Me permito invitar a mis lectores a difundir al máximo, y no solo una vez sino de modo insistente, la carta a “A unos historiadores liberticidas“, del pasado 28 de noviembre. Comentaba un amigo la extraordinaria pasividad de la gente de derecha a la hora de defender unas posturas políticas claras o difundir textos. En mi opinión, ello se debe a que la derecha, en general, no tiene tradición democrática, mientras que la izquierda la tiene antidemocrática. Al carecer de esa tradición, esa gente no entiende que la democracia consiste básicamente en la lucha por la opinión pública, por crearla en muchos casos, y tiende a esperar algún líder, militar o político, que les saque las castañas del fuego. Por ello se ve inerme y finalmente arrastrada ante la demagogia izquierdista y separatista, que no cesan de invocar y apropiarse fraudulentamente de la idea democracia
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El genio político de Franco
En Una hora con la historia, apoyándome en Años de hierro, examino la política interna y exterior de Franco en relación con el desarrollo de la guerra mundial y las presiones y peligros derivados, las actividades de los exiliados y las más peligrosas en su propio régimen cuatripartito. El hilo conductor de todo ello, el principio básico de su política, fue la abstención en la guerra europea, y lo asombroso fue la habilidad muy fuera de lo común con que condujo “la nave del estado”, como suele decirse, entre aquellos remolinos y violentas corrientes, externas e internas. Consiguió esquivar las urgencias y casi conminaciones de Hitler para entrar en el conflicto, y otra obra maestra suya fue el Pacto Ibérico con Portugal para asegurar la neutralidad peninsular, siendo Portugal aliada tradicional y un tanto sumisa de Inglaterra. Y cuando pasaron las presiones hitlerianas resistió igualmente los chantajes y amenazas de los anglosajones y batió sin contemplaciones al maquis comunista.
Ante la resistencia de Franco, la renuncia final de los alemanes a invadir España para tomar Gibraltar fue considerada como el mayor error bélico de Hitler por varios de sus generales. Por entonces las dos potencias anglosajonas, inseguras de la victoria, apreciaron enormemente la abstención española y se mostraron corteses y hasta solícitas con el Caudillo. Claro que según vieron acercarse la victoria comenzaron sus campañas de calumnias, injerencias y actividades subversivas en España para liquidar el franquismo por el “delito” de haber recibido ayuda de Hitler en la guerra civil (algo bueno hizo Hitler entonces). También en este caso maniobró Franco con la mayor destreza, haciendo concesiones secundarias, frenando la subversión y salvaguardando su política esencial, sin romper con los alemanes, a quienes estaba agradecido.
El peligro siempre fue muy grande porque, dentro del propio régimen, muchas fuerzas se oponían a su política. En 1940-42 numerosos falangistas y parte no desdeñable de la población deseaban entrar en la contienda al lado de Alemania. Franco canalizó esa corriente a través de la División Azul, sin, pese a ello abandonar la neutralidad disfrazada de no beligerancia, que en el fondo era lo mismo. Cuando anglosajones y soviéticos iban venciendo claramente, un movimiento menos popular pero más peligroso por afectar a los altos cargos del ejército y numerosos intelectuales, amagó con expulsar a Franco para instalar una monarquía al gusto de, y evidentemente tutelada por, Inglaterra. Tales maniobras podían resultar muy peligrosas, y en el caso de Aranda o de Beigbeder rozaban la alta traición, si no caían en ella. Pero Franco las desarticuló, neutralizando a los cabecillas sin hacer sangre.
En tan complejísimas circunstancias, Franco se reveló como político al nivel de la sobresaliente capacidad militar demostrada en una guerra civil extraordinariamente difícil.
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Vetustos estereotipos
La pregunta Por qué el frente Popular perdió la guerra debe completarse con la contraria: por qué fue capaz de resistir durante casi tres años y pudo haber vencido en al menos dos ocasiones. La primera pregunta alude ante todo a las doctrinas y aspiraciones políticas de sus partidos componentes, que casi nunca se explican con claridad; y la segunda a la estrategia del Partido comunista, con Stalin al fondo, acerca de la cual suelen ofrecer grandes distorsiones la mayoría de los historiadores de izquierda y de derecha. Por eso quise dedicar a estos temas una obra de síntesis aprovechando el 80 aniversario del final de la guerra, con la esperanza de provocar un debate. Esperanza siempre frustrada, lo que plantea una nueva cuestión: ¿hasta qué punto la complicidad PP-PSOE-separatistas con respecto a la historia de España en el siglo XX ha llegado a matar el impulso intelectual o más ampliamente cultural en España, asfixiándolo en tópicos de propaganda o “vetustos estereotipos”, como decía S. Payne?
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VOX. Principios y concesiones
Uno de los peores desmanes del PP ha sido dejar el terreno de las ideas y la cultura a socialistas y separatistas; y una de sus peores vilezas renegar de la historia, incluso de sus propios padres y abuelos, hasta escupir sobre sus tumbas en solidaridad con los herederos de la cheka. Con esta colaboración entre el PP y el nuevo frente popular, se ha creado una opinión pública corrupta en torno al franquismo y a la ideología lgtbi, que es difícil contrarrestar. Para VOX, la cuestión radica en si van a marcarse como objetivo fundamental echar a la banda del Doctor o diferenciarse de la del Máster. Combinar las dos cosas es difícil, pero ahí radica la política, que debe mantenerse firme en los asuntos de principio, haciendo concesiones en los secundarios. Las dos cuestiones de Franco y lgtbi son claramente de principios, y es muy peligroso entenderlos como secundarios sobre los que se pueden hacer concesiones. Pero, dada la situación creada por la complicidad PP-frente popular, deben abordarse con habilidad y en un proceso de clarificación para cambiar la opinión pública.
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