el fondo creen los feministas, no necesita ningún remedio. Por cierto que sus ideólogos sí suelen ser personas muy perturbadas. Fernando Paz ha escrito algo sobre eso, y valdría la pena investigar más el tema. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra dedico un capítulo a “las tres damas de la revolución”,  las tres furibundas feministas. Y las tres bastante chifladas, por decir algo. O fíjese en el modelo de mujer que fue la Beauvoir. Detestaba ser mujer y quería sentirse hombre, aunque al cabo su posición como pareja de Sartre tenía mucho de dependencia o sumisión. 

Pero no negará que tradicionalmente la mujer ha estado sometida al hombre.

–La igualdad de derechos está conseguida desde hace muchos años. El feminismo es hoy otra cosa. Esa igualdad es la única posible. Lo que no impide que unos hombres han estado y están y probablemente estarán  sometidos a otros hombres, laboralmente o de otras formas,  a veces también a mujeres –no me refiero aquí a  dependencias sexuales–. Una mujer de clase alta ha tenido siempre, a lo largo de la historia y ahora mismo,  muchos más derechos en la práctica, y más posibilidades materiales que un hombre de clase baja. Tengo una hipótesis, y es que, dado que  a los animales les caracterizan dos funciones básicas, la nutrición y la reproducción, en el ser humano la nutrición corresponde fundamentalmente al varón y la reproducción a la mujer. Fundamentalmente no quiere decir exclusivamente, claro está. La nutrición es en definitiva la lucha por la vida, que suele ser muy agria, y está más relacionada con el individuo, mientras que la reproducción tiene otro carácter,  digamos más amoroso, se liga más a la especie, a su continuidad. No puede ser casual que prácticamente todos los oficios y profesiones para ganarse la vida, y a los que acceden hoy muchas mujeres,  hayan sido creados por varones. Pero, en fin, es una idea a desarrollar.

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 La trayectoria criminal del PSOE en “Una hora con la Historia”: cómo fue derrotado Companys “heroicamente”: https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g

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Democracia de partido único / Varela Ortega, 5: El secreto de la autarquía (I) / Visión científica de la literatura y el arte.

 La trayectoria criminal del PSOE, en Una hora con la historia. Fracasa la insurrección en Madrid: https://www.youtube.com/watch?v=cZ63DHJkMWE  

Las versiones franquistas han sido cualquier cosa menos “finas”. La república fue un caos, pero el FP fue algo ya muy distinto: de hecho fue régimen criminal, de terror, desde las mismas elecciones fraudulentas del 36, que por sí mismas constituían un golpe de estado. En la república no había mucha democracia, pero sí la suficiente para que en 1933 el movimiento original izquierdista del régimen diera paso a una evolución derechista al ganar ampliamente las elecciones la CEDA y Lerroux. Lo demás ya lo sabemos, sin olvidar la conducta enloquecida de Alcalá-Zamora.

Algo muy semejante ha ocurrido desde la transición: la derecha buscó a propósito olvidar la historia, dejando ese terreno a izquierda y separatistas. Al estilo, un poco, de don Niceto, Aznar, por hacerse el “demócrata”,  se atrevió a insultar y tratar de criminales a sus propios padres y abuelos. ¿Qué entendería por democracia? Y sin embargo el cambio real del régimen se produjo poco después, con Zapatero, que introdujo leyes totalitarias. Ha sido un cambio sin violencia aparente porque el PP optó por colaborar en él. Por lo visto aquí todo el mundo cree que un régimen no cambia porque se destroce su legalidad, y que una democracia puede seguir funcionando como tal con leyes como las impuestas por  ZP y continuadas por el PP.

La farsa generalizada se ve ahora mismo en relación con la histérica demagogia feminista: todos los partidos se vuelven locos con “la igualdad y la libertad”, también “la dignidad”. ETA, PP, Podemos, C´s, los separatistas, PSOE todos son un solo partido, el partido de la igualdad y la libertad. ¡Si es que tenemos una democracia de partido único! 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 

La terrible autarquía.

Durante la guerra civil, el representante soviético ante el comité de No intervención, trataba de asustar al inglés, lord Plymouth, con las catastróficas consecuencias estratégicas que la victoria de Franco, aliado de Alemania, tendría para Inglaterra. Plymouth, hombre práctico, no se dejó impresionar: “Gane quien gane –vino a decir– el país quedará devastado y para reconstruirse necesitará dinero. Ni Italia ni Alemania pueden dárselo, porque no lo tienen,  así que Franco o quien gane tendrán que recurrir a Londres, y sabremos negociar los préstamos  en condiciones favorables a nuestros intereses”. En otras palabras, los ingleses podrían imponer a España una política “conveniente” mediante préstamos que inevitablemente tendrían que pedir los ganadores de la guerra.

Aquella posibilidad no escapaba a Franco, aunque por entonces pensaba que no se materializaría, ya que durante la guerra civil el bando nacional aseguró un abastecimiento suficiente con mercado libre, mientras que en el contrario el hambre aumentaba cada año, pese al racionamiento. Al terminar la guerra se anunció la abolición del racionamiento impuesto por el Frente Popular, pero este había destrozado la economía de tal forma que fue inevitable volver a él y enfrentarse con la dura realidad de medio país semiarrasado, no solo por la guerra sino, más aún, por unos demenciales experimentos revolucionarios.

    La prioridad absoluta de Franco fue entonces la reconstrucción junto con la idea optimista de convertir a España en una gran potencia, que asegurase su independencia en un mundo cargado de amenazas bélicas. Para ello se diseñó un plan grandioso de construcciones navales y aéreas, que el más elemental realismo condenó enseguida al abandono. En cambio, Franco señaló en su discurso de finales de año tres prioridades muy diferentes: la construcción de viviendas, de las que había un enorme déficit, por la guerra y porque  “más del treinta por ciento de las viviendas españolas son insalubres”; la erradicación de la tuberculosis, una plaga que afectaba sobre todo a la población más empobrecida y que resultaría muy cara  porque las 7.000 camas en los sanatorios eran “solo una quinta parte de las necesarias”; y  la lucha contra la mortalidad infantil, cuyas cifras “son igualmente espantosas (…) por descuidos y abandonos evitables”, si bien su remedio, anunció, sería  “mucho menos costoso” gracias a la extensión de la higiene y de cuidados elementales. En estos tres campos iba a destacar la Falange, más sensible a esos problemas que los otros partidos o familias del régimen. Y la independencia de España en los años siguientes no podría asentarse en un gran poder militar sino, sobre todo, en la diplomacia.

   Unos días antes, Franco había refundido numerosos informes económicos en unas orientaciones económicas generales típicamente conservadoras: asegurar la estabilidad de los precios, nivelar la balanza de pagos y afrontar las cuantiosas deudas externas mediante negociaciones y aumento de la producción.  En cuanto al imprescindible comercio exterior, consideraba tres posibilidades: basarse en empréstitos extranjeros, liquidar las reservas de oro disponibles, o aumentar las exportaciones aun a costa de apretarse el cinturón temporalmente. La primera salida, si bien la más cómoda, le disgustaba, porque condicionaría políticamente al país; las reservas de oro resultaban muy exiguas (las que se había recuperado de Francia y campañas de donativos de la población). La tercera opción le parecía la mejor. Por supuesto, se recurrió también a préstamos de Inglaterra y Usa –se rechazaron los demasiado onerosos políticamente– y se consumió el escaso oro. Y se diseñó una estrategia  de industrialización y aumento de la energía que, como vimos y veremos, no estaba tan mal enfocada como pretenden los anglómanos.  Y la economía siguió siendo básicamente liberal, según recordaba Julián Marías, aunque más o menos intervenida en función de las necesidades políticas en una época muy turbulenta en toda Europa.

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Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

Una visión científica de la literatura y el arte.

Con los atascos de tráfico por la lluvia, la profesora de lengua y literatura avisó al instituto, por el móvil, de que llegaría tarde. El director encontró al profesor de física, que holgazaneaba en la sala de profesores, y le encargó sustituir un rato a la de literatura, para que los chicos no alborotaran.

El de física, muy contento, entró en el aula sonriendo lobunamente. Miró a los alumnos y entonó: “¿Nunca habéis pensado en que la literatura es una sarta de trolas? Si no, vamos a ver, el Quijote, una de las novelas mejores, y hasta la mejor, dicen muchos. Por ejemplo, ¿quién, con un mínimo de criterio científico, puede tragarse que después de los estacazos que recibía el hombre, no le hubieran roto un montón de huesos? Con la medicina de entonces, habría quedado baldado por meses o para el resto de su vida Pero en la novela, ¡hay que joderse!, a los cuatro días ya lo tenemos tan campante, en busca de nuevas palizas. ¡Y todo lo demás es lo mismo! Así que, si esa novela es de las mejores, ya podéis imaginar las restantes. Y mira que hacen esfuerzos los autores modernos por darles aire de realidad. ¡Venga hombre, hasta el más tonto se da cuenta del truco, si se fija un poco! ¡Puro cuento! ¡Embustes que insultan a la razón y a la experiencia! Los jetas de los autores nos toman por feacios… ya sabéis, los de Ulises, que les contó no sé cuántos rollos de cíclopes, sirenas, magas y qué sé yo, y se lo tragaron todo. ¡Nos toman por feacios, así, literalmente! ¡Es indignante, tíos y tías! ¡Pero si todo son clarísimas invenciones, falseamientos de la realidad! La literatura se parece mucho a la religión, un montón de disparates y rollos tártaros. ¡Coño, como que viene de ella! ¿De dónde viene la literatura, sino de los mitos? ¡De ahí viene todo el camelo! Los mitos aquellos, que como dice… ¿cómo se llama? ¡Maldita memoria!, sí hombre, el de los genes… ¡Dawkins, eso es!… Los mitos son una cosa pobrísima, dice, extravagante, al lado de la ciencia, tíos… y tías. Esto tiene que cambiar, porque ya lo dijo el sabio… Bueno, el del Jarama creo, que ya dejó aquel timo de la novela. Pues dijo: mientras los dioses no cambien, nada habrá cambiado. Y si desaparecieran todos los dioses de una tacada, digo yo, pues tanto mejor. El mundo sería más como es debido, y habría menos caraduras viviendo del cuento y tomándonos el pelo.

“Por eso, ahora que estáis formando vuestro intelecto, yo os haría un llamamiento ¡No os dejéis tratar como feacios! ¡Coged esas pretendidas obras maestras, engendros de la superstición y del engaño, y tiradlas a la basura!…”

No pudo decir más. Al final, la profesora había salido del atasco y llegado casi a tiempo. Desde el pasillo oyó buena parte de la perorata del de física, y entró en el aula blandiendo amenazadora el paraguas y salpicando copiosamente de agua al sorprendido orador. Éste, entre cuyas virtudes no se contaba un valor excepcional, esquivó a la furia y salió corriendo por la puerta.

“¡No te jode el tío cabrito! ¡Quiere dejarme sin trabajo! ¡Mandar al paro a miles de modestas y honradas profesoras y profesores de literatura! ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Ni puto caso, ¿eh chavalas y chavales?! ¡Ni puto caso!”

Cosas así pueden ocurrir en cualquier momento. Y aún peores.

  (En LD, 6-12-2002)

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

Si bien se mira, la actitud del profesor ciencista ante la Venus de Milo es de lo más instructiva. Pocos ciencistas se atreverían a razonar abiertamente como él, así como pocos marxistas se atreverían a proponer la quema del museo del Prado por contener arte burgués y reaccionario, pero es solo por inconsecuencia: se quedan a medias en su razonamiento, por indecisión u oportunismo. El profesor va hasta el final, y defiende:

A) que el carácter pétreo de la Venus de Milo es perfectamente claro y demostrable, mientras que su carácter femenino, no digamos ya religioso, es demostrablemente falso, un puro y simple engaño. Nadie podría dejar de darle la razón, vistas así las cosas;

B) que, de modo análogo, el ser humano es un conjunto de células en el grado de evolución del primate, si bien, la mayoría de los primates no haría tonterías tales como modelar un pedrusco y darle un significado animal (femenino) y, mucho menos aún, religioso. Ese grado de sandez queda referido solo al ser humano inconsciente de sí mismo, ajeno a la ciencia.

Podríamos extender la analogía con la de aquel otro profesor de ciencias que incitaba a los alumnos de letras a tirar a la basura las obras literarias, ficticias, esto es, falsas por definición.

Cabría objetar lo siguiente: la Venus de Milo remite de un modo u otro al carácter moral del ser humano. Al contrario que el hombre, el primate, como el resto de los animales, guía su comportamiento casi exclusivamente por el instinto, es decir, por reacciones semiautomáticas de las que no puede hacérsele responsable. En cambio el ser humano es para sí mismo responsable de sus actos, salvo situaciones extremas, lo cual constituye la base de la moral. Ello significa que su conducta, aunque mantenga en parte su base instintiva, sobrepasa ese nivel. Esta diferencia crucial separa al ser moral –o animal moral, si se prefiere–, del primate y de los demás animales con tanta profundidad como los animales se separan de las plantas.

El carácter moral, responsable, y la libertad y la culpa implícitas, son al mismo tiempo una pesada carga, a veces un verdadero tormento. Por ello una tendencia ancestral del ser humano ha sido también la de rehuir su condición y retornar al paraíso de la conducta instintiva, inocente, sin responsabilidad ni culpabilidad ni, por tanto, libertad. Tal es la clave de la ideologías utópicas y ciencistas: la conducta humana puede hacerse tan previsible, y por ello manipulable, como la de un animal, una vez conocemos “científicamente” o “racionalmente” sus imperativos fisiológicos bajo la “impresión ilusoria” de la libertad y la dignidad.

Sin embargo la vuelta a la inocencia instintiva es imposible, la impide “el ángel con la espada flamígera”, dicho en plan simbólico. Las opciones utópicas, que, no por casualidad, se han pretendido casi siempre científicas y racionales, tienen una doble consecuencia: a) obligan a una aceptación general de ellas, excluyendo así la libertad, que es una pura ilusión, desde su punto de vista; b) permiten la eliminación de los elementos antisociales y anticientíficos que rehúsan aceptar esas conductas. Después de todo, la “dignidad humana” no pasa de ser otra ilusión presuntuosa de un animal que “se miente mucho a sí mismo”, como ha descubierto la señora Margulis. ¿Qué impide liquidar en masa a los disconformes, tal como en Inglaterra se mataron millones de “vacas locas”, un sacrificio económico lamentable, pero visto como necesario y que nunca provocó mayor remordimiento? Las vacas locas, los primates humanos inadaptados, seres enfermos, pueden ser liquidados sin mayor problema, pues, en definitiva, ¿son algo más que simples conjuntos de células con un orden determinado? No por casualidad ha pasado lo que ha pasado en el siglo XX.

 (En LD 18-9-2007)

 

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