Este sábado, en Una hora con la Historia, hablaremos de las consecuencias de la caída de Constantinopla, que coincide con el final de la Guerra de los cien años y la decapitación de Álvaro de Luna en España. La sesión de la semana pasada: https://www.youtube.com/watch?v=iY8ypH9lyp4

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He puesto en tuíter el siguiente comentario:
*Las mujeres militares dan grima. La mujer está para transmitir, conservar y proteger la vida, no para abortar o andar a tiros por ahí.
Las respuestas fueron inmediatas, y a menudo rabiosas. Las más frecuentes aludían a la “caverna”. Repliqué a estas: “Cuando alguien emplea el “argumento” de la caverna, ya sé que estoy delante de un (o una) imbécil”. Recibió especial apoyo (cientos de retuites) un cretino que hacía una gracieta boba: “Unas amigas mías se reúnen todo los jueves, después del trabajo, para abortar en masa… A usted se le ha parado el reloj en 1835″. Otra señora de VOX, también muy apoyada, destacaba que una hija suya estaba haciendo el curso de oficiales de la Armada y que ya no estábamos en el siglo XIX, o algo así.
Expliqué, según es posible en tuíter: En épocas tan cutres como esta, defender la evidencia suena discordante. Por qué digo que la mujer en el ejército y como abortista es una aberración? Porque en los dos casos se trata de matar, y la continuidad de la vida humana es función sobre todo de la mujer. Los y las feministas insistían, se burlaban del aborto masivo, y señalé: 100.000 abortos, es decir, asesinatos de vidas humanas en el seno materno, al año, solo en España, es aborto en masa. Y estos locuelos y locuelas, por decir algo, haciendo chascarrillos pueriles“, y Una de las cosas que más impresiona de las feministas, como de los LGTBI, es el odio, mala fe y necedad que destilan en sus comentarios. Y sus gracietas infantiles a falta de argumentos. Algunos deseaban que mi madre me hubiera abortado. Repliqué: “Es que mi madre era una mujer normal, no una histérica ni una criminal feminostia. Ya ve ud, qué pena”.
Otra, queriendo parecer más razonable, replicaba con la definición de feminismo por la RAE: “Doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y derechos que tradicionalmente han estado reservados a los hombre”. Contesté: Esa definición es falsa. Los derechos y trabajos no “estaban reservados” a los hombres, sino que los han creado los hombres. Y el feminismo actual no tiene nada que ver con una igualdad de derechos que existe desde hace mucho. Alguno se refería a que con las modernas tecnologías la fuerza física ya no contaba, por lo que las mujeres podían… Etc.
Insistí: “La presencia de mujeres en el ejército es alentada sobre todo por partidos abortistas, antiespañoles y LGTBI. No creo que sea casualidad”. Y expuse algunos inconvenientes que se dan y de los que no se habla, como que para que un superior pueda reprender a una mujer militar tiene que haber otras personas que sirvan de testigos, para impedir que la reprendida le acuse de abusos sexuales, cosa a las que son aficionadas cada vez más mujeres feministizadas. O que en la Armada, algunas se sacan un sobresueldo de pilinguis cuando la estancia en el mar dura semanas.
De modo que había atacado un tabú feminista, y ocurrió algo muy semejante a otra intervención mía contra las layes LGTBI, que despertó una verdadera oleada de odio, insultos, deseos de muerte, todo muy significativo en un movimiento totalitario que pretende hacer delito no solo del pensamiento, sino de los sentimientos. Se da el caso asombroso de que cualquiera puede insultar, calumniar o burlarse de cualquier institución o grupo social, pero el respeto supersticioso a “maricones y nenazas” se ha convertido en la piedra de toque de la nueva moral social en vías de implantación. Y que no debe admitirse.
Todo el problema radica en la diferencia y complementariedad entre los sexos, que los feministas odian (digo “los”, porque las feministas más estúpidas son casi siempre hombres, como el Doctor Profanatumbas). Di una nueva definición: “El feminismo odia la maternidad, es decir, odia a la mujer y en definitiva a la humanidad. Y envidia/odia al varón“. Lo que Freud llamó ”envidia del pene”, achacándolo a todas las mujeres, cuando solo afecta a la chillona minoría feminista (una cómica queja de estas dice: “Nos quieren calladas”. Pues sí, por lo menos algún rato).
Pero, en fin, como la cuestión atañe a unas concepciones muy generales de la propia condición humana, será preciso plantear debates más amplios y en profundidad.
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