La importancia de clarificar el pasado

 

La clarificación de nuestro pasado interesa a todos. Interesa frente a la falsificación y tergiversaciones con que lo tratan los separatismos y unos partidos con talante dictatorial que intentan imponer por ley una determinada versión de la historia. Interesa porque, como decía Cicerón, “Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, y una sociedad infantilizada es fácil presa de demagogos. Y porque, en palabras de Santayana, “Un pueblo que olvida su historia se condena a repetirlo”. A repetir lo peor de ella. La clarificación del pasado nunca se logra de forma completa, pero siempre es posible acercarse a ella y evitar muchas distorsiones, lo que nos permite entender mejor el presente. Una visión distorsionada del pasado es muy peligrosa, porque  motiva políticas actuales también distorsionadas, como vemos constantemente. 

   “Cita con la Historia” dirigida y organizada  por Pío Moa y presentada por Javier García-Isac, es un programa semanal de alta divulgación que persigue, precisamente, realizar esta imprescindible labor aclaratoria para el gran público. Lleva emitiéndose desde marzo, todos los domingos de 16,00 a 17,00, y su continuidad exige un respaldo económico que todavía no tiene.

    Es muy frecuente en nuestra sociedad la queja pasiva, que deja de ser aceptable cuando se ofrece la posibilidad de hacer algo práctico, de actuar contra alguno de los males que sufre el país, precisamente en un asunto tan de fondo y a la larga decisivo como este. Por ello llamamos continuamente a nuestros oyentes a dar a conocer el programa en sus círculos de conocidos y en las redes sociales, a difundir sus podcast y a comprometerse con su sostenimiento mediante pequeñas cuotas, que pueden ser a partir de e 10 ó 20 euros al mes. Lo ideal es ingresar la cantidad correspondiente a un año, para evitar  el trasiego mensual. Estas pequeñas cantidades permitirán además evitar  aportaciones demasiado grandes que limitarían la independencia del programa.

   Para esto último existe ya una cuenta de la Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, en el BBVA de Madrid, Sagrados Corazones 1, con el número ES09 0182 1364 33 0201543346 

Nuestros oyentes y lectores deben ser conscientes de que iniciativas como esta pueden quedarse en meras anécdotas, acciones pasajeras sin continuidad ni eficacia real. Así ha ocurrido a menudo, precisamente por la falta o insuficiencia de compromiso de quienes lamentan el rumbo que están tomando las cosas en España pero no encuentran la  forma de oponérsele. Vuestra aportación es esencial.

http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

 

 

Creado en presente y pasado | 76 Comentarios

Dios y paradojas de la moral

Blog I, Un disparate de Juan Pablo Fusi. http://www.gaceta.es/pio-moa/disparate-juan-pablo-fusi-24112014-1240

“Cita con la historia” domingo pasado, en Radio Inter Los comienzos de la Reconquista: http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

*****************************

–Vamos a ver, Santi, tu argumento parece sólido, pero no lo es. Empiezas diciendo que si hay Dios, quienes no creen en él cometen un error. Y hay que suponer que será un error de envergadura, porque  atañe nada menos a que a Dios. Pero enseguida dices que en todo caso el error no tiene importancia, porque a Dios ¿qué puede importarle que el hombre crea en él o no? Pero a Dios tiene que importarle  el producto de su creación, aunque hablar en estos términos sea abusivo, ya que hacemos de Dios un ser parecido a nosotros…

– Exactamente, Pepe, exactamente: al inventar un Dios preocupado por nosotros, es decir, antropomorfizado, ya estamos abusando de la idea misma de Dios y rebajándolo de su omnipotencia.  Lo cual tiene mucho que ver con la idea de que necesite que lo  adulemos  para obtener de él gracias y beneficios. Que por cierto, eso es lo que hacen todos los pueblos. Y si se le piden tales cosas es por una conciencia de que nuestra vida, o gran parte de ella, es miserable, es sórdida, está llena de penas. Es decir, que a Dios debemos agradecerle y debemos alabarle por habernos traído a la vida; pero como a menudo es una vida perra, tenemos que implorarle que tenga piedad de nosotros y nos dé algunas facilidades. Pero con la misma lógica podríamos maldecirle por hacernos la vida tan incómoda o con tantos sufrimientos.

– Dejemos eso ahora, si te parece. Tu segundo argumento para quitar importancia a ese error de los ateos es que en la práctica vemos cómo unos ateos se portan bien y unos creyentes de portan mal. Y luego hablas de las muchas morales que existen en el mundo y cómo cambian también con la época. Bien, entonces reconoce que decimos que alguien se porta bien o mal de acuerdo con unos principios que nos han inculcado en nuestra cultura, que es casualmente una cultura cristiana. Por tanto, si un ateo se porta bien, lo hace en el sentido de la moral cristiana, y lo mismo si un creyente de porta mal. Pero entonces un ateo es incoherente al aceptar esos principios y no obrar de modo contrario a ellos, puesto que los principios cristianos se basan en la creencia en Dios. Si tú te reconoces ateo debes obrar “como si cualquier cosa fuera posible”, pues los crímenes y demás no dejarían de ser  puras convenciones, que cambian  con las sociedades. Y que dentro de cada sociedad cambian con el tiempo.

– Está bien, pero me estás haciendo trampa, diría yo. Cuando hago o dejo de hacer una cosa, ¿pienso en órdenes del  Dios cristiano o cualquier otro, o en órdenes de la sociedad, en órdenes del estado, que ese sí que es tangible y te castiga por unas cosas, aunque rara vez te premie por otras? El tío que se dedica a robar  a lo mejor cree en Dios, pero no anda preocupado por lo que diga o crea que dice Dios, sino por si la policía lo pilla y va a purgar su delito, su llamado delito, a la cárcel. Claro, dirás que está haciendo un daño a la sociedad, pero también puede mirarse de otra manera: está haciendo un bien a la policía, a los abogados, a los jueces, a los constructores que hacen las cárceles… Dudo mucho de que haya una actividad que dé tantos puestos de trabajo como la llamada delincuencia. Luego, lo que llaman delito no es tan malo, al menos para mucha gente. Qué paradoja: el ladrón se porta como un ateo, y da de comer a un montón de personas.  Parece un chiste, ¿verdad?

******************************* 

Sr. Moa, ha dejado Vd sin contestar  una de las preguntas que le hacía sobre su novela, la de en qué  género la encuadraría usted. Además, me gustaría que la valorase dentro de la producción literaria actual, por más que ya comprendo que eso puede quedar ridículo en un autor. Y algo más, realmente hay muchas cuestiones relacionadas, pero no he entendido bien la discusión entre el todo y la nada, cuando un personaje dice que la esencia de las matemáticas es  el signo de igualdad y que así equipara finalmente todas las cosas en según qué proporciones y condiciones (no tengo el texto presente ahora), y Paco replica que si todo es igual a todo, también es igual a nada. ¿Es un comentario casual y superficial, o quiere Vd darle  alguna relevancia en la novela?  J. P. B.

Sería divertido que cada autor valorase  sin tapujos su propia obra y la comparase sin inhibiciones con las de otros autores. Tendría algo de cómico, como usted dice, pero sería un ejercicio de sinceridad y daría lugar a muchas querellas graciosas. Por mi parte no puedo comparar Sonaron gritos… con otras, porque apenas leo literatura actual, y de ella tengo una impresión muy mala., aunque me arriesgo a ser injusto por leerla tan poco.  Ni siquiera leo las reseñas desde hace muchos años, porque la mayoría son tan malas y tan pretenciosas como las obras reseñadas. Las novelas “históricas” que se centran en  un personaje real, antiguo o menos antiguo me parecen de entrada una estafa ya sin necesidad de leerlas: el autor proyecta sobre el personaje sus propios prejuicios e ideas que hoy predominan, en especial la plaga del feminismo, etc. Del realismo cutre  ya he hablado, creo que también se cultiva hoy;  lo mismo del tremendismo,  o la literatura “social”,  todo eso no me interesa. Ni la violencia gratuita o las tramas en torno al dinero, tan típicas de la literatura anglosajona. La novela negra me parece una colección de trucos con un fondo social tópico, aunque por su propia temática suela ser entretenida. Luego está la novela rosa mezclada con detalles escabrosos  o más o menos pornográfica… que tanto se vende hoy. En fin.

  Creo, sin leer gran cosa, es cierto,  y sin querer por eso sentar cátedra, que la literatura pasa por horas bajas en España y en casi todo el mundo. Es casi toda ella una literatura “de consumo”,  trivial y sin mayor alcance. En cuanto a Sonaron gritos… se aparta de todo eso, lo cual no la convierte necesariamente en una obra maestra como a mí, claro está, me gustaría. Para eso el criterio del autor  vale poco y no quiero hacer el ridículo aunque fuera divertido.  La novela transcurre en una época muy dura de la historia reciente de España, que unos han tratado en plan de realismo cutre, o de lucha de clases y similares, o intimista,  y yo con una concepción de fondo más bien épica.

De lo del todo y la nada, ya hablaremos. No me había planteado la cuestión. Son ideas que surgen al hilo de la acción, a veces sin que uno mismo sea muy consciente de sus implicaciones.

Creado en presente y pasado | 72 Comentarios

Dos autorretratos del antifranquismo

Blog I: Los motivos del antifranquismo:http://www.gaceta.es/pio-moa/los-motivos-antifranquismo-20112014-1133 

**“Cita con la historia”: el próximo domingo de 4 a 5 de la tarde, en Radio Inter, hablaremos de la primera etapa de la Reconquista, tema ligado al de Al Ándalus

**************************

Hay algo que une en un haz a multitud de políticos, periodistas e intelectuales varios. Pueden discrepar en tales o cuales aspectos, y hasta pelearse entre ellos, pero coinciden en algo esencial: su antifranquismo. En el aniversario de la muerte de Franco, no viene mal recordar por lo menos a algunos: Josu Ternera, Mas, Cebrián, Carrillo, Rajoy, Bolinaga, Ángel Viñas, Soraya, Pajín, Dienteputo,  Mienmano Alfonso Guerra, Chaves, Ansón, Arzallus el recogenueces, Zapatero, Aido, Rubianes, la “Doctora Burrianes” Carmen Chacó,  Freddy Faisán Rubalcaba, Pakito,  Roldán, la Trini, Kubati, Maleni, Santos Juliá, Urkullu, Pujol, la Albóndiga, Carod, Junqueras, los de los EREs falsos, los de Gürtel, Monedero, Pablo Iglesias… La lista puede ampliarse indefinidamente. Un club realmente distinguido. Se dirá que hay antifranquistas digamos de otro tipo, pero que acepten ser miembros del club no dice mucho en su favor.

   Todos ellos se dicen demócratas. Pero me temo que para ellos democracia es sinónimo de corrupción. Empezando por una profunda corrupción intelectual, que ha instalado en España el reino de la mentira, institucionalizada en la ley de memoria histórica, es decir, de falsificación sistemática de la historia. Ellos mismos se han mretratado en muchas ocasiones, de las que rescataré dos:

   El 16 de marzo de 2005, hasta 400 políticos,  periodistas y otros personajes significados,  homenajearon a Santiago Carrillo con motivo de su 90 cumpleaños. La figura principal y más representativa fue el presidente del gobierno, Zapatero, que abrazó al homenajeado y lo calificó de “ejemplo”.  Esta es una mesa larga y unitaria”, dijo Ibarreche, político de nada oculta ambición separatista, dirigente del PNV fundado por Sabino Arana, racista violento bien explícito en sus escritos. Ibarreche aseveró que él y toda la sociedad vasca aprecian a Carrillo por su trayectoria política. El jefe socialista extremeño Rodríguez Ibarra, lo definió como “patriota que se sacrificó por la democracia”. Asistieron al acto Herrero y Rodríguez de Miñón –premio Sabino Arana– , ministros de Zapatero, como la vicepresidenta Fernández de la Vega, junto con ex ministros y líderes autonómicos como el separatista catalán Jordi Pujol,  J. Barrionuevo, relacionado con el terrorismo gubernamental de Felipe González y encarcelado por ello; cantantes como Víctor Manuel, Ana Belén o Joaquín Sabina… El rey designado por Franco hizo llegar una misiva transmitiendo su respeto y amistad “fraguada durante muchos años” al anciano comunista que había declarado: “La condena de muerte a Franco yo la firmaría”. Se da la circunstancia de que Carrillo fue también el responsable principal de la mayor masacre de prisioneros en Paracuellos, durante la guerra civil, y de otros numerosos homicidios, incluyendo  el de muchos miembros de su propio partido.

   El festejo fue organizado por los periodistas María Antonia Iglesias, cristiana-socialista, e Iñaki Gabilondo, inventor o difusor del bulo de los terroristas suicidas hallados en los trenes de la matanza del 11-m. No faltaron personajes de derecha y ex falangistas, como Rodolfo Martín Villa; ni Gregorio Peces-Barba, intelectual y político encargado de silenciar a las víctimas del terrorismo  a fin de facilitar  la política socialista de  acuerdos con la ETA… El homenajeado recibió un libro de recortes de prensa con el título Noventa años de historia y vida. Y, en fin, la jolgorio culminó, en medio de la noche, con la retirada de la estatua de Franco  del edificio madrileño de Nuevos Ministerios, donde permanecen las de Prieto y Largo Caballero, principales jefes de la guerra civil de 1934. El homenaje a Carrillo refleja en todos sus rasgos un carácter y una situación política.

——————–

Con motivo de una reimpresión de Archipiélago gulag el diario El Mundo publicó un reportaje donde hablaba José María Iñigo, partidario de que la canción española se haga en inglés y entrevistador de Solzhenitsin en TVE en aquel ya lejano año. Los comentarios, tanto del reportero como de Iñigo, eran perfectamente banales. El segundo aseguró que la entrevista había gustado tanto a Franco que había llamado a TVE y la había hecho repetir… cuando el dictador llevaba cuatro meses muerto.

Solzhenitsin dijo: “Sus progresistas llaman dictadura al régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España y me he quedado asombrado. ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? He aquí algunos ejemplos de lo que he visto. Los españoles son absolutamente libres de residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier parte de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial). Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme de tal o cual población. También he podido comprobar que los españoles pueden salir libremente de su país para ir al extranjero. Sin duda saben ustedes que, debido a las fuertes presiones ejercidas por la opinión mundial y por los Estados Unidos, se ha dejado salir de la Unión Soviética, con no pocas dificultades, a cierto número de judíos. Pero los judíos restantes y las personas de otras nacionalidades no pueden marchar al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados.

“Paseando por Madrid y otras ciudades, he podido ver que se venden en los kioscos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros, se verían inmediatamente decenas y decenas de manos tendidas y luchando por procurárselos. También he observado que en España uno puede utilizar libremente las máquinas fotocopiadoras. Cualquier individuo puede hacer fotocopiar cualquier documento, depositando cinco pesetas por copia en el aparato. Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así. Cualquiera que emplee máquinas fotocopiadoras, salvo por necesidades de servicio y por orden superior, es acusado de actividades contrarrevolucionarias.

“En su país –dentro de ciertos límites, es cierto– se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los sesenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años de poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladoras, pese a que sólo reclamaban mejores condiciones de trabajo. Si nosotros gozásemos de la libertad de que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos. Hace poco han tenido ustedes una amnistía. La califican de “limitada”. Se ha rebajado la mitad de la pena a los combatientes políticos que habían luchado con armas en la mano (alude a los terroristas). ¡Ojalá a nosotros nos hubiesen concedido, una sola vez en veinte años, una amnistía limitada como la suya! Entramos en la cárcel para morir en ella. Muy pocos hemos salido de ella para contarlo”.

Estas palabras despertaron en los antifranquistas una furia increíble. Juan Benet, en Cuadernos para el diálogo (excelente título) escribió: “Todo esto, ¿por qué? ¿Porque ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne –y buen partido ha sacado de ello– los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Soljenitsin no puedan salir de ellos. Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas –cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo– busquen la manera de librarse de semejante peste”.

Benet, escritor medianillo, esnob y superficial, pero muy promocionado, ejercía una “resistencia” cómoda y remuneradora a la limitada dictadura de entonces, y venía a actuar como altavoz de la oposición antifranquista, la cual pocas veces quedó tan al desnudo. El subdirector de Cuadernos para el diálogo, Eduardo Barrenechea, también arremetía contra el “hombrecillo Solzhenitsin”, que según él, había hecho “enrojecer … de vergüenza” a muchos telespectadores. La procomunista Triunfo, una de las revistas de mayor tirada entonces, denunciaba el “escándalo” de la “operación Solzhenitsin”, organizada para “acometernos por medio de una disertación fanática y apasionada. El señor Solzhenitsin llega con retraso de una guerra fría, y la Televisión Española, de una guerra civil renovada”. Denunciar la situación en la URSS y compararla con la de España significaba, pues, renovar la guerra civil y atacar “la democracia española” en ciernes. En la revista Por Favor, Soledad Balaguer cantaba las excelencias del sistema soviético, y denostaba al “premio Nobel barbudo” que daba “gato por liebre diciéndonos que los rusos eran muy malos porque eran comunistas, sin conseguir que nadie le creyese”. El semanario izquierdista Personas informaba: “Solzhenitsin es un paranoico clínicamente puro. La voz del viejo patriarca zarista penetró en los campos y ciudades españolas como un viento glacial. Fue una vergüenza”.

En la revista Posible, Arturo Rubial clamaba: “Ese Solzhenitsin es un Nobel por nada. Miente a cada instante. Habrían debido hacer de manera que Soljzhnitsin contase todo esto al estilo de music-hall, rodeado de lindas muchachas del ballet Set 96; este caballero tiene pasta de showman”. Montserrat Roig, en Mundo, no le cedía en agudeza: “La barba de Solzhenitsin parece la de un cómico de pueblo, la de un cómico ambulante pagado por una alianza de señores feudales. El escritor hace reír al gallinero. Un día le arrancarán las barbas postizas”. Hasta en una publicación de Soria podía leerse: “Solzhenitsin, turista privilegiado, multimillonario a costa de los sufrimientos de sus compatriotas, vive bien, muy bien, de sus discursos”. Y es que la simpatía hacia el totalitarismo soviético, incluidos sus campos de concentración, era una de las señas de identidad más íntimas de la oposición izquierdista.

Y no menos reveladora fue la reacción del antifranquismo de derechas. Cela, en vena progre, escribió: “Solzhenitsin no está solamente contra España, nuestro pequeño y amado país, lo cual no sería nada. Está contra Europa. Heraldo de la tristeza. No tenemos necesidad de pájaros de mal agüero”. Para Jiménez de Parga, “uno pierde la calma delante de quien, sirviéndose de las pantallas de TV, pretende tomarnos por imbéciles, permitiéndose explicar precisamente en España lo que es una dictadura”.

Los diversos comentaristas trataban a uno de los grandes escritores del siglo XX, a uno de los grandes testigos de la barbarie totalitaria, de “chorizo”, “enclenque”, “mendigo desvergonzado”, “espantajo”, “bandido”, “hipócrita”, “mercenario”, etc. Ciertamente, tales dicterios rebotaban como flechas de goma sobre el así agredido, pero ¿sería exagerado considerarlos perfectamente aplicables a aquella oposición antifranquista trivial, mediocre e hinchada de ruindad, fuente de los mayores peligros que ha sufrido y sigue sufriendo nuestra democracia? Pues el antifranquismo, con su enorme carga de odio y de mentira, está envenenando a la sociedad.

(En LD, 18-10-2002, con un final algo distinto)

 

Creado en presente y pasado | 250 Comentarios

¿Un Dios adulable?

Blog I. Oscuras perspectivas políticas:  http://www.gaceta.es/pio-moa/perspectiva-politicas-halaguenas-18112014-1937

****Programa de historia del domingo pasado,  segundo sobre la Falange: wetransfer.com/downloads/20c3ab12b0aa8c4b25be763d5646893f20141117201641/dbc43f2bbe5e8b494168443ab6e30f5920141117201641

****************************

–Supongamos –dijo Santi–, que hay un Dios. Entonces los ateos estarían totalmente equivocados. Ahora bien, ¿qué puede importarle a un Dios omnipotente que unos personajillos tan irrisorios como los seres humanos crean o dejen de creer en él? ¿Por qué habría de preocuparle en lo más mínimo?  Da exactamente igual que seas ateo o que seas creyente.

Pepe le miró unos largos segundos antes de contestar, mientras los otros dos escuchaban expectantes.

–Bueno, por insignificantes que seamos, Dios nos ha creado. En un sentido metafórico, Dios es nuestro padre, y un buen padre ama a sus hijos, ¿no es cierto? Dios, por tanto, vela por nosotros.

–A eso yo te diría dos cosas. En primer lugar, para ser buen padre, nos da una vida muy fatigosa. Y en segundo lugar, presentas a Dios como si debiera preocuparse de nuestras opiniones: “Crees en mí?  Premio. ¿No crees en mí? Castigo”. Tienes que creer y rendirle culto, porque si no, se enfada. Eso me parece casi una blasfemia. Como si tuvieras que adularlo, como si tuvieras que sobornarlo sentimentalmente  para que te dé algunos beneficios. Por definición, Dios estará por encima de nuestras ideas y actos de modo absoluto, de modo que dará igual lo que hagamos. Y una tercera cosa: ¿por qué, si nos ama, no se nos hace más evidente, de modo que no podamos dudar de él?

–Vaya preguntas sin respuesta. Pero vamos a ver: la vida es fatigosa, pero es también agradable, lo cierto es que, con todas sus fatigas,  muy pocos quieren irse de ella. Así que no hay que quejarse tanto. En segundo lugar, y volviendo a lo mismo, si Dios es un buen padre, los hijos deben ser buenos también y demostrarlo rindiéndole culto.  Si desprecias a Dios, te desprecias a ti mismo como criatura suya; y si te desprecias a ti mismo, desprecias a Dios. Y para quien quiere verlo, Dios es evidente. Si usas tu razón para cegarte, no puedes lamentarte luego.

–Sofismas.  Hablas de portarse bien,  es decir, de moral, pero ¿acaso no hay ateos que se portan bien y creyentes que se portan mal, desde el mismo punto de vista de la moral cristiana? Luego, no parece ser necesario creer en Dios para mantener una moral digamos apropiada.

 –De acuerdo, pero esa moral que puede mantener un ateo, ¿qué fundamento tiene? Solo puede tener la convención entre los hombres, no un mandato superior. Y tú sabes que los hombres pueden llegar a acuerdos brutales y malévolos. Además, ya que todos somos esencialmente iguales y libres, ¿por qué tendría ningún individuo la obligación de respetar los acuerdos  a que han llegado otros? Luego, es preciso aceptar que existe una conciencia moral innata que nos orienta mejor o peor,  que nos permite distinguir entre acuerdos buenos y malos, y que esa conciencia no puede proceder de nosotros mismos, como tampoco procede nuestra vida de nosotros mismos. Solo puede proceder de quien nos ha creado.

–No contestas a mis preguntas: Dostoievski decía que si no hubiera Dios, todo estaría permitido. Pero en realidad todo está permitido, puesto que todo ha tenido lugar, incluidos los mayores y más bestiales crímenes… o lo que nosotros consideramos crímenes, que eso es una valoración que cambia mucho de una cultura a otra, de unas épocas a otras y también de unas personas a otras. Y, en definitiva,  vuelvo al principio: ¿qué puede importar a un Dios omnipotente lo que hagan o dejen de hacer, lo que crean o dejen de creer  sus  insignificantes criaturas? ¿Y por qué estas tendrían que molestar y engatusar a Dios y rogarle para hacer sus miserables vidas un poco menos miserables? ¿Adular a Dios para que les beneficie? No concibo un Dios así… 

Creado en presente y pasado | 202 Comentarios

La realidad y los fantasmas

Blog I: Blas de Lezo, la oreja de Jenkins y Kamen: http://www.gaceta.es/pio-moa/blas-lezo-oreja-jenkins-kamen-15112014-2119 

** **Este domingo en Cita con la Historia, trataremos la cuestión de la Falange. Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde.

**Podcast del anterior sobre Al Ándalus:http://www.ivoox.com/cita-historia-al-andalus-audios-mp3_rf_3715570_1.html

……………………………

 Aunque el concepto de realidad resulte muy complejo, primariamente lo relacionamos con el espacio, es decir, tiene que ver con el sentido de la vista, en parte menor con el oído y en último extremo con el tacto: lo real en el espacio es, en principio, palpable. El espacio está lleno de cosas, algunas de las cuales se mueven y otras permanecen fijas o así nos lo parecen, y todas están penetradas al mismo tiempo por el espacio: todo lo que podemos percibir en el espacio es “real”. A lo real, empezando por nuestra realidad física como individuos, le damos una importancia decisiva, por cuanto constituye la base y el entorno preciso para nuestra vida, lo que llamamos vida en sentido biográfico.

   Lo real se opone a lo irreal, y esto podemos reducirlo al concepto de fantasma. La característica de un fantasma es que no está en el espacio, o bien está cuando lo vemos o creemos verlo u oírlo, se desvanece, desaparece del espacio cuando intentamos palparlo. Por analogía podríamos llamar fantasmas a aquellas cosas que no podemos situar en el espacio y que por tanto consideramos irreales.

    La idea de fantasma tiene que ver también con la de espíritu. La realidad es lo que llamamos naturaleza, y la naturaleza es material. Pero consideremos un libro: se trata de un volumen de papel y tinta situado claramente en el espacio. Sin embargo está lleno de fantasmas: pueden ser relatos de aventuras ficticias o de hechos que se suponen ocurridos, estudios, etc.; pero eso no está en el volumen de papel y tinta, no está en el espacio. El libro “real” es solo un medio que nos transmite algo espiritual, una máquina peculiar que contiene y difunde fantasmas enel sentido mencionado. También por analogía podríamos pensar que lo real, la naturaleza en suma, es como un libro que encierra algo  distinto a su apariencia, algo espiritual desentrañable, y no me refiero solo a las “leyes” que rigen su comportamiento, objeto del esfuerzo científico. El hombre siempre ha tendido a entenderlo así: la naturaleza expresa otra cosa no visible. Esta es una idea religiosa.

    El espacio que percibimos  en torno puede parecernos inmenso pero sigue siendo “a tamaño humano”: uno puede avanzar indefinidamente hacia el horizonte percibiendo nuevas realidades; por encima  de la tierra percibe un espacio inmenso y mucho menos poblado de cosas, cambiante radicalmente  del día a la noche, pero todavía accesible al sentido de la medida humana… hasta que la ciencia nos ha indicado que esos espacios son indeciblemente gigantescos, inabarcables  hasta para nuestra capacidad imaginativa, y solo  expresables de forma matemática. La consecuencia psicológica de este descubrimiento va más allá, porque nos hace comprender, más o menos, que la realidad que percibimos en la Tierra, la realidad que nos ha creado y en medio de la que nos desenvolvemos con mejor o peor fortuna, es tan radicalmente insignificante comparada con el universo, que todas nuestras nociones de autoimportancia, es decir, nuestra capacidad de valoración, parecen inadecuadas y ridículas. Nuestra realidad, ¿qué valor puede tener?  La Tierra misma que nos ha hecho, un objeto ya enorme desde nuestro punto de vista,  viene a ser una mota de polvo en gigantesca tormenta de arena, que se mueve en espacios aterradores poblados por fuerzas y cuerpos capaces de destruir  todo lo que nos constituye.  Lo real, a esa escala, se convierte en algo profundamente amenazador  en el doble sentido de que  relativiza o ridiculiza nuestra sensación de importancia y de que pone en riesgo la parte de la realidad en que nos desenvolvemos.

   Hay otro elemento de lo real que nos inquieta más que el espacio, y es el tiempo. El tiempo opera convirtiendo lo real en fantasmal. Algo que vemos, que experimentamos como real, como extremadamente sólido, por así decir, desaparece con el tiempo. Uno se pregunta: si era real ¿por qué se desvanece como un fantasma, y con tal radicalidad que ya no puede volver de ningún modo?  Esto lo percibimos sobre todo en relación con lo que consideramos más real, al margen de las cosas: en relación con las personas que conocemos y nuestras vivencias entre ellas. Nada hay más desconcertante que ver a una persona viva y actuante, y verla muerta, manteniendo en el exterior físico, aunque por breve tiempo,  la misma realidad, pero habiendo perdido todas las demás cualidades que la hacían real. Que lo que es real esté modificándose constantemente hasta dejar de ser en absoluto real, causa perplejidad. Lo real no solo está ahí, en el espacio, sino que deja de estar, se desvanece como un fantasma. ¿Qué concluir de todo ello?   

Creado en presente y pasado | 212 Comentarios