La II Guerra Púnica y la religiosidad romana

**Blog I: Qué revela “lo” de Colonia: http://gaceta.es/pio-moa/revela-colonia-10012016-1337

**”Cita con la Historia”: En Radio Inter, domingos de cuatro a cinco de la tarde. Últimos programas: www.citaconlahistoria.es. También en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=Lb275HQRDec (La corrupción del PSOE durante la guerra civil)

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    Si Aníbal hubiera vencido, y muy cerca estuvo, quizá Cartago no  habría emulado el impulso romano hacia el este, pero sin duda habría impuesto su civilización oriental-africana en el Mediterráneo occidental. El imperio romano no habría llegado a nacer  y el destino cultural y político de Europa habría sido muy otro. Ciertamente, aquella magna contienda no es una más en la historia, tiene verdadero carácter fundacional: con ella  nació  la civilización europea, y nació como civilización mediterránea.    

   Los romanos entendían que sus prodigiosas victorias no podían explicarse solamente por factores racionales, tales como el genio de Escipión o la organización legionaria o la capacidad económica. Después de todo, los mejores planes fracasan a veces, y otras una intuición momentánea lleva al triunfo, y los cambios de fortuna escapan a los cálculos de la razón. Desde siempre los hombres han intuido la intervención de fuerzas misteriosas por  encima del cálculo racional, fuerzas divinas, y para los romanos la causa última de sus éxitos estaba en la protección de los dioses tutelares de la ciudad, a quienes oraban y sacrificaban y cuyos mandatos morales se esforzaban en seguir. Expone Polibio: “La mayor diferencia positiva de la constitución romana es, a mi juicio, la convicción religiosa. Pues me parece que la religión ha sostenido a Roma a pesar de ser objeto de burla por los demás pueblos. Entre los romanos  la religión está presente  con tal dramatismo en la vida privada  y en la pública, que no es posible estarlo más.  Esto sorprenderá a muchos, pero creo que lo han hecho pensando en la gente común. Si  fuera posible formar una ciudad solo con personas inteligentes, (la religión) no sería precisa. Pero la masa es cambiante y llena de pasiones injustas, de furias irracionales y de rabias violentas. El único remedio es contenerla con el miedo a lo desconocido y ficciones de ese género. Así, a mi juicio, los antiguos no inculcaron por azar en la multitud las imaginaciones de los dioses y las narraciones del Hades”. Por ello, Polibio tachaba de temerarios a quienes creían posible o conveniente suprimir la religión, despreciada por la gente instruida como un rosario de ficciones  absurdas pero apreciada como instrumento útil para asustar al pueblo y mantenerlo en calma.

   Polibio ensalza también otra conducta ligada a la religiosidad: la honradez de los cargos públicos en asuntos de dinero. La práctica del soborno estaba penada con la muerte, mientras que en  Cartago era pública y aceptada, y las ciudades griegas se habían hecho famosas por la insolvencia y corrupción de sus magistrados: al respecto, los romanos acuñaron la expresión graeca fides, nulla fides.

    Como ocurría en otras culturas, la religión estaba ligada íntimamente al estado, a la protección del estado y de la ciudad, luego del imperio; y todas las acciones, políticas, guerreras, etc., debían contar con el beneplácito divino, obtenido a través de los ritos presididos por los sacerdotes. Los cónsules  ejercían también funciones religiosas, y los éxitos políticos y  guerreros, que no excluían una minuciosa racionalidad, se atribuían en definitiva a la protección divina. Con el tiempo, los emperadores llegarían a ser divinizados directamente, como garantes providenciales del orden del estado. La religión latina no solo era politeísta sino que estaba dispuesta a integrar a los dioses y ritos de otros pueblos conquistados, siempre que no se opusieran al interés del estado. 

    Con todo, la abundancia de divinidades mayores, menores, públicas y domésticas, no excluía una jerarquía, la “tríada capitolina”, con Júpiter, el dios más poderoso y protector, Juno, su esposa-hermana, protectora del hogar y el matrimonio, y Minerva, diosa de la sabiduría y de la guerra. Según el investigador francés G. Dumézil, la tríada superior caracterizaba a las religiones indoeuropeas, apreciable en la griega (Zeus, Poseidón y Hades), en la celta, la hindú o la germánica. Algunos autores han querido ver ahí un precedente de la Trinidad cristiana. La triada se relacionaría también con la división del orden social en tres ámbitos: el del sacerdocio, el del guerrero y el de los productores (campesinos, comerciantes,  artesanos). División rígida en el sistema de castas hindú, pero perceptible asimismo en las demás culturas del mismo origen, incluso en la civilización europea hasta la Revolución francesa. Sin embargo, una división semejante existe de modo similar en culturas no indoeuropeas.

   En estas religiones los dioses son inmortales, pero no eternos, pues tienen un principio a partir de fuerzas más oscuras e indefinibles, como el amor, la guerra, “el cielo y la tierra”, surgidas sucesivamente desde el Caos, algo así como una situación confusa e indiferenciada previa al mundo ordenado. No eran, por tanto, los creadores del mundo, sino más bien los fundadores  y mantenedores de su orden, así como del orden social. 

   Por lo que respecta a los humanos, eran religiones melancólicas. La humanidad habría ido decayendo desde una Edad de Oro, en que los hombres, semejantes a los dioses vivían en armonía con la naturaleza, sin fatigas ni sufrimientos, y morían plácidamente, como durmiendo. Le sucedió una Edad de Plata, de gente longeva, pero condenada a  trabajar la tierra para vivir y ganada por la hybris (desmesura,  orgullo), dada a las violencias  y a despreciar a los dioses. Zeus la exterminó. Los humanos de la Edad de Bronce destacarían por una belicosidad extremada que habría terminado por destruirlos, junto con un diluvio del que solo se salvaría una pareja. Seguiría la Edad Heroica, identificada con los tiempos de la guerra de Troya, que también llegaría a su fin, dando paso a una Edad de Hierro, la presente para griegos y romanos, plagada por la codicia, la violencia, la mentira y  la deslealtad. Hay, pues, una evolución  descendente del ser humano, caracterizada por una creciente hybris e impiedad con sus consecuencias nefastas. Otros mitos  exponen la creación del hombre por un titán hijo de la tierra, Prometeo, que regala a sus criaturas el fuego (la técnica) y les enseña a despreciar a los dioses, que lo encadenan a una roca, símbolo de las apetencias meramente materiales, mientras le roe el hígado un águila, símbolo del castigo por la traición al espíritu[1]

   Si el destino de las personas en vida resultaba expuesto a muchos males, tampoco era brillante el que le esperaba en el más allá, cuando sus almas bajaran al Hades o Averno, donde recibirían premio o castigo, en regiones del Hades como los Campos Elíseos para los buenos y el Tártaro para los malvados. Pero en la expectativa no dejaba de ser lóbrega. En La Odisea, Aquiles afirma preferir ser un siervo en casa de un pobre entre los vivos a reinar entre los muertos. El emperador Adriano recoge el tema  en su poema Animula vagula blandula,  “huésped y compañera del cuerpo, que irás a lugares lívidos, helados, desnudos”. La religión grecorromana exigía de los hombres una conducta justa pero poco esperanzada aunque tratasen de ajustarla a los mandatos divinos, percibidos de modo a menudo contradictorio. Y prometía una vida de sombras en el más allá. Pese a sufrir una penosa Edad de Hierro, o por ello mismo, el hombre debía suplicar siempre el auxilio de los dioses, garantes en definitiva del orden y felicidad posibles

   Polibio revela un declive del politeísmo, al menos entre la gente intelectualizada del helenismo. La fe en los dioses había sido socavada por la poca esperanza propiciaba y por el racionalismo. Los temas metafísicos de Platón y Aristóteles habían cedido en otros filósofos a cuestiones más abordables por la razón, buscando una moral capaz de orientar al hombre hacia la felicidad. Pero la ventaja de sustituir relatos míticos por razones traía también inconvenientes, pues desde unas mismas premisas, la razón construye discursos dispares, incluso opuestos. Así, dando por sentado que el bien es el placer y el mal el dolor, la felicidad supondría un hedonismo que permitiese lo máximo del primero y lo mínimo del segundo, pero de ahí no deriva una conducta unívoca, pues, ¿cómo practicar con tino la búsqueda del placer?  El hedonismo podía entenderse como rienda suelta a los deseos sensuales, o como una selección entre los mil deseos humanos, descartando los más “bajos” o peligrosos; o incluso como una renuncia ascética a los deseos, ya que estos, por incumplibles en muchos casos o por lo breve de su satisfacción, traían consigo  el dolor. El hedonismo podía inducir  asimismo al suicidio, razonando que las penas en el mundo son a menudo mayores que los placeres. De ahí diversas escuelas como la de Cirene, el epicureísmo o el estoicismo. 

   Por otra parte era difícil eludir la referencia a la fuente de la moral en algún concepto metafísico. Si la moral dejaba de ser expresión de la voluntad divina, debía buscársele un fundamento distinto y más asequible a la razón, pero con ello se entraba en una nebulosa. Se trataba, en definitiva, de vivir de acuerdo con la Naturaleza, con el orden cósmico,  ya que de ahí vendría el bien y la felicidad, y de ignorar el orden natural procederían los males.  Por desgracia, la Naturaleza  resultaba en sus órdenes tan misteriosa como la voluntad de los dioses, y quienes predicaban una vida de acuerdo con ella se encontraban enseguida con diversas opciones y problemas de difícil salida. 

   Hasta la II Guerra Púnica, la religiosidad romana resultaba  muy sólida a los ojos escépticos de los filósofos y personas cultivadas de Grecia. Pero a partir de entonces muchos rasgos iban a cambiar en la propia Roma, entre ellas la religiosidad.


[1] Según la interpretación de Paul Diel en El simbolismo en la mitología griega

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Materia y espíritu

Blog I “Víctimas del franquismo”:  http://gaceta.es/pio-moa/victimas-franquismo-07012016-0918

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La materia es un concepto intelectual, es decir, espiritual, con el que tratamos de explicar la gran cantidad de “cosas palpables y cambiantes”, accesibles de un modo u otro a los sentidos, que ofrece el mundo: sería el factor subyacente y ordenador de esa variedad y cambios. No obstante, ese factor, la materia,  no corresponde a nada real y palpable, nadie la ha visto ni tocado ni presumiblemente lo  hará nunca. El concepto de materia ha dado lugar a una filosofía, el materialismo, que es también una elaboración espiritual, cuya esencia consiste, precisamente, en negar el espíritu. Se parece un poco a aquellos sofistas que afirmaban que nada es comunicable, y sin embargo insistían en comunicar su descubrimiento.

    El espíritu puede definirse como el designio, la voluntad o el sentido (el Verbo) de todo lo existente. Es un concepto elaborado sobre el propio funcionamiento de la psique humana, extendido por analogía al cosmos: no construimos una mesa “porque sí” ni de cualquier manera, sino con unas formas determinadas por su finalidad. No hablamos emitiendo sonidos al azar, sino de forma ordenada y con un sentido. Suponemos racionalmente que algo análogo ocurre con el resto del universo: existe detrás de él y en él un sentido, una especie de finalidad, o sea, un espíritu. La analogía es en parte falsa, por la inmensa diferencia de escala entre  el mínimo mundo al que aplicamos nuestra voluntad y acciones, y la apabullante inmensidad del cosmos. Y la diferencia no es solo de escala, sino cualitativa: el espíritu o sentido que queremos encontrar detrás del cosmos difiere tanto del nuestro, que nuestra relación con él se expresa más en la fe que en la razón.    

    Hay, por tanto, cierta arbitrariedad en el concepto de espíritu al pretender aplicar la experiencia humana de sentido al conjunto del universo. No obstante, resulta extraña la idea contraria, de que el sentido que encontramos en nuestras minúsculas  acciones sea algo ajeno o contrario al resto del mundo. Por otra parte, la idea de sentido del mundo, en el cual están inmersas nuestras vidas, es también una exigencia psíquica absoluta: sin ella, nuestra vida se convierte en un caos intolerable, que conduciría al suicidio.

   La idea de un cosmos materialista, es decir, sin  sentido, sin espíritu, exige sin embargo un elemento ordenador,  unas leyes que son ajenas a la materia (o bien son creadas por la materia omnipotente, para darse orden a sí misma, una idea bastante extraña).  Al final, el materialismo necesita recurrir a un concepto explicativo de todo ello: el azar. Pero el azar resulta algo mucho más misterioso aún que la voluntad divina.

   Queda esto, al parecer: nuestro espíritu exige un sentido no solo a las acciones de nuestra vida corriente, sentido que entendemos fácilmente,  sino al conjunto de nuestra vida, cuyo sentido ya se nos escapa, y dentro de un cosmos que a su vez tenga sentido. El materialismo lo niega, pero el materialismo es a su vez un fruto particular, un tanto paradójico,  del espíritu humano.     

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En twitter PioMoa1:

*ZP, amigo y protector de etarras y chekistas (ley de “memoria histórica”) dice que España está orgullosa de su pasado musulmán. España no tiene pasado musulmán, sino anti musulmán.

*Gracias a su pasado antimusulmán existe España y no al Ándalus

*Gracias a su pasado antimusulmán España no es una prolongación del Magreb

* En Granada culminó la Reconquista: desapareció Al Ándalus y volvió España.

* La Reconquista fue posible porque antes existía la nación española, desde Leovigildo. “Nueva historia de España”.

*La Reconquista significó la vuelta de España a la civilización cristiano-latina y europea. “Nueva historia de España”

*En el norte de África no fue posible una reconquista debido a la ausencia de naciones  anteriores.

*En el norte África la brillante civilización cristiano romana fue arrasada por el islam. En España faltó poco. “Nueva historia de España”

*Al Ándalus siempre fue un despotismo extremo, impuesto por los árabes incluso sobre la población local convertida al islam “Nueva historia de España”

*La islamofilia de la izquierda y separatistas es solo una manifestación más de hispanofobia y cristianofobia.

*Aunque se crearon inevitablemente diversos reinos en la Reconquista, el ideal de España perduró y se impuso, salvo en Portugal. “Nueva historia de España”.

 

 

 

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España como problema, o ¿qué esperar de España?

Blog I: Un problema muy actual: la guerra civil y los problemas de la democracia en España: http://gaceta.es/pio-moa/tema-esencial-actualidad-guerra-civil-los-problemas-democracia-espana-05012016-1953

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   El físico Julio A. Gonzalo ha publicado en la editorial de la Asociación Española de Ciencia y Cultura,  un ensayo, España como problema. De la Segunda República hasta hoy en que, a través de episodios agudamente sintetizados, explica la evolución del país en cuatro etapas: I República, revolución y guerra civil, con el significado de la victoria nacional; II De la victoria nacional al referéndum de 1966, con la guerra mundial, sus consecuencias para España y el asentamiento del régimen y su futuro como monarquía del Movimiento. A partir de ahí empezaría III etapa, la transición, con el juramento de Juan Carlos en 1969, el asesinato de Carrero, etc., y hasta la Constitución del Estado de las autonomías en 1978. Y la IV etapa, desde la Constitución hasta hoy, con las “victorias sin alas” de la UCD y más tarde del PSOE, la caída del comunismo soviético, el atentado terrorista de Atocha y sus consecuencias hasta hoy.

   La idea del ensayo, que puede compartir cualquier persona informada, es que el franquismo  libró a España de muchas calamidades y dejó un país en las mejores condiciones sociales y económicas desde, al menos, la Guerra de independencia, para luego sufrir una transición  bastante lamentable  hasta la situación desastrosa actual con peligro de balcanización del país. En la contraportada resume una lección: Vascongadas y Cataluña están camino de la independencia. Si la monarquía no sirve para garantizar la unidad de España, ¿para qué la queremos?

   Una idea más de fondo queda explícita en la “Palabras previas”:  Pocos países en el mundo tienen una herencia histórica y cultural como la española (…) ¿Por qué hay tantos indocumentados vascos, catalanes, gallegos, canarios, que se empeñan en negar esa herencia, tan suya como nuestra? Pues por una razón muy sencilla: porque la historia de España, guste o no, está tejida de hechos clave en defensa de la Cristiandad, y hoy Europa (…) está a la defensiva. Hechos clave: ocho siglos de reconquista, descubrimiento y evangelización de América, Trento, Contrarreforma Católica, lucha sin cuartel contra Napoleón, abanderado de la revolución francesa, y, ya en el siglo XX, primera victoria indiscutible frente al Comunismo Soviético en el campo de batalla. La Masonería y el Comunismo no perdonan (…) No pueden ver con buenos ojos  una España próspera, unida y en paz.

   A mi juicio, este enfoque, aunque sugestivo, margina algunos hechos cruciales. Sin duda  la victoria sobre el comunismo en 1939 tuvo gran trascendencia internacional, y lo mismo la posición de España en la guerra fría, muy mal agradecida por Europa occidental. Pero, en fin, la lucha anticomunista pasó a ser dirigida por Usa, a la cual se achaca siempre una fuerte impronta masónica, y que no dejó de apoyar al franquismo, aunque fuera con cicatería. De modo que unir comunismo y masonería requeriría un análisis bastante más matizado. La implosión de la Unión Soviética, por otra parte, eliminó uno de los peligros. ¿Habría que atribuir a la masonería las desdichas del país a partir de la transición? El autor no lo afirma, pero queda sugerido en la exposición. La masonería o más bien las masonerías, no son una fuerza desdeñable, pero de ahí a creerlas un poder oculto omnipotente y con un designio muy claro (destruir la cristiandad), hay un gran paso que yo, desde luego no doy:  aquí conviene el consejo de Lenin: “análisis concreto de la situación concreta”. Cada problema tiene sus raíces particulares, y aunque estén más o menos interrelacionadas, no existe una fuerza general que condense el mal y sea culpable de todos los malos pasos de la Humanidad. Desde luego, la masonería es por naturaleza anticristiana, o al menos anticatólica, y también lo  fue la URSS… pero sucede que allí la masonería estuvo proscrita como asociación “burguesa”.

   En cuanto al catolicismo, ciertamente esencial en la historia y cultura del país, no es exclusivo de España. Francia, “hija predilecta de Roma”, o Italia, parte de Alemania… han hecho también sus méritos como países católicos; y España, que no dejó de serlo por la invasión napoleónica, pudo ver cómo  otros países más bien anticatólicos y con influencias masónicas, lo superaban netamente en cultura y economía. Lo cual ya había ocurrido en el siglo XVII y en menor medida en el XVIII. El catolicismo está ligado al gran siglo de España –más de siglo y medio en realidad—pero también a su decadencia y atraso relativo posterior.

    El autor también recalca, en relación con el referéndum de 1966, las palabras de Franco defendiendo una democracia sin partidos. Este es un tema importante, pero cabe hacer dos observaciones: como recoge el autor, la democracia orgánica, con las elecciones a las Cortes a través de los sindicatos y asociaciones profesionales y representantes del Movimiento “nunca llegó a niveles mínimamente aceptables”,  y el nuevo tercio a  cargo de “cabezas de familia y mujeres casadas”, introducido entonces, tampoco llegaría a funcionar realmente. Por consiguiente, los muy destacados éxitos del franquismo no pueden atribuirse a aquella democracia orgánica. En segundo lugar, la idea de que los partidos no existían en el franquismo debe relativizarse. Había cuatro “familias” a menudo rivales, con sectores antifranquistas todas ellas, con idearios, órganos de expresión y organizaciones diversas propias. No eran del todo partidos,  pero tampoco eran no-partidos.  Por mi parte, sostengo que en todo régimen existen partidos, se declaren así o funcionen como camarillas, grupos de presión, etc. Si esto no se tiene en cuenta, me parece difícil analizar correctamente a aquel régimen.

    He sostenido en Los mitos del franquismo que la naturaleza ideológica del franquismo fue el catolicismo, lo cual tenía al menos dos problemas graves:  se trata de una religión  y no de una ideología política, aunque tenga repercusiones políticas; y depende de una instancia exterior a España, el Vaticano, que tuvo a bien, a partir del Vaticano II, abandonar y sabotear en buena medida a quienes habían salvado a la Iglesia del exterminio, dejándolos literalmente en el aire. El resurgir de los separatismos, de la ETA y del comunismo  desde  finales de los años 60 debe mucho a la actividad de la Iglesia o de sectores de ella, mucho más que a la monarquía.  No quiero decir con esto que España, o quienes aprecian los enormes logros del franquismo, deban pasar a una posición antieclesiástica, por supuesto, pero sí que deben analizar “la situación concreta de modo concreto” y sacar algunas conclusiones. Ya en los años 40 fueron bastantes los que, dentro del régimen, encontraron excesivas las concesiones a Roma.

    En fin, el tema se presta a muchas consideraciones, y el libro que comentamos es valioso precisamente por eso. Los libros “sin problema” son generalmente poco interesantes.

   Como se recordará, en los años 40 Laín Entralgo escribió una obra con el mismo título, que dio lugar a una larga polémica.  Laín se preguntaba por qué en España era tan difícil la convivencia entre distintas opciones políticas y culturales,  buscaba la integración de las famosas dos Españas y un catolicismo más integrador y abierto a la ciencia.  El problema era en gran medida falso, resultado  de  una apreciación superficial de la historia de los demás países europeos, con dificultades de convivencia iguales o más arduos: un eco de las tiradas de Ortega y similares sobre el carácter “anormal” o “enfermo” de la historia de España.  Al problema falsamente falseado dio una respuesta igualmente falsa Calvo Serer, afirmando que el problema había sido resuelto con la guerra civil y la asunción del enfoque de Menéndez Pelayo  como una explicación del pasado español capaz  proyectarse fructíferamente hacia el futuro.  La anormalidad, por así decir, radicaría en las ideas acatólicas o anticatólicas que habían deformado el pasado español en los siglos pasados, y que la victoria nacional en 1939 había aventado de una vez por todas.

   Hoy no solo España sino también el resto de Europa y lo que llamamos Occidente, sufre una crisis profunda que exige replanteamientos, examen de la experiencia e ideas nuevas. No sé si España estará en condiciones de aportar algo serio. De momento no se ve.

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Este año debe ser el de la reivindicación de Franco

La verdad se corrompe tanto por la mentira como por el silencio” (Cicerón):  pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

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—-¿Por qué ha escrito ud un libro franquista y cuál es su tesis principal?

—- Los mitos del franquismo no es un libro  franquista sino que trata de exponer la verdad sobre el franquismo prescindiendo de retóricas propagandísticas y atendiendo esencialmente a los hechos. Y creo que mejora a la inmensa mayoría de las obras publicadas hasta ahora. La mayor parte de los libros que han tratado de defender la memoria de aquella época resultan a menudo romos o provincianos, o anecdóticos. Y los contrarios, como los de Preston, Moradiellos,  Cortázar, Viñas y tantos otros, caen simplemente en lo grotesco. En resumen diríamos que, contra lo que se viene diciendo, fue una gran época para España y si sigue habiendo hoy algo de democracia después de la transición lo debemos a su legado.

Pero aunque  el libro trata más del régimen que de Franco, quiero hablar ahora del personaje. Atendiendo a los datos, lo considero el estadista de mayor talla, con gran diferencia, que haya producido este país en dos siglos por lo menos. Por lo menos. Para comprobarlo basta atender a los grandes desafíos históricos a que se enfrentó y superó brillantemente, en un país acostumbrado desde mucho tiempo atrás al derrotismo, la mediocridad y la autodenigración.

*Venció a una revolución comunista, no a una democracia destruida previamente por el Frente Popular. Contra lo que se dice, no fue el primero en hacerlo (antes la habían vencido Mannerheim en Finlandia y Pilsudski en Polonia). Pero la victoria en España tuvo especial transcendencia, pues un triunfo del Frente Popular habría repercutido con gran fuerza en Hispanoamérica y disparado las tensiones en una Europa emparedada por así decir entre la URSS y España. Franco libró a Europa de tal perspectiva. E, importa señalarlo, empezó la guerra en unas condiciones materialmente tan desfavorables que casi cualquier otro militar o político habría tirado la toalla; sin embargo,  partiendo de una situación  prácticamente desesperada, terminó ganando.

*A continuación, Franco topó con una guerra mundial que no deseaba en modo alguno, viéndose obligado a reconstruir el país en circunstancias extremadamente duras. Evitar verse arrastrado al remolino bélico por las presiones de Hitler y de muchos del bando nacional, exigía una capacidad política y habilidad de maniobra muy fuera de lo común. Fue una auténtica proeza y no imagino a ningún político español capaz de realizarla, aparte de él.

* Acabada la guerra mundial, España chocó con la hostilidad de los vencedores, la URSS y las potencias anglosajonas. Casi todo el mundo creyó que estos podrían barrer al franquismo con un soplo, pero el Caudillo se mantuvo firme. Previó antes que Churchill y desde luego que Roosevelt o Truman, que la alianza entre el stalinismo y los anglosajones quebraría, y desafió todos los chantajes y amenazas. Los anglosajones se lo pensaron dos veces antes de intentar una invasión pues, como recordó Churchill, daría lugar a una nueva guerra civil en España, propagable a una Europa hambrienta y en ruinas, como también observó De Gaulle. Stalin lo intentó indirectamente con el maquis, una peligrosa guerra de guerrillas… a la que derrotó asimismo.

* A falta de una invasión directa, y pese a que la anterior neutralidad de España había beneficiado sobre todo a los vencedores de Hitler, estos promovieron el aislamiento internacional de España. Se trataba de una medida criminal sin atenuantes, pues buscaba  crear en España una hambruna masiva como medio para derrocar al franquismo y volver a traer a los políticos del Frente Popular. Franco se adelantó negociando con Argentina créditos para la importación de carne y cereales que permitieron paliar los  peores efectos. Posteriormente, con una política tenaz  y hábil, terminó por derrotar el aislamiento y ser reconocido por todos los países, excepto los que él no quiso reconocer.

* España debió reconstruirse sin Plan Marshall y en medio de un hostigamiento exterior, y lo consiguió. Contra lo que suele decirse, la autarquía de los años 40 y 50 fue un éxito considerable, como demuestran los numerosos datos económicos citados en mi libro. No obstante, a finales de los 50, la autarquía se había agotado y Franco tuvo suficiente flexibilidad para cambiar de política, atendiendo a los economistas formados en la primera Facultad de Económicas del país, fundada durante su mandato. Con ello hizo de  España una de las economías de más rápido crecimiento del mundo.

* Después de la guerra mundial, los países occidentales de Europa se habían convertido prácticamente en protectorados de Usa. Es llamativo que los más hostiles a España fueran aquellos como Suecia, Holanda o Francia, donde mayor colaboración habían obtenido los nazis. No tuvieron más remedio que reconocer a Franco, pero siempre con un punto de rechazo, manifiesto en su apoyo al terrorismo de la ETA y otros actos  inamistosos. En la cuestión de Gibraltar, el franquismo venció diplomáticamente a Inglaterra en la ONU y ante el incumplimiento de Londres, cerró la verja, convirtiendo el peñón en una ruina para una Inglaterra no especialmente boyante.

* Franco entendió que, en las circunstancias de la guerra fría, España debía acercarse a Usa, y los gobiernos useños, al contrario que otros europeos, debieron ceder en su hostilidad inicial y comprender el crucial valor geoestratégico de España. Durante la guerra fría, España  obró como una firme retaguardia  frente a la amenaza soviética, y desde luego, en aquellas circunstancias,  los europeos y Usa deben bastante más a España que España a ellos.

* Contra lo sostenido por una propaganda  esperpéntica, de origen comunista pero aceptada por el resto y finalmente por gran parte de la derecha, el franquismo no fue un régimen totalitario, sino autoritario, con amplia libertad personal y libertades políticas restringidas, pero no inexistentes, como puede comprobarse por las hemerotecas. Culturalmente fue una buena época para España, no especialmente brillante, pero muy digna. Tampoco ha sido brillante ni mucho menos en el resto de Europa después de la II Guerra Mundial.

* Todos estos logros históricos fueron encabezados por una persona de ánimo firme pero no jactanciosa ni efectista. Probablemente ha sido el socialista Indalecio Prieto quien mejor ha captado este rasgo: “Franco alcanza la fórmula suprema del valor: es sereno en la lucha”.

* En suma,  Franco recogió un país devastado no solo por la guerra sino por la desarticulación económica y social causada por el Frente Popular; debió afrontar  retos y dificultades muy superiores a las de cualquier régimen español anterior o posterior y a los de los demás países de Europa occidental después de 1945;  y dejó un país próspero y liberado de los odios que habían envenenado y destruido la república. Es decir, dejó un país apto para una democracia que no repitiera las convulsiones del pasado. Casi todos los demás países de Europa occidental deben su actual democracia a la intervención militar useña, mientras que España la debe a su propia evolución social y política, sin invasiones tan enormemente traumáticas.

Y si algo ha degenerado la actual democracia es precisamente un antifranquismo hispanófobo, creador de odios, proetarra y pro separatista en los hechos,  autor de una ley de memoria histórica totalitaria y prochekista. En su intento de denigrar al mayor estadista español de nuestro tiempo solo demuestran su extrema mezquindad. Ni Franco ni el franquismo pueden volver, pero nuestra  democracia está visiblemente enferma y uno de sus peores síntomas es ese antifranquismo ruin.

Decía el historiador inglés Paul Johnson en una entrevista con Arcadi Espada: “Franco fue un hombre extraordinario. Uno de los más inteligentes del siglo XX. Algún día el pueblo español lo colocará en el lugar que merece”.  Que sea este año, 80 aniversario del comienzo de la guerra civil, el de la reivindicación de un estadista muy fuera de lo común, frente al griterío de unos “demócratas” que nunca lo fueron. Una tarea  imprescindible  en una democracia que está haciendo agua por todas las junturas.

 

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“De un tiempo y de un país”. Recuerdos sueltos: dos asaltos

Blog I: Razones del sadismo “republicano”: http://gaceta.es/rafael-lopez-dieguez/razones-sadismo-republicano-30122015-1839  

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  (De De un tiempo y de un país, memorias de una juventud comunista –Ediciones Encuentro–. Supongo que estas cosas disgustarán a muchos, pero se trata de hechos ya remotos, y los hechos deben relatarse tal cual)

“Fue una acción en la que participé, tiempo después.  La narraré, porque no deja de ser característica.  Se trataba de la Jefatura del Movimiento en el bulevar de Peña Gorbea, en Vallecas. Algún contacto dijo haber visto allí, años antes, una colección de pistolas y fuimos a por ellas Collazo, otro apodado Caballo Salvaje, del que hablaré, Hierro como conductor del coche, y yo.  Habíamos descubierto en la trasera del edificio, que daba a un callejón, un ventanuco con barrotes, aparentemente cerrado, pero solo sujeto con un alambre. Debía de ser el respiradero  de un semisótano, probablemente una antigua carbonera.  Desde el ventanuco  se percibía, tras la puerta del fondo, el resplandor de una luz y suponíamos que habría allí un vigilante. Estuvimos a punto de abandonar, porque justo al otro lado del callejón había un horno de panadería en pleno funcionamiento, pero decidimos  arriesgarnos. Yo entré primero, deslizándome a pulso por la pared hasta el suelo de la carbonera, procurando no hacer ruido . Empecé a tantear con cuidado en la semioscuridad, pues el sitio estaba lleno de trastos, pero de pronto se descolgó del ventanuco Caballo, haciendo un ruido infernal. De un par de saltos nos pusimos en la puerta del fondo, pistola en mano. No había nadie. Probablemente dejaran la luz para disuadir a posibles ladrones. Mientras tanto entraba Collazo.

Exploramos el edificio, de tres plantas, descerrajando puertas y armarios con una “pata de cabra” o palanqueta, procurando hacer el mayor estrago posible, también en las aulas de  trabajo manuales de la Sección Femenina. Llegamos al salón de actos, con banderas de Falange. Collazo las tiró al suelo y las pisoteó. En  la cantina  sacamos refrescos de la nevera y los bebimos, pues estábamos bañados en sudor,  por el esfuerzo y los nervios. Collazo dispuso sobre una mesa un tablero de ajedrez, distribuyendo algunas piezas y dejando al lado los envases vacíos, como si hubiéramos pasado un rato jugando y bebiendo. Pero no había pistolas, o no las encontramos, pese a rebuscar metódicamente todo el edificio.  Solo dimos con unas fundas de pistola y unas cuantas  bombas de mano italianas, quizá recuerdos de la guerra. (Cuando, días después, fueron a probar una en un descampado, no estallaba. Entonces la ataron con una cuerda larga y la llevaron a rastras. A los pocos paso, la bomba hizo explosión, dejando aturdidos pero milagrosamente ilesos a los experimentadores). Nos llevamos también una multicopista  y documentación de la Guardia de Franco. Cuando volvimos a asomarnos al callejón ya amanecía y la gente iba al trabajo por una calle transversal inmediata. Tuvimos la suerte de que entonces se apagara la iluminación pública, y gracias a ello pudimos deslizarnos hasta el coche sin llamar la atención. Hierro estaba muy nervioso por el tiempo empleado y por los ruidos hechos al romper las puertas, que se oían desde la calle. “¡No me explico cómo no tenemos a la pasma encima!”. Al salir a la transversal, nuestro coche chocó levemente  con una furgoneta de reparto, por culpa de esta. Hierro resolvió el asunto con diplomacia y sin papeles. Marchamos luego hacia Carabanchel, Caballo y Hierro siguieron en el coche con el botín y Collazo y yo nos fuimos andando, haciendo él el curioso comentario (“Parecemos guindóns. Cando a xente vai o chollo nos ímonos deitar”: Parecemos cacos, cuando la gente va al trabajo, nosotros nos vamos a acostar)”.

  Hierro sería detenido al caer en 1977 la Operación Cromo (Secuestros de Oriol y Villaescusa) y se fugaría, junto con Collazo y otros, de la cárcel de Zamora Nuevamente detenido, volvería a ser encarcelado por bastantes años.  Collazo moriría unos años después, perseguido por la policía. Caballo creo que marchó a Francia, donde trabajaba de albañil en París, según lo último que sé de él, de hace ya muchos años. Estas cosas están relatadas con detalle en De un tiempo y de un país. Curiosamente lo cuatro éramos de Vigo, pues aunque Hierro venía de Burgos, había trabajado muchos años en Astillero Barreras y estaba muy galleguizado.

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“El empuje de los estudiantes les creaba  la urgente necesidad de un aparato autónomo de propaganda. Se supo de una multicopista existente en el local de un semanario vagamente democrático, iniciador de la moda llamada un tiempo después pornopolítica: la revista Gentleman, título inglés muy apropiado para unos ejecutivos agresivos que con ánimo audaz se entregaban a una meliflua oposición al franquismo. Gentleman se transformó por entonces en Guadiana. No teníamos el menor motivo para simpatizar con ellos. En su redacción trabajaban afiliados a partidos de izquierda, incluyendo a nuestro informador, sobre los cuales podían recaer sospechas si se efectuaba la “expropiación”. Para evitarlo, procuraríamos que el golpe se atribuyese a los fachas.

–Es una provocación. No debemos caer en ello.

– De provocación, nada. Necesitamos la máquina y no hay más remedio., A los fachas no los va a perseguir la policía, ¿verdad?, así que bien se les puede cargar el muerto. ¿O es que han pescado a los que queman librerías?

–Bueno, pero…

–Además, en el fondo esos señoritos son fascistas. Solo intentan salvar a los monopolios de la crisis del régimen. Y tienen dinero de sobra.

–Sí, sí, pero no me gusta.

–¿No recuerdas lo que decía Dimitrof? Hay que aprender también de los fascistas, hasta de sus provocaciones.

   La operación contra Gentleman-Guadiana salió bordada, “una excelente operación de comando”. Los muros y las alfombras del local quedaron embadurnados de pintura, cruces gamadas y advertencias: “Camuñas, tonto útil, no te olvidamos” (Este Camuñas, no sé si el que llegó a ministro, patrocinaba la publicación) Firmaban unas siglas CANS, que sugerían algo así como nacional sindicalismo, y que en gallego significa “perros”.

    Al revés que en el asalto al local de Vallecas, la publicidad en la prensa fue ruidosa, un verdadero escándalo. Como los fascistas se conocían entre sí debieron notar un tufillo extraño, y el diario  Pueblo lo atribuyó a “marxistas muy listos”. Pero al menos a Fuerza Nueva parece que le agradó el regalo, pues sacó un comentario ligeramente enigmático, en que resplandecía su contento.

   Y así   transcurrían los meses. Entrado el verano, salió en libertad provisional Luisa mujer de Delgado de Codes, una estudiante sevillana simpática e ingenua, muy enamorada de su marido. Volvía animosa y dispuesta a la lucha. Ocasionalmente le asomaban indecisiones, pese a la confianza ciega que depositaba en Delgado.

   Permanecimos en el piso unas semanas más, y después nos separamos. Poco más tarde fui enviado a Galicia…”.

       Estos dos casos ocurrieron por los años 1973 o 1974. Gentleman o Guadiana  era una revista para personas “progresistas” de lo que llaman “alto standing”, aficionadas al lujo y a una elegancia más o menos creíble. La dirigía o había dirigido  Juan Luis Cebrián, el cual había hecho en ella una entrevista sumamente  halagadora a Fraga, quien creyó haber encontrado en su entrevistador  a  su hombre para dirigir el diario El País, por entonces en proyecto. Fraga se llevaría una gran decepción, como es sabido. La política está hecha de traiciones.

   Aquel asalto lo realizamos entre otro yo, con un tercero esperando en un coche. Rompí desde fuera una ventana alta para dar la impresión de que habíamos entrado por ella, pero en realidad lo habíamos hecho por el garaje, gracias a una llave que nos habían suministrado. El botín fue una máquina de escribir entonces muy moderna, que permitía usar diversos tipos de escritura, una buena multicopista y una pequeña caja fuerte con una escasa cantidad de dinero. Años más tarde el periodista Martín Prieto me dijo que en el chalet de al lado vivían unos marines useños destacados en la embajada o algo así. Delgado de Codes, que no participó en esta acción, moriría a manos de la policía años después (Recuerdos sueltos: http://www.libertaddigital.com/opinion/fin-de-semana/flan-con-nata-1276231117.html)

   Hace pocos años, en un programa de televisión de VEO7,  me presentaron a Ignacio Camuñas, que se mostró reticente a darme la mano. Me extrañó, porque  había olvidado por completo  su relación con aquel acto, que él me recordó. “Hombre, fue una especie de acción de guerra. Todos estábamos en guerra contra el franquismo, ¿no?”. Fue un comentario irónico e improvisado. Es curioso cómo el débil o “melifluo” antifranquismo de mucha gente se ha vuelto cada vez más combativo, mientras que el mío se ha suavizado. Simplemente aplicando la reflexión y la investigación, recomendables pero poco practicadas.  



 

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