Los delincuentes denuncian / Dios y el hombre / Luis del Pino

Este sábado, Una hora con la historia tratará de la División Azul. La sesión anterior, sobre la política de las potencias anglosajonas hacia España en la SGM y su evolución: https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM 

************

Política delictiva

Bajo el lema “Vota valores”, el grupo  “Hazte oír” realizó una campaña informativa mediante autobuses en los que exponían las caras de candidatos de PSOE, C´s y PP y declaraciones ilustrativas  de sus propósitos sobre la vida humana, la familia y la unidad de España. Salían el Doctor: “Cataluña es una nación”; Rivera: “El aborto no es violencia”; Andrea Levy: “Dejaría la ley del aborto tal y como está”; y Maroto: “La ley LGTBI se queda”.  Estas palabras textuales se pusieron también en vallas, y el PP las ha denunciado a la Junta electoral Central, compuesta por personas relacionadas con el PP y el PSOE.

Es decir, el PP trata de silenciar a quienes ponen en evidencia su permanente engaño y chanchulleo. No dudan en utilizar la ley de forma torticera y obligar a cualquier crítico a gastar tiempo y dinero defendiéndose de un acoso en sí mismo delictivo. Lo mismo hace el PSOE negando subvenciones a las que tienen derecho y que tratan de reservar para sus amigachos políticos.

Informar a la gente sobre los políticos y las políticas de los partidos, máxime en el festival de embustes que es esta campaña electoral, no es solo un derecho, es también un deber de los ciudadanos conscientes. Incidentalmente, compárese la campaña de Hazte Oír con la actitud acomodaticia, por decirlo suavemente, de unos obispos que  se desentienden de la profanación de los restos del hombre que salvó a la Iglesia del exterminio.

**************

El hombre y Dios

El científico  Ginés de Morata se plantea el arduo problema de si el hombre es una creación de Dios o Dios una creación del hombre. El decide lo segundo. Pero como es obvio que el hombre no se ha creado a sí mismo, hay que concluir que solo puede ser una creación de Dios. Solo que a ese dios él le llama “Evolución”. Y resulta un dios notablemente caprichoso, porque quiere ser científico pero no funciona a través de las leyes necesarias a las que aspira la ciencia, sino por medio de azares e infinitas  combinaciones de azares. También podría plantearse si el hombre es un producto de la evolución o la evolución un producto de la mente humana.

Me recuerda  a uno del Ateneo, socialista y muy feminista, enemigo del patriarcado, al que atribuía la idea nefasta del bien y el mal, que oprimía a las pobres gentes, en particular a las mujeres. Le pregunté: “Entonces, tú crees que está muy mal pensar en términos de bien y mal”. “Pues claro…”.

*******************

Luis del Pino y Sonaron gritos

Me sorprendió que Luis del Pino estimara la novela como el mejor de mis libros. En cualquier caso, la desconfianza hacia los historiadores metidos a novelistas suele estar justificada, y yo temía estar metiendo la pata. Me alegra ver que no ha sido así. Puede verse también la disparidad de juicios, comparándola con los anteriores.

Admiro a Pío Moa como historiador. Y precisamente por eso, cogí con prevención su primera novela, “Sonaron gritos y golpes a la puerta”: a veces, personas brillantes que deciden hacer incursiones en un género literario que no es el suyo, se descuelgan con unos bodrios realmente indigeribles. ¡Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con una de las mejores novelas que he leído en los últimos tiempos!

Que el estilo de escritura de Moa es elegante es algo que sabe cualquiera que haya leído alguna de sus obras. Pero escribir una novela requiere algo más que buen estilo: hay que saber transmitir y hay que saber contar una historia. Y, sobre todo, hay que ser capaz de enganchar al lector, de provocar en él esa “suspensión de la incredulidad” que presta verosimilitud a los personajes y a sus peripecias. Y, en ese sentido, la de “Sonaron gritos y golpes a la puerta” es una historia que engancha.

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

 La novela narra – con un enfoque que recuerda, en cierto sentido, los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós – esos diez años terribles de la Historia española comprendidos entre 1936 y 1945. La historia de una generación marcada por la tragedia: la de esa Guerra Civil en que desemboca una República fracasada, y la de sus secuelas. Las tres partes en que está dividida la acción transcurren, respectivamente, en la Cataluña inmersa en la Guerra Civil, en la Rusia donde combatió la División Azul y en la Galicia donde tuvieron lugar algunas de las primeras operaciones contra el maquis.

He de decir también que la novela me sorprendió por un segundo motivo, quizá más importante que el primero. Conozco al autor, me precio de ser amigo suyo, y tengo que confesar que en la novela descubrí a un Pío Moa totalmente desconocido para mí. La novela deja traslucir una sensibilidad que sorprenderá mucho a quien solo tenga de Moa la imagen de perpetuo provocador y enfant terrible con que adorna sus opiniones políticas y sus comentarios sobre la actualidad. “Sonaron gritos y golpes a la puerta” es, sobre todo, una novela hermosa: resulta imposible no pensar, una vez acabada la novela, en algunos de los personajes que la jalonan, y en el significado y el propósito de sus vidas. Y de las nuestras.

Que nadie espere una visión maniquea sobre la guerra. A través de las páginas de la novela van desfilando personajes que dejan claro que la maldad y la bondad son cosa de las personas individuales, más que de los bandos. Y que el idealismo, la capacidad de sacrificio o la compasión son pulsiones que nacen del corazón de cada persona, y no un producto de las ideologías. Moa trata a sus personajes, hasta los más despreciables, con un enfoque en el que los tintes heroicos o abyectos se funden con los contornos humanos, dando como resultado caracteres creíbles, de carne y hueso, en los que el mal y el bien conviven, a veces de forma indiscernible.

Y resulta imposible no darse cuenta de cómo el propio Moa se proyecta en algunos de los personajes del libro. Y digo algunos, porque en la lectura de ciertos pasajes casi puede oírse a Moa interrogarse a sí mismo y desafiar sus propias creencias, a través de los ojos con los que el protagonista, Alberto, contempla las acciones de algunos de los caracteres secundarios de la trama. Es imposible no ver en esos episodios al propio Moa cuestionándose el sentido de la vida y el papel que el bien y el mal juegan en ella. Y contemplando con desengañada compasión la manera en que los seres humanos somos capaces de las mayores vilezas y de los más hermosos sacrificios en nombre de una causa.

Es esa desengañada compasión la que transforma en elegía la historia. Elegía por unos ideales muertos, por unos amigos muertos, por un pasado que se antoja casi irreal. Y a pesar de todo, por debajo o por encima de ese llanto, late en la historia la pulsión de la vida, en la que el humor y el amor conviven codo a codo con la tragedia, justificándola y trascendiéndola. No es por tanto tristeza, sino caridad, el sentimiento que predomina en la historia. Caridad para con los seres humanos que, acertados o errados, tratamos de sobrevivir mientras defendemos aquello que creemos que es justo. Pero caridad también, llena de distante ironía, para con aquellos otros que se las arreglan siempre para prosperar en cualquier circunstancia, precisamente porque nunca defenderán nada: son los idealistas los que promueven los cambios, pero son los descreídos los que acaban siempre aprovechándolos.

 

Creado en presente y pasado | 49 Comentarios

Encuadre histórico de la situación / Una reseña entusiasta

En Una hora con la Historia, un tema apenas estudiado: la evolución de la actitud de Usa e Inglaterra hacia España durante la II Guerra Mundial. https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM

***********

En 1898 España sufrió una conmoción moral extrema al haber perdido con facilidad sospechosa la guerra con Usa y los restos, aún importantes, de su antiguo imperio. De esa conmoción surgió una época histórica nueva caracterizada por el auge de los separatismos, del terrorismo anarquista, del socialismo revolucionario y de un republicanismo simplón y mesiánico. La conjunción de esas fuerzas abocó a la destrucción del régimen liberal de la Restauración, a un intento conservador con modificaciones importantes en la dictadura de Primo de Rivera y finalmente la II República.

    La reacción a la derrota del 98 creó por otra parte un clima de pesimismo y también de regeneración. El regeneracionismo hacía un análisis extravagante de la historia de España, tildándola de enferma, anormal, absurda, pero que los regeneracionistas iban a cambiar y renovar gloriosamente. Quienes se atribuían tan enormes designios eran sin embargo políticos e intelectuales medianillos, sin el menor espíritu heroico y preocupados ante todo de hacerse una buena posición como funcionarios del régimen que decían detestar y al que aspiraban a destruir. Quienes lo destruyeron, con su ayuda, fueron sin embargo los otros.

   La dinámica de la II República mostró el carácter y la talla de tales fuerzas (muy bien descritas, paradójicamente, por Azaña). Solo fueron capaces de crear caos político y creciente miseria, que abocó a una polarización entre un frente de separatistas, totalitarios y golpistas por un lado, y las fuerzas partidarias del mantenimiento de la nación, de su cultura cristiana y de las libertades personales por otro. Esa polarización provocó la guerra civil.

   ¿Puede decirse que el franquismo superó aquella situación? Sí puede decirse. Los odios furiosos de la república quedaron pronto superados para la gran mayoría. El pueblo pudo confiar en sus propias fuerzas, que le permitieron  reconstruirse sin las deudas absolutas del resto de Europa occidental. Los separatismos, el anarquismo y los republicanismos de miseria desaparecieron, y solo persistieron los comunistas en una lucha marginal y derrotada una y otra vez,  más, a última hora el crimen etarra.

  La sociedad creada en el franquismo nada tenía que ver con la de la república. Ni los viejos odios, ni la vieja miseria, ni la vieja denigración de España. Esto permitía el paso a una democracia firme y sin convulsiones, y fue lo que decidió el pueblo en el referéndum de 1976. He expuesto reiteradamente cuál ha sido la dinámica posterior, en la que ha incidido la crisis de la Iglesia tras el Vaticano II y el vaciamiento intelectual de la derecha, que debía proclamarse heredera del franquismo y se sumó a la falsificación sistemática de la historia. Y así unos problemas políticos de fondo que parecían y realmente estaban superados, han resurgido como un fantasma amenazante. Ha resurgido la política “incompetente, tabernaria, de codicia y botín sin ninguna idea alta” que llevó a la guerra civil.

   Aún estamos a tiempo de frenar por medios normales esta deriva y comenzar una nueva etapa de nuestra historia. Pero también es verdad que el tiempo apremia.

*************

El profesor Luis Segura es  ensayista (La hoguera de las humanidadesLa cultura en las series de televisión y otros), autor  de novelas y cuentos (Todo se acaba, Mercenarios de un dios oscuro) y poemas (Seres de aliento prestado). Es además crítico y divulgador literario en su blog “La cueva de los libros”. Como verán, su reseña de Sonaron gritos y golpes a la puerta es entusiasta:  

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

“Una de las mejores obras de ficción, si no la mejor, de lo que llevamos de siglo XXI español. Sonaron gritos y golpes a la puerta es mucho más que una novela histórica centrada en la guerra civil española y la posguerra, y estoy tentado de considerarla una obra maestra. Por muchos motivos Pío Moa es un escritor obligado, pero en lo que se refiere a esta novela, sus virtudes formales y de fondo sobresalen en las primeras páginas. Sonaron gritos es un libro redondo. Por el don para escribir de su autor; por la capacidad de rozar las fibras del lector con el horror narrado o los sentimientos y avatares de los personajes; por su brillantez en el análisis y en su exposición, con un bagaje colosal en forma de documentación histórica; y por su genialidad en los diálogos (…)

      Pío Moa es un historiador conocido por sus polémicos ensayos, enmarcados entre la segunda república española y la transición. Renovó los estudios sobre la época, y echó por tierra los cimientos de la historia oficial que se enseñaba en España sobre esos años. Ha sido un autor de éxito porque ha destapado, con solidez y razón, las vergüenzas de quienes fabrican memoria para manipular rebaños, siendo seguido por un público numeroso y anhelante de historias coherentes y serias. Yo soy lector de Pío Moa desde Los mitos de la guerra civil, y desde entonces, me he preocupado por conocer su visión de la historia y he tenido el placer de compartir su discurso en lo esencial, y de ir consolidándolo según publicaba obras brillantes y de difícil refutación. Así, obras como su imprescindible Nueva historia de EspañaLos orígenes de la guerra civil, Años de Hierro, o Franco: Un balance histórico, son, no solo de primer nivel, sino necesarias y por tanto de agradecer. 

 Dividida en tres partes, la novela se desarrolla entre los años 1936 y 1946. Los hechos narrados los cuenta el protagonista, un profesor de filosofía retirado en los últimos compases de su vida, que, tras la muerte de su mujer, siente la necesidad de poner en orden sus recuerdos  y contar su historia. La primera parte (La catástrofe) sigue los pasos de Alberto (Berto) Roig (el protagonista del relato y por entonces un muchacho) en la Barcelona del caos revolucionario de los primeros meses tras la sublevación de los nacionales. En Cataluña, como es conocido, fracasa la sublevación nacional e imponen “su ley” los numerosos partidos izquierdistas que más tarde lucharán entre ellos: PSUC, CNT, PCE, etc. Y es que el primer capítulo nos introduce con violencia en un crimen salvaje (…)  Casualidades del destino, se tropieza con su mejor amigo (Paco) e ingresan, para salir del paso, en la CNT. Con esa coartada, servirán al enemigo como quintacolumnistas (…)  Alberto establece relación con la familia de Paco (comunistas, tanto los padres como Luisa, una de las hermanas de Paco, y con la que Alberto tiene una relación) y sobre todo con Carmen, otra hermana de Paco y futura mujer de Alberto (…) 

         La segunda parte (“El hielo y el fuego”) transcurre finalizada la guerra.  Alberto y Paco se alistan como voluntarios a la División Azul para combatir el comunismo en Rusia. (Otros personajes), Hilde, Iliena, Irina o los compañeros Crates, Larumbe, Contreras o el siniestro Saavedra. Nunca he leído una narración bélica tan épica y bien descrita. De vuelta de todo, y tras varias tragedias, Alberto regresa a España y Paco se queda .

 La tercera parte: “De todos los misterios”. El regreso es desalentador y amargo para el protagonista a pesar de volver a los brazos de Carmen. Lejos quedaron su gran amor (Iliena) y muchos compañeros, además de su mejor amigo. Las tertulias en Madrid vividas por el exdivisionario y descritas por Moa son una espléndida fotografía de la época histórica y de las opiniones del momento, en las que una libertad práctica permitía a las gentes rechazar el régimen franquista y desear, desde una ocupación aliada hasta la vuelta del comunismo. Alberto es, en ese nuevo mundo mezquino y miserable, un hombre que no encaja, y como tal, se ofrecerá contra el maquis en Galicia (…) 

      Los resúmenes siempre son migajas cuando tratamos de acercarnos a una obra literaria como esta. Su lectura es lo que llena verdaderamente (…) 

OBSERVACIONES 

Los personajes. 

     De los personajes hay que destacar su fuerza y viveza. El realismo de estos es extraordinario. Ninguno es completamente bueno del todo, pero siento simpatía por Alberto y Carmen, y también pena por Paco, un héroe olvidado maldito por el amor. Alberto es un hombre meditabundo y algo obsesivo, pero el desgarro de sus reflexiones, la honestidad de sus actos (y coherencia con sus ideas) y sus sacrificios demuestra grandeza. Dos dolorosos destellos del sufrimiento que siente en su vejez ante la vida y la inevitable pérdida que esta conlleva, conmueven profundamente: “La soledad, que agradecí largo tiempo, me pesa ahora: ¡debo hacer algo para escapar de esta penosa fuga de la vida”[1]. O la siguiente: “¿Adónde irán los afectos, las ilusiones, los odios, las preocupaciones que rodean como un halo la infatigable actividad de los hombres”?[2]. Por otro lado, la pareja que hace con su amigo Paco es emotiva y única, pero no indisoluble, como nada en esta vida. Las discusiones filosóficas que mantienen, hablando de lo divino y lo humano, muestran sobradamente la densidad intelectual del autor de Sonaron gritos y se disfrutan enormemente. 

      En relación a la evolución de los personajes también se puede decir mucho. Vemos los contrastes entre el Alberto joven y el viejo. El brío de la juventud y la necesidad de aventura y riesgo contrastan con la realidad de un profesor jubilado de ochenta años que ha perdido a su  mujer y al que ya poco le queda, sintiendo la desazón que provoca el paso del tiempo en el ocaso de sus días. 

                          Las mujeres de Sonaron gritos y el amor 

      En Sonaron gritos muchos amores se trenzan y destruyen. Quizá las palabras de Paco a su hermana Carmen reflejan la idea de Pío Moa del amor, como algo que es mejor llevarlo con tranquilidad y que vaya calando de forma reposada: “enamorarse es lo peor, porque dejas de ser un hombre, te conviertes en un esclavo, sea de la mujer o de tu propio sentimiento”[3]. El pobre desconoce que su vida estará marcada por el misterio de sus palabras. 

      Las mujeres que recorren la novela son unas cuantas, y todas ellas con su carácter y personalidad particulares. Carmen, Luisa, Pilar, Mercè, Irina, Iliena, Eva o Lucía son algunas féminas que surcan las páginas. Como el amor, que hace chocar los personajes en una época turbulenta, zarandeándolos a su capricho. Y si hay amor en una novela de verdad hay dramatismo, pérdida y despedida, pero también algo de felicidad. Luisa, por ejemplo, hermana de Carmen y Paco, y con la que Alberto se acuesta, es una mujer de apariencia fuerte y decidida pero que su libertinaje acaba arrasando su estabilidad interior y conduciéndola por un camino en el que solo se puede huir hacia la degradación personal y el vacío. De Mercè qué decir, pues da su vida por amor. De Iliena, que tuvo que ser un ángel como describió Alberto pero que sufrió la devastación de la guerra. Y de Carmen, el contrapunto de su hermana y de la moral laxa comunista, solo cabe admiración. En el fondo, cualquier hombre de verdad querría a su lado una mujer así. 

                                              Ambientación histórica. 

      Perfecta. No concibo una obra más completa en este sentido. La personalidad de la época no eclipsa a los personajes, porque las personas sienten su existencia como el centro del universo, pero sí es cierto que están condenados a los corsés que impone. Pío Moa dibuja magistralmente el horror de una época infernal, bajo el hechizo de ideologías tan sutiles como criminales, que incendiaron los pechos de españoles, primero, y demás europeos, después, para matarse entre ellos. Es la época de las masas, de la colectividad, de la camaradería, del sentido de la patria, de los grandes ideales, del odio, de individuos arrastrados por las locuras y el fanatismo de unos cuantos anticristos. 

     Porque el libro es la historia, en el plano cósmico o espiritual, del terror revolucionario y comunista, de cómo caló en millones de almas, y de cómo se le hizo frente. Por eso Pío Moa se permite decir al final del libro, por boca de su personaje principal, que “este relato habla de victoria”[4]. Porque el comunismo fue derrotado en España. 

      En este sentido, con el lavado de cerebro educativo labrado con éxito en España por las políticas “progresistas” chocará enormemente que el protagonista de una novela sea un joven que lucha a favor de los nacionales, haciéndose pasar en varias ocasiones por el enemigo, y que arriesgue su vida alistándose como voluntario para frenar o erradicar el comunismo materialista y la miseria que promueve. Pero la miopía, o la ceguera ideológica, nada tienen que decir de la profunda verdad de esta obra de ficción y de su calidad literaria. 

                                      Ecos en Sonaron gritos

      Su lectura me ha evocado la obra maestra de Tolstoi, Guerra y paz. Quizá sea la exquisitez con la que Pío Moa intercala pasajes de amor y de guerra, aunque aquí vemos pocas cortes y todos los personajes viven bajo la sombra de la guerra. Pero también me ha parecido encontrar la idea de Tolstoi en Pío Moa de que, quizá, la Historia esté dominada o dirigida por leyes o fuerzas cósmicas sobre las que el ímpetu de los hombres nada puede. Y es que Moa reitera la idea de la infinitésima fuerza del hombre aislado para cambiar la Historia: “Una noche tuve algo así como una visión: miles de trenes cruzaban Europa con millones de soldados hacia la lucha mortal con otros millones, movidos por la voluntad de unos pocos hombres refugiados en castillos inaccesibles, incapaces de calcular las consecuencias y empujados a su vez por fuerzas difusas, cósmicas, de las que ellos no eran conscientes. Aquel choque colosal alumbraría un nuevo mundo, quizá horrible, y nosotros constituíamos un infinitésimo de aquella fuerza titánica”[5]. De esto se desprende la consciencia del hombre de su pequeñez y de su minúsculo significado dentro del universo. 

                             Sonaron gritos también es un homenaje a los caídos 

       En algunos momentos de la lectura tuve sensación de derrota. El motivo habría de venir de la exposición de Pío Moa de la naturaleza humana, de su retrato, con sus miserias y ruindades. Pero el ser humano también son ilusiones y deseo de hacer el bien, de servir para algo, de dejar un legado, de ser amado… En este sentido creo que Sonaron gritos es un auténtico homenaje a los caídos. A pesar del desengaño generalizado, de la vulgaridad reinante, de la pereza actual, las épocas históricas también tienen sus héroes. Silenciosos, casi todos. O anónimos la mayoría, si se quiere. Pero la deuda que contraemos las generaciones venideras con nuestros antepasados es incalculable. Sobra decir que si no fuera por los esfuerzos de algunos hombres quizá no viviríamos en un mundo “así” de civilizado, con todas las reservas para este mundo. Por eso, después de leer esta obra maestra, y desconozco la causa, me invade una sensación de gratitud hacia el autor y de vergüenza y deuda hacia los héroes. Me siento insignificante al lado de esos caídos, pues sé que mi época no les merece ni les hace honor. 

                                         Obra maestra de la literatura española 

       Finalmente, Sonaron gritos y golpes a la puerta es seguramente la mejor novela de lo que llevamos de siglo, y de las mejores de todo el siglo XX español. Pío Moa, además de maestro para esta generación de españoles, es heredero de los grandes literatos y pensadores del siglo pasado, hombres iguales a nosotros pero muy superiores intelectual y creativamente. Gracias por esta obra, maestro, pues con ella dejas para la historia un relato lleno de acción, espionaje, infiltración, narración pura, discusiones intelectuales, verdad histórica y amor.

Creado en presente y pasado | 56 Comentarios

El PP en ruinas /Aquilino Duque sobre “Sonaron gritos…”

*El PP en ruinas. Sale Aznar con chulerías infantiles, la patriota inglesa Hope Aguirry con que el voto a VOX es inútil, Rajoy justificando su complicidad con separatistas y leyes liberticidas de ZP (¿qué otra cosa podía haber hecho?). Repulsiva banda de señoritos cutres.

*El PP de Casado es el de Maroto, de Feijoo, de los promotores del separatismo. El PP no se ha limitado a apoyar y financiar a los separatistas, sino que ha rivalizado en ellos en sus maniobras ilegales contra la lengua común y la cohesión nacional

*El voto útil es el que defiende a España y las libertades. Hoy es el voto a VOX. Los demás solo son útiles para los enemigos de la nación y de la democracia.

*Los debates “a cuatro” han sido los menos vistos hasta ahora. En parte porque faltaba VOX. ¿Por qué faltaba? Porque con Bertín Osborne quedó clara la diferencia entre dos niñatos y un hombre cabal. No se podía repetir.

* La ruina del PP es ante todo una ruina intelectual y moral que ha terminado reflejándose en la política.

*En el PP solo hay tres ideas claras: “La economías (el dinero) lo es todo”. “España debe ir diluyendo su soberanía en la UE”. “La política consiste en el diálogo con separatistas y totalitarios del PSOE” (por diálogos entiéndanse chanchullos mafiosos en los que siempre pierden España y la libertad.

*La idea de 1+1+1 es buena para impedir al PSOE dominar el Senado. Los necios señoritos del PP creen poder dominarlo ellos y hacen corre el bulo de que la idea parte del PSOE. Es falso. También dice esa panda de miserables que votar a VOX es votar al PSOE.

*Si PP y PSOE desaparecieran –y en el caso del PP es muy posible– España quedaría libre de una enorme basura que lleva años apestando la política.

************

Una novela dantesca

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

Cuando Ramón Solís publicó su amena tesis doctoral El Cádiz de las Cortes, su prologuista don Gregorio Marañón lo animó a que novelara la época que tan bien conocía y que tan brillantemente había dado a conocer. Solís siguió el consejo y se puso a la tarea, pero ninguna de sus obras de ficción tuvo la resonancia del magistral ensayo gaditano. Un historiador que se mete a novelista cuenta en principio con una ventaja de salida, pero no es frecuente que esa ventaja se mantenga. La publicación de Suroeste, la primera novela de Bernardo Víctor Carande, me dio la impresión de una acumulación de datos y conocimientos que no tuvo paciencia de organizar en tesis y aprovechó para poner en pie una obra de ficción. Muchos años después una señora, María Dueñas, triunfaba en toda la extensión de la piel de toro con una novela cautivante a la que al final le colgaba una impresionante bibliografía como si en vez de novela aquello fuera un libro de historia. Llamo cautivante a esa novela porque a mí desde luego me cautivó y me sedujo, por más que no me enseñara demasiado como relato histórico. Sin embargo, el ritmo narrativo, la concatenación de episodios, los falsos nudos y los cabos sueltos, las pinceladas de color local, relegaban a un segundo plano lo absurdo de muchas situaciones y lo convencional de todos los juicios. No deja de tener su mérito que un relato de por sí mantenga en vilo al lector hasta el final sin salirse de las pautas de la llamada “corrección política”.

No es éste ciertamente el caso de Pío Moa en su ambiciosa novela Sonaron gritos y golpes a la puerta Moa llega a la novela con una ya larga historiografía a sus espaldas. Esta historiografía no se reduce a la guerra civil española, sus antecedentes y sus consecuentes, y aunque a él acaso no le guste el símil, Moa entra en liza con esa ametralladora que tiene por ordenador y hace frente a toda una turba de malandrines y follones más próximos de los títeres de Maese Pedro que de los molinos de viento. En tan desigual combate no está ciertamente solo, pero sí que es de todos los de su cuerda quien tiene más lectores.

La prosa de Moa no es una prosa para pocos, sino para todos. Hace años llegué a escribir que había algunos, como Blas de Otero, que querían llegar “a la inmensa mayoría”, y otros que lo conseguían, como Vizcaíno Casas. A mí, que irremediablemente estoy en este punto más cerca de Otero que de Vizcaíno, no me duelen prendas en reconocer los méritos de los que, aun queriendo escribir para todos, llegan al menos a esa “inmensa mayoría”. A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Ese don divino, o esa bendición apostólica, no consiste en otra cosa para un novelista que en el éxito de ventas, máxime en una época como la nuestra, en que no hay más cultura que la cultura de masas que, como es sabido, se rige por la ley del número. Moa no les hace ascos a las masas, porque en el fondo y en la forma es un proletario; un proletario, eso sí, con unos ojos redondos y muy abiertos que descubren la perfidia sinuosa que encubre la grandilocuencia humanitaria, de cuyos mismos recursos dialécticos se vale además para desenmascararla. También he dicho alguna vez que en este mundo de la cultura como artículo de consumo sólo vende el que se vende. Los casos son legión, pero entre ellos no está desde luego Pío Moa, cuyo mérito consiste en haber jugado fuerte a la lotería literaria y haber sacado premio sin claudicar ante ningún mandarinato.

 Hace años, cuando vivíamos en Suiza, Eugenio de Nora le decía a José Angel Valente que había que intentar un género de antena más potente que la poesía. Nora, estudioso de la novela realista, se refería con ello al género narrativo, que ya entonces luchaba por abrirles los ojos a las masas con sus relatos de “testimonio” o de “denuncia”. Mutatis mutandis, no otra cosa pretende Pío Moa, aunque con otra perspectiva política, al dar un tratamiento novelesco a los mismos asuntos sobre los que viene escribiendo desde que empezó a ver claro lo que las masas siguen viendo turbio. Al lector familiarizado con Moa no puede sorprenderle el documentado conocimiento de una época; lo que sí le sorprende es su inventiva. Eso le permite enfocar la tragedia española y mundial – las calamidades del siglo XX que diría el aristócrata Tamarón – con una visión dantesca en tres grandes cantos, dos de los cuales no hay inconveniente en caracterizar como Infierno y Purgatorio. El tercer canto no es menos grande, pero identificarlo con el Paraíso sería excesivo en un hombre de poca fe como lo es el personaje a través del cual habla el narrador en primera persona.

 Esos tres grandes cuadros o episodios en que se articula la obra son la guerra civil vivida en Cataluña entre el anarquismo desenfrenado y la quinta columna, la arriesgada gesta de la División Azul y la represión en Galicia de las guerrillas comunistas. Gritos y golpes no es una historia de buenos y de malos. Buenos y malos hay en ambos bandos, sobre todo si se tiene en cuenta la complejidad de los personajes y lo paradójico de las situaciones. No quiero decir con esto que el autor se ponga en el fiel de la balanza o por encima del bien y del mal. Ese embeleco de la “tercera España” en la que algunos hemos caído alguna vez no va con él.

El personaje que lleva el hilo conductor del relato es un adolescente que presencia el sacrificio de los suyos del que escapa de milagro y sobrevive gracias a un amigo algo mayor que él que juega a dos paños y lo arrastra a toda suerte de aventuras de alto riesgo. Este otro personaje es, más que el narrador, el gran motor del relato y, como casi todos los que desfilan por sus páginas, presenta profundos claroscuros, unos claroscuros dignos de personajes de novela rusa. Es imposible interrumpir la lectura de esos tres grandes episodios del relato, no ya por la inventiva de la intriga, que es trepidante siempre, sino por esa complejidad de los personajes que a veces raya en lo paradójico. Cada peripecia cobra además una profundidad insondable en cuanto aparece una mujer, unas veces como agente y otras como víctima del destino. El nudo del drama, que es el que se desarrolla en Rusia, es el que más abunda en estas situaciones en que el amor y la muerte se confunden en un estrecho abrazo. Por otra parte, la descripción de los combates en el sitio de Leningrado, donde la diezmada División española les evitó a los alemanes un segundo Stalingrado, está a la altura por su conocimiento del terreno, de la táctica militar y de la psicología del combatiente, de algunas de las mejores páginas de Galdós en sus Episodios.

Obra en mi opinión divina, / si encubriera más lo humano, decía Cervantes de La Celestina. Otra de las razones por las que no es posible graduar de divina esta novela es porque en ella no hay nada humano sobre lo que se corra un velo. La mayor ruindad y el mayor heroísmo van juntos, lo mismo lo delicado y lo escatológico, y nadie es bueno o es malo por pertenecer a un bando o a otro. No hay horror que se nos escatime, y la guerra no es parca en ellos. Tampoco cabe hablar aquí de tragicomedia, como en el caso de Calixto y Melibea. La calamidad del siglo XX no fue comedia como no fue divina, pero sí tuvo, en el caso de España, un final feliz. Al menos ese parece ser el punto de vista del narrador, y desde luego lo es del que suscribe. Que esa felicidad fuera paradisíaca es ya otra cuestión. De ahí la desilusión de los que ponen el Edén no en el Génesis, sino a la vuelta de cualquier revuelta.

Donde la novela flojea a mi juicio es en aquellos pasajes, bien sea en las tertulias madrileñas de trasguerra o en los longs loisirs de las trincheras, en que se trata de razonar lo que pasa en el mundo o lo que a cada cual le pasa por la cabeza, lo cual da al relato un tono de novela pedagógica, de diálogo ilustrado en el mejor de los casos y, en el peor, lleva a una confusión de los tiempos, en cuanto que se habla en los “cafés de artistas” de Madrid con una desenvoltura que sólo sería posible quince o veinte años más tarde, aparte de que en esos antros siguen teniendo la batuta los grandes pícaros y bohemios de nuestras letras, por mucho tiempo que lleven criando malvas.  Esto es peccata minuta en una obra cuya gran enseñanza no está en la moraleja dialogada, sino en los hechos y en los comportamientos. En cambio, por poner un par de ejemplos, tenemos al tío Narcís, catalanista, logrero, que trafica en objetos sagrados, se hace llamar Narciso al recauchutase oportunamente como los neumáticos de la época y hace su agosto con el estraperlo, o el párroco gallego que por “mala conciencia” es cómplice y encubridor de terroristas o guerrilleros o partisanos o como se les quiera llamar.

Es curioso que lo que más incomode a estos divisionarios españoles sea el sentido de la disciplina de los alemanes. Esto tiene su explicación, y es que tanto el narrador como su mentor, amigo, futuro cuñado y rival amoroso, vienen de hacer la guerra por su cuenta en la clandestinidad de la zona roja y procuran seguir en el mismo plan si les dejan, de suerte que lo suyo es los audaces golpes de mano como cuando secuestran a la joven teniente soviética que es su manzana de la discordia o cuando toman la iniciativa y se adelantan a sus mandos en acciones que encima les salen bien a veces. La indisciplina que tan mal resultado dio a los anarquistas fue entre otras cosas lo que les benefició a ellos como quintacolumnistas y no podía dejar de imprimirles carácter. Ese carácter era tan incomprensible que motivó la ojeriza de algún suboficial, soldado competente y desagradable, que cayó antes de darles un disgusto gordo.

Pero si la disciplina no la tragaban, sí hacían suyos los ideales de la guerra, hasta el punto de que al desmovilizarse la División y volver nuestro antihéroe a España, el otro, el hombre de acción por excelencia, nihilista radical, se quedó a luchar en la Legión Azul, cuando nada sorprendente hubiera sido que desertara y se pasara a los soviéticos. La cruz de hierro, aunque sea de segunda clase, gradúa de héroes a estos jóvenes de familia modesta que viven para contarlo y que como tales sienten escasa simpatía por los burgueses. Por algo dijo Sombart que el héroe es el que lo da todo a la vida y el burgués el que va a ver lo que saca de ella, aunque para ello tenga que aliarse con el demonio si es preciso.

Esta novela tiene estructura de drama, y su planteamiento, su nudo y su desenlace guardan una curiosa correspondencia, salvando las naturales distancias, con los tres cantos de la Divina Comedia, de ahí que la califique de dantesca, como dantesco fue el marco histórico en el que se desarrolla. Tiene un epílogo en el que se resume una época como la nuestra sin valores, sin ilusiones, sin grandes esperanzas en la que la edad heroica por excelencia, que es la juventud, confunde el heroísmo con la heroína. Por eso yo creo que donde el relato se cierra de verdad es en la sorprendente anagnórisis cuasi póstuma en la que se ata el cabo que quedó suelto en la terrible escena inicial. Sólo entonces encuentra el protagonista una respuesta a muchos enigmas de su condición humana.

*************

*********************

La reconquista y España

Un acierto de VOX: haber comenzado su campaña electoral por Covadonga, para cabreo de los  “historiadores” de El País. Sin la Reconquista no existiría hoy España, y los intentos de negar una implican el deseo de negar la otra.

Creado en presente y pasado | 143 Comentarios

Carta abierta al Doctor / Nostalgia de lo que no fue

Como siempre, espero que mis sufridos lectores hagan suyo este texto y lo difundan todo lo masivamente que esté a su alcance.

Unos periodistas denunciaron que su título de doctor era un fraude. Usted les acusó de mentir y anunció medidas legales. Cosa lógica, pues estaban en juego su honor personal y el prestigio de la universidad y de la propia función de jefe de gobierno. No hubo medidas legales, lo cual demuestra su cobardía y que quien mentía era usted. Y demuestra su desprecio por la universidad y las instituciones del estado –ciertamente degradadas–, cuando, para empezar, el despreciable e indigno de crédito es evidentemente usted mismo.

Un periódico publicó la relación familiar de usted, a través de su suegro,  con el negocio de la prostitución homosexual. De su partido “informaron” que el negocio había cesado antes de que ud se comprometiera con su esposa. Nueva falsedad, porque el negocio continuó varios años después de casados, y cesó por traspaso a un hermano de su suegro, según dichos informes, no desmentidos. En ninguna democracia se pasaría por alto una relación tan extremadamente peculiar en alguien que aspirase a regir  la política nacional.

Usted no ha llegado al poder mediante elecciones, sino explotando la corrupción del PP, cuando su partido comparte la misma corrupción y en un grado más alto. Para realizar su maniobra se ha apoyado usted en partidos separatistas que odian a España y pugnan sin cesar por disgregarla. Y se ha apoyado también en el partido agente de Maduro para España. Estos apoyos demuestran el carácter antiespañol de usted y su partido, su decisión de profundizar el golpe de estado permanente que hoy vivimos hacia la balcanización del país y la aplicación aquí de  experiencias como la de Venezuela.

Usted se ha jactado de la ley de memoria histórica. Se trata de una ley tiránica y totalitaria, propia de estados como Corea del Norte. En una democracia ningún partido ni gobierno puede imponer a los españoles su visión particular del pasado, pero ustedes lo han hecho utilizando las formalidades democráticas contra la democracia, como  hizo Hitler en su momento. Esa ley fue asimismo aplicada por el PP, lo cual revela la escasísima conciencia y cultura democrática de ambos partidos.

También se ha jactado usted de las antijurídicas y antidemocráticas leyes de género,  que incapacitan a los varones para defenderse de acusaciones histéricas. Los maltratos que sin duda ocurren no necesitan leyes especiales, pues las leyes ordinarias los persiguen. Con ello tratan de socavar la familia y la atracción y confianza entre los dos sexos, histerizando a la sociedad, como están demostrando sus nefastos resultados. Esas leyes, tipo LGTBI, están inspiradas en una concepción animalesca de la sexualidad, reducida a la satisfacción instintiva por cualquier medio. Sin duda tienen ustedes derecho a exponer sus ideas al respecto, pero no a imponerlas despóticamente  como dogmas legales a quienes pensamos lo contrario.

  Otro de sus propósitos de Doctor fraudulento, relacionado indirectamente con la prostitución, impulsor de leyes tiránicas y en confabulación con separatistas y maduristas,  es la profanación de la tumba de Franco. Una profanación irrealizable sin acompañarse de otras profanaciones: la de la legalidad y el estado de derecho, por una parte, y de la historia  por otra. De una historia que no tiene nada que ver con la que mienten ustedes, los separatistas y los totalitarios, a todos los españoles.

Azaña que, pese a sus errores, tenía momentos de lucidez, definió magistralmente la política republicana: “incompetente, tabernaria, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”. Azaña estaba hablado de usted, señor Doctor, de su partido y del PP, que han conducido a España a una situación cada vez más crítica, atentando de paso contra la libertad de los españoles. Usted y los suyos envilecen todo lo que tocan, y están tocando ya cosas demasiado sensibles para todos. Márchese a sus negocios particulares y deje de amenazar al país y corroer la libertad de todos. Deje de hacer daño. Está usted a tiempo. 

**********

El video de la canción  Sous le ciel de Paris, interpretada por  André Rieu sugiere a una comentarista ”nostalgia de cosas que nunca fueron”. Una de las reseñas de Sonaron gritos que más me ha satisfecho es la del ensayista Carlos López Díaz,  que también menciona cierta nostalgia. Cuando yo leía novelas, en mi adolescencia, había algunas que, efectivamente, me dejaban con “nostalgia de algo que nunca fue”:

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

A pesar de la felicidad que me ha deparado la lectura de novelas, soy reticente ante este género literario, desde hace bastante años. El día tiene 24 horas, y las lecturas pendientes sobre temas filosóficos o con implicaciones filosóficas se me acumulan hasta el punto de que realmente no tengo tiempo para interesarme por peripecias imaginarias. Bien es verdad que los editores, como si estuvieran pensando en personas como yo, gustan mucho de adornar las virtudes de las obras de ficción que publican con alusiones a su carácter de “profunda reflexión sobre la condición humana” y otras fórmulas por el estilo, que permiten abrigar al potencial lector la esperanza de que, por el mismo precio, adquirirá entretenimiento para unos días y además una visión más sabia de la existencia. Esto, en la inmensa mayoría de los casos, es pura mercadotecnia. Las novelas son novelas, y la filosofía es filosofía.

Por supuesto, hago excepciones, y de vez en cuando selecciono meditadamente alguna obra de ficción, que suelo disfrutar hasta el extremo de plantearme mi régimen de lecturas. Es el caso de Sonaron gritos y golpes a la puerta, de Pío Moa. Bien es verdad que, pese a la simpatía ideológica que me inspira el autor, no fui de los primeros en abalanzarse a las librerías para hacerme con su primera novela. Un historiador y ensayista puede ser altamente competente en su especialidad, hasta notable prosista, y perfectamente negado para la narrativa de ficción, para la creación. Son dos cosas totalmente distintas. Incluso he de decir que no me atraía mucho el título elegido por Moa, que sigue sin convencerme. Pero sea como fuere, poco antes de iniciar unas breves vacaciones, descubrí en la librería de un conocido centro comercial la reedición en rústica de Sonaron gritos… Y me lo compré con la deliberada intención de poder ventilarme las ochocientas páginas del volumen en mi período de descanso. Cosa que he llevado a cabo según el plan previsto.

Hay que decir que se trata de una grandísima novela, hábilmente escrita, con personajes con los que uno se encariña hasta el extremo de que experimenta cierta sensación inconfundible de leve nostalgia cuando concluye la lectura, y de algún modo tiene que despedirse de ellos. Creo que esto es lo mejor que se puede decir de una obra de este género, y lo cierto es que desde la niñez, con pocas me ha ocurrido algo semejante. Muchas grandes novelas, en teoría literariamente superiores a esta que reseño, las he concluido con considerable esfuerzo, otras las he abandonado. Pero los personajes de Moa están vivos, uno quiere saber qué les ocurrirá (o qué les ha ocurrido, en los casos en los que se pierde su pista, al menos momentáneamente) incluso en el caso del narrador y protagonista, Alberto Roig, que por razones obvias sabemos que tiene que salir con vida de todas sus aventuras. He dicho aventuras, y no por descuido. Si no pidiéramos nada más a un libro, este desde luego cumpliría con creces: se trata de una magnífica lectura para el verano, una novela fundamentalmente -repito- de aventuras. Sabíamos ya de la buena prosa de Moa; ahora se nos confirma como un excelente narrador.

Un acierto fundamental del libro es su planteamiento. Su concepción como unas memorias, que en el capítulo 1 y el excelente epílogo nos remiten a nuestro presente, nos lo hacen leer no como una pretenciosa novela histórica al uso (muchas de las cuales ni siquiera son válidas desde el punto de vista de esta disciplina) sino como una obra resueltamente de ficción, aunque el contexto no lo sea, y se aluda a acontecimientos y personajes reales. Dicho de otro modo, todo aquel que no sea aficionado a las novelas históricas, puede leer esta perfectamente, porque aunque aquí la historia comparezca en su forma más elevada de meditación sobre el sentido de una época, el autor ha antepuesto el interés narrativo a cualquier pedantería, que por lo demás él no necesita, porque para eso está su obra de carácter científico.

Aunque toda la novela se lee con verdadero goce, en mi opinión lo mejor de ella es la segunda parte, dedicada a las vivencias del protagonista en Rusia, alistado en la División Azul. Se trata de un relato clásico de aventuras bélicas, con mucho realismo y con una evocación del paisaje muy bien conseguida, lo que por otra parte es uno de los ingredientes más sabrosos de este tipo de literatura. (No vean lo que he disfrutado, mientras me acariciaba la brisa vespertina de la playa, siguiendo a Alberto, a Paco, a Contreras y a Crates por los bosques nevados de Rusia.)

Por si fuera poco, el autor ha logrado algo que no todos los relatos similares saben hacer, a pesar de que es esencial: los diálogos filosóficos de los protagonistas son, en contra de lo que se pudiera pensar, otro ingrediente absolutamente clave de cualquier relato de aventuras. Lo que realmente hace que una peripecia cualquiera sea una aventura, es que los personajes nos lo hagan sentir como tal, y a tal efecto, que reflexionen al hilo de lo que les pasa. A veces, en algunas obras, esto resta verosimilitud a la acción, pero su carencia la convierte en algo romo, como esas películas de Hollywood que, aunque a veces partan de un buen guión, acaban degenerando en la mera descripción alimenticia de una persecución trufada de tiros, explosiones y destrozos varios. Moa ha logrado, creo yo, una de las cosas más difíciles: hacernos pensar y entretenernos. Y desde luego, con un buen “guión”.

Por supuesto, no voy a revelar el final de la novela, pero sí diré que, casi desde el principio, lo barrunté, aunque no en los detalles, claro. Tras la magistral segunda parte de los episodios en Rusia, hay algún momento en que la tercera y última parte, sin perder interés, parece correr el riesgo de convertirse en una especie de epílogo desmesuradamente largo, quizás por el contraste entre la épica de los combates en Rusia y las escaramuzas de espionaje menos sensacionales en el Madrid neutral durante la Segunda Guerra Mundial (atmósfera que por otra parte no carece de atractivo “romántico”). Pero pronto cobra la narración un nuevo impulso, resuelto en el no totalmente inesperado (al menos para mí) desenlace, el cual permite redondear una novela que seguramente volveré a leer, cosa que con muy pocas de esta extensión he hecho.

  Por último, no puedo evitar expresar un temor, y es que la saludable incorrección política de esta novela dificulte su difusión. Aunque suene a tópico, en este caso el carácter totalmente a contracorriente de toda la obra de Moa es patente, y si en otros casos se alaba lo que suelen ser topicazos y vulgaridades infumables como supuestamente “transgresores”, aquí no hay duda de que el autor va en serio en su independencia de criterio. Y esto no le será perdonado. Necesitamos muchos Píos Moa, no para estar necesariamente de acuerdo con todas sus opiniones (aunque yo no disimulo que lo estoy en grado muy alto) sino para restablecer de una puñetera vez la dignidad del pensamiento en estos tiempos de cobardía y molicie, contra los cuales Sonaron gritos y golpes a la puerta es un vibrante y bello alegato. Leedlo sin prejuicios; sólo podrá haceros bien, penséis como penséis.

Creado en presente y pasado | 196 Comentarios

El silencio debe terminar / Fracaso y valor vital

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Un falso Doctor, relacionado familiarmente con el negocio de la prostitución homosexual y de la otra, jerifalte del partido más ladrón y liberticida de la historia de España, en el poder con ayuda de los separatistas que quieren acabar de destruir el país y de los agentes españoles de Maduro, ha hecho cuestión de “honor” la profanación y ultraje de los restos del mayor estadista que ha tenido España en varios siglos. Y casi todo el mundo se hace el desentendido de las pretensiones de este macarra y matón de la política.

  Una propaganda brutalmente embustera y calumniadora, sostenida in crescendo durante 40 años, ha conseguido borrar a los ojos de muchos los méritos inigualables de Franco. Por consiguiente hay que insistir en recordarlos: derrotar a un frente popular compuesto de totalitarios, separatistas y golpistas, dirigido por Stalin; evitar para España las atrocidades de la guerra mundial; derrotar al maquis comunista y al criminal aislamiento internacional impuesto por una alianza de comunistas, demócratas y dictaduras varias; reconstruir el país con las propias fuerzas de los españoles, sin deudas directas ni indirectas con las finanzas useñas ni con el ejército useño o el de Stalin, caso único en Europa; presidir el “milagro español”, la época de mayor impulso económico antes o después en España; derrotar políticamente en la ONU a Inglaterra en relación con Gibraltar; reconciliar a la inmensa mayoría de los españoles superando los odios que destruyeron la república; mantener con ello un régimen de libertad personal, con las libertades políticas restringidas lo inevitable para quienes habían querido, organizado y provocado la guerra civil y persistían en sus “ideales”. Podríamos seguir enumerando sus logros gigantescos, de los que aún vivimos y que no han conseguido destrozar todavía por completo los herederos de aquel criminal frente popular; pero bastan los señalados para entender a qué extremo de degradación ha caído la política española.

   Decía Cicerón que la verdad se envilece tanto por la mentira como por el silencio. Durante cuatro décadas la mentira ha imperado con el silencio cómplice de la derecha y con el amedrentado de otros muchos. Y esto debe cambiar. El macarra Doctor y sus amigotes entienden muy bien el significado político y actual de la profanación de la tumba de Franco. Es preciso que lo entendamos también los demás. Y reaccionemos como corresponde. O proclamamos la verdad de la historia o podemos repetir lo peor de ella.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

*************

En la última sesión de Una hora con la Historia: En Los mitos del franquismo, dediqué un importante capítulo a la política de los anglosajones con España durante la II Guerra Mundial: cómo pasó de todo tipo de promesas (incluso Gibraltar) y un respeto lindante con la oficiosidad asegurando la no injerencia en loa asuntos internos españoles, a numerosos chantajes, presiones y amenazas, que no consiguieron doblegar al país. Un tema nunca estudiado con seriedad, y que propongo a historiadores jóvenes:  https://www.youtube.com/watch?v=mpiYj-55fWM

*************

Su novela Golpes y gritos es excepcional, estoy seguro de que antes o después se reconocerá. Me costó conseguirla y ha sido una magnífica sorpresa. Como relato de aventuras es seguramente el mejor que se ha escrito en español. Bastante mejor que las de Baroja y este no es malo.  Y no son aventuras banales, hay una filosofía implícita, que a veces aflora en chispazos explícitos, con problemas profundos. Como cuando uno dice algo tan extraño como que el mundo que están viendo al amanecer no existía el día anterior. O las reflexiones rápidas sobre la acción misma. Ha sido un acierto que no hiciera usted largas disquisiciones intercaladas, al estilo de Tolstoi en  Guerra y Paz, y que se hacen pesadas, y no obstante en su novela están ahí, inmersas en el relato.

Yo entiendo la obra como una sucesión de tres grandes y peligrosas aventuras, las tres terminadas en fracaso.  El último fracaso, el asesinato del propio padre, y la reacción del hijo que le causa aposta la muerte, es tremendo, y lo es la culpa que tiñe toda la narración. Incluso el epílogo  expone otro fracaso. El protagonista lo expone objetivamente y sobriamente, como todo lo demás, pero trasluce un fondo de amargura: Los dos hijos triunfadores, ejecutivos de multinacionales, grandes sueldos, divorcios, etc.,  vidas banales. El tercero se parece al padre, en el bando contrario: idealista, ha querido hacer carrera política comunista y luego socialista, y termina sin ilusión y hundido en la mediocridad.

Bien, real como la vida misma. Y lo que me choca es que no resulta una novela deprimente ni cínica, sino lo contrario. ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Diría usted que  el fracaso final después de tantos esfuerzos y peligros queda compensado por el propio esfuerzo y la acción? Es una sensación extraña…

   Julián Holden Estévez

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

Creado en presente y pasado | 37 Comentarios