Blog I. Vuelve la izquierda chekista: Podemos y sus modelos a) Margarita Nelken: http://gaceta.es/pio-moa/vuelve-izquierda-chekista-modelos-margarita-nelken-04032016-1956
**”Cita con la Historia” se emitirá por última vez en Radio Inter el próximo domingo. En adelante lo hará por Cadena Ibérica, en fm 91,9 para Madrid. Seguirá pudiéndose oír en podcast y en YouTube.
**España sufre una acelerada colonización cultural o gibraltarización por el inglés. Urge denunciarlo y reaccionar.
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Al entrar en la historia europea conviene reconsiderar la clásica división en Antigua, Media, Moderna y Contemporánea, debida, hasta la Moderna, al historiador alemán Cellarius. Aparte de su absurdo, esa nomenclatura implica dos abusos: su aplicación frecuente a civilizaciones y países no europeos, con reducción de importantísimas civilizaciones, cada una con su particular desarrollo, a la categoría de “Antigüedad”; y la pretensión de considerar la historia como etapas o escalones previos hasta alcanzar su plenitud, en el siglo XVII-XVIII en que vivió Cellarius. El calificativo de “Media” al milenio entre el siglo V y el XV resulta además harto ofensivo, ya que lo priva de carácter propio, reduciéndolo a un mero período preparatorio para la “modernidad”; aun así, fue preciso dividir el milenio en dos partes: Alta y Baja edad Media. Como dicha plenitud de los tiempos desembocó en situaciones inesperadas y violentas, fue preciso nombrar una edad posterior, a la que, con mayor arbitrariedad aún, se la llamó “Contemporánea”, como si todas las anteriores no lo fueran de quienes las vivieron.
Frente a estas distorsiones, hoy absolutamente difundidas, propuse en Nueva historia de España una nueva nomenclatura, aun admitiendo grosso modo las fechas de cambio de una edad a otra: edad de formación, de supervivencia, de asentamiento, de expansión, de apogeo y de decadencia.
La Edad Antigua sería la de Formación, que abarca el Imperio romano, porque fue a través de él como se consolidaron el cristianismo y la transmisión del pensamiento griego y latino. Toda esa herencia estuvo al borde de la destrucción por dos oleadas de invasiones: la primera, sobre todo germánica, destruyó el Imperio romano occidental y la segunda estuvo próxima a arrasar la civilización propiamente europea que sobre sus ruinas fue edificando el cristianismo. Esta última unió la acción devastadora de los vikingos desde el norte con los ataques musulmanes desde el sur y el este, y los magiares en el centro del continente. A esta edad, unos cinco siglos correspondientes más o menos a la Alta Edad Media, podría llamársele de Supervivencia, como también “de las invasiones” o “de los monasterios”, ya que estos desempeñaron un papel decisivo en el sostenimiento y transmisión del legado cristiano-clásico.
Desde el siglo XI, la civilización europea no solo toma una forma definida, sino que se asienta y es capaz de alguna contraofensiva como las Cruzadas, de gran trascendencia histórica pese a su fracaso. Fue esta la Edad de Asentamiento o de Consolidación, cuyas instituciones más visibles son las catedrales, las universidades y el pensamiento escolástico, con amplios movimientos de cultura como el Románico, el Gótico y un primer Renacimiento. Las sociedades europeas se consolidan lo bastante para superar catástrofes casi apocalípticas como la Peste Negra, una peligrosísima invasión mongola o la invasión turca de la Europa suroriental culminada en la caída de Constantinopla, capital del Imperio romano de Oriente o bizantino, que había subsistido un millar de años después del derrumbe del Imperio romano de Occidente.
El descubrimiento de América señalaría el paso a una Edad de Expansión (equivalente a la Moderna), a partir de España y Portugal sobre todo, en que la cultura europea y la religión católica se extendería a otros continentes. El hecho tiene trascendencia difícil de exagerar, pues por primera vez en la historia los continentes habitados y sus civilizaciones y culturas, hasta entonces mutuamente desconocidos y con escasas o nulas relaciones entre sí, son puestos en comunicación. A partir de entonces las interinfluencias entre unos y otros crecerían, señalando una nueva época en la historia humana; pero el elemento activo y decisivo serán las expediciones navales y conquistas europeas, que crean imperios transoceánicos, también por primera vez en la historia humana. La Edad de Expansión presencia también renovados impulsos invasores islámicos por parte del Imperio otomano, a través del Mediterráneo y hacia el centro de Europa; y simultáneamente la escisión protestante, un efecto de la cual serían largos períodos de guerras civiles y entre diversas naciones cristianas. El desarrollo del espíritu científico, el Renacimiento y el Barroco caracterizarán asimismo la época.
Esta etapa concluiría en un período indefinido que abarcaría la Revolución industrial a partir de Inglaterra, la independencia de Usa y la Revolución francesa. Esta nueva edad señala el apogeo de Europa (de sus países más avanzados), cuyo poderío científico y técnico descuella de tal modo sobre el resto del mundo que se vuelve incontrastable para cualquier otra potencia o civilización. La nueva época lleva a su cenit las tendencias originadas en la anterior: casi toda América termina de ser colonizada, y lo mismo ocurrirá con África y grandes regiones de Asia. Puede decirse que entonces Europa (algunas de sus potencias) domina al mundo, bien directamente mediante colonias, bien de forma indirecta, por el comercio y la presión política. Esta edad podría definirse como “de Apogeo”. Y no solo la ciencia o la técnica, también el pensamiento y las artes experimentan un fuerte impulso en la Ilustración, el Romanticismo y las ideologías que aspiran a sustituir a la religión y en parte lo consiguen. Se corresponde con la llamada Edad Contemporánea, con el liberalismo, la democracia y las ideologías totalitarias.
Finalmente, la terminación de la II Guerra Mundial señala un evidente declive de Europa en el plano político y militar, cuando queda dividida en dos zonas de influencia, useña y soviética, y pierde casi todas sus colonias, a menudo en guerras enconadas en las que los ejércitos europeos son vencidos por movimientos armados teóricamente muy inferiores, con nuevos tipos de guerra. Europa sufre un decaimiento profundo no solo política, militar y económicamente (aunque su economía llegaría a recobrarse), sino en todos los planos creativos del pensamiento, las artes y los movimientos sociales, en los cuales la vanguardia pasa a Usa. Europa entra en su Edad de Decadencia, que no sabemos si proseguirá, acentuándose, o dará paso a un nuevo renacimiento, que hoy por hoy no se vislumbra. Tal postración ha originado planes de unir y homogeneizar el continente en un estado único, mediante el cual Europa recobraría su papel hegemónico o al menos podría competir de igual a igual con Usa, la emergente China o cualquier otra superpotencia, tras la implosión de la Unión Soviética, tan influyente en el mundo durante gran parte del siglo XX. Un sacrificio exigido para ese programa es la abolición de la gran diversidad nacional que ha dado a Europa su riqueza cultural; otro es la erradicación de la herencia cristiana, programa evidente en la llamada Unión Europea, que rompería con un larguísimo pasado y que no puede ocurrir sin serios riesgos.
Creo que esta división por edades podría resultar más útil y descriptiva que la ambigua y demasiado arbitraria tradicional.
¿Qué es Europa, finalmente? Podríamos describirla como un conjunto muy variado de naciones y culturas, unido por ciertas tradiciones y concepciones religiosas, filosóficas y artísticas a través de diversas edades, y hoy en decadencia y en trance de transformación profunda con perspectivas inciertas.
