El día 12, presentación de Por qué el Frente popular perdió la guerra, con Luis del Pino y Miguel Platón. En el Casino de Madrid, Alcalá 15, a las 19.00 horas.

Qué es el feminismo
Dice VOX que el día de la mujer trabajadora no es de la mujer sino del odio al hombre. ¿Está usted de acuerdo?
–No, en primer lugar porque lo de “trabajadora” sobra. Es una de esas palabras perversas, como, salvando la distancia, lo del “bando republicano”. Llevar una casa y criar unos hijos ha sido siempre un trabajo, y muy duro, aunque no se pague con dinero. Además, el sentimiento feminista no es el odio al hombre, sino precisamente el odio a la mujer por no ser como el hombre. Hacia el hombre es más complejo, una mezcla de envidia y odio.
Sin embargo afirman representar los derechos y aspiraciones de las mujeres.
–Nunca las aspiraciones de las mujeres han sido ser como varones. Se trata de una usurpación, como la de los comunistas con el proletariado o de los ecologistas con “la madre tierra”. Estamos llegando a unos niveles de estupidez sin precedentes, ahí tiene a Pancho de la Pampa celebrando a la Pachamama en los jardines del Vaticano… Podrían reivindicar, por ejemplo, el salario para el trabajo de la mujer en casa y con los hijos. Pero ese trabajo es precisamente lo que más odian. Detestan lo que más caracteriza a la mujer, que es la maternidad y propugnan el aborto como “un sacramento”, según confiesan muchas de sus consignas.
Hablé el otro día con una chica rusa, sorprendida porque en Rusia es un día de fiesta en que se regalan flores y obsequios a las mujeres, mientras que aquí hay una tensiones brutales.
–Aquí hay un fenómeno de histeria colectiva, que es al mismo tiempo un negocio para diversos grupos políticos y charlatanes intelectuales. La histeria viene a ser una rebelión impotente contra una realidad que no se acepta ni se quiere entender. Es impotente, salvo para causar daño a quien la sufre y a su entorno, en este caso a la sociedad entera. Esa histeria se manifiesta, por ejemplo, en la idea de que la realidad no existe, sino que es como uno quiera sentirla. Si tú te sientes mujer eres mujer, y si te sientes millonario eres millonario (esto último no se dice, pero entra en la misma lógica, e incluso con más realismo).
De acuerdo con lo que usted dice, las feministas desearían en realidad ser varones.
–Por supuesto, así es. Se trata de una rebeldía contra la condición femenina. Sus palabras o palabrería encubren esa realidad. Y con mil consecuencias indeseadas, desde luego. Ya el hecho de que todos los partidos que atentan contra la democracia y la unidad de España, desde la ETA al PP, se declaren tan feministas, nos da una pista adicional sobre el problema.
Usted define a la mujer por la maternidad. Pero no todas las mujeres son madres, algunas no quieren serlo, y ninguna se pasa la vida teniendo hijos.
–Una cosa es la normalidad y otra las excepciones, que, como dice el dicho “confirman la regla”. Generalmente esas ideologías ponen en primer plano las excepciones como si la regla debiera acomodarse a ellas. La maternidad no consiste en tener muchos hijos, basta uno o el deseo de uno, aunque no se logre. Observe que el feminismo y algunas de sus consecuencias sociales han creado en cierto número de mujeres el deseo de tener algún hijo, “para realizarse”, al margen del varón. Muchas mujeres han sufrido siempre problemas psicológicos, incluso la locura, por esa carencia. Hay muchas más mujeres que hombres con graves problemas psicológicos (en compensación hay mucho más hombres delincuentes, yo creo que hay una cierta simetría entre las dos cosas); y esos problemas mentales en la mujer suelen provenir de una psicología relacionada con la maternidad.
¿Sostiene usted que las mujeres son mentalmente distintas de los hombres?
–Psicológicamente son tan distintas como corporalmente. El cuerpo femenino está clarísimamente diseñado para la maternidad, y eso va mucho más allá de tener o no tener hijos efectivos. La mujer es, son las excepciones que se quiera, más afectiva y afectuosa, más generosa, menos inclinada al odio o a la delincuencia, más emotiva, habla más y sonríe con más naturalidad, suele ser más limpia, también en las palabras… En los oficios a que hoy se dedica suele escoger los que tienen más relación con las personas y la ayuda, como la medicina, la enfermería, las profesiones de letras etc. Y todo eso tiene que ver con el rasgo distintivo de la maternidad. Si se mutila todo eso, no solo la gran mayoría va a sufrir mucho, crecerá el desprecio o despego del varón hacia ellas, finalmente mutuo, y el malestar en la sociedad, la disgregación de las familias, con sus consecuencias para la formación de los niños.
Por lo tanto, por un lado o por otro, la mujer no tiene remedio
–Ser mujer no es una enfermedad, como en el fondo creen los feministas, no necesita ningún remedio. Por cierto que sus ideólogos sí suelen ser personas muy perturbadas. Fernando Paz ha escrito algo sobre eso, y valdría la pena investigar más el tema. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra dedico un capítulo a “las tres damas de la revolución”, las tres furibundas feministas. Y las tres bastante chifladas, por decir algo. O fíjese en el modelo de mujer que fue la Beauvoir. Detestaba ser mujer y quería sentirse hombre, aunque al cabo su posición como pareja de Sartre tenía mucho de dependencia o sumisión.
Pero no negará que tradicionalmente la mujer ha estado sometida al hombre.
–La igualdad de derechos está conseguida desde hace muchos años. El feminismo es hoy otra cosa. Esa igualdad es la única posible. Lo que no impide que unos hombres han estado y están y probablemente estarán sometidos a otros hombres, laboralmente o de otras formas, a veces también a mujeres –no me refiero aquí a dependencias sexuales–. Una mujer de clase alta ha tenido siempre, a lo largo de la historia y ahora mismo, muchos más derechos en la práctica, y más posibilidades materiales que un hombre de clase baja. Tengo una hipótesis, y es que, dado que a los animales les caracterizan dos funciones básicas, la nutrición y la reproducción, en el ser humano la nutrición corresponde fundamentalmente al varón y la reproducción a la mujer. Fundamentalmente no quiere decir exclusivamente, claro está. La nutrición es en definitiva la lucha por la vida, que suele ser muy agria, y está más relacionada con el individuo, mientras que la reproducción tiene otro carácter, digamos más amoroso, se liga más a la especie, a su continuidad. No puede ser casual que prácticamente todos los oficios y profesiones para ganarse la vida, y a los que acceden hoy muchas mujeres, hayan sido creados por varones. Pero, en fin, es una idea a desarrollar.
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Un detective catalán penetra en el sórdido mundillo de la intelectualidad organizada madrileña. Una novela negra como la vida misma: 