Crímenes contra la humanidad

Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4  

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P.En Años de hierro, ud. explica los juicios de Núremberg: “las figuras empleadas fueron crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración para realizar cualquier de ellos” y recoge las críticas por la inclusión de figuras nuevas de delito aplicadas retroactivamente. ¿Se suma ud. a esas críticas?

–Los juicios de Núremberg fueron acogidos en España con mucha crítica por su aire de venganza y por esos elementos antijurídicos. Pero Fernández de la Mora señaló en ABC que crímenes tan atroces como los cometidos no podían quedar impunes alegando simplemente precisiones jurídicas, pues “los Estados, lejos de poder determinar inapelablemente qué es lo justo y lo injusto, está sujetos a una justicia superior y transcendente (derecho natural)”. Esto es muy lógico, aunque al mismo tiempo abre camino  para que los vencedores en una guerra cualquiera inventen figuras para terminar de aplastar a los vencidos. Uno de esos problemas sin solución clara, como en la tragedia de Antígona. El derecho europeo ha tendido a desentenderse del derecho natural y a hacer que los estados, o mejor dicho las minorías gobernantes, puedan decidir inapelablemente lo que es justo o injusto, mediante algunos procedimientos más o menos sofisticados, como los exigidos por Kelsen, que en último extremo justificarían las leyes nazis.  También señalé que, en comparación con tales crímenes, el castigo fue muy benévolo: once condenas a muerte, tres a prisión perpetua y otras menores, aunque en otros juicios hubo centenares de condenas más. El castigo, sin embargo, se cebó especialmente en el pueblo alemán, que sufrió deportaciones, violaciones en masa, trabajo esclavo, hambre inducida, que causaron cientos de miles y probablemente hasta millones de muertes en la posguerra.

P. Ud describe los hechos, pero no se pronuncia claramente sobre ellos en el libro.

–Es que un libro de historia debe exponer los hechos y los argumentos o justificaciones de ellos por unos y otros, según la norma de Tucídides. El historiador no es el juez de la historia aunque la mayoría tiendan un tanto ridículamente a ejercer de tales. No obstante, he expuesto también alguna opinión en libros y sobre todo fuera de ellos, en artículos. En mis libros sobre la guerra civil, por ejemplo,  he procurado exponer, sin caricaturizar, los argumentos y objetivos de unos y otros junto con los hechos y contradicciones.  Pero en los artículos periodísticos ataco sin contemplaciones las versiones que han prevalecido, destacando sus aspectos más falsos, porque ciernen una amenaza sobre la convivencia y la libertad.

P. ¿Y podría usted  definirse a estas alturas y en relación con los problemas actuales?

–Solo hasta cierto punto. En el libro señalo otros problemas de aquellos juicios: que muchas de las acciones atribuidas a los nazis pueden achacarse también a los estados que juzgaban. Fernández de la Mora decía que el tribunal debía representar a la humanidad y no a Estados particulares, pero esto no fue así ni creo que pueda ser así. En el libro esbozo algunas contradicciones: “Las aporías jurídico-morales podían extenderse a los “crímenes contra la paz”, ya que todos los contendientes perseguían una paz en sus propios términos, y suena excesivo considerar eterno e inalterable  el orden previo a la guerra, salido a su vez de otra”.

P. En otras palabras, unos juicios injustos

–Han recibido muchas críticas, pero a mí me interesa más presentar los problemas que dar soluciones precisas, que no están a mi alcance ni, por lo que voy leyendo, al alcance de nadie, salvo de modo provisional y utilitario. Pero sobre todo me chocaba la idea de “crímenes contra la humanidad”, por cuanto los nazis formaban parte de la humanidad, y el concepto implicaba que otra parte de ella se arrogaba la representación del conjunto humano.  El propio concepto de crímenes contra la humanidad  supone un tribunal por encima de la humanidad, que no puede ser parte de ella, y esa pretensión suena un tanto utópica. Implica “las leyes eternas e inmutables de los dioses” invocadas por Antígona. Fernández de la Mora creía que esas leyes en cierto modo estaban especificadas por “la perenne obra de Vitoria, Molina, Suárez y toda la escuela de juristas y teólogos españoles”.  Pero esto es también discutible, una discusión sin fin. Y la propia idea de crímenes contra la humanidad y de tribunal de la humanidad, lleva consigo una  peligrosa deriva totalitaria. Ahora mismo, y de modo en apariencia inocente, cada dos por tres una institución de la ONU declara “patrimonio de la humanidad” tales o cuales monumentos o paisajes. ¿Quiénes son esos fulanos o fulanas, con mejor o peor intención, para erigirse en representantes de la humanidad? La cosa no es en realidad nada inocente: con ello nos van acostumbrando a que determinados grupos e intereses nos impongan no solo los modos de pensar sino hasta de sentir, en nombre de “la humanidad”.  Desaparecidos los dioses, algunos grupos e intereses pretenden sustituirlos.

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*Felipe González pactó con la ETA, abrió la verja de Gibraltar, empleó el terrorismo de gobierno por un tiempo, su partido llenó de corrupción al país, dejó 3 millones de parados, favoreció y financió los separatismos… ¡Y era mejor que ZP y que el Doctor!

*Patrimonio “Nacional” prohíbe visitar las estancias personales de Franco en El Pardo. ¿Por qué? Porque ponen de relieve su austeridad y permiten compararlo con el lujo y la corrupción de los cacos que hoy mangonean el país.

*La ley de memoria histórica demuestra que los gobiernos actuales no son demócratas. La petición de firmas para que se estudie en español en las autonomías bilingües demuestra que ningún gobierno hasta ahora ha sido constitucional.

*Un gobierno de tiorras perturbadas: “La maternidad es esclavitud, incluso si es deseada y voluntaria”. “La familia es la derrota de las mujeres”. “La condición de hijas huérfanas de madre es común a todas las mujeres” Según la Montón, la del máster.

*El objetivo real del ultraje a los restos de Franco es humillar y desacreditar a la monarquía y a la Iglesia, que hacen como que no se enteran. Y lo planean en nombre de la democracia, cuando la democracia viene también del franquismo, y no de un antifranquismo que la corrompe.

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Mujeres en el ejército

Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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He puesto en tuíter el siguiente comentario:

*Las mujeres militares dan grima. La mujer está para transmitir, conservar y proteger la vida, no para abortar o andar a tiros por ahí.

Las respuestas fueron inmediatas, y a menudo rabiosas. Las más frecuentes aludían a la “caverna”.  Repliqué a estas: “Cuando alguien emplea el “argumento”  de la caverna, ya sé que estoy delante de un (o una) imbécil”. Recibió especial apoyo (cientos de retuites)  un cretino que hacía una gracieta boba: “Unas amigas mías se reúnen todo los jueves, después del trabajo,  para abortar en masa… A usted se le ha parado el reloj en 1835″. Otra señora de VOX, también muy apoyada, destacaba que una hija suya estaba haciendo el curso de oficiales de la Armada y que ya no estábamos en el siglo XIX, o algo así.

    Expliqué, según es posible en tuíter: En épocas tan cutres como esta, defender la evidencia suena discordante. Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer.  Los y las feministas insistían, se burlaban del aborto masivo, y señalé: 100.000 abortos, es decir, asesinatos de vidas humanas en el seno materno, al año, solo en España, es aborto en masa. Y estos locuelos y locuelas, por decir algo, haciendo chascarrillos pueriles“, y Una de las cosas que más impresiona de las feministas, como de los LGTBI, es el odio, mala fe y necedad que destilan en sus comentarios. Y sus gracietas infantiles a falta de argumentos.   Algunos  deseaban que mi madre me hubiera abortado. Repliqué: “Es que mi madre era una mujer normal, no una histérica ni una criminal feminostia. Ya ve ud, qué pena”.

   Otra, queriendo parecer más razonable, replicaba con la definición de feminismo por la RAE: “Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y derechos que tradicionalmente han estado reservados a los hombre”. Contesté: Esa definición es falsa. Los derechos y trabajos no “estaban reservados” a los hombres, sino que los han creado los hombres. Y el feminismo actual no tiene nada que ver con una igualdad de derechos que existe desde hace mucho. Alguno se refería a que con las modernas tecnologías la fuerza física ya no contaba, por lo que las mujeres podían… Etc.

Insistí: “La presencia de mujeres en el ejército es alentada sobre todo por partidos abortistas, antiespañoles y LGTBI. No creo que sea casualidad”. Y expuse algunos inconvenientes que se dan y de los que no se habla, como que para que un superior pueda reprender a una mujer militar tiene que haber otras personas que sirvan de testigos, para impedir que la reprendida le acuse de abusos sexuales, cosa a las que son aficionadas cada vez más mujeres feministizadas. O que en la Armada, algunas se sacan un sobresueldo de pilinguis cuando la estancia en el mar dura semanas.

   De modo que había atacado un tabú feminista, y ocurrió algo muy semejante a otra intervención mía contra las layes LGTBI, que despertó una verdadera oleada de odio, insultos, deseos de muerte, todo muy significativo en un movimiento totalitario que pretende hacer delito no solo del pensamiento, sino de los sentimientos.  Se da el caso asombroso de que cualquiera puede insultar, calumniar o burlarse de cualquier institución o grupo social, pero el respeto supersticioso a “maricones y nenazas” se ha convertido en la piedra de toque de la nueva moral social en vías de implantación. Y que no debe admitirse.

   Todo el problema radica en la diferencia y complementariedad entre los sexos, que los feministas odian (digo “los”, porque las feministas más estúpidas son casi siempre hombres, como el Doctor Profanatumbas). Di una nueva definición: “El feminismo odia la maternidad, es decir, odia a la mujer y en definitiva a la humanidad. Y  envidia/odia al varón“. Lo que Freud llamó ”envidia del pene”, achacándolo a todas las mujeres, cuando solo afecta a la chillona minoría feminista (una cómica queja de estas dice: “Nos quieren calladas”.  Pues sí, por lo menos algún rato).

    Pero, en fin, como la cuestión atañe a unas concepciones muy generales de la propia condición humana, será preciso plantear debates más amplios y en profundidad.

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El justo y el héroe

Podemos decir que el ideal judío es el justo y el griego el héroe. La diferencia es importante. El justo es aquel que cumple estrictamente la voluntad de Dios, que Dios mismo le revela hablando con él; por lo tanto solo puede haber justos entre los judíos, pueblo elegido, pero incluso entre estos es muy escaso su número: con ocasión del Diluvio, Noé y su familia;  en Sodoma también la familia de Lot, y aun su mujer es castigada por mirar con nostalgia la vida malvada de la ciudad; o acaso con compasión por su castigo. La exigencia divina se muestra en ocasiones como el sacrificio de Isaac, único hijo de Abraham, engendrado en la vejez con Sara, etc. Hay, por supuesto, algunas personas buenas en otros pueblos, pero de modo muy secundario y sin poder ser propiamente justos. Por otra parte, el ideal del justo excluye la compasión con el pecador, ya que este enoja a Dios y se merece todas las penas que le caigan que suelen ser muy duras y siempre en esta vida. El justo puede pasar por grandes penalidades, pero estas tienen un sentido muy distinto de las del pecador. Es más, el justo puede constituir la mano de Dios para dar su castigo, igualmente justo, a los malvados. Esto tiene un sentido muy diferente del concepto del héroe.

   El ideal griego es menos exclusivista. Por supuesto, los griegos tenían también un agudo sentimiento de superioridad sobre los demás pueblos, pero nada parecido al de los judíos. En definitiva, el destino trataba por igual a todos los mortales, y en la Ilíada el héroe mejor es precisamente el jefe de los  enemigos, Héctor, a pesar de su final ataque de pánico ante Aquiles; pánico que no despierta en absoluto la burla o el desdén de los aqueos, sino más bien la compasión (en Aquiles, un odio feroz, que acaba calmándose en unas consideraciones sobre el destino humano. El “talón de Aquiles” alude tal vez a su carácter colérico, del que no es del todo responsable). Esta capacidad de objetivar y relativizar la bondad y la maldad, como la suerte o la desdicha, se aprecia en la literatura griega. En las tragedias, los personajes defienden con gran competencia sus posiciones, que a pesar de todo les llevan a la catástrofe. Debemos ver ahí el efecto subterráneo de la hibris, junto con las decisiones oscuras e inapelables de la Moira.

    En la literatura occidental predomina la visión judía: los buenos y los malos quedan claramente definidos, unos por sus virtudes y otros por sus vicios, referencia final a la voluntad de Dios. Generalmente ganan los buenos (una frase  ingeniosa puesta por Oscar Wilde en uno de sus personajes, una mujer que ha escrito una novela: “Los buenos acaban bien y los malos acaban mal, que es lo que significa la ficción”), pero desde el siglo XIX hay una abundante literatura en que son los malos o el mal lo que prevalece,  cosa digna de estudio sobre una posible enfermedad de la cultura occidental.  Y lo mismo pasa con las exposiciones históricas, ya me he referido a Tucídides en comparación con la tradición europea.  Esto da a todo ello cierto aire de trivialidad si lo comparamos con la literatura griega.

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Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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 *Resalta “El País”, diario puticlub, el socialismo de Alborch. Creo que no debería, si quiere elogiarla. El PSOE ha sido y es el partido más corrupto, golpista, antiespañol, violento y ladrón de España en los siglos XX y lo que va del XXI.

*El aborto es la liquidación de vidas humanas en el seno materno. No es otra cosa. Que los feministas lo hayan convertido en un derecho revela su odio a la maternidad. A la humanidad, en definitiva.

*En épocas tan cutres como esta, defender la evidencia suena discordante. Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer.

*¿Por qué no se pueden hacer chistes sobre homosexuales, como de cualquier otro grupo social? ¿Se trata de una minoría sagrada? ¿O vivimos ya bajo una dictadura de los maricones, que diría la ministra Delgado?

*Casado ha estado bien. Rajoy también estuvo bien varias veces… mientras estaba en la oposición. Llegado al poder, pasó sus votos a la política de ZP, que siguió por completo. Casado sirvió a Rajoy y nunca criticó su política. Hará lo mismo.

*Los maricones y nenazas, que diría la Delgado, se están convirtiendo en un sector social sagrado. Ud puede insultar o calumnias o hacer chistes de cualquier otro grupo, sobre todo de la Iglesia, y eso es un deporte. Hacerlo de los maricones es un sacrilegio.

*Desde que ZP rescató a la ETA de la ruina y premió sus crímenes con legalidad, dinero público, etc., y Rajoy siguió la misma política, ya no existe estado de derecho. Existen chanchullos entre partidos-mafias, a los que llaman “diálogo”

*Una universidad en que se enseña historia adaptada a la ley de memoria histórica solo puede ser una universidad de chiste. De chiste muy malo.

*Un título universitario no convierte a nadie en historiador, y menos en una universidad tan esperpéntica como la española.

 

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El espíritu judío y el espíritu griego.

Es curioso cómo dos pequeños pueblos, el judío y el griego, han influido en la historia europea y, a través de ella, de la humanidad, mientras que de otros muchos pueblos mucho más numerosos y poderosos queda solo el recuerdo. También llaman la atención las profundas diferencias entre ellos, bien manifiestas a través de sus literaturas. La Biblia, el escrito que ha conformado la cultura judía, y en parte la europea, contiene textos muy diversos, morales y poéticos, pero es básicamente un relato mítico-histórico del propio pueblo judío a través de siglos. Los judíos serían directamente el “pueblo elegido” por el Dios único, no se sabe bien para qué, al parecer para darle en propiedad una tierra bastante exigua y poco fértil, a cuyos habitantes tenían la obligación de exterminar; pero en todo caso las desdichas de ese pueblo predominan  ampliamente, según el relato, sobre los beneficios de haber sido elegido. La causa de tanta desdicha es, precisamente, la infidelidad o desobediencia a los mandatos divinos. Yavé ordena su voluntad directamente a los grandes patriarcas y dirigentes del pueblo, pero, por una u otra razón, estos, y el propio pueblo hacen a menudo “lo que es desagradable a Yavé”, y sufren la pena infligida por una divinidad “celosa”, que castiga los pecados contra él en varias generaciones. El concepto de pecado y su punición es central en todo el libro.

En la historia del pueblo judío, según la Biblia, predominan con mucho los castigos (derrotas, deportaciones, guerras civiles…) sobre los momentos de felicidad “a la sombra de su parra y de su higuera”. Aunque el tema solo puede ser simplificado burdamente en un artículo, añadamos que en la Biblia, libro por demás misterioso, no hay mención clara de un más allá, de una resurrección, tema crucial del cristianismo, sino cierta ambigüedad: las penas por el pecado se cumplen más bien en la tierra. Dice el autor del Eclesiastés: Sobre la conducta de los humanos reflexioné así: Dios los prueba y les demuestra que son como las bestias.  Porque el hombre y la bestia tienen el mismo destino: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaje el hombre a la bestia , pues todo es vanidad (…) Todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. (…) Hay un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, lo mismo el bueno que el pecador (…) Eso es lo peor de cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos (…) Los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada” Etc. Después de la muerte viene el Seol, que no es ni el cielo ni el infierno. Parece que por contagio de los griegos, parte de los judíos (los fariseos) creyeron en un más allá  en que se haría la justicia ausente en el más acá, pero otros, los saduceos, lo rechazaban. Una historia tan poco feliz exige la idea de un Mesías, personaje político-religioso (religión y política van íntimamente unidas en el judaísmo, como en casi todas, o incluso todas las culturas, aunque de distintos modos) que redimirá a los judíos de su destino pecador, se supone que sobre la tierra.

Se ha dicho a menudo que La Ilíada y La Odisea venían a ser la Biblia de los griegos, y en cierto modo es así: tratan ambas de unos antecesores heroicos y ejemplares  que cumplen un destino que está por encima de ellos y al que no pueden escapar, aunque con cierta capacidad de elegir (por ejemplo Aquiles). La noción de culpa es menos intensa que en los judíos, y la del destino es más fuerte.  Concepción muy distinta de la del judío, siempre sometido a una voluntad divina que se muestra en mandatos precisos y en normas de conducta un tanto obsesivas, pero cuyo sentido general se le escapa: el hombre no es capaz de discernir la obra de Dios (Eclesiastés). La noción del destino, personificado en las Moiras o la Moira es más abstracta que la de los dioses, y estos también están sometidos a él. Ni los dioses ni las moiras son tampoco creadores del mundo, como la divinidad judía, sino productos de fuerzas más primordiales y oscuras.  Los héroes se desenvuelven en las condiciones que les han tocado, acosados por unos dioses y favorecidos por otros, y el valor de su vida radica precisamente en su capacidad para afrontar el destino frente a todos los peligros y adversidades. Pero ese valor finalmente no significaría mucho, al ser un don de los dioses. El más allá griego es un concepto mucho más claro que en los judíos, pero sigue siendo lúgubre, incluso para los héroes más destacados. Hay una diferencia muy grande de concepción entre el ideal del héroe entre los griegos y el del justo entre los judíos. Pero los dos ofrecen serios problemas de comprensión intelectual.

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*No olviden que la estrategia fundamental del PP hoy es anular a VOX, para recuperar votos. Como hasta hace poco fomentaban a Podemos con la misma intención. El golpe de estado permanente, por lo demás, lo comenzó Rajoy.

*El Doctor es partícipe de un golpe de estado igual que Rajoy. ¿Dijo algo Casado cuando Rajoy hacía como que aplicaba el 155 para admitir a Torra y sin cerrar el grifo de la propaganda golpista? No dijo nada. Pero ahora teme a VOX y hace demagogia.

*Tengo la convicción de que el PP es irrecuperable, y que Casado solo pretende asfixiar a VOX arrebatándole los votos de un movimiento popular de patriotismo con el que no contaban.

*Es como cuando el PP montó manifestaciones contra el expolio del archivo de Salamanca, y en cuanto volvió al poder continuó con el expolio. Es VOX, no el PP, la alternativa a la podredumbre actual. O manifestaciones contra Zapatero para luego seguir su política punto por punto.

*Pablo Casado felicita oficiosamente a Almudena Grandes, la admiradora de los milicianos sudoroso que violaban monjas,  y aficionada a fusilar, al menos en la intención, y quemar libros. En cambio la profanación de la tumba de Franco le trae al fresco.

*De la pornografía a la “historia”. Almudena Grandes, la extasiada con los milicianos sudorosos violadores de monjas, los fusilamientos  y la quema de libros. La “cultura” de “El País”, el periódico prostibulario.

*En cosas como la felicitación de Casado a una tiorra tan siniestra como Almudena Grandes se nota lo que hay realmente bajo su demagogia de ocasión, que nada le cuesta ahora.

*En general, la cultura española atraviesa por un verdadero páramo, lleno de vegetación baja y sin nada o casi nada descollante. Los premios se los reparten entre golfos politizados.

*las mujeres en el ejército dan grima. Que los feministas, LGTBI, etc. hayan impuesto esa aberración incluso a los conservadores, indica mucho de cómo estamos. Como el aborto masivo como “derecho de la mujer”. Es parecido

*¿Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer

*”Tiorra” es como llamaba Unamuno a las fulanas sucias y desgreñadas que vociferaban y animaban a la violencia en los mítines y manifestaciones de izquierda. Hoy no son desgreñadas, emplean mucho tiempo y dinero en arreglarse, pero su espíritu es el mismo

*Lo malo de las infames tiorras feministas es que con todo descaro se dicen representantes “de la mujer”.

**A veces pienso que el aborto podría estar justificado para las feministas. Porque ser hijo de tales madres tiene que ser una pesadilla.

*Yo no me opongo a que una mujer entre en el ejército o donde le dé la gana. Tampoco me opongo a que los LGTBI suelten sus burradas. Digo que dan grima, y no admito que intenten imponerse y perseguir a los discrepantes.

*No hay lugar más peligroso para la vida humana que el vientre de las feministas.

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Sobre el Premio Nacional de Narrativa: http://www.outono.net/elentir/2018/10/23/se-mofo-de-una-mujer-violada-por-los-rojos-y-le-conceden-el-premio-nacional-de-narrativa/

 

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Moradiellos avanza, pero no lo bastante

El profesor Moradiellos ha publicado Franco, anatomía de un dictador. Ya el título es algo absurdo. Dictadores hay y habrá muchos y del muchas clases, pero el caso de Franco no responde a ningún estereotipo. Sería como decir Blair, anatomía de un demócrata, o De Gaulle, anatomía de un general,  etc. El autor ya había escrito una Crónica de un caudillo casi olvidado, confundiendo de entrada sus deseos con la realidad, porque Franco y su régimen no han cesado de suscitar bibliografía y presencia política desde su muerte.  Aquella crónica, como otros libros suyos sobre el tema o la guerra civil, era una verdadera sarta de disparates, pero este último parece  mejor, a juzgar por la entrevista que le hace uno de los ignorantes periodistas  típicos del ABC,  un periódico que lo debe todo a Franco pero que desde Ansón juega a hacerse el antifranquista duro (trato el hecho, irrisorio en sí mismo, en Los mitos del franquismo).

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Digamos de entrada que en estos cuarenta años la bibliografía sobre Franco y su régimen ha sido en su inmensa mayoría militantemente antifranquista, lo que por sí solo ya señala la enorme importancia histórica del personaje, importancia que niegan puerilmente los mismos que se obsesionan con él. Una bibliografía increíblemente estúpida, por sus contradicciones e incoherencias. Con el tiempo, Moradiellos ha ido mejorando, y señala en ABC: “Es absurdo decir que era tonto, que no tenía ideas políticas”. Cierto, venció militar y políticamente a todos sus enemigos durante cuarenta años, pero la bibliografía al uso, empezando por Preston y siguiendo por el propio Moradiellos hasta ahora, lo presenta como prácticamente un idiota semianalfabeto, y como inteligentes e ilustrados a sus enemigos, sobre todo a Negrín, a quien Moradiellos ha dedicado también una hagiografía (recomendaba El País al sujeto como “ciencia más democracia” ¿Increíble? Nada es increíble cuando uno se mete en esa literatura). Pero a continuación ya desbarra el entrevistado: según él,  la idea política de Franco era el mando militar. Y ello a pesar de que el ejército, salvo los años de mayor peligro,  quedó siempre en segundo plano, sin apenas intervención política y sin grandes presupuestos. En cuanto a su inspiración en Menéndez Pelayo y en el catolicismo, es cierta, y sería la causa de la ruina del franquismo después del Vaticano II.

Otro error de Moradiellos es hablar del puente aéreo desde el 6 de agosto el 36, que permitió salvar la desesperada situación de los nacionales al comienzo de la guerra, y  atribuyéndolo implícitamente a los alemanes. Empezó el mismo 20 de julio con aviones españoles  y para el 6 de agosto ya había conseguido objetivos estratégicos clave. Lo único que hicieron los aviones alemanes fue incrementarlo. Lo he expuesto en Los mitos de la guerra civil, que debería haber consultado el autor. Tampoco sobre el valor militar de Franco acierta al usar una frase realmente necia –ya señaló Gregorio Marañón la estupidez como una nota del antifranquismo–: “No es Napoleón, pero es de lo mejor que tenemos”. Napoleón perdió muchas batallas importantes, fue derrotado en Egipto, Rusia y España y finalmente perdió la guerra. Franco no perdió ninguna batalla y ganó la guerra partiendo de una situación prácticamente desesperada, y lo hizo  con extraordinaria economía de fuerzas y de bajas. De ningún otro general del siglo XX en cualquier país creo que pueda decirse algo parecido. Cuando los historiadores antifranquistas consigan dejar de lado su bobería, podrán adelantar algo.

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En política, Franco resulta, según Moradiellos,  ”un posibilista. Se llevaba bien con todos”. Se ve que no tiene ni idea de lo difícil que es en política lidiar con cuatro partidos muy distintos, cada uno de ellos con su sector antifranquista: los monárquicos juanistas, los carlistas, los falangistas y los católicos políticos. Mantener bajo la rienda a fuerzas que se habían opuesto hasta el suicidio revela una destreza política realmente excepcional, inédita en la historia de España desde por lo menos la invasión francesa.

Después de oír las simplezas de Moradiellos, el pasmado periodista, le pregunta: “¿Por qué nos hemos ahorrado toda esa complejidad? ¿Por qué exageran incluso historiadores serios?” Se ve que el entrevistador se considera muy serio. Respuesta: “(porque) es el resultado de una guerra, la institucionalización de la victoria” y “Es muy duro aceptar que medio país era franquista”. En realidad mucho más que medio país era franquista, con más o menos intensidad, y lo fue hasta el final, como podemos corroborar quienes luchamos realmente contra él, y como demostró el referéndum de 1976, cuando se aceptó la democracia no contra el franquismo sino desde el franquismo, y contra quienes  querían negarlo para volver a la supuesta legitimidad de 1936.

¿Y por qué es “duro de aceptar? Porque, como casi todos los seudohistoriadores, olvida la cuestión crucial de la guerra:  el carácter del Frente Popular, una agrupación de totalitarios y golpistas de izquierda y de separatistas, que subió al poder en unas elecciones fraudulentas (verdadero golpe de estado)  e impuso en el país el caos y la tiranía. Según la historiografía habitual (estúpida, insisto), aquel conglomerado representaba la  libertad, la democracia; y quienes se sublevaron representaban el fascismo, la opresión más brutal. El hecho que sistemáticamente se oculta es que el Frente Popular amenazaba de modo inmediato con la disgregación de la nación española, la imposición de regímenes totalitarios al estilo soviético y la erradicación de la cultura cristiana. Sus enemigos representaban la defensa de la nación, de la cultura cristiana y de la libertad personal, aunque las libertades políticas se restringieran a sus enemigos. El Frente Popular no representaba ninguna democracia sino que impidió esta para muchos años, y hoy un tercer frente popular amenaza seriamente las libertades y la integridad nacional. Mientras esta evidencia no sea reconocida, las historias de aquel período seguirá siendo una sarta de incoherencias, disparates y falsedades, y la guerra no se superará.   

Así, en lugar de partir de este análisis, la insistencia se centra en el número de víctimas, actualmente solo de las causadas por los vencedores. Moradiellos admite, y es un avance, que también el Frente Popular asesinó cuanto pudo. En toda guerra hay víctimas de los dos lados, y por eso lo que importa esencialmente es discernir qué defendía cada bando y por qué se llegó al conflicto bélico. Algo que, hoy por hoy, creo que solo es posible encontrar en mis libros, que Moradiellos debería leer. Porque incluso en la bibliografía franquista, muy superior a la contraria en detalles y veracidad general, no acaban de percibirse claramente las cuestiones esenciales desde las que enfocar el conjunto de la guerra y del franquismo.  

  Y, pese a su avance, también en la cuestión de las víctimas patina Moradiellos: atribuye a los nacionales 90.000 en la guerra más 40.000 en la posguerra; y 55.000  por los “republicanos” (ya va siendo hora de acabar con esa vulgar patraña: no eran republicanos, si por tal se entiende la república del 31, sino precisamente quienes la destruyeron. Este es otro mito distorsionante que vuelve estúpidas las versiones subsiguientes). Esas cifras no son reales, sino producto de la propaganda subvencionada de la memoria histórica y ningún historiador solvente debería aceptarlas. En cuanto a los fusilados de posguerra, la cifra real creo que pronto se establecerá en menos de la mitad  de las indicadas por Moradiellos. Se trató fundamentalmente de asesinos, torturadores y ladrones de las chekas y similares, juzgados y ajusticiados. Pero aquí lo significativo es que los gobiernos actuales, incluido el del PP, los considera “víctimas del franquismo”, identificándose así con tales criminales.

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   Dice también el entrevistado que el mayor enemigo de Franco fue la ETA. Pues no, el mayor y casi único hasta finales de los años 60 fue el Partido Comunista. Y el enemigo más peligroso fue la Iglesia después del Vaticano II, que no se contentó con disociarse del régimen, al que vació de ideología, sino que pasó a proteger y estimular tanto a la ETA como a los comunistas y los separatistas, es decir, a quienes casi la había exterminado durante la guerra. Un fenómeno asombroso, que he tratado en diversos libros pero que a Moradiellos y a la mayoría de los historiadores parece no decirle nada.

   Por no extenderme, termino con el Valle de los Caídos. Haciendo como que no se entera de que la profanación de la tumba de Franco es una deliberada humillación y descrédito a la Iglesia, a la que el Caudillo salvó del exterminio, y a la monarquía, que él volvió a traer, afirma Moradiellos que hay razones para que no esté en el Valle de los Caídos porque no es un caído en la guerra. Se trata de una típica insidia de los profanadores. En el Valle de los Caídos hay tumbas de personas no caídas en la guerra, pero además el monumento es una creación suya, una invitación a la reconciliación que no aceptan los que se identifican con los criminales juzgados en la posguerra. Si en algún sitio debe estar la tumba de Franco es precisamente allí.     

   En suma: Moradiellos ha avanzado considerablemente sobre sus enfoque antiguos, pero aún le falta bastante. “Yo mismo –dice– veo de manera diferente la guerra o a Franco que hace veinte años. Y sé que dentro de otros veinte cambiaré mis apreciaciones”.  Esperemos que no tarde tanto. 

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Algunos otros comentarios a Moradiellos: https://www.libertaddigital.com/opinion/historia/el-hundimiento-de-una-version-y-un-metodo-historicos-1276237587.html

Sobre la polémica que sostuve con él en El Catoblepas, revista digital de Gustavo Bueno, puede encontrarse en internet tecleando su nombre y el mío.

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