Fernando Savater: “Mira por dónde”

Blog I: Democracia liberal y franquismo. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/democracia-liberal-y-franquismo-seminario-guerra-civil-20140123
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Nº 16 – Reseñas

Fernando Savater: Mira por dónde

 

Los progres que uno ha conocido coinciden por lo común con el retrato que Javier Cercas, el de Soldados de Salamina, pinta de sí mismo: gente llena de neuras, depres, alternancias de indignación y autocompasión, de cinismo y sensiblería… Dados los ingredientes de su manutención intelectual, parece bastante lógico. Pero algunos estómagos privilegiados pueden con todo. Savater, caso poco común, traga desde los tópicos más tópicos del anticlericalismo o el antifranquismo a las drogas, desde la liberación sexual o la pornografía a la garrulería volteriana o el pacifismo… ¡Y todo le sienta bien, al tío! Su autobiografía, Mira por dónde, deja, a ratos, la impresión de un eufórico chisgarabís encantado de haberse conocido y no lejano de la felicidad perfecta. Y como dista tanto de ser bobo, el lector queda con la sospecha de si no acompañará sus raciones de progresismo con algún antídoto secreto.

El antídoto que en los tiempos remotos del franquismo permitía a los progres mantener una pasable autoestima era la descalificación sumaria de aquel régimen, sobre el cual descargaban todas las culpas, hasta por los disparates o las ineptitudes puramente particulares de los antifranquistas. Por no ir más lejos, así han explicado algunos críticos las deprimentes memorias, tan personales, de Jesús Pardo: “Con un régimen semejante, ¿cómo quieren ustedes que no fuésemos unos completos idiotas?” vienen a decir, los pobres.
Savater no llega tan lejos, pero a veces ha aludido a la ferocidad de una dictadura que incluso llegó a encarcelarlo a él, pese a no ser de los más subversivos. O refiere la muerte del estudiante Enrique Ruano, caído por el hueco de la escalera de su casa, se dijo que empujado por la policía: “Entonces no era infrecuente este tipo de accidentes fatales, en comisarías o durante los interrogatorios. Creo sencillamente que, de un modo u otro, lo mataron”. Esto no concuerda con sus previas apreciaciones sobre el carácter de la policía, y en realidad esos “accidentes” eran sumamente infrecuentes. Yo no recuerdo ahora mismo ningún otro caso, aunque pudo haberlo, aparte del bastante anterior de Julián Grimau. Su excepcionalidad y la poca relevancia política de Ruano vuelven improbable la tesis del asesinato.
También la estancia de Savater en la cárcel, contada por él mismo, ilustra bastante sobre el panorama. Le detuvieron con un centenar más de estudiantes, durante un estado de excepción, y los aglomeraron en unas pocas celdas disponibles en la DGS madrileña. De allí pasaban a prestar declaración. “Uno de los primeros en subir fue José Mari Mohedano (…) al que bajaron luego en no muy buen estado: le habían zurrado (…) Pero José Mari no perdió por eso el entusiasmo subversivo y procuraba aliviar las magulladuras cantándonos coplillas revolucionarias cubanas”. Cuando le llegó el turno, “me interrogaron sin crueldad”. Al volver a la celda, los grises, como se llamaba a los equivalentes de la policía nacional, “se interesaron solícitos por mi estado: ¿qué te han hecho esos? ¿Te han zurrado? Les transmití un parte médico absolutamente tranquilizador”. Ya en la cárcel de Carabanchel, la situación “tampoco carecía de cierto encanto sombrío”. El caso de un joven que se había prostituido le provoca este comentario: “En la cárcel se castiga, pero no se reeduca al adolescente: más bien se les sella para siempre con la impronta de la marginación y la ilegalidad”. En parte es cierto, sólo en parte, y también lo es que no hace falta ir a la cárcel para prostituirse: el viejo negocio ha alcanzado en estos años últimos una dimensión realmente gigantesca.
Luego, “apareció por la enfermería Marcelino Camacho, al enterarse de que allí había dos estudiantes (…) (el otro era un chaval que no pasó por la galería, quizá por algún tipo de recomendación de las que tan útiles resultan en esos casos). Camacho estuvo muy amable y nos trajo naranjas; daba la impresión de moverse por Carabanchel como si fuera el alcaide. Hablamos un poco de la situación, de la necesaria alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura y nos dio noticias alentadoras sobre la revolución en marcha, porque según él se estaban sublevando zonas de Vallecas”.
Savater estuvo un mes en la cárcel, que desde luego tenía muy poco en común con el Gulag o las prisiones cubanas, cuyos creadores tanto encandilaban a Mohedano y a casi toda la oposición antifranquista. No obstante, y dramatizando un poco, asegura: “una vez se ha estado en la cárcel nunca se sale ya del todo”.
El libro Savater describe bastante bien a aquella oposición. Como señala muy adecuadamente, los antifranquistas reales, incluso con actividad moderada, eran escasos. La mayoría de los antifranquistas lo son post Franco, y “se dedicaban entonces al periodismo, a sus carreras, a sus obras de arte, a sus amores y negocios… por lo que no tenían tiempo para hacer política más que en la estricta intimidad. ¡Bien hubieran querido luchar subversivamente, desde luego, pero el resto de sus ocupaciones les impidieron el heroísmo, incluso de cuarta categoría”. La oposición tampoco exigía, por lo común, una dosis excesiva de heroísmo: “Decía Tierno Galván que el franquismo era un totalitarismo suavizado por el incumplimiento generalizado de las leyes; también resultó ser un régimen policial aliviado por la incuria de los funcionarios represivos (…) En el fondo, creo que les daba igual (a los funcionarios) y con razón. Con una oposición militante como la nuestra, el régimen podría haber durado mil años”.
Exagera un tanto Savater cuando, después de esa descripción, afirma: “El franquismo lo fuimos liquidando poco a poco quienes no nos resignamos del todo a su tiranía, como se comprobó al día siguiente de la muerte del dictador”. Lo que se comprobó fue el fracaso de una “democracia orgánica” en la que ya casi nadie creía dentro del régimen, y la lógica evolución del mismo, que la oposición intentó, sin éxito, convertir en “ruptura”.
Como buen progre, Savater flirteó un tiempo con los nacionalismos balcanizantes y cercanos al terrorismo. Por fortuna se desengañó pronto, y con el tiempo pasó a convertirse en un azote del nacionalismo vasco, al cual aplica sin miramientos su aguijoneante y también privilegiada pluma, con una valentía tan poco usual como inesperada. El movimiento creciente de oposición a los fanáticos de Arana y de la épica del tiro por la espalda debe mucho a la argumentación y el ejemplo práctico de Savater. Un día, caminando por San Sebastián, iba él preguntándose: “¿Qué diablos pinto yo aquí, donde no puedo ni pasearme tranquilo sin custodia policial? ¿Por qué no me largo de una buena vez a un sitio más seguro y me dedico a cosas más propias de mi edad, más serenas —incluso más respetables— y menos arriesgadas? En esas estaba cuando al paso, rápida y trémula, se me acercó una señora mayor, es decir, de mi edad. Frené educadamente, claro, y ella me dijo con un suspiro: “¡Ay, profesor, mientras le veamos a usted pasear por San Sebastián sabremos que no nos han dejado solos!”.
Aunque una autobiografía es una exposición, más o menos aguda o sincera, de la propia personalidad, prefiero no entrar en esos vericuetos. El ser humano resulta demasiado complicado para su propia capacidad de comprensión. Quiero decir que aunque nos pasamos la vida juzgando al prójimo, siempre se nos escapan elementos de juicio importantes. Y no digamos cuando nos juzgamos a nosotros mismos.

Fernando Savater, Mira por dónde: autobiografía razonada, Taurus Ediciones,S.A, Grupo Santillana, 2003.

(En La Ilustración Liberal, 2003

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Comentarios (ojo, es el nivel más corriente en el mundillo progre):

La voz Pía
(24 de Octubre de 2003)
1.
Vuelve a los GRAPO hijo puta, de terrorista te pasaste a fascista, ahora éres terrorista de Estado. Bien laboras por el PP.

no creo q el comentario tenga ete fin
(6 de Enero de 2004)
2.
me ha gustado el articulo, el comentario me ha dejado de piedra… le haría falta al lector anterior releerlo, esperando que en el siguiente comentario no insulte a nadie, para que así se le entendiera, al menos un poco.

mereces…
(10 de Octubre de 2004)
3.
dos tiros mereces que te peguen, cabrón. el champán está enfriándose.

¿Dónde está tu autocrítica señor Moa?
(22 de Marzo de 2006)
4.
A lo mejor lo próximo es que digas, Pío Moa, con tan maravilloso criterio como siempre, que en la posguerra no se pasó hambre, que hubo más muertes por el comunismo que por la derecha…Claro que sí…eso sí, admiro el autoconvencimiento que te impones en las cosas que dices, que sólo unos cuantos descerebrados o “fachas” apoyan…se nota que vienes de la generación de nuestro admirable Fraga…eres un franquista liberal?un neofranquista? es que te adjetivo de la misma manera que tú adjetivas a Fernando Savater, el escritor más respetado, inteligente y admirable para mí, de “progre”…Prefiero ser “progre” que ser una pobre y cutre “facha”

Q bonita s la libertad!!!!!!!
(21 de Abril de 2006)
5.
Sencillamente no puedo creer lo q leen mis ojos…q todavía haya personas capaces de decir cosas tan absurdas y con total libertad me hace pensar q estamos en el camino correcto. Recomiendo a este señor q pase de nuevo x la facultad de historia a ver si con una segunda oprtunidad conseguimos q se establezcan nuevas conexiones neuronales y se reorganice el estado interno de su red sináptica. Sería muy saludable xra todos, x supuesto, xro sobre todo xra él mismo.
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Homosexualismo y Tribunal Constitucional

Blog I: Seminario sobre la Guerra Civil y sus consecuencias: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/seminario-sobre-guerra-civil-20140120

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Hace un año y pico en este blog (7-11-2012) , pero con cierta actualidad. Lo del homosexualismo se ha convertido en una especie de piedra de toque de la moralidad  occidental en estos años.

Blog I: Una feminista y el amor (y II) / El euskera, idioma distinguido http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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1.- Los órganos sexuales en el hombre y la mujer son distintos y complementarios. En los homosexuales no, por eso deben buscar otros canales o instrumentos en su sexualidad.

2.- La sexualidad moldea también el cuerpo de forma distinta en el varón y la mujer. El ser humano es probablemente el mamífero con un dimorfismo sexual más acentuado.

3.- La diferencia y complementaridad también se manifiestan en el temperamento y rasgos psíquicos. Los homosexuales suelen fingir en sus relaciones el papel del marido y la mujer.

4.-  En el ser humano, la relación sexual tiende a ser estable (amor) y fértil (procreación y continuidad de la especie). En los homosexuales lo primero es más difícil y lo segundo imposible:  el amor estéril.

5.- La relación  estable y en principio fértil se ha institucionalizado en el matrimonio, algo imposible para los homosexuales, por mucho que finjan papeles masculinos y femeninos.

6.- Tradicionalmente, homosexuales y partidarios del “amor libre” rechazaban el matrimonio. Ahora los homosexualistas intentan desacreditarlo, como a la familia, “igualando”  lo inigualable.

7.-Esa igualación solo puede hacerse trivializando el sexo, sobre la base de que cualquier forma de desahogo (más que satisfación) sexual es igual que otra.

8.- La homosexualidad es un hecho natural, en el sentido de que se da en la naturaleza. Como muchas deficiencias, genéticas o no, que nos afligen, unas u otras, a todos los mortales. Pero natural no significa necesariamente normal o deseable.

9.- La sexualidad, homo o normal, es asunto privado de cada persona y no debe justificar persecuciones.

10.- Deja de ser privado cuando se pretende igualar por ley  cualquier forma de sexualidad, hacerlo motivo de orgullo y “educar” a los niños en tal “sapiencia”. Esto es homosexualismo, que atenta, entre otras cosas,  contra el más obvio sentido común.

11.- Los homosexualistas llevan su desvío hasta tratar de impedir por ley que los homosexuales que quieren cambiar o curarse, lo hagan. Atentando contra los derechos más elementales del individuo.

12.- Los homosexualistas usurpan la representación de todos los homosexuales e intentan perseguir por ley a  quienes los critiquen o  señalen sus peligrosas sandeces. Mientras ellos escarnecen a cuantos no les siguen la corriente.

14.-  El matrimonio homosexual, en fin,  no es ni puede ser más que una parodia malintencionada del auténtico, tal como la sentencia del “tc” es una parodia de la justicia.

14.- La sentencia del “tc” es una tropelía más en la larga serie de ellas cometida por ese “tribunal” desde la sentencia de Rumasa, legitimadora del expolio.

15.- A. Recarte ha advertido que el “tc” no es más que el instrumento de la casta política para cambiar la Constitución saltándose los trámites constitucionales. De la corrupta casta política que ha arruinado al país, añado.

16.- Javier Rubio lo ha sintetizado así: “el “tc” está para hacer constitucional lo que es anticonstitucional”. Al servicio de la casta

17.- Alguien bien documentado debería escribir un libro con las tropelías de ese tribunal contra la justicia, la nación española, la Constitución y la democracia.

18.- La indispensable regeneración democrática debe contar estre sus puntos la eliminación de semejante “tribunal”  y la inhabilitación de quienes han desacreditado la justicia.

 

****http://revista.libertaddigital.com/matrimonio-como-parodia-1276229266.html

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Por una España reconciliada

Blog I:  La situación y los nuevos partidos: http://www.intereconomia.com/blog/situacion-y-los-nuevos-partidos-20140117

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   La invasión francesa de 1808 dejó tras sí un país arruinado económicamente, pero más aún dividido política e ideológicamente. No una simple división entre liberales y tradicionalistas (aunque su tradicionalismo fuera más francés que español) sino entre los propios liberales, un “detalle” al que no suele prestarse la atención debida. El conflicto carlista-liberal se solucionó de forma casi definitiva en una dura y larga guerra civil (las otras dos fueron insignificantes, por comparación), mientras que las pugnas entre liberales, que empezaron llamándose moderados y exaltados, salpicaron al país de pronunciamientos y golpismo hasta desembocar en una república delirante. La Restauración resolvió los dos conflictos, y  si hubiera logrado el necesario apoyo intelectual, es probable que el siglo XX hubiera sido mucho más tranquilo y productivo, máxime cuando aquel régimen supo eludir la terrible trampa europea de la I Guerra Mundial.  

  Pero el Desastre del 98 metió al país en una profunda crisis moral no menos grave que la derivada de la invasión napoleónica: ahora tomaron impulso nuevos movimientos, hasta entonces testimoniales o poco más: los utopismos socialista y anarquista, y los separatismos vasco y catalán. Estos últimos producto de una confusa amalgama de antiliberalismo –en buena parte clerical-tradicionalista, pues Cataluña y Vascongadas habían sido las regiones más carlistas–   y racismo, un racismo particularmente estrafalario, pero no por ello menos intenso. No es dato nimio que el antiliberalismo se transformase en hispanofobia,  extendida también al anarquismo y al socialismo.

   La liberal Restauración, de constitución bastante flexible, pudo haber afrontado estos retos, y de hecho resistió su agitación, a ratos brutal, durante un cuarto de siglo. Sin embargo quedó gravemente herido por la defección de los intelectuales. Menéndez Pelayo llegó a ser, para enfado de los tradicionalistas, el intelectual más  conspicuo de aquel régimen y casi en solitario, mientras que el regeneracionismo proponía una visión extremadamente negativa de la historia de España, unida a un rechazo visceral del una Restauración en la que y de la que vivían sus adalides, como Costa, Ortega, Unamuno, Azaña, etc. Y un régimen sin suficiente respaldo intelectual, y por tanto moral, pierde su espinazo.

    La hispanofobia fue, pues,  el común denominador de todos aquellos movimientos, como he expuesto en España contra España. Hispanofobia contra el país real e histórico, caricaturizado ferozmente, aunque al mismo tiempo muchos le opusiesen una España tan ideal como irreal,  forjada con ensueños ideológicos de poca altura, mezclados con un europeísmo vacuo y poco acorde con las realidades europeas.  Todo ello culminó en una segunda república en la que, como disgnosticaba el diario El Sol  a finales de 1935, nada común unía a los españoles; o como lamentaría Azaña durante la guerra, no había en su bando la menor solidaridad o conciencia nacional.

    La discordia entre los españoles fue resuelta de modo bastante satisfactorio por el franquismo. La reconciliación se produjo ya en los años 40, y si algo lo demuestra con claridad es el fracaso del maquis en una situación objetiva tan favorable a él. Los hijos del desastre del 98 –socialismo, anarquismo y separatismos– desaparecieron prácticamente, y el comunismo se sostuvo, pero marginalmente. Salvo mínimos círculos irreconciliables,  el régimen pudo afrontar las muy difíciles circunstancias de los años 40 y 50,  e impulsar  luego un desarrollo económico sin precedentes –ni consecuentes–, gracias a una sociedad básicamente reconciliada, estable y patriótica. Ello solo empezó a cambiar, y precisamente en los años de mayor prosperidad y liberalización del régimen, por efecto en gran medida del cambio de orientación de la Iglesia, cambio al que van ligados un progresivo auge del PCE, de la ETA y los separatismos, cosa que no suele recordarse ni analizarse.

   Aun así, cuando llega la transición, España sigue siendo muy mayoritariamente una sociedad reconciliada, con olvido de los feroces odios de la república y el Frente Popular. No es, como pretende una interpretación  superficial o falsaria,  que la transición reconciliase a los españoles, sino que la reconciliación previa permitió la transición. Este dato fundamental permite entender cómo el cambio se produjo gradualmente y sin graves traumas, a pesar de dirigirlo unos políticos como Suárez, Juan Carlos, Felipe González y tantos más, cuya extrema mediocridad construyó, de todas maneras, una democracia igualmente mediocre  y deficiente, sembrada de minas.

    Desde entonces, y por medio de una falsificación histórica que he denunciado a menudo,  el espíritu patriótico y reconciliado ha sido corroído activa o pasivamente por la mayoría de los partidos, cuya corrupción , frivolidad e incompetencia han llevado al país a una situación en la que resurgen los viejos demonios, amenazando todo lo logrado anteriormente. La hispanofobia campa de nuevo por sus respetos,  a menudo disfrazada de antifranquismo, tal como en la Restauración se disfrazaba de antiliberalismo.  Y nuevamente se impone la necesidad de sanar esa especie de enfermedad moral, lo que solo puede hacerse por medio de una intensa, tenaz y prolongada campaña de aclaración contra el enorme amasijo de falsedades, enredos e irracionalidad que han convertido la política española en una farsa siniestra y cada día más peligrosa. Porque la falsedad sobre el pasado envenena el presente con odios  que solo pueden superarse investigando, exponiendo y defendiendo  la verdad.

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¿Por qué hay revoluciones? / Generación del 68

¿Por qué hay revoluciones?

Blog I: Los éxitos económicos de los años 40 / El secreto del antifranquismo:

http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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En La Europa revolucionaria, Payne aborda esta cuestión crucial: ¿por qué se producen las revoluciones, en general, y por qué la primera mitad del siglo fue “no solo la de la más generalizada violencia internacional en la historia de Europa, sino la de mayor conflictividad interna” o revolucionaria? A su juicio, fueron diluyéndose al final de ese período los factores que alentaron tanto conflicto: “virulencia nacionalista, rivalidad entre imperios o aspirantes a imperios, ideologías basadas en el vitalismo y el conflicto y competencia económica entre regímenes autárquicos”. ¿Cómo interpretar aquellos explosivos años?

Se han solido examinar las revoluciones, guerras civiles o guerras internas desde dos puntos de vista. Uno sería el sociológico (unas estructuras socioeconómicas en crisis por diversas razones) y otro el conductista o psico-político (un cambio en la mentalidad, “una revolución mental” según cita de Jonathan Israel). Dos enfoques en parte contradictorios, pero que también pueden considerarse complementarios, aunque habría que explicar con claridad de qué modo se complementan. Así, una explicación ingenua, pero muy extendida, atribuía las revoluciones al hambre o la catástrofe económica. Más compleja, pero con el mismo fondo, es la interpretación marxista, aún muy influyente. Sin embargo, señala Payne, ya Tocqueville observó que el descontento revolucionario ante el Antiguo Régimen en Francia era mayor precisamente en los sectores que habían registrado más mejoras. De lo que ha derivado la tesis de que el factor determinante sería el crecimiento de las expectativas sociales ante un freno momentáneo de ellas. Por otra parte, emprendida la revolución se hace imposible volver al pasado porque, advirtió De Maistre, las revoluciones engendran reacciones que son en realidad nuevas revoluciones de signo distinto.

La idea implícita es que la revolución y la guerra civil se oponen a una estabilidad “normal” o al menos alcanzable, pero creo que ninguna sociedad humana es realmente estable ni puede serlo, aunque las doctrinas utópicas lo teoricen y crean posible. Una sociedad tal se parecería más a la de las hormigas o abejas que a la de los hombres. En estas últimas, la profunda individuación y alejamiento del instinto crea corrientes internas en conflicto de intereses, sentimientos, aspiraciones y personalidades. Las guerras internas y externas, tan numerosas a lo largo de los siglos, no son un fenómeno excepcional o anormal, sino tan normal como las paces y los períodos de (relativa) calma. Creo que desde este punto de vista, aunque necesitado de mayor elaboración, pueden enfocarse mejor estos fenómenos.

La estabilidad tiene un coste de contención para las corrientes sociales que a menudo se juzga excesivo y da lugar al choque violento. A su vez, los daños de este choque han llevado a buscar formas de impedirlo, bien sea mediante un poder despótico, visto como mal menor, o mediante una ley más o menos aceptada, pero siempre con auxilio de la violencia institucional. En tiempos históricamente recientes, el sistema demoliberal ha sido el más exitoso en la canalización del conflicto interno, y hasta podría pensarse que las oleadas de violencia revolucionaria después de la Primera Guerra Mundial y poco antes de la Segunda, tienen que ver con profundas crisis de la democracia liberal, la primera porque la guerra del 14 se libró entre regímenes básicamente liberales, y la segunda por la depresión mundial a partir de 1929.

Ciertamente, para que una parte de la sociedad se rebele es preciso que se generen unas expectativas de lo que entienden los interesados como una mayor justicia, o simplemente de triunfo sobre un poder al que se cree débil y caduco. Pero aquí entra otro factor imposible de cuantificar: la impronta de los líderes. Así, es muy difícil imaginar la Revolución bolchevique sin Lenin (la mayoría de los líderes de su partido se oponía), el rechazo de la paz entre Inglaterra y Hitler sin Churchill (la paz estuvo cerca de producirse) o la victoria de los nacionales sin Franco (el propio Mola estuvo a punto de abandonar la partida ante el fracaso inicial). La Alemania posterior a 1918 sufrió tensiones sociales muy graves, pero, observa Payne, “no hubo un Lenin alemán”.

Por esto, aunque podemos examinar a posteriori los factores que intervienen en una revolución y señalar cada uno de ellos, es mucho más difícil analizar las relaciones e interinfluencias entre todos ellos, e imposible utilizar esos estudios para predecir cuándo habrá una revolución o guerra civil y cuando no. No es esta una verdadera discrepancia con el libro de Payne, solo algunas consideraciones a partir de él.

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La (de)generación del 68http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/la-degeneracion-del-68-4365/

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Cervantes y Andy Warhol / Albergues para caminantes

Blog I:  Destrucción de archivos / Insistiendo en el desplazamiento del español: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Héroes de nuestro tiempo

Cervantes y Andy Warhol

   Estimados alumnos, a ver si os voy desasnando para que no andéis a tumbos por la vida. Habéis pagado una pasta por este seminario y no quiero que os vayáis protestando que no os ha servido para nada. En la vida hemos de buscar siempre criterios para conducirnos, y para conducirnos correctamente debemos aprender a valorar las cosas y las personas, de otro modo iremos de culo. Pues bien, no hay criterio más objetivo y serio que el del dinero. Siempre oímos decir que para gustos  se pintan colores, y es verdad, cada uno tiene su opinión sobre esto y aquello, y no hay modo de ponerse de acuerdo; pero cuando interviene el dinero como unidad de medida, se acabó la discusión. No creo exagerar si afirmo que la medida del éxito en la vida es la cantidad de dinero que una persona gana a lo largo de ella. Cierto, hay otras muchas cosas en la vida, lo admito,  pero a la hora de la verdad, todas dependen de euros, dólares o la moneda que sea. Todos queremos divertirnos, y la diversión es uno de los máximos objetivos de cualquier vida humana,  sólo hay que ver lo mucho que gasta en ella todo el mundo, el inmenso volumen de negocio que mueve en el mundo. Ahora bien, seamos realistas:  si no hay pasta, no hay diversión. A lo mejor a algunos de ustedes les interesará culturizarse, pero para eso debe comprar libros, discos, asistir a cursos… qué sé yo… ¿y cómo va a hacerlo sin unas finanzas saneadas? O si quiere viajar por placer, o para conocer los centros comerciales de otras ciudades del mundo… En fin, siempre en definitiva llegamos a la cuestión primordial, la cuestión económica. No por nada un profundo pensador lo expresó en una frase magistral en su sobriedad: “La economía lo es todo”. El dinero es la clave de la vida, de una vida lograda, y lo explicaré con dos ejemplos para que lo entendáis mejor.

   Tomemos  a Cervantes. Sin duda fue un hombre equivocado desde la cuna a la tumba. Anduvo de acá para allá, en oficios de poca monta y sin hacer nada o casi nada de provecho. Anduvo de soldado ganando cuatro perras, y eso cuando recibía el salario, y ¿qué sacó? Quedarse manco e ir a parar de esclavo en el norte de África, donde  le pagarían sus trabajos con palizas. Vuelto por milagro a España, siguió con la misma tónica. Tuvo su oportunidad recaudando dinero para el estado, y parece que algo logró, el riesgo es connatural a la ganancia, pero lo hizo con tal torpeza que lo descubrieron y fue a parar al trullo. ¿Qué más se puede decir? Toda su vida fue por el estilo. Se dedicó a la literatura  otra mala elección, porque en aquellos tiempos nadie se hacía rico así… Y sí, no voy a negar lo, escribió alguna obra de mérito, El Quijote y todo eso… Está claro que el Quijote  ha movido mucha pasta a lo largo de varios siglos, más de cuatro y más de cuarente se habrá forrado con esa obra, pero a Cervantes apenas le sirvió de nada, siguió siempre en la pobreza o a un paso de la pobreza.  Componer esos libros fue para él un esfuerzo absolutamente poco rentable, un despilfarro de recursos. Otros lo han aprovechado, sí, vale, pero eso no impide reconocer que Cervante fue un pringado, con una vida lamentablemente malograda que solo puede servir de modelo a tontos sin remedio.

   Pensaréis que con esto estoy descalificando a la literatura, al arte en general, como una opción equivocada, pero no es así. El arte puede producir grandes beneficios, y os pondré el ejemplo de Andy Warhol, figura gigantesca del arte pop, que renovó la percepción artística de la segunda mitad del siglo XX y con el cual  Warhol se forró literalmente. Él mismo explicó inmejorablemente su filosofía: Making money is art, and working is art and good business is the best art….Todos domináis el inglés, ¿no? ¿Algunos no? Pues ya podéis espabilar, porque sin el inglés no vais a ningún sitio en el mundo de hoy, muchachos… En fin, os lo traduzco, sin que sirva de precedente. En dos palabras, “Hacer dinero es arte, trabajar es arte y no hay mejor arte que los buenos negocios”. Ese sabía vivir, sabía lo que realmente importa en nuestra corta existencia y no la desaprovechó lamentablemente como nuestro pobre  manco de Lepanto. Aunque  sufriera algún contratiempo, como con aquella feminista chiflada que casi lo mata, pero ¿quién no tiene algún contratiempo en un momento u otro? En todo caso, Andy supo explotar a fondo su arte, hacerse millonario,  demostrando con ello un talento verdadero,  en fin, no como el pobrecillo Cervantes. ¡Es que no hay color!  Alguno de vosotros lo mismo pone objeciones, lo mismo sale con que el  Quijote vale más artísticamente que los cuadros  y composiciones de Warhol. Y yo os digo, ¿ah, sí? ¿Y cómo medís vosotros el valor artístico? Cada experto, cada crítico, tiene sus gustos y sus varas de medir y nunca coinciden del todo. ¿Cómo os decidís por uno u otro?  Así que volvamos al principio y dejémonos de metafísicas, muchachos. Solo tenéis una vida por delante y debéis aprovecharla. Y os digo lo siguiente: si no tenéis arte para haceros multimillonarios como nuestro excelente Warhol, no  todo el mundo puede hacerlo,  por lo menos no os distraigáis con historias románticas y dedicad todo vuestro esfuerzo a conquistar una posición desahogada. De otro modo seréis un completo fracaso. No digáis que no os lo he advertido.

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Señor Moa:

  He leído que usted proponía crear una red de sendas en España que siguiera las calzadas romanas, una idea excelente, me parece. ¿Hay algún avance en eso? Por mi parte, creo que una buena red de sendas, como siguiendo la Vía de la Plata sobre la que ha escrito usted un libro, podría poblarse cada cierto trayecto con albergues que combinarían dormitorio, taberna (leí su encendido elogio de la taberna en su libro) y una pequeña biblioteca con libros referentes a viajes, peregrinaciones y demás. Esto sería maravilloso, y podría dar lugar a una cultura particular, por ejemplo a una culinaria de las sendas, vestimenta, etc. ¿Lo cree usted posible?  Luis Pérez Brown.

Posible sí es, y la idea me parece muy buena. De avances en la idea primitiva, nada de nada. La expuse hace años  con la esperanza de que llegara a personas  con capacidad  de hacerla realidad, pero la respuesta ha sido un silencio total. El país está demasiado absorto en las aventuras de Belén Esteban, Pilar Rahola, el ministro del Interior, Mas,  etc., para perderse en estas menudencias.

 

 

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