Treglown (y IV) “Explicación” de las atrocidades típicas de los ingleses

Blog I: Preguntas sobre una novela: http://www.gaceta.es/pio-moa/preguntas-novela-21102014-2123 

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Voy a proponer al señor Treglown un relato simétrico al suyo sobre las muchachas “enterradas vivas” en Grazalema: Hace unos años se descubrieron en el patio de una casa inglesa los restos de numerosas personas asesinadas. Según la versión habitual, se trataba de víctimas de algún asesino en serie, cosas que pasan de vez en cuando en Inglaterra. Pero cabe la sospecha de que se trataba en realidad de católicos irlandeses liquidados por los servicios secretos de Su Graciosa Majestad. No había huellas de balas, pero probablemente fueron torturados salvajemente antes de morir y les obligaron a cavar la fosa a ellos mismos. Es sabido que, dada la eficaz guerrilla de resistencia irlandesa, los jamesbond ingleses han recurrido a todos los recursos para aplastarla, desde acusaciones con pruebas  falsas (no hace mucho salieron absuelto varios que habían pasado muchos años de cárcel bajo falsa acusación de terrorismo), hasta el asesinato puro y simple. Otro objetivo habitual ha sido capturar mujeres para utilizarlas como rehenes  con la esperanza de inducir a los republicanos irlandeses a rendirse. La ideología imperialista inglesa  era intrínsecamente brutal, mucho más que la fascista. El fascismo italiano cometió muy pocos asesinatos, pero los salvajes bombardeos británicos sobre niños, mujeres y ancianos alemanes, también franceses y anteriormente árabes en Irak y otros puntos, hablan por sí mismos, y están estrechamente relacionados con las políticas de exterminio de indígenas en Usa, Canadá o Australia,  hambrunas inducidas como en Irlanda o Bengala, expulsión de poblaciones como en Escocia y otros lugares, más antiguamente las de judíos, la piratería y el comercio de esclavos, o las feroces persecuciones contra los católicos en la misma Inglaterra, mucho más sanguinarias que las atribuidas a la Inquisición (acerca de la cual debería el señor Treglown informarse un poco).

   ¿Qué tal?  Desde luego, ni el señor Treglown ni yo tenemos la menor idea de lo que haya podido ocurrir con las muchachas de Grazalema. Solo que yo no me fío, de entrada, de las explicaciones y menos todavía de los explicadores de la  “memoria histórica”, mientras que nuestro buen profesor no solo los cree a pies juntillas, sino que les añade  sus propias lucubraciones para hacerlas más creíbles al público anglosajón, quizá más ignorante, aunque no más lleno de prejuicios,  que quien pretende informarle.

   En el artículo anterior expliqué por qué los relatos de la “memoria histórica” no son ni pueden ser fiables, sino muy  al contrario. Están elaborados por gentes subvencionadas,  muy ideologizadas y poco respetuosas con la verdad, convencidas de que contra Franco valen las más absurdas patrañas y calumnias. Algunos historiadores y yo mismo hemos demostrado una y otra vez sus embustes,  pero no parece importarles mientras tengan subvenciones y medios a su disposición: siguen en plan de fiscales cuando tendrían que estar en el banquillo. Lo cual no impide que algunas de sus acusaciones sean ciertas porque, claro está, atrocidades las cometieron los dos bandos, como pasa en todas las guerras – y, por cierto, en la SGM las atrocidades de todos los bandos superaron en enorme proporción a las cometidas en España–. Solo que aquí quienes empezaron, lo hicieron con mayor sadismo y llevaron su afición hasta asesinarse copiosamente entre ellos mismos fueron esos “republicanos” tan respetados  y llorados por quienes se sienten identificados con ellos, o sea, con sus crímenes, pues ese es el verdadero intríngulis del asunto.  Por algo definen como “víctimas” del franquismo tanto a chekistas como a los inocentes que hayan caído en unas circunstancias muy emocionales.

   El libro, por lo demás, no perdona tópico alguno, por supuesto está García Lorca –pero no el número mucho mayor de intelectuales asesinados por el Frente Popular—y empezando por el que sirve de  título a su libro, el Valle de los Caídos, sobre el que no para de soltar sandeces, desde lo de los  “presos republicanos” hasta que  está gestionado por la Fundación Francisco Franco, organismo presidido por la temible hija de Franco”. Pero este hombre ¿cómo no ha realizado el mínimo esfuerzo exigible para enterarse un poco en serio? Uno duda de si se trata del típico extranjero iluso que da con pícaros o golfos que le cuentan trolas  y él se las cree sin más,  o bien participa deliberadamente en la farsa para divertirse a costa de la credulidad del  público angloestadounidense, para el que está escrito, según él nos informa (una reseñista del NYT lo califica, como Muñoz Molina, de “un libro sagaz y sugerente” dice la mala traducción de la contraportada). El hombre cree al delincuente  Garzón “quijotesco”. Su resumen de la historia de España, con, entre otras cosas, la “feroz” conquista de América, entra simplemente en el pintoresquismo.  El libro está repleto de “datos” por el estilo, y no puedo dedicar más espacio a sus dislates porque  exigiría demasiadas entradas.

   Treglown dedica el grueso de su obra al comentario de libros y películas, en las que vierte a gusto sus prejuicios con pretensiones de sagacidad. Al menos no es tan necio de negar la existencia de una importante cultura en el franquismo (alguno de sus colegas le comentó riendo que “cabría en una tarjeta postal”); pero el esfuerzo que realiza no pasa, una vez más, de una colección de tópicos mejor o peor hilvanados. Y lo que queda es precisamente esto, aunque su sagacidad no le permita entenderlo: en el franquismo se creó una cultura importante, parte de ella antifranquista –a menudo comunistoide—otra parte favorable al régimen  y la mayor parte apolítica. Es decir, la censura no impidió una diversidad ideológica y de enfoques ni condenó a la oscuridad  ningún libro o película importante. Contra todos los mitos, fue un régimen notablemente liberal hacia la alta cultura, con una censura más bien grotesca e ineficaz. Hoy, en cambio, existen numerosas censuras y un ambiente general más asfixiante. Y no solo aquí. ¿Por qué no se han traducido libros míos al inglés o al francés, pese a no haber sido rebatidos y tratar temas sobre  los que parece haber considerable interés en esos países? Una censura semejante hubo de sufrir Orwell cuando se le ocurrió hablar de sus experiencias en España en un tono que no admitía la corrección política, es decir, la tendencia totalitaria de entonces. 

   Sobre la cultura en el franquismo diré dos cosas, aunque no sea el momento de explayarlas: fue bastante más variada e importante que en la actualidad. Y lo fue sobre todo en los años 40.  Creo que la de los 50 y posteriores fue descendiendo de nivel hasta llegar a la situación actual, que sí merece el nombre de páramo, aunque muy abundante en monte bajo.

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J. Treglown (III) El turbio negocio de la “memoria histórica”, cunetas y fosas

Blog I. La vergonzosa decadencia de España:http://www.gaceta.es/pio-moa/vergonzosa-decadencia-espanola-20102014-1439

**Horarios corregidos del seminario sobre “Los separatismos  catalán y vasco, teoría y práctica”: En Centro Riojano de Madrid, Serrano 25. Cuatro sesiones, días 23, jueves; 25 sábado; 29,  miércoles; y 31, viernes Todos los días a las 19,30, menos el sábado, a las 10,30. Inscripción, 50 euros. Los separatismos son un elemento crucial en la crisis histórica que sufre España en la actualidad, y sin embargo son un fenómeno mal conocido en sus bases doctrinales y desarrollo hasta la actualidad.  Información: 915 766 766

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El libro de Treglown debe de tener algunos méritos, puesto que le ha valido una dura “crítica” de Helen Graham por no encomiar lo bastante, a juicio de esta señora, el turbio negocio de la “memoria histórica”, no atacar con el suficiente empeño la censura de la época que supuestamente arruinaba  la cultura española, etc.  En rigor, Graham parece no conocer de la historia reciente de España mucho más que la propaganda de quienes se siguen llamando con plena impropiedad  republicanos y simpatizantes.  Y sobre el embarrado cimiento de esa propaganda ha elevado ella una historiografía que califica  de profesional con optimismo envidiable. Aquellos republicanos tenían de la libertad y la democracia un concepto poco alejado del stalinismo, algo que también ocurre con una tradición de intelectuales británicos, como es sabido. Pues bien,  el enfado de doña Helen se justifica porque el señor Treglown hace algunas tímidas insinuaciones de que la “memoria histórica” está politizada; o una suave crítica implícita a los “republicanos”;  o admite que la cultura española del franquismo no fue tan insignificante como se pretende.

   Pero en conjunto Treglown sigue casi plenamente la línea del antifranquismo más tópico. Su libro empieza con una impresionista visita al cementerio de San Rafael, en Málaga, donde yacen “más de  4.000 personas—en su mayoría hombres, pero también mujeres y niños— ejecutadas sin juicio previo  entre 1936 y 1955”. Explica también: “Los soldados de Franco eran una mezcla de duros legionarios españoles, mercenarios del norte de África, a los que en la región de Málaga se sumaron rápidamente las tropas rebeldes con base en la península y columnas motorizadas de la Italia fascista (…) Bombardearon el puerto de Málaga desde el aire, lo cañonearon desde el mar y luego lo invadieron por tierra. La cantidad de bajas de civiles que trataban de escapar horrorizó a los observadores más encallecidos”. Luego habla de la represión “hasta bien entrada la década de  1940 bajo el célebre fiscal Carlos Arias Navarro, el “carnicero de Málaga”.

   El siguiente capítulo empieza con la relación de “quince mujeres veinteañeras cuyos  restos  –junto con los de un chico adolescente que, según se dice en el lugar (Grazalema) fue obligado a cavar la tumba–  se encontraron en 2008 (…) No tuvieron nada que ver con la política, a menos que se considere la posibilidad de que una de ellas haya estado prometida a un republicano. Cuatro estaban embarazadas. No se asegura cómo murieron: no se encontraron balas. Si hemos de creer las narraciones de otras atrocidades en la misma región, es probable que las mujeres fueran violadas, torturadas y enterradas vivvas”. Y “explica”: “En muchos casos el motivo principal eran las represalias: en la zona había hombres leales al gobierno republicano que llevaban a cabo una eficaz campaña de guerrillas contra las fuerzas rebeldes. Otro objetivo habitual  de capturar mujeres era utilizarlas como rehenes con la esperanza de inducir a los republicanos ocultos a rendirse (…) La ideología “nacional” era intrínsecamente brutal, estrechamente relacionada  como estaba al fascismo, fundamentada en décadas de escaramuzas imperiales en Marruecos y, antes de eso, en las nociones de limpeza étnica e ideológica que se remontaba, por vía de Inquisición, a las antiguas expulsiones de musulmanes y judíos de España”. Y así sucesivamente. En suma,  Desde hace varios años España busca a sus desaparecidos. Están en todas partes, en todas las comunidades autónomas, en todo tipo de terrenos”.

   Esto es propaganda antifranquista de 24 quilates.  ¿Qué más se puede pedir? Hace falta un fanatismo exacerbado  para quejarse  del buen Treglown como hace doña Helen. Que, por cierto, fue nombrada para la cátedra Rey Juan Carlos I de la universidad de Nueva York por nuestras oficiosas  e incultas autoridades político-académicas, de cuyo nivel intelectual tenemos constantes pruebas.

   Bien, vamos a analizar estas tiradas del señor Treglown. En primer lugar un historiador, o un simple periodista, tiene la obligación de valorar sus fuentes, cosa que él no hace en lo más mínimo, sea por una culpable ingenuidad o por complicidad. Si lo hubiera intentado, se habría percatado de algunos hechos esenciales:

1.    La excavación de tumbas lleva ya al menos 14 años; De los dos últimos no tengo   datos, pero en los primeros 12 años se exhumaron 1.328 restos, que incluyen a personas presuntamente asesinadas, otros  enterrados en combate o muertos por otras causas. No se mencionan  las excavaciones infructuosas  ni los restos de inequívocos asesinados nacionales, que han sido recubiertos según testimonio de Fernando Paz

2.      No obstante la cifra, exigua para tantos años de trabajos, los excavadores pretenden que hay 100.000 o 150.000  restos por desenterrar, lo que daría para muchos decenios de tarea. Estas excavaciones están subvencionadas, lo que debe indicar algo a un historiador medianamente perspicaz. No es cierto que “España” busque a desaparecidos. Los buscan ciertos personajes poco escrupulosos, interesados en  seguir indefinidamente con el cuento.

3.      Las excavaciones han estado llenas de fraudes, algunos descubiertos y otros encubiertos. Uno de los más “fuertes” fue el del osario del barranco de Órgiva en Granada, donde habrían sido asesinados entre 3.000 y 5.000 republicanos –salían hasta testigos—y acerca del cual preparaban una gran campaña la universidad de Granada y autoridades locales, la prensa de izquierdas, redes sociales y el diario El País. El montaje se derrumbó cuando los forenses dictaminaron que los huesos eran de perros y cabras (Ver http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/la-tecnica-del-odio-1451/6.html).  Está por hacer una investigación a fondo sobre este infame negocio, aunque las cifras  y el carácter de las represiones están bien aclaradas desde  los estudios de R. Salas Larrazábal hasta los de A. D. Martín Rubio, pasando por los míos y otros. Sin conocerlos, no es posible escribir con alguna solvencia sobre estos asuntos. Un historiador medianemente serio se habría preocupado de conocer los estudios y versiones contrarias a las de estas campañas, cosa que nuestro profesor no hace en absoluto. De haberlo hecho no caería en tales trampas, a no ser que deseara  colaborar con ellas.

4.      Otro aspecto del fraude está relacionado con las subvenciones oficiales  e indemnizaciones sustanciosas a quienes se proclamen víctimas o familiares de víctimas. Es fácil entender que esas recompensas estimularán muchos “recuerdos”, a menudo de difícil comprobación, ayudados por la multitud de bulos y rumores que crean la propaganda o el simple chismorreo.

5.      Un historiador competente se percataría enseguida de que todo ese negocio tiene que ver con una “ley de memoria histórica” propia de un régimen totalitario, pero no de una democracia, por cuanto en ninguna de estas se impone por ley una versión de la historia. Quien fuera a investigar en Cuba y se contentara con los datos ofrecidos por el gobierno, se desacreditaría de inmediato. Pero en España están sucediendo cosas semejantes y casi nadie se escandaliza.

 

6.      Un historiador medianamente serio sabría que nadie fue asesinado simplemente por ser republicano, sino que aquellos republicanos eran en su gran mayoría extremistas que destruyeron la legalidad de la II República y  perpetraron innumerables crímenes y atrocidades sádicas –en Málaga, desde luego, y en numerosos lugares más –. Y que fueron ellos los que empezaron con el terror y los asesinatos bastante antes de la guerra, en plena república.  

 

7.      Un investigador de alguna solvencia se daría cuenta del revelador fraude de la “memoria” histórica con solo el calificativo de “víctimas” que se da a todos. En aquellas circunstancias es obvio que caerían algunos inocentes. Pero es también evidente que cayeron muchos más culpables, chekistas, etc.  Al igualar a todos como “víctimas”, la ley de memoria histórica se desenmascara como una ley auténticamente chekista: ensalza a los asesinos al nivel de los inocentes y rebaja a estos al nivel de los asesinos.

 

8.        En fin, por lo que respecta a Málaga, los terribles bombardeos de que habla, y todos los demás, fueron absolutamente insignificantes comparados con los de los ingleses y useños sobre la población civil alemana (mujeres, niños y ancianos sobre todo, pues los hombres jóvenes estaban movilizados). Pero parece que estos no acaban de “horrorizar a los observadores más encallecidos”. Por cierto, lo de “carnicerito de Málaga” lo inventó un periodista algo golfo “antifranquista” retrospectivo. Arias Navarro fue fiscal en Málaga antes y después de la guerra, y uno de varios, sin que haya pruebas de haber sido especialmente duro.

   Salta a la vista que escribir la historia como hacen Treglown o Graham conduce a una mezcla de chifladura y de disparate, no por ello menos dañinos. No me alargo más sobre esta cuestión. Me había propuesto no dedicar al libro de Treglown  más de tres artículos, pero le dedicaré otro más.

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Jeremy Treglown (II) Un par de bellaquerías

Blog I. El enfoque marxista sigue en pie:http://www.gaceta.es/pio-moa/enfoque-marxista-sigue-pie-17102014-2159 

**Horarios corregidos del seminario sobre “El separatismo catalán, teoría y práctica”: En Centro Riojano de Madrid, Serrano 25. Cuatro sesiones, días 23, jueves; 25 sábado; 29,  miércoles; y 31, viernes Todos los días a las 19,30, menos el sábado, a las 10,30. Inscripción, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento, semejanzas y diferencias con el  separatismo vasco, y comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora.  Información: 915 766 766

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Parece que, aparte de Franco un balance histórico que, según Treglown “exasperó a sus opositores” — y  al propio Treglown, lo que no es de extrañar, dada la cantidad de embustes sobre Franco en circulación desde hace décadas–,  nuestro profesor ha leído  De un tiempo y de un país, mis memorias de la época de la OMLE (Organización de Marxistas-Leninistas Españoles), más tarde PCE (r)-GRAPO. Desgraciadamente le ha pasado como con el libro anterior, sea por  mala  comprensión lectora en español o por otras causas. Así, trata de ilustrarnos:  Algo parecido sucede con una misión a Bilbao donde se suponía que Moa  iba a formar enlaces con ETA, pero donde descubrió que los miembros de esta organización eran insólitamente difíciles de encontrar. En situaciones como esta no sería extraño que hubiera sospechas de que se trataba de un espía de la policía, pensamiento que, una vez que penetra en la mente, es difícil de desterrar”. Al leerlo no pude menos de exclamar: “¡pero qué bellaco!”.  Una bellaquería repetida recientemente por  un caradura como César Vidal y una locuela como Pilar Urbano (http://www.gaceta.es/pio-moa/cesar-vidal-pilar-urbano-golfos-30042014-2035). Y  obedece, con toda evidencia, a lo de siempre: la incapacidad de refutar mis libros conduce a los ataques personales más infames. Así están las cosas.

   Aparte de eso es obvio, una vez más, que Treglown entiende  muy mal lo que lee. Yo fui a Bilbao, como después a Vigo, no para enlazar con la ETA sino para reorganizar los núcleos de la OMLE allí, donde había quedado casi desmantelada. Y a eso, y no a tratar con la ETA, dediqué mi esfuerzo, como puede comprobar quien lea la historia con honestidad y un mínimo de comprensión lectora (tampoco hace falta demasiada, porque creo que escribo con mucha claridad ).  ¡Y este es un intelectual de prestigio en Inglaterra, cuyo libro entiende como “muy perspicaz” el dudosamente perspicaz Muñoz Molina!

   Siguiendo con su bellaquería, escribe Treglown: “Moa explica  que su conversión al franquismo llegó entre los acontecimientos descritos y su tarea de escribirlos. Uno se pregunta por qué necesitó tanto tiempo para darse cuenta de que las acciones de la OMLE y su sucesora, los GRAPO (…) se parecían al tipo de conducta que veían mal en el otro bando”.  Ante todo, yo nunca me he convertido al franquismo ni pienso que un régimen como aquel, aunque haya sido necesario históricamente,  deba volver. La frase de Treglown es una majadería entre muchas. A lo que me he “convertido” es  a la investigación de la realidad histórica, con datos y argumentos que ni don Jeremy ni ningún otro en España han podido desmentir (ya vemos los “argumentos” que utilizan). En segundo lugar, las acciones del GRAPO  no tenían que ver con la conducta del franquismo: el 90% o más del terrorismo en aquella época y en la democracia, como en la república,  tuvo carácter  izquierdista o separatista. En tercer lugar, en España ha cambiado “de camisa” casi todo el mundo de la política y la intelectualidad, basta consultar las hemerotecas para comprobarlo. Pero casi nadie ha explicado el por qué de sus cambios. Yo sí lo he hecho, en De un tiempo y de un país y en otros escritos. Por lo demás, gran número de antiguos comunistas (Koestler es caso típico) precisaron un largo período de reflexión para romper con una doctrina tan absorbente. Una doctrina  que ha disfrutado siempre, además, de gran número de “compañeros de viaje”, bastante más repugnantes, si es cierta la frase de Marx :“Hay alguien más despreciable que el verdugo: el ayudante del verdugo”. Y en España e Inglaterra ha habido y hay muchos de esos ayudantes.

   Con respecto a De un tiempo y de un país ha ocurrido un hecho revelador. La izquierda en general, en España, veneraba a la ETA y celebraba sus asesinatos (como veneraba a Castro o a la URSS, según puso de manifiesto el episodio Solzhenitsin). Pero el GRAPO empezó demasiado tarde, cuando aquella oposición (comunista la única real) vislumbraba la legalidad. Entonces los atentados del GRAPO la asustaron tanto, por temor a que los franquistas les echaran la culpa de ellos, que inventaron la patraña de que se trataba de una organización de “extrema derecha” o infiltrada por la policía. Cuando quienes sí estaban infiltrados eran el PCE, el PSOE y tutti quanti. Pues bien, el libro, que clarifica plenamente esa cuestión y unas cuantas cuestiones más, fue acogido con el silencio. ¡Si sabrían ellos de qué se trataba!

   A Treglown, De un tiempo…le parece “soso” y “cómico”. Está en su derecho, y más siendo tan perspicaz como demuestra a cada paso, porque los gustos son muy personales. En cambio al mismo Preston le pareció muy interesante en su momento (ahora quizá diría otra cosa). El libro no está descatalogado, pero en general hay que encargarlo en librerías o a la Editorial Encuentro

   Hay algo en lo que acierta Treglown: “La OMLE estaba frustrada  por encontrar tan poco favor popular”.  Así era. Solo que esa frustración acompañaba a toda la oposición antifranquista. La única que podía presumir de cierta influencia popular, muy limitada pero muy superior a los demás, era el PCE. Mas para ello llevaba actuando desde el mismo final de la guerra civil, primero mediante el terrorismo del maquis y después infiltrándose en los sindicatos franquistas y en la universidad. En esta obtendría los mejores resultados, cuya influencia perdura, también en patochadas como las de Treglown.

   Y dejaremos aquí la parte digamos personal,  para entrar en la próxima entrega en las pintorescas ideas de don Jeremy sobre el franquismo.

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Un golfete metido a historiador: Jeremy Treglown (I)

Blog I.  Los engaños de la pasión: http://www.gaceta.es/pio-moa/los-enganos-pasion-15102014-1204

****Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

** En el programa de Radio Inter “Cita con la Historia”, próximo domingo de 4 a 5 de la tarde, hablaremos de Azaña, Alcalá-Zamora y las elecciones del Frente Popular. Una cuestión clave para explicar la guerra civil

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Hace tiempo que apenas leo novedades sobre la guerra civil, la república o el franquismo. La razón es que, aunque se trata de temas inagotables en detalles y aspectos, desde hace tiempo están bien aclaradas  las cuestiones básicas: los orígenes de la guerra, el carácter del Frente Popular y de las elecciones del 36, las razones de la rebelión de Franco y las causas que defendía cada bando en la contienda, las razones de que Franco ganase y triunfase siempre sobre todos sus enemigos políticos y militares o crease una sociedad nueva, apta en principio para una democracia no convulsa, etc. Todo ello está hoy básicamente claro para quien quiera enterarse, aunque ello no evita que tenga aún mucho camino que abrir para calar en la universidad y en una opinión pública deformada por una falsificación masiva. 

   Pero hace unas semanas Miguel Platón me indicó que había hojeado en una librería un libro de un tal Jeremy Treglown en que me aludía dando una de cal y otra de arena. En fin, ayer hojeé a mi vez el libro  en cuestión, y comprobé que  el bueno de Treglown no me aludía, sino que me atacaba a fondo, o al menos lo intentaba.  Así que dedicaré algún esfuerzo a aclarar las cosas a Treglown o a quien sienta interés por estas cuestiones, empezando por el ataque personal que me dedica.

   Según Treglown, mis “afirmaciones” son “tan peligrosas como faltas de inteligencia”. ¿Peligrosas para quién? Evidentemente para quienes piensan y escriben como Treglown. Pero ¿cómo pueden ser peligrosas si carecen de inteligencia? Solo puede deberse, me temo, a que la inteligencia de Treglown y compañía deben ser todavía menores. Y realmente nuestro amigo no demuestra mucha, como veremos, aunque sus tiradas también pueden ser efecto de mala comprensión lectora en español, y hasta sospecho que a veces de mala fe.  Así que veamos.

   Me describe el autor como “un avezado propagandista (…) Parte de su impacto se debe  al ardid bien ensayado  de presentarse como el personaje aislado que batalla contra el poder de las instituciones”. Lo único cierto ahí es que batallo contra numerosas ideas cuya falsedad he demostrado, sin que la recíproca se haya dado hasta ahora; y que la respuesta ha sido el intento aislarme, nunca del todo conseguido. Yo siempre me he ofrecido a debatir, pero la oferta ha sido rechazada casi siempre,con pretextos infantiles. Comprendo que a gran número de intelectuales que han hecho su carrera y su prestigio con versiones o enfoques que se han demostrado falsos, les cueste mucho reconocerlo, ya que ello exigiría una honestidad intelectual por desgracia harto escasa en estos medios. En cambio defienden sus posiciones  funcionariales u otras con uñas y dientes, es decir, con métodos poco honrados, procurando crear el vacío y el silencio a mi  alrededor. Cosa que en parte está a su alcance, pues predominan en la universidad y en los medios; pero tampoco en la medida  que les gustaría.  No solo Stanley Payne, también Seco Serrano, Cuenca Toribio, Ricardo de la Cierva, David Gress, Rob Stradling, Jesús Salas Larrazábal, Andrés-Gallego, Bullón de Mendoza y otros historiadores han apreciado o citado mis libros. Y aunque me han vetado en la mayoría de los medios, todavía dispongo de algunos, aunque menores, y de las redes sociales. Que tratan de aislarme es cierto; que el apoyo que recibo es escaso, también. Pero no que lo consigan del todo. Y presentar el hecho indudable como un ardid, según  toscamente supone ese autor, revela una dosis considerable de desvergüenza.

   Treglown afirma  que mi aislamiento no deja de ser una pose, porque  pocos autores han puesto tanta resistencia  a las entrevistas o a tomar parte en acontecimientos  en los que los humanistas  profesionales  presentan y explican sus obras nuevas”. ¿Ven como nuestro crítico cae en la golfería? La resistencia no es mía, sino de esos “humanistas profesionales” a invitarme o a entrevistarme. Y es fácil saber por qué, teniendo en cuenta que nunca han logrado rebatir ningún punto sustancial de mis obras. Por supuesto, tampoco lo hace Treglown, que en lugar de intentarlo se lanza a estos ataques personales y menos inteligentes de lo que él piensa. Dice también que mis obras no se encuentran en inglés, lo que es cierto. Porque en Inglaterra y en Usa, los ambientes universitarios están inmersos en versiones digamos progre-izquierdistas por lo que se refiere a España y más aún que aquí. Y los mandamases  intelectuales saben aplicar la censura desde su prepotencia.  La situación allí, por lo que se refiere a estas cuestiones, es todavía más totalitaria que en España, y la ausencia de traducción de algunos libros míos es precisamente una prueba de ello. Por cierto,  Los mitos de la Guerra Civil  iba a salir en francés, anunciada por la prestigiosa editorial Tallandier. Pero después del anuncio no hubo producto. Al parecer encontraron el libro demasiado  peligroso para sus sensibles lectores.  En Inglaterra se precaven todavía más eficazmente contra el  peligro que tanto preocupa a Treglown.

    Para este profesor, mi argumentación (se refiere a Franco, un balance histórico ), se basa en tres puntos, dos de los cuales acepta y el tercero rechaza:  “que el estalinismo fue una tiranía espantosa”;  ”que el estalinismo actuó  despiadadamente en ciertos sectores del movimiento español”; y  que “ese elemento  (estalinista)  fue la causa de la guerra civil”. Lo último le parece falso, al menos en parte porque, dice, “la mayoría de los historiadores estarán en contra del indignante desprecio de  Moa por las causas sociales y económicas  del descontento contemporáneo”. Lo del desprecio lo inventa él; pero la cosa tiene mayor alcance teórico. La situación social y económica no fue en absoluto la causa de la guerra. Esa situación había sido mucho peor en España en otras épocas y no había generado guerra civil; y también era mucho peor en gran parte de Europa, sin ocasionar tales contiendas. Pues no son las condiciones sociales, sino cómo piensan y actúan en ellas los políticos y  partidos influyentes,  los que pueden llevar al extremo bélico los conflictos naturales en toda sociedad.  Treglown cita de mi libro por él comentado:  “El pensamiento conservador, como el religioso, acepta  la presencia de la injusticia, la insuficiencia y el malestar  de la vida como parte de la condición humana“, implicando que el pensamiento revolucionario o “progre” no lo acepta, lo cual parece bien a Treglown.  Por eso la demagogia izquierdista siempre ha invocado esas “causas” socioeconómicas; pero la causa real de la guerra radicó en que las izquierdas  y separatistas aspiraban al poder, creían que su poder abriría el camino a una sociedad  “sin injusticia, insuficiencia y malestar”, y que estaban dispuestos a quebrantar todas las normas de convivencia llamadas “burguesas” para alcanzar su objetivo.  Por lo demás, la experiencia bien conocida –aunque parece que no para Treglown–  revela que el poder de esas izquerdas revolucionarias, si algo ha conseguido es extremar la injusticia, la insuficiencia y el malestar. En España, sus dos primeros años republicanos fueron tan desastrosos que el pueblo votó muy mayoritariamente a las derechas en 1933; y en los cinco meses previos a la guerra, el Frente Popular, con su demagogia y tiranía, hundió literalmente la economía española, además de la legalidad republicana. 

   Y yo tampoco digo que el elemento  stalinista fuera el determinante de la guerra, sino que lo fueron el elemento revolucionario (socialista, comunista y anarquista) y el elemento golpista (Azaña, Companys, etc.). Otro ejemplo de mala lectura de mis tesis: “Moa hace concesiones importantes. Por ejemplo, pese a las afirmaciones en contra de los nacionales, acepta que en España no hubo una revolución de la izquierda”. Lo que yo digo es que hubo un asalto revolucionario al poder en octubre del 34; que hubo un proceso revolucionario muy violento a partir de febrero del 36; y que hubo una revolución extremadamente sanguinaria durante la guerra civil. No me explico cómo puede haber entendido otra cosa. Y  si relaciono el terror  de los nacionales con el de las izquierdas me acusa de caer “en un ejercicio de ojo por ojo”, cuando simplemente expongo la evidencia del terror rojo, disimulado o justificado por los autores de su cuerda, y sin el cual no puede entenderse nada.  Ya que el terror rojo  empezó a ejercerse apenas llegada la república y causó cientos de víctimas antes de ser replicado por el terror de los nacionales. Sigue: “Defender casos perdidos es la especialidad de Moa. ¿Antisemitismo de los nacionales? ¿Y qué del abandono de los refugiados  judíos por los aliados?”  El hecho indiscutible es que Franco salvó a miles de judíos, y que los Aliados no hicieron gran cosa por ellos, como si no creyeran el Holocausto, del que  el Caudillo no sabía nada. Había antisemitismo en los nacionales, pero más retórico que práctico.  Continúa en la misma línea: “Dictadura? El disidente ruso Solzhenitsin dijo que a los ciudadanos soviéticos de hoy les asombrarían las libertades de que disfrutaban los españoles. (A Moa  no parece molestarle que la observación de Solzhenitsin date de 1976, es decir, después de la muerte de Franco)”. El franquismo duró  por lo menos hasta junio de 1977, o si se prefiere, hasta la Constitución de 1978. Y las libertades que explicaba Solzhenitsin eran perfectamente comunes en España desde muchos años antes. Y las señalaba también Kolakowski viviendo Franco, contra la beatería “antifascista” de unos laboristas cantamañanas. Ello aparte,  y pese a lo que cree el oportunista Treglown, defender la evidencia histórica nunca es un “caso perdido”, por más que el embuste parezca tener fuerza aplastante, como ocurre hoy por hoy.

   Seguiré con un par más de entregas, y ya se verá que el calificativo  de golfete que dedico a Treglown, que puede sonar maleducado o gratuitamente ofensivo, resulta merecido.    

 

 

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Reseña de Ángel Maestro

Blog I: El nacionalismo es bueno y necesario. http://www.gaceta.es/pio-moa/nacionalismo-bueno-necesario-13102014-1200

******Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

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MOA, Pío. Sonaron gritos y golpes a la puerta. Novela histórica. Editorial La Esfera de los Libros. Madrid 2012. 651 páginas.

Ángel Maestro

No es esta la primera vez en la que Pío Moa se adentra en el campo literario de la novela; ya lo hizo hace algunos años con El erótico crimen del Ateneo, dentro del género de la novela negra, pero sí es la primera vez que aborda la novela histórica. Moa, frente a la histeria y animadversión de sus detractores, ha renovado sustancialmente  los estudios relativos siglo a la II República y la Guerra Civil,  rebatiendo la ignorancia y más a menudo la actitud torticera de la dictadura de lo políticamente correcto.

Uno de los tópicos sostenidos por sus detractores, generalmente esgrimiendo descalificaciones plenas de subjetivismo y no en base a rigor científico alguno, es el de acusarle de no ser historiador, oficialmente titulado como tal,  lo que no hace mucho Stanley Paine descalificaba cual si la descripción de la Historia y la investigación sobre la misma, necesitase un a modo de carnet o documento que confiriese legitimidad de ejercicio. Algo grotesco a la luz de  historiadores allende nuestras fronteras y no contaminados por esa dictadura del pensamiento dominante. La fuerza inexorable de los hechos ha demostrado que la revolución en la historiografía moderna traída por Moa ha marcado un antes y un después en el tratamiento e investigación de los estudios relativos a la II República y la Guerra Civil.

Tal condición de historiador, mal que les pese a sus detractores, asoma desde el comienzo de esta extensa novela de más de seiscientas páginas ya desde “La catástrofe”,  primera de las tres partes en que se divide el libro, señalándose desde su mismo comienzo una envoltura en su precisa y muy exacta descripción de tipos y ambientes, reflejando con esa precisión de historiador, recogiendo en toda su crueldad el feroz ambiente, asesinatos con saña y torturas en la Barcelona de 1936, tras la crudelísima represión desarrollada por el Frente Popular, con tipos muy representativos como el asesino del padre del protagonista. Y dentro de esa amalgama que fue dicho Frente, las luchas intestinas entre anarquistas, comunistas del PC “ortodoxo” y stalinista, miembros del POUM, nacionalistas, etc, así como las incipientes fuerzas nacionales clandestinas en un comienzo de organización tras la derrota del Alzamiento en Barcelona.

El estilo de Moa novelista está ausente de todo barroquismo así como de brillantez literaria descriptiva y en esas exposiciones de personajes y situaciones, el factor humano, político, religioso, más se asemeja a un estilo barojiano que a un Blasco Ibáñez, por poner dos ejemplos bien diferenciados .El batiburrillo de voces destempladas entre el clamor de las masas revolucionarias exigiendo y realizando la represión total de la burguesía, militares, crueldad especial hacia los religiosos queda nítidamente gráfico sin concesiones literarias. Los avatares de Alberto, personaje central de la novela, así como de otros actores principales, Carmen, Paco, conjugan con precisión la esencia humana, religiosa, política, etc. de dichos personajes con la realidad misma de sus circunstancias.

En la segunda parte se describe pormenorizadamente la gestación y desarrollo de la División Azul. A través del protagonista vemos los hechos que sucedieron desde la famosa convocatoria de Serrano Suñer con el grito equívoco de :” ¡Rusia es culpable!”, cuando la culpable era la Unión Soviética, y no la sufrida Rusia. En dicha segunda parte titulada “El hielo y el fuego“ – cada parte aún con su innegable ilación de la trama central podría representar de por sí una novela- y ya en la postguerra española aunada en las circunstancias con la II Guerra Mundial, se relata el hecho histórico de la División Azul valiéndose de los personajes centrales y de otros que asoman ofreciendo ejemplos totalmente repletos de humanidad bien sean de heroísmo o de cobardía; en absoluto personajes librescos sino reales, intuyendo el lector que puede tratarse de personajes vivos inmersos en ambas medidas de heroísmo y de vileza, y también de seres con reacciones normales ayunas de tales méritos y deméritos. Moa utiliza una técnica de bisturí que pone al desnudo todo lo que la terrible lucha en el frente del Este tuvo de más deleznable.

El  título de dicha segunda parte responde plenamente a una situación totalmente real: el hielo cuyo papel fue tan decisivo en la campaña de Rusia, y donde los miembros de la División Azul hubieron de soportar las crudelísimas temperaturas del invierno ruso. El fuego, con los más feroces combates de cualquier escenario de la contienda, la ferocidad de la lucha entre la Alemania nacional socialista y la Unión Soviética en la que la ferocidad y los combates más despiadados enfrentaron a dos totalitarismos. Los protagonistas reflejan transparentemente  la conducta de los expedicionarios españoles, esforzados en su lucha contra el sistema marxista-leninista, pero comprensivos con las penalidades y sufrimientos del pueblo ruso, despertando la censura  racista nacional socialista que al considerar “untermenschen”-subhombres – a la población eslava sentaban gran parte de su futura derrota, y aprovechada por la habilidad de un despiadado y cruel, pero inteligente  Stalin para utilizar la defensa de la Patria en lugar de los dogmas leninistas.

La tercera parte  titulada “De todos los misterios” refleja las intrigas ocurrentes en un Madrid finalizada la guerra mundial y la ilusión vana y basada en fantasías a menudo delirantes de cómo los Aliados  acabarían con el régimen de Franco, trayendo la proyectada venganza implacable contra los defensores del mismo.

Moa buen conocedor de esas historias, relata vivamente a los conspiradores monárquicos de salón como a los añorantes republicanos, confiando ambos en la intervención especialmente inglesa para acabar con el dictador, compendio de todos los males sin mezcla de bien alguno ,para traer unos  una ilusoria monarquía de un hipotético Juan III o restaurar la finiquitada II República. También las intrigas más teóricas que reales  por su falta de efectos prácticos ,de generales como Aranda. Más la verdadera oposición, pero aún sin suponer un peligro letal para el régimen , era de  forma muy destacada la ejercida por el partido comunista. La acertada , dura y precisa reacción del régimen, con evidente apoyo popular, cual el caso de la invasión por el maquis del Valle de Arán ,puso de manifiesto la ausencia de respaldo popular, de movilización y concienciación de las masas, en la lengua de madera leninista, a las iniciativas de derribar a Franco y su régimen e involucrarse en una nueva guerra civil.

La infiltración del maquis en zonas rurales y montañosas de difícil acceso y el levantamiento de partidas guerrilleras, más bien de bandolerismo puro, con atracos, secuestros, “ejecutando” a cargos rurales, a sacerdotes y en general a afectos al régimen con el objeto de sembrar el terror y lanzar la propaganda mediante difusión clandestina de noticias y rumores, y la magnificación de los mismos en emisoras y medios extranjeros, presentando lo que eran hechos aislados y muy concretos como si de un levantamiento de masas se tratase. Alberto, el protagonista, accede a colaborar con uno de los Servicios de Información del Gobierno, concretamente  el de Falange para llevar a buen término una delicada operación en Galicia en la que sin interés material alguno, característica básica  del personaje desde el asesinato de su padre y dispersión de su familia en 1936, diez años antes. Personas reales como el jefe del Servicio de Información mencionado se mezclan en una continua acción con miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil, arriesgando su vida el protagonista en ocasiones muy peligrosas, hasta llevar a cabo con éxito las operaciones planteadas. Los componentes de las partidas, los agentes camuflados del aparato del partido comunista, las contrapartidas, etc., confieren a esta tercera parte un ritmo de acción vivaz     , siempre dentro del estilo naturalista sin artificiosidades peculiar de la novela. La figura del protagonista, plena de humanidad representa un contrapunto a la maldad y a la miseria de personajes y situaciones.

Si al leer una obra histórica o de pensamiento no influye en el juicio sobre la misma la amenidad, la situación cambia radicalmente al tratarse de una novela. La novela debe despertar interés desde su comienzo y conseguir que el lector si no se apasione, al menos se interese por los avatares del protagonista y de los personajes que en ella intervienes; Si así no ocurriese el interés por la novela hace que ese se arrumbe y la obra haya fracasado en lo que debe constituir la piedra angular de la misma. La novela de Moa de tan largo título y de considerable extensión, despierta desde esas primeras páginas el afán y la curiosidad infatigable por conocer el desarrollo y desenlace de la misma. Al finalizar la misma el lector se encontrará además con un hecho totalmente inesperado, pleno de sorpresa y casi de estupefacción.

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http://www.gaceta.es/pio-moa/angel-maestro-05102014-1837

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