La ETA, más fuerte que nunca / Masonería (V) y revoluciones

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La ETA, más fuerte que nunca (Columna publicada el 22-03-2006)

En la última etapa de Aznar, la ETA se hallaba acosada, fracasando una y otra vez en sus atentados, con su financiación semidestrozada y proscrito su aparato político. La hazaña se había logrado partiendo de un principio muy simple: la aplicación de la ley a los criminales: aunque parezca mentira, fue la primera vez que se hacía desde la Transición. Antes se perseguía a la banda bajo el supuesto de que no existía “solución policial”, sino “política”, y, por consiguiente, la vía policial –la legal en un estado de derecho– se supeditaba a la busca de acuerdos con los jefes terroristas. Ello significaba la quiebra de la ley y la legalización del asesinato como modo de hacer política. Era la vía preconizada desde el principio por el grupo Prisa y seguida vergonzantemente por todos los gobiernos, de derecha o de izquierda. Vergonzantemente, porque mentían a los ciudadanos negando sus tratos fraudulentos con la ETA, para ser desenmascarados de vez en cuando por los ufanos terroristas. La “vía política” consistió, en todos sus puntos, en una estafa a la democracia. Por el contrario, los gobiernos de Aznar demostraron que sólo la vía legal daba resultados y acercaba el fin de la pesadilla.

En tales circunstancias, la llegada del gobierno actual ha sido la mejor noticia que haya tenido la ETA en su historia: tras verse al borde del abismo, ha podido recomponer sus aparatos y sus finanzas, se ha rearmado, ha probado que podía golpear donde y cuando quería, y ha logrado una parte muy sustancial de sus proclamados objetivos: liquidar la Constitución y abrir un proceso constituyente, o más bien desconstituyente, hacia la desintegración de España y de la democracia, que destruya todo lo construido desde la Transición. No es probable que se conforme con lo ya obtenido, pero ya ha adelantado un enorme trecho.

Los terroristas y los separatistas jamás habrían logrado acercarse tanto a sus objetivos con sus solas fuerzas. Precisaban la colaboración de una fuerza nacional, y en los penúltimos tiempos de Aznar eso parecía imposible. El PSOE había optado por una política rara en él, renunciando a la mezcla de claudicación y terrorismo (GAL), para adherirse a la línea legalista de Aznar, en el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Ello cegaba las salidas a los pistoleros y a los demás separatistas, y establecía la base obvia de cualquier estado que aspire a sostenerse: una plataforma de principios inatacables (democracia y unidad nacional), sobre los que hacer política, e impidiendo hacer política contra ellos. Sin embargo, esa actitud socialista duró muy poco, y las mismas fuerzas que presionaban por la “solución política”, provocaron un cambio radical de postura: determinaron como enemigo fundamental al PP, no a los asesinos y secesionistas, y buscaron la alianza o complicidad de estos últimos para atacar directamente la Constitución. Una inversión completa del anterior pacto. Todos juntos organizaron grandes campañas desestabilizadoras.

La maniobra, no sé si elaborada con detalle, se ha producido del siguiente modo. En primer lugar, el Plan Ibarreche-Ternera, plan separatista aunque conservase una ficción de unidad, útil para mantener a las Vascongadas en la Unión Europea. El plan fracasó aparentemente en el Parlamento, aunque sólo llevarlo a él ya pisoteaba la Constitución. Entonces entró el juego el plan B, de los separatistas catalanes, equivalente al anterior. La aprobación del estatuto secesionista catalán traería consigo, inevitablemente, la del plan Ibarreche-Ternera y un proceso de disgregación del país. Así, por una vía ligeramente indirecta, la alianza del PSOE con los secesionistas y los terroristas está destruyendo aceleradamente la Constitución.

No es casual que la ETA declare su tregua cuando unas Cortes envilecidas, a impulsos de un gobierno anticonstitucional, aprueban la disgregación de España en pseudonaciones. La tregua anterior se dio en una situación de debilidad de la banda, y como un modo de ganar tiempo para rehacerse. La actual es toda una declaración de triunfo: la ETA se siente muy próxima a ganar la partida. Durante dos años ha advertido al gobierno de Zapatero: “tienes que ir hasta el final, o atente a las consecuencias”. Y Zapatero y los suyos van cumpliendo, como hicieron después del 14-M con los islámicos. La ETA se siente más cerca que nunca de sus objetivos. Sus largos años de crímenes parecen tener por fin recompensa, y ésta sólo podía dárselo un gobierno enemigo y conculcador de la Constitución, es decir, de las libertades y de la unidad de España; es decir, un gobierno ilegal, porque lo es todo aquel que no guarda y hace guardar la ley, aunque haya salido de unas elecciones.

Algunos ingenuos se preguntan cómo es posible esta colaboración. Muy simple: el “rojo” Zapatero y la ETA tienen la misma concepción de base: la idea de que las democracias –identificadas con “la derecha” o “el imperialismo”– crean un “océano de injusticia y de pobreza”. Discrepan en los métodos para combatir la “injusticia”, pero se trata de una diferencia menor. En lo fundamental, en atacar a los causantes, según su trastornado juicio, de ese “océano”, están de acuerdo.

Y el pobre Rajoy diciendo que apoyará al gobierno para que no pague un precio político a los terroristas. Y luego llama bobo a Zapatero… El precio político está ya pagado en gran parte, señor lince, a costa de la ley; otra cosa es que la ETA quiera más todavía. Siga usted “mirando al futuro”, a ver si nos aclara algún día qué es lo que ve.

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Masonería (V)

Visto lo anterior, y aun teniendo en cuenta la avidez de política de la masonería, me parece  exagerada la tesis de Franco de que ella constituye un superestado  capaz de dirigir a los demás. En cambio parece cierto que desempeñó un papel patriótico y proimperialista en Inglaterra, Usa y Francia.

Así, varios de los más destacados políticos y militares  anglosajones y franceses han sido masones. Su peso en la independencia de Usa es innegable. Fueron  hijos de la Luz  Franklin, Washington, principal  líder independentista, y otros hombres poderosos del momento, y de ahí que a menudo se haya caracterizado como masónica aquella revolución. Sin embargo su  influjo se ha exagerado, y quienes mantienen esa tesis suelen adjudicar el título de masón, sin ninguna prueba fehaciente, a gran número de personajes históricos. Según César Vidal, Washington apenas tuvo actividad en las logias y la fuerza de estas en la revolución useña fue poco decisiva: entre los 55 firmantes de la Declaración de Independencia, solo había  9 masones, y entre los 39 firmantes de la Constitución hubo 13, pero varios entrarían en la orden más tarde. No obstante, su presencia posterior en altos cargos, incluida la presidencia de la nación, sería muy relevante hasta hoy.  Procede señalar aquí también que la cultura política e intelectual useña ha dado gran relieve a  la utopía tecnológica de Francis Bacon arriba mencionada, que guarda similitudes con el mito masónico. Seguramente ello tiene relación con el enorme impulso tomado por la tecnología y la ciencia en ese país, sin que ello signifique que quienes se dediquen a la ciencia y a la técnica sean masones. Así, es indudable el componente prometeico en la cultura useña, si bien muy contrapesado o reorientado por la mayoritaria religiosidad cristiana.

De Inglaterra cabe decir algo similar y, por supuesto, de Francia. La impronta masónica  salta a la vista en la Revolución francesa. Pertenecieron a la Fraternidad precursores de ella como Rousseau  o Voltaire (este poco antes de morir), varios de sus  impulsores iniciales, como Sièyes, Lafayette o  Mirabeau,  y luego Danton,  Marat y bastantes más.  La guillotina es también invento de un masón, y en medio del terror salvaje en que desembocó al proceso revolucionario, unos masones guillotinaron poco fraternalmente a  otros.  Con mayor fundamento que  en el caso de la Revolución useña, se ha sostenido que la francesa  fue producto de la masonería, pero, nuevamente, la tesis resulta excesiva.  Se trató más bien de un producto de la Ilustración gala, más radical y ateoide que la alemana o la  inglesa, en la que intervinieron tanto masones como, en mayor proporción, otros que no lo eran, por más que compartieran ideas afines. Asimismo abundarían en la historia posterior de Francia los hijos de la Luz. La influencia de estos en las revoluciones europeas del siglo XIX es también un hecho generalmente admitido, siempre que no hagamos equivaler influencia a  dirección y  planificación. Encontramos a numerosos masones entre los constructores de los imperios de Francia e Inglaterra.

Estas cosas son conocidas en líneas generales, aunque, debido al secretismo habitual,  siempre queda un espacio entre quienes achacan a la Fraternidad la autoría oculta de las revoluciones y quienes la creen una filantropía inocua. Con frecuencia hay dudas de si un personaje era masón o no, o si obedecía realmente a las logias o actuaba al margen de ellas,  si permaneció en la orden mucho o poco tiempo. Etc.  Y, como hemos visto y veremos, no han faltado masones con opiniones  y conductas políticas  opuestas entre sí. O de fervor masónico muy tibio. Hemos observado algo de lo último en Azaña,  posiblemente en Washington.

El caso de Azaña ayuda a situar la cuestión. Sostener que fue masón no es falso, pero tampoco lo es señalar que su iniciación distó de hacer de él un cofrade ferviente. Otra faceta del asunto debe considerarse: él se inició mucho después de haber comenzado su vida política e incluso de haber llegado a jefe del gobierno republicano. A su racionalismo debió de  parecerle  poco serio el ritual y los misticismos de la orden,  y no hay pruebas de que asistiese a más tenidas. Es más, fustiga a los republicanos, tantos de ellos masones, por “zafios”, “torpes”, “de ruines intenciones”, “loquinarios”, por su  “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”. Pese a lo cual, su acción política tuvo desde muchos años antes  fuerte afinidad con los puntos de vista  de  la masonería: así su aversión a la historia real de España, que él tachaba de miserable,  su pretensión de desarraigar el catolicismo mediante un “programa de demoliciones”,  o  su simpatía por las izquierdas extremas. A estas  las entendía mal, por lo que concibió el plan disparatado de dirigirlas mediante una “inteligencia republicana” inexistente, como él mismo reconoció pronto, sin sacar consecuencias de ello. Pero esas ideas estaban muy difundidas entre los intelectuales, ajenos a la Fraternidad en su inmensa mayoría. También cabe mencionar el caso de Lerroux, masón activo por un tiempo, luego durmiente, es decir, alejado de la actividad de las logias, enfrentado a otros políticos masones y  partidario abierto del general Franco durante la guerra.

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La vieja traición de Rajoy / Masonería (IV) Su influencia.

Bastante ruido… ¿habrá nueces?

7 de Junio de 2006 – 09:44:37 – Pío Moa – 357 comentarios

“Hasta ahora, todos los gobiernos democráticos enfrentados a situaciones semejantes, le han explicado a ETA que debe abandonar las armas, que no recibirá ninguna contrapartida a cambio de dicho abandono, y que ninguna de sus reclamaciones políticas será atendida por ningún gobierno español”. No solo eso, señor Rajoy,   tampoco hubo nunca negociaciones conla ETA. Al menos, así se lo han explicado todos los gobiernos a los ciudadanos, mientras SÍ negociaban con los asesinos. ¿De qué negociarían?  No quiera tomarnos el pelo, señor Rajoy. Sólo Aznar cambió esa tónica, que tanto y tan bien ha alimentado a los terroristas.

“Los españoles llevamos treinta y ocho años demostrando que no estamos dispuestos a conceder una sola de las exigencias de los asesinos”. Los españoles, tal vez, pero ¿y los políticos? El plan de nuevos estatutos, ¿no es una inmensa concesión a las exigencias de los asesinos? Sigue usted tomándonos el pelo, señor Rajoy.

“En este contexto, señorías, el pasado 22 de marzo, ETA anunció un alto el fuego permanente. La respuesta del Partido Popular se podía dar por descontada: ofrecimos todo nuestro apoyo al gobierno para intentar confirmar esa buena noticia.” ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué había que confirmar, si  la ETA había declarado el alto el fuego (siempre el perverso lenguaje  de los terroristas y sus compinches. No son un ejército, sino una banda de asesinos)? Además, la razón del alto el fuego no fue otra que los nuevos estatutos prácticamente secesionistas. ¿Qué significó, entonces, el apoyo del PP al gobierno?

“El Partido Popular, desde el primer momento, ha prestado un apoyo leal al Gobierno en los términos que establece el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, es decir, un apoyo para lograr la disolución de la banda armada sin que mediara ninguna clase de contrapartida. En este sentido, el señor Rodríguez Zapatero manifestó públicamente su conformidad asegurando que no se pagaría ningún precio político por el cese de la violencia.” No se sabe quién ha sido más desvergonzado, si Zapatero engañando al PP o el PP haciendo como que no se enteraba.

“Hemos guardado un silencio prudente para dar la oportunidad al Gobierno de explorar lo único que importa. Yo, personalmente, he sufrido numerosas críticas por ello. Pese a todo, señorías, he mantenido mi apoyo porque pensaba que estaba sirviendo a un bien superior, que así entendía yo la posibilidad de que ETA dejara las armas”. ¿Es un “bien superior” el abandono de las armas (siempre la perversión del lenguaje) a cambio de los estatutos?  ¿Es prudencia hacer como que se cree en el inmenso chanchullo que todo el mundo veía, pero sobre el cual el PP no alertaba a la población ni planteaba alternativa?  Rajoy ha sufrido críticas por cooperar, de hecho,  al engaño, y ha sido la presión popular, en todo caso, lo que le ha hecho cambiar de postura. Y está por ver hasta qué punto.

“¿A qué llamamos contrapartidas políticas? En estos tiempos que corren, conviene señorías que precisemos el alcance de todos los términos. Llamamos contrapartida a cualquier cosa que solicite ETA: desde la pasividad del fiscal hasta la independencia. Como regla, se puede señalar que toda exigencia de ETA-Batasuna es infundada y no debe ser atendida. La única mesa que ETA necesita es aquella en la que vaya a depositar sus armas.”   Nuevamente: ¿Y los estatutos? ¿No son contrapartidas políticas? ¿No los solicitóla ETA con el Plan Ibarreche-Ternera, y se le han concedido en el estatuto catalán y los que se anuncian? O  no se ha enterado el PP, como de tantas otras cosas?

“De manera concreta, en nuestra propuesta se rechazan dos cosas: la autodeterminación, (sigue con el falso  lenguaje: se trata de la secesión), sea como fuere que la disfracen, porque no tiene cabida en nuestro ordenamiento jurídico (pero un ordenamiento jurídico puede cambiarse),  y cualquier pretensión sobre Navarra. El futuro de los navarros no tiene nada que ver con la existencia o la desaparición de ETA”.    No se rechazan, pues, unos estatutos anticonstitucionales, que, al parecer, no tienen nada que ver con la ETA o con el alto el fuego  de los gudaris. Y el futuro, como el presente de los navarros, sí puede tener mucho que ver con la política de los gobiernos respecto de la ETA.

“No me gusta esa insidia de proceso de paz porque desfigura la realidad a favor de los terroristas y juega sucio con los deseos de los españoles.” ¡Menos mal, ya era hora! Pero se queda corto, como suele: no existe tal proceso de paz, sino de destrucción dela Constitución. Y no por parte dela ETA, sino del gobierno. Tampoco acaba de percatarse de ello Rajoy

“Todos deseamos vivir en paz, pero no a cualquier precio (…) Lo que los españoles no aceptan ni aceptarán, es que se premie a los verdugos, que se les dé la razón, que se les sacrifiquen las víctimas, que se les entregue la libertad de los habitantes del País Vasco, que se pongan a su servicio las instituciones de la democracia. ¡Eso, señorías, jamás!”  Ya vivimos en paz, señor Rajoy, sigue usted cayendo en las trampas de estos golfos.  Y volvemos a lo mismo: los estatutos anticonstitucionales y secesionistas ¿entran en lo aceptable?

Pese a todas las fechorías de los actuales mandamases, ha sido el PP quien se ha venido desgastando en estos dos años. Ahora,  ruptura de relaciones con el gobierno. Parece, por fin, algo serio, suena bien, pero ya veremos en qué se concreta. Si se concreta en algo.

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Lo significativo en la agresión a Arcadi Espada no fue la actuación de los  comunistoides y proterroristas de ERC, sino la de la policía de la Generalitat, colaborando con ellos. Las conclusiones las puede extraer cualquiera.

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Masonería (IV)  Influencia

Todo lo anterior tendría interés limitado si no fuera por la influencia social y política atribuida a la orden. Como vimos al principio, sobre ella abundan las opiniones más opuestas, desde quienes la dejan en un influjo puramente humanitario sin connotaciones de partido ni de religión particular, hasta quienes la definen como el centro operativo de casi todas las conmociones sufridas por la humanidad, al menos en Occidente,  en los últimos dos siglos y medio. Dejaré la exposición de algunos datos concretos para la próxima conferencia, ciñéndome ahora a la lógica interna del asunto. En principio, las Constituciones excluyen las discusiones políticas y declaran: “Un Masón es un súbdito pacífico de los poderes civiles, dondequiera que resida o trabaje y nunca debe implicarse en complots y conspiraciones contra la paz y el bienestar de la nación”. Es decir, el masón debe acomodarse al régimen en que viva, sea el que fuere, aunque, como siempre, esa declaración resulta demasiado simple para tomarla muy en serio.

La declaración se entiende mejor  cuando explica que en la Inglaterra del momento la orden vivía una época de prosperidad, por lo que resultaría inapropiada una actitud subversiva. Aun así, advierte, si un masón se comporta como rebelde contra el Estado, “se le debe mostrar compasión como a hombre infeliz”, pero no podrá ser expulsado por eso de la Fraternidad. Y es obvio que los masones tendrán alguna idea, derivada de su doctrina, sobre lo que conviene a “la paz y el bienestar de la nación”, por lo que no estarán muy cómodos con gobiernos que, a su juicio, vulneren esas conveniencias. Sería inverosímil que los políticos, intelectuales y militares masones no trasladasen sus principios al ejercicio del poder, aun suponiendo que obren por propia iniciativa y no por consignas de la orden. También sería inverosímil que no aprovechasen la red de contactos creada en las logias para acceder a puestos clave en el estado y la sociedad en general, sea para imponer sus propias creencias o para evitar que se impongan las contrarias. En ello, las Grandes Logias parecen obrar  de forma más flexible e indirecta que los Grandes Orientes, más abiertamente anticatólicos y orientados a la política.

Recordando que la masonería es una religión, aunque sea sui generis, diremos dos palabras sobre la relación entre religión y política. De siempre ha existido un lazo muy estrecho entre ambas, hasta el extremo de confundirse en el Islam o en el antiguo judaísmo. El cristianismo separa desde el principio el terreno de Dios y el del César, lo cual, en el catolicismo, se manifiesta en un centro religioso general, Roma, diferente y a veces en oposición a los gobiernos nacionales o imperiales cristianos. La distinción es menor en la Iglesia ortodoxa y durante un tiempo lo ha sido en los países protestantes, constituidos sobre el principio cuius regio eius religio, es decir, sobre la imposición de la fe del príncipe a los súbditos.  La dinámica del protestantismo, basada en el libre examen de la Biblia,  engendra divisiones, y la  misma masonería inglesa  podría entenderse, hasta cierto punto, como un producto del libre examen.

La necesidad de poner fin a las luchas y persecuciones entre grupos protestantes originó en Inglaterra la propuesta de la tolerancia (no aplicada a los católicos) que dio lugar finalmente a los estados aconfesionales. En estos, la política se independiza totalmente  de la religión, aunque ello ocurra  más en superficie que en profundidad. Durante siglos, las sociedades han sido impregnadas cultural y moralmente por la religión, y a sus concepciones no escapan los políticos y los partidos, cuyas propuestas prácticas tienen como trasfondo una concepción del mundo de raíz forzosamente religiosa, como ocurre con la moral. Pues las políticas, en cuanto se basan en principios indemostrables, que implican fe, tienen siempre un componente más o menos religioso. Lo que varía son las formas como se produce la interinfluencia entre religión y política.

Aparentemente los hijos de la Luz no tienen principios definidos en política, por lo que se adaptarían a diversas situaciones. Pero en realidad esos principios existen como proyección de su doctrina general, y se presentan como defensa de  los derechos humanos, la libertad y la democracia, y la consiguiente oposición a los regímenes que juzgan contrarios a ellos. El lema de la Revolución francesa  “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, muy relacionado con el Gran Oriente, lo haya creado este o no, viene a resumir la orientación política masónica. Slogan de  extraordinaria fuerza sugestiva con el que, como ocurría con las invocaciones morales a la bondad, la honradez o la verdadera amistad,  nadie estaría en desacuerdo. De hecho, el cristianismo también pregona esas bondades y otras que cabría añadir, como Justicia, Misericordia, etc.

Pero analizado más de cerca, el lema, de apariencia simple, se embrolla. Si nadie podría oponerse, como ideal, a esos buenos deseos, tampoco nadie podría atribuírselos como bandera particular. Al hacerlo, se excluiría de la fraternidad a quienes discrepasen de la revolución o de la masonería, es decir,  de su particular concepción de la libertad o la igualdad. A los discrepantes no se les reconocería libertad ni igualdad, y en los períodos de mayor enconamiento, se trató de despojarlos también de sus bienes y hasta de sus vidas. Los derechos especificados en la célebre Declaración revolucionaria nunca fueron más pisoteados que entonces, también entre los propios revolucionarios, poco amigos unos de otros. Situación repetida en la España de los años 30.

Además esos ideales, tomados en abstracto, no son coherentes entre sí.  La libertad implica la diferenciación personal, por tanto  se opone a la igualdad; y ni de una ni de otra, y menos de su contradicción, brota fraternidad alguna. La propia masonería, con su neta distinción entre los  hijos de la Luz y los profanos sumidos en las tinieblas, tiene poco de  igualitaria o fraternal, salvo entre sus iniciados. En relación con la democracia reencontramos la contradicción de sus proclamas moralistas y filantrópicas o de su religión “de todos los hombres”: a duras penas imaginaríamos algo más contrario a la democracia, basada en la publicidad, que una sociedad secreta.  Y por su misma concepción orgánica, la masonería se presta extraordinariamente bien a la conspiración,  la manipulación y la acción oculta. Entra en la lógica que a los hijos de la Viuda busquen adueñarse de puestos clave  de poder e influencia social. Fue significativo que en las Olimpíadas últimas de Londres, en un país de historia y cultura cristianas, se prohibieran los signos religiosos, en ofensa a los derechos y libertad de las personas, pretextando que eran un motivo de conflicto. No sería muy aventurado pensar que la masonería estuviera detrás de la prohibición o contribuyera a ella en coherencia con sus aspiraciones universalistas y prometeicas, tratando de relegar al ámbito privado la religión, es decir, las demás religiones.

En Occidente, y más en Europa, se tiende  hoy a sustituir el cristianismo por lo que cabe definir como religión del progreso, cimentado en la técnica y el consumo. El ataque, la burla y la calumnia al cristianismo proliferan en medios de masas, libros, cine, etc.,  y existe un empeño en relegarlo a la esfera íntima o de neutralizarlo promoviendo el Islam y otras creencias. También ataca al cristianismo la concepción de la historia y el porvenir en clave economicista, es decir, técnica y hedonista, prometeica en términos míticos. O la corrosión de la familia por el feminismo, el abortismo o el homosexualismo, así la creciente  expansión en intromisión del estado en todos los aspectos de la vida, hasta los más personales. O hay planes de crear un nuevo orden mundial, que disolvería las naciones y culturas a fin, se dice, de evitar guerras. Y hechos similares, contrarios a lo que ha significado Europa en la historia. La Masonería participa en esos fenómenos, pues, repito, su doctrina y aspiración universalista chocan con el cristianismo, más aún en su versión católica. Pero muchos van más allá y afirman que dicha Fraternidad constituye el núcleo operativo de una vasta conspiración mundial con fines perversos, que domina la política de Usa, Inglaterra, Francia y otros países. Esta acusación tiene la comodidad de simplificar al máximo el problema, señalando un culpable general de todos los males. Pero me parece improbable, por varias razones.

En primer lugar,  es una idea no cristiana, pues el cristianismo no localiza el mal en algo o alguien particular, sino que lo  entiende como una característica de la naturaleza humana, presente de manera clara o difusa en cada individuo y en la sociedad, incluida la Iglesia.  Lo entendemos mejor remitiéndonos al carácter  prometeico de la religión, o si se quiere seudorreligión, de los hijos de la Luz. La orientación prometeica, tecnicista, economicista,  etc.,  no ha sido creada por los masones, pues otras religiones la miran como un peligro consustancial al ser humano. Por tanto, la Masonería no sería la causa, sino una de las muchas manifestaciones de ese peligro o tentación. En realidad, hechos semejantes a los actuales se han dado siempre a lo largo de la historia, con unas formas u otras y momentos de especial intensidad y crisis.

En segundo lugar, esa acusación general se vuelve contra los acusadores, porque al considerar a los regímenes inglés, francés o useño dominados por la Masonería, también tendrían que acusar a esta  de culpas como la democracia, la prosperidad económica o los avances técnicos y científicos. Recordemos, además, los defectos de la católica España, como haber tardado tanto en abolir la esclavitud o en alfabetizar a la población, en contraste con regímenes tachados de masónicos.

En tercer lugar, el supuesto de que la masonería opera como un todo único y disciplinado por órdenes y consignas de un poder central, suena poco creíble. Una cosa es que encontremos hijos de la Viuda en determinadas políticas o tendencias, y otra que ellos obren siempre dirigidos. Hay varias masonerías, sin un órgano supremo común, y sus posibilidades de imponer una disciplina algo estricta parecen limitadas, pese a los vistosos juramentos de secreto. Así, no han faltado choques y hasta asesinatos entre masones, como en la Revolución francesa, y los que participaron en la independencia de Usa lo hicieron contra los masones ingleses. Mi impresión es que la orden opera más bien por la difusión de ideas y argumentos que muchas veces no proceden de ella, y que muchos profanos repiten con mayor o menor convicción. Por ejemplo, que el diario El País, mantenga sus conocidas posiciones, no quiere decir que esté dirigido por la masonería, si bien esta seguramente no es del todo ajena al periódico.

En cuarto lugar, aunque una organización secreta es un buen vivero de conspiraciones, estas se dan en todos los ámbitos sociales, y muy especialmente en la política. Esa misma proliferación suele neutralizarlas, y en su mayoría fracasan total o parcialmente. El avance actual de las corrientes anticristianas incluye conspiraciones, pero se debe más a tendencias generales que conviene examinar en ellas mismas. Por cierto, una sociedad secreta  es condenable en democracia, y ese punto tiene relevancia. Pero centrar  el análisis en ese aspecto no sirve de mucho, si no se examinan concretamente los fenómenos sociales más o menos relacionados con él orden. Esos fenómenos se presentan como ideas y propuestas a menudo argumentadas hábilmente, y condenarlas por su carácter masónico, real o imaginado, convencerá a pocos. Pues la gente quiere saber ante todo si el fenómeno en cuestión es bueno o malo, cualquiera sea su origen.

Con estas precauciones abordaremos algunas acciones históricas de clara inspiración masónica. Antes, condensaré en unos pocos puntos el objeto de esta conferencia:

a)      La masonería es una religión sui generis, con sus mitos, ritos, moral y  templos.

b)      Es una religión tecnicista o prometeica, con una moral a tono, en la que el bien se reduciría al saber, esencialmente técnico, y el mal a la ignorancia. Esta concepción socava el fundamento mismo de la moral según la concibe el cristianismo.

c)      Como religión, pretende  una universalidad que la situaría por encima de las demás religiones, consideradas particulares y relegables a la opinión privada.

d)     En contradicción con sus ideas universalistas, es una sociedad secreta, iniciática y ocultista, por tanto proclive a la manipulación de los demás, tachados de ignorantes.

e)      Por su  propia organización y naturaleza, la masonería se presta especialmente bien a la conspiración política, económica o profesional.

f)       La contradicción recorre la concepción masónica, no solo en cuanto a la religión sino también en sus invocaciones a la razón y en sus pretensiones políticas democráticas.

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Tres manifiestos a tiempo, pero inútiles

Blog I: Azaña y la democracia / Casanova, héroe  separatista catalán: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/azana-y-democracia-casanova-heroe-separatismo-catalan-20121018

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Manifiesto por la Constitución

16 de mayo de 2006

El respeto a la Constitución, y su defensa cuando es vulnerada, son la clave del sistema que nos permite convivir civilizada y pacíficamente. Marcan también la diferencia entre los pueblos libres y los que no lo son.

En 1978, España se dotó de la Constitución más democrática y consensuada de su historia, basada en tres valores clave: la unidad de la nación, las libertades y la reconciliación final y oficial entre los vencedores y los vencidos de la guerra civil, ya lograda en la sociedad muchos años antes. Ninguna otra ley obtendría hoy tal consenso, y por ello tal valor para nuestra convivencia. Como toda obra humana, tiene defectos, y puede y debe ser reformada. Pero sus virtudes han traído al pueblo español una larga época de paz, libertad y prosperidad, que sería una locura poner en riesgo.

Algunos partidos y políticos rechazaron la Constitución, abierta o solapadamente. Sus métodos los definen: el asesinato, en sus formas más cobardes, de cientos de personas, o la connivencia política con los asesinos; el ataque a los derechos ciudadanos, sobre todo en Vascongadas y Cataluña; el recurso a los antiguos odios mediante una propaganda de revancha, casi siempre falsaria, sobre la guerra civil; la terca corrosión de la unidad de España cultivando el agravio y el narcisismo regional, vieja técnica totalitaria.

Esos partidos estuvieron siempre muy lejos de sus objetivos. Pero hoy el gobierno, en alianza de hecho o de derecho con ellos, procura con actos consumados y fraudulentos la quiebra de la Constitución, sacrificándola a una “paz” con los asesinos tan imaginaria como la “guerra” que vendría a detener. Mientras nuevos fenómenos, como el terrorismo islámico, aumentan la incertidumbre.

Tal alianza ha transformado en su contrario el Pacto Antiterrorista y por las Libertades, y pretende reducir España a un inviable conglomerado de naciones inventadas, sin apenas lazos políticos o sentimentales entre ellas, mutuamente resentidas, irrisorias en el plano internacional y peones de los intereses de otras potencias. El plan se combina con una alianza internacional de dictaduras, llamadas pomposamente “civilizaciones”, entre ellas algunas muy agresivas hacia España. Esta involución antidemocrática divide cada día más profundamente a la sociedad española, abocándola a una crisis de imprevisibles consecuencias.

Frente a la involución, nosotros, españoles dispuestos a defender nuestra libertad, alzamos la bandera de una España unida y democrática, garantía de la única paz y estabilidad admisibles. Y llamamos a los ciudadanos y a sus asociaciones a impulsar un movimiento por la Constitución, que alerte a la totalidad de la población y restablezca el imperio de la ley. En las manos de todos está impedir un nuevo fracaso histórico de nuestra convivencia.

   (Recogió algunos miles de firmas y se publicó en dos o tres periódicos… y ahí se acabó todo. El PSOE pisoteaba la Constitución y al PP no le convenía respetarla)

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Contra la ley totalitaria de “memoria” histórica.

Nov. 2007

Creo que la llamada Ley de Memoria Histórica tiene la suficiente gravedad como para emprender acciones resueltas contra ella, extendiendo al máximo la información sobre algunas cuestiones clave de nuestro pasado. Es una labor de vasto alcance, en la que debemos participar todos los españoles amantes de la libertad. Proponía  este breve manifiesto, para empezar:

Diversos políticos y partidos propugnan una determinada visión de nuestro pasado mediante la llamada Ley de Memoria Histórica. Este acto, por sí mismo, constituye un ataque a las libertades públicas y la cultura.

De modo implícito, pero inequívoco, la ley atribuye carácter democrático al Frente Popular. Hoy está plenamente documentado lo contrario. Dicho Frente se compuso, de hecho o de derecho, de agrupaciones marxistas radicales, estalinistas, anarquistas, racistas sabinianas, golpistas republicanas y nacionalistas catalanas, todas ellas ajenas a cualquier programa de libertad.

También está acreditado suficientemente que, ya antes de constituirse en Frente, los citados partidos organizaron o colaboraron en el asalto a la república en octubre de 1934, con propósito textual de guerra civil, fracasando tras causar 1.400 muertos en 26 provincias; y que, tras las anómalas elecciones de febrero de 1936, demolieron la legalidad, la separación de poderes y el derecho a la propiedad y a la vida, proceso revolucionario culminado en el intento de asesinar a líderes de la oposición, cumplido en uno de ellos. Esa destrucción de los elementos democráticos de la legalidad republicana hundió las bases de la convivencia nacional y causó la guerra y las conocidas atrocidades en los dos bandos y entre las propias izquierdas.

La Ley de Memoria Histórica alcanza extremos de perversión ética y legal al igualar como “víctimas de la dictadura”, a inocentes, cuyo paradigma podría ser Besteiro, y a asesinos y ladrones de las checas, cuyo modelo sería García Atadell. Así, la ley denigra a los inocentes y pretende que la sociedad recuerde y venere como mártires de la libertad a muchos de los peores criminales que ensombrecen nuestra historia. También erige en campeones de la libertad a las Brigadas Internacionales orientadas por Stalin, a los comunistas que en los años 40 intentaron reavivar la guerra civil o a los etarras que emprendieron en 1968 su carrera de asesinatos. ¿Cabe concebir mayor agravio a la moral, la memoria y la dignidad de nuestra democracia?

La falsificación del pasado corrompe y envenena el presente. Nos hallamos ante una clara adulteración de nuestra historia agravada por la pretensión de imponerla por ley, un abuso de poder acaso compatible con aquel Frente Popular, pero no con una democracia moderna. La sociedad no puede aceptarlo sin envilecerse: los pueblos que olvidan su historia se condenan a repetir lo peor de ella. Que el silencio no nos condene.

(Resultado parecido al anterior)

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Sobre el Valle de los Caídos

 Febrero de 2010

Queremos señalar ante la opinión pública:

  1. Es completa y documentadamente falsa la leyenda promovida por diversas asociaciones ligadas al gobierno y a la llamada “memoria histórica”, de que el monumento fue construido por 20.000 presos políticos en condiciones de esclavitud o trabajos forzados y pésimas condiciones de trabajo. A lo largo de seis años y en tandas, nunca más de 500 a un tiempo, trabajaron en el Valle de los Caídos de 2.000 a 2.500 reclusos, entre comunes y procedentes del Frente Popular, con predominio de los primeros desde 1946. La gran mayoría de los obreros que allí trabajaron eran libres, y está documentado que los presos eran pagados y voluntarios, ya que los frentepopulistas redimían hasta seis días de condena por cada uno trabajado. La evidente falsedad de los datos ofrecidos muy ampliamente a la opinión pública solo puede considerarse un pretexto para desvirtuar el carácter del monumento o incluso destruirlo o procurar su ruina. Diversos personajes han expresado incluso su deseo de dinamitarlo, y algunos han colocado bombas en él.
  2. El monumento recuerda una guerra civil y es un símbolo de reconciliación nacional y advertencia contra quienes Zugazagotia llamó “jugadores de la política”, que suelen impulsar odios en la sociedad por medio de lo que Julián Besteiro llamó “Himalayas de mentiras”, distorsiones de la verdad como la citada más arriba, destinadas a crear falsas indignaciones y justificar cualquier tropelía.
  3. El Valle de los Caídos, justamente famoso en el mundo y uno de los lugares españoles más visitados, constituye uno de los monumentos más grandiosos, armónicos e integrados en el medio ambiente que se hayan construido en el siglo XX en cualquier país del mundo.
  4. El monumento, como tantos otros testimonios de nuestra historia, como el cercano monasterio de El Escorial, es patrimonio de todos los españoles. Con motivo de la guerra civil, el patrimonio artístico-histórico nacional, así como los bienes de numerosos ciudadanos particulares, sufrieron tremendos daños y saqueos. El hostigamiento que hoy sufre el Valle de los Caídos, unido a campañas de desvirtuaciones de su realidad, solo puede entenderse en una desdichada tradición de ataques del estilo de los perpetrados durante la Guerra Civil.
  5. Por todo ello, los historiadores abajo firmantes elevamos nuestra protesta y condena radical a la actitud del gobierno y organismos o partidos afines hacia el Valle de los Caídos, y alertamos a la sociedad ante lo que podría ser un nuevo y gravísimo atentado a la historia y al patrimonio común.

(Lo firmaron un centenar de historiadores y profesores de historia, dejando en evidencia la ínfima calidad moral e intelectual de la mayoría de los que “funcionan” en España (historiadores-funcionarios). Efecto escaso)

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 Estimados señores  políticos:

Soy un soldado español que todos los años  desfila, si no con mi presencia si con mi corazón, en este día de nuestra  Fiesta Nacional. Este año como no podía ser menos y a pesar de los recortes  (desfilar con el corazón es gratis), también he desfilado por el paseo de  la Castellana, feliz por estar arropado por mis conciudadanos, pero  al llegar a la tribuna de autoridades y volver mi vista a la derecha  he visto, apenado, muchos huecos entre los presidentes  autonómicos, diputados, senadores, sin distinción de partidos políticos…  y no solo apenado, señores, si no también ofendido, y me imagino que  querrán saber porque. Porque son ustedes los que me llaman cuando arde el monte,  cuando una riada causa estragos  o cualquier otra desgracia en la que sea necesaria mi presencia y mis  conocimientos. Porque son ustedes los que con el solo gesto de pulsar un  botón en el parlamento deciden que vaya a jugarme la vida en Afganistán,  Kosovo o el Líbano…y algunas veces la pierda. Porque son ustedes los  que esperan que en caso de necesidad (ojalá no la haya nunca), yo este  preparado para darlo todo en defensa de mi país y mis conciudadanos,  incluso la vida. ¿Les parecen a ustedes suficientes motivos?. Algunos de  ustedes han alegado problemas de agenda, otros que esta no era su  fiesta….pero cuando ustedes me llaman yo no miro mi agenda ni si para mi  es fiesta o no… simplemente voy. Ustedes me piden a mi la vida si  fuese necesario a cambio de un sueldo irrisorio para lo que se espera de  mi, y yo, en cambio, solo les pido una hora de su tiempo al año para que  demuestren respeto y reconocimiento por mi labor…. es una pena que  ustedes, que dicen representar al pueblo, no estén a la altura de este  pueblo que si sabe reconocer y agradecer mi esfuerzo, pero estén ustedes  tranquilos, que cuando, por desgracia, me llamen para solucionar cualquier  estrago, o para que vaya a un país extranjero a ponerme delante de balas  que no son mías, allí estaré, no por ustedes, si no por mis  conciudadanos.
Hoy era mi fiesta y ustedes no han estado ahí, así  que con el debido respeto…¡¡¡que les zurzan!!!…por cierto, yo he  recortado un 65% el gasto del desfile de la Fiesta Nacional, en atención a  la grave situación que atravesamos, aplíquense ustedes el cuento.
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La arrogante ignorancia de Malefakis / Masonería (III) La moral

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Algunos autores españoles, anglosajones y franceses han hecho su carrera atacando al franquismo y defendiendo la república –a la que no han logrado distinguir del Frente Popular–, y difícilmente darán marcha atrás, por muchos datos y argumentos que se les opongan. Se comprende: va en ello su prestigio, su propia carrera. Así el señor Malefakis, que, muy optimista, da por superado el “revisionismo” que me achaca. En su defensa de la república admite que aquel régimen “en ocasiones se comportó de forma antidemocrática”. El aserto es ridículo. No fue ni pudo ser “la república” la que se comportó de forma antidemocrática, sino algunos de sus componentes, en concreto los partidos de izquierda, en especial el PSOE, que respondieron a la derrota electoral del 33 con golpismo y guerracivilismo (nimiedades, para Malefakis). Y menciona algo que yo he demostrado, pero lo interpreta mal: “La revolución de octubre de 1934, en especial, fue catastrófica porque dañó gravemente las credenciales democráticas del régimen y sentó un precedente que los conspiradores militares de 1936 utilizaron para justificar su propia insurrección”. Falsedad flagrante: las –poco firmes– credenciales democráticas del régimen fueron atacadas por la izquierda y defendidas por la derecha que, empezando por Franco, mantuvo la legalidad republicana frente a aquel brutal ataque izquierdista. Y no fue utilizada por la derecha para justificar la rebelión del 36: esto fue una idea de Madariaga, no muy afortunada, como he explicado alguna vez. Malefakis da al asunto el toque neostalinista al justificar así la insurrección socialista-nacionalista catalana: “En 1934, parecía que estaban ganando las fuerzas fascistas, que acababan de destruir la democracia alemana y la austriaca por medios pacíficos y legales. Nueva falsedad, porque él no ignora que Araquistáin y Largo Caballero sabían perfectamente que no había peligro de fascismo en España. Y que así lo decían de cara al exterior, mientras que en el interior excitaban a las masas hablando de una amenaza inexistente. Porque estaban decididos desde muchos meses antes a destruir la república e implantar un régimen al estilo staliniano, y les venía bien el argumento.

Resume Malefakis:

La República censuró la prensa opositora varias veces, pero también construyó la primera democracia auténtica de España. Primero, con la celebración de elecciones honradas, libres de las prácticas caciquistas que las habían corrompido bajo la monarquía. Segundo, ampliando enormemente el electorado, al hacer de España el primer país de mayoría católica que permitió el sufragio femenino. Tercero, la República acercó el Gobierno al pueblo al darles más dimensión a los Gobiernos regionales. Cuarto, todas las leyes importantes fueron aprobadas por el Parlamento, no impuestas por decretos. Quinto, la República debilitó las fuerzas extraparlamentarias -los círculos cortesanos y el Ejército- que en el pasado habían anulado a menudo las iniciativas democráticas. Desde esta perspectiva (…) la República fue un régimen excepcionalmente democrático.

Seis frases, cinco falsedades. La Ley de Defensa de la República hizo que esta viviera bajo un estado de anormalidad y censura casi permanentes. Las elecciones no estuvieron libres de prácticas caciquiles y solo pueden considerarse impecables las de noviembre de 1933, ante las que las izquierdas reaccionaron con proclamas de guerra civil; las del 36 fueron anómalas, violentas y sin publicación de las votaciones. España pudo ser el primer país de mayoría católica que permitió el sufragio femenino: Francia, también mayoritariamente católica, tardó más; por cierto que los más renuentes a él en España fueron feministas e izquierdistas. Más que acercar el Gobierno al pueblo, la república creó problemas antes inexistentes y dio alas a una demagogia exaltada. Las leyes importantes fueron rechazadas y hundidas por la izquierda. Los que él llama círculos cortesanos y el Ejército fueron precisamente los que trajeron el liberalismo a España.

Para entender lo que fue la república es indispensable recurrir a los diarios de Azaña y a las memorias de sus líderes, que demuelen del modo más completo las falacias de Malefakis. Me permito recomendarle mi estudio Los personajes de la República vistos por ellos mismos. Creo que le ayudará a salir de sus embrollos.

Lo más sorprendente es la osadía con que Malefakis exhibe su llamémosla ignorancia: sabe que El País, donde escribe, sigue el ejemplo de la izquierda republicana: censura cualquier réplica. En definitiva, la república fue un régimen viable que llegó sin oposición y fue sistemáticamente destruido por las violencias y demagogias izquierdistas. El Frente Popular, precisamente, le dio la puntilla, pero Malefakis y tutti quanti insisten en presentar sus fechorías, oleada de crímenes, incendios y destrucción de la justicia como “cosas de la democracia”.

En cuanto a la Transición posfranquista, no tuvo nada que ver con la república y provino, aunque le cueste creerlo a Malefakis, de la legitimidad franquista, de ningún modo del rupturismo que quería enlazar con “la república”, como llaman al Frente Popular que la destruyó. Y aquí, algo más sobre Malefakis.

(publ. en junio de 2011)

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Masonería (III)  Moral masónica

La masonería se presenta como una orden muy especial, cargada de un simbolismo moralista. Según afirma Anderson: “Las sociedades y Órdenes de los caballeros militares y también las religiosas han tomado de esta antigua Fraternidad (la masonería)  muchos de sus usos solemnes; porque ninguna de ellas estuvo mejor constituida, más decentemente instalada  ni observó con mayor fervor las leyes y obligaciones que los Aceptados (masones) en todos los tiempos”. Asimismo, después de señalar la obligación de  profesar la “religión de todos los hombres”,  adjudica a la masonería la tarea de “convertirse en Centro de unión y medio para conciliar una verdadera amistad entre personas que sin ella permanecerían a perpetua distancia”. Estas personas, iniciadas, serían “hombres buenos y verdaderos, de honor y honradez”. Uno de los objetivos de los ritos y secretos consiste, precisamente, en “desbastar”  el bloque de piedra, es decir, el carácter del adepto, perfeccionándolo moralmente.

Conviene detenerse en  lo dicho sobre la aspiración masónica a convertirse en una suprarreligión. Claramente, nadie podría mostrar desacuerdo con la bondad, el honor, la amistad o  la honradez exigidas por la orden,  pues son aspiraciones comunes a casi todos los seres humanos. Pero cabría disentir de la pretensión implícita de que alcanzar o culminar tales virtudes exija una iniciación en extraños misterios o que la “verdadera amistad” precise de una sociedad secreta. Por el contrario, de acuerdo con la “religión de todos los hombres”, tales virtudes nacerían espontáneamente de la humanidad.  Por otra parte, las mismas  son predicadas  por las religiones en general, con lo que la masonería resultaría superflua.  Debe observarse, además, que en el cristianismo la elaboración moral es mucho más compleja y depurada que los tópicos masónicos, cuyo “abstractismo y simplismo” condenaba el escritor italiano Croce.

Demos aquí un pequeño rodeo.  El ser humano vive inmerso en la esfera de la moral.  De ahí que los términos “inmoral” o “amoral”, con los que se califican determinadas conductas, resulten poco adecuados: el individuo se ve constreñido a justificar sus actos ante sí y ante los demás, a presentarlos como “buenos”, con uno u otro criterio. Y por eso el hombre es siempre moral, aunque se trate de una moral perversa o defectuosa. El relato de Adán y Eva podría interpretarse como el paso de la  inconsciente inocencia animal al reino de la moral, relacionado con la libertad,  la responsabilidad y la culpa. Pero el hombre no llega a comprender del todo el sentido de la moral, que en los mitos aparece como mandato de Dios o de los dioses frente a las  inclinaciones perversas. La tentativa humana de dominar la ciencia del bien y del mal fracasa lamentablemente en el Génesis.  No han faltado intentos, sin éxito hasta ahora, de establecer una moral plenamente racional, o científica. El racionalismo la relativiza, dejándola en producto de conveniencia de algún grupo o clase social o de los individuos en abstracto. Lo cual los anularía como mandatos de valor general. De esa dificultad o imposibilidad surgen varias tendencias, como la de sustituir la moral por la ley positiva, la cual, sin más raíz que la decisión política de supuestos representantes de cambiantes  mayorías, puede dar pie a aberraciones y a leyes totalitarias, como las nazis. Otra tendencia es la de una imposible vuelta al reino del instinto, de la inocencia animal, que el poeta useño Walt Whitman expresaba en un poema: “Podría irme a vivir con los animales, tan plácidos y satisfechos de sí mismos (…) No sudan ni gimen por su condición, no yacen despiertos en la oscuridad ni lloran sus pecados”.

Fácilmente se aprecia que  esa tensión hacia una imposible sociedad organizada al modo de los animales, sin culpa, por tanto sin libertad y sin moral, está en la raíz de las ilusiones utópicas y totalitarias. En la Nueva Atlántida de Bacon no existía el mal, gracias a un sistema social tecnicista,  y por ello tampoco podía existir el bien, reducido a mera retórica convencional sin contenido. En la masonería, la  moral deriva de su concepción  del hombre prometeico o técnico. Así, las Constituciones oponen la perfección moral lograda por los masones gracias a su conocimiento del Arte, a las  “épocas oscuras e iletradas”, ajenas al “Saber y la Geometría”. El mensaje es claro: el bien consiste en el saber y el mal en la ignorancia. Los masones poseen la Luz, la sabiduría esencial, y el común de  la Humanidad no.  Ideas similares cundieron durante la Ilustración, una de cuyas tendencias fue el culto, realmente religioso, a la razón, a la que no reconocía límites. Haré aquí una pequeña digresión sobre Bakunin,  uno de los fundadores del anarquismo. Su doctrina básica era: el mal es la ignorancia y el bien la sapiencia que él mismo se atribuía y quería transmitir a la humanidad, para liberarla. Por desgracia,  los ignorantes no acababan de apreciar sus ilustradas prédicas, y  Bakunin  adquirió una verdadera manía por crear sociedades secretas, para impulsar  la revolución manipulando a unas masas tercas en su ignorancia. En función del bien, según él lo concebía, justificó el  terrorismo, el bandidaje, el engaño sistemático, cualquier acto por criminal que lo considerasen… los ignorantes.  Llegó a promover sociedades secretas dentro de sociedades secretas en una deriva algo enloquecida. Cabe encontrar ahí la huella masónica, máxime cuanto que Bakunin alcanzó en la masonería el grado 32, uno de los más altos, según documentó el historiador anarquista Max Nettlau,

Desde luego, la ignorancia es un mal, pero quien reduce el mal a la ignorancia, atribuyéndose de paso el bien del conocimiento, muestra una arrogancia pasmosa. Nadie podría ni remotamente dominar el ámbito del conocimiento humano, técnico o no, ni prever adónde llegará o  qué  teorías tomadas por verdaderas en un momento dado quedarán luego descartadas  por falsas o insuficientes. Como toda arrogancia, esta es en sí misma maligna. Aparte de que el conocimiento y la técnica pueden emplearse de forma malvada,  como por lo demás ocurre cotidianamente. Una vez más encontramos la trivialidad y la simpleza bajo la capa del secretismo y el misterio.

Debemos preguntarnos por qué entran en la masonería personajes de alto nivel intelectual, relevantes en la política, la milicia, el pensamiento o las artes (aunque la masonería gusta de exagerar al respecto, por razones de prestigio).  Creo que el mismo carácter de la orden da algunas pistas.  Pertenecer a una élite inspirada y sapiente seduce a ciertos espíritus ingenuos o vanidosos, no necesariamente estúpidos. Para otros, la Fraternidad da salida a un ansia  natural de perfeccionarse y entender los misterios de la vida. No faltan razones prácticas: una organización así supone un poder social, y sirve muy bien como medio de promoción profesional o política a través de contactos opacos, pasando por encima de profanos con méritos  iguales o mayores. Esta acusación se hizo mucho durante la II República. En  el ejército se extendió el dicho: “¿Quién es masón? Quien se mete delante de ti en el escalafón”. En 1904 se produjo en  Francia un escándalo al saberse que el Gran Oriente había elaborado un fichero de los oficiales católicos en el ejército, a fin de impedirles acceder a puestos relevantes. Seguramente habrá habido muchas más maniobras semejantes que permanecen en la oscuridad. Una sociedad secreta se  presta especialmente bien a formar redes subterráneas informales con obligaciones fraternas y solidarias ocultas al público profano. La existencia de tales redes opacas no es una especulación, deriva de la propia naturaleza de la masonería.

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Un memo al mando / Masonería (II) El mito masónico

Blog I: Dos reconciliaciones, popular y de políticos / Andalusí pide calma.http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

****Hoy,  17, a las 19,30, en el CEU de Madrid, Julián Romea 23, presentación de los libros Los capellanes de la División Azul, los últimos cruzados, de Pablo Sagarra, y Los combates de Krasny Bor, de Salvador Fontenla. Ambos de gran interés histórico

****Jueves, 18, a las 19,00, en el Centro de la Rioja, c. Serrano 25, Madrid, conferencia “La colonia de Gibraltar y el expolio económico del resto de España”, por Guillermo Rocafort.

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Hace meses discutía con Cristina Losada y Pepe García Domínguez sobre la inteligencia de Rajoy. Inteligencia política, se entiende. Mi punto de vista, frente al de ellos, era que se trata de un auténtico memo. Pasa como con su honradez (también política) que simplemente no existe. Les recordaba  la necia chulería del personaje  tratando de dar a los españoles la impresión de que había impuesto a Bruselas y a Berlín tales o cuales préstamos sin condiciones para sanear la economía, y cómo pronto quedó claro que quien mandaba en realidad eran Berlín y el BCE. O, antes en la oposición, sus “repentes”  cortando relaciones con El País o con el gobierno de Zapatero para volver a los pocos días pidiendo árnica  con el rabo entre las piernas . O la traición a sus propias movilizaciones, como la del estatuto ilegal de Cataluña. O su incapacidad para aprovechar los errores del gobierno socialista y su capacidad, en cambio,  para llevar a la nada el movimiento ciudadano contra la colaboración con el terrorismo. O su oposición de boquilla a la Constitución del siniestro  Giscard d’Estaing  para a continuación darle su apoyo,pese a que mermaba notablemente  la voz de España en la UE. O su aserto de que la economía lo es todo, propio de un simple. Y así podría seguir con las genialidades de este necio integral. Necio o algo peor.

Rajoy ha engañado todo el tiempo a sus votantes (bien es verdad que a estos les encanta que les engañen), ha mentido más que Zapatero en mucho menos tiempo y ha demostrado que el voto al PP, lejos de ser el “voto útil”, como pregonan los genios de la política, es el más inútil posible, pues sirve para mantener la política zapateril. A lo mejor se refieren a ese tipo de inteligencia, la del pícaro, quienes le creen muy listo y muy “gallego” (¡toma castaña!)

Hace poco, Mas se puso abiertamente fuera de la ley. El memo de la Moncloa dijo que aplicaría la Constitución, para hacer a continuación todo lo contrario, seguirle el juego al delincuente.  A continuación va a hablar con él y sale diciendo que “había tratado de la economía, lo que realmente importa”. ¿Cómo calificar al sujeto? Y ahora parece que ha encargado a Arenas la tanda de parloteo con Mas. Arenas, el de la “realidad nacional andaluza”, el que venera al orate Blas Infante como “padre de la patria andaluza”. El más adecuado para entenderse con Mas. Qué desgracia tiene España con sus políticos.

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Publ. en octubre de 2005 en LD: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/el-odio-a-espana-27371/

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A la atención de Malpharus: Los cosacos cabalgan por el Dunai (o algo así): http://www.youtube.com/watch?v=lPLi0dtuui4

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El mito masónico: 

¿Cuáles son, entonces, los secretos cuya celosa  posesión se atribuye la masonería? Parecen variados, pero creo que el fondo de ellos se encuentra en su  doctrina, cuyo fundamento vienen a ser  las llamadas Constituciones de Anderson, que datan de 1723 y a las que me referiré de preferencia.  James Anderson era un pastor protestante escocés, y sus Constituciones  incluyen un relato pretendidamente histórico, seguido de las “leyes, obligaciones, ordenanzas, reglamentos y usos” de la orden (Citaré de la traducción hecha por Ricardo de la Cierva en su referida obra  El triple secreto de la Masonería).

Lo primero que llama la atención en esas Constituciones es su actitud hacia la religión. Un masón, dicen,  “nunca será un estúpido ateo ni un libertino irreligioso”. Por tanto, debe ser un hombre religioso. Pero ¿de qué religión? El documento advierte que antaño, es decir, en tiempos de los albañiles, cada masón debía profesar la religión imperante en su país; pero en la actualidad debían “obligarse solo a la religión en la cual coinciden todos los hombres, dejando sus particulares opiniones a ellos mismos”. Por tanto, la Fraternidad se arroga la definición y profesión de la religión universal,  situándose en el mismo golpe por encima de las demás  religiones y sin oponerse en apariencia a ninguna de ellas. Nueva contradicción, pues el cristianismo se proclama también universal y por tanto en conflicto con la religión de Anderson; y lo mismo puede decirse de otros credos. Además, al  profesar una religión “para todos los hombres” queda sin declarar, pero implícita, la orientación de sustituir a las demás religiones, consideradas particulares y relegadas al campo de la opinión privada. Su dinámica tendería a diluir poco a poco las religiones no masónicas. Aún más sorprendente es otra contradicción: la suprarreligión masónica, supuestamente común a todos los hombres, solo sería accesible en realidad a los miembros de la orden, previa iniciación. Se trata, por tanto, de una religión iniciática reservada a grupos iluminados acerca de determinados arcanos, algo típico de las llamadas sectas gnósticas.

Salta a la vista el choque con el cristianismo, sobre todo en su versión católica, pues este ha rechazado siempre las sectas ocultistas, las sociedades secretas y  las tendencias gnósticas: el conocimiento de la verdad religiosa y la salvación deben estar abiertas a todos los seres humanos y no a miembros de  algún grupo conocedor de supuestos secretos  inaccesibles al  vulgo y de relaciones ocultas entre sí. Por tanto, la masonería solo podía ser mirada con máxima reserva inicial y pronta condena por Roma. Pero la contradicción mengua en el caso del protestantismo. Anderson era pastor protestante y la orden empezó a tomar cuerpo en las protestantes Escocia e Inglaterra, para generar luego otro foco en Francia. Lutero estableció que no existía libertad para salvarse o condenarse, pues las obras humanas carecían de valor a tal fin. Desde la eternidad, Dios había decidido quiénes se salvarían y quiénes se condenarían. La idea de que los elegidos para la salvación podrían reconocerse entre sí y formar grupo aparte, surge de forma espontánea. Esta concepción es reminiscente a su vez de la de “pueblo elegido” que se atribuían los judíos. Y Anderson afirma –obviamente sin la menor prueba, como en casi todo lo demás–  que, al menos en la antigüedad, los judíos eran un pueblo íntegramente compuesto de masones, dueños de los secretos propios de la orden.

Como otras religiones, la masónica incluye una fe, expresada en el mito; un culto, expresado en el rito, ya mencionado; un templo, la logia; y una moral, que veremos luego. Las Constituciones empiezan por una introducción histórica bastante larga. A menudo se ha resaltado su carácter disparatado como historia racional, pero a mi juicio esa crítica no da del todo en el blanco, pues el relato no busca tanto establecer una historia real como un mito. La palabra mito se utiliza en muchos sentidos, desde el de simple embuste  al aquí empleado, como relato fundacional-explicativo del sentido de la vida o de hechos generales, con proyección moral y psicológica. A nuestra razón se le escapa la razón de ser de las cosas, el sentido del mundo y de la vida,  pero nuestra psique no acepta el caos de una vida sin significado que le llevaría a la desesperación y la amoralidad. Así, el mito viene a constituir el núcleo de las religiones. Puede tener base histórica o racional, pero la  trasciende. Creo, aunque no voy a desarrollar el tema, que Cicerón decía una verdad al señalar que todos los pueblos creen en dioses, fuerte indicio de que el ser humano es por naturaleza religioso, sea en un sentido animista, politeísta o monoteísta. El mito exige fe, que es una forma particular de creencia, dado que el sentido último de las cosas escapa a nuestra capacidad mental. También es verdad que siempre ha habido ateos, pero quienes en nuestros días se proclaman tales, suelen depositar su fe en algún concepto que opera psicológicamente de modo similar a la divinidad, dando sentido a la vida: la Ciencia, la Razón, la Humanidad,  el Proletariado, el Progreso, la Ecología, etc. Así consideradas,  todas esas ideologías incluyen al menos cierto sentimiento religioso, pues aunque pretendan apoyarse en la razón o la ciencia, atribuyen a ambas unas  virtudes salvíficas indemostrables.

Enfocada así,  la Historia mítica de Anderson tiene el mayor interés. Parte de la Biblia, si bien, de acuerdo con el libre examen protestante, la interpreta de un modo peculiar y pasa por alto a Jesús. Dios aparece como “el Gran Arquitecto del Universo”. Esta idea se comprende como metáfora ingenua de un gremio de albañiles, pero cuando la masonería toma carácter más intelectual, su alcance es mucho mayor y un tanto ambiguo. Un arquitecto trabaja con normas, leyes y materiales distintos y previos a él, con lo que se introduce implícitamente una concepción de la divinidad diferente de la del Dios Creador de la Biblia y del cristianismo, y limita la visión del mundo a la de una arquitectura, cosa solo aceptable como metáfora gremial. El Gran Arquitecto habría infundido en Adán ese conocimiento de las “Ciencias liberales y especialmente de la Geometría”, haciendo de él el primer masón. Y Adán  habría transmitido esas ciencias a sus hijos, entre quienes menciona Anderson a Caín y  a Set, cada uno de ellos “Príncipe de la mitad de la Humanidad”, sin explicar la diferencia entre uno y otro.  Todos ellos resultan ser “masones”, pero  sería la estirpe de Caín  (cuyo asesinato primordial no es mencionado ni se le atribuye significación alguna) la que mejorase “la noble Ciencia y el útil Arte”: el trabajo del metal, la música, la ganadería, la construcción de tiendas, la arquitectura. Da la impresión, no muy clara, de que la masonería se identifica de preferencia con Caín.

Después del Diluvio, los sucesores de Noé (otro gran masón, dice Anderson) construyeron la “prodigiosa torre” de Babel, a partir de la cual los hombres se dispersaron y diversificaron sus lenguas. Y aunque al principio permanecieron los conocimientos masónicos en las ciencias, artes y geometría, estos fueron perdiéndose, salvo para grupos de sabios, a quienes se deben las construcciones de Mesopotamia y Egipto. Posteriormente, los judíos constituyeron un pueblo íntegro de masones, como señalé antes, con Abraham y Moisés, masones a su turno.  Su obra capital  sería el templo de Salomón, presentado por Anderson con extraordinaria fantasía, y cuyo mérito principal atribuye al fenicio Hiram Abif, hijo de una viuda judía (de ahí que, por identificación,  los masones suelan llamarse “hijos de la viuda”). Hiram habría sido el más grande maestro masón que haya existido, y sobre él y su asesinato construyó la masonería a su vez un mito  simbólico. Las Constituciones están escritas para los adeptos, pero aun así está presente en ellas el secretismo con avisos de que “no conviene  hablar con mayor claridad de estos asuntos, excepto dentro de una Logia formada”,  de “no mencionar” más que algunos hechos parciales, etc.

El relato de Anderson  abarca hasta su época, pero creo que lo expuesto permite aclarar un rasgo clave de la neorreligión masónica. El ser humano ha sido definido de muchos formas, como animal racional, animal moral, animal político etc. Aquí figura como “animal técnico”, capaz de utilizar la naturaleza en su beneficio y de satisfacer así sus deseos.  Se trata de  una concepción esencial  que hallamos también en el marxismo, en alguna rama del liberalismo y en diversas ideologías, aunque en religiones de otro tipo aparece como un peligro esencial de  la condición humana. Así en el mito de Prometeo o, de otro modo, en el Génesis, por lo que me extenderé un poco al respecto. Prometeo es un titán, hijo de la tierra,  y en una versión crea a los hombres con barro, mientras que en otra se limita a traspasarles la técnica (el fuego) y les enseña  menospreciar y burlarse de los dioses. Finalmente, Zeus lo castiga encadenándole a una roca y enviándole un águila que todos los días le devora el hígado. Suele verse en el titán a un benefactor de la humanidad, y en los dioses a tiranos celosos de la capacidad  humana, que lo castigan injustamente.  Paul Diel ofrece, en El simbolismo en la mitología griega,  una interpretación que suena más coherente y profunda. La técnica permite al hombre mejorar su situación material, pero es inútil para dar un sentido a su vida. Ese sentido aparece en los mitos como algo en parte misterioso vinculado a los dioses.  Cuando esta limitación de la técnica es pasada por alto y  el bienestar material se convierte en el objetivo total del ser humano,  la vida se trivializa y genera mil conflictos, agravados por el poder técnico,  porque los deseos humanos suelen ser contradictorios en sí mismos, y opuestos entre unas personas y otras. Además,  la limitada capacidad humana de previsión no logra captar las consecuencias últimas de sus actos, hecho que refleja el mito hermanando a Prometeo,  El previsor, con Epimeteo, El que piensa tarde: las dos caras del pensamiento humano.

De este modo la técnica y el bienestar material derivado, concebidos como el objetivo esencial de la vida y no como subordinados al espíritu, figurado en los dioses, se convertirían en fuente de males, representados por la Caja de Pandora. La estéril  roca a la que es encadenado Prometeo simboliza su propia elección exclusiva por los bienes terrestres, por los bienes materiales y la consiguiente trivialización de la vida. Y al devorar el hígado del titán, el águila, enviada del espíritu clarividente que se eleva sobre la tierra, figuraría el remordimiento por la pérdida de una vida más elevada. En fin, Prometeo representaría el peligro humano de elegir en exclusiva o primordialmente los bienes terrestres y despreciar al espíritu. No abordo aquí la distinción entre materia y espíritu, que todo el mundo intuye aunque sea difícil de explicitar y haya generado tanto debate; aunque un ejemplo algo tosco ayudaría a ello: desde el punto de vista material, un libro es una cantidad de papel y de tinta, con un volumen, forma y masa fácilmente medibles. Desde otro punto de vista, es solo el continente de un mensaje o intención, expuesto en las complicadas disposiciones de la tinta, aunque estas por sí mismas no signifiquen nada. Cada unidad de libro es materialmente única y el total cuantificable, pero el contenido no es medible. El Quijote, por ejemplo, es siempre uno aunque se presente en millones de ejemplares y en formas y aspectos materiales muy diversos. Quizá podamos captar con esto algo de la diferencia.

Y en el relato del Génesis el hombre, hecho de barro, tiende al barro, a la materia contra el espíritu, tendencia representada por la tentación de la serpiente, que se arrastra por el suelo: le promete que desobedeciendo al mandato de Dios se hará igual a este. La semejanza de fondo con el mito de Prometeo ha sido subrayada por Paul Diel.  No voy a adentrarme más en la cuestión, pues solo quiero poner de relieve el carácter prometeico de la masonería, una religión y una mística de la materia y la técnica. No existe para ella la tensión y el conflicto del alma humana entre el espíritu (la divinidad) y la materia, ni propiamente entre el bien y el mal. El ser humano es un ser técnico que encuentra la plena satisfacción de la vida en el conocimiento y el desarrollo de conocimientos científico-técnicos en un progreso indefinido. No existe en la masonería la oposición entre Zeus y Prometeo o entre Dios y Lucifer, el “portador de luz”. El Gran Arquitecto figura al mismo tiempo como Dios y Lucifer o Prometeo.

Habíamos caracterizado a la masonería como una religión gnóstica, de las que ha habido muchas, pero debe anotarse una particularidad. La mayoría de los gnosticismos oponen radicalmente el espíritu a la materia y condenan esta última como foco de todas las corrupciones y sufrimientos, llegando incluso a proponer el suicidio y a mirar a Jesucristo como el espíritu del mal, por haberse encarnado. El gnosticismo masónico toma el rumbo contrario, al  exaltar la técnica, la materia como la fuente del significado de la vida. Pero siempre con los mismos rasgos ocultistas e iniciáticos. Sus templos se llaman logias, en el espíritu de la arquitectura, esto es, de la técnica.

Dicho en otras palabras, la masonería deposita su fe en los que llama el Arte o el Arte Real,  la técnica en definitiva, y con arreglo a esa fe moldea la concepción misma de la divinidad. Algo que otras religiones, en especial el cristianismo, repito, ven como un peligro esencial del alma humana. Creo que el secreto básico de la masonería, del que derivan los demás, reside justamente en esa concepción de fondo, acaso no muy consciente para muchos de los mismos hijos de la luz.  

Cabe señalar que la Masonería entra en una tradición intelectual algo más antigua, en la que Francis Bacon marca un hito fundamental con su novela utopista Nueva Atlántida. Se trata de una isla con una sociedad esplendorosa, cristiana aunque de un cristianismo sui generis,  en la que prácticamente está excluido el mal. Una sociedad   integrada por gentes “generosas e ilustradas, dignas, castas y piadosas  y llenas de espíritu público”. A su cabeza, por encima incluso del estado, se encuentra la Casa de Salomón dedicada a  la investigación científica y técnica y que decide qué inventos y hallazgos difundir y cuáles no, incluso por encima de los responsables políticos. Salvo que la masonería no se dedica a la investigación científica, encontramos en la Nueva Atlántida ciertas similitudes con ella: una religión de la técnica, que estaría tanto por encima de las demás religiones como de los estados, según veremos. Algunos creen a Bacon miembro de la  sociedad secreta de los rosacruces.

Aquí llegados, debe recordarse que, si bien hay diversas masonerías, las dos mayores son las Grandes Logias, de origen y orientación inglesa, y los Grandes Orientes, nacidos  en Francia. El Gran Oriente de Francia,  fue fundada por  masones ingleses, separándose progresivamente de las Grandes Logias en tres puntos: en 1877 suprimió las menciones a Dios, admitiendo a ateos, que llegaron a tener un papel relevante. Ello provocó cierto escándalo  y un pequeño cisma. En segundo lugar, admitió las discusiones políticas directas en el seno de las logias,  prohibidas en la corriente inglesa.  Finalmente, y también contra los reglamentos ingleses, aceptó ocasionalmente a algunas mujeres, aunque sin permitir su iniciación hasta muy recientemente, en 2010. Con todo, ambos grupos se reconocen entre sí como masónicos. Oficialmente, el Gran Oriente se dedica a “la búsqueda de la verdad, la investigación moral y la solidaridad”, al tiempo que preconiza un laicismo que los católicos sienten como extremo y agresivo.

 

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