Gran novela (V). Aventura y mito
Las aventuras de Odiseo, tomadas literalmente, son tan inverosímiles que han dado lugar a burlas como las de Erasmo por la credulidad de los feacios ante las invenciones que les relataba su huésped. Sin embargo esas invenciones, sin ser propiamente mitos, tienen algo de mítico. Salustio decía del mito de Atis, que nunca había sido real, pero que siempre existía, en el sentido de que, convertido en rito, se repetía todos los años. El aserto se ha ampliado: lo que cuentan los mitos nunca ocurrió, y sin embargo existe siempre. Y no en la forma de un rito o creencia que se mantiene, sino en el más sutil de una especie de mensaje sintético y permanente sobre la naturaleza humana, tan misteriosa, fundamentalmente impenetrable.
En La Odisea, Menelao cuenta a Telémaco cómo supo, por el peculiar dios Proteo, cómo su hermano Agamenón había sido asesinado, Áyax de Oileo había muerto tras naufragar, y Odiseo se hallaba en la isla Ogigia con Calipso. Lo interesante es que Proteo se resistía a contar lo que sabía, se transformaba, cambiaba de apariencia y solo sujetándolo firmemente, por muchos cambios que adoptase, terminaba por “confesar”. Aquí, Proteo viene a ser un símbolo, o una abstracción personificada de la verdad, que adopta mil formas cambiantes y no se entrega si no es tras un esfuerzo denodado. Creo que esta es una buena interpretación. La hazaña de Menelao nunca sucedió, pero existe siempre.
Supongo que en las aventuras de la Odisea hay un componente por el estilo, que no intentaré discernir ahora. Tanto Circe como las sirenas tienen una significación semejante a la de Calipso, y como creíamos ver, el héroe –ayudado por Atenea, diosa de la guerra y la sabiduría– opta por afrontar la dura condición humana simbolizada por Penélope en su aspecto positivo, a pesar de todos los peligros e incertidumbres. Todo en la Odisea gira en torno a su elección, y al respecto hay otro episodio lleno de significado, y es su descenso a los infiernos y las palabras del alma de Aquiles.
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¿Primera globalización?
**Veo que, con cierta inconsciente sumisión cultural, se quieren definir las exploraciones y conquistas españolas como “la primera globalización”. Creo que no puede haber mayores diferencias entre la concepción del hombre y el mundo que guio a los españoles de entonces y la que orienta lo que hoy se llama “globalización”.
**La colonización cultural combinada con la satelización política y militar y los progresivos separatismos, es el desafío de mayor profundidad que tiene hoy España para su supervivencia. Que nadie, aparentemente, lo perciba o lo tome en consideración, es precisamente el peligro mayor.
**El auge actual, aunque seguramente pasajero, de Pujoliño y Nocilla puede significar el fracaso de VOX, y con él de una alternativa para España y la democracia. Es en estos situaciones complicadas donde debe resaltar la calidad de una política.
**VOX, o personas próximas a esa formación, tendrían que aprovechar el impacto de Los mitos de la guerra civil en Francia, para plantear una política cultural y democrática contra la falsificación por ley que se intenta imponer. Esto sería gran política. Si solo piensa en políticas de ocasión, estará perdido. Como decía Demóstenes de los atenienses frente a Filipo, “peleáis como los bárbaros: allí donde recibís un golpe, allí lleváis la mano”. Sin una estrategia política, la iniciativa siempre la tendrán los otros.
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No salir a la calle para no ver
El intelectual católico antifranquista José Bergamín, a quien no preocupó mucho el genocidio de la Iglesia por el Frente Popular, y que terminó sus días como simpatizante de la ETA, volvió pasajeramente a la España de Franco, y escribió esto a la digamos filósofa también antifranquista María Zambrano, en febrero de 1959:
“Madrid me tiene verdaderamente encantado (…) La realidad supera siempre a los sueños. Y es tanta la afirmación de la vida y la verdad de la realidad española que, para nosotros, supera todo. No acabaré nunca de decirte –no puedo expresarlo enteramente– lo que es para mí esta resurrección madrileña, esta pura alegría. No hago más que darle las gracias a Dios por esta Gracia”. Fue a ver el Desfile de la Victoria, y lo describe así: “Figúrate que ayer 3 de mayo me fui, después de Misa en San Jerónimo, a ver el ‘desfile’ militar. Y lo vi. Y lo que vi en las calles, en el Prado y Recoletos, Alcalá, las plazas de Cibeles y Neptuno, fue la gente, una gente increíblemente noble, limpia, elegante, seria, casi grave: una gente, un pueblo (?) más velazqueño que goyesco (…) El ‘aquí somos otra gente’ es, no sé si por dicha o desdicha, cierto. Esto, todo esto, me parece un mundo de distinta naturaleza. Y gracia. Sorprende la delicadeza, cortesía, ritmo sosegado de las gentes. Y lo bien vestido y calzado (!) que el mundo ‘gatuno’ de Madrid se nos presenta seriamente festero. O yo no me acuerdo muy bien o antes no era así. Yo recuerdo gentes más vulgares y sucias y chillonas en estas fiestas. Ahora no (…) ¡Qué equilibrio y ecuanimidad!”.
Claro que esta repentina evidencia no disuadía el antifranquismo de fondo de Bergamín. Ni el de muchos otros. Recuerda Aquilino Duque, que conoció bien aquellos ambientes y participó en ellos durante años: “Cuando a finales de los años 60 Max Aub volvió a España después de un largo exilio, parece ser que dijo estar apenado no ya por la falta de libertad, sino más bien por el hecho de que no se notara esa falta. De sobra sabía él que la versión oficial de España entre los exiliados tenía que ver muy poco con la realidad. Poco antes había pasado por Roma, donde yo vivía, y su mujer, que por cierto se llamaba Perpetua, como el ama del cura don Abundio en Los novios de Manzoni y a quien él llamaba Peua, me dijo que ella solía ir a Valencia, donde tenía familia, pero que durante su estancia se negaba a salir a la calle para no ver aquella realidad con la que el exilio no quería enfrentarse”.
¿Por qué estas cosas no se han difundido masivamente, y sí en cambio el Himalaya de falsedades cuajado en la memoria antihistórica y antidemocrática?
Cuatro perros verdes : Moa Rodríguez, Pío: Amazon.es: Libros
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