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DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS (III-a) La evolución mundial
Ninguna política puede ser estrictamente nacional, ya que las corrientes e intereses exteriores siempre influyen en ella. Y no porque estemos en un mundo “global”, pues siempre ha sido así. Muy a menudo la evolución de un país ha sido rota o cambiada radicalmente por sucesos acontecidos muy lejos de él. Por lo que se refiere a España, su formación como comunidad cultural provino de decisiones tomadas muy lejos de sus costas, en Roma y Cartago. Más lejano aún, en la desértica Arabia, ocurrió el chispazo del incendio que casi invirtió por completo el resultado de la II Guerra Púnica, y que durante varios siglos lo invirtió realmente en gran parte de Iberia. El protestantismo surgido en Alemania condicionó fuertemente la política española durante más de un siglo, y la Revolución francesa tuvo el efecto de quebrar, a través de la invasión napoleónica, la evolución interna del país. En el siglo XX, las convulsiones europeas estuvieron muy cerca de causar una catástrofe interna en España. Etc.
En 1989- 1991 terminó la Guerra Fría por implosión de uno de los contendientes, un suceso histórico notabilísimo y completamente inesperado para prácticamente todo el mundo. Historiadores, analistas y políticos juzgaban el régimen soviético como indefinidamente duradero, y casi de pronto, en un proceso rapidísimo, se vino abajo toda una enorme construcción juzgada casi inamovible. El prodigioso hecho pareció preludiar el triunfo absoluto de la democracia liberal en todo el mundo, a la que no parecía haber alternativa, y con ella el fin de la Historia, en expresión de Fukuyama: se generalizaría “un tiempo triste. La lucha por el honor, la disposición a arriesgar la vida por un fin abstracto, la lucha ideológica mundial con sus virtudes de audacia, valor, imaginación e idealismo, será reemplazada por el cálculo económico, la inacabable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente y la satisfacción de las complicadas exigencias consumistas. No habrá arte ni filosofía, solo la perpetua vigilancia del museo de la historia humana”. Y, sin decirlo, regímenes de modelo anglosajón, con el inglés como idioma político y cultural.
El análisis de Fukuyama parecía bien fundado en el derrumbe de la URSS. Por cierto que algo así preveía ya mucho antes Fernández de la Mora ante la supuesta caída de las ideologías, de la que el derrumbe de la URSS podría considerarse el último episodio: el estado se ocuparía de cuestiones técnicas fundamentalmente, y en eso consistiría la política. Sin embargo la profecía no se ha cumplido, como sabemos, y hasta podría establecerse esta ley de las profecías históricas: “Siempre fallan”. Unas ideologías han sido sustituidas por otras, si bien con un alcance intelectual o filosófico mucho más limitado que el marxismo. La tendencia economicista-tecnocrática se ha desarrollado sobre todo en la Unión Europea, en mucha menor medida en Usa; pero en ambas surgen corrientes políticas e ideológicas muy variopintas, y el mundo se ha vuelto en varios sentidos más complicado. Otro analista, Huntington, respondiendo en cierto modo a Fukuyama, predicó un choque de civilizaciones, las cuales distinguió en gran medida por su componente religioso, y ese conflicto sustituiría al ideológico y al nacional. Algo de ello parece ocurrir entre la civilización islámica y la occidental cada vez menos cristiana, mientras que China y la India van conformándose como dos colosos con sus propios intereses y necesidades que darán lugar a “rozamientos” de alcance muy difícil de predecir. No obstante, en el interior de cada una de esas civilizaciones proliferan los conflictos, también ideológicos y nacionales.
La complejidad y variedad de los movimientos que conforman el mundo actual, y el seguro surgimiento de otros hoy inexistentes o poco importantes aún, vuelve imposible la predicción y un cálculo seguro. Con todo, no queda más remedio que especular, en el buen sentido de la palabra, con las corrientes más evidentes, cosa que puede hacerse sin demasiado error, en principio, en el corto e incluso el medio plazo. Dentro de este conjunto de evoluciones, a España le afectan fundamentalmente las de Europa, América (de modo distinto Usa e Hispanoamérica) y el Islam. Sin olvidar que los acuerdos y desacuerdos entre Rusia, China y Occidente pueden repercutir a su vez sobre nosotros. Ahora mismo, como ocurrió en la Guerra Fría, la pugna se libra sordamente por países interpuestos como Siria, y según transcurran las cosas, la situación en Oriente Medio-Próximo, con Irán e Israel, puede ponerse al rojo vivo, lo que afectaría inevitablemente a nuestro país, tal como le afectó la Guerra del Yom Kipur, que desencadenó la crisis del petróleo en 1973, y probablemente en mayor medida.
Es preciso decir que en todos los conflictos entran factores económicos, tecnológicos, militares (aunque sea como presión o amenaza), ideológicos y otros, todos los cuales se integran en proporciones y modos diversos, en las políticas de las potencias. Por ello el análisis es siempre complicado y la predicción incierta. La inclinación a considerar la política un mero reflejo de conveniencias o necesidades económicas, tan extendida en la izquierda y la derecha, solo vuelve el análisis más primario e incierto.
Así pues, por lo que respecta a España, intentaré trazar algunas líneas elementales en relación con Europa, Usa, Hispanoamérica y el Islam, particularmente el magrebí.
(Anteriores entregas de la declaración: https://www.piomoa.es/?p=506 y https://www.piomoa.es/?p=515)
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Novela e historia:
Me choca que usted, que en el campo de la historia ha escrito libros de alta calidad, se haya pasado ahora al campo de la novela. Seguramente no está usted tan capacitado para la novela como para la historia, porque es raro que alguien tenga las dos virtudes a la vez. Pero, además, me parece un gran descenso de nivel. La novela, en fin de cuentas, no deja de ser un fingimiento, en el fondo no es más que una mentira agradable o entretenida, que explota las emociones. Al revés, la historia busca la verdad y por eso tiene mucho más valor, muchísimo más valor. Pero además si se mezcla la historia y la ficción en la llamada novela “histórica”, el estropicio es peor en los dos campos… Octavio.
Resp. No me parece que puedan compararse la historia y la novela. Como usted indica, la historia busca la verdad. La busca a partir de los datos y una argumentación atenida a ellos, cosa que no hace la novela. Pero es una equivocación igualar ficción y mentira. El Quijote es una ficción, pero expresa sobre la condición humana una verdad de tal profundidad que la mera historia no podría probablemente alcanzar. La ficción literaria se refiere a las motivaciones íntimas de las personas, algo que el ficcionador puede “adivinar” por introspección y por lo que conoce de otros a lo largo de la vida. Un libro de historia que se dedicara a presuponer tales o cuales motivaciones personales en los políticos, por ejemplo, se vuelve por ello mismo arbitrario y generalmente ridículo. Preston, por ejemplo, es muy dado a atribuir a los personajes que trata, especialmente a Franco, las motivaciones personales que a él le da la gana de imponerle. Esto solo funciona en la propaganda.
Lo que usted señala de la novela histórica es un peligro cierto, pero no un defecto consustancial. Ya he dicho que hay dos tipos de novela de ese género: aquel en la que el autor se apodera de personajes históricos reales y los maneja como mejor le parece, generalmente según sus prejuicios o manías ideológicas; y aquel otro en que los personajes son ficticios, por lo que es lícito “manejarlos”. En el primero (cultivado por R. Graves y muchos otros, y que se ha puesto de moda), me parece que su crítica es razonable: constituye básicamente un un fraude. Sin embargo en el teatro tiene otra virtualidad, pues sabemos de antemano que los personajes reales son tratados como personificaciones de tales o cuales conflictos psicológicos (de carácter, etc.), así muchas obras de Shakespeare.
Al segundo tipo lo llamamos novela histórica solo porque la acción de los protagonistas transcurre en un marco histórico real que condiciona gran parte de su peripecia. Ahí los personajes reales solo aparecen como parte del “paisaje” de la época. Por ejemplo, en Sonaron gritos salen Franco y otros que sin embargo no tienen ningún papel en la trama novelística. También aparece Companys, que sí desempeña un importante papel, pero solo de forma pasiva, como objeto de la acción, finalmente fallida, de los protagonistas y de algunas lucubraciones de estos. Lo mismo el entierro de Durruti como ocasión para diversas reflexiones. Algunos otros, como González Vicén, están solo muy ligeramente novelados a partir de hechos en los que participaron (González Vicén en la organización de la sangrienta emboscada al maquis en Asturias, aunque yo lo sitúo en Galicia, para no crear una impresión excesiva de reportaje en lugar de novela y porque los ambientes rurales y suburbiales gallegos me son más conocidos que los asturianos).
Siendo incomparables la novela y la historiografía, cada una puede alcanzar un nivel u otro, desde lo chabacano y deleznable hasta la máxima calidad accesible al ser humano. La mayor parte de los libros de historia, como de las novelas, tiene un nivel mediocre, inevitablemente. Los personajes de ficción pueden tener más o menos verdad al modo del Quijote, eso depende del talento del autor. Usted supone que quien es historiador no puede ser buen novelista o a la inversa, pero eso no está demostrado, aunque es verdad que los de un oficio no suelen ejercer del otro. De hecho, cuando propuse la novela a Ymelda Navajo le advertí que la mayoría de la gente tiene el prejuicio –a veces fundado– de que quien destaca en un campo no puede destacar en otro, por lo que se difundiría mucho menos que mis libros anteriores.
Por lo que a mí respecta, no puedo juzgar sobre mis propios méritos literarios, como es obvio. La novela ha sido recibida con silencio sepulcral en todos los medios importantes, sean de izquierda o de derecha. Esto podría interpretarse como indicio de que su calidad es mediocre o mala… si no fuera porque con el mismo silencio han obsequiado mis trabajos historiográficos desde Los mitos de la guerra civil, por lo que el silencio responde a otros criterios que la calidad de la obra. Creo que soy la persona más vetada en dichos medios, que prefieren dedicar sus grandes espacios a otro tipo de personajes. Solo he podido comentar Sonaron gritos y golpes a la puerta en Es Radio y en Intereconomía, dos medios de difusión limitada. No obstante, las reseñas en algunos blogs han sido muy propicias, incluso excelentes, por ejemplo estas tres:
http://lacuevadeloslibros.blogspot.com.es/2012/05/sonaron-gritos-y-golpes-la-puerta-de.html
http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta-11470/
http://vinamarina.blogspot.com.es/2012/07/una-novela-dantesca.html
Otros muchos lectores me han enviado comentarios, casi todos elogiosos o mucho más que elogiosos (varios los he publicado en estos blogs). No sé si ello significa mucho o poco, porque en literatura suele ser difícil ver la calidad real de una obra, que se va decantando con el tiempo; al revés que un libro de historia, cuya calidad puede apreciarse y quedar establecida desde el primer momento, porque depende menos de la subjetividad y la moda.
