Hoy en “Una hora con la Historia” hemos tratado el “Desastre del 98″ y sus ondas expansivas, que llegan con plena fuerza hasta hoy. Para España supuso una verdadera quiebra moral que dio alas a separatismos, el terrorismo anarquista y la demacogia socialista, además de un llamado “regeneracionismo2 que daba alas a los movimientos anteriores. Quienes salieron peor librados de aquella guerra fueron, sin embargo, los filipinos:. Pueden oír la sesión en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=HGUZBjunSUI
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Hacía muchos años que Gadafi no desestabilizaba la región, no había invadido a nadie, su país es uno de los más ricos de África gracias al petróleo y su política (como la de Mubarak o Ben Alí) no entrañaba una amenaza para Occidente. De hecho, en todo el norte de África parecían haberse asentado regímenes no extremistas. Gadafi no había cometido genocidios (aunque estos a menudo se inventan o se manejan según conveniencias de política exterior), ni había el menor indicio de que acumulase armas de destrucción masiva. Ciertamente, es un dictador, pero lo son todos los gobernantes de la zona, algo que tampoco puede invocar la izquierda en España, siempre tan propicia a las dictaduras más totalitarias.
No se alcanzan a ver fácilmente los intereses detrás de la agresión a Libia. Ignoramos el verdadero carácter de las revueltas que han sacudido a un norte de África más bien prooccidental. Quizá los Gobiernos europeos y el useño hayan considerado a los rebeldes norteafricanos como el caballo inevitablemente ganador, y hayan decidido subirse a él para dirigirlo, olvidando una experiencia tan ilustrativa como la de Irán, donde ayudaron a los peores enemigos de Occidente contra sus amigos. Quizá pese el tradicional maquiavelismo oportunista de Francia, inmersa en los sucesos más sangrientos de África.
Como fuere, a España no se la ha perdido nada en Libia. No puede sacar ningún beneficio del conflicto y puede en cambio pagar las consecuencias de un grave error de cálculo si el caballo ganador decidiera sacudirse a su pretendido jinete, como ocurrió en Irán. Nuevamente se demuestra la majadería de una casta política inconsistente, dirigida hoy por un mamarracho iluminado que, increíblemente, lleva detrás de él a una oposición no mejor. (LD 24-3-2011)
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Por qué participa España en la agresión a un país como Libia, que no amenaza a nadie desde hace años? El pretexto del ataque de Gadafi “a su propio pueblo” es tan grotesco que en sí mismo manifiesta el absoluto desprecio de nuestros políticos y prensa al pueblo español, a su propia opinión pública. No acierto a entender qué intereses concretos hay detrás de tal aventura, en la que parecen especialmente empeñadas Francia e Inglaterra, pero desde luego no son intereses españoles. Una explicación posible remite a presiones de Francia, a la cual está enfeudada una parte excesiva de nuestra economía. Puede ser. Aunque en un plano muy general nuestros intereses coinciden con los del país vecino, en muchos planos concretos difieren y hasta chocan, como quedó de relieve en la crisis de Perejil, por poner un pequeño ejemplo. Lo único claro es que el Gobierno español, delincuente por otros motivos, lo es también por este.
También cabe decir que en un plano muy general coinciden nuestros intereses con los británicos, pero no así en muchos aspectos concretos. La manifestación más restallante de esa diferencia la encontramos en la permanente humillación a España que supone la colonia de Gibraltar. Precisamente en los últimos tiempos, los británicos han multiplicado sus insolencias y atropellos, sin que el Gobierno español (delincuente, insisto, por varios motivos) haya mostrado la más mínima dignidad ni defensa de nuestros intereses.
España carece de una verdadera doctrina en política exterior, y no ha sacado las lecciones de la experiencia histórica. Tradicionalmente, nuestro país ha salido perjudicado, a veces tremendamente, de la injerencia en los asuntos al norte de los Pirineos. Y se ha beneficiado no menos cuando se ha mantenido al margen de ellos, como en las dos últimas guerras mundiales. Por muchas razones, la posición exterior de España debiera asemejarse a la suiza. Algunos aseguran que eso nos llevaría al aislamiento, pero eso apenas si vale como fantasía malintencionada. Nadie duda de que Suiza se inscribe por todo en la cultura occidental, de que mantiene relaciones económicas y de todo tipo con el resto de Europa y del mundo mucho más intensas y fructíferas, proporcionalmente, que las de la “integrada” España. Y sin embargo no está en la OTAN ni en la UE y a duras penas ha aceptado entrar en la ONU. Ya discutiré el asunto con más detenimiento, pero baste aquí recordar un dato al que me he referido en La Transición de cristal: en los años 60 y primeros 70, España, “sin estar en Europa” como suelen decir nuestros ignaros políticos, creció económicamente más aprisa que cualquier otro país europeo. Cuando “entró en Europa”, por seguir con la memez, su crecimiento descendió y tardó decenios en recuperar el grado de convergencia de 1975 en renta per cápita. Y lo recuperó a costa de un grado de supeditación política y económica mucho mayor que antes. (1-4-2011)
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La caterva de bestias que han torturado, sodomizado y asesinado a Gadafi, son los protegidos de la UE, o del sector europeo de la OTAN, aquellos sádicos y fanáticos a quienes han defendido los aviones de la Doctora Burrianes, entre otros. Aquellos a quienes los capitostes europeos esperan manipular previa manipulación de la opinión pública europea, presentándolos como demócratas y liberadores frente a una tiranía que de pronto han descubierto intolerable después de haber estrechado tantas veces la mano del intolerable tirano. La OTAN europea es la autora más que indirecta de un crimen espeluznante y revelador. Puestos a buscar tiranos, ¿no tenían más a punto, en especial los españoles, a Mohamed VI? Pocas cosas prueban mejor la infamia y la decadencia moral de la UE, aparte de una estupidez que recuerda el dicho “los dioses ciegan a quienes quieren perder”. Aún no he logrado entender los motivos de esta guerra oculta y vergonzante, a fuer de criminal, contra un régimen que no era más despótico que la mayoría en África y Asia, y que era favorable a Occidente. Lo mismo la euforia ante la caída de las dictaduras de Egipto y Túnez, otros dos regímenes pro occidentales no más corruptos, quizá menos y menos despóticos que otros tantos antioccidentales. ¿Qué lección pueden extraer de ahí los políticos africanos y asiáticos? Evidentemente, que la amistad de Europa es un pésimo negocio, ante el carácter traicionero y bellaco de los gobiernos europeos, capaces de ayudar a masacrar a sus amigos después de haberles extraído unas cuantas rentas políticas o económicas. Una Europa capaz de alegrarse del penúltimo éxito de la ETA, por lo que se refiere a España. Una Europa sumida en una crisis que es mucho más que económica, que ha perdido el norte moral y el político, y en la que a España le toca, por cierto, el papel de lacayo. Una Europa indecente, cada vez menos democrática, que cava por muchas vías su propia tumba. (LD 25-10-2011)
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