La tesis de Aquiles
Cuando Príamo acude a la tienda de Aquiles para recuperar el cadáver de Héctor, se da un intercambio de frases interesantes. Aquiles, que ha matado a varios hijos de Príamo, se conmueve: “¡Desdichado! ¡Cuántas desgracias ha soportado tu corazón!” Sin embargo, la vida es así por disposición de los dioses que “han decidido que los míseros mortales vivan entre congojas, mientras ellos están libres de cuitas. En el umbral de Zeus hay dos toneles, uno con los bienes y otro con los males que nos dedican”. Zeus da a quien quiere una mezcla de lo bueno y lo malo, pero a quien le parece le reparte solo “miseria, afrentas, y vaga por la tierra sin aprecio de los dioses ni de los mortales”. Pone dos ejemplos, de lo primero: a su padre, Peleo, le fue concedida felicidad y riqueza, pero un solo hijo — el mismo Aquiles–, que rompería su linaje al estar destinado a morir prematuramente. En cambio a Príamo le otorgaron riqueza y numerosos hijos, pero “desde que llegó esta calamidad, tu ciudad está rodeada de luchas y homicidios”, habiendo perdido muchos de ellos, en especial Héctor, el mejor de todos: “¡Aguanta y no te lamentes! Por mucho que te atormentes por tu hijo, no lo resucitarás, y puede que antes sufras otra desgracia!” .
Aquí hay toda una concepción de la vida: el bien y el mal vienen de fuerzas (los dioses) extrañas al hombre, que marcan el destino de cada cual: unos obtendrán una mezcla de bienes y males, y otros males que solo acabarán cuando acabe su vida. Frente a ello, nada se puede hacer, y ninguna lamentación cambiará la caprichosa voluntad divina. La verdad es que se pueden establecer muchas comparaciones, por ejemplo con la decisión de Dios, en Lutero, de salvar a unos y condenar a otros, por más que salvación y condena se den en ultratumba. Al final, el hombre no es responsable de sus actos, y sin embargo tiene que obrar, y pechar con las consecuencias…
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Crónica: Caganers
**La histeria iconoclasta se ejerce ahora sobre la historia, que debe ser negada y arrasada, al menos mentalmente, en función de que no se adapta a los criterios morales de los iconoclastas: Napoleón en Francia, los Reyes Católicos en España, George Washington en Usa, la literatura y el arte en general… Pero esos criterios infantiles tratan precisamente de abolir la moral para hacer que impere lo que suponen el bien impuesto desde el poder, aplastando la libertad.
**Algo propio de esta “democracia” esperpéntica: los cómplices de la ETA, que la rescataron de la ruina y la han convertido en una potencia política, suelen afirmar: “los demócratas hemos derrotado a la ETA”.
**La enorme importancia que ha adquirido el Moñitos (y su coleta) en la política y los medios españoles revela la esperpéntica inanidad de esa política y esos medios. Desde hace mucho tiempo.
**Parece haberse olvidado el acceso del Coletas al CNI, esa fábrica de informes ilegales sobre políticos… VOX ha ganado, pero ¡lo que habrá aprendido el mangante! No obstante lo que preocupa es la coleta.
**El Doctor y el Mequetrefe están de acuerdo en lo fundamental: hay que volver a los chanchullos bipartidistas. Y el enemigo común es VOX.
**El ministro socialista de incultura, un tal Rodríguez Uribes, dice que Trapiello “no es un revisionista en absoluto”. Es decir, acusa al escritor de dogmático. Otro portavoz del PSOE, un tal Pepu, dice que sí es revisionista, es decir, que no es dogmático ni sigue la “memoria histórica”. Y Trapiello dice que él es “de centro, que es lo difícil siendo lo natural”. Este Trapiello es un lince, sabe dónde estar.
**Parte de la estrategia disgregadora de España consiste en denigrar a Madrid con todo tipo de bulos. Estrategia compartida por el gobierno y los separatistas.
**A los separatistas catalanes solía llamárseles “catalufos”. También queda adecuado “caganers”. A ver si tuvieran un detalle y repitieran las elecciones.
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Gran estrategia de Franco (VII) El decisivo año 1946
Como vamos viendo, los cálidos deseos de soviéticos, anglosajones y otros muchos, de “liberar” a los españoles, no acababan de convencer a estos, por lo que fue preciso recurrir a otros métodos. Hayes escribía por entonces: “Desde luego, creo que las Naciones Unidas tienen fuerza para ejercer conjuntamente una presión suficiente, mediante la ruptura de relaciones diplomáticas y más en especial mediante el boicot económico, hasta acarrear la destrucción del régimen del general Franco”. Cito bastante a Hayes porque compartía una clara comprensión de los intereses y ambientes useños y de la realidad española. Desde luego las Naciones Unidas iban a intentar las dos cosas, ruptura de relaciones y boicot económico desde 1946; y, en combinación con ellas, el maquis intensificó sus acciones.
Aquella hostilidad no dejaba de ser escandalosa, por cuanto la neutralidad de España había favorecido mucho más, realmente mucho más, a los Aliados que a Alemania, aunque ello no fuese una política deliberada de Madrid. En todo caso, los Aliados tenían mucho que agradecer a la política de Franco, y así lo veía Churchill, aislado en la general agresividad contra España. En febrero de 1946 fue fusilado en Madrid el comunista Cristino García, junto con otros nueve maquis. A Cristino se le consideraba u héroe de la resistencia francesa contra los alemanes, pero su actuación en España había resultado pobre, limitándose a varios asesinatos. Su ejecución fue definida en la prensa francesa como “provocación a la democracia mundial”, “un reto a Francia”, y la Asamblea Nacional aseguró que los maquis habían sido fusilados “por odio a la libertad”. Se sucedieron los boicots a barcos españoles, las manifestaciones, y desde el 1 de marzo, Francia cerró la frontera, ocasionando graves pérdidas al comercio hispano. Y el 12 de diciembre, la ONU aprobaba una resolución calificando a España de régimen fascista y recomendando la retirada de embajadores, como ocurrió con pocas excepciones.
Sin embargo todas las maniobras iban a fracasar por completo en su empeño por doblegar al régimen o encender la rebelión popular. Las conspiraciones monárquicas en torno a Don Juan ya habían perdido fuelle; los exiliados y sus gobiernos “republicanos” se empeñaban en demostrar que no habían cambiado su “estupidez y canallería” desde los tiempos de Azaña; el maquis iría siendo vencido poco a poco; y ninguna medida exterior conmovería ya seriamente al régimen ni provocaría guerra civil.
Franco y los suyos eran conscientes de que la alianza soviético-anglouseña estaba haciendo agua, que a Inglaterra le interesaba, como durante la guerra, mantener cierto grado de comercio con España, y que había países en la ONU poco dispuestos a obedecer al aislamiento. Y entre ellos destacaba Argentina, que precisaba colocar sus excedentes de cereales y carne en un tiempo de depresión del comercio mundial. La diplomacia franquista se adelantó unos meses a la condena de la ONU negociando la compra en buenas condiciones de importantes cantidades de cereales y carne. Así fue como, desde el primer momento, fracasó el boicot.
Pero no sin un alto coste. Los muertos por hambre pueden dar un buen indicador de la situación: en 1945 habían bajado a 236, número ya ligeramente inferior a los de la república, pero al año siguiente subió en vertical, hasta los 1120, casi cinco veces más. Aun así, no fue una tendencia persistente: gracias a la llegada de alimentos de Argentina, el año siguiente experimentó otra bajada radical. Pero ello requiere un artículo aparte, porque ahí entran otros datos sobre mortalidad y sanidad que es preciso examinar. Así, 1946 fue el año decisivo por más que la hostilidad y provocaciones exteriores no cesarían durante mucho tiempo (en rigor, hasta la muerte de Franco y aún más tarde –apoyo a la ETA, por ejemplo–), el franquismo podía armarse de paciencia hasta que la ONU claudicase, como terminaría ocurriendo nueve años después.
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Una hora con la Historia: 183 – Duro castigo alemán a Inglaterra | Derrota del PSOE – YouTube
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Por qué Hitler no invadió España
“¿Ha leído usted un artículo de Julio Merino, muy elogioso para usted, en el que le aclara por qué Hitler no invadió España?…”. (J. L. L.)
Lo he leído y lo agradezco a Julio Merino, gran defensor de la memoria de Serrano Suñer, tan atacada desde un lado y otro. Yo ya estaba convencido de que Serrano, como Franco, no deseaba la entrada en la guerra mundial, contra lo pretendido por historiadores, realmente memoriadores, cantamañanas como Marquina y otros: la calidad intelectual, moral y política de estos personajes se percibe con claridad en relación con la ley chekista de memoria “histórica” o “democrática”.
Que Hitler temió meterse en un avispero en España, y que él y su estado mayor conocían bien el precedente de Napoleón, es seguro. Y también que la decisión de Franco, transmitida por Serrano, de resistir a cualquier invasión, fue determinante, como lo fue después frente a las amenazas de los Aliados, según vengo exponiendo. Discrepo sin embargo en la presunción de que Franco habría entrado en guerra si Hitler le hubiera prometido el Marruecos francés: ni hay prueba de que lo pensase ni ello es coherente con todo el resto de su política. Serrano quedó bastante resentido con Franco, y quizá por eso afirma lo de Marruecos, lo cual favorecería la clarividencia del propio Serrano por encima de la de su cuñado. Tampoco creo que todo el mundo en las altas esferas, empezando por Franco, estuviera seguro de la victoria final de Alemania. Tras la victoria de Hitler en Francia parecía abrirse la paz y un nuevo orden en Europa, pero la ilusión se desvaneció con la batalla de Inglaterra y la renuncia a intentar la invasión de la isla, y eso ocurrió muy pronto. No es que Franco y muchos creyeran que Alemania había perdido, sino simplemente que aún no había ganado y estaba por ver si lo conseguiría. De ahí las instrucciones a Serrano sobre una guerra corta y larga. Por otra parte en las altas esferas del régimen y en la clase política en general, era tradicional una anglofilia muy intensa y un tanto lacayuna, sobre todo en el sector monárquico. La Falange, o gran parte de ella, era partidaria de entrar en la guerra, pero la Falange era solo uno de los partidos o familias del régimen, y a pesar de las apariencias en algún momento, nunca fue la más poderosa ni determinante.



![Años de Hierro: España en la Posguerra 1939-1945 de [Pío Moa Rodríguez]](https://m.media-amazon.com/images/I/51pc63L8bwL.jpg)


