¿Es el hombre un animal racional?

Blog I: Viejas contradicciones  de los separatismos vasco y catalán:http://www.gaceta.es/pio-moa/contradicciones-los-separtismos-vasco-catalan-05012015-1256

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Dado que  en el programa de historia partimos de una audiencia baja, cosa inevitable por ser un medio de difusión limitada,  lo que nuestros oyentes hagan por darle  mayor difusión,entre amigos y conocidos,  mediante comentarios en las redes sociales,  enlaces, etc., será la única manera de desafiar la nefasta ley de memoria histórica y las tergiversaciones difundidas por los grandes medios de masas. Reiteramos nuestro llamamiento en ese sentido a cuantos crean que la labor que realizamos merece la pena. Muchas gracias a todos.

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Las definiciones se hacen situando el objeto a definir en un contexto más amplio, que se da por conocido, y señalando los rasgos que lo diferencian del resto de ese contexto.  Así, el hombre es un animal, damos por supuesto qué es eso, y lo diferenciamos de los demás animales atribuyéndole el rasgo de poseer la razón. A decir verdad, las diferencias son muchas más: la risa, el llanto,  la danza, la canción y otras muchas particularidades distintas de la razón diferencian también al hombre de los demás animales. Pero Aristóteles eligió la razón como la facultad más elevada del ser humano. La razón viene a ser la capacidad de relacionar  y comparar las cosas, o las impresiones de las cosas, abstraerlas y llegar a conclusiones. A decir verdad, podríamos definir al hombre no solo como un animal, sino como un ser vivo con esa característica particular, pues ningún otro ser vivo la posee, que sepamos. E incluso como un objeto del mundo capaz de razonar, pues los objetos inanimados tampoco poseen esa cualidad.

   Una cuestión es: ¿qué finalidad tiene la razón?,  ¿a qué sirve?  Debemos partir del escalón “animal”. Un animal podría definirse como un ser vivo con movilidad propia que usa para alimentarse, reproducirse, huir de la muerte (en vano, finalmente).  Esos fines también caracterizan al hombre como la base y la sustancia misma de su existencia.  La razón sería el “órgano”  distintivo gracias al cual el hombre puede “realizarse” como animal.  Su manifestación más evidente y precisa es la técnica. El ser humano mata a otros animales y se alimenta de ellos, pero carece de órganos apropiados para ello en su propio cuerpo; en cambio utiliza métodos y medios indirectos, es decir, la técnica, para lograr sus objetivos. La idea de la razón como un medio especial para lograr los objetivos comunes a los animales,  puede completarse con la idea de que la razón desvaría cuando se eocupa de otras cuestiones inmateriales o “metafísicas”. Así lo exponía “Javi” en los diálogos anteriores:   es la base misma de ideologías tan variadas como el marxismo, la masonería, ciertas corrientes liberales: la historia y la naturaleza humana se explican por el desarrollo de la razón –de la técnica, en definitiva—para satisfacer las necesidades y deseos humanos, que en nada esencial difieren de los animales. El pensamiento tecnocrático, por así decir, que reduce  el sentido de la vida humana a una creciente satisfacción de  los deseos animales y se mide por la renta per capita. Incluso se presenta como garantía de la paz y el progreso: si los seres humanos solo se preocupan de eso y dejan de lado falsos ideales, serán más felices y pacíficos y vivirán más a gusto.

   La primera observación al respecto es que los deseos humanos, incluso los más evidentemente animales, son muy variados, distintos y a menudo contrarios de unas personas a otras. Por lo cual conducen fácilmente al choque, volviéndose destructivos para la sociedad y en consecuencia para los individuos mismos. Inevitablemente sería preciso establecer normas sobre qué deseos y formas de satisfacerlos son admisibles, y cuáles no; es decir, cuáles están “bien” y cuáles están “mal”. Ello nos empuja a pensar que que el ser humano es, ante todo, un animal moral, más bien que racional, pues es la concepción del bien y el mal la que organiza, por así decir, a la razón. Cabría pensar: “pero es al revés: es la misma razón la que decide qué es el bien y qué es el mal”. Pero creo que no es así.  

  

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La ley de memoria histórica define la crisis de España

Blog I:  Panorama al comenzar un año decisivo: http://www.gaceta.es/pio-moa/panorama-empezar-ano-02012015-0749

***El próximo domingo, en Cita con la Historia, hablaremos más detenidamente de la trascendencia de la ley de memoria histórica.

***  Sobre la campaña de microfinanciación: hemos recogido un quinto de lo  necesario para el año, lo que no es un mal comienzo. No obstante, el número de los aportantes es bajo, dándose el caso de que en bastantes ocasiones son las mismas personas que han contribuido dos y tres veces. Les damos las gracias  muy sinceramente, y esperamos que el número crezca. Insistimos en que en estas cuestiones hay que pasar de la cultura de la queja a la de la acción. También agradecemos  especialmente  a Álvaro y Alejandro Criado su ayuda en el aspecto técnico.

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La ley de memoria histórica afirma que pretende “suprimir elementos de división entre los ciudadanos con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales”. Para entender qué significan los principios, valores y libertades constitucionales para  los autores de esa ley, debemos recordar que se trata de los mismos políticos que han pisoteado el estado de derecho colaborando con la ETA, premiando sus crímenes con legalidad, dinero público y liberando a los asesinos como héroes populares. Los mismos políticos que han financiado y colaborado con los separatismos, vaciando progresivamente de competencias al estado y permitiendo el cultivo del odio a España, a la convivencia nacional y el incumplimiento sistemático de de la ley. De unos políticos corruptos por acción o silencio que han llevado al país a la ruina económica. Lógicamente, de tales personajes no podía salir una ley justa y democrática, y, en efecto, la ley de memoria histórica no lo es. 

    Esa ley es, en primer lugar, totalitaria, porque pretende sentar desde el poder una versión de la historia, cosa propia de dictaduras  de tipo soviético, cerniendo además una amenaza contra quienes desafíen esa versión, a quienes podrían acusar de oponerse a la democracia y hasta a la reconciliación.

   La versión de la ley es además históricamente falsa, como no podía ser menos proviniendo de tales políticos. Considera “demócratas” a los perdedores de la guerra civil, cuando fueron ellos quienes destruyeron la legalidad republicana y propiciaron diversas formas de sangrienta revolución totalitaria, como no puede ignorar nadie con un conocimiento mediano de los hechos. Como nadie puede negar que la oposición real al franquismo provino casi en exclusiva de comunistas y terroristas, ahora exaltados a “demócratas”.  Con desvergüenza, la ley premia con 135.000 euros “a los beneficiarios de quienes  fallecieron en el período comprendido entre  el 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977 en defensa  y reivindicación de los derechos democráticos”.  Casualmente, 1968 fue el año del primer asesinato de la ETA, y en ese período nadie falleció, ni siquiera fue a la cárcel, en defensa de la democracia, pues la oposición al régimen siguió siendo comunista o terrorista. En las amnistías de la transición fueron liberados los pocos presos políticos que había, ninguno demócrata, desde luego.

   La ley es, en fin, moralmente inicua, porque califica de víctimas  a los asesinos y chekistas que, abandonados por sus jefes, cayeron en manos de los vencedores, y los iguala con los inocentes, algunos de los cuales también fueron fusilados en el clima emocional de la época. Así encumbra a los asesinos al nivel de los inocentes y degrada a los inocentes al nivel de los asesinos. Pero ¿qué podría esperarse de políticos tales?

   Por no extendernos, la ley también concede la nacionalidad  española a los integrantes de las Brigadas Internacionales, que fueron un ejército particular de Stalin.

  La ley de memoria histórica, más propiamente ley de falsificación chekista, no hace más que culminar largos años de campañas de la izquierda y los separatistas, amparadas por el PP, para borrar de la conciencia colectiva la memoria de la historia real. La falsificación del pasado es siempre muy peligrosa, porque inspira todo tipo de políticas actuales y termina sustituyendo el estado de derecho por el estado del chanchullo entre tales políticos, chanchullo al que ellos llaman “diálogo”. España sufre hoy un proceso de descomposición,  cuya raíz está precisamente en la sustitución de la historia por una memoria manipulada y falsificada inmoralmente.  Un proceso de descomposición que solo los muy frívolos o los muy necios pueden negarse a ver.

    No sé adónde llevará ese proceso, y de momento tampoco me preocupa. Lo que me preocupa es la insuficiencia de la respuesta a él. Ya que no acaba de aparecer una fuerza política capaz de frenarlo, cada persona que entiende y siente la actual deriva del país debe plantearse qué hacer a su nivel. Pero la gran mayoría de quienes ven el problema adoptan una actitud quejica y lloriqueante, sin hacer nada práctico. Decía Julián Marías que debemos pensar menos en lo que va a pasar y más en lo que podemos hacer. Nosotros tenemos un programa, “Cita con la Historia”, de cuatro a cinco de la tarde, los domingos en Radio Inter, precisamente en defensa de la verdad histórica contra esta ley totalitaria e inicua. Ustedes pueden oírlo, difundirlo, apoyarlo económicamente, formar círculos por la justicia histórica para darle mayor impulso. Esto no va a resolver mágicamente los problemas del país, pero es hacer algo, y por poco que sea valdrá cien veces más que la pasividad lloriqueante o maldiciente.

   Algunos argumentan que, de todas formas, la ley es democrática porque la hicieron los representantes del pueblo. Según eso, la corrupción, la liberación de etarras, la financiación de los separatismos,  y tantas otras medidas por el estilo también serían democráticas.  Eso es ignorar el fundamento de la democracia. Solo un tercio de la población los ha votado, y si han podido obrar como lo han hecho se debe a que  no han encontrado la debida oposición democrática y han podido engañar tranquilamente a mucha gente. En democracia es fundamental la lucha por ganar a la opinión pública, oponiendo la realidad a la demagogia, y esa es la urgente tarea del momento.

 

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El mensaje del rey

 

Un hecho sintomático: la bandera de España y el pequeño belén en una esquina, y enfocados solo brevemente: ¿torpeza o algo peor?  Un “olvido” ha llamado justificadamente la atención: las víctimas del terrorismo, que después de todo han muerto por defender los valores que se supone encarna el rey. Este olvido es mucho más grave por cuanto España está sufriendo la colaboración de PP y PSOE con la ETA, que no ultraja solo a las víctimas directas, sino a un estado de derecho que hace agua desde hace tiempo, sustituido por un delictivo “estado de chanchullo” entre políticos, justificado por estos con apelaciones al “diálogo”. Un diálogo mafioso en tales circunstancias. Esto es mucho peor que cualquier corrupción económica, pues atañe a las mismas bases de la convivencia nacional, pero casi nadie parece prestarle atención. Nuestros políticos y periodistas parecen acostumbrados a la permanente burla de la ley y de la dignidad de la democracia, quizás porque de tanto “mirar al futuro”  ignoran lo que pasó en la república.

   Las invocaciones a la amistad y los buenos sentimientos entre los españoles están muy bien, y quizá en su posición no pudo Felipe VI decir otra cosa; pero en la realidad hay partidos empeñados en balcanizar el país, que ni sienten ni van a sentir más que odio a España. Este problema, tan mal afrontado como la colaboración con la ETA, está disolviendo el imperio de la ley. Pero si un  gobernante no defiende y hace cumplir la ley, tampoco la cumple, y por ello se convierte en un delincuente sumamente peligroso. Por supuesto, la política exige siempre cierta flexibilidad, pero entre esta y la delincuencia hay una línea que no debe cruzarse y se ha cruzado ya muchas veces.

   Una impertinencia: la apelación a la democracia como si esta hubiera nacido de la nada o contra el régimen anterior, y se debiera a unos políticos corruptos y mediocres, virtuoso en el empleo de la palabra  a troche y moche para embaucar a los ingenuos o ignorantes. Desde el nefasto Suárez asistimos a una falsificación esencial del pasado, que repercute en la degradación sistemática y creciente de la democracia. La época actual no es la de mayor estabilidad, como ha dicho el rey, sino que esa estabilidad, cada vez más echada a perder, proviene del franquismo. Y la echa a perder  precisamente el antifranquismo, codificado en la totalitaria ley de memoria histórica… de falsificación chekista, por llamarla con más propiedad. Uno comprendo que después de tantos años de embustes sobre el pasado se ha creado en la casta política y en amplios sectores sociales un “consenso” para oponer franquismo y democracia, pero es preciso ir rectificando esa deriva, porque en ella hunden sus raíces la degeneración de la democracia y los peligros para España.

   Hay algo más, un “olvido” ya tradicional: el caso Gibraltar. No se trata de un asunto secundario. Se trata de una colonia extranjera y hostil en el centro neurálgico de nuestra defensa, aparte de parasitar nuestra economía. La mera existencia de la colonia convierte al país colonizador en hostil a España, no obstante lo cual nuestros políticos multiplican los signos de servil amistad  a Inglaterra sin hacer el menor gesto práctico por recuperar parte de nuestro territorio, mientras  potencian la envilecedora colonización cultural que hoy padecemos, convirtiendo al país entero en una proyección de Gibraltar.

   Sí, España  va mal, muy mal, y el futuro se presenta sombrío para quienes amamos a nuestra patria y a la libertad. Se dice que de peores hemos salido, pero esa reflexión  no es mucho consuelo ni garantía. La historia plantea a las sociedades retos que estas deben saber afrontar, pues, de lo contrario, sucumben.  Y en estas nos hallamos.

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En cada situación hay muchas historias.

Blog I: España, ante un dilema infernal:http://www.gaceta.es/pio-moa/espana-dilema-infernal-22122014-1320 

***El domingo pasado, en Cita con la Historia, hablamos de la I Guerra Mundial y España: http://citaconlahistoria.es/2014/12/21/espana-y-la-primera-guerra-mundial/

   Recordamos a nuestros amables lectores y oyentes que Cita con la Historia es un programa distinto y en oposición a las falsificaciones de la ley de memoria histórica. Por tanto, no vive de subvenciones ni está amparado por ningún gran capital: depende de sus oyentes comprendan la necesidad de apoyarlo, difundiéndolo entre sus conocidos y en las redes sociales, así como mediante la microfinanciación: necesitamos al menos 30.000 euros para mantenerlo durante un año: muchas pequeñas aportaciones harán una cantidad suficiente. La cuenta a la que pueden aportar es BBVA,  ES09 0182 1364 33 0201543346

–Busquemos otra vía de aproximación a la fortaleza, como la llamas. Hablamos como si entendiéramos al menos lo que nos pasa, y hasta cierto punto es así. Pero solo en muy pequeña medida. Por ejemplo, si dentro de diez minutos nos preguntaran a los cuatro qué habíamos estado haciendo  ahora mismo, seguro que coincidiríamos en dos o tres cosas banales, como que estábamos desayunando en este bar y discutiendo de esto y de lo otro. Pero en cuanto profundizásemos, seguro que habría cuatro relatos algo distintos. Cada uno habría entendido el fondo de la discusión de un modo diferente, y discutiríamos de nuevo sobre cuál era el más adecuado. Ya se sabe que los testigos de un hecho, un accidente, pongamos por caso, suelen contradecirse. Y aún más: al hablar mostramos otras cosas, quizá uno hable con suficiencia o desprecio, o quiera aparentar  profundidad de pensamiento,  o impresionar a los demás, o bien cada cual interpreta a su manera el tono y la intención de los demás, acertando o no, y eso forma parte también de la situación. Por lo tanto si decimos: “Estábamos desayunando  unos cafés con leche y unas porras o churros”,  describimos algo real, pero solo la parte más insignificante de lo que está pasando…

–Hombre, Pepe, eso está claro. Sin ir más lejos, tú  hablas con bastante chulería y me has llamado simple…

–No.

– Pues algo parecido. Dices que es una simpleza  lo que he dicho sobre que somos animales que usamos la razón para satisfacer nuestras necesidades, que siguen siendo animales. Pero ahí hay una larga corriente de pensamiento, por lo  menos desde los griegos, aunque yo la exprese un poco esquemáticamente. Sentimos placer cuando satisfacemos esas necesidades, y dolor cuando fracasamos en ello, buscamos el placer y rehuimos el dolor, y ese es el fondo de la moral: nos parece justo lo que nos conviene e injusto lo que nos perjudica.

– Esa es otra cuestión, y además, los griegos hilaban más fino. Como los placeres suelen venir acompañados de duelos o traen malas consecuencias, o exigen un esfuerzo excesivo, que es también sufrimiento, a lo mejor lo más placentero finalmente sería una especie de ascetismo.  Sin contar con que hay placeres más elevados y otros más vulgares. A los más elevados no pueden acceder los animales, por tanto, hay ahí una diferencia esencial. ¿O acaso descubrir una nueva medicina, por ejemplo, no da placer por sí solo a quien la descubre, al margen de si le va a dar dinero o no, o de que va a curar a muchas personas pero no a él, que no la necesitará?

–Pepe, estamos dando vueltas a lo tonto. Pero quiero seguir con tu idea de esta situación: no solo está pasando aquí lo que vemos y en lo que todos podríamos coincidir. Están pasando muchas otras cosas que no captamos. No ocurre solo una historia, sino muchas historias simultáneamente. Desayunamos y discutimos. Bien. Pero en nuestro organismo están ocurriendo ahora mismo fenómenos complicadísimos, que no son exactamente los mismos para  cada uno: sabemos que ocurren, pero no tenemos la menor idea ni el menor sentimiento de ellos, aparte del gusto mayor o menor que nos cause el café… Y ocurren otras cosas, por ejemplo, no sabemos si  algún otro parroquiano nos está escuchando  y haciéndose una idea de nosotros, tomándonos por chiflados o cosa así. No digo que nos oiga, porque nos oye todo el mundo, aunque sea confusamente y sin prestarnos atención mientras hablan de otras cosas, o leen el periódico, o están silenciosos en esta pequeña tasca. Para saber si alguien nos escucha con atención  tendríamos que preguntárselo, lo cual es ridículo… Incluso puede que otra gente oiga sin prestar atención retazos de lo que conversamos y sin embargo le hagan algún efecto subconsciente… Por lo tanto están sucediendo muchas cosas simultáneamente en este mismo sitio, cosas que no podemos saber. Pero hay más: no somos conscientes de ello, pero lo que estamos haciendo ahora es parte de otra historia que no conocemos. Entra en un hilo de acciones, distinto para cada uno, y que tendrá siempre consecuencias, no sabemos cuales. Supongamos que yo convenzo a Mino o a algún otro que tal vez nos escuche disimuladamente, de que la vida es en realidad una pasión inútil, y ese otro lo interpreta a la manera de Pepe  y se suicida. Yo no me consideraría responsable de ello, pero ¿lo soy o no? Y sin duda ese suicidio formaría parte de lo que está sucediendo ahora, aunque tenga efecto algo más tarde. O imaginemos que Javi es consecuente con lo que piensa o dice que piensa, y nos manda a paseo y no viene más porque realmente cree que no hacemos más que perder el tiempo; o, por el contrario, Pepe lo convence y se vuelve un creyente fanático… Esas cosas no podemos saberlas, se escapan a nuestra capacidad de percepción, pero suceden ahora mismo en este lugar.  Sí, es verdad, en cada historia hay muchas historias simultáneas, y la mayor  parte de ellas escapa a nuestra consciencia, o las percibimos de forma muy vaga, como si fueran fantasmas

–Muy bien, Santi, es interesante lo que dices, pero será más fácil  que Javi te convenza a ti que  tú o yo a él. Porque, ocurran las historias que ocurran, todas son fútiles en tu opinión, como es fútil tu libertad. Así que tienes que optar: o seguir el ejemplo de Javi, que dice que un día sin un polvo y una buena comilona es un día perdido, o buscarte una buena soga para acabar de una vez con tanta inutilidad de vida…

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“Un reto a la razón o una broma pesada de tu Dios”

Blog I: El asesinato de Carrero en la perspectiva histórica: http://www.gaceta.es/pio-moa/asesinato-carrero-perspectiva-historica-19122014-0917 

“Cita con la Historia” Este domingo, “España y la I Guerra Mundial”, en Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde. También saldrá en podcast y en you tube.

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–Bien, Pepe, es muy cabreante estar dando vueltas  a estas cosas para llegar siempre a la misma conclusión: yo no puedo demostrar que no hay Dios y tú no puedes demostrar que sí lo hay. Ahí tenemos la fortaleza, a ver cómo la asaltamos. Estoy dispuesto a aceptar que la existencia del mundo exige un factor ajeno a él, un factor creador, por así decir, y que a ese factor lo llamemos Dios, aunque no estoy seguro de que todo eso no sea palabrería. En todo caso, en cuanto llegamos a ese nivel  tan general, entramos en un lío de contradicciones. Por ejemplo si Dios es infinitamente bueno  ¿por qué existe el mal? Y si es todopoderoso, ¿por qué lo permite? En fin, si es perfecto, ¿por qué ha creado un mundo y a unos humanos visiblemente imperfectos?…

Javier interrumpió.

–Atentos los dos, os lo repito, ¿de qué vale discutir esas cosas? Es verdad que estamos aquí sin saber por qué ni para qué, y que el mundo es todo lo imperfecto que queráis. Pero entre tanto vivimos. Eso es todo. Buscamos el placer y huimos del dolor, eso es la vida y eso es su sentido, creo yo. ¿Por qué ocuparse de más?

A Mino, en general callado,  no le gustó  el párrafo

–Eso lo dices tú porque solo piensas en joder y comer. Y porque estás sano y fuerte, tienes dinero  y puedes hacerlo. Pero otros no pueden  aunque quieran, ¿Es que valen menos por eso? ¿Es que el valor de la vida se mide por la cantidad de polvos que hayas echado y las comilonas y borracheras… Además, la vida humana es más que comer y follar, si no, seríamos como los animales.

   –Mino, sé un poco más modesto: pues claro que somos animales. ¿Qué nos diferencia de los demás? Que somos racionales. Eso quiere decir que usamos nuestra razón para satisfacer las necesidades que tenemos como animales. ¿Para qué, si no? A los animales no les gusta sufrir ni pasar necesidad, y a nosotros tampoco. Usamos la razón para satisfacer nuestros deseos, y admito que nuestros deseos son más variados, también necesitamos vestirnos, por ejemplo, pero eso es la vida humana. Cuanto mejor sabemos satisfacerlos, mejor es nuestra vida, más vale. Y si algunos os preocupáis por esos asuntos que parecen trascendentales y que no tienen respuesta es porque no tenéis cubiertas esas necesidades animales, y eso os hace desvariar, sublimar vuestras frustraciones. ¿Cuántos siglos llevan los filósofos dando vueltas a esas cosas? ¿Y a qué han llegado?

   Sin hacer mucho caso, Pepe volvió a la carga.

–Mejor no nos vayamos por los cerros de Úbeda. Tu argumento,  Santi, es muy simple: el mundo es imperfecto porque existe el mal, y por tanto, o Dios es también imperfecto porque no puede ser muy bueno. ¿Pero cómo puedes demostrar que el mundo es imperfecto? La existencia del mal no prueba eso. Muchas cosas nos parecen mal a nosotros, pero debemos aceptar que nuestra comprensión del mundo, incluso que nuestra percepción moral es muy limitada. Nosotros no hemos creado el mundo y por tanto no entendemos lo bastante de él para sentenciar si es bueno o malo, o en qué proporción es bueno o malo. Es lo que le dice Dios a Job: “¿Tú quién te crees para dictaminar lo que está bien o lo que está mal? Tú eres solo una parte mínima de la creación, no el creador, y no puedes entenderlo todo”. Ahí tienes a Javi, tan feliz, dice él, y menos simple de lo que quiere hacernos creer…  Pero lo que dice  tiene algo de razón. Significa: “ya que nos han creado así, aprovechémoslo en lo que podamos”. Pero al decirlo ya va más allá de lo que pretende. Si eso fuera todo, no habría necesidad de explicarlo, como un animal actúa y no expresa lo que hace. ¿Me entendéis? Cuando uno come, come y no piensa en si hace bien o mal, si satisface una necesidad, etc., ni lo explica a nadie. Si lo explica, es porque piensa que hay algo más.

–Atiende, Pepe: tu argumento no va a ninguna parte. Da la casualidad de que tu Dios ha puesto en nosotros algo más que la huida del dolor y la búsqueda del placer, como dice Javi. Ha puesto en nosotros una inquietud extraña por saber cuál es nuestro destino, pero al mismo tiempo no nos ha dado las claves. Esto es muy jodido. Si tú eres creyente, lo que dicen los Evangelios te bastará, pero otros no nos conformamos, y dudamos de que haya un Dios o un sentido de las cosas, porque no lo percibimos con esos dones, con la razón que nos habría  dado el propio Dios, según tú. Así que ahí delante, ahí arriba, tenemos la fortaleza, pero no encontramos ninguna vía propicia para asaltarla. Llegamos siempre a la misma jodida conclusión: no podemos demostrar una cosa ni la contraria. Pero ¿no es un reto esa maldita fortaleza? Un reto a nuestra razón, o bien una broma pesada de tu Dios. En todo caso, nosotros tenemos que entender el mundo con nuestras propias fuerzas, con nuestras propias capacidades, sin inventar dioses y atribuirles todas las potencias y virtudes que nos dé la gana imaginar. Eso es poco satisfactorio, pero yo no veo que la vida sea muy satisfactoria, ni siquiera la de Javi, porque, como tú has dicho, si tiene que explicar esas cosas ya está haciendo algo más que practicarlas, está tratando de justificar algo. Y si necesita justificarlo es porque lo que hace no le resulta tan satisfactorio… 

 

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