El caso Losantos / Encarnación del diablo / Simplismos españolistas /O ellos o nosotros

El caso Losantos

El único hecho político de relevancia en España después de que Aznar se entregase incondicionalmente al discurso “antifranquista” de  la izquierda y los separatismos, convirtiendo la democracia española en el inmundo basurero que hoy contemplamos, es el surgimiento de VOX a partir de 2017. Con todas las insuficiencias que quiera encontrársele, es la única alternativa real y posible a unas derivas que nos llevan a la disgregación de España y a la tiranía a manos del PP y del PSOE. Es lógico, por tanto, que todos los demás partidos y sus poderosos medios de manipulación de masas vuelquen sus esfuerzos en hundir a VOX. No hay por qué extrañarse ni dolerse, sino plantearse cómo combatir más eficazmente la marea de basura que inunda el país

Dentro de la campaña contra VOX resalta la de Jiménez Losantos, especialmente taimada, bellaca e indecente, y tanto más dañina cuanto que viene de un personaje que antaño  se había hecho un merecido prestigio como verdadera oposición al PSOE y de rechazo a su auxiliar el PP.  Muchos se preguntan a qué se debe tan chocante viraje, que suele atribuirse a las subvenciones de Ayuso. Posiblemente tenga algo que  ver, aunque me inclino a creer que viene sobre todo de su grueso ego herido: sospecho que aspiraba a convertirse en mentor de VOX para reorientar su política hacia el PP, so capa de Ayuso,  solo hay que recordar aquella sucia encerrona a Rocío Monasterio, de la que fue él quien salió escaldado. Desde entonces perdió todos los escrúpulos.

  Otro punto revelador del personaje es su odio a Rusia, colaborando en la propaganda más obscena, más desvergonzadamente belicista de –digamos por lo que nos toca– Gibraltar. Hasta acusa a Putin del separatismo catalán, como si hubiera olvidado que el mayor cómplice de los golpistas ha sido y es el PP, en rivalidad con el PSOE. Y el único partido que realmente se opone a esa lacra es precisamente VOX. Como bien sabe Losantos. Y precisamente por saberlo, le ataca.

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Este blog tiene un alcance meramente testimonial, debido a que la mayoría de sus lectores interesados hacen muy poco esfuerzos por difundirlo. Dado el muro de silencio y las grandes manipulaciones de los grandes medios, y en la situación crítica que vive el país, la indiferencia o la pasividad se convierten en colaboración con el mal. Todos tenemos una responsabilidad.

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Adiós a un tiempo

Encarnación del diablo

En Adiós a un tiempo, dedico algunos recuerdos al tiempo, un mes de diciembre de 1966, que pasé en París prácticamente en la indigencia,  y en que conocí a personajes muy especiales, como el peruano que había hablado con Durero en su tumba de Núremberg (no hay que tomarlo al pie de la letra, pero era interesante su relato).  O  quizá al Campesino, o a alguien que había vivido en Rusia y lo había conocido bien.  Otro del que hablaré ahora fue el que “quizá vio al diablo”.  Lo encontré  por así decir bajo las gárgolas de la torre de Saint Jacques de la Boucherie, donde se reunían los peregrinos a Santiago. Con él pasé varios días de charla, colándonos en el metro, donde se estaba caliente (comíamos muy moderadamente). Tendría entre treinta y cuarenta años y yo, a mis dieciocho, no había conocido a nadie que explicara la historia como una conspiración judaica contra la Iglesia de Cristo. También me pareció interesante, aunque no creía gran cosa sus explicaciones, y algunas objeciones que le ponía le cabreaban bastante.

Creo que esa idea de los judíos como un elemento no solo ajeno e inasimilable (como los gitanos), sino enemigo, corruptor y en permanente  conspiración soterrada contra la cultura cristiana viene ya de los primeros tiempos del cristianismo, de San Pablo. La encarnación del diablo, diríase. Aunque el cristianismo nace del judaísmo, supone una verdadera revolución respecto de este, al extender en principio a toda la humanidad la calidad de “elegidos de Dios”, elección que en el judaísmo se reserva a los judíos. Para los cristianos, los judíos se transformaron de pueblo  elegido en pueblo deicida, por haber pedido la muerte de Jesús, y en un motivo permanente de sospecha por su pretensión de exclusividad. Pretensión que nos parece tener algo de alucinada.

  En la Biblia, los hebreos eran un pueblo muy guerrero, pero al ser expulsados de su tierra se convirtieron en pequeñas minorías dispersas,  objeto de enemistad y sospecha, a veces de persecuciones sangrientas, incapaces por tanto de oponer resistencia armada. Pero, al revés que los gitanos, sus contribuciones intelectuales y en general culturales, positivas y negativas,  han sido sobresalientes si consideramos su pequeño número. Esto puede entenderse quizá como efecto derivado de  la presión  de unas sociedades hostiles, que les constreñían  a buscar formas de supervivencia en el comercio y las actividades profesionales. Supongo que es precisamente esa creencia en ser el pueblo elegido lo que les  ha dado su increíble capacidad de  resistencia: muchos pueblos se han desvanecido en el tiempo, pero ellos siguen ahí, pese a todo. Otra herencia del “pueblo elegido” es el mesianismo, extendido de varias formas en la cultura occidental, presente en las utopías, la penúltima de las cuales el plan 2030.

Aquel personaje que conocí en París, muy culto a su manera, me dejó una impresión ambigua. No era un loco, pero creo que tenía algo de paranoia con sus razonamientos en apariencia irrebatibles. Esas ideas podrían ser objeto de mero interés especulativo o intelectual, si no hubieran dado lugar a hechos recientes como el Holocausto.

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Sin simplismos españolistas

La “batalla cultural” de la que tanto se viene hablando, ha de darse, de modo no exclusivo pero sí prioritario, en el terreno de la historia, donde la han planteado diestramente el PSOE y sus aliados, y con gran éxito por incomparecencia de los “contrario” reconvertidos en auxiliares. Creo que VOX aún no lo ha entendido bien.

En Galería de charlatanes he expuesto el penoso nivel  de la historiografía española actual, centrándome en muchos de los autores más “prestigiosos” sobre la guerra civil y la república;  salvo en la primera parte, que he dedicado a autores que tratan de aclarar el conjunto de la historia de España. Común a casi todos ellos es el afán de menospreciar, cuando no infamar, aquella parte del pasado en que España mostró mayor fuerza creativa: se habla preferentemente de la Inquisición (falseando su imagen) de la expulsión de los judíos (como si con ellos se hubiera ido el sector social más productivo), del efecto de la “insidiosa Reconquista” (como la llamó un cantamañanas), de la picaresca (como si retratara toda  la realidad de la época), se satiriza la figura del hidalgo, se presenta al país como mísero y víctima de una dinastía extranjera,  etc.

Por supuesto, hay algo (poco) de verdad  en todo ello, pero con esa selva de detalles y adjetivos más o menos veraces,  se trata de oscurecer lo esencial del siglo y medio de hegemonía hispana. Y lo esencial, lo fundamental,  es que entonces España defendió eficazmente  a Europa del asalto del islam otomano, mantuvo la tradición católica en gran parte de Europa frente a la revolución protestante, revolucionó el arte de la guerra,  aplicó una técnica naval puntera, desplegó una cultura profundamente original en pensamiento, arte y literatura. Todo lo cual se condensa en que, al descubrir el mundo en conjunto, y no solo América, y conquistar y organizar grandes partes de él, no solo creó un vasto ámbito cultural, sino que inició una era nueva en la historia humana.

Todo esto es verdad, independientemente de cualquier patriotería, siempre peligrosa como reacción al ataque, de increíble  tenacidad, de la “leyenda negra”. Sobre Hegemonía española y comienzo de la Era Europea , ha comentado Stanley Payne Me parece una obra absolutamente destacada y en muchos aspectos   magnífica …) Revela gran capacidad para la historia analítico-interpretativa, que es la clase más alta de esta arte.(…) El  aspecto individual que más me ha gustado e impresionado es haber logrado   una perspectiva amplia y de conjunto de una historia tan complicada.  En  este sentido, sobre todo, es una obra singular sobre un tema ampliamente tratado, pero nunca con tanta coherencia.  Otra virtud notable es haber escrito una historia “positiva” y no denigratoria, pero sin caer en simplismos españolistas

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“O ellos o nosotros”

**”¡Muera Franco!”, gritan los corruptos y  los disgregadores de la nación española.

**Lo vengo advirtiendo desde hace años: o el doctor termina en la cárcel o nos lleva a la cárcel a los demócratas y patriotas.

**No hay que quejarse de las fechorías de la banda del doctor: hay que ver cómo expulsarla del poder.

**Con su explicación golpista después de cinco días de “reflexión”, el doctor pone a la sociedad, a las instituciones y  a la democracia  en una disyuntiva: o él y su banda, o la unidad nacional y la libertad.

**Nada desea más Feijóo que congraciarse con el PSOE y liquidar a VOX. Eso no debe olvidarlo cualquiera que  analice la realidad actual con algo más de fondo que el habitual chismorreo político.

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La visión que tenemos de la posguerra en España viene marcada por la propaganda de los vencidos y por una literatura y cine acordes. Pero una historiografía bien documentada cuenta una historia diferente:      316 – Literatura y realidad en la posguerra | El doctor y Al Capone (youtube.com)

 

 

 

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