El falso páramo cultural del franquismo y el auténtico páramo cultural hoy: https://www.youtube.com/watch?v=7XFEXMGmiw8
*****************
** Carlos Caballero Jurado: El autor de Sonaron gritos y golpes a la puerta retrata magníficamente la relación existente entre la Guerra Civil y la División Azul (…) La DA, por lo excepcional de su historia, se presta inmejorablemente a sacarle “jugo literario”. Son demasiados ya los autores que escogen el escenario de la DA para narrarnos historias más o menos rocambolescas, casi siempre con desconocimiento de su historia y vicisitudes. Moa ha corregido tan peligrosa inclinación y nos ofrece un relato históricamente impecable: no inventa a capricho hechos o circunstancias , sino que acomoda sus personajes a lo que fue en realidad la campaña, con descripciones de extraordinario realismo (…). No como Soldados de Salamina, de Cercas, cuya presunta base histórica es insostenible (…) Pero Moa no trata de engañar a nadie ya que califica esta obra como creación literaria. Eso le da derecho a construir sus personajes con libertad, dotándoles de unos perfiles psicológicos, de unas historias personales, de unas trayectorias biográficas fruto de su creatividad (…) Como todas las novelas, tiene diferentes “niveles” de lectura. Hay problemas psicológicos, vivenciales que mueven a los personajes, incluyendo las relaciones sentimentales. Hay análisis ideológicos, donde se retrata el debate entre las concepciones políticas que agitaron el siglo XX (…) Hay novelas que se te caen de las manos al poco de empezarlas, Desde luego, este no es el caso”.
**Stanley Payne: … La novela me interesó mucho por la capacidad que tiene para recrear ambientes. En esto, lo mejor no es España sino Rusia. Además a veces el lenguaje es muy vivo y las conversaciones por eso buenas, aunque también hay altibajos.
Es tal vez más un relato histórico que novela pura. Un error, me parece, es que empiezas con edades demasiado jóvenes para los principales, así que el lector no entiende por qué pueden ser tan independientes y complicados. Habría sido mejor empezar con 18 años para Carmen y 20 para los hombres…
** Ángel Maestro: La condición de historiador asoma desde el comienzo (…) con tipos muy representativos como el asesino del padre del protagonista (…) El estilo de Moa prescinde de todo barroquismo. Más se asemeja a un estilo barojiano que a un Blasco Ibáñez, por poner dos ejemplos (…) En absoluto personajes librescos sino vivos, inmersos en ambas medidas de heroismo y de vileza, y también seres con reacciones normales ayunas de tales méritos y deméritos. (…) Utiliza una técnica de bisturí que pone al desnudo todo lo que la terrible lucha en el frente del Este tuvo de más deleznable (…) La tercera parte refleja las intrigas en un Madrid finalizada la guerra mundial y la ilusión de cómo los Aliados acabarían con el régimen de Franco, trayendo la proyectada venganza implacable contra los defensores del mismo. (…) Los componentes de las partidas, los agentes camuflados del aparato del Partido Comunista, las contrapartidas, etc. , confieren a esta tercera parte un ritmo vivaz, siempre en el estilo naturalista sin artificiosidades. La novela (…) despierta desde las primeras páginas el afán y la curiosidad infatigable por conocer el desarrollo y desenlace de la misma. Al finalizar el lector se encontrará además con un hecho totalmente inesperado, pleno de sorpresa y casi de estupefacción.

**************
(Blog, 18 de junio de 2012)
El hecho de que los responsables políticos de la actual ruina se vayan “de rositas”, sonrientes y triunfantes, parece sugerir que la economía no tiene que ver con la política: “Es una crisis internacional”, arguyen, que a España le ha tocado como a otros países. Además, ¿quién sabe, en definitiva, como funciona la economía? Si se supiera con un buen grado de certeza, no habría tantos economistas y tantas escuelas de economía, análisis y propuestas diferentes para remediar la crisis. Casi nadie previó los resultados de un período de euforia, porque es muy difícil predecir y la mayoría de las predicciones se equivocan. Por tanto, ¿qué culpa tienen los políticos si las cosas han ido mal? La gente los eligió, luego dejó de elegirlos, y eso es todo. Por otra parte, ¡a ver quién era el guapo que en el período de euforia hacía ajustes y recortes! La gente los echaría rápidamente del poder a favor de quien le hiciera promesas más bonitas.
Algo hay de eso, pero no es todo, pues según tal punto de vista, los políticos serían irresponsables, es decir, por encima (o debajo) de la moral. Los mismos que ahora dicen eso podían decir hace poco que en definitiva la política es ante todo la gestión de la economía. Sobre esa base, los gobernantes tendrían que ser ante todo economistas… aunque en economía hay muchas escuelas y recetas. Al margen de ello, Zapatero prometía el oro y el moro (pleno empleo, superación de Alemania, etc.) contra los avisos de personas más expertas. Cuando la crisis llegó como un puñetazo, la agravó con sus medidas y declaraciones. ¿No tuvo responsabilidad por ello? Siempre hubo avisos de que el país iba por mal camino, pero los políticos eligieron la vía del fraude para mantenerse en el poder y, por supuesto, tienen grave culpa por sus efectos. Insistamos: la entrada en el euro se pintó como la seguridad de una economía en crecimiento estable e indefinido, la seguridad de las pensiones, etc., etc., al parecer sin otra contrapartida que los ajustes hechos por Aznar para sanear la economía. Esto fue mucho más que un error, fue un engaño puro y simple, no porque los políticos supieran realmente lo que iba a ocurrir, sino porque prescindieron de cualquier análisis con cierta perspectiva general y sacrificaron ilegalmente gran parte de la independencia de España. Claro que la Constitución, precisamente por estar mal hecha, ha sido pisoteada desde el principio por unos y otros. El interés nacional, que en ningún caso puede consistir en sacrificar la soberanía, no fue tenido en cuenta por nuestros desdichados políticos.
Un amigo me decía hace unos días: “o hablamos de interés nacional o hablamos de economía”, dando a entender que son cosas distintas cuando no opuestas. “Si hablas de economía sin tener en cuenta el interés nacional –le respondí– no estás hablando de nada, solo de abstracciones vacías”. Las naciones son una realidad histórica y muy actual, por más que muchos teorizantes lleven dos siglos afirmando que están obsoletas y que lo que cuenta es “la humanidad”, “el proletariado”, “Europa”, “la globalización” o cualquier otra abstracción. España es una comunidad de cultura con un estado, asediada insidiosa y tenazmente por todos los frentes, y cuando hablamos de economía aquí nos referimos a la española, precisamente y a las políticas para fomentar su prosperidad sin atentar contra el interés nacional. El interés nacional ha sido invocado a menudo para hacer demagogia económica, pero la demagogia consiste en España, desde hace muchos años, en lo contrario: en pretender que la economía, el bienestar material de los españoles, se opone precisamente al interés nacional, y que los problemas propios de una nación desaparecen al ampliarlos al nivel europeo. Que vendiendo la soberanía por un plato de lentejas, las lentejas serían ya infinitas y cada vez más sabrosas. Que la alternativa solo podía ser la miseria y la inflación, “la máquina de tirar billetes”. Y sofismas baratos por el estilo.
Y todo esto es un problema político y, por supuesto, moral. La moral siempre ha predicado la autonomía del individuo –extensible a la comunidad nacional–, la prudencia, el autorrespeto para respetar a los demás, la existencia de valores generales por encima del interés inmediato y la inconveniencia de adorar al becerro de oro. Cada una de estas prédicas ha sido sistemáticamente desoída por nuestros dirigentes, y la gente o demasiada gente, seducida, se ha comportado con el hedonismo pedestre y ostentoso de los nuevos ricos, endeudándose sin tasa mientras los partidos le decían que eso era bueno, es más, que era “lo bueno”, nada de qué preocuparse. Aparentemente, la crisis consiste en que nos hemos endeudado excesivamente, sacrificando no ya el derecho de primogenitura al plato de lentejas sino el mismo interés económico a largo plazo al beneficio inmediato.
Decía que el eje de la sociedad humana no es la economía, sino la moral y finalmente la religión. Dejaremos esta por ahora para ceñirnos al evidentísimo componente moral de la crisis, del que seguramente hay algunas lecciones que sacar, empezando por la responsabilidad exigible a los dirigentes, si hemos de vivir en un sistema civilizado.
Hay otros aspectos relacionados con la moral. En un diálogo de los pastores de Porriño se proponían ideas para generar empleo: fomentar el juego, fomentar la prostitución y fomentar la delincuencia. Considerada la economía al margen de la moral, las tres “salidas” pueden funcionar y de hecho funcionan en muchos países.



![El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51t3W6tzgWL.jpg)
