Tramas amorosas
“Tu novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”, ya te comentaré la otra: convengo en que es una narración épica, si se quiere, pero me han interesado más las tramas amorosas en las dos primeras partes. Las tramas me han parecido muy complejas y realistas, en particular, el retrato de la familia de Paco, el gran amigo de Alberto, y las relaciones entre este y las dos hermanas de Paco. Una, Luisa, es comunista, promiscua y atormentada, un toque masoquista, y es la que seduce a Alberto con una mirada “invitadora, desafiante y burlona”: bien descrito ese tipo de mirada femenina. También la torpeza inicial de Alberto. Cuando Luisa se da cuenta de que Alberto es un enemigo político y la ha traicionado, solo un resto de cariño le impide delatarlo, lo que habría significado el fin de él. También esa reacción me ha parecido verosímil. La otra hermana, Carmen, es religiosa, más convencional si se quiere, se enamora de Alberto y desea que termine la guerra para formar familia con él. Pero es valiente, odia la violencia y arriesga el pellejo ayudando a salvarse a perseguidos políticos. Bien descritas las ambivalencias de Alberto. Su relación con Luisa es meramente sexual, mientras que con Carmen se siente a la vez atraído y temeroso de atarse a una vida convencional que le repugna. Gran parte del relato es el de esa ambivalencia hacia Carmen.
La guerra termina, Luisa y su padre huyen a Rusia, donde desaparecerán más tarde en la oscuridad de las purgas stalinianas. Muy interesante la madre de los tres, Paco, Carmen y Luisa. Es una comunista rígida y a su manera puritana, lesbiana que termina separándose del marido y quedándose en Francia a vivir con una amiga. Para Alberto y Carmen se abre una vida tranquila, se acabaron los riesgos y las violencias. Así lo siente Carmen, pero de ninguna manera Alberto. Este quiere a Carmen, pero no apasionadamente, además ha terminado la guerra mortificado y trastornado por sus descubrimientos familiares. No soporta la paz y huye, con su amigo Paco hacia peligros bastante peores que los ya sufridos: segunda parte.
La segunda parte viene signada, aparte de por dos aventuras amorosas de Paco, por el conflicto entre los dos amigos en torno a dos rusas. Una Irina, quiere que Paco la lleve a España, pues tiene pánico de lo que harán con ella los soviéticos cuando parecen ir ganando la guerra. Alberto de ha enamorado totalmente de la otra, Iliena, a la que han apresado en el campo enemigo. Paco también se siente muy fuertemente atraído por Iliena, y todo se precipita. Irina, torturada por los celos y convencida de que no podrá salir de Rusia ni escapar a la venganza de los soviéticos, intenta salvarse denunciando a Iliena a los partisanos. Iliena esa asesinada por estos, e Irina se suicida. Alberto, hundido psíquicamente, se vuelve a España, y Paco decide quedarse con los pocos que permanecen tras la disolución de la División Azul: una actitud en él suicida que no tardaría en cumplirse.
Otros episodios de ese género hay en la narración, más breves, pero esos mostrados me han hecho compararlos y preguntarme por algo que considero esencial en una novela: su verosimilitud y su coherencia psicológica. En la novela, afortunadamente para mi gusto, apenas entra la política, solo de lejos: los personajes son arrastrados por las circunstancias y reaccionan como pueden. Iliena no reacciona, solo contempla la vida que le ha tocado y apenas hace otro esfuerzo que el de la contemplación, consciente de que todo escapa a sus fuerzas. No pide ni espera nada, la guerra la lleva de aquí para allá, como las hojas muertas del poema de Verlaine, a quien admira. Y es consciente de la atracción que ejerce sobre cierto tipo de hombres, y esa es otra fuerza sobre la que no tiene control alguno. Quiere a Alberto, pero no le pide que la lleve a España ni ninguna otra cosa. Irina es en eso muy diferente. Las cuatro figuras femeninas en las dos partes (hay otras menos acusadas) me parecen identificables, cualquier que esté atento a su entorno podría reconocerlas. ¿Y es verosímil todo el entramado psicológico y episodial? Yo no conozco las guerras más que por referencias literarias, pero con esa salvedad diría que me han parecido muy verosímiles y bien introducidas en unas situaciones de crudeza tan excepcional (…)” Darío Ramírez Schulz
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Para enlazar en las redes: En los análisis del golpe del 23-f se olvida casi siempre el dato de que las demagogias de Suárez estaban llevando al país al borde del abismo. El golpe fue, demuestra Jesús Palacios, una operación, finalmente chapucera, para cortar una situación crítica a solo tres años de la Constitución: 270 – El extraño golpe de Tejero sacude una democracia en crisis | 14 de abril – YouTube
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El Occidente hispano
Si lo comparamos con los otros dos ámbitos occidentales, el hispánico resulta, con diferencia, el más débil, y tampoco es demasiado homogéneo, pues entre Méjico y Argentina, por ejemplo, existen considerables diferencias culturales. Sin embargo hay otros factores que le dan una consistencia relativa: el idioma y el origen común, manifiesto en la mayoritaria religión católica, la raíz del derecho, numerosas costumbres, etc. Es un ámbito con fuertes particularidades sobre los otros dos, y que sufre además la corrosión interna y externa de la llamada leyenda negra, que consiste precisamente en la denigración o negación precisamente de ese origen común.
Esa tara corrosiva aparece ya en las luchas de la independencia, en las cuales imperó una hispanofobia prácticamente suicida, impulsada por las dos naciones principales de los otros dos ámbitos, Inglaterra y Francia, y por minorías criollas que trataban de identificarse con las ideologías representadas por los poderes inglés y francés. Ello no ocurrió solamente en América, sino también en la propia España, siendo las masonerías uno de sus vehículos o instrumentos más identificables. La autonegación llegó a la imposición del término Latinoamérica, hoy casi generalmente aceptado y que en sí mismo entraña toda una concepción de fondo. Puede decirse que el intento de asimilarse a las ideologías propias de los otros ámbitos occidentales ha fracasado, pero, ¿hay alternativa? Hoy vemos cómo tanto Rusia como la superpotencia china adoptan la hispanofobia que ha distinguido a los competidores occidentales.
Combatir la leyenda negra, una suma de falsedades que arranca sobre todo de un fraile chiflado, es muy importante, pero, como expongo en Hegemonía española y comienzo de la Era Europea, no es suficiente sino que debe enfocarse hacia las posibilidades de la actualidad y los problemas generales de un mundo en estado cada vez más alarmante política, social y científicamente. En otras palabras, ¿puede un concepto como el de hispanidad aglutinar fuerzas, ideas y alternativas válidas a la situación mundial de hoy? Una situación que no hace tanto tiempo parecía haber encontrado el camino a una evolución en lo esencial pacífica, hacia un mundo con el ámbito anglosajón como elemento orientador. Tales ilusiones se han disipado en gran parte. Hoy tenemos una guerra en el centro de Europa, tensiones bélicas crecientes en el Extremo y Próximo Orientes, con unas capacidades destructivas sin precedentes en la historia humana, debido al desarrollo científico y técnico. Sin contar otros procesos demográficos y sociales también sin precedentes. Es decir, ¿puede el ámbito hispánico, liberándose de leyendas negras y similares, representar una alternativa general, o está condenado a proseguir una historia irrelevante?

Muerte civil
Me envía un amigo un artículo sobre la leyenda negra en un digital de los llamados de extrema derecha. En él se cita elogiosamente a Marcelo Gullo, Patricio Lons, Roca Barea y otros, lo que está muy bien…, pero yo no existo. Mi Nueva historia de España, mi Hegemonía española y comienzo de la Era Europea, mis numerosos artículos al respecto, simplemente no existen, a pesar de que se adelantan en varios aspectos a los otros y encuadran la época en un contexto mucho más amplio, que se ha escapado hasta hace poco a todo el mundo. No existen, digo.
Llevo observando desde hace años que esa “no existencia” es más completa en los medios de derecha de cualquier tono, con pocas excepciones, que en los de izquierda. Hace poco el pensador francés Guy Sorman le coló un gol al ABC, periódico obscenamente antifranquista, a cuento de la fuerte repercusión de Mitos de la guerra civil en Francia, un suceso que, por insólito, debiera haber despertado cierta atención en los grandes medios hispanos, pero que, en coincidencia los de izquierda y derecha, se niegan a citarme. Sin duda lo consideran peligroso.
Se trata de la técnica de la “muerte civil”, ahora bautizada pomposamente como “cultura de la cancelación”, aceptada en España con mínimas resistencias. E implica una concepción típicamente totalitaria de la cultura y de la política. En un aspecto no me extraña, puesto que obviamente mis obras y opiniones resultan poco digeribles a unos y otros, y no he dejado de mostrarles desprecio por su biliosa mediocridad; pero también me repugna como indicio de un grave retroceso en la democracia.


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Falsedad de Ayuso
Dice Ayuso que nunca pactaría con el PSOE y Podemos. Cabría preguntarle: ¿cómo es, entonces, que su partido se ha mostrado dispuesto a ello con preferencia a VOX? ¿No se ha enterado de que el PP se ha repartido el poder judicial con socialistas y separatistas? ¿No se ha enterado que la política de su jefe Feijóo en Galicia se basa en la idea de que la región es una nación a la que le falta un estado, y que ha seguido la misma línea que Pujol en Cataluña utilizando la lengua regional como camino al separatismo abierto? ¿No se ha enterado de que Bonilla en Andalucía promociona más que nunca al proislámco y antiespañol Blas Infante como “padre de la patria andaluza” y habla de la forma de hablar andaluza prácticamente como un idioma? ¿No se ha enterado de que en Madrid tienen una ley trans montada por su partido y peor todavía que la del Dotor? ¿No se ha enterado de que existe una ley de memoria totalitaria que destruye las bases de la democracia? ¿No se ha enterado de que en Madrid el inglés está desplazando al español como lengua preferente y de cultura, incluso en el espacio público?…
Ayuso ha tenido una acertada gestión económica y ante el coronavirus, pero en los aspectos esenciales de la política mantiene exactamente la línea antiespañola y antidemocrática del PP y del PSOE. VOX en Madrid debe poner sobre la mesa y en primer lugar la Gran Política. De otro modo le pasará como en Andalucía.
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Para enlazar en las redes: En los análisis del golpe del 23-f se olvida casi siempre el dato de que las demagogias de Suárez estaban llevando al país al borde del abismo. El golpe fue, demuestra Jesús Palacios, una operación, finalmente chapucera, para cortar una situación crítica a solo tres años de la Constitución: 270 – El extraño golpe de Tejero sacude una democracia en crisis | 14 de abril – YouTube
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Suárez en la historia.
La política de Suárez, después de ganar dos elecciones, estaba fracasando en todos los terrenos: terrorismo y desempleo rampantes, osados avances separatistas, política internacional errática, división de la derecha con la pretensión de pasar al PSOE por la izquierda, inquietud en todas las instituciones, desde el catalanismo moderado de Tarradellas hasta el propio rey, pasando por Fraga. Suárez estaba llevando la transición a un callejón sin salida, y el resultado fue el chapucero golpe del 23-f que, pese a su fracaso, en cierto modo recondujo la situación. Suárez acababa de dimitir entre una oleada de descalificaciones e insultos a derecha e izquierda. El rey le había concedido un ducado, pero no la máxima distinción del Toisón de oro, que en cambio había otorgado a Torcuato, y que Suárez había resentido, por considerarse merecedor de él por lo menos como el obsequiado.
Posteriormente y tras intentos frustrados de volver en triunfo a la política, Suárez sufrió tremendas desdichas personales. En 2001 falleció su mujer por cáncer;, y en 2004 una hija suya, cuando él mismo se asomaba a la oscuridad del Alzheimer. La impresión sentimental de estas desgracias cambió entonces todo lo anteriormente dicho sobre su desastrada gestión. Los análisis cobraron un carácter puramente emotivo (y bastante hipócrita) en competencia de adulaciones pintorescas. Llovían sobre él premios y gratitudes, y todos lamentaban su anterior ceguera. José Oneto, influyente “analista”: “Hemos sido injustos con él”. Cebrián: “Los equivocados éramos nosotros”. Pedro J. siempre anglómano: “Nuestro rey Lear”, “nuestro Nelson”, “No está gagá ni tiene Alzheimer, lo que ocurre es que está triste”. Miguel Ángel Aguilar: “No volveríamos a escribir lo que escribimos”. Félix de Azúa: “Qué nostalgia de Suárez”. Elvira Lindo: “”El hombre del que no supimos apreciar el valor político”. Paco Umbral: “Un doncel de Sigüenza… un Don Juan de Austria”. Tusell: “El mejor político del siglo XX”. Hasta se le comparaba con Alejandro Magno o se le declaraba “elegido de los dioses que le llevaron al poder y la gloria en plenitud de gracia y juventud”. Una hagiografía en 2005 hablaba de su gestión como de “una tragedia griega”. Etc. Aznar afirmó: “El nacimiento de la España contemporánea, moderna y democrática, está asociado al nombre de Adolfo Suárez”. Nada menos. Otro líder del PP lo llamó “timonel de la transición”. El rey se fotografió con él pasándole la mano por el hombro, ambos de espaldas, y le concedió el famoso toisón cuando el beneficiado no estaba ya en condiciones de apreciarlo.
Creo que vale la pena recordar estas cosas, como la reacción contra Solzhenitsin en 1976, para valorar lo que es el análisis político e histórico en España. Porque desde entonces no ha mejorado, puede incluso que haya empeorado.
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Primeros charlatanes tratados, en relación con la historia general de España: Raymond Carr, Álvarez Junco, Benzion Netanyahu, Henry Kamen, Joseph Pérez, Santos Juliá, César Vidal, Ortega y Gasset.

Izquierda y derecha
Muchos insisten en que hoy día las diferencias entre izquierdas y derechas ya no tienen sentido. Yo creo que sí tienen alguno.
En referencia a la guerra civil venía a decir Josep Pla que si se corta un queso por la mitad es improbable que por un lado salga camembert y por el otro queso manchego. Quería decir que por encima o por debajo de las diferencias políticas, la conducta de los dos bandos había sido igual. Es lo que afirma la historiografía de derecha tipo Pedro Corral o Pedro J.: “todos igual de malos, igual de criminales” (ver Galería de charlatanes). Pero no fue así. Todos los actos heroicos correspondieron al bando nacional. La tremenda destrucción o saqueo del patrimonio histórico-artístico fue un mérito de la izquierda en exclusiva. Hubo terror en ambas retaguardias, pero el sadismo izquierdista no tuvo parangón con el de los nacionales. El Frente Popular cultivó un terror interno entre sus partidos que no tuvo ni de lejos equivalente en el bando nacional. La entrega política del Frente Popular a Stalin no tuvo nada que ver con la no entrega de los nacionales a Hitler y Mussolini.
Hubo, por lo tanto, fuertes diferencias entre izquierdas y derechas, pese a compartir el mismo paisaje y paisanaje. Hoy apreciamos otras diferencias: el talento artístico, propagandístico y político de las izquierdas es inmensamente superior al de las derechas. Estas se han mostrado perfectamente incapaces en esos terrenos, en los que resultan plúmbeos, reiterativos y sin otra iniciativa que quejarse pesadamente de las manipulaciones de sus contrarios. No se le ve mucho remedio, hoy por hoy.
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“Europa” tuvo que tragar
**Dice el bobo Valdano que Franco era un apestado en Europa. Ni mucho menos. Aquellos gobiernos que lo debían todo a los ejércitos useño y soviético no podían soportar al gobierno español, que no les debía nada. No podían soportarlo y tuvieron que soportarlo: después de intentar sembrar una gran hambruna en España y fracasar, no les quedó más remedio que tragarlo, velis nolis.
**No deja de maravillarme el caso de Juan Carlos, un rey que disfrutó de las máximas lisonjas internas e internacionales, y a quien unos políticos no menos corruptos que él han obligado a vivir fuera de España, cosa a la que no puede ser forzado ningún ciudadano corriente. Podría ser una tragedia si no fuera una farsa. El emérito se ha revelado como una mezcla de tonto y de golfo, que echó a perder gran parte de su espléndida herencia política, y sobre quien no cesan de caer los improperios, por otra parte merecidos. Recibió la monarquía directamente de Franco y le ha hecho más daño que sus enemigos abiertos.
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Albiac (y 5) Generación del 68
Hay algo que define o califica en conjunto a En tierra de nadie: a Albiac le encantan el marxismo y el rock, dos cosas perfectamente incompatibles; y le encanta recibir un premio monárquico, a su vez incompatible con ambas. ¿Cómo lo consigue? Con palabrería. Y eso es lo que vuelve fascinantes sus memorias: hace balance y encuentra, sin pensarlo (unas memorias siempre dicen más de lo que cree el autor), que su vida es palabrería. Tiene algo de trágico, sobre todo si se le considera representante destacado de la generación del 68, y en España lo es. El libro fue presentado muy amistosamente por Fernando Savater, de la misma generación, que también es la mía, y por Joaquín Leguina, algo anterior en el tiempo.
¿En qué consiste la palabrería de Albiac? En envolver con una continua retórica, mayormente moralista, de condenas y alabanzas los pocos y no muy seguros datos que ofrece, en un baile de fechas que aumenta la imprecisión. Si unas memorias buscan congraciarse con el lector, justificarse ante él, estas parecen enfocadas más bien a impresionarle y desconcertarle. Tras echar pestes de Carrillo y demás dirigentes del PCE y mencionar la infiltración policial, declara: Siempre añoraré mis años de clandestinidad. Pero ¿cuáles fueron esos años y qué hizo en ellos? Eso queda en una bruma en la que se mueven algunos bultos difusos. Aparentemente, en la clandestinidad apenas hizo otra cosa que leer sin cesar y repartir algunos panfletos, pero es evidente que lo pasó muy bien y dio con las personas más generosas y abnegadas de su vida. He conocido a muchos de entonces que, aunque de vuelta de aquellos tópicos, mantienen un inconmovible antifranquismo, y se comprende: fueron sus años más o menos épicos e idealistas que darían a sus vidas cierto brillo frente a la gris mediocridad posterior o, en otros casos, a las habituales sordideces de la política.
Se ha hablado mucho de la “hiperlegitimidad moral” del PSOE, que no deja de tener una base: los ciento y pico años de honradez que dice arrastrar a sus espaldas. De Albiac también sorprende la autoridad ética con que reparte condenas y alabanzas radicales sin molestarse nunca en analizar críticamente sus objetos: basta con su palabra. Aunque esta no surja de una honradez de partido, por imaginaria que sea, pues es el primero en denunciar al comunismo de su añorada clandestinidad.
La tragedia aludida tiene una cara muy cómica, destacada por Jiménez Losantos y Andrés Amorós, también de la misma generación. Dice Albiac que el premio Mariano de Cavia Me permitió hacer balance de mi vida (…) Concluí que todo estaba bien. ¿Todo bien? Acababa de explicar: Llego al tramo final de mi vida con la constancia de haberme equivocado en todo. Lo importante. De haber sido cómplice voluntarioso del proyecto más mortífero del siglo XX. Lo cual quiere decir el más mortífero de la historia humana. Después de este “tremendo apocalipsis”, dice Amorós, “el happy end del premio”. La gigantesca culpa queda borrada, era solo una exageración, una pose, y no podía ser otra cosa: no fue ningún Stalin ni siquiera un Carrillo, ni ningún chekista, y es preciso guardar las proporciones..
Cabrían muchos más comentarios, pues el libro es muy rico en sugerencias. Solo una sobre el tema generacional. En el 68 francés, cuando murió Franco o cuando cayó el muro de Berlín “todo pareció posible” para terminar enseguida en derrota, diagnostica Albiac. ¿Qué era ese “todo”? En el fondo es muy simple: la libertad sin consecuencias, por tanto sin responsabilidad y sin culpa. La vuelta a la inocencia animal del Paraíso. Algo que la evolución, si queremos llamarla así, ha hecho imposible. Sería necesario para ello destruir lo propiamente humano, tarea en que las ideologías llevan dos siglos empeñadas.
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“Dar guerra”
En algo coincido con Albiac, en el desprecio a la universidad. Veo un titular interpretando unas declaraciones mías: “Lo único que pide Moa es un debate”. Eso sería pedir peras al olmo, y yo no lo hago, solo denuncio la ausencia de debate por imposibilidad en una universidad intelectualmente mediocre y moralmente indigna, donde hacen su agosto los “profesionales de la mentira”, como los llamaba Julián Marías. Hace unos meses Stanley Payne escribía: Moa (…) se ha convertido en un movimiento casi unipersonal que se enfrenta a la clase dirigente de la izquierda nacional, al ofrecer relatos e interpretaciones independientes de los principales problemas históricos. Su esfuerzo ha implicado casi inevitablemente un enfoque cada vez más polémico, una empresa solitaria que requiere una impresionante resistencia personal y valor moral. No solo me enfrento a la izquierda, sino también a casi toda la derecha, como puede ver quien lea el libro Galería de charlatanes. Pero, bueno, la incapacidad de toda esa gente para debatir seriamente me da suficiente resistencia, es decir, refuerza mi confianza en tener razón, aunque no pueda llegar más que a una minoría, no muy activa tampoco. En los primeros años me sublevaba tal panorama universitario y político, pero las cosas son como son, o están como están. Hay que aceptarlo, y de todas formas han fracasado, al menos parcialmente, en su intento de condenarme a muerte civil. Mientras pueda seguir publicando y me quede salud, continuaré “dando guerra”. Con la mayor tranquilidad posible.
Los tres occidentes
En lo que suele denominarse Occidente encontramos a grandes rasgos tres ámbitos culturales: el anglosajón (Anglonia), el centroeuropeo y el hispánico. El primero es también el hegemónico, desde la II Guerra Mundial y gracias a la superpotencia useña. El centroeuropeo es esencialmente el francoalemán, a pesar de las guerras entre las dos potencias, más los países del entorno, exceptuando a España. Y el ámbito hispánico tiene una entidad particular, aun si hoy un tanto desvaída. De los tres ámbitos el más homogéneo es el anglosajón, y también el mayor potencia política, militar y cultural. El centroeuropeo es muy complicado lingüística y étnicamente, con grandes divergencias y resentimientos, origen también de las últimas dos guerras mundiales, a pesar de lo cual se puede discernir en él unos rasgos culturales-ideológicos comunes que hacen del eje francoalemán el núcleo del proyecto de unión europea. El hispano, más homogéneo idiomática y culturalmente, merecería análisis particulares. En cuanto a Rusia, mantiene una posición especial un tanto indecisa. Aunque no ha pasado por los grandes movimientos formadores de Europa, desde el benedictino hasta el humanista y neoclásico, entra desde la Ilustración en la gran corriente, con sus propias características. La parte llamada erróneamente asiática (más bien turcomongola) tiene un peso cultural muy escaso. Y la expansión por Siberia, con sus consecuencias geopolíticas, da a Rusia una peculiaridad muy acentuada. No suele incluírsela en el concepto de Occidente, sobre todo después de que la guerra fría quisiera plantearse como lucha entre Occidente y la Unión Soviética. Cuya ideología marxista era, precisamente, europea.


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Albiac: Paradojas
Albiac escribe sus memorias al pasar de los setenta, cuando se ve viejo y siente la tentación de explicar su vida a los demás, y posiblemente a sí mismo, tarea esta bastante más ardua. Todas las memorias se escriben para los demás, como es lógico, y en ellas “los demás” adquieren el papel de un dios subalterno: cada uno trata de salvarse ante la opinión ajena del presente y del porvenir. También, a menudo, de dejar constancia del mundo en que ha vivido, o más propiamente de cómo ha percibido ese mundo. En todo caso, siempre supone una justificación, implícita o explícita, ante los demás, a los cuales puede expresar simultáneamente desprecio, al menos a muchos de ellos. El problema es moral: un condenado por robo o asesinato puede tratar de demostrar, convincentemente o no, que su condena ha sido falsa, aunque haya tenido que sufrirla de todos modos, una experiencia bastante trágica en el sentido aristotélico.
Así pues, quien escribe unas memorias hace juez de la propia vida a “los demás”, un concepto este muy difuso e inquietante, pues incluye las opiniones más diversas o encontradas. En cierto modo se busca en ese “los demás” comprensión o afecto, cosa que no puede hacerse a Dios, a quien no se podría ocultar ni tergiversar nada. Y nadie, a no ser un loco, podría hacerse juez de sí mismo, justificarse ante sí mismo, pues consciente o inconscientemente todos percibimos la precariedad de nuestra autonomía, consciencia y conciencia. Solemos juzgar a los demás, pero la mera idea de juzgarnos a nosotros mismos suena algo extraño y absurdo, por alguna razón: tendemos a justificarnos, siempre ante “otro u Otro”, buscando congraciarnos con él.
Albiac no trata de congraciarse con el franquismo, al que odia sin remedio, de modo que muy pronto huye de él para refugiarse en París, donde encuentra “la mayor densidad filosófica del siglo XX” (Althusser, Foucault, Barthes…), una interesante opinión muy discutible. Ahora bien, la realidad francesa, ampliable al resto de Europa occidental, no le complace finalmente más que el franquismo, pues los desgraciados sucesos en torno a su venerado maestro Althusser le inspiran esta reflexión: “En un mundo tan intolerablemente atroz como este que nos tocó vivir, la lucidez se paga a un precio muy caro” “Una realidad atroz”, insiste, también con otras palabras, en distintas páginas del libro.
Se diría una condena generalizada, pero no del todo: en Nueva York encontrará una especie de paraíso, loado hasta el empalago. Algo menos en San Francisco, donde asistió a la conmemoración del 50 aniversario del “Verano del amor” (“Summer of love, 1967″), cuando “Jim Morrison llamaba a tirar el mundo por la borda del barco de los locos, a matar al padre, a follar a la madre”. “Amo a Janis Joplin, a Jim Morrison, a tantos otros que enlosetaron con jirones de sus vidas la poética más desgarrada (la única viva en todo caso) de la segunda mitad del siglo XX”. Albiac adora el rock y las drogas, excepto la heroína, que habría matado a muchos de los mejores, no por voluntad de esa droga…
Desde luego Althusser y los teóricos marxistas en general son poco compatibles con todo aquello, pero las sorpresas no acaban ahí: “2019. Recibir el Premio Mariano de Cavia colmó todos mis sueños literarios y me permitió hacer balance de mi vida. Por una noche, junto a mis hijas y amigos, concluí que todo estaba bien. ¡Carpe diem!”. Lo escribe en pie de una foto, vestido de esmoquin delante de Felipe VI y su esposa. Un premio monárquico que durante gran parte de su existencia fue franquista, presidido por unos reyes que, en definitiva, lo deben todo a Franco… No cabe duda de que Albiac es persona notablemente paradójica. Claro que el ser humano siempre es íntimamente contradictorio…
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