¿Existe una civilización europea? (II)

Blog I: Javier Tusell y los milagros; Ángel Viñas y los archivos: http://gaceta.es/pio-moa/javier-tusell-los-milagros-angel-vinas-los-archivos-03032016-1055

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  ¿En qué sentido cabe hablar, entonces, de una civilización europea? Existe, por lo pronto, un evidente factor común de la mayor relevancia: todos sus países se han considerado a sí mismos cristianos, y durante siglos se los podría definir como “el continente cristiano”. Aun así, el cristianismo está dividido en tres ramas principales,  la católica, la ortodoxa y la protestante. Curiosamente, cada una de ellas destaca en  alguno de los tres grandes  ámbitos étnico-lingüísticos. El catolicismo predominó en el centro-oeste europeo hasta el siglo XVI, cuando el violento cisma protestante cundió sobre todo por los países germánicos, con excepciones importantes como las católicas  Austria, la mitad de Alemania o de Holanda. Así, el catolicismo quedó casi reducido a los países latinos (excepto Rumania), a algunos eslavos y a Irlanda. La rama ortodoxa predomina netamente en los países eslavos  más Grecia, con excepciones como las católicas Polonia, Croacia y otras. Simplificando un tanto, la Europa germánica es protestante, la latina católica y la eslava ortodoxa.

    Pero incluso con tales divisiones, persiste el cristianismo como la raíz cultural común, salvo regiones menores de tradición islámica  e inmigrantes de esa religión u otras, hoy en auge. Es más, si algún factor ha moldeado  en profundidad la historia y cultura europeas ha sido el cristianismo, de donde se ha expandido a América, parte de África y Oceanía. No obstante, a partir del siglo XVIII han cobrado empuje ideologías críticas (liberales y revolucionarias,  marxismo, un laicismo o cientifismo  extremos).  Ideologías de fuerza creciente en nuestros días, cuando un alto porcentaje de los europeos, variable según países, se declara agnóstico, ateo o indiferente. Tales ideologías han logrado desplazar parcialmente al cristianismo e intentan asentarse  sobre bases científicas o racionales, sin éxito claro. Ellas mismas tienen muchos rasgos propios de la religión, como una concepción del mundo y de la vida y una moralidad derivada, por lo que cabría interpretarlas como religiones sustitutivas.

    Ha sido muy fuerte en la historiografía la tendencia a omitir la religión como un elemento no ya crucial sino simplemente importante en el devenir humano. La mayoría de los estudios deja clara o sobrentendida la idea marxista, y no solo marxista, de que es la economía la que da contenido y sentido a la historia, constituyendo la religión una superestructura  fantástica, innecesaria  y de algún modo parasitaria, que solo merece examinarse, a su vez, desde  una perspectiva económica o política. A esa concepción cabe oponer la presencia universal de la religión en las culturas y la importancia que estas le han dado siempre, un hecho que no puede ser  trivial o despreciable.

   La condición humana se caracteriza por la consciencia del mundo y de sí misma, y esa consciencia genera una profunda angustia, capaz de bloquear la psique. El hombre percibe que todos sus afanes acaban derrotados por la muerte; que su vida está sujeta a azares que no dependen de su voluntad; que nunca logra orientarse del todo en el laberinto de sus propios deseos, a menudo contradictorios, y del conflicto con los deseos de otros; que ni siquiera está en el mundo por un designio o voluntad suya; que, en fin, tan perecedero y ajeno a su voluntad como su misma vida individual es la de la especie y del mundo que le cobija y le hostiga a un tiempo. No es ilógica la intuición de unas fuerzas, unas voluntades misteriosas  (espíritus, dioses…) por encima de la vida y del mundo. Esa intuición, más o menos difusa u oscura, provoca en la psique un doble e intenso sentimiento de adoración y de terror, origen de mitos, ritos para hacer propicia a la divinidad, arte, razonamiento…, en fin, la cultura propiamente dicha. En ello debe coinsistir el fondo común a la religiosidad en todas las culturas, por muy variadas que sean sus expresiones. Las divinidades dan orden y sentido a la vida, y la religión cumple un doble papel: calma  –nunca por completo–  la angustia esencial y paralizante propia de la condición humana ofreciéndole consuelo por las insuficiencias de la vida y por la muerte forzosa, liberando así las energías psíquicas necesarias  para afrontar las exigencias de la vida con vistas a la conservación individual y como especie.

   Dicho de otro modo: en las concepciones hoy más corrientes de la historia, la religión es relegada a subproducto ilusorio o poco relevante de la actividad práctica humana, a menudo reducida a la económica o (en Freud) a la sexual. La religión sería una proyección fantástica e innecesaria de las exigencias de la vida práctica, lo que vuelve difícil explicar su carácter universal. Sostengo que no se trata de una ilusión, sino de la intuición, más o menos clara, de la fuerza o voluntad  (así conceptuada por analogía con las capacidades humanas) misteriosa, pero necesaria, subyacente a las caóticas, variadísimas y perecederas apariencias de la vida y del mundo. Y que de esa intuición derivan a su vez las manifestaciones históricas y culturales de la vida humana.

   Por otra parte, las leyes y costumbres que buscan regular los conflictos sociales que condicionan y frustran a los individuos, no podrían mantenerse sin inspirarse en unos valores generales cuyo fondo último es religioso, por encima de convenciones, intereses o deseos particulares. En Europa ha solido oponerse la razón a la religión; pero no solo el poder de la razón es limitado, sino que, como los demás rasgos humanos, aparece como un “don”, como algo “otorgado”,  que no procede de la voluntad o decisión de ningún ser humano o conjunto de ellos y remitepor tanto a algún designio no humano.

   Así,  debería entenderse la religión, no como un factor secundario en la historia humana, sino central y generador de cultura. No puedo abordar a fondo aquí la cuestión, pero baste señalar ese enfoque, por otra parte nada nuevo y que intuyo productivo.

    Un rasgo del catolicismo ha sido cierta separación entre el poder espiritual y el poder político, ausente o más débil en otras culturas. El poder religioso estuvo y está centralizado en Roma, frente a las soberanías políticas, dispersas en estados nacionales o imperiales. Esa separación, causante de tensiones y hasta conflictos armados, ha dado espacio a un concepto de la libertad más agudo que en otras civilizaciones. Donde triunfó la expansión protestante, el poder  espiritual se disgregó en muchas tendencias particulares, sin sede común, mientras que el cristianismo oriental siempre estuvo mucho más próximo y mediatizado por el poder político que en el catolicismo.

   Junto con el cristianismo, otra raíz común a la cultura europea ha sido el legado del arte grecolatino, así como, menos generalizadamente, el derecho romano. Y muy especialmente el pensamiento: Europa puede definirse también como la cultura de la filosofía, no porque no existan filosofías en otras civilizaciones, sino porque en ninguna han alcanzado influencia, desarrollo y diversificación comparables. Estos legados fueron transmitidos precisamente a través del cristianismo  desde la caída de Roma.

    Como producto de esa herencia, Europa ha destacado, en conjunto, por  su productividad cultural en el pensamiento, la ciencia, la técnica y las artes, con más intensidad en unos países que en otros, superando en todo ello a cualquier otra civilización, aun recordando los altos niveles logrados por algunas como la china, la india o en su mejor época la islámica. Desde la pintura o la música a la filosofía, desde las matemáticas a la literatura, la ciencia y la técnica,  en ningún  otro continente a se ha producido una explosión tan sostenida de la alta cultura, a través de sucesivos movimiento que han abarcado, si no a todos sus países, a algunos que más han marcado con su impronta al conjunto:  así el Románico, el Gótico, el Renacimiento, el Barroco, la Ilustración, el Romanticismo, el Liberalismo, el Capitalismo, el Marxismo,  los fascismos, etc. La democracia liberal, en cambio, ha llegado a Europa desde fuera, desde Usa, si bien esta fue engendrada a su vez por el pensamiento político europeo.

   Cabe hablar, por tanto de una verdadera civilización europea, quizá la más diferenciada internamente que ha existido, muy diversificada en naciones, sistemas políticos y culturas o subcivilizaciones;  en esa diversidad radica una causa de su riqueza cultural y dinamismo.

 

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¿Existe una civilización europea? (I)

Blog I Las asombrosas historietas de Ángel Viñas, Helen Graham y otros: http://gaceta.es/pio-moa/asombrosas-historietas-angel-vinas-h-graham-02032016-1417

 **  Es posible que “Cita con la Historia” no pueda emitirse en adelante en Radio Inter, pero en ese caso emitiríamos en otra emisora. El próximo domingo esperamos emitir, a la hora acostumbrada, la sesión dedicada a la Leyenda Negra, con presencia de Iván Vélez, autor, precisamente, de “Sobre la Leyenda Ne*gra”, publicada en ediciones Encuentro.

***Observen que en el circo y la farsa inaudita en que se ha convertido la política española, ningún líder de partido ha hablado realmente de los problemas de fondo. Todo son intrigas baratas y peleíllas por el poder entre quienes quieren disgregar a España o llevarla a una situación venezolana, y quienes quieren disolver al país en la UE y llevan años facilitando los separatismos y los radicalismos. Es una pugna entre partidos zapateriles, unos más radicales, otros menos, pero todos “trabajando” con la herencia de Zapatero.

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 Pese a lo dicho, cabría cuestionar la existencia real de una civilización europea: siendo hoy Europa, después de Oceanía, el continente de menor extensión  y menos poblado (unos diez millones de km2 para 750 millones de habitantes, comparado con los 44  y 4.200 respectivamente de Asia, los 30 y 1.100 de África o los 42 y casi 1000 de América), es también el más diversificado relativamente en naciones y estados (46) y también en culturas nacionales. Encontramos estados tan mínimos como el Vaticano, con menos de medio kilómetro cuadrado (que ejerce sin embargo influencia mundial) y tan vastos como Rusia, que ocupa casi un 40% del continente.  Y diferencias demográficas no menores, entre los 15-27 habitantes por km2 de los países escandinavos y Rusia hasta los más de 400 o 370 de Holanda y Bélgica.  

    La lengua, factor cultural de primer orden, tampoco ofrece la menor homogeneidad, salvo por una remota raíz indoeuropea. Las principales se hallan diversificadas en tres grandes familias, eslava, germánica y latina, que por sí solas suponen el 95% de la población total, más otras ramas menores como la céltica o la griega, y algunas no indoeuropeas y poco habladas, como el finés, el húngaro o el vascuence. Dichas tres ramas son ininteligibles entre sí, y cada una de ellas se diversifica en lenguas y dialectos poco o nada comprensibles entre ellos sin estudio. Hay además tres alfabetos, griego, cirílico y latino, con predominio de este último. La lengua con más hablantes nativos es el ruso, más de 160 millones, seguida del alemán,  con 90 millones, el francés, inglés  e italiano, con unos 65 millones cada uno, el español el polaco y el ucraniano con más de 40 millones cada. No obstante las lenguas europeas con mayor número de hablantes nativos son el español y el inglés, fuera de Europa la mayoría de ellos.

  Esta gran variedad lingüística, hace que la gran mayoría de los habitantes de una nación no puedan entenderse con los de la vecina, aunque tienda a emplearse un inglés elemental en muchos casos. Los ámbitos lingüísticos van más allá, marcando cada uno de ellos  fuertes  peculiaridades étnicas y de otro tipo. Las diferencias lingüísticas se extienden a la literatura, asimismo muy variada en estilos, tonos y temas según los países, o el arte en general, la arquitectura popular, la canción,  la culinaria, etc. Inglaterra, España, Rusia, en menor medida Francia o  Portugal, han creado vastos ámbitos culturales propios, especie de subcivilizaciones, en varios continentes.    

   La desigualdad lingüística se acompaña de otra en el aspecto físico, que difiere notablemente entre la población germánica, la latina y la eslava, aun con bastante mezcla entre ellas. Esta diversidad interna no impide que la población europea difiera físicamente más aún de la africana o la asiática, tomadas en conjunto.

   Permanecen asimismo fuertes  diferencias económicas,  particularmente entre el este europeo, por lo común más pobre que el centro y el oeste, o entre las economías nórticas y las mediterráneas. Hay países intensamente industrializados y otros mucho menos o más agrarios o con mayor peso de los servicios;  y las variaciones en estructura económica, política fiscal o  constituciones políticas  son también muy significativas, como el peso de tales o cuales partidos, aunque se han creado internacionales de una u otra tendencia, tampoco demasiado homogéneas…

   La historia interna de Europa ha distado de ser armoniosa y tranquila. Las guerras entre sus países  han menudeado siglo tras siglo, algunas tan devastadoras como la de los Treinta Años en el XVII, o las dos mundiales del XX. Estas dos última señalan la decadencia del continente como un todo.  Como efecto de las guerras, las fronteras han cambiado  de forma sustancial muy a menudo, hasta nuestros días.  España es uno de los países con fronteras más estables desde hace siglos, pero la mayoría han sufrido  rectificaciones notables aún en pleno siglo XX. Así Francia, Alemania, Rusia, Reino Unido, Suecia, Polonia y las demás naciones del centro-este, Grecia… Los golpes, revoluciones y guerras civiles han menudeado,  y de la disgregación de los imperios han brotado nuevos estados;  uno,  Yugoslavia,  ha sufrido una sangrienta desintegración en tiempos muy recientes.

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Tusell y el descrédito de la historiografía universitaria

  Blog I: En qué y por qué yerran Fontana y Fusi: http://gaceta.es/pio-moa/yerran-fontana-fusi-01032016-0849

**Al final de Cita con la Historia hemos introducido una sección de “canciones para la historia, empezando por algunas de la SGM. De momento, Lili Marleen (https://www.youtube.com/watch?v=wh4qe0Hp6RU) y V Zemlianke: https://www.youtube.com/watch?v=rxthXooFifs. La sesión del próximo domingo versará sobre la leyenda negra. En canciones seguiremos con “La guerra sagrada”, soviética.

**”Cita con la Historia”: los problemas políticos de los nacionales y el Frente Popular durante la guerra: https://www.youtube.com/watch?v=gKRXDJqHXug

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 No me refiero, claro está, a toda la historiografía universitaria, sino sólo a la referida a la república y la guerra civil, cuya muy mediocre calidad intelectual y deontológica he podido comprobar fehacientemente, y ahora, por enésima vez, en un artículo de Javier Tusell, en El País, sobre el revisionismo histórico.

   Tusell arremete especialmente contra César Vidal, José María Marco y un servidor, e incluye, sin venir mucho a cuento, a Tamames. El problema para Tusell es éste: “En España ha aparecido un revisionismo histórico en los últimos tiempos que siempre ha movido a la duda acerca de si merecía la pena dedicarle alguna atención”. ¿Duda? Ninguna. Tusell y otros de su cuerda le vienen concediendo la máxima atención. No la atención que uno esperaría de personas intelectualmente agudas y de espíritu liberal, sino más bien la de grupillos de poder con aspiraciones a monopolizar el cotarro, asustados por la competencia.

   En cuanto a mis libros –los otros aludidos hablarán de lo suyos, si lo estiman oportuno–, las réplicas de Tusell y compañía nunca han pasado de exhortaciones a la censura, a sepultarlos en el silencio. El prestigioso historiador Stanley G. Payne, libre de las conocidas servidumbres de la universidad española, lo ha expuesto con precisión: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y, si discrepan, demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales que afronta…”.

  A juicio de Tusell, el nefando revisionista “no parte de preguntas, sino de seguridades o de presunciones. No acude a fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad. Lo hace, sin embargo, con extravagancia, acudiendo a interrogantes inapropiados (…) suele magnificar el dato irrelevante para sus propios fines o tomar la parte por el todo. Huye de matices porque lo suyo es el dualismo maniqueo, la simplificación o la parcialidad”. Espléndida descripción inicial, cuyo único defecto es que no la demuestra en ningún momento. Son acusaciones por las buenas, simplemente, y que se le podrían aplicar a él, como veremos.

   Por descender de la retórica a los hechos, yo he basado lo fundamental de mi investigación en los archivos del PSOE guardados en la Fundación Pablo Iglesias, en especial el archivo de Largo Caballero, en el Archivo de Salamanca y otros, en el diario de sesiones de las Cortes, en las declaraciones de los políticos en la prensa de la época, en los testimonios de los procesos… Es decir, lo he basado en fuentes indiscutiblemente primarias, como sabe muy bien todo aquel que me haya leído, en especial el libro Los orígenes de la guerra civil, el cual considero la clave del resto de mi obra. Si Tusell lo ha leído miente al decir lo que dice; y si no lo ha leído parlotea, y en ello se retrata, no precisamente como el intelectual serio por que pretende pasar.

  La duda sobre si ha leído aquello que critica se acrecienta cuando describe así mis trabajos: “Moa empieza, por ejemplo, por considerar que la CEDA no era nazi, para llegar a la conclusión de que la Guerra Civil empezó por culpa de la izquierda en octubre de 1934. Pero, además, presume una conspiración desde comienzos de siglo de izquierdistas y nacionalistas y dice descubrir su capacidad destructiva… ¡en una sociedad secreta!”. Evidentemente, Tusell puede aplicarse a sí mismo lo del “dualismo maniqueo, la simplificación y la parcialidad” que achaca a otros; por no decir sin más que miente. Si algo queda perfectamente nítido a partir de las fuentes primarias del PSOE, que Tusell ignoraba y quiere seguir ignorando, es que en 1934 (70 aniversario este año) dicho partido se propuso, textualmente, organizar la guerra civil para implantar una dictadura proletaria. Sobre ello no puede caber la menor duda a nadie que, simplemente, quiera abrir los ojos. Y no sólo se propuso el PSOE la guerra civil, sino que la llevó a cabo, aunque fracasara, dejando la broma de 1.400 muertos en dos semanas. Y fracasó porque los obreros no le siguieron, salvo en la cuenca minera asturiana, y porque la CEDA, que desde luego era un partido moderado, contra lo pretendido años y años por la propaganda contraria, defendió entonces la legalidad republicana y las libertades. Algo muy parecido a lo del PSOE puede decirse de los nacionalistas catalanes de la Esquerra. ¿Llamaría Tusell a esto “datos irrelevantes y magnificados interesadamente”?

   Por otra parte yo no hablo de culpas, pues, sean cuales fueren, debemos darlas ya por zanjadas. Lo que he procurado ante todo es hacer inteligibles los procesos, ideologías y falsos razonamientos que llevaron a la guerra, pues comprenderlos puede ayudarnos a evitar derivas parecidas. En cambio las condenas arbitrarias tan abundantes en los últimos tiempos sólo reabren las viejas heridas y odios, labor en que está empeñada ahora tanta gente, con una desvergüenza e irresponsabilidad que no suscita crítica alguna en intelectuales tan supuestamente escrupulosos como Tusell.

Sobre la “conspiración” y la “sociedad secreta”, o bien Tusell, una vez más, no ha leído mis libros, o bien no ha entendido nada de ellos, pese a concordar todo el mundo en que escribo con claridad. Nunca he creído en las teorías conspiratorias de la historia, pero es evidente que las conspiraciones han existido siempre y han tenido un papel. La “sociedad secreta”, la masonería, supongo, tuvo influencia de sobra comprobada en algunos sucesos y momentos históricos (en las primeras Cortes republicanas, por ejemplo, había más masones que representantes de cualquier partido). Pero una cosa es señalar tales hechos indudables –y no disimularlos, como hacen algunos historiadores–, y otra explicar el desarrollo histórico a través de conspiraciones masónicas, cosa que yo no he hecho en ningún momento.

Tusell, por tanto, necesita falsificar mis tesis (como otros muchos) para atacarlas, probando así la inconsistencia y carácter fraudulento de su crítica. Y aún más fraudulento y contradictorio resulta el hombre cuando justifica su retirada ante un debate intelectual con el patético argumento de que los libros revisionistas “en nada facilitan la convivencia”. Si esto fuera así, y precisamente por su peligro para la convivencia, Tusell y compañía deberían esforzarse en polemizar hasta hacer añicos las tesis de esos libros, máxime cuando gozan de tal difusión. ¡Pero hacen justamente lo contrario! Rehúyen el debate amparándose en exigencias académicas que, como acabamos de comprobar, no cumplen ellos mismos en lo más mínimo. Para colmo, no se les ocurre otra cosa que despreciar a los lectores, a quienes tildan de “público poco propicio a sofisticaciones”. Payne, Seco, Cuenca Toribio y otros más han hecho grandes elogios de mis libros. ¿Serán poco propicios a sofisticaciones? En fin, con tales argumentos entramos en el terreno de la puerilidad, también muy reveladora del “nivel científico” de tales críticos. La convivencia entre los españoles, señor Tusell, debe basarse, entre otras cosas, en la búsqueda y el respeto a la verdad histórica, y no en el mantenimiento de mitos convenientes para algunos grupos de presión.

¿Por qué extiendo al conjunto de la historiografía universitaria el descrédito que, en rigor, sólo corresponde a gente como Tusell? Por dos razones: porque son estas gentes quienes han marcado la pauta, han pontificado y dominado en ese mundillo durante muchos años; y porque otra gente mucho más valiosa ha mantenido una postura acoquinada, asustadiza y hasta reverencial ante los más gritones y descalificadores. El desprestigio de una institución no lo labran sólo los charlatanes prepotentes, sino también, y no menos, las personas de mérito pero escasas de valor moral para enfrentarse a aquellos resueltamente, con la razón pero sin falsos respetos. Si estos últimos tienen en cuenta lo que está en juego, es de esperar que encuentren los bríos necesarios para no inhibirse y disimular ante la superchería.

   (En La ilustración liberal, nº 21-22)

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Guernica, Badajoz y la técnica de la falsedad profesionalizada (y III)

 

   Por no seguir, podemos considerar otro modo típico de manipular con apariencia de objetividad. El artículo sobre la matanza de Badajoz en la wikipedia (la wiki en español sobre temas de estos suele ser un verdadero desastre) se dedica a poner juntas versiones diversas, con apariencia de objetividad:  “El escritor Pío Moa niega los fusilamientos en la plaza de toros (lo que niego es la matanza famosa. Hubo algunos fusilamientos allí, como en otros lugares) y   propone una cifra entre 500 y 1.500 represaliados”. En cuanto a Francisco Pilo, “pone en duda tanto la presencia de Jay Allen en Badajoz como el número de ejecuciones que éste refiere, en contra de la opinión mayoritaria defendida, entre otros, por Paul Preston, que considera a Allen un referente del periodismo de guerra”.  Pilo no pone en duda, sino que demuestra la ausencia de Allen en Badajoz,  ausencia que ya a mí me pareció extremadamente probable. Y la opinión de Preston vale tanto como el propio relato de Allen. Nos contrapone como “escritores” a una serie de “historiadores”, y casi todo el resto del artículo son citas de los creyentes en la matanza, mezclando la plaza de toros con los fusilamientos sumarios, a quienes el deshonesto articulista procura dar mayor veracidad simplemente  por el número. … aunque no puede evitar las continuas contradicciones entre ellos, desde 1.200 a 8.000, aunque “cree” la cifra de 4.000 la más aproximada. Matanzas perpetradas, según unos, por los falangistas, según otros por guardias civiles, o por los moros, o por los legionarios… No cita el testimonio irrebatible del izquierdista Neves sobre el estado de la plaza de toros, que excluye la posibilidad de la célebre matanza-espectáculo, y en cambio cita que el hombre estaba horrorizado y quería marchar de Badajoz y no volver nunca… En fin, lo por degracia demasiado habitual.

    El manipulador  articulista de la wiki  “explica” además que la supuesta matanza “tuvo una gran influencia en el desarrollo de la guerra. La publicación en la prensa extranjera de estos sucesos ocasionó que Franco a partir de entonces ordenase el cese de matanzas que pudieran tener gran trascendencia mediática y perjudicase la imagen de los sublevados, y por otro lado, la propaganda republicana publicitó enormemente este hecho, convirtiéndolo en justificante de otros sucesos posteriores, como las matanzas de Paracuellos”.  Nueva manipulación: da por “hecho” una invención propagandística, cuando la  matanza famosa de Badajoz  no existió, mientras que la de Paracuellos sí. Y que esta última no se justificó por la imaginaria de Badajoz, sino por otras razones más “prácticas”. Además, Franco no ordenó “a partir de entonces” el cese de tales sucesos, sino que  la orden al comienzo de las operaciones señalaba: “La reducción de focos rebeldes se efectuará con energía, excluyendo la  crueldad, respetando en absoluto a mujeres y niños y excluyendo toda clase de racias”.  las instrucciones de Yagüe, días antes de Badajoz (el 11), advertían que los enconos propios de una guerra civil llegan a provocar actos  “que pueden debilitar la virtud básica de la disciplina y desprestigiar”, por lo cual “los actos de crueldad serán severamente castigados”, sin permitir racias ni pillajes, haciendo responsables de ellos a los jefes y oficiales. Y al día siguiente, Franco insistirá  “En el paso y estancia en los pueblos es indispensable mantener el soldado en la mano, sin permitir que se desperdigue ni cometa desmanes ni pillajes, bajo severas penas”.  Seguramente no era siempre la conducta observada, pero era la orientación bien clara. Nunca hubo orientaciones semejantes entre los autores de Paracuellos y otras muchas masacres, y cabe recordar que los rojos se jactaban en sus partes de sus bombardeos sobre población civil, cosa que Franco prohibió aunque en contadas ocasiones fuera desobedecido.

   Lo visto permite atisbar las técnicas con las que se manipula tan a menudo la realidad histórica, y como ello suele tener origen periodístico. Creo que tanto el libro Guernica como  La matanza de Badajoz… debieran ser textos de obligada lectura en las facultades de Periodismo, por su cuidadosa disección del modo como periodistas  llevados de la pasión ideológica o simplemente sinvergüenzas, pueden distorsionar la verdad. No es infrecuente que alguien invente algún suceso o frase, luego repetido incansablemente. Ni  Galileo dijo eppur si muove  ni Voltaire escribió  “Detesto lo que dice, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo” (se proponía aplastar a la Iglesia, consigna no muy tolerante), pero miles de otros autores las han repetido y millones las han creído. En el siglo XX, las técnicas de propaganda se han refinado mucho, pero permanece la esencial de repetir  ad nauseam una supuesta verdad. Subrayada por invectivas contra quienes la pongan en duda:  “fascista”  “facha”, “reaccionario”, etc., son hoy las más frecuentes. A.Koestler, que también contribuyó a estas leyendas,  cuenta cómo Münzenberg le gritaba, al leer sus escritos: ¡Demasiado flojo! ¡Demasiado objetivo! Pégales, pégales fuerte! ¡Di al mundo cómo arrollan a los prisioneros con sus tanques, cómo los bañan con petróleo y los queman vivos! ¡Haz que el mundo se estremezca de horror! ¡Machácales esto en la cabeza! Generalmente la verdad es defendida con menos apasionamiento y ello suele hacerle perder sugestión sobre las masas… y sobre muchos ilustrados.

    En España, la mentira ha cobrado mayor fuerza por cuanto apenas ha chocado con resistencia. Denuncias como las de Julián Marías contra la mentira profesionalizada, o la obra de francotiradores como Ricardo de la Cierva, han sido casi inútiles, debido a la política de la UCD primero y el PP después, de dar vía libre a las más gruesas falsedades antifranquistas, para terminar compartiéndolas. La lucha contra una desvirtuación del pasado, que “cierra el horizonte de España” se ha hecho así mucho más ardua y hasta peligrosa, por cuanto supone soportar una amplia  hostilidad y hasta ostracismo social.

    ¿A qué se debe la activísima  difusión de estas falsificaciones?  La causa más evidente es  el “furor ideológico”.  Una vez  demonizado el bando nacional como fascista,  opresor,  reaccionario, oscurantista, explotador,  enemigo del pueblo, de la libertad, etc., cuanto se diga contra él, incluso las invenciones más burdas, parecen meritorias contribuciones al progreso, la democracia y la ilustración. Bajo ese furor operan intereses más concretos. Los autodeclarados herederos del Frente Popular entendieron enseguida que atacar sin trabas al régimen anterior, aprovechando el vacío ideológico de la derecha, les proporcionaba un plus de legitimación y una posición de superioridad moral muy útil para ganar elecciones y el poder consiguiente.

    El efecto general ha sido la imposición en la sociedad española de una visión profundamente mendaz de la historia reciente y más en general de todo el pasado del país. Sería ingenuo o frívolo creer que tal fenómeno carece de importancia, pues salta a la vista que tales versiones fundamentan el espíritu y la práctica de las políticas que actualmente vuelven a poner en riesgo la subsistencia de España. Por esta razón, ningún esfuerzo por contrarrestar tan perniciosas derivas será superfluo.

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Guernica, Badajoz y la técnica de la falsedad profesionalizada (II)

 ** Cita con la Historia. Este domingo trataremos la evolución política de la guerra civil, después de haberlo hecho con la evolución militar (https://www.youtube.com/watch?v=VXACg934MrI) . Por qué un bando resolvió bien y con poca sangre sus problemas internos y el otro lo hizo mediante el terror. El tema del pasado domingo fue la expulsión de los judíos de España, sobre el que se han creado también muchas interpretaciones falsas. www.citaconlahistoria.es, y https://www.youtube.com/watch?v=BJBaAKDdqFE.

En la sección “canciones para la historia”, la “Lili Marleen” rusa: “V zemlianke” (en el refugio subterráneo).

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   Otro gran  mito, más bien seudomito típico,  es el de la matanza de la plaza de toros de Badajoz.  Así como  el bombardeo de Guernica existió, aunque su carácter haya sido desfigurado de modo bárbaro y sus efectos exagerados sin tasa, la matanza de Badajoz es una invención de cabo a rabo. Su autor fue el periodista useño Jay Allen, agente propagandístico del Frente Popular, que dijo haber estado en Badajoz  unos días después de la matanza, de la cual le habrían informado a fondo los propios oficiales franquistas: “Miles de milicianos y milicianas  fueron masacrados por defender la República contra la embestida de los generales y terratenientes”.  Habla de “fusilamiento ceremonial con banda de música”  y “matanza de prisioneros a los acordes de la Marcha Real y del himno falangista, con gran asistencia de público”.   “La sangre empapaba más de un palmo de arena en el lado más alejado del ruedo”. Etc. A continuación se desató una competencia entre Allen y la prensa del Frente Popular por imaginar detalles morbosos o macabros. Habrían sido fusilados indistintamente mujeres y niños, habrían sido toreados prisioneros (por cierto esto último lo hicieron los rojos en varias ocasiones).

   Otro periodista useño del  estilo de Allen, J. Whitaker,  dio testimonio del propio conquistador de la ciudad,  el  teniente coronel Yagüe, quien, con la misma amabilidad que los oficiales que habrían informado a Allen, hizo propaganda contra su propia causa: “Por supuesto que los matamos. ¿ Iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?”. Las frases son absurdas. La alternativa no era soltar a los presos o llevarlos con las tropas, sino meterlos en la cárcel o un campo de concentración, que exige pocos guardianes como todo el mundo sabe. Por lo demás, lo de los 4.000 fusilados es la cifra dada por Allen y que se ha hecho “canónica”, aunque muchos la han elevado al doble y más.    

   ¿Por qué sabemos que no existió tal matanza? Por el testimonio del corresponsal portugués Mario Neves, presente cuando la conquista de la ciudad el 14 de agosto y los días siguientes. El día 15, fecha del supuesto espectáculo, escribe: “Fuimos enseguida a la plaza de toros, donde se concentran los camiones de las milicias populares. Muchos de ellos están destruidos. El lugar ha sido bombardeado varias veces. Sobre la arena aún se ven algunos cadáveres (…)  Hay, aquí y allá, algunas bombas que no han explotado, lo que hace difícil y peligrosa una visita más pormenorizada”. Volvió al día siguiente y encontró que “no tiene aspecto diferente del que observamos ayer, lo que nos lleva a suponer que el rumor (de los fusilamientos) es infundado”. Ni Neves ni los demás corresponsales presentes hablaron más de la masacre famosa. Sin embargo, la leyenda, como la de Guernica, dio la vuelta al mundo, repetida en mil versiones,  y sigue revoloteando por los libros de “historia” y relatos periodísticos en desafío a la evidencia.

     Los divulgadores del clarísimo embuste acostumbran embrollarlo con otros muertos en combate o fusilados sobre la marcha al tomar la ciudad, que a su vez había costado muchos muertos a los nacionales. Y ello requiere algunas explicaciones. Los nacionales no consideraban a los milicianos soldados regulares sujetos a las normas de la guerra, sino algo parecido a bandidos. Opinión reforzada porque, en su avance desde Andalucía, habían  comprobado atrocidades de los milicianos, de un salvajismo increíble, como  familias enteras quemadas vivas,  niños incluidos, crucifixiones y matanzas indiscriminadas. La respuesta a estos hechos, narrados y fotografiados, fue el fusilamiento sumario de muchos de los autores.

   Se ha divulgado una supuesta denuncia de un agregado militar alemán, llamado Von Funck, a Hitler, diciéndole que nunca había visto brutalidad y ferocidad como la de las tropas nacionales, por lo que no aconsejaba el envío de tropas alemanas a España.  Dada la suma ingente de falsedades propagandísticas, tendría interés la exhibición de tal carta, que no parece referirse a la ciudad de Badajoz, sino a la marcha desde Andalucía. Debe señalarse que  Alemania  mantuvo su embajada en Madrid hasta noviembre, por lo que  sorprende que su agregado militar anduviera  con los nacionales, aunque tampoco es imposible. Pero choca que, siendo alemán, le asombraran tales fusilamientos: así había obrado el gobierno socialdemócrata con la insurrección espartakista o con el soviet de Baviera. A su vez, Azaña consigna en sus diarios su orden de fusilar a los anarquistas capturados con armas en la insurrección del Alto Llobregat, en enero de 1932.

   ¿Cuántos milicianos fueron fusilados o cayeron en los combates de calles en Badajoz?  Un corresponsal contrario a los nacionales, J. Berthet, da la cifra de 1.200, aunque obviamente no los contó: se trata de un cálculo impresionado e impresionista. El historiador A. D. Martín Rubio ha utilizado el registro civil de Badajoz, encontrando que hasta 1945 hubo 1.080  muertes atribuibles a la represión, de los que 493 corresponden al verano-otoño de 1936. El investigador izquierdista F. Sánchez Marroyo, eleva especulativamente el número a 1.500 hasta finales de aquel año, incluyendo  caídos en combate. Las cifras de Martín Rubio, mejor documentadas, son seguramente las más próximas a la verdad.

   En Los mitos de la Guerra civil pude establecer los hechos más razonablemente creíbles, criticando las versiones de Jay Allen o inspiradas en este, y dudé mucho de que Allen hubiera estado siquiera en Badajoz. Y unos años después, la minuciosa investigación de F. Pilo, M. Domínguez  y F. de la Iglesia La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda, daba la razón de mis sospechas: Allen lo había inventado todo, empezando por su supuesta estancia en Badajoz, no digamos los relatos que le hacían “en susurros” unos oficiales franquistas al parecer tan interesados como él en crear el bulo. Tiene interés  saber que el periodista ya había prestado servicios delictivos al PSOE cuando en octubre de 1934  decidió lanzarse a la guerra civil para imponer una dictadura “del proletariado”.  El libro citado examina asimismo las manipulaciones de otro corresponsal que contribuyó al mito, J. Berthet, y sus relaciones con el NKVD soviético y con el aparato de propaganda de la Komintern dirigido por Willi Münzenberg, auténtico genio de la manipulación propagandística. Debe entenderse que para ellos  la verdad carecía de importancia frente a la conveniencia de  dañar al “enemigo de clase” suscitando indignación entre la opinión pública europea y americana,  para forzar a sus gobiernos a intervenir en España a favor de Frente Popular. Y así siguen muchos “derrotando” en la propaganda a los nacionales ochenta años después.

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