O “nueva normalidad”, o regeneración democrática. Simbolismo del Valle de los Caídos

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¿Opina usted que el gobierno actúa de modo ineficaz en la crisis del coronavirus?

Obviamente ha actuado con negligencia criminal, y solo por eso merecería ir a la cárcel en pleno. Pero no creo que le pase nada, porque tiene de su lado  al Tribunal Supremo, cuya suprema indecencia está a la vista desde hace mucho:  lo contrario de  justicia independiente y democrática, justicia  que ya empezó a deteriorarse con los navajazos del PSOE a Montesquieu. Y también tienen de su parte la política basura del PP.

El PP está haciendo oposición actualmente.

El único que hace oposición es VOX, y creo que no la suficiente. El PP juega a chillar un poco para disimular y seguir explotando su filón de votos inútiles,  pero en la práctica nunca ha renunciado a su papel de mamporrero del PSOE y los separatistas. No tiene otra vocación ni conoce otro tipo de “democracia”. El PSOE y los separatistas son bien conscientes de la abyección de ese partido, y se permiten tratarlo a puntapiés, que por otra parte es lo que merece. A cada puntapié se vuelve más colaborador.

¿Qué debería hacer VOX, que no haga?

Creo que debería denunciar con más brío lo que, al abrigo de la crisis sanitaria, está intentando asentar el gobierno, y que lo ha bautizado como “la nueva normalidad”. Esta “nueva normalidad” consiste en una profundización del totalitarismo zapateril. Lo llevan haciendo desde   el principio, con apoyo del Supremo y del PP, cuyo centrismo ha consistido siempre en lo mismo. La profanación de la tumba de Franco fue un hito en que quedaron todos retratados para la historia, y ya dijeron que la cosa no iba a quedar ahí. Están hablando ya de destruir simplemente el Valle de los Caídos.

De todas maneras, usted da demasiada importancia a hechos meramente simbólicos.

Son símbolos de nuestra historia, de lo mejor de ella, atacados por los partidos más corruptos y antiespañoles, que se sienten herederos del Frente Popular. Cualquiera que lea mi libro último sobre ese tema pueden entender cómo la historia se está repitiendo por no haber aprendido de ella. La profanación fue un ataque criminal a todo lo bueno que se ha hecho en España en muchos años, y, por supuesto, el acto resume toda una política muy actual: la progresión zapateril-bolivariana, contra España y la democracia. Ocurre ante nuestras narices y no se quiere ver.

En Madrid, Ayuso y Almeida están haciendo un buen papel y ganando mucho apoyo popular.

Es un problema, porque, efectivamente, lo hacen bien en cuestiones parciales, pero lo hacen como parte del partido más miserable que tenemos, al que con sus aciertos parciales blanquean y embellecen. Si realmente fueran políticos honrados tendrían que denunciar la trayectoria y la actualidad del PP e irse a VOX, por ejemplo.

  ¿Cree usted que destruirán el Valle de los Caídos?

No quiero creerlo y sin embargo me parece posible. Me parece posible teniendo en cuenta lo que viene ocurriendo desde hace veinte años y que de momento ha culminado en la profanación. El método es siempre el mismo: desatan insistentes campañas de propaganda falsaria para ganar suficiente opinión pública, consiguen el apoyo “neutral” del PP, y en su momento dan el paso. Así ocurrió con el rescate de la ETA, con la  memoria histórica, con las leyes de género, con el aborto, con la profanación… Con el PP y con el Supremo, todo es posible para los herederos del Frente Popular. Dirán que el Valle conmemora a un régimen genocida y que carece de valor artístico;  la derecha, la monarquía, la Iglesia e incluso los que se tienen por demócratas se harán “los suecos”. Si no hay una oposición realmente decidida y enérgica, conseguirán sus objetivos. Ya han avanzado mucho en ellos.

¿A qué atribuye usted que la profanación del Valle de los Caídos no haya tenido apenas oposición?

Lo he explicado indirectamente  en el libro sobre el Frente Popular: a que ni la monarquía ni la Iglesia  ni el PP se sienten legítimos en el fondo, y a que la democracia en España se ha convertido en una ficción desde Zapatero. En 1931 la monarquía cayó fundamentalmente porque no se sentía legítima, era incapaz de replicar a los ataques insistentes, no solo de la izquierda, sino también de gran parte de la intelectualidad derechista, que la tildaban de anacrónica, explotadora, enemiga de la libertad y de la democracia. Los monárquicos, entonces,  invocaban razones efectivamente anacrónicas, que daban risa, y  al mismo  tiempo buscaban congraciarse con sus enemigos, que los despreciaban merecidamente. Hoy ocurre algo muy similar, incluso acentuado, porque la monarquía y la Iglesia deben su supervivencia a Franco. Por su ignorancia de la historia y su carencia de ideas y principios, ellas y el PP aceptan íntimamente el inmenso fraude del nuevo frente popular, que iguala a  democracia y antifranquismo, y que les deslegitima. La firma de su propia ilegitimidad por Juan Carlos es un hecho realmente histórico.  Esa fundamental debilidad les empuja a actuar como lo hacen, finalmente contra sí mismos, lo que no tendría importancia si no fuera porque de paso colaboran a la demolición de España y de la democracia. 

¿Cree usted que la experiencia haría cambiar al PP y a los grandes beneficiarios del franquismo?

Me parece imposible. Se trata de un proceso sin vuelta atrás desde que Aznar se permitió tratar a sus propios padres y abuelos de criminales por haber derrotado al Frente Popular. Mire usted, llevo veinte años explicando estas cosas, lo que fue la guerra y sus repercusiones sobre el presente y el futuro, y siento que ha sido en vano, debido sobre todo al PP. Solo un partido nuevo, como VOX, puede romper esta dinámica,  y tengo esperanza de que lo haga. Tampoco quiero hacerme ilusiones. La crisis del coronavirus puede servir para traer esa “nueva normalidad” de los delincuentes o para meter a estos en la cárcel, antes de metan ellos en la cárcel a los demócratas y a los patriotas.  No me gusta profetizar. Todo dependerá de si la población recibe una explicación clara de lo que pasa y una alternativa, y reacciona. La alternativa, más allá de políticas concretas, debe ser la regeneración democrática, con cuya exigencia llegó Aznar al poder para inmediatamente “pasar página”.  Tal vez ahora sirva de algo la experiencia.  

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Historia criminal del PSOE (18): Los comunistas entran en la historia de España: https://www.youtube.com/watch?v=iMIjiQGTM9s

 

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Economía e Historia / Sandeces del diario monárquico “ABC”

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Ha dicho usted que un problema de la economía como supuesta base o explicación de la historia, es que las condiciones económicas pueden variar muy poco o muy lentamente a lo largo de siglos. Con lo cual no se entiende cómo ella puede  justificar la historia política, tan animada y dramática. Pero cabe observar que la religión puede variar menos aún, ¿cómo explicar entonces la historia por la religión?

Por partes: en mi libro sobre Europa, y en todos los de historia, presto mucha atención a las situaciones y evolución económicas, pero no las convierto en el eje explicativo. Uno puede, si quiere, explicar la historia por el “ávido y funesto vientre”, como decía Odiseo, que movería las acciones humanas. Si esto fuera así, la historia se reduciría, simplificando, a una pelea constante y puramente animal por la comida (los llamados “bienes materiales”),  y lo que llamamos el mundo espiritual quedaría al margen, o en todo caso como algo secundario y derivado.  El marxismo perfecciona mucho  ese enfoque: la economía, o propiamente la escasez, divide a los hombres en clases, unos viven con abundancia a costa de la mayoría, la cual vive o sobrevive en la pobreza. Y sería la lucha de clases la que nos diera el hilo de Ariadna para encontrar sentido a la historia, saliendo del laberinto de los continuos conflictos, éxitos y fracasos parciales, e intervenciones personales que marcan la historia. Ese sentido consistiría en lograr la abundancia para todos disolviendo las clases y sus aparatos de poder de unos sobre otros, cosa que posible, precisamente, a partir del desarrollo técnico capitalista.

Debe admitirse que es una interpretación realmente fuerte, no hay que extrañarse de la fascinación que ha suscitado.

Lo es, pero, claro, trae mil problemas. Se dice, por ejemplo: ¿para qué ocuparse de reyes y batallas, si lo que realmente importa son los campesinos que a lo largo de muchos siglos han configurado la gran mayoría de la población? Pero esos campesinos desaparecen como seres humanos, su individualidad y su espíritu se esfuman. Quedan realmente como vientres insatisfechos cuya rebelión, cuando llega a darse, está destinada al fracaso, debido a la escasez. Es una interpretación realmente lúgubre, que hace de la historia una suma de horrores. Y  la despersonalización de fondo es lo que hace posible el GULAG y políticas de exterminio de grupos enteros de población.

   No obstante puede decirse también que el problema no está en la teoría, sino en su aplicación, es decir, en su mala aplicación. Cosa explicable, porque se trata de algo nuevo.

No, hay una lógica interna muy fuerte en todo eso, en la identificación de la gente, explotadores o explotados, al margen de su personalidad, como sistemas digestivos acompañados de órganos adecuados para darles satisfacción. Por otra parte, el marxismo genera una gran esperanza para cuando la técnica y la propiedad  capitalista sean expropiadas a los explotadores burgueses y puestas al servicio de la inmensa mayoría. Es una visión típicamente prometeica. Se trata de preparar la revuelta final de los explotados, que esta vez no fracasará a pesar de reveses parciales. No obstante, los seres humanos se convierten en simples consumidores. Como los animales, pueden definirse por el ansia de comer, con la diferencia de que esta ya no es instintiva y se diversifica y multiplica en mil deseos particulares. Tal sería el sentido de la vida: la fabricación de más y más objetos de consumo en una carrera sin fin. Dentro de ello, los bienes que solemos entender como  producto del espíritu, arte, etc., serían otros tantos objetos de consumo sin mayor transcendencia, servirían para entretenerse y pasar el tiempo antes de la fosa, que podría decir Omar Jayam 

¿Pero no es eso justamente lo que ocurre hoy, por lo menos en los países que llamamos desarrollados, y que no tienen nada de marxistas?

La cuestión me parece que es más complicada. Solo indica que por varios caminos y desde ideas distintas puede llegarse a conclusiones parecidas. El marxismo es solo una de las ideologías producidas por la Razón en rebeldía contra de la Fe, como trato de exponer en Europa, una introducción a su historia.  Son naturales algunas coincidencias de fondo, aunque las consecuencias que extraen sean diferentes u opuestas. Pero vayamos con la religión…

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Sandeces del ABC

Me envía un amigo este comentario.
El ABC padece, desde hace años, una extraña afición a acoger en sus páginas los bulos más grotescos con tal de que dejen en mal lugar o en ridículo a Franco.

En 2015 (y volvió a la carga en 2019) le dio por recordar y, lo que es más increíble, ¡reivindicar!  el invento, que solo podía calificarse de bufo, publicado por el propio ABC en 1953, de que, a la muerte de Stalin, Beria había huido de la URSS y, había que suponer, con el visto bueno de Franco, se había refugiado en España. El bulo tenía su origen en un pícaro nicaragüense-español llamado Fabio Gallo que, al parecer, vivía de inventar cosas así: el ABC y su entonces director, Torcuato Luca de Tena se tragaron el bulo y lo publicaron como una sensacional noticia de alcance mundial. Parece que Franco agarró un buen cabreo, cosa ni fácil, ni frecuente en él, y pidió la salida inmediata de Torcuato Luca de Tena de la dirección del periódico, algo comprensible, aunque fuera Franco quien lo pedía; en horas, Torcuato Luca de Tena  dejó  de ser director de ABC.

De hecho, el ABC recuperó el asunto en plena Transición, en 1979, en su revista, Blanco y Negro, afirmando -a sabiendas de que todo era una absoluta invención- en un gran titular  “Beria, vendido por Franco a Rusia”, adornando el asunto con varios bulos adicionales,  a cual más disparatado e inverosímil y, claro, defendiendo lo que había hecho Torcuato Luca de Tena en 1953.  En 2015 y 2019 el ABC ha seguido en la misma línea, reivindicando su gran exclusiva mundial de 1953, centrándose en el “despotismo” de Franco, que había forzado el cese del pobre Torcuato por el solo delito de haber publicado una gran noticia sin  permiso de la censura.

Pero la paranoia anti-Franco sigue.  Según el ABC de hace unos días (3 de mayo de 2020), Stalin siempre habría albergado dudas sobre la muerte de Hitler, “sospechando” que se  había refugiado en España con  la protección de Franco. Como sabe cualquiera que haya leído algo sobre el asunto, una de las pocas personas en el mundo que supieron muy pronto la verdad sobre el suicidio de Hitler y la conservación de parte de sus restos (su cráneo y parte de su dentadura, lo que permitió la identificación), gracias a la investigación de la NKVD llevada a cabo a los pocos días de la llegada de las tropas soviéticas a Berlín fue, precisamente, Stalin. Otra cosa es que él nunca lo reconociese, ni permitiese que se hiciese público el resultado de la investigación de la NKVD por razones que debían de  tener alguna lógica en su mente criminal. 

Pero el apetito de ABC por ser más crítico de Franco que nadie es insaciable.  ABC se ha referido también, varias veces, a la frustración de Franco por no haber podido disponer de su propio armamento atómico, algo que habría perseguido con gran empeño. Se trata de una grosera manipulación de la realidad, aunque esta vez, con una base real porque es cierto que en España hubo un proyecto para fabricar armas atómicas. 

Como explicó hace unos años en un libro espléndido el primer protagonista de esa historia,  el general del Ejército del Aire,  catedrático de Física Nuclear de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid y, seguramente, el número 1 de nuestros expertos en armas nucleares, Guillermo Velarde, fallecido en 2018 (Proyecto Islero, Cuando España pudo desarrollar armas nucleares Guadalmazán, Madrid 2016), Franco, nunca fue  entusiasta del proyecto. En realidad, fue quien, poco después del accidente de Palomares, en 1966,  decidió abandonar la idea y renunciar a la “bomba atómica española”,  en contra  de la opinión del general Muñoz Grandes y del aparato de militares, científicos  e ingenieros ligados al proyecto.

En suma: ni Beria, ni Hitler se refugiaron en España, solo los perfectamente analfabetos en esas cuestiones podían dar alguna credibilidad a esos bulos grotescos. En cuanto a la bomba atómica española, no fue nunca una aspiración de Franco: la única vez que Franco expresó una idea al respecto fue para ordenar el abandono del proyecto.  Pero el ABC se lo pasa bomba repitiendo y ¡reivindicando! estas invenciones grotescas: si Franco queda mal…con eso basta.

Tres observaciones:

a) Quien realmente queda mal, a un nivel que popularmente se llama “de gilipollas”, es el diario ABC. Digo gilipollas porque ese antifranquismo de pega no les va a dar ningún rendimiento político, al contrario. Esa clase de monárquicos han sido el desastre de la monarquía. Fueron ellos, y no los republicanos, quienes la hundieron en 1931. Y son los que la socavan con memez suficiente para no darse cuenta de que destruyen su propia legitimidad al no defender su origen franquista, dando armas a los republicanos. La monarquía se debe a Franco, de ningún modo a los cortesanos méritos monárquicos, tan inexistentes como los de los rupturistas en 1976 o ahora.  Tienden a convertir la monarquía en una cosa abyecta, y con motivo de la profanación de la tumba de Franco ya dieron la talla. Como en 1931, como hacia el final de la guerra mundial, cuando  habrían vuelto a España a las convulsiones republicanas o incluso al totalitarismo del Frente Popular. La historia pasa en balde para ellos, solo atentos a los oportunismos del momento.

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 b)  Hay algo que decir sobre la bomba atómica: Franco era muy realista y procuraba no embarcar al país en proyectos de “grandeza” demasiado costosos. Por esa razón se opuso a la construcción de portaaviones, contra la ilusión de  muchos marinos. La bomba atómica estaba al alcance de la técnica española, pero sería inútil sin disponer de medios de lanzamiento, misiles o aviones, un aparato ofensivo de dimensiones excesivas. Yo no sé si Franco pensaba también en que España no tenía ningún país potencialmente hostil militarmente, salvo Marruecos (contra la URSS ya estaba el poderío nuclear useño).  y que hablar de bombas atómicas en tal caso era algo enormemente desproporcionado. En cambio otros militares y civiles  creían necesaria la bomba por razones de “prestigio”. 

c)  Aunque no tenga relación directa: es sabido que Hitler había considerado a la División Azul un grupo de desharrapados según las normas de disciplina alemanas; pero al mismo tiempo la valoraba como equiparable a las mejores divisiones alemanas, que a su vez eran las mejores en cualquier bando. Ese hecho tuvo influencia sin duda, como observa R. Salas Larrazábal, en la abstención de Hitler de invadir España. La política de Franco por entonces queda muy bien aclarada en su aproximación a Portugal para formar un Bloque Ibérico no beligerante. Pues había otro peligro: que Portugal, como había hecho en la anterior guerra europea, entrase en la contienda sirviendo a Londres, incluso sin que Londres se lo pidiese. Salazar estaba convencido de que la neutralidad  era la política correcta, máxime después de los desastrosos resultados de la intervención lusa en la anterior contienda europea.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 

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Religión e historia / Democracia (XII) Corrientes entre oligarquías y pueblo

La religión en la historia

En su libro sobre Europa, usted sostiene que para interpretar la historia lo esencial es atender a la religión. Esa idea rompe por completo con las corrientes más habituales, casi únicas, desde hace varios cientos de años, que dan la prioridad a la economía y a la técnica, por lo general. O bien a la libertad, que a menudo se combina con ellas.

He tratado de explicarlo también en Nueva historia de España. Uno puede basarse en la economía, y de ningún modo dará una explicación de la historia o de la sociedad, sino solo del desarrollo de la economía o de la técnica. En cuanto a la libertad, es un concepto tan difícil de definir que todo el mundo puede apoderarse de él. Y a decir verdad, la historiografía con pretensiones científicas busca encontrar la necesidad en la historia. Ahora, la necesidad excluye la libertad.

Pero sin economía, las sociedades se hundirían. Es lo básico, primum vivere.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449https://www.amazon.es/Europa-Historia-P%C3%ADo-Moa/dp/849060844X

Eso es un tópico facilón y falso. Para comer, el hombre necesita “filosofar”. No tiene en su propio cuerpo las armas o medios para capturar la comida, como los animales, sino que opera ante todo con la cabeza. No solo debe desarrollar  técnicas y estrategias, cohesión y organización de grupo,  jerarquías, normas morales. También debe  encomendarse a las divinidades, y esto último es muy significativo, pues aparece en todas las culturas.

No obstante, sabemos que para desarrollar la economía no necesita encomendarse a ningún espíritu, que esa falsa necesidad no pasa de ser pura superstición.

Es un craso error. En el plano personal, el hombre puede sufrir mil dificultades y azares en la búsqueda del alimento, y en un plano general, se ve condicionado por los continuos cambios climáticos, por enfermedades contagiosas, por accidentes,  por desastres que vienen del cielo o de la tierra, por la rivalidad de grupos… Hoy la economía se desarrolla sobre la base de las divinidades  Progreso y Técnica, con sus gurús particulares, cada uno con sus recetas. O si lo prefiere bajo la adoración del becerro de oro. Para comer, el hombre necesita filosofar, y más que filosofar. Y nada más absurdo que el primum vivere. Vivir es mucho más que comer, aunque esto pueda ser verdad para los animales y solo hasta cierto punto. La religión es el núcleo generador de la historia, según mi interpretación

Si eso es así, ¿por qué las culturas son tan distintas? ¿Por qué Europa ha destacado sobre las demás? Lo lógico es que todas ellas sean bastante iguales.

Hay algo común a todas y es la religión, con muchas formas, o las creencias morales. Por supuesto, también la comida, que depende de las anteriores y  no al revés. Yo creo que Europa se ha destacado, y así lo he explicado en el libro Europa, porque la religión cristiana, basada como todas en la fe, lleva dentro una aguda contradicción de la razón recogida de Grecia. Esta contradicción puede provocar antagonismos, pero más comúnmente provoca una tensión y equilibrios nunca estables, pero que suelen ser creativos. Eso ya se aprecian muy bien en la llamada Baja Edad Media o Edad de Asentamiento, como prefiero llamarla:  en los debates y querellas escolásticas entre París y Oxford, entre dominicos y franciscanos, por ejemplo, que afectaban al estado y la concepción de la sociedad. De ahí surge la revolución (que no reforma) protestante, que es una rebelión de la fe contra la razón; y luego la revolución contraria, la de la Ilustración, de la razón contra la fe.

Nuevamente, eso va en una dirección difícil de aceptar. Si el protestantismo fue una rebelión de la fe contra la razón,  ¿cómo se explica que fuera en los países protestantes como Alemania, Holanda, Inglaterra o poco católicos como Francia, donde se desarrollase más la crítica de la fe en nombre de la razón?

Creo que ello se debe a la inconsistencia de la fe protestante. Si usted se salva por la fe y al mismo tiempo puede interpretar las Escrituras a su gusto, sin aceptar orientación superior, entonces quita a las Escrituras todo valor normativo. Y su fe queda en el aire, ya que su salvación depende del eterno designio indescifrable de Dios. Parece normal que muchos se rebelaran contra ello.

Su visión del protestantismo y de la Ilustración resulta así muy negativa. Pero los países católicos quedaron retrasados en muchos aspectos.

Yo no lo planteo en términos de positivo-negativo, trato de entrar en su lógica interna, generalmente contradictoria y dinámica. La Ilustración adoró la Razón, de la que esperaba hallar principios universales y obligatorios, el imperio de la Necesidad, con leyes para la sociedad y la historia análogas a las de la física. Eso se presentaba en nombre de la libertad, pero al mismo tiempo la anulaba. Y en lugar de principios necesarios dio lugar a ideologías contradictorias, enemigas entre sí, y semejantes a religiones.. Eso es lo que he tratado de exponer, aunque sea esquemáticamente. En cuanto al catolicismo, pareció haber logrado en Trento un equilibrio estable entre razón y fe, por eso mismo fue anquilosándose. Trento fue sin duda un gran logro intelectual, pero la tensión persistía, no podía dar lugar a una estabilidad permanente, y el intento de mantenerla se transformó en anquilosamiento. Esta idea tendría que profundizarse mucho más, pero yo creo  por ahí va el asunto. El cristianismo es una religión distintas de las demás, no tanto por sus creencias particulares, que también, sino por el dinamismo interno que le produce la contradicción entre  razón y fe, entre Atenas y Jerusalén, según se ha dicho. Aunque creo que el Dios cristiano es muy diferente del judío;e sa es otra cuestión.

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Democracia (XII) Corrientes oligarquía-pueblo

La frase de Churchill sobre los cinco minutos de charla con el votante medio tiene bastante de sofisma. Los profesionales del poder, los oligarcas, también son a menudo ignorantes, sufren la incertidumbre propia de la condición humana, reaccionan a menudo torpemente ante los eventos inesperables que surgen con frecuencia, y a menudo su motivación consiste en usar el poder en provecho personal. Además, los actos de gobierno afectan al votante medio –ignorante, pero no del todo– por lo que este debe tener algún medio de influir aunque solo sea cada cuatro años. Y las ideas del vulgo, por primarias que sean, proceden  de los centros de poder e intelectuales. Importa señalar que la corriente intelectual y política de la oligarquía hacia el pueblo es mucho más intensa que la inversa, y que las ideas más absurdas expresadas por el elector común provienen casi siempre de otras personas supuestamente más ilustradas y ´profesionalizadas en la política. La libertad de expresión, teóricamente universal, es ejercida y solo puede serlo por muy pocas personas en el ámbito público –los medios de masas sobre todo–, mientras que para la inmensa mayoría esa libertad  apenas se ejerce fuera del ámbito familiar, de amigos y profesional.  Las redes sociales parecían en un principio poner la expresión masiva al alcance de todo el mundo, pero la proliferación de datos y opiniones contradictorias en ellas, así como la simple exhibición de estupidez tan frecuente, neutralizan en gra medida su efecto.

Con todo, permanece la realidad del desfase entre las oligarquías, que saben más de su profesión, y el pueblo, que sabe menos; desequilibrio complicado por la variedad de intereses e ideas o ideologías tanto entre los profesionales del poder como entre los votantes. De ahí surgen algunas complicaciones de la democracia liberal. Una de ellas, que si en teoría la competencia entre partidos debe promover una selección de los mejores o más aptos, una selección al revés también es muy posible

 Historia criminal del PSOE (18): Los comunistas entran en la historia de España: https://www.youtube.com/watch?v=iMIjiQGTM9s

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Cultura catalana y subculturas / Jayam, 32: Perspectivas sobre Unamuno / Infancias

Cultura catalana y subculturas

Recuerdo que usted solía hacer en twitter  comentarios despectivos sobre la cultura catalana, empezando por el idioma catalán

Lo que decía es que el catalán es una lengua regional española poco hablada y poco útil, con un acervo literario y cultural estimable, pero incomparable con el del español. Esta es la realidad, no es un comentario despectivo. 

Pero la lengua es el núcleo esencial de una cultura. Al tratarla de ese modo usted está atacando el conjunto de la cultura catalana.

Vamos a empezar por distinguir las cosas: hay una cultura catalana, mayoritariamente en español, y dentro de ella una cultura o subcultura  catalanista y una subcultura separatista. Si no partimos de ese hecho fundamental, todo serán confusiones.

Pero el catalán es la lengua propia de Cataluña, mientras que el castellano es traído de fuera.

El español es de origen castellano, pero hace siglos que no es una lengua regional como el catalán, el gallego o el vascuence. Es el idioma común, de mayor potencia cultural, el más hablado en todas las regiones, y el que crea lazos profundos entre ellas. Es tan propio de Cataluña como el catalán. La cultura catalana sin el español común sería una cultura de tercer orden. Muchos catalanes han enriquecido el español y el español ha enriquecido a los catalanes.

Usted sugiere que los catalanes deberían renunciar a su idioma, tan inútil y poco culto…

Eso lo supone usted. Diga más bien que los separatistas intentan expulsar el español de Cataluña y crear un enfrentamiento radical. Es decir, quieren empobrecer a Cataluña e imponer su propia cultura, que es auténtica farfolla. Ya  Prat de la Riba lo programó, sin darse cuenta de su alcance: “nuestro perro nos entiende mejor que un español”, venía a decir, “la musa catalana condenó a diestra y siniestra, todo lo castellano”.  Era una musa bastante zarrapastrosa. Pero les hacía creerse superiores a base de denigrar lo ajeno, que en realidad no era ajeno, sino que estaba profundamente arraigado en la sociedad y la cultura de Cataluña. 

Pero Prat de la Riba no era separatista como Sabino Arana.

Lo he analizado en varios libros. Él pretendía que Cataluña rigiese al resto de España y Portugal y sureste de Francia, de Lisboa al Ródano, para extenderse después por África. Indudablemente tenía mucho de orate. Por desgracia, estas cosas apenas son conocidas, porque es verdad lo que decía Fernández de la Mora, que la derecha, española, salvo excepciones, no lee desde Jovellanos. Además es tan inculta que se traga gran parte del discurso separatista. Aun con esas ventajas, la realidad histórica no se puede liquidar a base de frases y grandilocuencias. Porque el catalanismo es de una pomposidad bastante ridícula.

¿No diferenciaba usted separatismo de catalanismo?

La diferencia está en que el catalanismo no es necesariamente separatista, aunque al enfrentar sus ilusiones con la realidad tienda a la secesión. Los catalanistas aspiran, bien a dirigir al resto de España, bien a diferenciarse profundamente como “europeos”, renunciando a la secesión por simple impotencia. Han tratado de crear “nación”, una cultura en rivalidad con la “castellana”. Esas rivalidades producen a veces cosas interesantes, porque impulsan a una superación, pero la verdad es que la cultura catalanista, sin ser pura alucinación envenenada como la separatista, tampoco ha dado mucho de sí. Viene lastrada por una pretenciosidad y esnobismo que la vuelven a veces grotesca. En la práctica, los catalanistas terminaron apoyando a Franco, así Cambó, Josep Pla y tantos más. Y eso no es casual. Actualmente el separatismo ha absorbido a casi todo el catalanismo, gracias a la estrecha colaboración de “Madrit”, con PP o con PSOE… Y eso supone, además de sus consecuencias políticas, un grave empobrecimiento cultural.

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PSOE, historia criminal: El PSOE, al borde de la escisión después del fracaso de su insurrección de 1934: https://www.youtube.com/watch?v=S887Ra6Xu3k

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Perspectivas sobre Unamuno

En su obra Filósofos españoles del siglo XX, G. Fernández de la Mora descarta, algo abruptamente, a Unamuno como filósofo: “Extravagante y contradictorio, vivió en permanente y angustioso debate con el problema de su propia inmortalidad  sin desembocar no ya en un esquema mínimo  de afirmaciones básicas coherentes, sino ni siquiera en una respuesta rotunda a las grandes interrogaciones de su existencia: la supervivencia y Dios” O bien: “Resulta muy difícil incluirle en una historia rigurosa de la filosofía. No fue un genuino pensador, sino un sentidor (…) Lo más vivo de su legado no es metafísico, sino lírico; no categórico, sino anecdótico”.

Claro que  para un ultrarracionalista como Fernández de la Mora (llamó a su sistema “razonalismo”), las arbitrariedades y paradojas de Unamuno tenían que serle muy irritantes. Sin embargo hay en Unamuno una intuición poderosa: el principio de la filosofía no es la razón, sino el sentimiento. En definitiva, ¿qué se propone la filosofía? Aclarar el sentido de la vida humana y su relación con el cosmos. Y esa propuesta no deriva en modo alguno de la razón, sino de un sentimiento profundo del mundo y del destino. Lo que hace la razón, no en primer sino en segundo lugar, es tratar de ordenar ese sentimiento, sin el cual ella no tendría objeto sobre el que trabajar. Como supuse en otro momento, el hombre debe definirse como un mamífero (o si se quiere más ampliamente, un animal) sentimental, quitando al término sentimental las  connotaciones de sensiblería o emotividad incontrolada que suelen acompañarle en el lenguaje vulgar.

En segundo lugar, para Unamuno hay algo que vuelve trágico ese sentimiento, y es la realidad de la muerte, o más bien la consciencia  y los sentimientos derivados de ella. Todo esto me parece un acierto filosófico, al margen de cómo lo desarrolle. La historia del racionalismo, que es lo esencial de la historia de la filosofía, parece haber conducido siempre a una dispersión de enfoques y sistemas que no dejan de suponer un fracaso en sus pretensiones de aclaración definitiva. Pero la muerte, su consciencia y sentimiento, deben entrar por derecho propio en el planteamiento filosófico, porque precisamente nos lleva al enigma del sentido de la vida.  Y cuando Unamuno se preocupa por su propia inmortalidad simplemente se está poniendo como un caso común a los mortales, en lo que a él le afecta, no es puro egocentrismo.

Unamuno plantea el problema en torno a la relación entre el cuerpo y el alma (el yo). Como hemos venido viendo, el cuerpo y el yo son cosas muy diferentes. Al descomponerse el cuerpo, ¿qué pasa con el yo? ¿Se pudre y desaparece con él? Aquí la cuestión se complica: si el yo desaparece, ¿cuál ha sido el sentido de su vida? Realmente es difícil imaginar alguno. Pero si el yo pervive, ¿qué sentido tiene? ¿Va a seguir siendo el mismo yo, con sus profundas deficiencias y necedades, para todo el resto de los tiempos? ¿Se funde con el Todo,  o con Dios, o en todo caso con la fuerza que lo ha creado? Como vemos, nada de esto proporciona una solución a la angustia causada por la muerte.   Y el enigma de la esfinge no se aclara aunque en la vida práctica miremos en otra dirección. Omar Jayam lo expresó admirablemente;  lo han expresado muchos pensadores, pero quizá ninguno de forma tan sintética y definitiva.

Para Unamuno es la sed de inmortalidad, un sentimiento crucial y un ansia imposible de satisfacer en este mundo, lo que caracteriza la situación humana y le da su carácter trágico. Esa sed solo se aplacaría mediante la creencia en un dios personal y “vivo”,  no un Dios racional sin ningún efecto calmante de la angustia.  Esa consecuencia que él extrae, junto con la orientación de la conducta en un sentido quijotesco, son muy  discutibles, pero su planteamiento inicial no debería despacharse a la ligera.

Fernández de la Mora descarta también a Maeztu como filósofo, tampoco cita a Julián Marías,  señalando en todo caso como los principales a Amor Ruibal, D´Ors, Ortega,  Morente, Zubiri y Millán Puelles, sobre quienes hace una agudas  observaciones críticas.  

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Infancias

“Los relatos de su infancia en “Adiós a un tiempo” me han llamado la atención. Parece que eran ustedes bastante salvajes. La manera como se vive hoy ese tiempo, como yo lo he vivido, es que no tiene casi nada que ver. Me gustaría que usted lo comparase (…) Domingo L. Rubián.

Yo me crié sobre todo en Vigo y en parte en una aldea de Orense. España, en conjunto, seguía siendo un país predominantemente agraria y la misma Vigo, que era una ciudad grande e industrial,  tenía un toque rural muy acentuado si uno se apartaba un poco del centro, como una gran aldea en torno. Además, tenía el mar y un paisaje de enorme belleza, poco estropeado aún por una construcción abusiva. Considero que era una ventaja muy grande para los niños. Éramos muy libres desde pequeños, había mucha seguridad y jugábamos a lo que nos daba la gana, con mucho espacio e  imaginación, desde los juegos más sedentarios como a las bolas (canicas) o a  “pai, fillo e nai”(tres en raya, con tizas en el suelo) hasta las  violentas “batallas” a pedradas de unas calles contra otras.  Como digo, había más seguridad, no solo por la escasez de delincuencia sino también de coches, y además abundaban los descampados. Por lo que veo ahora, los críos son enviados cuanto antes a la guardería, luego tienen una enseñanza en que suelen agobiarles con los deberes, los cumplan mejor o peor, y la mayor parte de las distracciones giran en torno a la televisión y los juegos en los móviles, y en los parques los juegos están más reglamentados. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes, pero en conjunto me parece que nuestra infancia era más libre e interesante que la actual.

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Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Pío Moa]

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Universidad y miseria política / Jayam 31. El origen del mal / Edipo y Alberto

PSOE, historia criminal: El PSOE, al borde de la escisión después del fracaso de su insurrección de 1934: https://www.youtube.com/watch?v=S887Ra6Xu3k

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Universidad y miseria política

Has dicho varias veces que hablar de los políticos te daba verdadera repugnancia. Sin embargo no cesas de hablar de ellos. ¿Masoquismo?

No perdería un minuto hablando de ellos si sus actos no repercutiesen sobre todo el mundo. Personalmente incluso me amenazan de cárcel esos delincuentes con sus leyes basura.

Parece que los políticos, desde la transición, han sido una auténtica calamidad, según tu punto de vista. ¿Cómo pudieron, entonces, pasar del franquismo y montar una democracia que se mantiene? Y también se mantiene España, a pesar de los vaivenes y crisis. ¿No es normal que en política siempre ocurran esas cosas? ¿Acaso no ocurren en todos los países?

Por partes. Los políticos que hicieron la transición, exceptuando a Torcuato Fernández Miranda, no tenían nada de estadistas, piense en  Suárez, en Juan Carlos, en González, etc. etc.  Se arrogaron unos méritos históricos, gigantescos, como si hubieran realizado un trabajo de Hércules, cuando todo les venía rodado desde el franquismo, desde la sociedad creada en el franquismo. Y con tales ventajas lo hicieron muy  mediocremente. Y no fue eso lo peor. Se trataba de algo nuevo, y era normal cometer errores serios. Lo peor es que esos errores no se corrigieron, sino que no han cesado de profundizarse desde entonces. Si España se mantiene es por la inercia histórica creada por el franquismo. Y es cierto que la política está siempre llena de turbulencias, aquí y en todas partes, que se pueden soportar, siempre que no dañen el marco nacional y político. En España ese marco está seriamente dañado. España se mantiene, con dificultades, pero la democracia no.

Eso de que no existe democracia me parece que choca con muchas evidencias. Usted mismo puede hablar y escribir con libertad  en diversos medios, y nadie le ha metido en la cárcel.   

Ya hubo una campaña para encarcelarme, y en muchos medios me han vetado, aparte de que la ley de memoria histórica es una espada de Damocles sobre las libertades políticas e intelectuales. No es una cuestión personal. Quedan restos de democracia, es cierto, pero solo restos. Un régimen con leyes totalitarias no es una democracia. Un régimen cuyas oligarquías financian los separatismos atenta con sus bases mismas, como alguien sentado en una rama que él mismo está aserrando. Un régimen con la justicia politizada no es una democracia.

También se le puede objetar que en todos los países los políticos han sido objeto de críticas y descalificaciones por unos o por otros. Cosa normal, en democracia.

Usted debería preguntar: ¿por qué España, desde las guerras napoleónicas, ha contado con unas oligarquías de quinta división, con poquísimas excepciones? En todas partes la  media es mediocre, con algunas figuras sobresalientes. Pero aquí, descontando la figura realmente egregia de Franco, ha habido muy pocos de un nivel algo alto. ¿Por qué? Mi tesis es que el fenómeno está emparentado con el decaimiento de la universidad. En Nueva historia de España he querido destacar ese factor, que casi ninguna historia tiene en cuenta. Donde se forjan los políticos es en la universidad o en las escuelas superiores. La decadencia de España se puede medir por la de su  universidad. Esto es algo que no se ha comprendido nunca. Y ahora tenemos una universidad cuyo valor se revela en su aceptación de una ley totalitaria, falsaria de raíz y generadora de opinión y de políticos a ese nivel.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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El origen del mal

 Para explicar la naturaleza humana, el mito la contrasta imaginariamente con una situación primigenia en la que no existiría el mal (por tanto una situación amoral, pues tampoco existiría el bien). El mal es descubierto por el hombre al pretender igualarse a Dios. El hombre no se crea a sí mismo, es parte de la creación, pero Dios lo ha creado “a su imagen y semejanza”, con una chispa de creatividad. Es esa chispa la que le hace creerse capaz de igualar a su creador, y en ella estaría el origen del mal, de todos los males.

El mal se presenta de varias formas: como un daño exterior que nos produce el mundo (enfermedades, accidentes, catástrofes naturales…), y que no va acompañado de culpa. Como un daño que causa al individuo la sociedad, con sus imposiciones y los abusos de otros individuos; esto suele generar una culpa relativa, convencional, acompañada generalmente de ira, activa o impotente. Y el  daño que la persona se causa a sí misma, más allá de las convenciones sociales, y que genera una culpa profunda, a menudo rechazada con justificaciones engañosas. Esta culpa se proyecta casi siempre sobre otros, y en su versión ideológica, sobre los demás en general, sobre la sociedad, generando círculos de justificaciones y agresiones.

Al rechazar la culpa, proyectándola sobre el exterior, sobre otros, el individuo se siente como Dios, pues la noción de culpa es ajena a la concepción de la divinidad (aunque los hombres, como se lee en La Odisea, tiendan a endilgar a los dioses la culpa por las consecuencias de sus propias locuras). 

En la práctica, la pretensión de equipararse a Dios genera una regresión hacia una conducta animal. En el animal, el bien y el mal se circunscriben exclusivamente a lo que le causa placer o daño, y en la persona-dios, radicalmente egocentrista, ese tiende a ser el único concepto del bien y el mal. Solemos identificar como causantes de los males a las personas que tratan de imponer sin consideraciones sus propios intereses o caprichos, abusando de los demás, lo que genera a su vez nuevos males en réplicas más o menos equivalentes. Al comer el fruto del bien y el mal, el hombre entra en la esfera de la moral, que es ya muy distinta, autónoma con respecto al individuo,  por encima de él. El ser humano, creyéndose dios, trata de volver a la inocencia y en la práctica obra como un animal. Pero esa regresión es ya imposible y solo provoca una multitud de males y de la culpa asociada a ellos.

   Otro modo de expresarlo es el de la seducción de la serpiente o la revuelta de los “hijos de la tierra” contra las normas  de “lo alto”, vistas como imposiciones insoportables, o la figura del laberinto sin salida. El problema no quedaría planteado del todo, sin embargo, olvidando que el fundamento de esas imposiciones morales escapa a la razón humana.  Omar Jayam, que lo percibe con especial nitidez, concluye que los mandamientos morales carecen de base real, contradicen los instintos, y hay que desecharlos como “frases confusas” de pretendidos sabios que, después de pronunciarlas se fueron a donde nos tenemos que ir todos. Por consiguiente, era mejor librarse a los instintos. “¿Por qué Alá ha creado un mundo de esplendor y al mismo tiempo nos impone renunciar a él?”, viene a decir. No hay solución.  La de Jayam pretende ignorar aquí los males que a los hombres les trae la conducta animal, conducta en que degenera la vanidad de igualarse a Dios. 

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Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)https://www.amazon.es/Sonaron-gritos-golpes-puerta-Historica-ebook/dp/B007UQCJNI

 Edipo y Alberto

 Ha dicho usted que su novela “Sonaron...” no tiene nada que ver con el mito de Edipo y la muerte del padre según el tópico cultural que ha estado tan en boga durante muchos años, ahora parece algo olvidado. Pero yo creo que sí tiene que ver, sea o no la por interpretación freudiana. Edipo mata a su padre sin conocerlo. ¿O sin reconocerlo como padre?  Alberto lo mata sabiendo que lo es, aunque no se entera sino en el último momento. ¿Cómo reacciona? En primer lugar decide ¿hipócritamente? no participar directamente en la muerte, ausentarse. Pero algo después le entra una especie de reacción psicológica brutal que yo calificaría de metafísica. El mundo se le echa encima, le abruma, no lo entiende. Es como una iluminación negativa. Yo creo que es a partir de esa crisis cuando renuncia a todo lo anterior, porque no lo comprende. Él dice que, falto de Paco, su inquietud filosófica desaparece, la da por inútil, sus peripecias y su atracción por el peligro se le presentan como algo absurdo, y se convierte en un mediocre profesor de filosofía. Doy por hecho que se sobreentiende  que es de esos que se aprenden lo que dijo este y el otro filósofo y lo explican a sus alumnos,  pero que no aportan nada nuevo. Ahora bien, ¿por qué cambia de actitud ya en la vejez? ¿Como una especie de nueva iluminación? F.D.S.

Sí como una especie de nueva iluminación. Pero él sigue sin explicarse lo ocurrido. Decide narrarlo y en el propio relato encuentra una especie de liberación: ocurrió así, tenga ello el sentido que tenga,  y su valor radica precisamente en haber ocurrido, fuera bueno o malo (en su fuero interno entiende que fue bueno, pero no intenta convencernos o convencerse de que lo fue mediante  efectismos o grandilocuencias. No nos dice que él y Paco fueran héroes, solamente nos cuenta lo que hicieron, evitando la “prosa cipotuda”). En cuanto a la muerte –psíquica– del padre, en el psicoanálisis aparece como una necesidad, como algo positivo para la maduración del individuo. Y para la cultura en su interpretación también mítica del padre ancestral, aunque al mismo tiempo el acto de esa muerte aparece como un crimen sobrecargado de culpa, causa del malestar en la cultura. Freud lleva su interpretación del mito hasta el final. Se ve que no creía en la Biblia y veía de otro modo el “pecado original”. 

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