Una clave de la guerra civil
Siempre me llamó la atención que muchos historiadores y comentaristas partidarios del Frente Popular condenen sin embargo a Stalin o a los comunistas. Se creen así más “demócratas”. Pero sin Stalin y los comunistas, el FP no habría durado seis meses a los nacionales. La razón principal de su debilidad está en que anarquistas, socialistas, separatistas y republicanos de izquierda tenían proyectos no solo distintos sino opuestos, y carecían, como lamentaba Azaña, de una idea nacional que les diese cohesión. Les unía, desde luego, el odio a lo que representaban los nacionales y, al principio, la convicción de que iban a aplastar su rebelión con facilidad…, sustituida a los pocos meses por un saludable temor a que los nacionales vencieran y les ajustasen cuentas. Por otra parte los dirigentes de aquellos partidos tenían demasiado de majaderos y a menudo de criminales, basta leer las memorias de ellos mismos para comprobarlo.
Por lo tanto, su resistencia durante casi tres años solo pudo deberse a algo exterior a ellos, y ese algo solo pudo ser Stalin. El análisis más superficial piensa nada más que en el envío de armas, muchas de ellas excelentes. También los técnicos militares, que luego destacarían –los que no fueron purgados– en la guerra contra Alemania. Pero hubo otro factor aún más relevante, si bien invisible: Stalin, a través del Partido Comunista, dotó al Frente Popular de una estrategia, de la que carecían los demás. Y aunque los demás desconfiaban de los comunistas, no tuvieron más remedio que ir resignándose a ella, por temor a los de Franco. Aceptación, eso sí, a medias, entre lloriqueos e intrigas. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra, he tratado de explicar este punto crucial, no siempre bien comprendido, así como a su principal agente, Negrín. No porque este fuera un hombre de paja de Stalin, sino porque era el político más realista del FP. Fue un proceso del mayor interés para comprender cómo y por qué ocurrieron las cosas.

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El tiempo extraño (4)
Vueltos a Madrid, nos encontramos con el problema inmediato de la subsistencia. Al ir a Alicante nos habíamos adjudicado cada uno, si mal no recuerdo, unas doscientas mil pesetas –cortesía involuntaria de la banca–, cantidad no muy alta, pero considerable por entonces, que los otros habían gastado en aquellos meses, aunque mi compañera y yo, más ahorrativos, conservábamos un pequeño remanente. La ruptura me había desmoralizado bastante, pero al hacerse pública entendí que traía una ventaja: hasta entonces yo era una de las personas más buscadas por la policía, y en ese momento pasaba a ser un individuo casi insignificante y sin mayor interés. De todas maneras extremé algunas normas de seguridad. Vivir en la clandestinidad sin los medios y el respaldo del partido, ni poder buscar trabajo, era una perspectiva poco brillante.
Buscamos habitaciones en pisos compartidos, que era lo más barato, cambiando de tiempo en tiempo. Las gestiones las hacía ella, como es natural. En una ocasión en que fuimos los dos a hablar con los dueños de un piso, yo permanecía callado, y al salir se burló riendo: “Podías haber hablado más. Parecías el clásico hermano tonto de la chica”. En uno de los pisos que compartimos, algo agrietado, vivían un sirio, estudiante de medicina, y un palestino que se relacionaba con la oficina de la OLP en Madrid. Los dos tenían novias españolas. Yo salía poco de mi habitación, donde leía y daba vueltas a aquellas cosas, y un día oí en la salita una voz peculiar, que me recordó la de un chaval con quien había coincidido trece años antes recogiendo lúpulo para la Guinness, en el sur de Inglaterra. Aquello sí era un peligro. Cuando el visitante se fue, procuré informarme del sirio: efectivamente, su amigo era la misma persona. Si llegamos a coincidir, yo me habría visto en serio peligro porque él me reconocería y, desde luego no compartía mis puntos de vista. Al poco nos mudamos y mi compañera encontró trabajo de asistenta, y algún tiempo después de profesora de literatura en un colegio. Yo di algunas clases particulares, nada más podía hacer.
Por supuesto, me puse al mismo tiempo a “reconstruir el partido” con algunos contactos que conservaba. Viéndolo ahora, me doy cuenta de que era realmente una estupidez, pero la teoría marxista-leninista es tan fuerte, permite en apariencia explicarlo todo tan bien, que no es fácil desembarazarse de ella. Ortega recordaba en un artículo que no entendemos la realidad solo a partir de los datos objetivos, sino que la razón les añade inmediatamente una interpretación. Como esa interpretación es la que da sentido a los hechos, tendemos a preferir la interpretación, porque los datos o hechos, por sí solos, nos producen una sensación angustiosa de caos. “Si los hechos no coinciden con la teoría, peor para los hechos”, o “ya terminarán coincidiendo”, es en realidad la actitud más común en todo el mundo.
Todas estas cosas ya las expuse en De un tiempo y de un país, memoria de aquellas actividades (el título aludía irónicamente a una canción de Raimon). Pero me interesa ahora hablar un poco del extraño ambiente social y político que se creó en el país durante la transición. Extraño porque no coincidía con la teoría o ideas generales de ningún partido.
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Otoño de 1943: el franquismo sufre amenazas internas y externas cada vez más serias, pese a lo cual se consolida 205 – El franquismo se consolida frente a amenazas internas y externas – YouTube
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Poder y democracia (IV)Despotismo ilustrado
17. Todos los regímenes y oligarquías pretenden servir al orden social y por lo tanto al pueblo. Sobre ello hay dos enfoques: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, del despotismo ilustrado, y “todo para el pueblo, por el propio pueblo”, según una versión corriente de la democracia. Los dos enfoques son falsos, a poco que se piense.
18. La falsedad del segundo, expuesto por Lincoln en Gettysburg, radica en que “el pueblo” no es un todo homogéneo con unos intereses y conciencia de la realidad más o menos unánimes, sino que necesariamente se divide y entra en conflicto interno por las razones ya dichas al principio, y cada fracción del pueblo sigue a una u otra oligarquía o partido, inevitablemente.
19. La falsedad del primero radica en que la oligarquía encargada de beneficiar al pueblo sin él, tampoco es homogénea, sino que se divide en partidos o en camarillas, dependiendo del régimen que se trate. Y entre los cuales se desata con frecuencias una lucha por el poder que, sin otros frenos, tiende a hacerse destructiva, fomentando el desorden que el poder, por sí mismo, tendría que impedir.
20. Parte del problema de fondo está en una realidad constatable: el ejercicio del poder exige ciertos conocimientos y cualidades morales que la masa de la población no tiene o no entiende (Churchill argüía que el mejor argumento contra la democracia era una conversación de diez minutos con el votante medio). Se supone entonces que las oligarquías sí tienen esas capacidades, las cuales justificarían su gobierno, por encima de la voluntad del pueblo, mayoritariamente ignorante; o despreocupado de los asuntos políticos generales, más allá de los que les afectan particular y directamente.
21. El contraste entre la oligarquía que sabe y el pueblo que ignora daría la razón al despotismo ilustrado, cosa que podría ocurrir incluso en democracia, si un partido lograse arrastrar con demagogia a una mayoría popular. Sin embargo permanece el problema de la imposible homogeneidad de las oligarquías: cada partido se atribuye en exclusiva o de preferencia aquellos conocimientos y cualidades morales necesarios para gobernar. Ello hace inviable el despotismo ilustrado, presente siempre, de un modo u otro, en la política.
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Crónica. Que vayan a Alemania
** “El gobierno destierra de la educación la cultura del esfuerzo”. Propiamente destierra cualquier cultura, sustituyéndola por chifladuras de unos idiotas con ideas.
**”Colau, los sociatas y ERC impiden la colocación de una estatua del Quijote en Barcelona” ¿Pero no habíamos quedado en que Cervantes era catalán? ¿Y Colón también? Cualquier día esos ignorante dinamitan la estatua de Colón.
**Dice Ayuso que Cayetana tiene los valores del PP. Desgraciadamente es así, aunque parezca lo contrario a los observadores superficiales. De todas formas, estas riñas de familia son beneficiosas para el país.
**El conflicto con Bielorrusia es complicado. Esos “migrantes” proceden de Siria e Irak, países destruidos por la OTAN. No habría problema si Polonia no fuera la víctima: tendrían que ir directamente a Alemania, donde Merkel y sus sucesores estarían encantado de acogerles.
**A los presos pregunta Marlasca (marikón, según la Delgado), si “las feministas son una amenaza”. Pues según para quién. Para las vidas humanas en el seno materno son mucho más que una amenaza.





