Terrestre, etéreo y celeste.
La percepción del mundo distingue claramente entre la solidez accesible a los sentidos del terreno sobre el que se desenvuelve la vida, y el carácter digamos etéreo, nada sólido o palpable, de la parte superior, y más lejos aún, del firmamento o cielo. El ser humano nace de “la madre tierra”, del barro, se compone de ese barro y terminará volviendo a él. Pero la tierra necesita para ello ser “fecundada” por el firmamento o cielo, sin el cual el hombre tampoco podría orientarse sobre la tierra. Esta constatación aparece claramente en el mito del Génesis (Dios –lo celeste– hace al hombre de barro y le da instrucciones para conducirse), y de modo implícito en la vida corriente, en la que distinguimos entre la materia y el espíritu, dos principios cuya interrelación está llena de complicaciones e incertidumbres. Las cuales busca superar nuestra mente ateniéndose –en vano– a un solo principio.
La tierra ofrece al hombre los frutos que le permiten vivir, pero no gratis: le obliga a obtenerlos con mucho trabajo, en el que las decepciones y frustraciones abundan y llegan a anular la misma vida o el deseo de vivir. Subsistir, sin embargo, es mucho más que comer y respirar (aunque la etérea respiración sea gratuita). El periplo del barro al barro ocupa un tiempo en el que es preciso orientarse, tanto en sentido físico de moverse por el mundo como en el espiritual en elecciones y decisiones de corto y largo alcance. En los dos casos la orientación se hace sobre la tierra, pero viene del cielo, de lo más alejado de nosotros. El sol nos trae la luz que nos permite distinguir las cosas, y movernos en ellas; y en la relativa oscuridad nocturna unas débiles y lejanísimas luminarias nos permiten, mal que bien, la orientación en trayectos largos. Aunque en la noche lo habitual es que prefiramos refugiarnos en algún retiro para sumirnos en la inconsciencia que el mismo cuerpo pide, sin que sepamos por qué.
Creo que la psique refleja o reproduce, de un modo difícil de concretar, esa triple división del mundo entre lo terrenal, lo etéreo y lo celeste. Al revés que el sólido y estable suelo –salvo poco frecuentes terremotos–, el “éter” está en constante cambio, a menudo “irritado”: tormentas, inundaciones, calor abrasador, fríos… Y desde más allá, el cielo ilumina, pero no indica, nos hace ver el mundo, pero no nos señala ningún camino a seguir en él. Hay enorme variedad en las carreras y peripecias de las personas, pero todas terminan igual, en la vuelta a la “madre tierra”. Podemos orientarnos mejor o peor en cada suceso de la vida, encontrarle un sentido en relación con nuestros deseos o intenciones, pero el sentido de conjunto se nos escapa por completo, y nuestros deseos o intenciones no cuentan ahí para nada. Finalmente, pues, ¿a qué vienen tantos esfuerzos, con sus éxitos y frustraciones, tanta diversidad de itinerarios, de vidas…? ¿Qué sentido tiene todo ello?
Contrastando las reflexiones de Santi con las de Moncho, Santi considera en el templo de Debod la multitud de generaciones salidas a la luz para volver a la oscuridad, y hoy olvidadas por quienes han de tener el mismo destino. Viene a pensar algo parecido a Moncho: no hay modo de encontrar sentido a todo ello. La diferencia estriba en que para Santi el sinsentido refleja solo nuestra incapacidad perceptiva y racional, que debe superarse por la fe, mientras que Moncho, con un trauma que Santi no ha sufrido, lo supone inherente a la realidad. Contra Sartre, no encuentra en el sinsentido la clave de la libertad humana, por lo que la oscuridad de la vida no deja resquicio de claridad, y la fe y esperanza de Santi le parece una ilusión pueril o un placebo.

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Valores e intereses
Un dato histórico que singulariza a España en Europa –con cierta semejanza con Suiza y Suecia– es su neutralidad en las dos guerras mundiales. El hecho es resultado de que España no tiene “amigos y aliados” en Europa, como no los tiene Suiza, y su tarea internacional consiste ante todo en hacer respetar su posición especial. Suiza es respetada, pero España no lo es desde hace varios siglos, con la excepción del franquismo, y la prueba más palpable de esa situación es la presencia de Gibraltar y la ausencia de protección de la OTAN sobre Ceuta y Melilla. La causa de esa falta de respeto radica en las desastrosas castas políticas que, con la excepción dicha, han dominado el país, sobre todo desde la invasión napoleónica, y que recuerdan la época anterior a los Reyes Católicos
La cuestión de Gibraltar y de Ceuta y Melilla definen, pues la auténtica posición internacional de España, demostrando que nuestros “amigos y aliados” tienen interés especial en mantener una España débil y satelizada. Ese interés no es coyuntural, sino estratégico y fundamental. Como lo es el de España en la neutralidad.
No cabe invocar “valores compartidos”, utilizados contra nuestros intereses, porque los valores democráticos han derivado hoy a los de ideologías lgtbi, homosexistas, abortistas, multiculturalistas, anticristianas, etc. Creo que a España no le interesa compartirlos.
Actualmente la situación internacional evoluciona hacia conflictos entre grandes potencias, como en la I y II guerras mundiales. Lo vemos en Ucrania, en Taiwan y en el resto, donde se reproduce la guerra fría con las maniobras mutuas de desestabilización. Por eso, precisamente, para no terminar haciendo de carne de cañón de otras potencias, tiene la neutralidad más importancia que nunca. No se nos pierde nada en esos conflictos, o, mejor dicho, podríamos perder mucho, muchísimo.
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Lo que Europa debe a Franco
Los méritos de Franco en relación con España son de tal calibre que por eso mismo podemos calibrar la abyección de sus enemigos. Pero el provincianismo del análisis y la historiografía aquí corriente impide ver otro aspecto: su proyección europea.
1. Al vencer al Frente Popular, Franco evitó que Europa se viera entre dos regímenes soviéticos, por el este y el oeste. Aunque no pudo evitar la guerra mundial, al menos consiguió darle un tinte algo diferente. Tal como esta ocurrió, al final más de medio continente quedó bajo el imperio soviético.
2. Al mantener a España al margen de la guerra mundial, Franco no solo libró a España de las brutalidades (bombardeos, deportaciones, etc.) de aquel conflicto, sino que aseguró que una porción significativa del continente se viera libre de las atrocidades cometidas por todos los bandos en lucha.
3. La neutralidad de España favoreció indirectamente la victoria de los Aliados, y de manera muy importante en 1940 y 41, incluso en el 42. No por preferencia de Franco, que nada les debía y soportaba la invasión de Gibraltar, sino por el valor geoestratégico de la península. Los Aliados anglosajones debieran estar muy agradecidos a Franco, pero le pagaron haciendo compañía a los soviéticos y a muchas dictaduras para tratar de crear en España una Gran Hambruna.
4. Al derrotar al maquis, Franco volvió a evitar un régimen soviético en España, mucho más peligroso que durante la guerra civil, al estar media Europa hambrienta y en ruinas. Este es otro logro de gran alcance, no solamente español.
5. Franco percibió pronto, contra el infundado optimismo inglés, que la alianza entre anglosajones y Stalin no podía durar. Resistió a todas las presiones y chantajes y aseguró que España fuese un punto esencial contra el expansionismo soviético. De ello se beneficiaron muy especialmente aquellos regímenes europeos que, al revés que España, no debieron sus libertades y reconstrucción a sí mismos, sino al ejército y las finanzas useñas e indirectamente al ejército soviético.
6. Debido a la amenaza soviética, Franco renunció a la neutralidad tradicional. Con ello rindió un servicio invalorable no solo a España sino a Europa occidental y a Usa: era el único país, junto con Inglaterra, que podía servir de base para una contraofensiva y mucho más seguro que Francia o Italia, que poseían poderosos partidos comunistas, auténticas quintas columnas soviéticas en caso de guerra.
7. España tuvo que reconstruirse con sus propias fuerzas, al revés que el resto de Europa occidental, y ello benefició indirectamente a Europa, sobre todo cuando el “milagro español” alcanzó espectaculares tasas de desarrollo.
8. Así como en la guerra mundial España fue un trozo importante de Europa libre de atrocidades, fue también el único país del continente que se vio libre posteriormente de la tutela useña o de la satelización soviética. En otras palabras, salvó, hasta cierto punto, la dignidad europea.
![Los mitos del franquismo (Historia) de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51JZ%2BV6SBCL.jpg)