Protagonistas de la Transición: “vida y destino”: https://www.youtube.com/watch?v=x8propQCOiU
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Falange
De los cuatro partidos o familias del franquismo es probable que haya sido la Falange el que ha sufrido mayores ataques, debido a que sus afinidades con el fascismo (italiano) la hacían más vulnerable después de la guerra mundial. Sin embargo gran parte de esos ataques son puras calumnias o explotan defectos y fallos que ocurren en cualquier sistema social, de modo que si hacemos un balance, creo que los méritos pesan mucho más que los defectos. La Falange era quizá la familia o partido con mayor sensibilidad social, muy endeble en los demás y mayormente reducida a lo que llamaban caridad. No podemos despreciar esa caridad, puesto que se manifestaba en la red de asilos, orfanatos y hospitales mantenidos por la Iglesia, pero también es verdad que aceptaba una inferioridad de posición y condiciones de gran parte de la población, que no mejoraba al conjunto de la sociedad. El propósito de la Falange era una mejora de las condiciones generales contra, precisamente, los aspectos más viciosos y paralizantes de ese concepto de la caridad, denostado no sin razones.
Destacaré tres grandes méritos de la Falange, entre otros: 1) La Seguridad Social, a ella debida principalmente, y una de cuyas manifestaciones fue un aumento espectacular de la esperanza de vida al nacer, que a su vez condensaba otras mejoras diversas, como la de la vivienda. 2). La gran labor de la Sección femenina en la promoción profesional, el nivel de estudios, la higiene y los conocimientos generales de millones de mujeres, y la rápida caída de la mortalidad infantil. 3) La División Azul, que protagonizó la mayor gesta militar exterior española de los últimos dos siglos, combinando un espíritu realmente heroico, cada vez más reconocido, con una conducta humanitaria hacia la población civil. La Falange destacó también en las duras condiciones de posguerra en mantener el espíritu que terminó por derrotar las presiones y el aislamiento exterior.
No deja de sorprender la escasísima capacidad de los falangistas, desde la transición, para recordar estas y otras cosas, permitiendo que fueran sus enemigos quienes escribieran a su modo la historia del movimiento, a base de destacar los elementos más negativos. José Antonio, muy consciente de la importancia de la lucha cultural e ideológica, trató de formar en torno a él un círculo intelectual de alto nivel, cosa que no logró del todo, aunque sí en parte. Creo que él mismo lamentaba el estilo algo ramplón de muchos de sus seguidores, poco dotados para la poesía o el pensamiento. La literatura, y en general la labor intelectual falangista, mejor o peor, espera un tratadista ecuánime.
Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
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Importancia de los líderes
En su libro sobre el Frente Popular, usted dedica una parte a cierta evaluación de sus líderes. ¿Cree usted que los líderes tienen especial relevancia en el devenir histórico?
–Eso es una vieja disputa. Los comunistas, como en el célebre poema de Bertolt Brecht, suelen negar el valor de los grandes personajes y exaltar en cambio el papel de “las masas”. No puede ser más revelador el hecho de que en los regímenes comunistas la figura del máximo dirigente adquiera proporciones casi divinas. En fin, es obvio que en todas las actividades humanas surgen personas dirigentes que asumen también las mayores responsabilidades. Por decir algo, es muy difícil concebir la Revolución rusa sin Lenin, la china sin Mao, la invasión de la URSS sin Hitler o quizá la resistencia inglesa sin Churchill.
Esos son casos muy especiales. Pero en relación con el Frente Popular no aparecen personajes de tal influencia.
–No, la impresión general es de una gran mediocridad en todos los terrenos. Recuerde que ya lo señalé como una crítica de Besteiro a los otros líderes socialistas. Pero ello no obsta para que sea preciso trazar una semblanza de los principales, ya que ellos fueron los que sostuvieron las ideas, los objetivos y la lucha del Frente Popular durante casi tres años. Una historia queda muy confusa o incompleta si no aborda al menos los rasgos principales de ellos.
¿No hay una contradicción entre considerarlos mediocres y haber resistido tanto tiempo a alguien como Franco, a quien pinta usted casi como un estratega genial?
–Lo diré de otro modo: si atendemos a sus hechos y olvidamos la palabrería y los juicios gratuitos, Franco fue uno de los militares españoles o extranjeros más destacados del siglo XX. Pero, es verdad, usted puede preguntar cómo tuvo que hacer tal esfuerzo para derrotar a otros políticos y militares francamente mediocres? La respuesta está en los líderes comunistas. Ahora, cuando examinamos a esos líderes, como José Díaz, Hernández, la Pasionaria y demás, los encontramos igualmente mediocres. ¿En qué quedamos, entonces? Los comunistas españoles tenían una estrategia, al revés que sus aliados, pero no la habían elaborado ellos, sino que provenía de la Komintern, es decir, del Kremlin, del mismo Stalin en definitiva. Y por mucho que repugne aquel sistema, sus principales jefes no tenían nada de mediocres. Su inteligencia y amplitud de comprensión de las fuerzas y objetivos en juego se muestran bien en sus logros, aunque estos tengan mucho de diabólico, por emplear esta expresión. Los líderes comunistas españoles no tenían nada de brillantes, pero sí de disciplinados, y esto ya era una ventaja sobre sus aliados socialistas, anarquistas, separatistas o republicanos de izquierda. No encontramos entre ellos uno solo que destaque, pero es que además eran muy indisciplinados. Si no es por los comunistas y tras ellos Stalin, Franco habría vencido en menos de medio año. Digamos que tampoco el personal político y militar de que dispuso Franco mostró una brillantez excesiva, aunque en conjunto sí superior a sus adversarios. Franco supo hacer grandes cosas con medios materiales mínimos al principio, y con medios humanos medianos. El más destacado intelectualmente fue Serrano Suñer, que no obstante cometió algunos serios errores y que por su propia superioridad suscitó la aversión de muchos otros.
¿No tendría usted que haber tratado entonces más bien a los más destacados asesores militares y políticos enviados por Stalin?

–Sí se podría. Pero estos, aunque muy influyentes, eran simples mandados desde el punto de vista histórico. En el libro los menciono, así como el trágico final de muchos de ellos a manos del propio Stalin. Togliatti habría sido también un punto importante, porque era el principal agente de la Komintern. A pesar de todo ello, quienes llevaron disciplinadamente el peso de la acción fueron los comunistas españoles, procuraron hacerlo lo mejor posible y en fin de cuentas no lo hicieron mal, hablando en términos puramente técnicos.
Hay otras visiones de la historia, más científicas, que dejan en segundo término la influencia de las personalidades, dando primacía a las influencias y desarrollos económicos, por ejemplo.
–La economía es muy importante, claro está, pero no niega el papel de los dirigentes, pues estos son también responsables de las decisiones económicas. Además, lo datos meramente económicos favorecieron enormemente al Frente Popular, sobre todo en los primeros meses, lo que hizo que estuvieran muy confiados en la victoria… que no consiguieron. Realmente los nacionales no lograron la superioridad económica (aunque organizaran mejor la economía) hasta que conquistaron la zona norte, con la industria pesada y de armamentos, las minas de hierro, carbón y otros minerales y numeroso personal cualificado. Por otra parte analizo una decisión económica y política más transcendental del Frente Popular, el envío del oro a Moscú, que casi nunca se examina en sus términos y consecuencias reales.
Aun con todo ello, ¿pueden dar idea clara de los personajes unas pocas semblanzas muy condensadas? ¿No dejan fuera tal número de aspectos de sus biografías que por eso mismo se vuelven arbitrarias?
–En parte es así. Las motivaciones, trayectoria vital y destino de las personas son algo inagotable y en gran parte inasequibles al observador externo. Digámoslo todo: también al propio personaje, que mantiene a menudo mil ilusiones sobre sí mismo: “una cosa es lo que se piensa, otra lo que se dice y otra más lo que se hace”. Pero la semblanza de un personaje histórico, aunque aluda necesariamente a los aspecto más personales, puede centrarse con bastante verosimilitud en su relación con los acontecimientos políticos que le afectan en medida decisiva y que a menudo son provocados por él mismo. Es lo que he querido hacer en el libro. Y repito que una historia que no preste atención a las personalidades protagonistas que orientan la acción general, es una historia mutilada.
Las masas, en definitiva, ¿carecen de importancia?
–Tienen suma importancia, porque sin ellas no hay dirigentes, que por otra parte surgen de ellas. Pero las decisiones no las toman “las masas” o “el pueblo”, eso debe quedar claro desde el principio. Son cosas obvias, pero a menudo se complican con problemas falsos o rebuscados.




