Propiedad, desigualdad e intercambio / Cementerios españoles en Rusia

Blog I: Lecciones de Afganistán / “Alguien como Putin”: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Propiedad, desigualdad e intercambio.

El intercambio implica propiedad, pues solo se intercambia lo que se posee.  Este es un dato propiamente humano, pues nos diferencia de los animales, incluso los más próximos, en los cuales solo encontramos esbozos muy primitivos de tal cosa.  La propiedad viene a ser una extensión prescindible de la propia persona (puede que, en casos como la esclavitud por deudas o por penuria absoluta, una persona se convierta, totalmente, en un bien propiedad de otras).

La propiedad puede ser personal y colectiva, y ambas han  existido seguramente desde el comienzo de la humanidad, siendo un signo distintivo de esta. La propiedad aparece como un hecho natural –natural al ser humano—que sería regulado por la costumbre y con el tiempo por el derecho. El hombre no puede vivir sin propiedad,  y desde el principio dispondría cada cual de vestidos,  instrumentos, armas, objetos de lujo etc., difíciles de compartir y obtenidos ya por fabricación propia, ya por intercambio con otros bienes dentro o fuera del grupo. Habría también la propiedad colectiva de una extensión de caza y recolección, de las cuevas, cabañas y refugios grupales. En un sentido más amplio, el individuo considera propiedad suya el propio grupo en el que y del que vive, y a la vez se considera propiedad suya. Ello se muestra hoy claramente en el sentimiento patriótico: el individuo considera como propia su patria, y al mismo tiempo se ve como propiedad de ella, de la que ha recibido la lengua, la cultura, las costumbres, la propia existencia que le hacen sentirse él mismo y “en casa”. Por la subsistencia de la patria está dispuesto a menudo a arriesgar su propia vida. .

Cierta tesis sostiene que la propiedad es un robo y el origen de las desigualdades y males sociales. Pero en el ser humano existen de forma natural profundas desigualdades de fuerza, destreza, inteligencia, voluntad, inclinaciones, sentimientos,  etc.,  y la propiedad va de un modo u otro ligada a  dichas desigualdades. Así, la propiedad individual o colectiva es connatural al ser humano, ya que sin ella se hallaría desvalido frente a la naturaleza. El ataque a la propiedad suele centrarse en la propiedad de la tierra, venero fundamental de la riqueza. Se dice, por ejemplo, que el primer hombre que declaró “esta tierra es mía particular”,  cometió un crimen y debió ser condenado a muerte por los demás. Parece que, primitivamente, la tierra sería común a todos, pero se trata de una ilusión. Seguramente un grupo consideraría común una extensión determinada en la que ejerciera la caza y recolección, pero difícilmente vería con buenos ojos la intrusión de  otro grupo en su terreno. Además, los grupos más fuertes buscarían, como evidencia la historia, apoderarse de terrenos más extensos a costa de otros más débiles. Han existido asimismo el nomadeo y las migraciones (la historia humana es en buena parte una historia de migraciones) motivadas por necesidades de subsistencia –es decir, de apropiación–, pero también por otras muchas causas. Pues el deseo de conocer y dominar nuevas tierras, la ambición de poder, incluso de aventuras sin motivación económica directa, están sin duda arraigados en la condición humana. Si definimos la economía como el estudio del intercambio, queda claro que este, realizado de forma pacífica, sería la conducta natural y propia del hombre y no daría lugar a grandes migraciones, salvo catástrofes naturales, ni a conflictos con los vecinos. Pero no es esa la única motivación de los seres humanos, como muestra la experiencia.

La apropiación individual de la tierra surge, probablemente, como efecto del paso de una economía de caza y recolección a otra agraria. Durante un tiempo, la tierra debió de ser cultivada en común y sus frutos repartidos más o menos por igual, pero antes o después llegó la propiedad particular, aunque se conservaran parcelas más o menos amplias de  propiedad comunal. La razón de este cambio no es fácil de dilucidar, pero nació probablemente de la propia desigualdad humana en cuanto a destrezas e inclinaciones, de la división del trabajo y de las diferencias de poder entre unos y otros miembros del grupo. También debió de tener relación  con la expansión de la esclavitud, cuando los grupos más fuertes pudieron considerar propiedad suya a los más débiles, al modo del ganado,  y dedicarlos a las tareas más duras o más serviles. Durante siglos, el comercio de esclavos ha sido una actividad sumamente lucrativa en el plano económico. Pero realmente nunca hubo una edad “dorada” en la que todos por igual producían y se repartían los frutos de la tierra.

La opresión y la explotación de unos por otros han sido consecuencias, amargamente resentidas por sus víctimas, de la natural desigualdad humana,  y ha sido necesario un larguísimo esfuerzo moral por mitigarlas, sin que nunca lleguen a desaparecer. El hombre no es un lobo para el hombre, pero tampoco un ser lleno de benevolencia y amor, entre otras cosas porque su relación con la naturaleza, con la supervivencia, le impone una actitud de lucha y esfuerzo, de defensa a ultranza del grupo en el que puede desarrollarse. Y no siempre la benevolencia y buena intención han rendido frutos comestibles: el bien y el mal están mezclado de forma inextricable en la conducta humana.

El marxismo ha criticado especialmente lo que llama “apropiación privada de los medios de producción”, pero esa apropiación existió, seguramente, desde el principio. Suena dudoso que quienes dispusieran de mejores instrumentos o armas, por haberlos construido ellos o por intercambio, los compartieran sin más con todos sus compañeros, salvo casos especiales en que convinieran  a la subsistencia del grupo. Además, la que Marx llama clase capitalista o burguesía, no se apropia de medios productivos previamente existentes, sino que los crea ella con su riesgo e inventiva.

La propiedad particular, en fin, no es la causa de la desigualdad, sino una manifestación de ella. Y un efecto de la propiedad es el intercambio, es decir, el comercio o, en suma, la economía. Esta no se refiere solo ni principalmente a la disposición de bienes escasos, sino a su desigual propiedad e intercambio. Un intercambio que aspira a efectuarse entre iguales, sin conseguirlo nunca del todo.

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Recuperación de restos de españoles en Rusia:

La Fundación Cultural Istolacio, la Asociación de Desaparecidos en Rusia y el Foro de Amigos de la División Azul son organizaciones altruistas y sin subvención oficial alguna.

Este año, como en otros anteriores, componentes de las mismas se desplazaron a Rusia para tratar de localizar cementerios de campaña de soldados españoles que lucharon y cayeron en las filas de la DIVISIÓN ESPAÑOLA DE VOLUNTARIOS CONTRA EL COMUNISMO, popularmente conocida como LA DIVISIÓN AZUL.

Las vicisitudes de la guerra hicieron que hubiera cementerios organizados, y en consecuencia fácilmente localizables e identificables en ellos los restos de los caídos. Otros cementerios son de circunstancias, son más pequeños y están más dispersos, generalmente próximos a carreteras o pequeñas poblaciones. Por último, aquellos que cayeron en campo enemigo, y fueron enterrados por estos de forma sumaria y de los que se tienen muy poca información.

Estas organizaciones buscan que todos estos soldados tengan una sepultura digna, pues en las circunstancias actuales están en peligro de ser destruidas por la expansión urbanística, ensanchamientos de carreteras, tendidos eléctricos o  canalizaciones 

Y también hacen las gestiones necesarias para repatriar a todos aquellos que sus familiares reclamen, para que así descansen en el panteón familiar.

Todo ello dentro de un espíritu cristiano, que no sigan fuera de un camposanto, y sin ninguna cruz que presida su tumba. Y desde el punto de vista castrense español de no considerar a ningún soldado anónimo pues todos nacieron y vivieron en el seno de una familia y tuvieron amigos y compañeros. Es solo un problema nuestro de identificación, en el que también están empeñadas estas organizaciones.

Es de destacar en este viaje, y en todos los anteriores, el respeto y el cuidado que tiene el pueblo ruso y sus autoridades (políticas, religiosas, veteranos, etc) con sus cementerios de guerra y caídos. Verdaderamente ejemplar, y dignos de imitación.

Lo que es más loable y emocionante, es que ese respeto lo extienden a los restos de los soldados de sus antiguos enemigos (incluidos los españoles). Para lo que colaboran de forma desinteresada, contribuyendo a la localización, identificación, y traslados de cementerios y tumbas de los soldados españoles.

La tradición militar española rinde todos los días homenaje a sus muertos en el toque de oración, al ocaso del sol, y también en todas sus paradas (patronos, aniversarios, etc.) a los caídos “en todos los tiempos” y no solo a los últimos.

Lamentablemente la contribución de las autoridades españolas (al contrario de las rusas) no se puede considerar ejemplar. Primero por su total e inexplicable inhibición. Segundo por su falta de colaboración, cuando ha puesto toda clase de obstáculos, como el hecho indigno de pedir dineros a los familiares por repatriar a los restos de sus seres queridos.

Asimismo las Órdenes Militares deben saber y ser consecuentes con los caídos que tienen abandonados en el campo, sobre todos héroes laureados, medallas militares individuales, San Hermenegildo, etc. No solamente de esta campaña, sino de otras más antiguas y recientes.

Toque de oración: http://www.youtube.com/watch?v=aU34j1_haj4

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Franco: del Mediterráneo al Ebro /La “moderación” de Prieto.

 Blog I: Quiénes deben afrontar la crisis / Empresas políticas de Azaña y Prieto: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Hemos visto, pues, cómo la situación el norte de los Pirineos y sus expectativas influían en la estrategia de Franco, que no podía ser meramente militar, y que condicionaban sus decisiones sobre el terreno. Así, el giro hacia el sur, hacia Valencia, después de llegar al Mediterráneo,  era menos prometedor en el plano militar que el giro hacia el norte, hacia Barcelona, pero menos comprometido en la situación europea. Además demostró ser una empresa muy difícil, a causa de la dura resistencia izquierdista, en parte inesperada después de sus duras derrotas en anteriores desde Teruel: de nuevo, como al llegar ante Madrid en noviembre de 1937, el ejército rojo demostró su capacidad de reacción y resistencia, haciendo lentos y costosos los avances de los nacionales  contra Valencia.

En compensación,  los anteriores fracasos del Frente Popular dejaron claro a la mayoría de sus dirigentes que la guerra estaba perdida, y  así aumentó el derrotismo y las maniobras de azañistas, separatistas y otros, para salvarse de algún modo. Los separatistas vascos y catalanes, una vez frustrados sus tanteos con los fascistas y los nazis, centraron sus esfuerzos en ofrecer a Francia e Inglaterra un práctico protectorado sobre sus regiones a cambio de una paz separada. Los republicanos de izquierda intrigaban a su vez con Londres y París, y parece que Prieto ofreció a Londres  la ría de Vigo y las bases de Cartagena y Mahón si Inglaterra decidía involucrarse y  asegurar el triunfo izquierdista. El 18 de julio de 1938, en el segundo aniversario de la guerra,  Azaña lanzaba su célebre mensaje, desgraciadamente extemporáneo y oportunista, hablando de “paz, piedad, perdón”, a las que tan poco había contribuido hasta entonces. Naturalmente, Negrín y los comunistas interpretaron aquellos manejos como las proverbiales ratas que huyen al hundirse el barco.  Ellos, en cambio, no lo daban por hundido aún, depositaban sus esperanzas en la guerra europea que veían próxima, y además tenían el control real, político y militar, en su zona. Así, obraron inteligentemente por dos vías con sus desleales aliados. En abril trataron de involucrar a las potencias extranjeras en una paz negociada (los famosos 13 puntos de Negrín), para demostrar “buena voluntad” y al mismo tiempo procedieron a amedrentar a los derrotistas mediante amenazas, movilizaciones y exhibiciones de fuerza. Los trece puntos eran una maniobra claramente distractiva y no tuvieron el menor éxito, pero el amedrentamiento sí funcionó, aunque no frenó  del todo a los derrotistas. Y al mismo tiempo Negrín y los suyos hicieron un esfuerzo ímprobo para reclutar nuevas tropas y  les impusieron un reglamento realmente de terror. Y  el consejero soviético Orlof “sugirió” al ministro de Defensa, Prieto, la constitución del SIM, una despiadada policía política que inmediatamente cayó en manos de los comunistas, quienes lo utilizaron no solo contra la “quinta columna” sino para tener bajo un férreo control a sus cada vez más asustados socios del Frente Popular.

El resultado de todas estas medidas fue la gran sorpresa de la ofensiva del Ebro, que puso nuevamente a prueba a las fuerzas nacionales y demostró la peligrosidad de sus enemigos, vertebrados por los comunistas. El envite fue mucho mayor que en Teruel, y  en principio pudo estrangular la penetración  nacional hacia Valencia o provocar la retirada de esta. Algunos  tratadistas, desde un punto de vista estrechamente militar, han criticado como falto de sentido tanto el ataque rojo, ya que no podía aspirar a conseguir sus fines  (pero esto es muy subjetivo), como el contraataque nacional, que dieron lugar a la batalla más prolongada y sangrienta de la guerra, casi cuatro meses entre finales de julio y mediados de noviembre.

Pero los rojos no pensaban solo en la posibilidad de una ofensiva victoriosa, sino en prolongar la lucha demostrando al mundo que distaban de estar acabados. Máxime en unos meses en que la situación europea se ponía al rojo vivo por la reivindicación alemana de los Sudetes.  No es probable que creyeran en una gran victoria, pero sí en enlazar la guerra de España con la europea, inminente, según creían muchos.

Para Franco, en cambio, se presentaba la oportunidad, también arriesgada, de aplastar allí al mayor ejército que sus enemigos habían puesto en pie, dejando de paso maduras para caer a las tres provincias catalanas. También consideró el grave peligro de que el problema europeo repercutiese en una intervención francesa, y así en el momento álgido de la crisis de Munich (concluida a finales de septiembre) declaró su neutralidad en  caso de guerra entre Alemania e Italia por un lado,  y Francia e Inglaterra por el otro. Como finalmente cumpliría. Su declaración ocasionó un serio disgusto en Roma y algo menor en Berlín. De esta manera echó por tierra una baza con la que jugaba insistentemente el Frente Popular.

La batalla del Ebro resultó muy costosa para las dos partes, pero mucho más para el bando rojo, el cual, como se vería, quedó efectivamente sin ulterior capacidad de resistencia en Cataluña, a pesar de los últimos y desesperados intentos de Negrín y los mayores envíos soviéticos de armas durante toda la guerra. Y ante la cesión de las democracias a Hitler en Munich, la ofensiva nacional hasta los Pirineos catalanes ya no entrañaba ningún serio riesgo político  ni, por tanto, militar.

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La moderación de Prieto (En LD,  15-3-2007)

Cuenta Ansón que Prieto fue un político realista y moderado. ¿Lo fue realmente? A la cabeza se vienen enseguida algunas frases magnánimas y pacificadoras del personaje, pero también los hechos, los duros hechos.

En la crisis de la bolchevización del PSOE en 1933-34, Prieto no tomó partido por el legalista Besteiro, sino que contribuyó a liquidarlo políticamente, en alianza con Largo Caballero. Preparó con este la guerra civil y la intentó en octubre del 34. Ideó el putsch a lo Dollfuss con el que, imitando el golpe nazi en Viena, quería eliminar a los gobernantes legítimos. También propuso sabotajes para dejar a Madrid sin abastecimiento de agua.

Fracasada la insurrección, contribuyó como quien más a la campaña de infundios sobre la represión de Asturias, la cual envenenó al pueblo español y le predispuso para la guerra civil, a la que en 1934 solo habían estado dispuestos los dirigentes socialistas, comunistas y nacionalistas catalanes. Organizó con Azaña una coalición demagógica y antidemocrática, que derivó rápidamente hacia un Frente Popular de estilo soviético, ya antes de reanudarse la guerra en julio del 36. Formó un grupo de pistoleros guardaespaldas, “la Motorizada”, que sembró el terror durante la repetición de las elecciones en Cuenca, deteniendo arbitrariamente a personas de derechas para impedirles votar. Fueron sus guardaespaldas y policías ligados a él quienes organizaron el secuestro y realizaron materialmente el asesinato de Calvo Sotelo.

Durante la guerra, Prieto tomó parte en el envío del oro a Rusia, se alió con los comunistas para defenestrar a su antes amigo Largo Caballero, participó en la corrupción organizada por su partido con las compras de armas –corrupción que pagaban los propios soldados socialistas en el frente– y organizó el siniestro SIM a sugerencia de Orlof, el representante del NKVD soviético, y a imagen y semejanza de este. Hay indicios sólidos de que, cuando se desengañó de los soviéticos, quiso atraerse a los ingleses ofreciéndoles a cambio de su ayuda la ría de Vigo y Menorca… Y al terminar la guerra, y por no entrar en más detalles, birló a Negrín el tesoro del Vita, saqueado a su vez al patrimonio artístico e histórico español y a miles de particulares, incluyendo personas humildes; y con ese tesoro prosiguió su labor corruptora.

A Prieto le ha tratado muy bien la derecha, desde los falangistas a los monárquicos, y todo porque, en su oportunismo sin límites, el jefe socialista les hizo algún favor alguna vez. Lo pintan incluso como el gran ministro de Hacienda que no fue. Para Ansón, lo que parece pesar decisivamente en la balanza es que, en su ilimitada vocación intrigante, Prieto buscara el pacto con los monárquicos contra Franco, después de la guerra. Comparado con ese mérito, ¿qué es todo lo demás?

Pasa aquí algo semejante a lo ocurrido con Negrín: sus partidarios encuentran perfectamente aceptable su corrupción, su prolongación inútil de la guerra, su intento de multiplicar el número de víctimas enlazando con la guerra mundial, sus ilegalidades constantes, su servicio a la política de Stalin, incluso su brutal represión de las izquierdas desafectas… Nimiedades, según parece, comparadas con su mérito sin par: ¡todo lo hacía para derrotar a Franco!

Es una forma de escribir la historia. Reduciéndola a una farsa idiota, claro. A quien nunca reivindican tales “demócratas” es a Besteiro, el dirigente realmente moderado del PSOE.

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¿Una vida sin finalidad? / Salida a la crisis económica

Blog I: “Recuperar España” . Posibilidades http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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¿Una vida sin finalidad?

La noción de sentido está ligada a la de finalidad, y es esencial en la vida humana. Todo lo que hacemos conscientemente, lo hacemos para algo, y puede definirse la perturbación mental como pérdida de sentido de finalidad o inadecuación entre la conducta y los fines.

Por otra parte, cuando el resultado de nuestros actos satisface la finalidad perseguida, tenemos una sensación de placer, o de éxito,  de satisfacción en cualquier sentido, o de felicidad. Pero nuestra vida está llena de éxitos que conducen al fracaso, de placeres que anteceden el dolor, etc.  Y también ocurre al revés. Asimismo, muchos éxitos no dependen tanto de nuestro esfuerzo como de azares imprevisibles. Teniendo en cuenta estos condicionantes, sorprende la  extraordinaria potencia del sentimiento del yo, que tiende a considerarse imprescindible y situarse por encima de todo.

La vida corriente se presenta así como una selva o laberinto donde hemos de desenvolvernos con la  vista puesta en las consecuencias y en el medio o largo  plazo, más que en los placeres o éxitos momentáneos.  Creo que ahí se encuentra la base de la moral: una línea de conducta no ya para los sucesos de cada momento, sino para la vida en su conjunto, suponiendo que en determinadas circunstancias, muchas renuncias  momentáneas  traerán recompensas mayores o una mayor felicidad. El equilibrio entre renuncias y aprovechamientos de la ocasión es sin embargo difícil.

Por analogía con las finalidades que dan sentido a nuestras acciones cotidianas,  tendemos a pensar que nuestra vida, en su conjunto, debe tener asimismo una finalidad, esto es, un sentido (Creo recordar que uno de los “panteras negras”,  Eldridge Cleaver o George Jackson, escribió sobre su sorpresa al constatar que nadie sabía para qué estábamos aquí, habiendo dado antes por hecho que algunas personas más enteradas sí lo sabían). Y la moral debe de expresar ese sentido de alguna manera. Pero aquí encontramos una dificultad: así como cada cual entiende y decide la finalidad de sus actos conscientes (tenga éxito en ellos o no), ¿quién podría decidir la finalidad del total de nuestras vidas? ¿Quién o qué les daría ese sentido que nuestra psique exige? No podemos ser nosotros mismos los jueces, ni cada uno ni todos juntos. A menudo oímos a  políticos o intelectuales afirmar que debemos “hacernos dueños de nuestras vidas” de “nuestro destino”, de “nuestro porvenir”, etc. Es difícil concebir majadería mayor. Y sin embargo expresa un profundo anhelo humano, y por eso tiene tanto efecto en la gente poco reflexiva, a la que suele llevar a desastres mayores o menores. Ni nuestra venida al mundo, ni la época y el lugar o la familia en que hemos nacido, dependen de nuestra elección o voluntad; ni dependen de nosotros una multitud de sucesos, relaciones con otras personas, casualidades etc., que sin embargo tienen un peso decisivo en nuestras trayectorias vitales, y ante los cuales nuestra decisión suele contener muchos errores; ni morimos, salvo excepciones,  porque queramos, más bien al contrario. Por tanto es evidente que lo principal, el fondo de nuestras vidas escapa a nuestra elección.

Así, nuestra vida está claramente determinada por  fuerzas que nos superan por completo, si bien dentro de esa situación permanece un ámbito al cual llamamos libertad, donde la moral debe imponer cierto orden. Pero, dado lo limitado de nuestra capacidad para prever las consecuencias algo lejanas de nuestros actos,  y nuestro  desconocimiento de las fuerzas misteriosas que nos han depositado en el mundo, la moral se nos presenta igualmente como un mandato superior: no podemos hacerla cada cual a su gusto, porque ello haría imposible la vida en sociedad, y por tanto también la vida individual. Tampoco puede ser una convención entre la gente basada en ideas más o menos generales: esto sería más propiamente la ley. Las leyes son convenciones que nunca se cumplen del todo, pueden ser contradictorias, cambian con el tiempo, a veces de modo radical,  y no infrecuentemente son consideradas injustas. Ello establece una relación sutil entre ley y moral, reflejada magistralmente en la tragedia Antígona, cuando esta dice a Creonte que para ella las leyes eternas de los dioses están muy por encima de las leyes que él pueda dictar, con mayor o menor legitimidad.

Es fácil ver que la pretensión de  “ser los dueños de nuestro destino”, de “nuestra vida” solo pueden conducir a la arbitrariedad y finalmente a la desesperación, como en la frase de Macbeth. Aunque hoy se quiera, en nuestras sociedades, sustituir el ruido y la furia por una historia de pesada diversión banal, también  contada por un idiota y sin significado, sin sentido. El ideal de Imagine, de Lennon. A esas fuerzas que gobiernan el ser y el destino de los humanos se las ha distinguido como “los dioses”  o, de forma más concentrada, como Dios.

Y más aún, el mundo entero debe tener asimismo una finalidad, relacionada con la de la vida humana, pues no puede concebirse a esta como algo radicalmente distinto del mundo. El mundo en que nacemos, nos movemos y morimos.

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Salida a la crisis económica

Tengo la impresión de que la salida de la crisis, a corto plazo, pasa por una importante quita en la deuda, tanto pública como sobre todo privada. Hay una razón económica: esa deuda no puede pagarse, y menos si el país se va empobreciendo con medidas como las que vienen tomándose. Y hay una razón política-moral: si nos hemos endeudado a lo loco, otros han prestado también a lo loco, incitándonos a un derroche que parecía generar riqueza para todos. Así que todos hemos pecado y todos debemos pagar.

Pero a medio y largo plazo, lo esencial es el saneamiento de la economía, entendiendo por tal la corrección de los factores que la han distorsionado, creando las célebres burbujas. Y creo que el saneamiento pasa por salir del euro antes de que nos  echen o que esa moneda se hunda, como parece muy posible. La salida del euro corregiría un grave error (¡la entrada nos garantizaba una prosperidad sin fin!) y nos devolvería la soberanía, sin la cual difícilmente acometeríamos un saneamiento independiente. Traería sacrificios,  pero ya los estamos sufriendo sin otra perspectiva que la de perder más y más soberanía en beneficio de las potencias que realmente deciden y por su peso pueden decidir en la UE. Creo que la UE misma es un error, incompatible con la realidad histórica y cultural europea: nunca debió pasarse de la CEE.

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Dos propuestas sobre la crisis:

http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.HTML

http://www.farodevigo.es/opinion/2013/03/24/europesetas-electronicas-complementarias-euro-estimularan-credito-efec-tos-colaterales-perversos/779357.html

 

 

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La economía como ciencia del intercambio / Una clave de la historia de España.

 

Blog I: Recuperar España. Posibilidades. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/recuperar-espana-posibilidades-20130602

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Recapitulando en estas notas un tanto anárquicas sobre la crisis económica,  creo que podemos proponer algunos puntos básicos

1.- La economía es el estudio de los intercambios de bienes y servicios dentro de la sociedad humana o cultura.

2.- El intercambio implica la propiedad particular (aunque sea más o menos colectiva en una comunidad) producción de esos bienes y servicios

3.- Implica la producción previa de esos bienes y servicios

4.- Implica también condicionantes culturales y valoraciones de diversos tipos

5.- Cada parte hace el intercambio con la expectativa de un ingreso con ganancia

6.- La ley básica de la economía sería que el ingreso no debe ser inferior al gasto de producción.

7.-  El gasto precede al ingreso. Es decir, el intercambio se basa en expectativas

8.- Las expectativas se apoyan por una parte en la experiencia y por otra en la esperanza del beneficio.

Por ahora puede quedar la cosa así. Cada punto debe ser explicado.

1.- La sociedad humana difiere de las animales, entre otras cosas, en la profunda individuación de sus miembros. Ello se manifiesta, incluso en las  culturas más primitivas, en lo que podríamos llamar desigualdad productiva y retributiva (aunque hay desigualdades improductivas o contraproductivas): las considerables diferencias naturales entre los individuos dan lugar a una división de tareas, con el consiguiente intercambio que beneficia más o menos al conjunto.  Parece que las exigencias más básicas son la alimentación y el vestido. La primera se ha realizado normalmente mediante la caza, la pesca y la recolección. La división más primaria debió de ser de tipo sexual: la caza y la pesca corresponderían a los varones, y la recolección a las mujeres, aunque seguramente no de modo muy rígido. Por otra parte, los hombres necesitan comer más que las mujeres, y de ahí una diferenciación retributiva. Pero tanto en un caso como en otro parece haber habido desde el principio otras diferencias. Generalmente la cohesión del grupo se aseguraba mediante un poder concedido a los jefes así como mediante la labor de  brujos o chamanes, que recaería en personas a las que se suponía especialmente expertas en ese campo (perturbados en algunos casos). Entre las mujeres también se establecían jerarquías espontáneamente. La diferencia de dotes  e inclinaciones entre los individuos debió de dar lugar muy pronto a la especialización de algunos, por ejemplo en la confección de armas,  herramientas, vestidos, etc. La idea de una “comuna primitiva” en la que todos hacían de todo y se repartían por igual los productos no es probable que haya existido nunca.

Así, tuvo que haber siempre un intercambio, por primario que fuese, dentro de los grupos más primitivos, y asimismo un trueque con grupos vecinos. El intercambio, desarrollado en comercio propiamente dicho con la invención del dinero, es el objeto real de los estudios económicos, pues la producción está supeditada a él. Aunque el capitalismo produce masivamente mercancías, es decir productos destinados al cambio previo al consumo, ello ocurre también, aunque de modo más primario, en las sociedades más primitivas.

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***Sobre la espiritualidad de la materia: Los objetos de que estamos rodeados son enormemente diversos, pero nuestra mente busca algo común a todos, que permita ordenarlos y en alguna medida comprenderlos. De ahí surge la idea de “materia”. Pero la idea surge como contraste con otra parecida, la de “espíritu”, que la complementa. La primera no tiene, en apariencia, finalidad, pero la segunda consiste precisamente en la finalidad y la intención.  A ese nivel de abstracción, puede considerarse el espíritu como un derivado de la materia, es decir, algo asimismo sin intención ni finalidad; y a la inversa, puede pensarse en la materia como producto del espíritu creador (en el principio fue el verbo, es decir, el orden intencional). Suponer que el espíritu deriva de la materia da al primero los rasgos atribuidos a esta: sinsentido en general. Pero al mismo tiempo el concepto de materia es típicamente espiritual: pretende adjudicar a todas las cosas una especie de esencia común, a fin de dar un orden y un sentido a su desconcertante multiformidad.

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 Una clave de la historia reciente de España

(En LD, 29-I-2002)

La revolución francesa, al contrario que la norteamericana, invocó los derechos humanos para aplastar los derechos de los ciudadanos, alzó la bandera de la tolerancia para destruir a los discrepantes, y la de la libertad para practicar el terror y el genocidio. Así lo vieron Burke o el intelectual alemán F. Von Gentz, cuyo estudio comparativo saludó calurosamente el presidente norteamericano. J.Q. Adams, porque anulaba la “infortunada imputación” de una identidad básica entre ambas revoluciones. Basta considerar la historia convulsa del continente europeo en los siglos XIX y XX y la mucho más estable y productiva de los países anglosajones, para apreciar la diferencia.

Suele llamarse a la revolución francesa cuna del orden democrático actual, pero también se la puede considerar fuente del desorden de los revolucionarismo totalitarios y los hipernacionalismos, hijos del jacobinismo galo. El terror, el genocidio, la guerra total, rasgos del siglo XX, se cocieron en la teoría y la práctica jacobinas.

En España podemos observar la diferencia entre el liberalismo conservador, promotor de una convivencia aceptable y de casi toda la construcción de un estado moderno –como ha mostrado el historiador Seco Serrano en un reciente libro–, y el liberalismo jacobino, siempre epiléptico, capaz de poner en peligro la propia subsistencia de la nación. Lo último queda probado por las dos grandes ocasiones del jacobinismo: el sexenio inaugurado con la revolución de 1868 y la II República. Paradójicamente, muchas de las medidas propugnadas por los jacobinos (exaltados, progresistas, republicanos) eran razonables y sensatas, pero el espíritu violento, irrealista hasta la alucinación, con que las aplicaban término por justificar los peores recelos de la sociedad hacia la democracia, en cuya bandera se envolvían con desparpajo los exaltados. Las experiencias jacobinas han contribuido siempre a retrasar el reloj de la historia española.

Hace unos años, Julio Cerón escribía sobre la transición posfranquista, que fue una obra maestra de consenso y sensatez en muchos aspectos. Él se quejaba, supongo que en broma, por la pérdida de la tradición política española de arrebato, alucinación y chifladura. No es una tradición española, sino jacobina. Opino que la diferenciación entre liberalismo conservador y jacobino nos da una clave fundamental de la historia de España en los siglos XIX y XX, idea intuida por algunos, pero aún no desarrollada como merece.

 

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Batallas decisivas que no lo fueron / Amigos de la guerra civil

Blog I: El doble secreto de la Transición / El PSOE, de problema a pesadilla http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/doble-secreto-transicion-20130529  

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El ataque a Teruel por el ejército rojo, en diciembre de 1937,  fue, como sus ofensivas anteriores, en especial las de Brunete y Belchite, un intento por arrebatar la iniciativa a los nacionales, pero esta vez alcanzó su objetivo, y la ciudad cayó después de una heroica resistencia. El éxito fue explotado masivamente por la propaganda izquierdista internacional y suponía un grave revés, al menos en principio, para los nacionales, apenas dos meses después de haber coronado la toma de la franja cantábrica. Franco pudo haberse concentrado, a pesar de todo, en el objetivo de Madrid, pero debió de suponer que era peligroso  atacar al ejército enemigo del Centro, que ya había probado su capacidad defensiva, mientras a su espalda otro ejército rojo, el de Levante, acababa de demostrar su potencia.  Y seguramente se percató de que si lograba desbaratar quienes habían  conquistado Teruel, podría descender con bastante facilidad sobre el Mediterráneo, relativamente próximo: con ello cortaría en dos al territorio del Frente Popular y aislaría Cataluña y la parte de Aragón en manos izquierdistas.  En todo caso eso es aproximadamente lo que se propuso. Hasta entonces había frenado las ofensivas contrarias sin intentar invertirlas (salvo en Brunete), pero ahora haría lo contrario.

Y una vez más, el “mediocre” general batió a sus enemigos: envolvió Teruel en una maniobra de flanqueo para, una vez recuperada y sin dar  tiempo a reponerse al ejército contrario, emprender una contraofensiva por Aragón y hacia el Mediterráneo. La rapidez con que  volvió a desplegarse y atacar sorprendió por completo a sus adversarios. En una campaña muy maniobrera, los nacionales ocuparon todo Aragón y Lérida, y más al sur avanzaron por el Maestrazgo, cortaron en pedazos a las tropas contrarias, impidiéndoles coordinarse, y  alcanzaron el Mediterráneo por Castellón el  15 de abril de 1938, prácticamente en el séptimo aniversario de la instauración republicana. En menos de mes y medio Franco había destruido cuantiosas tropas enemigas y hecho decenas de miles de prisioneros a un coste mínimo en bajas propias. Y además había ocupado un extenso territorio y aislado las tres provincias catalanas aún en manos de la izquierda y los separatistas.

Yagüe y otros habrían querido ocupar Cataluña, un objetivo al parecer fácil en aquellos momentos,  en lugar de rodearla por Castellón: de ese modo toda la zona centro se encontraría rodeada y aislada del resto de Europa por tierra y prácticamente por mar, lo que habría decidido su caída en plazo no muy largo. Pero Franco optó por la decisión que parece militarmente menos provechosa. Creo que solo puede entenderse  por el carácter no solo militar, sino también político, de su estrategia. En contra de lo pretendido por historiadores poco serios, le interesaba terminar la guerra cuanto antes, lo mismo que a Negrín y los suyos les interesaba alargarla. Pero manejarse en las condiciones europeas de aquellos meses requería una extrema cautela.  Así como Negrín trataba de  involucrar a Francia e Inglaterra en el conflicto, Franco buscaba justamente evitarlo. Por ello debía tener muy en cuenta el fuerte caldeamiento de la olla europea debido a la unión de Austria  a Alemania en el mes de marzo y al envenenado  problema de los Sudetes. Francia solo podía recelar del triunfo, en su propia retaguardia, de un bando apoyado por Alemania. Por esa razón y por simpatía con las izquierdas españolas le convenía mucho más la victoria del Frente Popular, y la llegada de los nacionales a su frontera por Cataluña podía decidirla a intervenir. La razón de esta y otras decisiones que tomó Franco a lo largo de 1938, consiguiendo victorias importantes pero sin explotarlas a fondo, parece que solo puede tener relación con sus informes y sospechas sobre las actitudes francesas. Por ello, también, una vez llegado al Mediterráneo, no giró hacia el norte, hacia Barcelona, sino hacia el sur, hacia Valencia, un objetivo militarmente inferior.

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En LD,

Amigos de la guerra civil

Un sector importante de la izquierda siempre ha sido propenso a la guerra civil. Por remontarnos sólo a 1933, el grupo dominante del PSOE vio en ella la bendita antesala del socialismo soñado. En consecuencia, organizó muy en serio la contienda, la ensalzó sin hipocresía (no como la Ezquerra catalana, que la preparaba sin nombrarla) y la desencadenó en octubre de 1934, contra un gobierno legal y democrático de centro derecha. Los comunistas han sentido la misma atracción. Lenin definió el marxismo como una escuela de guerra civil, y trató de “pedantes redomados o momias sin sentido común” a quienes deploraban tal experiencia bélica, como recordó el líder de la Comitern, Dimitrof, justo cuando planteó, en 1935, la nueva táctica de los frentes populares.

La primera fase de la pugna española, en octubre del 34, fracasó. Al comienzo de la segunda etapa, en 1936, las izquierdas tuvieron al principio todas las de ganar, hasta que perdieron la franja cantábrica, a causa de la incompetencia militar de Franco –a ese tipo de izquierda le encanta la idea de haber sido derrotada por un inepto–. En ese momento la guerra pudo haber terminado. Azaña y otros muchos lo deseaban, pero los amigos de la guerra civil impusieron una resistencia a ultranza, con el aún muy importante apoyo soviético. Azaña creía que tal obstinación multiplicaba las penalidades y el derramamiento de sangre y enconaba los odios sin esperanza de éxito. En cambio, los socialistas de Negrín y los comunistas tenían una esperanza, enlazar con la ya próxima guerra mundial. Entonces las penalidades y la sangre aumentarían, pero el Frente Popular obtendría por fin la victoria. Alcalá-Zamora cuenta cómo, tras la derrota y con la contienda mundial en marcha, numerosos exiliados deseaban “el monstruoso horror de un resurgimiento de la guerra civil complicada con la externa. Era inútil cuanto yo les dijera sobre el loco crimen que eso suponía”.

Terminada la guerra mundial, los comunistas creyeron posible resucitar la civil por medio de acciones guerrilleras, el llamado “maquis”. Trataban de imponer un gobierno parecido al del Frente Popular, como paso intermedio a un régimen de tipo estalinista. Fracasaron, sobre todo, porque la población rechazaba nuevas violencias civiles. Pues bien, ¡incluso ahora los amigos de la guerra civil siguen en sus trece! En diversas comunidades se empeñan, a menudo con éxito y con apoyo del PP, en exaltar oficialmente al “maquis” estaliniano como una lucha por la libertad. Es difícil imaginar algo más necio, marrullero y contrario al espíritu de la democracia. Pero la realidad, como de costumbre, supera a la imaginación.

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