“La mayor catástrofe…” dice Varela Ortega (2) / España es diferente / Frente Popular

Varela Ortega como exponente de la historiografía anglómana en España

Dado el interés del ensayo de Varela Ortega como representación de unas corrientes historiográficas muy  comunes, le dedicaré una buena serie de comentarios a partir del anterior, como apartado particular de la batalla cultural. Animo a mis lectores a darle máxima difusión, ya que sin debate no hay vida intelectual.

Varela Ortega afirma que la política española en los años 40 fue tan catastrófica que se produjo un fuerte retroceso con respecto a la república y a los demás países europeos, mientras el hambre y las enfermedades se enseñoreaban de la población  –no de los políticos, informa– y la estatura media de los reclutas bajó entre dos y tres centímetros. Como su método consiste en copiar frases de tales o cuales autores sin el menor análisis crítico, el panorama que traza es perfectamente arbitrario, como ya vimos en sus comparaciones con otros países neutrales; pero no por ello se ha divulgado menos.

En 2005 los economistas Alberto Carreras y Xavier Tafunell coordinaron para la Fundación BBVA un monumental estudio en tres tomos Estadísticas históricas de España, siglos XIX y XX. El estudio venía precedido por otro menos extenso de 1989. Estos trabajos constituyen hoy por hoy, y con diferencia, junto con el Instituto Nacional de Estadística en que se basa el estudio, la mejor fuente de datos  respecto al tema tratado a su modo por Varela, y que como veremos, le desmienten por completo.

Hay que decir que la versión de Varela está extendidísima y es  la que se intenta hacer canónica desde la totalitaria ley de memoria histórica. Y también que ni Carreras ni Tafunell ni los demás colaboradores de la obra tienen nada de franquistas; al contrario, a veces la retórica de sus explicaciones queda contradicha por los datos que con más honradez ofrecen. Son también importantes a estos efectos los datos ofrecido por Ramón Salas Larrazábal,  basadas en el INE y en su publicación anual Movimiento Natural de la Población, tan a menudo ignorados  tanto por la historiografía lisenkiana como por la anglomaníaca. Por mi parte, he publicado varios artículos en este blog y en Libertad digital,  en Años de hierro y en Los mitos del franquismo me he extendido al respecto.

Empecemos por la estatura media de los reclutas. En 1935 era de  165,8 cms. En 1941 de 166,5; en 1945 de 167,4, y en 1950, fin de la década, de 168,6. Vemos, por tanto, que, lejos de disminuir, la estatura media aumentó en casi tres centímetros. ¿Cómo se explica esto, si aquella década quedó marcada por el hambre masiva, la enfermedad  y una mortalidad extraordinaria, incluyendo la mortalidad infantil?  Pues quizá se deba a que los datos suministrados por Varela y tantos otros correspondan a una historiografía más cercana a la propaganda que al rigor intelectual.

   Sobre la mortalidad infantil cabe recordar que en su primer discurso de fin de año, Franco señaló su reducción como una prioridad del régimen. La tasa   en 1935 (el mejor año de la república, bajo gobierno derechista), era de 115,3 por mil nacidos vivos  En 1939 llegó a 140,6, lo que se explica por ser el último de la guerra. Pero en 1940 había bajado por debajo de 1935, a 113,7. En 1941, el peor año de la posguerra, subió nuevamente a  148,6, pero a continuación bajó ya de modo acelerado: 1942 registró 108,5, ; en 1945 era del 90,1;  y en 1950 del 69,8. Un descenso realmente espectacular y sin precedentes en la historia de España. Como la esperanza media de vida al nacer se vincula a la mortalidad infantil, que en la república era de 50 años, una de las más bajas de Europa, al final de la década de los 40 alcanzaba a 62 años, según el INE, un salto igualmente espectacular (y al final del franquismo era la más alta de Europa después de Suecia, como sigue siendo hoy). Y dado que estos avances están muy relacionados con otros muchos datos socioeconómicos, como la higiene, la variedad en la alimentación y el consumo, etc., se entiende perfectamente que la estatura de los reclutas creciera de forma consistente.

El hambre es otro de los tópicos propagandísticos  desmentidos por los datos reales. Los muertos por esa causa, en torno a  200-300 durante la república, crecieron naturalmente en la guerra civil, pero casi exclusivamente en la zona del Frente Popular, que registró el mayor número del siglo,  con 1,111.  Otro repunte, hasta 1093 se produjo en el nefasto año 1941,  para bajar en 1944 al nivel de la república y remontar de nuevo a 1120 en 1946, año del cierre de la frontera por Francia y de un boicot internacional. Sin embargo las medidas tomadas fueron tan eficaces que al año siguiente, las cifras habían vuelto al nivel republicano, para desaparecer en los años 50. Y aunque las cifras sean similares a las de la república, las causas son muy distintas, porque el franquismo sufrió graves restricciones comerciales, inexistentes antes, a manos de los  anglosajones. Se trató, por tanto, de una hambre poco mortífera, mucho más llevadera que la experimentada por la zona del Frente Popular, cosa que también suele olvidarse. Por lo demás, en casi todo el resto de Europa hubo un apretamiento casi generalizado de los cinturones, con las correspondientes hambres. Y con una diferencia esencial:  los españoles podían estar bien contentos al librarse de los bombardeos, destrucciones, deportaciones y asesinatos masivos que padecía la mayor parte del continente.

Puede decirse, por tanto, que hubo en los años 40 un hambre bastante extendida, porque para que una persona muera por esa causa ha de haber muchas otras malnutridas. Por tanto, sería lógico que la mortalidad debida a enfermedades carenciales hubiera aumentado, como dice Varela, “a niveles del siglo XIX”. Es más, cabría admitir un descenso de la población por esas causas, cosa que no hace Varela, pero sí implica. La realidad, sin embargo, vuelve a desmentirle. Según el estudio del BBVA, la población total, que era de 24,8 millones en 1936,  había subido a 25,7 en 1940 , a 25,9 en el 41, a 26,8 en 1945 y a  27,8  en 1950.  La tasa de crecimiento natural, tradicionalmente entre el 7 y el 11 por mil (10,0 en 1935),  experimentó durante la guerra un semiestancamiento con ligeros retrocesos en 1938 y 39  –contra lo que suele creerse, la guerra civil  no fue muy sangrienta comparada con conflictos parecidos en otros países en el siglo XX, un tema que trato en Los mitos del franquismo–,  para recuperarse  con cierta rapidez desde 1943 (9,7) y posteriormente hasta el 10 y más. Así pues, ni la guerra, ni el hambre ni  las enfermedades  ni la autarquía provocaron un descenso, ni siquiera un estancamiento de la población, y muchísimo menos  “una catástrofe sin precedentes en la historia económica de España”, como asegura Varela. Este hace además una pequeña trampa al referir gran parte de su argumentación al año 41, año especialmente difícil, sugiriendo que los demás años de la década se le parecieron. En el hambre del 41 tuvo gran influencia el auténtico sabotaje comercial de Inglaterra vulnerando los derechos de neutralidad.  

 Aunque las estadísticas mencionadas reflejan claramente la evolución económica, trataremos esta más precisamente en la próxima entrega. Para concluir por el momento,  los españoles no pasaron mayores dificultades que la mayor parte de Europa, con la inmensa ventaja de no sufrir las atrocidades de la guerra continental, un aspecto vital  que nunca interesa destacar a la corriente lisenkiana ni a la anglómana, notablemente concordes en estas y otras cuestiones.

Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

La trayectoria criminal del PSOE, en Una hora con la historia. Fracasa la insurrección en Madrid: https://www.youtube.com/watch?v=cZ63DHJkMWE 

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Para la campaña por la verdad histórica: “España es diferente”

**Bajo el franquismo, España era diferente, y mejor. En la actualidad sigue siendo diferente, pero peor. Así, es el único país del mundo cuyos gobiernos fomentan y financian los separatismos, y marginan cualquier resistencia a ellos.

**España es diferente: ningún otro país del mundo se declara amigo y aliado y rinde verdadera pleitesía a la potencia que invade su territorio en un punto estratégico como Gibraltar.

**Diferencias de España: es el único país que, proclamándose democracia, impone leyes totalitarias como la de memoria histórica o las “de género”.

**¿No es España diferente? Es el país más europeísta de Europa, y al mismo tiempo el más ignorante sobre la historia y cultura europeas y el más desinteresado en conocerlas.

**España existe gracias a la Reconquista. De otro modo estaríamos culturalmente en el Magreb. Pero sus políticos  y muchos intelectuales niegan o desdeñan la Reconquista y hablan de la “herencia andalusí”. En ningún otro país se niega el propio origen e historia.

**Más diferencias de España: el Frente Popular se compuso de totalitarios, separatistas y golpistas. Sin embargo izquierdas y derechas afirman que aquel régimen defendía la libertad y la democracia, y tratan de imponer por ley tal disparate.

**Muchos afirman que España es constitutivamente católica. Pero el catolicismo no es español, sino universalista, y para él la unidad de España es un valor secundario.

 ** Desde 1945 es unánime la condena al racismo, base de la ideología separatista. Sin embargo el racismo es el núcleo generador de los separatismos, que se presentan en España como democráticos. Una vez más, España es diferente.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Creo que un examen del índice de por qué el Frente Popular perdió la guerra ilustrará  bastante sobre la novedad de su enfoque. Lo ideal sería que diese lugar a un debate general, máxime soportando el país hoy un nuevo frente popular; pero pedir debate es pedir peras al olmo: los “historiadores académicos” (lisenkianos, anglómanos y otros) prefieran la “memoria histórica”. Es el nivel. 

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Complicidad PP con la memoria histórica / Batalla cultural (IV) Varela Ortega y la versión anglómana / Manila y Filipinas.

PSOE, historia criminal en Una hora con la historia. Fracasa la insurrección en Madrid: https://www.youtube.com/watch?v=cZ63DHJkMWE 

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PP y memoria histórica

Coloquio sobre la memoria histórica el 29 pasado, en el Ateneo de Albacete, con Fernando Paz y Javier García Isac, organizado por la asociación cultural Aspa.  Lleno total y  muchas personas de pie. Paz señaló el carácter totalitario de dicha ley, la pretensión de hacer la vida imposible a los discrepantes mediante multas e incluso cárcel, y sobre todo el intento de dominar por completo la enseñanza  despidiendo o castigando a los docentes que se atrevan a desafiar a un gobierno delincuente. También se tocó de pasada la necesidad de elaborar una versión nueva de la guerra mundial, sobre la que Paz ha iniciado estudios interesantes. García Isac señaló algo a lo que no se presta atención a menudo: que los medios de masas no están en manos de la izquierda y los separatistas, como todo el mundo cree: los dueños y empresarios son de derecha y conservadores, próximos al PP. Pero el mensaje que transmiten es siempre contra España y la democracia. Esto da mucho que reflexionar.

   Por mi parte, nada que no sepan los lectores del blog. Un dato: la alcaldía de la ciudad pertenece al PP,  con alcalde de Ciudadanos, y favorece la memoria histórica y persigue la discrepancia,  cerrando centros oficiales a Aspa y presionando para que no se les conceda. Pasa algo parecido a lo que hemos visto en Sevilla con la presentación de un libro sobre Franco. Afortunadamente el presidente del Ateneo, Tomás Mancebo, es un auténtico demócrata y el acto pudo desarrollarse sin problemas, pese a amenazas de podemitas y similares.  

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Tercera edición de Por qué el Frente Popular perdió la guerra

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

El libro trata de responder a las siguientes cuestiones, entre otras:

¿Qué fue el Frente Popular? ¿Qué partidos lo componían?  Por extraño que parezca, esta cuestión está oculta o disimulada o tergiversada en la gran mayoría de las historias.

¿Qué pensaban y querían los líderes del Frente Popular? ¿Qué trayectoria vital y política tenían?  ¿En qué coincidían y en qué discrepaban?

¿Llegó el Frente Popular a diseñar una estrategia política y militar  coherente? ¿Tuvo posibilidades de vencer o estaba condenado desde el principio?

¿Cuáles fueron las causas reales que llevaron a intervenir a Stalin, Hitler y Mussolini, y las que inclinaron a los líderes de Francia e Inglaterra a abstenerse?

¿Son equivalentes las intervenciones de Hitler y de Stalin, siendo ambos dirigentes totalitarios?

¿Qué carácter general tuvo la guerra, qué intereses y visiones del mundo se ventilaban a tiros?

   Etc. 

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Versión anglómana en Varela Ortega

Me pasa un amigo un ensayo de José Varela Ortega titulado Una paradoja histórica. Hitler, Stalin, Roosevelt y algunas consecuencias para España de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una explicación de la SGM, que quiere explicar también por qué el régimen de Franco no fue liquidado, como pensaba casi todo el mundo, al terminar la guerra mundial: una “paradoja” a juicio del autor.  Varela Ortega es uno de los discípulos españoles de Raymond Carr, cosa que se percibe contantemente, pues tanto su visión de la guerra mundial como de la postura de España y  valoración de Franco es justamente la elaborada por la historiografía anglosajona, en gran medida propagandística.  El ensayo, muy sintético y en el que no falta datos apreciables,  consta de 178 páginas, además de otras 32  dedicadas a la bibliografía, con cerca de mil títulos y muchos cientos de autores. Esa abundancia bibliográfica puede impresionar al lector ingenuo,  pero el método es realmente demencial:  consiste en sacar constantemente frases de uno u otro autor, sin el menor análisis crítico. Con ellos compone un curioso vestido de retales  que viste, como dije, la versión anglosajona de la guerra y del franquismo, adoptada como el credo.

   La obra constituye una muestra más de la batalla cultural de la que venimos hablando, con versión hispanófoba  plenamente interiorizada por el sector anglómano de nuestros historiadores  y en general intelectuales y políticos; y coincidente en gran medida con la versión comunista (no se olvide la deuda de gratitud de Inglaterra con Stalin). Así que merece la pena tratarlo con cierta extensión, para lo que empezaremos por el final.

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   Recogiendo a autores como Preston, el autor español afirma: “La comparación con el auge económico que experimentó España durante la Primera Guerra Mundial y la que puede hacerse entre los resultados económicos de nuestro país y los de los países neutrales durante la Segunda, resulta enojosa por lo apabullante y reveladora. Suecia, por ejemplo, creció en el período ¡6 veces más que España! Y también lo hicieron de manera significativamente mayor países como Irlanda o Turquía; sin irse más lejos, hasta la situación económica y el abastecimiento del propio Portugal salazarista fueron mucho mejor que los de la España franquista. El equipo de gobierno falangista  impuso una política económica ultranacionalista que llegó a darse costosas bofetadas en la propia cara, rechazando los créditos ofrecidos por los aliados, dejando en consecuencia, a la agricultura española sin  abonos (… ) Y, en efecto, sucedió así porque, como temía Churchill, “los españoles no son razonables y (fueron) capaces de apretarse el cinturón para resistir la presión extranjera” –posiblemente porque no se trataba del cinturón de unos políticos que podían prescindir a la opinión para perpetuarse en el poder—. La cuestión es que el experimento económico autarquico provocó una catástrofe sin precedentes en la historia económica española, ilustrada en hambre (la talla de los reclutas disminuyó entre 2 y 3 centímetros  en los años 40)  y enfermedades que nos hicieron retroceder a situaciones del siglo XIX: la mortalidad  de 1941 (18. 6/000 hab.) era casi tres puntos mayor que en 1935 (15,7/000 y “la infantil se disparó” 33 puntos, de 109,4 en 1935 a 142,9 en 1941. De esta suerte no solo se despreció la oportunidad económica que ofrecía la neutralidad (y que otros países europeos supieron aprovechar) sino que se ahondó el retraso de nuestro país: el PIB per cápita español cayó en más de 8 puntos durante los años 40 en comparación con 1929 y en su relación media con el alemán, en francés, británico e italiano”.

 Como en esta larga cita está condensada toda una visión política y económica de pura propaganda, conviene compararla con una historiografía seria.

   Empecemos por la comparación con otros países neutrales, luego por  estadísticas que parecen más fundadas, y finalmente por  un análisis de la autarquía.

   Un historiador, si lo es, no puede comparar la posición de España con las de  Suecia, Irlanda o cualquier otra, por dos razones: porque ninguno de estos llegó a los años 40 con medio país devastado  por los desastrosos experimentos del Frente Popular. No tenían que enfrentarse a una ímproba tarea de reconstrucción en circunstancias muy difíciles, a las que no era ajena la política de Londres. En segundo lugar, la posición de España no tenía nada que ver con la de Suecia y demás, ni con la española de la I Guerra Mundial.  Suecia pudo beneficiarse extraordinariamente de su colaboración con la Alemania nazi, a la que suministraba una alta proporción de los elementos necesarios para su industria de guerra: hierro,  aceros especiales y productos industriales refinados como los rodamientos a bolas (aparte de permitir la circulación de tropas alemanas por su territorio hacia Noruega y Finlandia, cosa que España nunca permitió). La posición de Suecia fue en ese sentido muy similar a la española en la PMG, pero en sentido contrario: entonces España pudo beneficiarse a fondo del comercio con Francia e Inglaterra, no con Alemania,  de la que estaba aislado. Irlanda, Turquía, incluso Portugal –que no sufrió el acoso y chantaje que sufrió España por sus ventas de volframio a Alemania– sí se parecían a la  España en la PMG. Si olvidamos circunstancias de este calibre, el análisis y la propia historia se convierten en un chiste.

   En cuanto a la neutralidad española, se encontraba entre una frontera  francesa ocupada por las divisiones alemanas y un mar dominado por los aliados. La España de entonces tenía una deuda importante con Alemania, no solo material, también moral, de gratitud por haberle ayudado a librarse de la disgregación y de un régimen soviético; con los anglosajones no solo no tenía tal deuda, sino que estos ocupaban una parte estratégica del territorio español en Gibraltar. Las circunstancias no podían ser más difíciles. La decisión de Franco, desde muy al principio, había sido no pagar la deuda a los alemanes entrando en una contienda que habría destruido por mucho tiempo  la posibilidad de reconstrucción de España (lo trataré también en esta serie), y por tanto la presión hitleriana pendía como una amenaza constante;  y a su vez la presión anglosajona utilizaba su dominio del mar para mantener la economía española a medio gas, escatimándole el petróleo, los abonos, los plásticos y otros productos básicos. Así, hablando de “autarquía”, que las circunstancias hacían inevitable, Varela Ortega y sus maestros ingleses “olvidan” el  sabotaje permanente de Londres como un factor de gran peso en la pobreza española de entonces.

   Algo más: el régimen de Franco buscó y obtuvo algunos créditos de los anglosajones, pero rechazó aquellos con los que Usa pretendía dictar la política española. A esto llama nuestro anglómano “darse costosas bofetadas en su propia cara”. Se ve que mantener a los españoles al margen de las atrocidades de aquella guerra y defender la independencia del país –salvo que sea la inglesa—cuentan poco o nada para estos peculiares historiadores. Y es importante señalarlo, porque precisamente el fondo de toda esa propaganda es denigrar o menospreciar todo lo español, por lo que la independencia y la reconstrucción  del país no entran en sus llamativos análisis. Pero esta es precisamente la cuestión, es lo que se jugaba España en aquellos tiempos bajo amenazas, chantajes y sabotaje permanentes. Para la escuela anglómana, todo lo que no sea seguir los análisis anglosajones y someterse a sus intereses en política práctica,  sería un disparate.

   Y mañana abordaremos los datos terroríficos que ofrece sobre los años 40. Ya los he tratado en varios artículos de este blog y Libertad digital  y en Años de hierro, pero, como se ve, estos historiadores repiten sus leyendas con  total desenvoltura. Desgraciadamente estos estudios han sido poco difundidos, porque la gran afición divulgativa y proselitista de la izquierda no es compartida por la derecha, que prefiere reducirlos a una ilustración personal sin mayor alcance. Por eso, y ante la fobia de los historiadores españoles al debate intelectual, ruego a mis lectores que hagan lo posible por alimentar la batalla por la cultura española haciendo llegar estos artículos al mayor número posible de personas.  Es muy importante que en España se desarrolle una historiografía seria tanto sobre el propio pasado como sobre la II Guerra Mundial, en la que la posición de España, aunque secundaria en conjunto,  pesó de modo muy considerable y en algunos momentos nada secundariamente; y que a su vez pesó en la evolución interior española.

   Mañana, como digo, hablaremos del hambre, enfermedades, miseria y demás plagas de los años 40.

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Dos matanzas en Filipinas

Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

La matanza de Manila  fue un caso único en la guerra de Filipinas: “En febrero comenzó la lucha por Manila, que duraría alrededor de un mes. El general Yamashita dio orden de evacuar la capital filipina, pero el almirante Iwabuchi mantuvo una defensa encarnizada  sobre el terreno. Mac Arthur bombardeó la ciudad mientras los japoneses sitiados, unos 16.000, se libraban a una orgía de matanzas e incendios sin objetivo práctico, no respetando siquiera el Club Alemán, donde 800 personas fueron masacradas, ni el consulado español. Hubo en torno a 70.000-100.000 muertos: casi todos los soldados nipones y no menos de 50.000 civiles. Los useños evitaron arriesgarse al combate callejero y apenas tuvieron un millar de bajas (una gran parte de las víctimas fueron causadas por sus bombardeos, que arrasaron la capital). 

   “Por tales atrocidades, Madrid rompió en abril las relaciones con Tokio. El sentimiento de algunos soldados japoneses podría expresarlo el diario de uno de ellos: “Febrero de 1945. Todo el día empleado en buscar guerrilleros y nativos. He matado ya bastantes más de cien. El motivo que poseía cuando abandoné mi país hace tiempo que ha desaparecido. Ahora soy un asesino curtido y mi espada está siempre manchada de sangre (…) Que mi madre me perdone”.

   “La batalla de Manila marcó el fin de una época española en Asia, explica el historiador Florentino Rodao. La ciudad hispana, una de las más bellas del Pacífico, fundada por Legazpi en el siglo XVI y conocida  por Intramuros, quedó arrasada por los bombardeos useños y los incendios japoneses, después las excavadoras  completaron el estrago (sería restaurada parcialmente en los años 80). Constituía un símbolo cultural, pese al retroceso del idioma español en las islas tras su conquista por Usa” (en Años de hierro, p. 605)

 La invasión useña de 1898 se produjo después de que su gobierno asegurase a los independentistas isleños no tener ninguna pretensión sobre Filipinas aparte de liberarla de los españoles. La resistencia filipina a la invasión fue aplastada salvajemente, incluso con órdenes de fusilar a los mayores de 10 años.  Se calcula que las víctimas ascendieron a más de un millón sobre los  siete y medio  que tenía entonces Filipinas. El escritor independentista Luciano de la Rosa, señaló: “Una enorme proporción de esas bajas eran filipinos de habla hispana ya que eran los de este habla los que mejor entendían los conceptos de independencia y libertad y los que escribieron obras en idioma español sobre dichas ideas”. Se calcula que el español era hablado, como primera o segunda lengua, por el 60% de la población. La colonización useña realizó un gran esfuerzo por acabar con ella, empezando por negar su importancia anterior.

 

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Los hijos de Blas Infante / Por qué PSOE y PP son cómplices de la ETA

Historia criminal del PSOE en “Una hora con la historia”: Companys se lanza a la guerra civil en compañía del PSOE: https://www.youtube.com/watch?v=UMSL5JuZYKs

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Campaña, para el día de Andalucía

**No hay mayor insulto a los andaluces que declarar Padre de la Patria Andaluza a un orate lleno de odio a España llamado Blas Infante. Lo proclamaron “padre” PP, PSOE y separatistas andaluces, todos juntos. Se ve que se consideran sus hijos.

**Nada define mejor a la miserable casta político que se formó en la transición que hechos como el de Blas Infante y la entrega de la enseñanza a los mayores enemigos de España.

**La bandera andaluza no es andaluza. Es árabe. La impusieron los mismos golfos que declararon “Padre de la Patria Andaluza” al loco anti-español Blas Infante. Esos partidos deben desaparecer por el bien del país, de la libertad y de la salud mental.

**En la mente de muchos musulmanes, España es Al-Ándalus y llegan aquí con voluntad de imponerse y volver a islamizar España, si Alá lo quiere; que por qué no iba a quererlo.

**España no tiene pasado islámico, sino anti-islámico, y gracias a él, a la Reconquista, existimos como nación y cultura. Si no, hoy formaríamos parte del Magreb, como Marruecos o Túnez.

**La Reconquista de España fue un proceso único en la historia de Europa, incluso del mundo, gracias al cual ud no está hablando árabe ni adorando a Alá, ni practicando la sharía; ni su mujer lleva burka.

**Los disparatados profesores que niegan la Reconquista y prohíben a sus alumnos emplear ese concepto, no lo prohíben en árabe, sino en español.

**La Reconquista es la historia del choque entre dos culturas radicalmente opuestas: España y Al-Ándalus. Afortudamante ganó España.

**Al negar la Reconquista, Kamen contribuye a la leyenda negra, cuya existencia  niega con la mayor desfachatez.

**Kamen niega la leyenda negra. Al negarla contribuye a ella.

**Cuando España defendía a toda Europa del Imperio otomano, ingleses, franceses y protestantes hacían causa común con los islámicos contra España. Y esto no es leyenda.

**En España la cultura musulmana es como la cristiana en el norte de África: arqueología, algunas palabras y restos culinarios.

Va por la tercera edición: 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Usted ha sostenido que ZP es un delincuente cómplice de la ETA y colaborador con banda armada. Sin embargo nunca ha puesto una denuncia ante juzgado por ello.

–He expuesto la necesidad de que lo hiciera alguien con sólidos conocimientos jurídicos, que no es mi caso. La idea no fue acogida por nadie. También es verdad que habrá llegado a poca gente, porque mi ámbito de influencia es reducido.

 Puede deberse a que jurídicamente no hay motivo para ello.

– Evidentemente lo hay. ZP se encontró con una ETA prácticamente moribunda, y en lugar de rematarla  de acuerdo con el estado de derecho, la rescató políticamente,  le devolvió legalidad, la dotó de grandes cantidades de dinero público y de muchas otras prebendas. Si usted daba a la ETA mil euros podía ser detenido por colaboración con banda armada. Si la convierte en una potencia política y le regala cientos de millones de euros resulta que usted hace  política progresista.

 Pero  ETA dejó de matar, eso es un logro evidente.

–La ETA prácticamente había dejado de matar, porque no podía, porque sus intentos le salían mal. Solo le quedaba algún posible coletazo ineficaz. Zapatero es el mayor cómplice que ha tenido la ETA en toda su historia. Seguido por Rajoy.

   Usted ha dicho que la ETA ha tenido mil complicidades a lo largo de su historia.

–A lo largo de su historia, no. Solo cuando empezó a matar, en 1968. Antes casi nadie le hacía caso. Pero su primer asesinato, hecho por un estudiante drogado, le valió el apoyo entusiasta de gran parte del clero vasco y no vasco, de los comunistas y la oposición antifranquista en general, de Argelia, de Cuba y sobre todo de Francia, y la simpatía de los políticos de Europa occidental. En el franquismo, la ETA fue poco efectiva, incluso el asesinato de Carrero Blanco, su acción más espectacular,  no logró conmover al régimen,  y al final la ETA estaba casi en las últimas.

Se entiende, porque la ETA luchaba contra el franquismo, una dictadura brutal.

–No había tal dictadura brutal. Es curioso que conforme el régimen se liberalizaba, la oposición se radicalizaba. Porque la oposición, en el fondo, quería alguna tiranía totalitaria, y el franquismo le parecía poca cosa. El núcleo activo de la oposición era comunista, y toda ella simpatizaba con regímenes como el cubano o el soviético, y decía que el Frente Popular había sido democrático. Los gobiernos de Europa occidental odiaban al franquismo porque les recordaba que ellos no debían su democracia ni su prosperidad a sí mismos, sino a los ejércitos useño y soviético, y a las finanzas useñas. España era la gran excepción, y aunque habían tenido que tragar con ella, les provocaba una indigestión permanente. Lo de la ETA es de lo más significativo al respecto: un movimiento marxistoide y procomunista practicante del tiro en la nuca resultaba el abanderado de la democracia y la libertad. No es una paradoja, es una demostración.

Si la oposición antifranquista apoyó a la ETA en el franquismo, ¿Por qué la ETA continuó actuando en la democracia?

–No solo actuó, sino que en períodos de tiempo iguales causó muchas veces más muertos y daños. Precisamente porque concluyó que no podía aceptarse una democratización desde un régimen terrorífico  como el franquismo. Por tanto había que golpearlo y también a sus colaboradores, cosa lógica desde su punto de vista y también desde el punto de vista de la oposición que colaboró o se vio obligada por su debilidad a colaborar con la transición. Por otra parte, la oposición en el franquismo se hizo la ilusión de que los “jóvenes patriotas vascos”, políticamente ingenuos, les harían el trabajo sucio, y después se retirarían dejándoles a ellos la política y el dinero. Eran maquiavelos de aldea y desde luego se equivocaron.

Vuelvo a lo mismo: si es tan claro, ¿por qué ningún abogado o juez ha tomado su acusación?

–Debe usted tener en cuenta varios factores. En primer lugar, la justicia empezó a corromperse gravemente con la famosa muerte de Montesquieu, emprendida por el PSOE y seguida por el PP. Hay jueces independientes, pero en conjunto la justicia está muy socavada y politizada. Lo reconoce hasta Alfonso Guerra.  En segundo lugar, desde la transición se ha identificado democracia con antifranquismo. Entonces la ETA sería mil veces más demócrata que partidos como la UCD y el PP, que salían directamente del franquismo, o que el PSOE, cuya inactividad en aquel régimen podía entenderse como complicidad de hecho. Es más, la ETA habría traído la democracia a España con el asesinato de Carrero, tesis que comparten la extrema derecha y la izquierda, de modo implícito o explícito. Al poner querella al PSOE de ZP y luego al PP de Rajoy, quien lo hiciera entraría en un terreno minado, y el valor moral no es una cualidad muy extendida y menos apreciada en la España actual, empezando por la mayoría de los jueces  desde el asunto Rumasa. En una democracia real, Zapatero habría dado pronto con sus huesos en la cárcel. En cambio ha podido liquidar las bases de la democracia imponiendo sus leyes totalitarias con la mayor tranquilidad, apoyado de hecho por el PP. Por eso hemos llegado al golpe de estado permanente. Vengo denunciando la  transformación del régimen, de hecho la destrucción de la legalidad, desde que ZP llegó al poder.

Pero todo indica que sus denuncias han sido en vano. ¿No piensa que podría deberse a que son realmente infundadas?

  –¿Y cómo hemos llegado a la actual situación de golpe de estado permanente? El problema de fondo de todo esto se puede resumir en tres cosas: a)  Los políticos españoles nunca tuvieron claros los principios de una democracia, como he observado en La guerra civil y los problemas de la democracia en España. b) Los políticos españoles no solo carecen de cultura democrática, sino también de cultura histórica, lo que les lleva a repetir los  más graves errores;  por eso, para remediarlo en lo posible, acabo de publicar Por qué el Frente Popular perdió la guerra. Aunque esa incultura abarca mucho más que la guerra y el franquismo.  c) Los políticos españoles, de Bildu al PP, y en parte como consecuencia de lo anterior, carecen de estima por su propio país, por su historia y su cultura. Por eso hemos llegado a un estado de putrefacción que, como no se corrija a tiempo, nos llevará a problemas muy graves, quizá insolubles por métodos normales.  
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Canaris y Franco / Batalla cultural (III) Kamen vive y escribe en Al Ándalus

**El problema de izquierda y separatistas no es que vivan EN la mentira, cosa que nos pasa a todos en mayor o menor medida y en unos momentos u otros. Es que viven DE la mentira. Mal remedio.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

**Hace unos años encontré en una televisión a Ignacio Camuñas. Vaciló en darme la mano: “Tú asaltaste la revista Guadiana”, me dijo.  Había olvidado que él dirigía la revista, incluso había olvidado quién era él. Le respondí , un poco burlonamente, algo así como “estábamos en guerra” y al final me dio la mano. ¿Estábamos en guerra? No había el menor atisbo de ello en España (aunque un artista medio chiflado decía que no había paz, sino victoria, y muchos otros insistían e insisten en que no había “verdadera paz” y cosas por el estilo). Había paz y no guerra,  cierto. Pero si consideramos, como todos esos farsantes y creíamos algunos no farsantes,  que el franquismo era una dictadura terrorista y genocida, entonces hacerle la guerra era una obligación. El problema era que quienes decían y siguen diciendo esas cosas siempre han sido capaces de prosperar en cualquier régimen:  franquismo,  democracia o tiranías realmente terroristas como la soviética. Siempre sobrenadan diciendo lo que conviene en cada caso. Y siempre corrompen lo que tocan.

**¿Quieren saber qué es el feminismo? Repasen las consignas de sus manifestaciones. No hay guía mejor para enterarse

**La leyenda negra nace de las calumnias delirantes de un fraile perturbado, Las Casas, acogidas con fruición y aumento por todos los enemigos de España. Se explica por el poderío hispano en la época. Pero la leyenda continúa con pleno vigor hoy, cuando ese poderío se ha desvanecido. El caso merece reflexión.

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Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

 Los servicios de Canaris a Franco

Franco venció en la guerra a un Frente Popular compuesto de totalitarios y separatistas, es decir, salvó a España de la disgregación y la sovietización. Pero una marea de retorcidos charlatanes que quieren pasar por historiadores pretende con la mayor desfachatez  que los derrotados representaban la democracia y la libertad. Como señalo en Por qué el Frente Popular perdió la guerra, con ello no entendemos nada de la historia real, pero sí sabemos  lo que entienden por democracia esos peculiares intérpretes. A continuación, Franco libró a España de la guerra mundial, pero según los mismos charlatanes quería entrar en ella y fue Hitler quien se lo impidió. He tratado el asunto en Años de hierro y en numerosos artículos y no me extenderé ahora. Baste señalar que esos seudohistoriadores que degradan el oficio, los Preston, Marquina, Tusell, Juliá, Reig y tantos más, son completamente incapaces de sostener un debate democrático y racional. Por  eso prefieren la totalitaria ley de memoria histórica. No me cansaré de repetirlo porque las evidencias  entran con dificultad en las mentes acostumbradas a la propaganda.

   Si solo fuera por esas dos auténticas proezas de alcance realmente histórico, Franco merecería entrar con letras de oro en la historia de España, aun  si a continuación hubiera cometido serios errores o hubiera optado por políticas mediocres o perjudiciales. Lo que tampoco fue el caso, sino lo contrario.

 Un personaje que tuvo cierto peso en la  abstención de España en la SGM fue el almirante Canaris, jefe de la Abwehr el  servicio de espionaje alemán. En Años de hierro lo cito catorce veces – partiendo de las obras de  M. Ros Agudo, L. Suárez, M. Platón, y otros–, porque sin duda el almirante sirvió a Franco mucho más que a Hitler, contra quien participó en la conjura de 1944, que le costaría la vida.  Ahora un buen amigo me ha pasado un libro definitivo, con documentación de primera mano y por casi nadie citado, y del que hablaré  algo más  en el blog:  El almirante Canaris. Entre Franco y Hitler, de Léon Papeleux, un investigador belga, publicado en París en 1977 y traducido al español en 1980.

  El libro deja claro que Canaris, de quien  habían llegado a sospechar Jodl y Keitel en relación con España, suministró a Franco información muy importante y favorable a la neutralidad. No es que convenciera a Franco, que estaba sobradamente convencido, desde el principio, de abstenerse (entraría si le garantizasen una guerra corta, lo que sabía imposible desde el rumbo que iba tomando la batalla de Inglaterra; o, en todo caso, cuando la guerra estuviese prácticamente ganada, lo cual entendió también como progresivamente imposible). La prioridad radical de Franco era la reconstrucción del país después de la guerra civil, y no quería comprometerla con aventuras inciertas. Su política consistió en dejar la península al margen, para lo cual reforzó los lazos con Portugal, a fin de evitar que esta sirviera de base a Inglaterra, como había sido tradicional (lo cual no se opone a que el estado mayor español hiciese planes para ocupar el país vecino en caso de emergencia. Los estados mayores deben elaborar planes para cualquier eventualidad). El papel de Canaris consistió en suministrar información que reforzaba la decisión previa del Caudillo.

Es evidente que Franco estimó mucho los servicios del jefe de la Abwehr. Lo pone de relieve que al final de la guerra ofreciera  a su mujer e hijos una pensión y un piso en Barcelona; incluso la nacionalidad española, que la esposa no utilizó, regresando a Alemania años después.

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Batalla cultural (III) Kamen vive y escribe en Al Ándalus

Dice El Mundo que Henry Kamen “desmonta los mitos de la construcción nacional de España”. Observen el servilismo ignorante e hispanófobo dominante en la prensa española, pues no se trata de una excepción. Realmente Kamen no desmonta nada, suelta disparates como que ni Pelayo ni Covadonga existieron o que no hubo Reconquista “porque ninguna campaña militar dura ocho siglos” (una sandez heredada de Ortega). La Reconquista fue mucho más que una campaña militar, fueron muchas, gobernadas por una iniciativa política y cultural decisiva. No se puede negar la evidencia, pero se hace. Al no haber  habido reconquista, está claro que en la Península ibérica, o gran parte de ella, sigue siendo Al Ándalus,  se habla árabe y él está esperando a que sus libros se traduzcan a ese idioma, porque otro no lo conoce nadie aquí. Lo que en el fondo quieren, él y tantos otros, es negar la existencia de  España, pues es obvio que sin reconquista no habría sobrevivido. Y  debilitar la identidad nacional de España y disgregarla es el objetivo de esa disparatada historiografía, por llamarla así.

  A las memeces de Kamen ya les  dediqué algún artículo (pulsen mi nombre y el de Kamen y  los hallarán fácilmente). Pero lo interesante aquí es que Kamen representa muy bien la historiografía anglosajona,  la principal hoy en España, junto con la marxistoide, y ambas denigradoras de nuestra historia y cultura. Las dos corrientes tienen una base común: es la economía (la técnica, las finanzas, el comercio, el dinero en general) lo que determina la marcha de la historia y las guerras, incluso la evolución humana.  La diferencia está en que, al revés que la marxista, la anglosajona considera las clases sociales elementos secundarios o derivados. De ahí que para ella todas las guerras sean en el fondo comerciales y se expliquen por ese rasgo. En La Reconquista y España he examinado los argumentos contrarios a ella y no creo que Kamen añada gran cosa al asunto. Por lo que me permito recomendar el mío a los interesados. Uno no puede perder el tiempo con cada tontería que se publica por ahí.

La Reconquista Y España (Historia)

Hace poco me llegó un ensayo de Varela Ortega, historiador anglómano de la escuela de R. Carr, sobre  la SGM y de la actitud de España en ella. De la escuela de Carr he hablado varias veces en el blog. Trataré también  aquí dicho ensayo, porque tiene mucho interés, precisamente en relación con la corriente anglosajona imitada, en general pobremente, en España. Y porque tiene relación con  la necesidad de abordar esa contienda por encima de  la elaborada,  con fuerte lastre propagandístico, por los vencedores occidentales (los rusos tienen otras versiones). Esa exposición podría centrarse, para empezar, en la guerra del oeste, tan diferente de la del este. Trataría la paradoja de que el conflicto empezase por Polonia, sin que Francia e Inglaterra declararon la guerra a la URSS, y  que finalmente el país quedara bajo dominio soviético. Reexaminaría la facilidad con que fueron derrotados los ejércitos francoingleses y el alto grado de colaboración que los nazis hallaron en los países ocupados, colaboración que casi siempre se menciona de modo vago. Podría compararse la colaboración con la resistencia. Debían compararse también, con rigor, los crímenes de guerra alemanes y anglosajones en esta parte de Europa. Asimismo las deportaciones de judíos y la actitud de Londres y Washington hacia su exterminio. Asimismo las venganzas al terminar la guerra en Francia, Italia y otros países. El papel de España en todo ello. Y así otros temas interesantes.  Tratarlos con verdadero rigor sería una empresa de lo más interesante.

 

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Batalla cultural (II) De Hispanoamérica a Latinoamérica / El humorismo trágico del Quijote.

* Un artículo del escritor francés Arnaud Imatz sobre España y la hispanidad: https://latribunadelpaisvasco.com/art/12472/arnaud-imatz-las-elites-espanolas-y-europeas-se-empenan-en-imponer-el-multiculturalismo-a-expensas-de-la-voluntad-de-los-pueblos-nativos

Para la campaña

**Si todas las mujeres fueran feministas, quedaría demostrada la inferioridad que les achacan los misóginos. Afortunadamente no es así.

**El diario ABC, monárquico por excelencia, ataca o denigra constantemente a Franco. ¿Lo hace a pesar de que Franco trajo la monarquía actual? No, lo hace precisamente por eso.

** Dicen algunos que las diferencias entre VOX y el PP son secundarias y de matiz. Para ellos la diferencia entre democracia y tiranía frentepopulista son secundarias y de matiz.

**El PP se declara centrista. ¿Por qué? No por idea ninguna, sino porque cree que la sociedad española es “centrista” y de ahí sacará sus votos. ¿Y qué es el centrismo? Es seguir las políticas zapateriles de memoria histórica, impulso a los separatismos, rescate de la ETA, ideología de género…

**Las diferencias entre el PP, el PSOE y los separatismos son muy escasas, como demuestra todo su historial. Las diferencias entre el PP y VOX deben ser fundamentales. Parece que sí lo van siendo.

**Ante una objeción planteada por un periodista a Ortega Smith sobre una información de El País, el aludido contestó: “Si usted cree lo que dice El País, mal vamos”, o algo así. La contestación perfecta. El nivel del periodismo español

**El nombramiento de Iturgaiz en Vascongadas es perfectamente compatible con la política de Feijoo en Galicia. En Galicia espera la mayoría absoluta con su demagogia tan similar a la de los separatistas. ¿Espera en Vascongadas arrebatar votos al PNV? No: espera impedir que VOX los obtenga.

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De Hispanoamérica a Latinoamérica

Es evidente que la realidad latinoamericana es un desastre que justifica las poses de superioridad de los anglosajones, la  conducta despectiva y despótica de ellos, con infinidad de intervenciones militares, soborno de dirigentes, descrédito del español (esto les resulta más difícil, pero dedican fondos a exp0nerlo como un idioma lamentable, ligado al genocidio, exportar el inglés y al mismo tiempo fomentar el espanglish y  lenguas indígenas casi extinguidas) y de la cultura hispánica en general. Existe una abundantísima literatura al respecto en Usa y en Inglaterra.

Incidentalmente, cuando exponía en tuíter el hecho fácilmente demostrable del historial naval español como el más decisivo y trascendental de la historia humana, salían españoletes recordando a la “Invencible” y a Trafalgar. A tal punto ha llegado la ignorancia de los españoletes sobre la historia de su país y su asunción de la propaganda anglosajona. Una distinguida comisión de expertos económicos españoles viajó hace unos años a Cartagena de Indias, donde les hablaban de Blas de Lezo pensando que sería bien conocido de ellos. Ninguno de aquellos expertos tenía la más remota idea. Hace poco comentaba yo con un historiador de cierto renombre el caso de la Contraarmada inglesa: por primera vez oía mencionarla. Es lo “normal” desde hace muchos años, incluso en el franquismo pasaba: mucha retórica y poco análisis. En ningún libro, que yo sepa, se ha argumentado sobre un conjunto de hazañas tan decisivas como el cruce del Atlántico para descubrir América,  el cruce del Pacífico y del Índico para dar la vuelta al mundo, la conexión creada entonces entre los continentes civilizados, la extraordinaria innovación técnica y científica implicada en tales proezas, cuando otras potencias navales apenas pasaban de la piratería y el tráfico de esclavos o el comercio y  navegación próximos a las costas.  

Volviendo al tema, que he tratado con cierto detenimiento en Nueva historia de España:  la tesis anglosajona es que los países latinoamericanos están como están o son como son se debe  a la “tarada”  herencia cultural, política y hasta biológica de los españoles. Pero creo que puede demostrarse más bien lo contrario, que es la adopción de ideologías antiespañolas lo que ha originado el desastre. Pues la tesis con que se hizo la independencia fue precisamente que había que adoptar la herencia cultural anglosajona o francesa y arrasar la española.

   Arrasarla  incluso biológicamente. Bolívar decretó la “guerra a muerte” para “destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles (…) Ni uno solo debe quedar vivo”; y uno de sus lugartenientes, español, decía que para acabar con todos él mismo se suicidaría después de haber aniquilado a los demás. Panegiristas de Bolívar siguen tomando esa guerra de exterminio por “su mayor timbre de gloria Bolívar recurrió también a mercenarios ingleses, que probablemente le dieron la victoria en alguna batalla decisiva, como él mismo dijo.  Y “explicaba” el libertador a un corresponsal inglés: “El objeto de España es aniquilar al Nuevo Mundo y hacer desaparecer a sus habitantes, para que no quede ningún vestigio de civilización (…) y Europa solo encuentre aquí un desierto. (…) Perversas miras de una nación inhumana y decrépita”. Eso era precisamente lo que hacía Bolívar, que en momentos de sinceridad confesará a Santander: “Amigo, no es sangre lo que fluye por nuestras venas, sino vicio mezclado con miedo y horror”. Santander había ordenado, entre otras, una matanza de 36 oficiales españoles prisioneros, previamente perdonados por Bolívar:  ”Me complace particularmente matar a todos los godos” . Un presente que le recordó el indulto, fue también fusilado sobre el terreno. El mismo Bolívar llegó a admitir que estaban destruyendo “tres siglos de cultura, de saber y de industria”.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

   Lo absurdo del caso es que aquellos furiosos hispanófobos eran también españoles o medio españoles “de raza”, y por tanto  ”estúpidos, viciosos, feroces y por fin  supersticiosos” según un tal Olmedo, bautizado como “El Homero de América”, nada menos.  Otro de los aspectos tragicómicos de aquella gente era que se proclamaban al mismo tiempo herederos de los antiguos imperios indios. Y por cierto que los indios, que conocían bien a los criollos,  o se mantuvieron al margen o se pusieron al lado de España, siendo por ello masacrados por  sus “libertadores”. A los indios “asquerosos” les reservaba la soga el “educador de Argentina”, Domingo Sarmiento, que también recomendaba “no economizar la sangre” con los gauchos, que servirían de “buen abono”. Hombre práctico.  Incidentalmente, lo mismo decía la Pasionaria  que convenía hacer con los nacionales. en la guerra civil 

   Lo cierto es que no consiguieron, ni ellos ni sus sucesores, erradicar la cultura hispánica, pero sí deteriorarla y esterilizarla, y hundir a esos países en el caos y la mediocridad “de la anarquía al despotismo militar, y viceversa” (Tocqueville);  de donde no tienen trazas de salir. Ya Miranda “el precursor”, agente pagado de Londres, terminó diagnosticando de los suyos: “Esta gente no es capaz sino de bochinche”.  Vistos en perspectiva, los “libertadores” y sus herederos parecen botarates iluminados y sangrientos, que al final quedaban en bandas de ladrones. Treinta años después de la  independencia, Sarmiento, el hispanófobo  ”educador”,  admitía : “Vése tanta inconsciencia en las instituciones de los nuevos Estados, tanto desorden, tan poca seguridad individual, tan limitado en unos y tan nulo en otros el progreso intelectual, material o moral de los pueblos, que los europeos (…) miran a la raza española condenada a consumirse en guerras intestinas, a mancharse con todo género de delitos y a ofrecer un país despoblado y exhausto como fácil presa a una nueva colonización europea”.  Y lamentaba que América no hubiera sido colonizada por daneses o belgas, con lo que los Sarmientos, españoles estropeados en fin,  no habrían llegado a existir, quizá por fortuna para todos.   Otros se alegraban pensando que el español se disolvería pronto en nuevas lenguas y dialectos al modo del latín, con lo que cada república tendría la suya… En fin, en Nueva historia de España expongo más ampliamente las circunstancias de la independencia, también ignoradas masivamente por la mayor parte de nuestras “élites”, tan propensas a erigir estatuas a los “libertadores”.    

Por cierto que en España tampoco se andaban por las ramas los anglómanos, filofranceses y “europeístas”. El buen rey Amadeo se desesperaba: “No entiendo nada. Estamos en una jaula de locos”. En las Cortes, Pi y Margall afirmaba que “nuestras pretendidas glorias no fueron sino una interminable serie de hechos que nos deshonran”;  y Castelar declamaba a su vez: “No hay nada más espantoso, nada más abominable, que aquel gran imperio español que se extendía como un sudario sobre el planeta”. Azaña lo define como “un imperio de mendigos y frailes aliñado con miseria y superstición”. Ortega “descubría” que España tenía una historia “enferma”, “anormal”… En fin, de modo parecido a Hispanoamérica, aquí tuvimos nuestra buena ración de botarates iluminados por la luz que creían llegarles de Francia o de Inglaterra, y que en sus perturbados cerebros solo generaba “bochinche”, a menudo muy sangriento.

En conjunto puede decirse que, contra las interpretaciones anglofrancesas y protestantes, el desastre de los países hispanos no viene de la herencia española, sino de haber intentado destruirla para adoptar precisamente las ideologías que les proponían desde Usa, Inglaterra o Francia, y que por lo que se ve, no acaban de injertar bien. Esto es algo que debe estudiarse, porque al resultado de una batalla contribuyen las dos partes: los vencedores y los vencidos con sus errores. En suma: aunque el  término Latinoamérica es posterior a la independencia, podría resumirse en él la  evolución  de estos países como una huida de sí mismos, de sus raíces e identidad. Y esto, que en las personas conduce a serios desarreglos nerviosos y de carácter, en los pueblos da lugar a “latinoamericanismos”.

* Viene al caso este vídeo de Paco Linares sobre la Venezuela de Maduro: https://www.youtube.com/watch?v=bXuThL4Is84

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Historia criminal del PSOE en “Una hora con la historia”: Companys se lanza a la guerra civil en compañía del PSOE: https://www.youtube.com/watch?v=UMSL5JuZYKs

Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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El Quijote como humorismo trágico

El Quijote es reconocido por casi todo el mundo como una de las escasas obras máximas de la literatura occidental, tales como La Ilíada, Antígona, la Divina Comedia, varias tragedias de Shakespeare, quizá Guerra y Paz,  Los hermanos Karamázof o alguna más. Como todas ellas, ha dado lugar a infinidad de estudios e interpretaciones. Una de ellas hace hincapié en el humorismo, quizá la obra cumbre en ese estilo. Sin embargo, el crítico inglés J.  Ruskin, lo consideró “una burla de los más sagrados principios de la humanidad”,  es decir, del heroísmo, la justicia y el amor;  ”desde entonces el diablo ha refrenado los más puros impulsos y propósitos bajo el membrete de quijotismo, más que bajo ninguna otra marca o argucia”.  Esto es cierto en parte: definir a alguien como un quijote, en España y fuera, tiene una connotación entre conmiserativa y despectiva: “¡hay que ser realistas!”.

En Nueva historia de España he tratado algo el caso al analizar los tres grandes mitos que, según Maeztu, creó la literatura española del Siglo de oro: La Celestina, el Quijote y Don Juan  (aunque la literatura de la época  no se agota en ellos ni mucho menos). De la primera he reproducido de Nueva historia alguna interpretación en el blog, de la que estoy bastante contento. Del mito de Don Juan habría que hablar más. Y del análisis del  Quijote no estoy muy satisfecho, aun teniendo en cuenta que, como de los anteriores, un libro de historia general solo puede condensar algunos rasgos esenciales: “En él, la vida parece acotada por un humorista como historia de idealismo, frustración y absurdo (…) Quizá con la literatura pasa algo semejante a las matemáticas: no hablan de cosas reales, y sin embargo expresan la realidad de un modo imprecisable”.

   Creo que el fondo de la obra de Cervantes es un humorismo trágico. Es fácil verlo como una obra divertida sin más, incluso genialmente divertida. Pero Don Quijote es un personaje muy complejo, combinación de aspiraciones sublimes y razonamientos profundos, y  lucha por hacerlos realidad. Bajo la risa o la sonrisa que provocan sus desventuras late una advertencia sobre nosotros mismos, sobre la vida humana en general. ¿Cuál es esa advertencia? Resulta oscura, no queda claramente precisada. Si se limitara a la idea de que los nobles sentimientos y aspiraciones están condenados al fracaso, sería una obra profundamente pesimista, pero tampoco lo es. Bajo la superficie, son los fracasos, precisamente, los que justifican al personaje, los que dan un sentido a su acción. No un sentido claro, moralista o pedagógico, eso trivializaría un tanto la obra, que es lo que ocurre, afortunadamente solo de modo parcial, con Tolstoi. Las grandes obras conmueven algo muy hondo en nosotros mismos, pero nunca sabríamos expresarlo racional y claramente, solo sentirlo de modo confuso, y las obras literarias que suelen considerarse realmente grandes es eso lo que provocan. Por supuesto, puede haber y hay muchas otras interpretaciones,  porque ese tipo de obras es inagotable.

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