Clave de la guerra civil / El tiempo extraño (4) / (IV) Despotismo ilustrado / Que vayan a Alemania

Una clave de la guerra civil

Siempre me llamó la atención que muchos historiadores y comentaristas partidarios del Frente Popular condenen sin embargo a Stalin o a los comunistas. Se creen así más “demócratas”. Pero sin Stalin y los comunistas, el FP no habría durado seis meses a los nacionales.  La razón principal de su debilidad está en que anarquistas, socialistas, separatistas y republicanos de izquierda tenían proyectos no solo distintos sino opuestos, y  carecían, como lamentaba Azaña,  de una idea nacional que les diese cohesión. Les unía, desde luego, el odio a lo que representaban los nacionales y, al principio, la convicción de que iban a aplastar su rebelión con facilidad…, sustituida a los pocos meses por un saludable temor  a que  los nacionales vencieran y  les ajustasen cuentas. Por otra parte los dirigentes de aquellos partidos tenían demasiado de majaderos y a menudo de criminales, basta  leer las memorias de ellos mismos para comprobarlo.

Por lo tanto, su resistencia durante casi tres años solo pudo deberse a algo exterior a ellos, y ese algo solo pudo ser  Stalin. El análisis más superficial piensa nada más que en el envío de armas, muchas de ellas excelentes. También los técnicos militares, que luego destacarían –los que no fueron purgados– en la guerra contra Alemania. Pero hubo otro factor aún más relevante, si bien invisible: Stalin, a través del Partido Comunista,  dotó al Frente Popular de una estrategia, de la que carecían los demás. Y aunque los demás desconfiaban de los comunistas, no tuvieron más remedio que ir resignándose a ella, por temor a los de Franco. Aceptación, eso sí, a medias, entre lloriqueos e intrigas. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra, he tratado de explicar este punto crucial, no siempre bien comprendido, así como a su principal agente, Negrín. No porque este fuera un hombre de paja de Stalin, sino porque era el político más realista del FP. Fue un proceso del mayor interés para comprender cómo y por qué ocurrieron las cosas. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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El tiempo extraño (4)

Vueltos a Madrid, nos encontramos con el problema inmediato de la subsistencia. Al ir a Alicante nos habíamos adjudicado cada uno, si mal no recuerdo, unas doscientas mil pesetas –cortesía involuntaria de la banca–, cantidad no muy alta,  pero considerable por entonces,  que los otros habían gastado en aquellos meses,  aunque mi compañera y yo, más ahorrativos, conservábamos un pequeño remanente. La ruptura me había desmoralizado bastante, pero al hacerse pública entendí que traía una ventaja: hasta entonces yo era una de las personas más  buscadas por la policía, y en ese momento pasaba a ser un individuo casi insignificante y sin mayor interés. De todas maneras extremé algunas normas de seguridad. Vivir en la clandestinidad sin los medios y el respaldo del partido, ni poder buscar trabajo, era una perspectiva poco brillante. 

Buscamos habitaciones en pisos compartidos, que era lo más barato, cambiando de tiempo en tiempo. Las gestiones las hacía ella, como es natural. En una ocasión en que fuimos los dos a hablar con los dueños de un piso, yo permanecía callado, y al salir se burló riendo: “Podías haber hablado más. Parecías el clásico hermano tonto de la chica”.  En uno de los pisos que compartimos, algo agrietado, vivían un sirio, estudiante de medicina, y un palestino que se relacionaba con la oficina de la OLP en Madrid. Los dos tenían novias españolas. Yo salía poco de mi habitación, donde leía y daba vueltas a  aquellas cosas, y un día oí en la salita una voz  peculiar, que me recordó la de un chaval con quien había coincidido trece años antes recogiendo lúpulo para la  Guinness, en el sur de Inglaterra. Aquello sí  era un peligro. Cuando el visitante se fue, procuré informarme del sirio: efectivamente, su amigo era la misma persona. Si llegamos a coincidir, yo me habría visto en serio peligro  porque él  me reconocería y, desde luego  no compartía mis puntos de vista.  Al poco nos mudamos y mi compañera encontró trabajo de asistenta, y algún tiempo después de profesora de literatura en un colegio. Yo di algunas clases particulares,  nada más podía hacer.

Por supuesto, me puse al mismo tiempo a “reconstruir el partido” con algunos  contactos que conservaba. Viéndolo  ahora, me doy cuenta de que era realmente una estupidez, pero la teoría marxista-leninista es tan fuerte, permite en apariencia explicarlo todo tan bien, que no es fácil desembarazarse de ella. Ortega recordaba en un artículo que no entendemos la realidad solo a partir de los datos objetivos, sino que la razón les añade inmediatamente una interpretación. Como esa interpretación es la que da sentido a los hechos, tendemos a preferir la interpretación, porque los datos o hechos, por sí solos, nos producen una sensación angustiosa de caos. “Si los hechos  no coinciden con la teoría, peor para los hechos”, o “ya terminarán coincidiendo”,  es en realidad la actitud más común en todo el mundo.

Todas estas cosas ya las expuse en De un tiempo y de un país, memoria de aquellas actividades (el título aludía irónicamente a una canción de Raimon). Pero me interesa ahora hablar un poco del extraño ambiente social y político que se creó en el país durante la transición. Extraño porque no coincidía con la teoría o ideas generales de ningún partido. 

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Otoño de 1943: el franquismo sufre amenazas internas y externas cada vez más serias, pese a lo cual se consolida 205 – El franquismo se consolida frente a amenazas internas y externas – YouTube

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Poder y democracia (IV)Despotismo ilustrado 

17. Todos los regímenes y oligarquías pretenden servir al orden social y por lo tanto al pueblo. Sobre ello hay dos enfoques: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”,  del despotismo ilustrado, y “todo para el pueblo, por el propio pueblo”, según una  versión corriente de la democracia. Los dos enfoques son falsos, a poco que se piense.

18. La falsedad del segundo,  expuesto por Lincoln en Gettysburg, radica en que  “el pueblo” no es un todo homogéneo con unos intereses y conciencia de la realidad más o menos unánimes, sino que necesariamente se divide y entra en conflicto interno por las razones ya dichas al principio, y cada fracción del pueblo sigue a una u otra oligarquía o partido, inevitablemente. 

19. La falsedad del primero radica en que la oligarquía encargada de beneficiar al pueblo sin él, tampoco es homogénea, sino que se divide en partidos o en camarillas, dependiendo del régimen que se trate. Y entre los cuales se desata con frecuencias una lucha por el poder que, sin otros frenos, tiende a hacerse destructiva, fomentando el desorden que el poder, por sí mismo, tendría que impedir.

20. Parte del problema de fondo está en una realidad constatable: el ejercicio del poder exige ciertos conocimientos y cualidades morales que la masa de la población no tiene o no entiende (Churchill argüía que el mejor argumento contra la democracia era una conversación de diez minutos con el votante medio). Se supone entonces que las oligarquías sí tienen esas capacidades, las cuales justificarían su gobierno, por encima de la voluntad del pueblo,  mayoritariamente ignorante;  o despreocupado de los asuntos políticos generales,  más allá de los que les afectan particular y directamente.

21. El contraste entre la oligarquía que sabe y el pueblo que ignora daría la razón al despotismo ilustrado, cosa que podría ocurrir incluso en democracia, si un partido lograse arrastrar con demagogia a una mayoría popular. Sin embargo permanece el problema de la imposible homogeneidad de las oligarquías: cada partido se atribuye en exclusiva o de preferencia aquellos conocimientos y cualidades morales necesarios para gobernar. Ello hace inviable el despotismo ilustrado, presente siempre, de un modo u otro, en la política.

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Crónica. Que vayan a Alemania 

**  “El gobierno destierra de la educación la cultura del esfuerzo”. Propiamente destierra cualquier cultura, sustituyéndola por chifladuras de unos idiotas con ideas. 

**”Colau, los sociatas y ERC impiden la colocación de una estatua del Quijote en Barcelona” ¿Pero no habíamos quedado en que Cervantes era catalán? ¿Y  Colón también? Cualquier día esos ignorante dinamitan la estatua de Colón. 

**Dice Ayuso que Cayetana tiene los valores del PP. Desgraciadamente es así, aunque parezca lo contrario a los observadores superficiales. De todas formas, estas riñas de familia son beneficiosas para el país.

**El conflicto con Bielorrusia es complicado. Esos “migrantes” proceden de Siria e Irak, países destruidos por la OTAN. No habría problema si Polonia no fuera la víctima: tendrían que ir directamente a Alemania, donde Merkel y sus sucesores estarían encantado de acogerles.

**A los presos pregunta Marlasca (marikón, según la Delgado), si “las feministas son una amenaza”. Pues según para quién. Para las vidas humanas en el seno materno son mucho más que una amenaza. 

 

 

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(III) Qué es democracia / El tiempo extraño (3) / La mal comprendida guerra / El Pollo y el Chisgarabís

(III) Qué es  democracia 

11. Todo poder trata de obrar, sobre dos bases: la violencia, que intenta monopolizar, y la autoridad moral como mantenedor de un orden social que fomente el  sentimiento de unidad por encima de los conflictos y el bienestar material. Del grado en que lo consiga depende su estabilidad, que, como hemos visto, nunca puede ser  absoluta o indefinida.12. El descarte  de la división clásica  monarquía-aristocracia- democracia creo que abre al análisis político vías más fructíferas.  Todo poder es oligárquico y su estabilidad depende de los dos elementos mencionados: su fuerza y el sentimiento social de orden que genere. Violencia y consentimiento social. Ninguno de los dos es suficiente, precisamente por el carácter  conflictivo de toda sociedad humana.

13. La definición de democracia como “poder del pueblo” según su etimología, o  “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, según la definió Lincoln, ha generado mil debates bizantinos, por su radical falsedad. El poder solo puede ejercerse sobre el pueblo y a cargo de unos pocos u oligarquía. En esto consiste el  esqueleto, por así decir, de toda forma imaginable de poder. El “poder del pueblo” solo puede ser el consentimiento mayoritario ante un poder oligárquico determinado.

14. Ni la oligarquía ni el pueblo son entidades homogéneas, sino internamente divididas y conflictivas en mayor o menor grado. La cuestión clave es ese grado, que si se hace muy alto destruye la  sociedad. La destrucción suele provenir de la lucha por el poder entre las siempre existentes rivalidades intraoligárquicas (dejo aquí la destrucción causada por una invasión o violencia exterior, como la caída de Roma; o por  subversión interna pero promovida desde el exterior, como la caída del imperio español en América).

15. A su vez, entre oligarquía y pueblo, considerados una y otro como conjuntos contrapuestos, existe siempre cierta contradicción, que en unos casos empuja al  despotismo y en otros a la anarquía (en el sentido de proliferación de poderes arbitrarios, pues, como vimos, tanto anarquía como democracia son imposibles en su sentido etimológico) El pensamiento político occidental, desde Isidoro de Sevilla, ha buscado fórmulas para evitar el despotismo sin caer en la anarquía.

16. El fruto históricamente más reciente del pensamiento antidespótico y antianárquico es la democracia, concebida no como  “poder del pueblo” sino como sistema de selección de oligarquías mediante el voto popular periódico. El voto popular siempre se divide entre partidos, pero la libertad de votar y el respeto al resultado deben, en principio, asegurar cuatro cosas: a) El desarrollo pacífico de la lucha por el poder,  a la vista de todos y no entre camarillas. b) Evitación de un absoluto dominio por parte de una oligarquía o partido. c) Posibilidad de echar en las urnas a cualquier  partido cuyo gobierno resulte perjudicial. d) Concreción del grado de consentimiento popular hacia el poder. Claro está que su práctica es problemática.

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El tiempo extraño (3)

Fueron aquellos cuatro meses, al menos para mí, un tiempo encantado, como en otro mundo,  por el contraste tan crudo con la vida que habíamos llevado hasta entonces y la que seguiría. Pero a los tres meses fui percibiendo movimientos extraños de Arenas, que se veía con unos y con otros sin informar a los demás, conversaba con Brotons a mis espaldas, y cuando llegó Balmón insistió en que fuese él quien se encargase de la reorganización del partido. A esto me opuse, y se creó hacia el final una tensión muy fuerte. Según Arenas, yo estaba cometiendo errores en mi tarea, cosa que sorprendió también a Balmón, pues las cosas iban tan bien que ya estábamos preparando un congreso para analizar la etapa pasada, la situación general en España y adoptar la línea política correspondiente. Había también otros problemas solo esbozados, y que en el congreso podrían dar lugar a disensiones. Por ejemplo, yo me oponía a los atentados contra  policías y quería reservarlos a los “peces gordos”, y al mismo tiempo fomentar desde el partido y sus organizaciones “de masas” (masas muy poco espesas, realmente) una especie de revuelta permanente, parecida a lo que unos años después haría la ETA con la cale boroca. Él argumentaba que los policías eran los sicarios del fascismo y por eso eran odiados por el pueblo. Desde luego, apenas existía tal odio, como no lo  había del pueblo contra el franquismo, aunque toda la oposición sostenía tal dogma. También yo lo decía sabiendo que era falso, pero convencido de que llegaría a ser verdad en el desarrollo de la lucha. Y había probablemente también el resquemor por mi oposición a ir a Argelia.

Supongo que el pequeño Stalin creería que yo estaba creando condiciones para disputarle el liderazgo,  pero el caso es que ni era cierto ni yo intenté maniobrar a mi vez. En todos los partidos existe ese tipo de manejos,  seguramente necesarios o inevitables pero que me repugnaban y para los que, en todo caso, yo no valía. Muchas veces obramos según las circunstancias, sin entender bien por qué hasta cierto tiempo después. Creo que, sin confesármelo,  ya comenzaban mis dudas por una cuestión que discutíamos bastante por entonces: en China, Teng Siao-ping y los suyos se estaban imponiendo a los jefes de la Revolución cultural. En otras palabras, parecía que también China se estaba hundiendo en el pozo infecto del “revisionismo”, como había pasado en la URSS después de Stalin. Se estaba volviendo, como la URSS, un régimen “socialimperialista” y “socialfascista”. Claro que no queríamos creerlo, pero las sospechas eran inevitables:  ¿cómo era que siempre pasaba lo mismo? Todo el sentido de nuestra actividad descansaba en la aplicación estricta de los dogmas del marxismo-leninismo, y éramos seguramente el partido español más teorizante.  Quedaba la pequeña Albania, aunque con el defecto de que apoyaba al FRAP y se negaba a reconocernos.  Es muy difícil mantener una lucha abnegada en pleno aislamiento, sin referentes poderosos a los que tomar por modelo y que siempre terminaban traicionando los principios.

El caso es que Arenas me tendió una encerrona bien  preparada, en una reunión del comité central en Madrid.  Creo que solo me apoyó Hierro, del GRAPO, y se me exigió una “rectificación” imposible de entender salvo como sumisión sin reservas  a lo que dijera el pequeño Stalin en cada ocasión. Me negué y quedé expulsado. Fue para mi bien, aunque entonces me parecía lo contrario. Hay que percatarse de lo que aquello significaba: el partido, al que había dedicado tantos esfuerzos y por el que había corrido tantos peligros,  era más que la familia, fuera de ella no parecía haber más que el mundo hostil del capitalismo, al que debíamos combatir y que nos combatía. En esas condiciones  morales y materiales nos volvimos a Madrid mi compañera y yo.

 Unos meses después era detenido el comité central en pleno, en Benidorm, si no recuerdo mal. Me hizo gracia que atribuyeran la caída a una traición de los argelinos.  Yo creo que no hubo tal traición: simplemente el enlace entre los servicios de ese país y el GRAPO era un confidente de la policía  española que ya había hecho algunas faenas al FRAP y a la UGT, como se dijo después. Parece que en él depositaban confianza tanto los  argelinos como los chiflados del MPAIAC, que querían “liberar” las islas Canarias. Y dos o tres años después  conocí el modo como habían resuelto los jefes del PCE(r) el crudo problema del “revisionismo”: este no había existido. Ni China ni la URSS habían dejado de ser potencias socialistas, correctas  en lo esencial, aun si con algunos errores y problemillas menores… Era renegar de todo lo que se había hecho y dicho durante más de diez años, pero no dejaba de ser comprensible: no se podían perder todos los referentes, y supongo que  esperaban contar con apoyo del KGB. Aunque para entonces yo ya estaba llegando a  otras conclusiones por mi  cuenta. 

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

La mal comprendida guerra

El Frente Popular durante la guerra presenta una serie de problemas al historiador, que no siempre se han planteado siquiera con precisión. Como es sabido, Prieto y Azaña fundaron una coalición electoral amplia, por el mismo tiempo en que la Komintern planteaba la táctica de los frentes populares con partidos y sectores burgueses. ¿Cómo la coalición prieto-azañista se transformó en frente popular según el modelo comunista, que era mucho más que una coalición electoral?

Dentro de ese proceso, ¿qué papel jugaron Azaña, Prieto,  Largo Caballero y Negrín? Esta es otra cuestión fundamental, cuya aclaración no aparece, porque no se la plantea claramente, en casi ninguna historia de la guerra civil (acabo de ver un artículo de Moradiellos en que se pregunta si Negrín fue “un hombre de paja o el Churchill español”. El artificioso dilema solo refleja una notable charlatanería, por lo demás dominante en la historiografía a su vez dominante.)

Una tercera es: ¿pudo el frente Popular haber ganado la guerra? ¿Y por qué duró esta casi tres años?

Estas y otras son cuestiones –generalmente mal enfocadas–,  que  he planteado en Por qué el Frente Popular perdió la guerra. Una guerra que marcó un antes y un después, y  de la que deriva la historia posterior de España hasta nuestros días.

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Crónica.  El Pollo y el Chisgarabís

 **Preguntan en Es radio qué  cosas preocupan más a los españoles, incluyendo la crisis del PP. Esa crisis no es en absoluto preocupante;  al contrario, gran noticia.

**Si el PP gana más diputados que VOX, seguramente podría gobernar con el apoyo de este, para echar al Pollo Doctor. Pero ¿y si VOX saca más diputados que el PP? ¿Le apoyaría este para gobernar, o buscaría sus socios tradicionales, PSOE y separatistas?

**Franco   nunca tuvo oposición democrática interna, ni en vida ni después de muerto.  En el exterior la tuvo soviético-democrática. Y ninguna tuvo éxito.

**En general, la llamada extrema derecha,  no  VOX, no ha entendido  la democracia ni el franquismo. No entiende que la política en democracia es una dura lucha por ganarse a la opinión pública. Pero desdeña a esta y prefiere recluirse en un gueto.

**También dicen que la democracia en España no funciona porque no es apta para el temperamento español, tópico muy extendido también en Europa. Pero quien no es apto es el nuevo frente popular.

**Franco examinaba la harto desastrosa historia española desde Fernando VII y el anárquico despotismo de la república, y concluía que en España la democracia traía el desastre. Sin embargo su régimen creó una sociedad muy distinta de la anterior, reconciliada y próspera. Esa sociedad sí podía ser democrática. 

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

**Los socios del Pollo Doctor piden suprimir el título de rey porque fue otorgado por un régimen ilegal. Fue el régimen que salvó a España de la disgregación y la sovietización. Declarado ilegal por los herederos de las chekas. Incluido el PP. 

**Quienes más daño vienen haciendo a la monarquía son los propios monárquicos, en tres fases a) El intento de borrar su origen en el franquismo, b) La firma de la ley de memoria histórica  c) Su silencio cómplice  en la profanación de la tumba de Franco… Y todo por contentar a los separatistas  y corruptos liberticidas de izquierda.

**España tiene a la cabeza del gobierno a un pollo con falso doctorado. Y a la cabeza de la oposición a un chisgarabís con falso Máster. Pura latinoamericanada.

**La Cayetana acusa al Egea de “mobbing, bullying y acción testosterónica”. Se ve que  sabe mucho inglés (se educó en esa lengua) y que solo admite la testosterona en las mujeres, como es ahora moda casi general.

 

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Antifranquismo europeo / Un día en la vida / Poder y democracia (II)/ El tiempo extraño (2)

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Antifranquismo europeo

La  casi imposible traducción de Los mitos  de la guerra civil a otros idiomas destapa algunas cuestiones, en particular la del antifranquismo europeo, que tanto influyó desde la transición para distorsionar nuestra historia reciente y paralizar una respuesta. Ya bastante antes de la transición se había impuesto un “europeísmo” ignaro y bastante palurdo, según el cual España no era Europa, o lo era de modo muy deficiente, y debía entrar en ese presunto paraíso para salir de su atraso y miseria histórica. Por lo tanto, las opiniones e impresiones que vinieran de allí eran aceptadas con algo parecido a la fe del carbonero. Y  cuando unos políticos corruptos e incultos nos hicieron “entrar en Europa”,  parecía que España había llegado a la culminación de su carrera histórica.

Ya he señalado que los mitos  o seudomitos de la guerra civil pesan como dogmas en esos países, mucho más que en la propia España. Y no es difícil entender por qué. La II Guerra Mundial fue una especie de suicidio de Europa, en el que España, casualmente, no participó, gracias a Franco y su régimen. ¡Qué atrasados estábamos, y qué poco solidarios! Y esa crucial  abstención en aquella guerra (en la que España solo podría haber entrado como carne de cañón de otras potencias), resulta en esos países un pecado imperdonable.  La idea básica es que la guerra fue una especie de cruzada contra el nazismo, como si este fuera ajeno a Europa, y lo más  indigerible para las oligarquías políticas e intelectuales de esos países es  que la España de Franco, a la que tozudamente quieren identificar con la Alemania de Hitler, no hubiera sido aplastada junto con esta. Eso les parece tal injuria que diversos hispanistas se han especializado en “demostrar” que España “tenía que” haber luchado al lado de Alemania, que Franco lo deseaba pero que,  de algún modo extraño, no lo logró. Lo condenan por las intenciones que le inventan. El odio a Franco era y en gran parte sigue siendo feroz: solo hay que recordar las ingentes y amenazantes movilizaciones en favor de la ETA con motivo de algunos juicios a los pistoleros.

Esta falsificación de la historia tiene otro trasfondo: en Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica o Francia, la colaboración con los ocupantes nazis fue mucho más amplia que la resistencia a ellos;  y no se liberaron por sus esfuerzos, sino por  el ejército useño, e indirectamente, pero aún más importante, por el soviético. Deuda moral, histórica y  política impagable… que España no tiene: ¿cómo podía tolerarse tamaña insolencia? Y el ejemplo de la resistencia inglesa no debe hacer olvidar que fue la URSS de Stalin quien, en definitiva la salvó cuando se encontraba cerca del colapso. Stalin y, casualmente, la neutralidad de Franco. Una deuda tan pesada y evidente que simplemente no puede ser admitida. Para colmo, el franquismo salvó de la persecución nazi a decenas de miles de judíos, mientras las democracias anglosajonas se desentendían de su suerte… ¡Intolerable!

España , pues, al revés que casi todo el resto de Europa, no tuvo que ser liberada por nadie, porque se había liberado sola. Y llegó a la democracia (hoy degradada por el antifranquismo) por evolución propia, no por bombardeos ajenos. Por tanto, ha sido el garbanzo negro en los guisos de posguerra. En los que el país tuvo que soportar un aislamiento criminal montado al alimón entre la URSS y los países europeos liberados (por otros).  Pero la España de Franco derrotó esos intentos como había derrotado la sovietización y disgregación del país. Nunca tuvimos necesidad de “entrar en Europa” porque, para bien y para mal, siempre estuvimos en ella, y como parte no insignificante. Claro que eso nunca lo han entendido los desdichados políticos desde la transición, que forman precisamente el elemento no europeo del país: donde nos han metido es en la bananolandia de Latinoamérica, como les gusta llamar a la degradada América hispana.

Volviendo al principio: la enorme dificultad para traducir Los mitos y otros libros míos a otras lenguas europeas reside  en un antifranquismo prevaleciente en ellos, que, como decía Aquilino Duque, es la penúltima manifestación de la leyenda negra. 

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Un día en la vida.

Hay novelas cuya acción transcurre en un solo día. Recuerdo con vaguedad una en que el protagonista encuentra el éxito, el amor y la muerte  en una jornada, pero la más famosa es seguramente Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsin. Esta trata de la brutal injusticia burocrática que ha condenado a un hombre a sobrevivir día a día en las infames condiciones del GULAG. Iván, que tiene algún mínimo privilegio,  no encuentra otro éxito que sobrevivir un día más, aumentando un poco su ración de kasha y algún otro alimento, en una perspectiva sin apenas esperanza de salir vivo de aquella situación. Su jornada resumía su vida. La novela describe un universo infernal que intentaban ocultar los innumerables intelectuales y políticos progres en la  Europa del oeste: recuérdese un reconocido y alegre escritorcillo muy celebrado en España criticando a los soviéticos por haber dejado salir a Solzhenitsin del GULAG, en medio de una tremenda escandalera de intelectuales y periodistas de la izquierda “fina”, incluso de derecha, por haberse atrevido el ruso a explicar en Madrid el régimen soviético. En 1976. 

 Dejando aparte méritos literarios, Cuatro perros verdes coincide  con la novela citada (y otras) en que transcurre en un solo día, con la originalidad de que los protagonistas son cuatro al mismo nivel y no uno o una pareja, como suele ser más común. El trasfondo social y político es también radicalmente distinto, a pesar de que muchos quieren pintar el franquismo como un régimen brutal. Los protagonistas se asoman a la vida con una intensa sensación de libertad y esperanza, solo ensombrecida por algunas consideraciones teóricas sobre su sentido y alguna experiencia traumática de uno de ellos. Aquellas consideraciones existencialistas habrían parecido irrisorias a Iván Denísovich pero en la España de esos años cobraban una significación profunda. La tesis implícita en la obra de Solzhenitsin es la denuncia de un régimen cuya lógica y práctica tiende a destruir lo propiamente humano, mientras que en Cuatro perros verdes no hay una tesis precisa, sino la confrontación de cuatro (o si se quiere ocho) enfoques de la  vida, sin que ninguna prevalezca. La tesis sería, en todo caso, la ausencia de algo definitivo a lo que agarrarse para  entender la existencia, como dato propio de la condición humana.  Por otra parte, la condensación del relato en una sola jornada no es un simple recurso literario,  tiene un objeto propio, que he intentado poner de relieve en la afición de uno de los estudiantes  a contemplar las salidas y puestas del sol. 

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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Poder y democracia (II) 

7. La misión y justificación del poder consiste, idealmente, en mantener el orden social buscando el equilibrio o justicia entre los diferentes intereses, sentimientos, etc. presentes en la sociedad. Para ello ha de poseer una capacidad de violencia superior a la de cualquier grupo particular aglutinado en torno a tales o cuales intereses, sentimientos, etc. Esa capacidad de violencia para imponer su autoridad, se justifica siempre por el grado de orden o justicia pretendido.

8. El poder existe en todas las culturas, pero en el estadio de civilización se va conformando como un aparato institucional que llamamos estado, con capacidad para  elaborar normas y leyes, para hacerlas cumplir mediante una fuerza armada, y con un sistema de justicia que permita dar salida no violenta a los infinitos conflictos particulares que genera la propia sociedad.

9. El poder puede adoptar y ha adoptado históricamente diversas formas, pero la división  tradicional entre monarquía, aristocracia o democracia (con sus correspondientes degeneraciones en tiranía, oligarquía y oclocracia), no responde a ninguna realidad. Cualquiera que sea su forma, el poder  siempre es oligárquico, es decir, ejercido por un pequeño grupo. A su cabeza se encuentra casi siempre una sola persona,  “monarca”. Y se justifica idealmente por lograr el consentimiento de una mayoría de la población lo que le da un tinte “democrático”. Así, todo régimen estable tiene un triple rasgo oligárquico (presuntamente aristocrático), monárquico y democrático.

10. La estabilidad de un régimen nunca puede mantenerse por tiempo indefinido  a) Porque la oligarquía nunca es homogénea, sino que en ella  rivalizan siempre distintas opciones (partidos o camarillas), y  ambiciones particulares. b) Porque cada partido trata de recurrir a grupos más amplios para imponerse a los demás. c) Porque la sociedad, a su vez, no es estable, pues  la continua tensión de intereses,  ideas  y sentimientos, va cambiándola y dejando atrás formas de poder que en un momento o época parecieron irremplazables. e) Porque por fuerte que sea el poder, siempre hay grupos o sectores sociales que escapan a él, desde los delincuentes a los subversivos.

Cuatro perros verdes

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El tiempo extraño (2)

Alicante resultó una elección muy acertada: en cuanto nos asentamos,  entramos en una especie de limbo. La inquietud extrema de Madrid quedaba casi remota, seguíamos buscados por la policía, lo que causaba cierta inquietud, pero muy vaga, porque creíamos que muy difícilmente llegaría a nosotros. Nadie en el resto de la organización sabía donde estábamos, salvo si acaso una persona por cada  responsabilidad en Madrid, y quizá ni eso, no recuerdo bien. Entre nosotros tampoco conocíamos el domicilio de los demás, excepto el mío, que volvía a funcionar algo así como sede del estado mayor. Arenas  había alquilado un piso  a alguna distancia de la  Albufereta, en San Juan, donde diez años antes yo había pasado un verano trabajando en la bolera de un hotel, hotel Playa creo recordar que se llamaba. 

El ambiente del lugar tenía el aire melancólico  de los lugares turísticos fuera de la temporada,  con muy pocos bares y comercios abiertos. Después de la comida,  Brotons, su mujer, mi compañera y yo  “dábamos una vuelta al calor suave del mediodía primaveral, por detrás de las edificaciones de la Albufereta. Las ranas croaban en  los canalillos. Cruzábamos los rieles del tren, nos metíamos por entre los pinos, algarrobos, eucaliptos diseminados, paseábamos perezosamente sobre viejas tierras de labor abandonadas, cuyos surcos endurecidos se percibían bajo los matorrales. Sentados en algún tronco seco derribado, escuchábamos a las cigarras y saltamontes. Bromeábamos, aludíamos por encima a la política, a las novedades. Desandábamos hacia la costa, a tomar café en un bar prácticamente solitario. Cuando el agua dejó de estar fría, nos bañábamos en la playa” .

Todo tenía un encanto especial. “Las playas, a poco que uno se alejara, estaban desiertas, quitando a algún pescador solitario en las rocas o algún corrillo de jubilados jugando a la petanca”. Nosotros mismos podríamos parecer jubilados, salvo por nuestra juventud. “Caminábamos  por la ribera del divino mar de Teseo y Odiseo, el de Roma y Cartago…”, intentando captar u espíritu evanescente. “El mar, como el cielo estrellado, juega malas pasadas a la teoría”. A la férrea teoría con que explicábamos todo. Discutíamos poco de la situación política, de los preparativos para las próximas elecciones, efecto del referéndum “fascista” que habíamos querido sabotear y que no reconocía la oposición, pese a lo cual se presentaba a ellas. Pero discutíamos quizá más de asuntos  filosóficos relacionados con el materialismo histórico y dialéctico. “Hicimos dos o tres excursiones en el trenecillo costero, que consigue identificarse con el paisaje, que no desentona de la serenidad de este. A Altea, a Ifach. Arenas pescaba, disfrutando tranquilo. Paseábamos relajados, con el permanente desasosiego anclado en el trasfondo, sin alborotar”. Raramente íbamos a Madrid

   ”Al atardecer solíamos citarnos en la cercana  Alicante, adonde íbamos a poner conferencias a las comisiones de propaganda, organización y armada”. Recibíamos los informes y dábamos las instrucciones, en un lenguaje figurado, muy raramente íbamos a Madrid. Las conversaciones políticas solían ser someras, “intuíamos que ahondar sería dañino”. Según se acercaban las elecciones, previstas para el 15 de junio, cuando bajábamos a la ciudad veíamos, la propaganda de  los partidos, “sus pintadas, carteles… que nos inspiraban comentarios sarcásticos… Hojear la prensa en una taberna cualquiera, tomar unas cervezas, dar vueltas, escuchar música, esas cosas simples, cotidianas, que todo el mundo hace; el sosiego de lo normal y trillado, la pequeña maravilla de lo vulgar y corriente, lo apreciaban nuestros corazones indebidamente inquietos… Las chicas, que,  me parece recordar, ninguna  estaba fichada por la  policía,  acudían asiduamente a la biblioteca municipal de Alicante a descubrir autores progresistas del pasado, a los que invocar en la propaganda.  También hacían viajes con  misiones del partido y se ocupaban en los preparativos del congreso próximo”.

   ”Aquella etapa me llega nublada a la memoria como una vivencia extraña, mágica. Tiempo después, su recuerdo me hería  con una afilada añoranza, con una melancolía mareante por falta de objeto claro”. Los entrecomillados están escritos cinco años después de aquellos sucesos. 

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Poder y democracia (I) / Cultura y política/ No sabemos quienes somos / Mitos políticos / Pancho no viene a España

 Poder y democracia (I)

En Nueva historia de España y en La guerra civil y los problemas de la democracia he esbozado una teoría sobre el poder y la democracia, que aquí resumo.

1. El ser humano es necesariamente social y sociable, pues no puede subsistir en soledad,  pero al mismo tiempo sus sociedades son conflictivas, internamente y unas con otras. Esto ocurre desde las familias hasta las naciones e imperios, pasando por cualquier otro tipo de asociación.

2. La causa de la conflictividad puede encontrarse en la fuerte individuación del ser humano, manifiesta en la gran diversidad y a menudo oposición de intereses, sentimientos, ideas, aspiraciones y egos. El término individuación no es muy adecuado, pues el individuo, en el sentido de átomo o indivisible, no existe. En los llamados individuos también se da el conflicto entre contradictorios deseos, intereses, etc., que exige un esfuerzo permanente de equilibrio en la persona misma. Pero el término puede servir como contraste con la sociedad.

3. La  conflictividad interna distingue profundamente a las sociedades humanas de las animales. En estas las conductas sociales se rigen por el instinto y la conflictividad es mínima y elemental comparada con la humana. Por eso las conductas  animales se reproducen de generación en generación, y en ese sentido los animales no tienen historia. En el hombre, el instinto, sin desaparecer, ha perdido gran parte de su fuerza, y esa conflictividad es un motor de su evolución cultural o historia. 

4. La conflictividad humana puede volverse autodestructiva,  como se aprecia en todas sus sociedades, desde las familias a los imperios, dándonos la historia un amplio muestrario de tales sucesos. Mantener la estabilidad social exige fuerzas contrarias,  principalmente la moral y el poder. Dejaremos aquí la moral para examinar el poder.

5. El poder, aunque puede revestir muchas formas, surge de modo natural y espontáneo en las sociedades humanas para encauzar y controlar la conflictividad y evitar su potencial destructivo.  Sin embargo nunca lo consigue del todo ni permanentemente (como ocurre con la moral).

6. ¿Puede concebirse una sociedad humana sin poder? El término anarquía, como el de democracia, no puede significar lo que indica su etimología. En la práctica significa disolución de un poder amplio en una multiplicación de poderes arbitrarios. Para que fuera de otro modo, las sociedades tendrían que homogeneizarse en intereses, sentimientos y demás, los egos perder mucha de su potencia, y la moral sustituir al instinto, comportándose los seres humanos  al modo de las hormigas o las abejas. La anarquía significa así la destrucción de lo propiamente humano, un intento imposible de volver a la vida instintiva.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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Cultura y política

Nos ilustran en ABC: “Cuba, como cualquier dictadura, ha sido hostil a la cultura”. ¡Hombre…! Por poner algunos ejemplos, en el franquismo hubo una cultura muy importante, digan lo que digan los charlatanes que, como el propio ABC,  la han envilecido en democracia. La célebre “generación del 27″, en España, es precisamente la de la dictadura de Primo de Rivera. Nuestro Siglo de Oro se dio en una sociedad escasamente democrática. La Rusia del siglo XIX, bajo una autocracia, produjo una cultura de élite en muchos aspectos la mejor de Europa… La democracia actual en España, si así queremos seguirla llamando, ha resultado extraordinariamente mediocre, y el propio ABC y su tinglado “cultural” da buena muestra de ello. Es decir, que lo que llamamos alta cultura o cultura de élite, es independiente del régimen político: puede florecer o estancarse en uno u otro.

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No sabemos quienes somos 

Uno puede recordar la mezcla de inquietud, incertidumbre y esperanza de finales de la adolescencia y primera juventud, y da por supuesto que a todo el mundo ha tenido esa experiencia.  Es, en parte, lo que he querido transmitir en Cuatro perros verdes. La discusión entre Santi, Moncho y Javi, en la que cada uno expone sus posturas: ¿hasta qué punto se cree cada uno de ellos lo que dice? ¿Tienen acaso experiencia vital para sostener sus puntos de vista? No la tienen, son posturas tomadas un tanto a priori, en las que entran por una parte lecturas, por otra unas experiencias demasiado verdes, y también el temperamento y carácter de cada uno. Leo que José María Merino, premio nacional de letras de este año, afirma refiriéndose a la Pardo Bazán: “Sin ficción no sabríamos quienes somos”. Bueno… Con ficción tampoco lo sabemos. A lo largo de una  jornada corta y singular, cada uno de aquellos estudiantes vive unos sucesos particulares, que, se adivina fácilmente, marcarán su vida o parte de ella. Uno puede imaginar a Javi siendo asesinado por la ETA; a Chano quizá superando su accidente,  casándose con Mariantonia y olvidando sus aspiraciones políticas; a Santi disfrutando de una vida familiar tranquila y equilibrada; a Moncho trabajando como médico,  debatiéndose siempre con impulsos suicidas. Claro que nada de eso tiene por qué suceder, pero es imaginable. Solo sabemos el destino de Diego, por el epílogo de la novela anterior: sus detenciones por la policía, su exilio en Francia, su vuelta a España en la transición presto a convertirse en un dirigente en el nuevo régimen, y sus progresivos desengaños hasta medio hundirse en un mediocre trabajo de profesor, con una mediocre relación con su pareja y un resentimiento sordo hacia su propia vida. 

Cuatro perros verdes

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 Observaciones sobre Los mitos de la guerra civil

Entre otras:

1. Deja claro que lo que tenía de demócrata la república fue arrasado en dos movimientos: la insurrección socialista-separatista de octubre de 1934, y las elecciones fraudulentas del 36. La potencia de los partidos destructores desprestigió a la democracia y la hizo inviable para mucho tiempo.

2. Deja claro, de forma indudable, que la guerra no fue de demócratas contra fascistas, sin  de un frente popular compuesto de sovietizantes y separatistas contra defensores  de la unidad nacional y de la cultura occidental de base cristiana.

3. Deja claro que el frente popular atacó  mediante la destrucción y el saqueo, gran parte del patrimonio histórico-artístico español, además de propiedades de particulares.

4. Deja claro que el terror no solo se ejerció en uno y otro bando, sino también entre los propios partidos del frente popular

5. Los mitos de la guerra civil no ha sido rebatido en ningún aspecto importante a lo largo de estos dieciocho años.

6. Por el contrario, el libro ha suscitado exigencias de censura y luego una campaña de silencio y finalmente leyes totalitarias de “memoria” que conducen a una democracia fallida.

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Crónica Pancho I no viene a España

** Pancho I de la Pampa y la Pachamama dice que piensa venir a Santiago de Compostela, pero no a España. No es fácil soltar una provocativa gilipollez mayor.

**El gobierno trata de atar de pies y manos a la policía frente a la delincuencia. Es normal, un gobierno delincuente se solidariza  con sus iguales.

**Colonización cultural: el useño The Huffington Post  transmite su basura tipo El País en su edición española.  Ha salido otra cosa parecida, directamente en España, bajo el título The Objective. Se ve que el español no sirve para estas cosas.

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“Los mitos de la guerra civil”, en francés. La difícil peripecia del libro en España

 La difícil peripecia de Los mitos de la guerra civil

Veo en Amazon que acaba de salir en Francia, en preventa,  la traducción de mi libro Los mitos de la guerra civil.  La obra fue publicada en España en 2003. En los cuatro años anteriores  había  publicado Los orígenes de la guerra civil,  Los personajes de la república vistos por ellos mismos, y El derrumbe de la república, y la guerra, que componen una trilogía sobre el siglo XX español hasta 1939. Aquellos libros fueron muy bien recibidos por el público en unos momentos en que los herederos de Frente Popular parecían haber ganado por completo la batalla de la historia y sus consecuencias políticas actuales. En contra solo quedaba con alguna influencia Ricardo de la Cierva, pero prácticamente habían logrado meterlo en un gueto, con ayuda de una derecha loca por “olvidar” sus raíces y que no paraba de demostrarle desprecio. Por lo tanto, la alarma de los historiadores y medios pro Frente Popular, fue enorme. Y subió mucho de grado cuando Los mitos se convirtieron en un verdadero fenómeno cultural (se vendieron unos 300.000 ejemplares, algo muy insólito en esta clase de obras).

La reacción inmediata la describió Stanley Payne:  Su obra es crítica, innovadora e introduce un chorro de aire fresco en una zona vital de la historiografía contemporánea española anquilosada desde hace mucho tiempo por angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política dominante desde hace mucho tiempo. Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales que afronta en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de una suerte de censura de silencio o de diatribas denunciatorias. Yo propuse desde el primer momento un debate, pero quedó claro que era pedir peras al olmo en un ambiente académico o seudoacadémico y  mediático en que la  mediocridad intelectual rivaliza con un sectarismo banal (he dedicado en mi blog más de cuarenta artículos de “Galería de charlatanes” a analizar a esos autores).  El libro sirve también como exposición de los métodos con que falsifican la historia estos “demócratas”, lo que les perturba  aún más, lógicamente

Es interesante ver la secuencia de la reacción: primero, desde la SER, El País y la mayoría de los medios, una oleada de insultos, exigencias abiertas de censura  (empezó el  democristiano Tusell, por cierto) y descalificaciones personales. Hasta los sindicatos de la televisión fueron a protestar al Congreso  e hicieron la vida imposible a Carlos Dávila, que había osado entrevistarme  en TVE2. Todo muy estilo frente popular. Hasta que un tertuliano de la SER  advirtió: Con estas cosas le damos publicidad, lo que hay que hacer es pasar de este señor.  Y se fue imponiendo una campaña de silencio por parte de los grandes medios de la Triple M y el “gremio” de los charlatanes profesorales, tratando de condenarme a una especie de muerte civil,  y también  en los grandes medios  de derecha (ABC, El Mundo, la televisión cuando gobernaba el PP…), yo, simplemente dejé de existir. Aunque otros medios menores siguieron dándome voz, cosa muy de agradecer en tales circunstancias, y mis libros siguieron vendiéndose mal que bien, por lo que la alarma continuó y dio lugar, en 2007, a  la infame ley de memoria de Zapatero. Una ley de deslegitimación del franquismo –que había sido legitimado democráticamente en el referéndum de 1976– y por tanto de todo lo que había venido de él, empezando por la monarquía. Y que cernía una amenaza ominosa sobre quienes, como yo, llevaban la contraria al discurso frentepopulista de quienes no habían aprendido nada de la historia. Esa amenaza han querido concretarla más recientemente con  prohibiciones explícitas y multas cuantiosas a quienes no sigan sus dictados.

Un hecho  que al principio me sorprendió es que el mito de la república y la guerra civil, con la correspondiente censura de facto,  tiene incluso más fuerza en países como Francia,  Inglaterra o Usa, que en España, en parte por su indebida identificación con la Segunda guerra mundial.  En 2004 ó 2005, la prestigiosa editorial Tallandier  anunció en Internet la próxima edición traducida del libro… Y de ello nunca más se supo. Una entrevista que me hizo el historiador Arnaud Imatz fue rechazada por Le Figaro arguyendo que era “demasiado pronto” para decir esas cosas, etc. (se publicó en una revista francesa de historia, creo recordar, que ha desaparecido). En Inglaterra el cotarro está dominado por la llamémosle escuela de Preston, y allí es todavía  más difícil ejercer la libertad de expresión al respecto. Solo ha tenido una traducción al polaco, y Los orígenes de la guerra civil al italiano. Pero parece que por fin se ha roto una barrera. Y creo también que los autores de las leyes chekistas de “memoria histórica” o “democrática” no van a salirse con la suya en España.

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