*Lo más positivo del momento actual es que por fin se está derruyendo el sucio y perverso lenguaje mantenido por los políticos durante 40 años para profundizar en la destrucción de España y de la democracia.
* Sobre el feminismo, una de las grandes plagas de nuestro tiempo: https://www.youtube.com/watch?v=kCLVsOVtTUE
* Las asociaciones informales o grupos de afines pueden hacer un gran trabajo. Una de ellas es la relacionada con la denuncia de Gibraltar. Es preciso que el manifiesto se divulgue de manera constante, que llegue a más y más gente y de forma repetida, pues si no hay insistencia, se diluye: https://www.piomoa.es/?p=10249
*Es necesario repetir esta evidencia: España es el único país del mundo cuyos gobiernos han colaborado y colaboran con el separatismo y con un grupo terrorista. Y de los pocos cuyos gobiernos entregan ilegalmente la soberanía a instancias diversas.
*Madrid, colonia inglesa: la cámara podía luego hacer un recorrido por los establecimientos y anuncios comerciales en inglés. No por todos, naturalmente, pues los hay a miles y ocuparía varias horas. Pero sí por los más significativos y concentrados. Hay calles en que predominan sobre los comercios con nombres españoles
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Sr. Moa, creo que usted ha cogido el rábano por las hojas en mi comentario sobre su novela. No hace falta que me explique que La Odisea no se parece a su novela. O que hubo “algo de épica” durante el franquismo. O que Guerra y Paz tampoco tiene que ver con lo suyo. Yo partía de la pregunta: “¿A qué se parece esto?” Y me contestaba que a nada que yo haya leído. Por poner la épica literaria franquista (o la antifranquista, que la hay, más que nada en cine), la suya me parece muy por encima del resto, en calidad literaria y sobre todo en interés de los personajes y de la trama. No trato de adularle, es solo mi impresión. Otra buena novela, incluso excelente, La soledad de Alcuneza, me parece más lírica que épica, de un costumbrismo lírico y vagamente apesadumbrado (la guerra, ya se sabe…). En su novela no hay pesadumbre ni justificación de ningún tipo.
La Odisea. ¿Se parece algo a su novela? Aceptando lo que usted dice, le veo dos semejanzas: Ulises sufre mil avatares, como los dos amigos y luego Alberto solo. Los sufren todos, Ulises quejándose del maltrato de los dioses y Alberto y Paco sin quejarse de nada, pero los tres en el fondo encuentran lo que buscan. Y la querencia por las armas y la violencia está en los tres “porque un dios la puso en ellos”. Claro que si se quiere hay una diferencia abismal: Ulises lucha por su propia causa, los dos compañeros de su novela luchan por un ideal. Su ideal se presenta como negativo: el castigo de quienes consideran criminales, pero también es positivo, difuminadamente, eso sí. Lo que usted dice de la unidad del bien y el mal, supongo que se refiere al encuentro y asesinato del padre biológico. Un gran acierto, a mi entender: el padre le ha transmitido gran parte de lo que él es, luego, ¿dónde está el bien y el mal? ¿Qué cuenta más, la biología o la sociedad con su moral? La brutal venganza de Ulises, ¿es buena o mala? Pero no quiero extenderme.
Aunque usted diga que tampoco tiene nada que ver con Guerra y Paz, yo creo que usted también traza un friso de aquella época y de personajes muy variados. No hay por qué compararlas pero es así. Usted no ahorra descripciones de violencia, y al final, la obra no me parece violenta. A veces es tremenda, pero nunca tremendista. Opino que detrás de ella hay toda una concepción literaria. ¿Me explico? Por cierto, el tema de La Odisea, la renuncia a una inmortalidad de placer sin fin, tiene mucho intríngulis. Me gustaría comentarlo más. Manuel Antonio
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La ETA y Carrero Blanco. Deshaciendo algunas mitificaciones y mixtificaciones: https://www.youtube.com/watch?v=2i2MkxBvw5I
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Hace un año:
El título Adiós a un tiempo tiene una sugerencia un poco lúgubre, como si ud diera su vida por concluida.
No, no es así, nadie sabe cuándo le va a tocar. Es porque, aparte de la edad, tengo la impresión de que se han acabado muchas cosas no solo para mí. Tengo 70 años, de los cuales veintiocho en el franquismo, es decir, la infancia y juventud, y el resto en el actual régimen, que ha evolucionado muy mal, de modo que actualmente vacilo en llamarlo democracia, aunque mantenga algunos rasgos democráticos. Esos años dan una perspectiva que no tienen las personas criadas en el régimen actual. Es decir, la dan si uno se molesta en analizar la experiencia, de otro modo, no.
Pero su libro no es de análisis
Por supuesto, es otra cosa. Acaso un acercamiento a la época a través de sucesos personales. Cada persona tiene una biografía particular y única, y al mismo tiempo parecida a la de tantos otros, muy condicionada por las circunstancias históricas y sociales del entorno. Por eso puede ser interesante lo que cuente de sí mismo y de la época y ambiente que le correspondió. Mucha gente que no vivió el franquismo lo entiende como un período lóbrego y tenebroso, imagen perfectamente ajena a la realidad. Es una visión fabricada por la propaganda contraria, que fue esencialmente comunista. De modo que mucha gente mira esa época con las lentes de la propaganda comunista, que para mayor falsedad se disfraza de demócrata. Pero lo curioso es cómo gente que sí vivió aquello ha terminado “recordando” cosas inexistentes. Por ejemplo, la cantidad de tipos que decían haber corrido delante de los grises en la universidad, cuando realmente éramos muy pocos… Pero eso resulta una anécdota cómica al lado de otros “recuerdos”, que ahora subvenciona el gobierno, para más inri.
Tampoco es un libro político, o la política asoma muy poco en el libro
Sí, los recuerdos de infancia y juventud no tienen nada que ver con la política. Y los extractos de mis memorias comunistas tampoco son propiamente políticas, más bien exponen los costumbrismos y reacciones personales en la lucha antifranquista, la vida clandestina y demás. Son recuerdos de ambiente, digamos.
Se dice que la vida viene muy condicionada por las lecturas, sobre todo en la adolescencia y juventud.
Y en la infancia. Desde luego es así, por lo menos para los que han leído mucho por su cuenta. Yo leía bastante literatura italiana, Salgari cuando era niño, después a Papini, Guareschi y otros. Alguna rusa, especialmente Dostoievski. Useña, muy poca, Mark Twain… venezolana de Rómulo Gallegos, argentina de autores que no recuerdo ahora, junto con el Martín Fierro… El Zorba de Kazantzakis… En cambio poca francesa y española, ahora solo me vienen a la memoria Los cipreses creen en Dios, Jardiel Poncela… Uno se pone a hacer memoria y no para. Pero sobre todo inglesa: los “guillermos” de Richmal Crompton, Wodehouse, Maugham, Greene, Stevenson, policíacas de Agatha Christie y de Edgard Wallace, ya no me acuerdo de tantas… A través de ellas llegué a sentir gran admiración por Inglaterra. Se decía lo mucho que leían los ingleses, las tiradas de la prensa, por ejemplo… Cuando fui allí comprobé que la prensa de gran tirada era pura porquería sensacionalista… Pero bueno… Como puede verse, tiraba sobre todo a obras de aventuras o de humor. Sin embargo tres me impresionaron especialmente: Crimen y castigo, de Dostoievski, sobre todo la primera parte, me dio una extraña sensación de haber vivido yo mismo el crimen de Raskólnikof; Inglaterra me hizo así, de Greene, una imagen tan deprimente de frustración e inutilidad; El cero y el infinito, de Koestler me acercó al ideal comunista, como más tarde La noche quedó atrás, de Jan Valtin, pese a ser obras netamente anticomunistas. Hasta los quince años leí mucha novela, después cada vez menos y me he pasado bastantes sin leer ninguna.
¿Eran lecturas frecuentes entre los adolescentes de entonces?
No, no lo eran, la mayoría leía poco, en España siempre ha habido poca afición a leer a cualquier edad. Los estudiantes de colegios institutos preferían el cine, al que yo iba poco (mis padres decían que ya tendría tiempo cuando fuera mayor), y las charlas nunca giraban sobre temas literarios o de pensamiento: fútbol, chicas, canciones… la música anglosajona fue poniéndose de moda y desplazando a la francesa e italiana… A mí me interesaban poco esas discusiones, porque además se repetían mucho. Yo leía en la biblioteca municipal, y mi padre traía libros prestados del Mercantil, una sociedad recreativa de Vigo, una verdadera institución de la ciudad, que creo que quebró hace pocos años. ¿Ve usted? Un cambio significativo: adiós a un tiempo.
Resulta chocante que unas obras anticomunistas le inclinaran al comunismo. ¿Por qué?
¿Por qué? Cualquiera sabe. Una paradoja. Lo he pensado a veces. Creo que porque mostraban un ideal sospechosamente falso, pero que empujaba a una vida de acción y de riesgo en contraste con la anodina vida burguesa de adquirir una profesión, fuera buena o mediocre, estabilizarse, casarse, tener familia y morir de infarto o de cáncer. El propio sacrificio y riesgo de aquella vida me hacían pensar que el ideal no podía ser tan malo como lo presentaban. Ya dije que empecé a acercarme al comunismo después de una experiencia de fábrica en Inglaterra y otras similares.
¿Pretende usted ponerse como ejemplo a otras personas?
Nunca se me ocurriría, pero uno debe preguntarse a qué viene todo esto. A todo el mundo le encanta contar su vida, o lo que cree que ha sido su vida, aunque solo sea al círculo de amigos o familiares. Hay ahí algo de vanidad pueril, sobre todo porque casi siempre se olvidan los aspectos desagradables y se pinta la vida propia con bellos colores, para impresionar al prójimo, que casi nunca se impresiona porque cree su propia vida más interesante. Claro, hay quienes se recrean en sus experiencias más humillantes o sórdidas, pero siempre cabe la sospecha de que lo hacen precisamente para llamar la atención como seres excepcionales. En fin, es un impulso casi universal. Yo he procurado limitar esa vanidad en lo que he podido y no mentir a sabiendas, pero también percibo que el “conócete a ti mismo” es imposible. Nunca sabemos bien lo que somos. Basta comparar la imagen que nos hacemos de nosotros con las que se hacen los demás, y nunca estaremos bien seguros de cuál se acerca más a la realidad. Parece como si lo que hemos vivido tuviera otras claves e incluso otro relato que el que percibimos de nosotros mismos, que sería solo parcial. Siempre me llamó la atención cómo un poco de vino, sin llegar a embriagarse, puede hacer ver los propios actos con una luz distinta, más viva y brillante que la habitual, que suele ser un tanto pesada. Creo que lo digo en el libro, en relación con el recuerdo de Mick, un excelente amigo inglés que murió alcoholizado. Yo me he emborrachado muy pocas veces, y en todas me dejó tan mal sabor físico y mental que la mera idea me repugna.
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