Blog I: Lecciones de Afganistán / “Alguien como Putin”: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Propiedad, desigualdad e intercambio.
El intercambio implica propiedad, pues solo se intercambia lo que se posee. Este es un dato propiamente humano, pues nos diferencia de los animales, incluso los más próximos, en los cuales solo encontramos esbozos muy primitivos de tal cosa. La propiedad viene a ser una extensión prescindible de la propia persona (puede que, en casos como la esclavitud por deudas o por penuria absoluta, una persona se convierta, totalmente, en un bien propiedad de otras).
La propiedad puede ser personal y colectiva, y ambas han existido seguramente desde el comienzo de la humanidad, siendo un signo distintivo de esta. La propiedad aparece como un hecho natural –natural al ser humano—que sería regulado por la costumbre y con el tiempo por el derecho. El hombre no puede vivir sin propiedad, y desde el principio dispondría cada cual de vestidos, instrumentos, armas, objetos de lujo etc., difíciles de compartir y obtenidos ya por fabricación propia, ya por intercambio con otros bienes dentro o fuera del grupo. Habría también la propiedad colectiva de una extensión de caza y recolección, de las cuevas, cabañas y refugios grupales. En un sentido más amplio, el individuo considera propiedad suya el propio grupo en el que y del que vive, y a la vez se considera propiedad suya. Ello se muestra hoy claramente en el sentimiento patriótico: el individuo considera como propia su patria, y al mismo tiempo se ve como propiedad de ella, de la que ha recibido la lengua, la cultura, las costumbres, la propia existencia que le hacen sentirse él mismo y “en casa”. Por la subsistencia de la patria está dispuesto a menudo a arriesgar su propia vida. .
Cierta tesis sostiene que la propiedad es un robo y el origen de las desigualdades y males sociales. Pero en el ser humano existen de forma natural profundas desigualdades de fuerza, destreza, inteligencia, voluntad, inclinaciones, sentimientos, etc., y la propiedad va de un modo u otro ligada a dichas desigualdades. Así, la propiedad individual o colectiva es connatural al ser humano, ya que sin ella se hallaría desvalido frente a la naturaleza. El ataque a la propiedad suele centrarse en la propiedad de la tierra, venero fundamental de la riqueza. Se dice, por ejemplo, que el primer hombre que declaró “esta tierra es mía particular”, cometió un crimen y debió ser condenado a muerte por los demás. Parece que, primitivamente, la tierra sería común a todos, pero se trata de una ilusión. Seguramente un grupo consideraría común una extensión determinada en la que ejerciera la caza y recolección, pero difícilmente vería con buenos ojos la intrusión de otro grupo en su terreno. Además, los grupos más fuertes buscarían, como evidencia la historia, apoderarse de terrenos más extensos a costa de otros más débiles. Han existido asimismo el nomadeo y las migraciones (la historia humana es en buena parte una historia de migraciones) motivadas por necesidades de subsistencia –es decir, de apropiación–, pero también por otras muchas causas. Pues el deseo de conocer y dominar nuevas tierras, la ambición de poder, incluso de aventuras sin motivación económica directa, están sin duda arraigados en la condición humana. Si definimos la economía como el estudio del intercambio, queda claro que este, realizado de forma pacífica, sería la conducta natural y propia del hombre y no daría lugar a grandes migraciones, salvo catástrofes naturales, ni a conflictos con los vecinos. Pero no es esa la única motivación de los seres humanos, como muestra la experiencia.
La apropiación individual de la tierra surge, probablemente, como efecto del paso de una economía de caza y recolección a otra agraria. Durante un tiempo, la tierra debió de ser cultivada en común y sus frutos repartidos más o menos por igual, pero antes o después llegó la propiedad particular, aunque se conservaran parcelas más o menos amplias de propiedad comunal. La razón de este cambio no es fácil de dilucidar, pero nació probablemente de la propia desigualdad humana en cuanto a destrezas e inclinaciones, de la división del trabajo y de las diferencias de poder entre unos y otros miembros del grupo. También debió de tener relación con la expansión de la esclavitud, cuando los grupos más fuertes pudieron considerar propiedad suya a los más débiles, al modo del ganado, y dedicarlos a las tareas más duras o más serviles. Durante siglos, el comercio de esclavos ha sido una actividad sumamente lucrativa en el plano económico. Pero realmente nunca hubo una edad “dorada” en la que todos por igual producían y se repartían los frutos de la tierra.
La opresión y la explotación de unos por otros han sido consecuencias, amargamente resentidas por sus víctimas, de la natural desigualdad humana, y ha sido necesario un larguísimo esfuerzo moral por mitigarlas, sin que nunca lleguen a desaparecer. El hombre no es un lobo para el hombre, pero tampoco un ser lleno de benevolencia y amor, entre otras cosas porque su relación con la naturaleza, con la supervivencia, le impone una actitud de lucha y esfuerzo, de defensa a ultranza del grupo en el que puede desarrollarse. Y no siempre la benevolencia y buena intención han rendido frutos comestibles: el bien y el mal están mezclado de forma inextricable en la conducta humana.
El marxismo ha criticado especialmente lo que llama “apropiación privada de los medios de producción”, pero esa apropiación existió, seguramente, desde el principio. Suena dudoso que quienes dispusieran de mejores instrumentos o armas, por haberlos construido ellos o por intercambio, los compartieran sin más con todos sus compañeros, salvo casos especiales en que convinieran a la subsistencia del grupo. Además, la que Marx llama clase capitalista o burguesía, no se apropia de medios productivos previamente existentes, sino que los crea ella con su riesgo e inventiva.
La propiedad particular, en fin, no es la causa de la desigualdad, sino una manifestación de ella. Y un efecto de la propiedad es el intercambio, es decir, el comercio o, en suma, la economía. Esta no se refiere solo ni principalmente a la disposición de bienes escasos, sino a su desigual propiedad e intercambio. Un intercambio que aspira a efectuarse entre iguales, sin conseguirlo nunca del todo.
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Recuperación de restos de españoles en Rusia:
La Fundación Cultural Istolacio, la Asociación de Desaparecidos en Rusia y el Foro de Amigos de la División Azul son organizaciones altruistas y sin subvención oficial alguna.
Este año, como en otros anteriores, componentes de las mismas se desplazaron a Rusia para tratar de localizar cementerios de campaña de soldados españoles que lucharon y cayeron en las filas de la DIVISIÓN ESPAÑOLA DE VOLUNTARIOS CONTRA EL COMUNISMO, popularmente conocida como LA DIVISIÓN AZUL.
Las vicisitudes de la guerra hicieron que hubiera cementerios organizados, y en consecuencia fácilmente localizables e identificables en ellos los restos de los caídos. Otros cementerios son de circunstancias, son más pequeños y están más dispersos, generalmente próximos a carreteras o pequeñas poblaciones. Por último, aquellos que cayeron en campo enemigo, y fueron enterrados por estos de forma sumaria y de los que se tienen muy poca información.
Estas organizaciones buscan que todos estos soldados tengan una sepultura digna, pues en las circunstancias actuales están en peligro de ser destruidas por la expansión urbanística, ensanchamientos de carreteras, tendidos eléctricos o canalizaciones
Y también hacen las gestiones necesarias para repatriar a todos aquellos que sus familiares reclamen, para que así descansen en el panteón familiar.
Todo ello dentro de un espíritu cristiano, que no sigan fuera de un camposanto, y sin ninguna cruz que presida su tumba. Y desde el punto de vista castrense español de no considerar a ningún soldado anónimo pues todos nacieron y vivieron en el seno de una familia y tuvieron amigos y compañeros. Es solo un problema nuestro de identificación, en el que también están empeñadas estas organizaciones.
Es de destacar en este viaje, y en todos los anteriores, el respeto y el cuidado que tiene el pueblo ruso y sus autoridades (políticas, religiosas, veteranos, etc) con sus cementerios de guerra y caídos. Verdaderamente ejemplar, y dignos de imitación.
Lo que es más loable y emocionante, es que ese respeto lo extienden a los restos de los soldados de sus antiguos enemigos (incluidos los españoles). Para lo que colaboran de forma desinteresada, contribuyendo a la localización, identificación, y traslados de cementerios y tumbas de los soldados españoles.
La tradición militar española rinde todos los días homenaje a sus muertos en el toque de oración, al ocaso del sol, y también en todas sus paradas (patronos, aniversarios, etc.) a los caídos “en todos los tiempos” y no solo a los últimos.
Lamentablemente la contribución de las autoridades españolas (al contrario de las rusas) no se puede considerar ejemplar. Primero por su total e inexplicable inhibición. Segundo por su falta de colaboración, cuando ha puesto toda clase de obstáculos, como el hecho indigno de pedir dineros a los familiares por repatriar a los restos de sus seres queridos.
Asimismo las Órdenes Militares deben saber y ser consecuentes con los caídos que tienen abandonados en el campo, sobre todos héroes laureados, medallas militares individuales, San Hermenegildo, etc. No solamente de esta campaña, sino de otras más antiguas y recientes.
Toque de oración: http://www.youtube.com/watch?v=aU34j1_haj4
