***Mañana, domingo, seguiremos en Cita con la Historia abordando las raíces y argumentario del separatismo catalán, tan mal conocidos de la gran mayoría de políticos y periodistas www.citaconlahistoria.es
**El artículo está bien hasta los últimos párrafo, en que patina un poco: http://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2015-09-18/jesus-lainz-guardiola-tiene-razon-76711/
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21 de Octubre de 2006 – 13:55:35 – Pío Moa – 425 comentarios
Un problema especulativo que se plantea a veces para ilustrar ciertas dificultades de la evolución es el de si mil monos (o un millón), tecleando constantemente en máquinas de escribir durante mil años (o un millón) producirían obras como el Quijote, la Ilíada o Macbeth. No quiero discutir aquí la idea de la evolución, implícita de algún modo en la Biblia (Dios crea la luz, la tierra, los animales y el hombre de forma sucesiva, en cierto orden que parece lógico), sino la idea de que la voluntad, la intención, el sentido, la consciencia, surgen de la materia carente por completo de voluntad, intención o consciencia. Y que estos tres rasgos u otros típicamente humanos serían también, en definitiva, ilusorios, un producto del azar material, sin finalidad alguna.
¿Podrían los monos hacer tales cosas? Cualquiera sabe, pero lo importante, aun admitiendo la posibilidad, es que esas obras literarias maestras, producidas sin voluntad, deseo o intención, no diferirían, en definitiva, de las demás combinaciones al azar que también producirían los monos en masas enormes. Cervantes podría creer que su Quijote respondía a una intención suya, pero en realidad sería un producto azaroso y sin sentido de algún gen, por ejemplo, o de la necesidad de ganarse unos ducados para comer. Cuando damos a su obra un valor por encima de otros miles de frutos de esa manía genética humana de contar cosas, caemos en una pura ilusión, o bien implicamos que algunas de esas obras producto del azar tienen una mayor capacidad adaptativa en algún sentido, y por tanto se difunden (se multiplican) más. Y eso sería todo
También cabría considerar que si la escritura de sus libros respondía a la necesidad genética de alimentarse, probablemente Cervantes habría podido satisfacer esa necesidad de formas más eficientes, más adaptativas, por así decir, ya que pasó la mayor parte de su vida entre penurias. Dedicar su tiempo y esfuerzo a la literatura bien podría haber sido una decisión errónea.
Obviamente el Quijote no existiría sin algo tan material como el cerebro de Cervantes, pero este no difería de forma notable de los demás cerebros humanos, y sin embargo no todos producen quijotes. Es más, él mismo solo fue capaz de producir un quijote, a cuyo lado el resto de su producción desmerece bastante. Y, por supuesto, la intención y la voluntad, aunque necesarias, no bastan para producir una obra maestra. Interviene otro factor, muy escaso, al que solemos llamar talento o genio. Claro que en última instancia los productos más sobresalientes del talento y del genio no se diferenciarían de cualquier otro producto de la actividad humana causada por los genes, inquietos sin ton ni son.
20 de Octubre de 2006 – 17:55:08 – Pío Moa – 244 comentarios
Cada dos por tres , en la radio, un anuncio de la comunidad de Madrid en pro de la “igualdad” de hombres y mujeres en el trabajo, el hogar, etc. Y los carteles con el mismo lema. La argumentación, nula. Apelación al sentimentalismo más vacuo e insincero atizada por un memo o mema con voz persuasiva: “la igualdad es buena”. Recuerda a la propaganda totalitaria de la Constitución europea: ni asomo de argumento racional, solo la autoridad-seducción: “es buena para todos”, repetida machaconamente.
Se trata de la ideología feminista, basada en la aversión a la tarea tradicional de la mujer en el hogar y la educación de los hijos: una esclavitud impuesta por el “patriarcado”, dicen. Y la pretensión de que el varón haga lo mismo. Por supuesto, no niego el derecho de esas personas a defender sus ideas… siempre que lo hagan por su cuenta, sin emplear el dinero público, el dinero de todos. Siempre que no nos estafen, en definitiva.
Y siempre que se difunda igualmente la crítica: esa falsa idea de la igualdad conduce a la destrucción de los hogares, la degradación de la moral y la deseducación de los hijos, dejados a merced del puterío televisivo y similares: sus efectos los vemos a diario. La igualdad real consiste en dos cosas: igualdad ante la ley y respeto a la realización de las inclinaciones individuales, siempre que no vulneren aquella. A ninguna mujer se le puede imponer la dedicación al hogar, y menos la renuncia a la formación profesional, pongamos por caso. Pero aun más perjudicial es estigmatizar la función del ama de casa como una degradación. Hace unos años nuestro pintoresco PP estableció unas ayudas a la mujer… que ya recibe un sueldo por su trabajo fuera de casa, y no a aquella que trabaja en el hogar.
Este abuso de los politicastros encubierto con moralina barata trae a la memoria unas palabras de Tocqueville sobre la tiranía democrática o seudodemocrática, que debiéramos tener bien presentes: “Un poder inmenso y tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue otra cosa que fijarlos irrevocablemente en la infancia. Este poder quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar; se esfuerza con gusto en hacerlos felices, pero en esa tarea quiere ser el único agente y juez exclusivo…” Ese poder pretende definir lo bueno y lo malo.
Propongo una campaña con un contenido parecido a este: “Al margen de la igualdad ante la ley y del respeto a las opciones personales, mujeres y varones tenemos importantes diferencias de temperamento, inclinaciones y, en algunos aspecto, valores. Esa diferencia no es mala, sino buena, sin ella la vida se volvería invivible. Respétala”.
Una campaña, bien entendido, sin estafar a nadie derrochando el dinero público.