Ayer presentó Carlos Caballero Jurado La División Azul. De 1941 a la actualidad. Caballero es seguramente al mayor especialista sobre dicha unidad española en Rusia, que ha despertado una bibliografía no solo sorprendentemente muy grande y no solo en español, sino también en inglés (por lo común muy elogiosa, al contrario de las mentiras de la BBC), francés, alemán, polaco, italiano, rumano o ruso. Bibliografía de valor muy desigual pero, lo que resulta más sorprendente, que no cesa de incrementarse. Como dijo el autor, en 1985 apenas existía nada comparado con lo que se está publicando hoy.
En el apéndice “El debate bibliográfico” señala cómo la DA apenas ha recibido atención durante muchos años en las publicaciones del ejército español, tanto en el franquismo como después, lo que es muy significativo, aunque más recientemente el general e historiador Salvador Fontenla le ha dedicado importantes trabajos. Este general trabaja también en la identificación de tumbas de divisionarios en Rusia y su traslado a España si lo piden sus familias. En alguna ocasión comentó las facilidades que dan los rusos a su tarea en comparación con la desatención y obstáculos que reciben en España.
Otros dato significativo: en el nuevo museo del ejército en Toledo, la DA apenas recibe atención, mientras que se inventa absurdos como que 100.000 españoles habrían luchado al lado de los Aliados en la guerra mundial. Este es el nivel que quieren imponer los bergantes paniaguados de la memoria histórica. Otro punto que trata el autor es la bibliografía “crítica” en España de tres o cuatro autores cuyas falsedades lindantes con la pura estupidez (porque se descubren por pura lógica) demuele a conciencia. Entre ellas las de un hijo de divisionario, J. Martínez Reverte, ex comunista o comunistoide que prefiere traicionar a su padre mintiendo evidentemente sobre él.
Obras definitivas no existen, pero esta de Caballero puede calificarse así en el sentido de que aporta la información más completa hasta ahora, así como análisis de la época y una amplia revisión crítica de la bibliografía. Quizá flojea en las observaciones sobre la literatura, también muy amplia, generada por la DA. Tiene su lógica, pues no la contempla desde el punto de vista literario, sino de su veracidad histórica.

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Campillo
De Antonio López Campillo quiero decir unas palabras, pues fuimos muy amigos en los turbulentos tiempos del Ateneo. De hecho, la idea de un burdel ilustrado con retratos de intelectuales progres adornados con velitas fue suya. Tenía un sentido del humor bastante corrosivo, aunque sin saña. Era un personaje muy poco común, químico y físico en el CNRS francés, con numerosas publicaciones, que no le sirvieron de nada al volver a España, donde suele apreciarse más la burocracia que el mérito. Aquí dirigió algunos programas de divulgación científica en la televisión y escribió varios libros, que le costaban mucho porque escribir no se le daba bien. Había sido pastor protestante, y guardaba de la época algunas reminiscencias algo venenosas sobre el catolicismo. Luego se había hecho ateo y comunista, después anarquista (¿o fue a la inversa?) y militado en aquellos grupos más o menos exiliados en Francia (“Hay que reconocer que éramos abnegados. Bueno, algunos”). Desde que me dediqué a escribir de historia ya lo vi solo de vez en cuando, una vez cenando con él y Arrabal, pues eran amigos. De tarde en tarde lo visité en su casa, donde vivía con su compañera, la ensayista Evelyne López Campillo. Estaba cada vez más deteriorado, y apenas podía andar debido a una operación de rodilla mal hecha. Y eso le fastidiaba mucho, pues se definía como “peatón” profesional. Le insistí muchas veces en que escribiera sus memorias, pues había tenido una vida interesante y conocido muchos episodios poco corrientes, pero no se animaba. Cada vez que lo visitaba, con mi mujer, yo me prometía hacerlo con más frecuencia, y al final no cumplía, lo que me avergonzaba y esa vergüenza me hacía aplazar aún más las visitas. Por eso me enteré con un mes de retraso de su fallecimiento. Mi buen amigo.
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Gibraltar hoy
Hoy se cumple el 50 aniversario del cierre de la verja de Gibraltar. Esta fue una segunda victoria política del franquismo después de infligir a Inglaterra la de la ONU. La arrogancia de Londres obligó al gobierno español a esa medida, que convirtió el peñón en una ruina cada vez más costosa, no solo económica, sino también política internacional y moral. ¿Por qué resistió Inglaterra? Porque pensaba que cuando Franco muriese podría presionar a los políticos españoles, a quienes despreciaba, con el señuelo de la “democracia”. Si querían pasar por demócratas tendrían que abrir la verja. Hay que señalar que los países de la futura UE apoyaron la invasión colonial en la ONU y siempre después, hasta hoy. Y tuvieron razón, por desgracia. La clase política de la transición, sobre la que se han vertido loas sin cuento, fue mediocre en extremo, plantó las semillas de los gravísimos problemas actuales, cometiendo graves errores que no sería capaz de corregir y estropeando progresivamente el magnífico legado del régimen de Franco. Una de sus “hazañas” fue la anulación de la victoria política del franquismo y la conversión de Gibraltar en una verdadera llaga purulenta para España y para la democracia. Fue el infame anglómano Leopoldo Calvo Sotelo, quien prometió abrir la verja y tomó una medida tan transcendental como meter a España en la ONU, teniendo un gobierno extremadamente precario. Fue Felipe González, otro por el estilo, quien abrió la verja y consumó la entrada en la OTAN, a la que al principio fingió oponerse.
Este manifiesto se dirige a millones de españoles, por lo que invitamos a nuestros lectores y oyentes a difundirlo por todos los medios, con enlace a este blog (https://www.piomoa.es/?p=10249 ). En una segunda etapa pasaremos a recoger firmas. Se trata de crear una plataforma que ponga en primer plano un problema que es de primer plano, pues afecta íntimamente a la política exterior e interior de España. Un problema ocultado o desvirtuado sistemáticamente por todos los partidos, con la excepción parcial de VOX. Se trata de si ha de continuar el actual proceso de satelización política y cultural a intereses ajenos, acompañado del desguace del propio país, o de reaccionar contra esas políticas nefastas de una vez y con máxima energía
España soporta la única colonia en Europa, una invasión en el mismo centro neurálgico de su eje defensivo Baleares-Gibraltar-Canarias. El hecho exige una reflexión en profundidad porque los gobiernos españoles, sean del PP o del PSOE, se declaran amigos y aliados de la potencia invasora, caso único en el mundo, lo que automáticamente convierte a España en un país satélite y sin intereses internacionales propios.
Esta posición, que hoy no toleran países del llamado Tercer Mundo, se manifiesta igualmente en intervenciones militares sucesivas bajo mando ajeno, en idioma ajeno y por intereses ajenos. Recordemos las acciones en Yugoslavia o Kosovo contra un país en proceso de disgregación por fuerzas internas y externas, cuando la propia España sufre hoy, precisamente, fuertes tensiones disgregadoras. O las costosas intervenciones sin salida en Afganistán, un país absolutamente lejano a nuestros intereses. O en Libia que dejó al país sumido en una guerra civil y un caos que continúa, con cientos de miles de víctimas y de huidos que han agravado las crisis inmigratorias en Europa y en la misma España. Etc. O la presencia de aviones y tanques españoles amenazando y provocando por cuenta ajena a Rusia, un país con el que no tenemos ningún conflicto como sí lo tenemos, en cambio con el que invade nuestro territorio y que es la segunda potencia de la OTAN, en estrecha vinculación con la primera.
Debe recordarse que en los años 60, España obtuvo en la ONU una gran victoria política sobre Inglaterra, al reconocerse la obligatoriedad de devolver Gibraltar a España. Dada la arrogante negativa de los invasores a cumplir la resolución, el gobierno español cerró la frontera con la colonia, aislándola y convirtiéndola en una ruina económica, con coste político y moral añadido y creciente para los ocupantes. Esta política, que habría dado fruto con el tiempo, fue radicalmente invertida por la casta política actual, que anuló aquella victoria, abrió la verja, multiplicó las facilidades a los invasores y convirtió la colonia en un gigantesco emporio de empresas opacas y contrabando masivo, con cuyas ganancias ejerce una auténtica colonización sobre el entorno –al que ha hundido económicamente– y una corrupción sistemática sobre políticos, periodistas, abogados y jueces no solo en su entorno andaluz sino en toda España. Gibraltar ha albergado reuniones de grupos separatistas españoles y no hay duda sobre la intención de Londres y la colonia de jugar con los problemas internos de España para mantener a toda costa su ilegal, humillante y parasitaria presencia en el peñón y su entorno.
El caso de unas clases políticas que no solo admiten la invasión de su territorio sino que multiplican los gestos de sumisión y zalamerías hacia el ocupante, es quizá único en el mundo. Y no se entiende sin otros rasgos, también únicos, de esos partidos y gobiernos. Pues ninguna otra nación tolera gobiernos que en lugar de hacer frente a los separatismos disgregadores, los ha alimentado, financiado y promovido durante décadas hasta volverlos extremadamente peligrosos vaciando de estado a dos regiones y creando una situación de golpe de estado permanente desde una de ellas, cuyas autoridades se declaran en abierta rebeldía contra el resto del país. Esos gobiernos, sean de derecha o de izquierda, han incumplido mil veces los puntos más elementales de la Constitución que garantiza la unidad nacional, y de la democracia, amparando toda clase de ilegalidades, acosos y propagandas contra quienes les resisten. Gobiernos que, declarándose demócratas, han propiciado leyes totalitarias de estilo comunista como la de memoria histórica u ofensivas contra la igualdad de derechos de las personas como las leyes de género. Gobiernos que vienen entregando ilegalmente la soberanía española a una burocracia no representativa con sede en Bruselas.
No estamos, pues, ante un asunto menor, pues se conecta estrechamente con todos los demás problemas de fondo creados por la actual casta política y que no cesan de agravarse. El problema de Gibraltar no tiene solución militar, pero tampoco la necesita. Es indudable que España tiene todas las bazas, sean económicas, políticas, morales o internacionales. Esas bazas las han utilizado los gobiernos de PP y PSOE contra los intereses españoles y a favor de los ocupantes; procurando al mismo tiempo que la intolerable y escandalosa situación quede en la ignorancia para la mayoría de la gente o sea considerado por ella como un asunto de poca enjundia. Gibraltar ilustra la abyección y miseria moral, intelectual y política de una casta política de la que el país debe deshacerse necesariamente y cuanto antes. Y denunciar la cuestión en sus verdaderos alcances y proyecciones, combatir el oscurantismo deliberado hacia la misma, su ocultación a los españoles, es el primer paso al respecto.
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