Ucrania, Irán y la “raza blanca”

En “Una hora con la historia”: 420 – Mesianismo y moral | Ejército cipayo – YouTube

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¿Qué saldrá de Ucrania e Irán? 

Observemos la situación general: en Ucrania la OTAN-UE, ante todo Usa, están siendo derrotadas y a menos que escalen peligrosamente hasta una guerra europea en el umbral nuclear, habrán tenido que retirarse sin lograr sus objetivos  (agotar allí a Rusia y provocar una crisis histórica en su interior y probablemente desmembrarla). Ucrania quedará reducida a un país sin salida al mar, quizá repartidas partes de ella con Polonia y Hungría, y habiendo perdido la mitad de su población. Al mismo tiempo, la UE-OTAN ha expulsado a Rusia de su posición natural europea hacia Asia y China. A resultas de las malas perspectivas, la cohesión Usa-OTAN-UE pasa por fuertes tensiones, mientras la UE sufre gobiernos impopulares y aprietos económicos e incluso alimentarios. La eventual ampliación a guerra europea sería la peor salida, pues acabaría con una Europa ya desprestigiada y con escasa influencia mundial.

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Fijémonos ahora en Oriente Próximo: los  intentos de Israel, con Usa a sus órdenes, están resultando catastróficos. Lejos de su objetivo de  convertir a Irán en una nueva Siria o Libia en pocos días o meses, la respuesta iraní está logrando sus propios objetivos: someter a Israel al mayor peligro de su historia, destruir las bases militares useñas en la región,  socavar en alguna medida el dólar y  desestabilizar los estados árabes aliados a Usa y  de hecho a Israel. Los efectos económicos se han hecho mundiales, particularmente para Asia oriental, África y en menor medida también para la UE y Usa, al reducir fuertemente los flujos de petróleo, gas natural y fertilizantes, con posibilidad de generar hambrunas en áfrica y otros lugares.

Estas dos guerras auguran una redefinición geoestratégica del mundo después del período marcado por el derrumbe de la URSS, en el que parecía firme e irreversible la superioridad absoluta de Usa como única superpotencia, con la UE en posición auxiliar,  lo que convencionalmente se considera Occidente. Superioridad militar, política, tecnológica  y, según se suponía, también moral. Este período ha durado tan solo 36 años. Al  filo de las dos guerras mencionadas, una nueva superpotencia, China, desafía una hegemonía useña encallada en Ucrania e Irán y enfrentada a antagonismos  internos que en algunos momentos parecen próximos a guerra civil.  Mientras, Irán se va definiendo con la gran potencia de Oriente Próximo,  capaz de alterar a fondo el statu quo  de la región salido de la II Guerra Mundial. En cuanto a Rusia,  vuelve a ser una superpotencia política, habiendo demostrado  capacidad militar, económica y tecnológica muy por encima de cuanto esperaban sus enemigos.

Se abre, pues, una nueva era histórica en que tanto la superioridad material como la espiritual de Occidente (la Era Europea ampliada a hegemonía useña) entra en declive, mientras surgen potencias que adoptan la ciencia y la técnica occidentales, pero encuadradas en un marco cultural profundamente distinto, a menudo resentido y hostil, que define la Era Europea como una época de opresión y explotación. Vale la pena extenderse un poco al respecto.

Dado que Usa, Israel y los gobiernos de la UE son los causantes  de estas guerras y otras anteriores en Irak, Libia, Siria o Afganistán, cunde el  discurso que atribuye a  Occidente en general todas las guerra por sus agresiones a países y sociedades esencial y supuestamente pacíficas. Más aún, la acusación se extiende a los casi cinco siglos de la  Era Europea comenzada por España. Así, Rusia y China, quizá India,  deberían encabezar la rebelión del “sur global” contra Occidente. Este discurso lo ha asumido también  Rusia, resentida, no sin razones, por la beligerancia demente de la UE.

El alegato ha adquirido tintes curiosamente racistas, siguiendo expresiones como la de la peculiar pensadora Susan Sontag, judía useña, puestas hoy de moda:  La raza blanca es el cáncer de la historia humana; es solo la raza blanca (sus ideologías y sus invenciones) la que erradica a las civilizaciones autónomas, la que estropea el equilibrio ecológico del planeta y la que ahora amenaza a la propia existencia de la vida. Tal discurso  amplía la leyende negra antiespañola a todo Occidente y a la raza blanca europea, y es tomado en serio por muchos intelectuales y políticos en la propia Europa y Usa, por lo que no está de más atender a ella.

Lo esencial de la leyenda negra procede de un fraile perturbado, Bartolomé de las Casas, que se adelantó al tópico ilustrado del “buen salvaje”. Su narración ha sido explotada a fondo por los enemigos de España, mayoremente protestantes, Inglaterra y Francia, que hoy están recibiendo su propia medicina. Para Las Casas, los indios americanos vivían en una especie de paraíso al que prácticamente no habría llegado el pecado original, según eran de mansos, pacíficos, trabajadores, población numerosísima con ciudades y culturas increíblemente avanzadas. Allí habrían entrado los españoles como tigres y lobos despiadados para robar y asesinar a diestra y  siniestra, por puro vicio. No vamos a explicar aquí el carácter  obsesivamente calumnioso de sus relatos, baste señalar cómo han revivido a últimamente y con mayor amplitud, justo cuando muchos pensaban que el sistema político occidental iba a triunfar e imponerse en el mundo entero por el ejemplo o por la fuerza.

  Viene a ser un hitlerismo a la inversa. Esta versión histórico-política se apoya en un rasgo demográfico importante: opone una raza blanca de mil millones de personas a los otro siete mil millones  de la Tierra, de razas diversas pero coincidentes en haber sufrido la explotación  y el crimen de los blancos.  Con lo que la victoria, a medio más que a largo plazo, sería de los enemigos del Occidente creado por los blancos  tachados de guerras, destrucción de civilizaciones autónomas, del medio ambiente y del cambio climático.  No me molestaré aquí en rebatir tales historias y tendencias político-ideológicas que, de triunfar, sembrarían la miseria, el despotismo y la muerte masivas. Intentaré tratar, en cambio, su expansión en el propio Occidente.

EL FRANQUISMO AYER Y HOY

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