Cervera Gil patina / Razón española

 Blog I: ¿Por qué hubo hambre en la posguerra? / Katiusha preludiaba la fiesta: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Un  amigo me ha remitido una crítica de Javier Cervera Gil a mi libro Franco, un balance histórico. Está en una revista de la universidad Francisco de Vitoria y data de 2006. Siento que me pasara inadvertida en su momento y voy a comentarla porque trae cuestiones de interés, tanto sobre cuestiones historiográficas como sobre el nivel de la historiografía española, no solo en la lisenkiana izquierda, sino en la derecha católico-progresista.  El señor Cervera asegura que mi libro es  “una loa irreflexiva, acrítica, que nos presenta a Franco como un salvador de la Patria o casi un héroe medieval al modo de las novelas de caballerías”.  Dice, además, que me “conoce bien” y me trata de “ridículo”,  “falto de rigor” etc.  y, para seguir el ejemplo de los lisenkianos, me excluye del gremio de los historiadores.  Yo no estoy muy seguro de que haya entendido siquiera mis libros, y por lo demás, un historiador no tiene por qué pertenecer a un gremio que, en España, no es precisamente brillante.

La crítica tiene un aspecto de enfoque general y otros de detalle. El enfoque general sería este:  “Es indudable que el Franquismo trajo cosas buenas a España. Moa enumera varias, pero olvida algo esencial para el ser humano, que forma parte de su propia dignidad: la libertad. Eso no está entre los caracteres que atribuye a la dictadura franquista… A Moa le parece la libertad irrelevante, parece ser”. Por tanto, fueran cuales fueran los logros del franquismo, pueden darse de lado ya que  el régimen impedía “la libertad” y con ello “la dignidad” humana.  Sentado este enfoque, las demás “cosas buenas” carecen de relevancia y sobra seguir por ahí.  Creo que el señor Cervera muestra con respecto a mi libro una mala fe algo farisaica, poco cristiana, aunque eso solo le atañe a él. Lo que interesa es que un historiador serio no puede hablar, simplemente, así. Desde los marxistas a los católicos progres (el propio Cervera) se ha acusado al franquismo de destruir la libertad. Pero un historiador algo riguroso debe preguntarse, en primer lugar,  qué significaba la libertad para ellos. Y la respuesta no es difícil en los dos casos: los católicos “avanzados”se han dedicado, bajo el franquismo, a  promocionar, incluso haciendo de las iglesias centros de propaganda política,  a los partidos marxistas, a los terroristas  y a los separatistas. Espero que el señor Cervera no ignore el dato, bien conocido y vivido por algunos, como es mi caso.  En cuanto a los liberales, cuya idea de la libertad es mucho más respetable, resulta que vivieron y prosperaron en su gran mayoría bajo el franquismo, con solo algunas quejas y sin resistencia digna de mención. Es decir, el régimen no tuvo una oposición democrática y la que se presentaba como tal era un verdadero amasijo de comunistas, terroristas, pacifistas utópicos, cristianos politizados, marxistas varios, personajes atrabiliarios, etc., todos juntos y con los primeros como punta de lanza de la lucha por “la libertad”.

Este hecho histórico y nada especulativo es definitorio. Los antifranquistas tan partidarios de la libertad lo quieren pasar por alto, pero un historiador con pretensiones de seriedad  simplemente no puede hacerlo. Es decir, el historiador debe explicar cómo se planteaba el problema de la libertad en una situación histórica y no a partir de una definición moralista y vacía, aplicable tanto por totalitarios como por simpatizantes de ellos.

En segundo lugar, el señor Cervera debiera preguntarse por qué los antifranquistas eran tan pocos y en cambio la gran mayoría de la población, incluyendo  personajes de relieve, intelectuales, etc., aceptaba vivir “sin libertad ni dignidad”, como lo presentan él, los marxistas y demás. Y cómo fue la Iglesia, en los años más difíciles de aquel régimen, un pilar del mismo, precisamente.  Una buena respuesta la da Julián Marías cuando constata que en el franquismo hubo, desde el principio, una gran libertad personal. Porque cuando se habla de libertad, una gran palabra utilizada en los sentidos más variados, un historiador debe especificar a qué se refiere. En el franquismo había, en efecto, una gran libertad personal, existía la propiedad privada y la economía era fundamentalmente de mercado o liberal –como explicaba Marías—y el estado mucho más pequeño y menos entrometido en la vida de las personas que el de ahora mismo. Otra cosa son las libertades políticas, aspecto importante pero no exclusivo de la libertad. Las cuales  no estaban anuladas pero sí restringidas.  Solo hay que releer la prensa de entonces para comprobarlo. No parece que el señor Cervera tenga mucho olfato ni precisión  como historiador.

El hecho, que he señalado en ese libro y en muchos más, es que las libertades políticas, la democracia en definitiva, tan bastardeada en la república y destruida por el Frente Popular, no desempeñó el menor papel en la guerra civil por ninguno de los dos bandos, mientras que el franquismo preparó, deliberadamente o no, al país para una democracia no convulsiva. ¿O cree el señor Cervera que la democracia actual se debe a él y a personas como él? Mi opinión es la contraria: la distorsión propagandística y la mala historiografía  como la de mi crítico, que intentan borrar o distorsionar las más claras evidencias de la historia real, son en gran medida culpables de que nuestra democracia sea tan deficiente  y corra hoy verdadero peligro.

Repito: en todo libro de historia puede haber errores de enfoque y errores de detalle. Los primeros son los fundamentales, porque distorsionan todo lo demás,  aunque a veces aporten datos sueltos de interés. Como vemos, el enfoque del señor Cervera no es que sea erróneo, sino que le falta el mínimo rigor exigible a un profesional de la historia. Deficiencia  que, por degracia, el señor Cervera comparte con muchos otros. Dejaré  para otro momento, por no alargarme, los errores de detalle que  mi crítico me achaca y en los que me parece que patina igualmente, cosa bastante lógica.

No sé si el señor Cervera ha evolucionado a mejor en estos seis años, muy posiblemente sí.

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    Razón Española Esta interesante revista ha sacado un número  con artículos del finado  Fernández de la Mora, González Quirós, Alejo Vidal-Quadras, Jesús Cacho  y un servidor, sobre la situación a que ha llegado España.  Ya reproduciré el mío.  Reproduzco un extracto de la crónica política firmada por  Juan Ignacio Penalba:”El recorte de plantilla en el principal periódico de España muestra la decadencia imparable de la prensa de papel ¿Debido a Internet o a la conversión de los periódicos en portavoces de partidos políticos y de los intereses de sus editores? Quien lea los periódicos encontrará a los mismos columnistas de hace 30 años (José María cCrrascal, Rosa Montero, Alfonso Ussía, Manuel Alcántra, Raúl del Pozo), informaciones redactadas por menores de 30 años (la jefa de la sección de economía de ABC, hija de uno de los columnistas, tiene 27 años; joven, barata, obediente e inculta) y la verborrea de los políticos. La familia Godó ha pasado de  loar al generalísimo Franco en las portadas de La Vanguardia a desengancharse de su pasado con la publicación de libros como El franquismo, cómplice del holocausto, escrito por el hijo del militar franquista Eduardo Martínes de Pozuelo.  (…) Martín Ferrand, otro de los columnistas eternos de la prensa española, ha reconocido: “De no ser porque los editores y los redactores somos los mismos, estaríamos asistiendo al brote de un mayor pluralismo; pero, desgraciadamente y salvo excepciones muy singulares, solo tenemos delante una mayor colección de collares para un mismo perro” (ABC, 20-X-2012)

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“España contra España”, índice / Inglaterra y España en el mar

Blog I: Cobardía intelectual /Concha Piquer: La Parrala / Sin cariño no hay vida http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/cobardia-intelectual-concha-piquer-parrala-correctivo-bretemas-20121127

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ESPAÑA CONTRA ESPAÑA. Mitos y claves de su historia

Introducción: La hispanofobia.

Primera parte:

1.      ¿A qué llamamos España?

2.      ¿Es España una nación?

3.      El “Desastre del 98 y sus consecuencias

4.      Las razones de los separatismos

5.      El regeneracionismo y España

6.      Europeísmo e internacionalismo

 Segunda parte

 1.      La democracia en España

2.      Un balance del franquismo

3.      Alcance histórico de la Guerra Civil

4.      Siglo XIX: Liberales contra liberales

5.      Tres guerras sin buen fin

6.      Un siglo bastante bueno para España: el XVIII

7.      La Ilustración en España.

Tercera parte

 1.      La realidad de la decadencia

2.      ¿Hubo en realidad in Siglo de Oro?

3.      La Leyenda Negra

4.      El esplendor cultural

5.      ¿Existió la Reconquista?

6.      ¿España musulmana?

7.      Guadalete y Covadonga

8.      La guerra del destino

 Epílogos 

España y Europa

España y la Hispanidad.

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España y el mar

Probablemente en cualquier parte del mundo en que se preguntara por el país más importante, o distinguido o destacado en la historia por su audacia e historial marítimo marítimo, casi todo el mundo coincidiría en citar a Inglaterra. Quizá algunos mencionaran a los vikingos o a los  navegantes polinesios. En la propia España predomina hoy una conciencia o sentimiento ajeno al mar, como de potencia secundaria más bien continental o apéndice del continente europeo. Lo cual es bastante verdad en el presente.   Y si se habla del pasado, el público en general pensará más bien en grandes derrotas como Trafalgar o la “invencible”, a manos precisamente de los ingleses.

Sin embargo, considerando la historia como conjunto, creo muy sostenible la primera posición de nuestro país en la historia naval del mundo, incluso son diferencia sobre los ingleses o cualesquiera otros. Vale la pena insistir en este capítulo histórico, un tanto preterido, e ignorado por el gran público. Al respecto baste considerar estos tres hechos: fueron flotas o barcos españoles los primeros en cruzar el Atlántico. Lo mismo el Pacífico. Lo mismo en dar la primera vuelta al mundo. Estas y otras muchas empresas sirvieron para descubir, conquistar y colonizar inmensas regiones, y para establecer rutas comerciales por mar entre todos los continentes. Proezas tanto más notables cuanto que se dieron en época de grandes dificultades de comunicación, con buques y tripulaciones expuestos a mil avatares. Cuando las demás potencias europeas, excepto Portugal, solo  conseguían tráficos comerciales menores, o la piratería y la trata de esclavos.

Sobre el punto primero cabe argüir que los vikingos se adelantaron en el descubrimiento de América, pero la equiparación es absurda.  Suponiendo que arribaran allí por la ruta más corta del Océano norte, nunca supieron que habían llegado a un continente, no fundaron establecimientos duraderos ni líneas de comercio.  No fue un descubrimiento propiamente dicho, no más que el de los propios aborígenes americanos cuando se extendieron por ese continente. El descubrimiento español lo fue para todos, europeos  e indígenas americanos, ya que permitió a todos situarse unos en relación con otros.

Por tanto, cuando las demás potencias europeas emprendieron a su vez sus descubrimientos, conquistas y colonizaciones, lo hicieron aprovechando los anchos caminos del mar y descubrimientos hechos por los españoles. Siempre quedará esta diferencia esencial, tan olvidada normalmente.

Además, si España sufrió derrotas a manos de los turcos y los ingleses, otras veces derrotó a ambos, es decir, fue capaz de hacerlo al mismo tiempo que descubría literalmente el resto del mundo.  Pero así como las proezas inglesas han dado lugar a una abundante historiografía y literatura de aventuras o similares, cine, etc., debe reconocerse que las españolas no han recibido ni de lejos el mismo interés o atención en su propio país. Un dato revelador de decadencia.

Porque  el auge y decadencia de España siguen también su proyección naval y pueden estudiarse a partir de esta. En el primer tercio del siglo XVII, España pierde la supremacía en el mar, primero a manos de los holandeses. En el siglo siguiente  la nación va reponiéndose y llegará a  infligir a la armada inglesa el gran desastre de Cartagena de Indias, aunque, en conjunto, es en este siglo cuando Inglaterra alcanza su supremacía en los mares. La participación española en las guerras continentales, primero al lado de Napoleón, trajo como consecuencia el desastre de Gibraltar y con ello la pérdida de la flota que aseguraba  la continuidad del imperio y de la posición de gran potencia. Esta pérdida se tradujo a su vez en la de la mayor parte del imperio, a la que siguió un siglo XIX bastante lúgubre, el de mayor declive de la historia hispana. La pérdida de Cuba, Filipinas, etc., vino también marcada también por  dos derrotas navales con efectos morales y políticos desastrosos.

No está de más considerar estos hechos, aunque hoy, evidentemente, las perspectivas han cambiado profundamente. Pero, por su posición geoestratégica, España sigue teniendo el mayor interés en el mar, y el olvido de este dato solo puede repercutir negativamente sobre el estado de la nación.

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¿Se suicidará la casta política? / ¿Existía la palabra “gilipollas”?

Blog I: Avanza el desmoronamiento de España http://www.intereconomia.com/blogs

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¿Han visto ustedes dimitir o pedir excusas a algún político  por haber patrocinado una política económica ruinosa? ¿Por prometer e insistir en que el euro nos garantizaba una prosperidad  estable y sin fin? ¿Por las chapuzas constitucionales? ¿Por  la colaboración con la ETA? ¿Por una oposición inane a la delincuencia de Zapatero? ¿Por tantas formas de corrupción?…  Todo ello define a una casta política realmente infame, para la que las palabras España o Democracia significan muy poco. Es evidente que hemos llegado al final de un ciclo histórico, comenzado con la transición, incluso, más allá, con la victoria nacional en la Guerra Civil, y la sensación que ofrece el panorama es de miseria y putrefacción.  No ha habido una reacción a tiempo y las perspectivas son más bien lúgubres.

En una reciente conferencia, Otero Novas comentó la posibilidad del suicidio de la clase política actual, que visiblemente ha  llevado al país a la ruina y la amenaza de desintegración. Tales fenómenos no son demasiado raros, y casi por nadie predichos  unos pocos meses antes de que sucedan.  En 1931, la clase monárquica se suicidó literalmente, y algo parecido hizo la clase franquista en 1976. En Italia  el bipartidismo DC-PCI parecía inamovible, y sin embargo se vino abajo casi repentinamente. El problema reside en que la sustitución puede ser igualmente desastrosa. Así, la defección de los monárquicos dio lugar a una república desastrosa,  la transición bajo Suárez  colocó verdaderas bombas de relojería contra la propia nación española y la democracia; y del hundimiento italiano surgió un personajillo como Berlusconi.

En realidad, el agotamiento de una clase o casta política es previsible. No soy el único que viene previéndolo desde hace años, y apelando a la formación de una alternativa bien preparada que  evite los berlusconis y las demagogias. Pero ha sido en vano,  se ve que la sociedad española está muy echada a perder. Se dice a menudo que la casta política refleja a esa sociedad, pero solo es verdad a medias. La casta ha desempeñado el papel activo, y ha sido ella la que ha estupidizado a gran parte de la opinión pública, más bien que  lo contrario.  

Prefiero no hablar de los que insisten en que España debía expulsar a Cataluña.  No sé si son peores que los propios separatistas. Los problemas de España no vienen de Cataluña. Vienen, fundamentalmente de los dos partidos “nacionales”, tan hispanófobos a su modo como los separatistas. Pero los dioses ciegan a quienes quieren perder. Repito el final del blog de la Gaceta: quizá ocurra lo impredecible. Porque lo predecible es siniestro.

***Sobre las elecciones hay un análisis de fondo y de tendencia, que he expuesto en el otro blog, y uno  de política inmediata. En esta, Mas ha llevado un batacazo (no así el secesionismo, al contrario). El PP ha llevado otro batacazo, pasando de la tercera posición a la cuarta, en lugar de a la segunda que le auguraban los entendidos. Para el PSOE el retroceso ha sido –desgraciadamente– menor del esperado. El “brote verde” está en Ciudadanos, único que ha planteado una oposición frontal y clara a los delirios separatistas. Pero dense cuenta del panorama de conjunto: los secesionistas copan el 70% más o menos de la cámara, y el PSOE y el PP, que no son separatistas pero que básicamente les siguen el juego, casi todo el resto. Y sale la Alicia diciendo que los catalanes han votado no a la separación de España.  La estupidez como bandera.

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***Anoche terminé “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Hacía mucho que una novela no me enganchaba tanto como ésta. Una magnífica obra; apasionante de cabo a rabo. Yo la he disfrutado doblemente: como buen aficionado a la lectura y como hijo de un divisionario. Qué familiares me han sido los nombres de Krasni Bor, Ladoga, Vóljov, Lago Ilmen…¡”Carlos Gardel”! Nombres de lugares por los que anduvo mi padre y del que nos hablaba a mí y a mis hermanos cuando rememoraba aquellos tiempos. El organillo de Stalin, el barro, la nieve, los mosquitos…Mi padre falleció hace ya casi veintiún años; cuánto hubiera disfrutado con la lectura de esta gran novela. Mi padre se llamaba Fernando Ramos de Orbe y era de Portugalete, Vizcaya y era Caballero Mutilado de la División Azul. Felicidades Sr Moa, y gracias por tan bonito homenaje a aquellos héroes. (Malaspulgas)

***Extracto de notas sobre Sonaron gritos y golpes a la puerta” (por Joanpi)

1.- El Género literario: Aún sabiendo lo inexactitud que conlleva la categorización de géneros literarios, discrepo de la editorial y de cuantos la han calificado de novela histórica. Es algo así como catalogar de tal La cartuja de Parma, de Stendhal o Guerra y Paz, aunque salgan hechos de batallas de Napoleón y otros. Su novela tiene un tiempo histórico, pero no trata de darnos lecciones de historia, sino de situar unos personajes y lo que les toco vivir y padecer. Su novela no está escrita al estilo de W. Scott y su Ivanhoe. Más bien estaría en lo que actualmente se llama Novela Testimonio. Así catalogaron, por ejemplo Los cipreses creen en Dios de Gironella. Cierto que es un género hibrido entre la historia y el relato notarial que da fe de cómo la vivieron unos personajes. Pero usted no perseguía la historia sino lo segundo. (Todo esto es muy opinable)

2.- El gran valor de su novela ya se lo dije, y lo ha destacado usted mismo algunas veces: no hay tesis. Los buenos y los malos están, pero no hay adoctrinamiento como lo que nos tienen acostumbrados los señores de la divine gauche. Cierto que algunos se portan mal, pero en todos los bandos. Tan sólo la roza en el esperpento del tal Zapatero, una ironía que se permite, más que otra cosa.

3.- Es sólida en general, excepto en dos situaciones:
a) El argumento para que Alberto decida contar sus batallitas , ya se lo dije y me reafirmo. Esos hijos que, dos por comodidad y otro por adscripción al adversario de ayer, han tomado el camino de enfrente, por mucho que diga Alberto que nunca los adoctrinaron debían saber que sus padres estaban en las antípodas. Es poco creíble que nunca supieran de sus visicitudes y del disgusto de sus opciones políticas para sus padres. Poco o nada les va a decir sus memorias.  (Eso lo decide usted por su cuenta. Ha sido muy frecuente en la derecha no contar a los hijos casi nada de la guerra. Máxime en las circunstancias  de Alberto.  Por otra parte llamarlas “batallitas” suena algo chusco).

Más sólido sería, es mi opinión que no hace cátedra, la sugerencia que le hice de que Alberto tratara de dar el efecto dramático de que de su propia mano hubiera venido la muerte de su padre biológico, por mucho que le alcanza por sus acción de espía. Me contestó que trató de huir de las truculencias, y yo le apunto que éstas son más fruto de la forma que del fondo. Con una escena bien montada me parece que hubiera ganado en intensidad trágica y justificado su escritura como confesión final o catarsis personal. Aunque ciertamente algo tiene de esto cuando he leído el epílogo la segunda vez .

b) Las digresiones de los personajes sobre lo que hacen me parecen , a veces algo retorcidas y de un nivel un punto más elevado que sus perfiles de edad y situación social. Me detendré más adelante. (Ya he comentado que están alevadas sobre el tipismo o el costumbrismo, pero no son imposibles ni inverosímiles. Lo digo por experiencia)

4.- La trama tiene momentos desiguales, algunos muy buenos, las peripecias en la Cataluña del momento, la guerra en Rusia es, a veces caótica, pero porque caótica fue la situación, y de lectura fatigosa y poco creíble la de las tertulias e intrigas del Madrid de posguerra. Usted mismo lo ha dicho en su obra Años de Hierro. Ninguno de los grupillos y conspiradores de tasca puso el Régimen en entredicho (¿?). Para tan pocos mimbres no le merece a Alberto renunciar a la vida que estaba recobrando en Barcelona. (Una cosa es que el régimen saliera ganando, otra muy distinta que no estuviera seriamente amenazado y con peligro de agrietarse por dentro al final de la guerra mundial)

5.- A mi me sorprendió, conociendo su poca proclividad a airear lo que se refiera al fornicio,- en absoluto le tengo por un timorato, creo que es otra cosa, simplemente es un hombre con eso que se llama pudor y hoy es anatemizado- el que éste apareciera tan expresamente. Pero a nadie sonroja, es contenido, dentro del buen gusto y fue una situación que las guerras y la incertidumbre de vivir conllevan e incluso en los pueblos que no la padecieron se dieron casos en multitud de ocasiones de relajación de costumbres o agarrarse a vivir el momento.

6.- Los personajes femeninos han sido ya extensamente analizados. Acaso Carmen es excesivamente perfecta, pero bien son creíbles y llenos de connotaciones de buen diseño.

7.- Los personajes masculinos también están bien construidos, Paco me parece más complejo de lo que aparenta, Alberto goza del mismo ánimo pero está menos ideologizado la escena inicial es la que le empuja a algo para lo que, en otras circunstancias, nunca hubiera ocurrido. Ciertamente, la crítica de si tan jóvenes podían ser así, me parece más adecuada al contenido de sus disquisiciones filosóficas y existenciales, nunca a sus acciones, muchos jóvenes se vieron empujados a ese tipo de actitud y, como héroes modernos echaron sobre sus espaldas aquella situación, por otro lado estamos juzgando a jóvenes de 20 con la mentalidad que hoy tenemos de sus comportamientos de eternos niñatos , el que suscribe, con 20, ya en el final de los sesenta, ya andaba por esos pueblos de Dios ejerciendo de maestro y poniendo seriedad a la situación. Me ha gustado de los secundarios el profesor, me parece que es Silvestre y Crates el poeta. Esa mezcla de universitarios y gentes del pueblo fue una constante en la D.A.

No obstante a personajes masculinos y femeninos les falta perspectivismo, lo que definía el profesor Baquero Goyanes como la cualidad de que unos personajes presenten y retraten a otros. Sé que es fruto de que el narrador sea el que nos da la medida de todo. Pero una carta, o un informe militar, etc. podría hacer más ricos los puntos de vista sobre ellos. (…)

10.- En algunas ocasiones, pese a su pulcritud hay anacronismos en la forma de decir, así llamar a otro gilipollas- faltarían muchos años para ello- (ya se decía entonces)  o aprovecharse de cómo han sucedido las cosas para que algunos personajes den ideas de su forma de ver los sucesos. Por ejemplo cuando un falangista augura el destino de la Falange de chivo expiatorio de derechas, iglesia etc. (Esto ya se decía también por entonces. Muchas gracias por  el trabajo de análisis que ha hecho)

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Destrucción de la derecha en la II República / España, mitos y claves.

Blog I: Cataluña es España / J´attendrai / Bofarull descubre al culpable. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Las versiones izquierdistas han insistido siempre en que la derecha fue desde el principio una amenaza para la república porque “no se resignaba a perder sus privilegios”. La idea va mezclada con la de que los republicanos eran de izquierda y demócratas, mientras que la derecha era monárquica y “reaccionaria”. En realidad, el partido republicano más fuerte era el Radical de Lerroux, que por entonces podía considerarse prácticamente de derecha, mientras que el propio régimen había llegado en gran medida por las maniobras de los derechistas Alcalá-Zamora y Maura, que habían unido las dispersas tendencias antimonárquicas. Sin contar que el Partido Socialista, el más fuerte de la izquierda, solo veía la república como un trámite temporal para imponer su dictadura y que los separatistas la consideraban de modo similar. Prácticamente todas aquellas fuerzas, tan dispares en sus objetivos, solo coincidían en su aversión a la Iglesia y en la decisión de impedir que la derecha llegase a gobernar en la república. Esta solo les valía si la gobernanabn ellos. Con estos enfoques, el nuevo régimen tenía muy pocas posibilidades de consolidar un estado democrático.

Lo esencial es que la república llegó por una quiebra moral de la monarquía, y que la derecha tradicional, salvo el partido de Lerroux, entraron en la república prácticamente desmoronados y desintegrados. Gil-Robles, en sus memorias, explica el enorme trabajo que tuvo para elevar los ánimos de unas muy asustadas y pusilánimes derechas, y reorganizarlas en un partido nuevo, Acción Popular. Y no sería hasta entrado 1933 cuando por fin pudo ponerse en pie la CEDA, que más que un partido era una asociación de grupos diversos, aunque articulados por el principal de ellos, Acción Popular. La CEDA admitía la república, sin identificarse plenamente con ella, por lo que no era antirrepublicana y, en realidad, resultaría más respetuosa con la nueva legalidad que los republicanos, socialistas y separatistas. En el mismo proceso se creó el grupo abiertamentemonárquico y antidemocrático dirigido por Calvo Sotelo, y la Falange, de estilo próximo al fascismo, liderado por José Antonio.

Por lo tanto, el primer bienio republicano fue, por lo que respecta a la derecha, un período de reconstitución o más propiamente constitución de sus fuerzas.  Prácticamente todos los problemas políticos que sufrió la izquierda gobernante en esos dos años largos provinieron de la misma izquierda en su versión anarquista sobre todo  y, en mucha menor medida comunista. La excepción fue el golpe de Sanjurjo, en 1932, cuya total ineficacia provino del hecho de no haber sido apoyada por casi nadie en la derecha. Las insurrecciones anarquistas, en cambio, produjeron varias crisis en la coalición gobernante republicana de izquierdas-socialista, hasta desacreditarla después de Casas Viejas.

El desastre electoral de 1933 dejó en claro la verdadera fuerza de las derechas: un gran partido, la CEDA, que consiguió más votos que cualquiera otro en la derecha o la izquierda; unos grupos monárquicos con mucha menos influencia, y una Falange prácticamente marginal. Por tanto se impuso una derecha moderada y la posibilidad de una república duradera sobre la base, precisamente, de una nueva alianza entre la CEDA y el partido Radical de Lerroux. Como es sabido, la izquierda no se conformó con el resultado de las urnas, enormemente favorable a las derechas, e intentó golpes de estado y la guerra civil abierta en octubre de 1934. La alianza CEDA-Radical superó aquellos ataques, lo que pudo haber consolidado por fin el nuevo régimen en una política moderada. Pero no ocurrió nada de eso. Las izquierdas guerracivilistas fueron mantenidas en la legalidad, no aprendieron nada de su fracaso de octubre, salvo un cambio de táctica impuesto por la derrota, sin cambiar su punto de vista esencial: expulsar a la derecha del poder de modo definitivo aprovechando las próximas elecciones. Con ese objetivo desataron una enorme campaña de acusaciones falsas por la represión de Asturias y lograron fomentar en el país unos odios viscerales.

Sin embargo no serían las izquierdas las que debilitaran al gobierno de la CEDA y los radicales, sino otro derechista, el presidente de la república, Niceto Alcalá-Zamora, que tan decisivo papel había tenido en traer la república. Este empleó sus prerrogativas constitucionales, de modo dudosamente legal, para perturbar sistemáticamente a la derecha como no había osado hacer durante el gobierno de la izquierda. En su actitud se confundían la aversión personal a Lerroux y a Gil-Robles con un cálculo político descabellado. A su juicio, la república había pasado por el bandazo izquierdista en el primer bienio y el derechista en el segundo; ambos habrían fracasado y por tanto llegaba la ocasión de “centrar” la república con un gobierno tutelado por él. A ese fin colaboró con Azaña y Prieto para hundir políticamente a Lerroux y luego expulsó del gobierno a Gil-Robles, colocando en su lugar, ilegítimamente, a políticos sin respaldo parlamentario. Gil-Robles veía cómo sus ingentes esfuerzos de años anteriores por construir una derecha conservadora no extremista, capaz de adaptarse a la república, se venían abajo por las decisiones arbitrarias y atrabiliarias del presidente de la república.

Este juego abocó a Alcalá-Zamora a tomar medidas precipitadas que bordeaban o caían en la ilegalidad, para escapar a las cuales se vio forzado a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones el 16 de febrero de 1936. Las elecciones, en un apogeo de los odios, las amenazas y las violencias, sobre todo por parte de la izquierda, se desarrollaron sin garantías y las votaciones no fueron publicadas. La izquierda tomó el poder en un verdadero golpe de estado, y desde él se apresuró a destruir la Constitución y la legalidad republicana en un proceso revolucionario que he descrito en El derrumbe de la República. La perspectiva era no solo de ser excluida radicalmente del poder, sino de ser violentamente aplastada, y en tal situación la posibilidad de una derecha conservadora que pudiera contender legal y pacíficamente por el poder cedió a una lucha por la supervivencia. Gil-Robles fue en gran parte sustituido en el protagonismo político por el más radical Calvo Sotelo, y la Falange, ilegalizada y perseguida, respondió con atentados a la persecución y asesinato de sus militantes. Un sector del ejército conspiró eficazmente, por primera vez, para acabar con aquel estado de cosas.

Al reanudarse la guerra civil en julio del 36, la derecha organizada durante la república prácticamente desapareció. La CEDA no respondía ya a la nueva crisis histórica, y su destrucción lo fue también de la propia república.  La Falange, como partido más combativo y adecuado a una situación de guerra, pasó a primer plano, pero siempre bajo la dirección superior del ejército y moderada por la influencia católica. De allí salieron nuevas combinaciones políticas ya muy diferentes tanto de la derecha tradicional monárquica como de la organizada durante la república.

Creo que este asunto podría dar lugar a un buen estudio, que propongo a quien esté interesado. Podría titularse “La destrucción de la derecha en la II República”.

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España contra España. Mitos y claves de su historia, debe de estar ya en las librerías. Algunas preguntas básicas:

****Hay ya un gran número de historias de España de mayor o menor enjundia. Se supone que una nueva debe aportar novedades y no incidir en lo ya muy visto. ¿Las aporta esta obra?

Se trata de un reenfoque global, por lo que se diferencia notablemente de la mayoría. Su primera parte analiza críticamente diversas tesis sobre la historia de España que se abrieron paso a partir del “desastre” del 98 y que se han impuesto en círculos muy amplios de historiadores y de público. La segunda parte estudia la actualidad, la democracia en España, la herencia del franquismo, y desde esta se retrotrae hasta la Ilustración. La tercera parte comienza con el examen de la decadencia española en el siglo XVII y va tratando cuestiones clave hasta los orígenes de la propia España. Es decir, se examinan los mitos y claves desde la historia desde el presente hasta la antigüedad. El método expositivo no es habitual, pero creo que queda perfectamente comprensible. En lo esencial es un libro de análisis. La mayor parte de la historiografía española falla en el análisis y tiene también un toque algo provinciano, al aislar la historia de España de la del contorno. Esto ya lo señalé en Nueva historia de España y en Años de hierro. Este nuevo libro es en parte un resumen de esa obra y en parte algo diferente, como ocurrió con Los mitos de la Guerra civil con respecto a la trilogía sonre la república y la guerra.Creo que sus aportaciones lo justifican plenamente, aunque eso lo dirán finalmente los lectores.

****Por tanto, será un libro polémico.

La mayoría de mis libros lo son, porque se apartan de las corrientes y los tópicos dominantes hasta hace poco. Pero el problema no es ese, sino el de si estos estudios son acertados o no. Me remito a Stanley Payne:”Cada una de las tesis de Moa aparece defendida seriamente en términos de las pruebas disponibles y se basa en la investigación directa o, más habitualmente, en una cuidadosa relectura de las fuentes y la historiografía disponibles. El asunto principal no es que Moa sea correcto en todos los temas que aborda. Eso no puede predicarse de ningún historiador y, por lo que a mí respecta, discrepo de varias de sus tesis. Lo fundamental es más bien que su obra es crítica, innovadora e introduce un chorro de aire fresco en una zona vital de la historiografía contemporánea española, anquilosada desde hace mucho tiempo en angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política determinante desde hace mucho tiempo”       Por supuesto, nadie está en posesión de la verdad absoluta, y sería necesario un debate de cierta altura, pero esto no parece al alcance de la mayoría de los historiadores españoles, como observa también Payne: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de censura de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática. No hay una sola de las numerosas denuncias de la obra de Moa que realice un esfuerzo intelectualmente serio por refutar cualquiera de sus interpretaciones”. Esto es la pura verdad, y constituye un feo y lamentable retrato del nivel intelectual reinante hoy en España. ****¿Qué mitos o tópicos de la historia considera usted que deben ser revisados?

Muchos, ciertamente. Desde el origen de España, que no está en Atapuerca o en los íberos y celtas, sino en la II Guerra Púnica, hasta el carácter de la democracia actual o la herencia del franquismo. Son muy debatibles las cuestiones de la la España visigótica y la Reconquista;  de la supuesta españolidad de Al Ándalus;  si hubo Reconquista y tres culturas o no;  si hubo un verdadero “siglo de oro”;  la decadencia del siglo XVII y sus causas; la Ilustración española, tan traída y llevada;  el carácter de la Guerra de Independencia y sus consecuencias, la profunda depresión del siglo XIX; los efectos del “desastre” del 98, los mesianismos obreristas, los separatismos y la ruina de la Restauración; la naturaleza de la II República y la Guerra Civil –sobre las que se han creado multitud de mitos–, Etc. Estas y algunas otras cuestiones son abordadas, como digo, de modo analítico y estableciendo balances en lugar de perderse en los innumerables detalles, a menudo contradictorios, que jalonan la historia. El libro examina tesis que van desde el marxismo al regeneracionismo, de Ortega a Américo Castro y Sánchez Albornoz o Julián Marías. Muchos libros de historia se escriben sin confrontación ni debate con otros, como si estos no existieran. He procurado evitar ese mal método y al mismo tiempo tratar los temas con la mayor claridad posible.

****Qué opina usted de la historiografía anglosajona sobre España?

Creo que, exceptuando casos como los de Stanley Payne o Elliott, está muy sobrevalorada. Como recordaba Ramón Salas Larrazábal, la contribución real de los historiadores españoles es, en conjunto, muy superior a la de los anglosajones, aunque debo repetir que las deficiencias de análisis y un cierto provincianismo lastran considerablemente la producción intelectual hispana. Parte de ese provincianismo se revela en esa actitud beata y acrítica sobre los autores anglosajones.También es una lástima que no haya en España especialistas en cultura o historia de Inglaterra o Usa con un punto de vista independiente.

****Hace años anunció usted que iba a dejar de escribir sobre historia y dedicarse a la novela.

Sí, ha sido una promesa incumplida, como a veces pasa. La hice porque creo que la cuestión de la república y la guerra civil, en que me centré durante bastantes años, está intelectualmente resuelta en sus aspectos fundamentales. Otra cosa es que popularmente y en la universidad persistan numerosos mitos y distorsiones, pero en el plano intelectual, insisto, la cosa está resuelta. No obstante, he seguido con otros asuntos, como la posguerra, la Transición, la historia de España en su conjunto, y acabo de comenzar una Introducción a la historia de Europa, que me parece muy necesaria en un país que combina un entusiasta y beato “europeísmo” con una cruda  ignorancia sobre la realidad histórica del continente en que estamos. Pero, sí, dejaré ya la historia de España, creo que esta vez en serio. Tengo también en mente una novela centrada en los años finales de los 60 y principios de los 70, que, de modo tangencial, continuará a Sonaron gritos y golpes a la puerta.

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¿Qué queda del franquismo? / Hispanofobia / Mitos de Ángel Viñas

Blog I: “España contra España. Claves y mitos / “Cara al sol” : http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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¿Qué queda del franquismo? Algunos dicen que casi nada. En realidad queda mucho.

En primer lugar, la paz, aunque algo deteriorada por el terrorismo o la colaboración con él. En segundo lugar, la unidad de España, muy amenazada antaño por el Frente Popular y nuevamente ahora. En tercer lugar,  la prosperidad, aunque medio arruinada por los políticos actuales. En cuarto lugar, la reconciliación y el olvido de los odios de la república, que no han logrado resucitar del todo los políticos de ahora. En quinto lugar la soberanía nacional,  amenazada por los políticos que quieren disolver a España en la UE, haciéndola un apéndice del eje Berlín-París. En sexto lugar una Seguridad Social ahora también medio arruinada por el derroche y la incompetencia. En séptimo lugar, numerosas leyes tan racionales que no han podido ser derogadas por sus enemigos retrospectivos….

   Hay muchas herencias más, casi todas positivas. Pero estas siete bastan para situar la cuestión en su verdadera perspectiva histórica.

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Magnífica conferencia, ayer en el Casino de Madrid, de Otero Novas.  Uno de los principales temas abordados: la relación con la UE. En cualquier país serio, a estas alturas se habría hecho un balance de ventajas y perjuicios de la integración en lo que los ignaros llaman “Europa” (como es preciso un balance del estado de las autonomías,  del que es incapaz la casta política, más interesada en “otras cosas”). El proio Otero Novas ha pedido  ese análisis, en vano.  A falta de un estudio global y pormenorizado, el conferenciante ofreció una serie de datos significativos, exponiendo cómo, por encima de la oscurantista beatería “uropeísta”, nuestra integración en la UE tiene cargas negativas, económicas y políticas, de gran peso.  Varias de las cuales han influido de modo muy poderoso en la ruinosa crisis en que estamos sumidos. Y a esa crisis, los jefes de partido, empezando por Rajoy, reaccionan tratando de anular más aún la soberanía y las posibilidades de maniobra de España.

Por mi parte sostengo que la hispanofobia es una enfermedad moral y una de las claves esenciales de la ruina de la nación española. Tanto en su versión disgregadora como en su versión disolvente.

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Los mitos de  Ángel Viñas

Ángel Viñas y Fernando Hernández han escrito en El País sobre los últimos días de lo que ellos (y tantos otros) llaman la República y que en realidad era el Frente Popular, precisamente la coalición izquierdista que destruyó la legalidad republicana y provocó la guerra civil. Por lo demás, aquellas semanas últimas de la guerra han sido estudiadas inmejorablemente por Ricardo de la Cierva. Pero, en fin, veamos los puntos de Viñas y Hernández:

La victoria franquista, tras la caída de Cataluña, parecía inevitable“. No tanto:  el Frente Popular disponía de al menos medio millón de soldados, una  escuadra muy considerable y grandes ciudades. Con desventajas mucho  mayores se habían defendido los nacionales en bastantes ocasiones. Además   estaba la perspectiva de enlazar la guerra civil con la europea que se   vislumbraba próxima, como deseaban Negrín y los comunistas: fallaron por sólo por cinco meses.

Madrid padecía hambre  y privaciones” ¿Sólo Madrid? ¿Y sólo entonces? El año 1938 fue el de  mayor hambre en España en todo el siglo XX, y empeoró en los primeros  meses de 1939. Y esa hambre se produjo casi exclusivamente en la zona  izquierdista, producto de la pésima gestión y corrupción de los dirigentes  y del desinterés de los obreros y campesinos por defender una causa en la que, evidentemente, pronto dejaron de creer.

No había ninguna      conspiración comunista“. La cuestión carece del menor interés: había      la decisión de Negrín y el PCE de seguir la lucha con el designio  señalado, sin importar las víctimas ni las destrucciones; y la decisión   contraria de Casado, Besteiro, Mera, etc., de impedirlo. Esto fue lo  importante.

Negrín no actuaba al dictado del PCE”. Otra cuestión insignificante. En la práctica,      Negrín, Stalin y los comunistas actuaron siempre de acuerdo, con  diferencias ocasionales y menores. Eso es lo que cuenta. Las razones de la  colaboración de Negrín tampoco son difíciles de encontrar: él había sido el  principal autor del envío de las reservas financieras españolas a la URSS,  poniendo el suministro principal de armas y otras cosas en manos de  Stalin. Y, hombre realista, comprendía que no tenía más remedio que seguir      ese camino hasta el final. No era preciso que le dictasen gran cosa.

Ya antes del golpe  casadista Stalin se había lavado las manos de la República, en parte      porque no existían posibilidades de que resistiera y en parte, también,  porque el Gobierno francés había entorpecido los flujos de suministro”.   Por supuesto, Stalin atendió ante todo a sus propios planes, que  consistían en utilizar el Frente Popular al servicio de su política  exterior, como bien saben, pero disimulan un tanto, los dos autores. Y el Gobierno francés facilitó casi siempre el suministro, incluso cuando oficialmente lo cerraba. Las dificultades de última hora, en Cataluña, se debieron a que el avance franquista fue tan rápido que impidió a la   izquierdas aprovechar el gran número de aviones y otro material que les  estaba llegando.

La Flota huyó y cortó  toda posibilidad de evacuación masiva”. Ni Negrín ni los suyos tenían  la menor intención de una evacuación masiva, pues querían enlazar con la      guerra mundial, como dijimos, lo que habría multiplicado los daños y  víctimas en España. De hecho no se preocuparon en absoluto de evacuar a nadie, ni siquiera a sus chekistas y sicarios más comprometidos. Sí se  preocuparon, en cambio, y con total eficacia, de evacuar inmensos tesoros  robados al patrimonio nacional. “Detalles” que ni se molestan en  citar los dos autores. No los considerarán relevantes.

“La consigna casadista, paz sin represalias, resultó irresistible“. No para todos,      pues Franco nunca engañó a nadie: exigió la rendición incondicional y   prometió castigo para los culpables de crímenes.

“En el ínterin, una corta resistencia comunista en Madrid fue ahogada en sangre” (por sus aliados). Esto tiene gracia: como si los comunistas no derramaran sangre a su vez. Aparte de que ¿por qué la rebelión comunista fue “corta”, cuando contaba con total superioridad militar en la zona? Un enigma que  escapa a la perspicacia de los dos historiadores, aunque ha dado mucho que pensar.

Franco no tuvo piedad con los vencidos”. ¿Y qué piedad tuvieron los jefes del Frente      Popular con sus prisioneros o entre ellos mismos? Por lo demás, tampoco es del todo cierto lo que dicen Viñas y Hernández. Cuando se hundió el frente, el 26 de marzo, las tropas nacionales no irrumpieron en masa y con rapidez para capturar el mayor número de enemigos, como podían haber hecho, sino que avanzaron con parsimonia pese a no encontrar resistencia. Así, los revolucionarios tuvieron cuatro días para concentrarse y ser  evacuados desde Alicante u otros puertos. En realidad tuvieron bastantes más días, porque el final se veía venir desde antes. Pero la absoluta imprevisión y despreocupación de los jefes del Frente Popular por su propia gente hizo que apenas pudieran escapar unos pocos miles, a la desesperada. También este hecho, tan significativo, escapa a la atención de los dos sesudos historiadores.

La historiografía  académica, Aróstegui, Bahamonde, Cervera, Graham, Preston (…) (y otras  aportaciones), permiten recuperar los entresijos de lo que sucedió y, por ende, apuntalar una historia que prescinde de mitos y, en los posible, de  prejuicios“. No cabe duda de que estos dos historiadores son unos humoristas.

Tres perlas finales para      confirmar el humorismo de estos autores y de la no menos sesuda Helen Graham: “El PCE carecía de plan para salir de la guerra“. Lo mismo que Negrín: querían enlazarla con la guerra mundial, como han  explicado con la mayor claridad. Otra cosa es que el pacto Hitler-Stalin  les hubiera pillado en una posición grotesca, pero eso escapaba a sus  previsiones. O bien: “El sectarismo de la política comunista, imbuida –como ha dicho Graham—del deseo de defender un ‘republicanismo  fundacional‘, pero de tal forma que condujo inevitablemente a su      aislamiento”. Claro, Stalin y el PCE (o Negrín) defendían el ”republicanismo fundacional”, democrático. Como Hitler defendía a los judíos. Otra más: “El triunfo franquista sería el fin de todo  lo que la clase obrera y la burguesía de izquierdas habían conquistado durante décadas“. ¿La clase obrera o los partidos mesiánicos que  decían representarla? ¿Y qué conquistas habían hecho durante la República,  no digamos bajo el Frente Popular? Como estos historiadores no  especifican, me permitiré señalar algunas conquistas de esos partidos: la vuelta del hambre a niveles de principios de siglo; un estado de excepción casi permanente; Casas Viejas; la planificación de la guerra civil; las    elecciones no democráticas de febrero del 36; la oleada de crímenes y el  crecimiento en vertical del paro después de esas elecciones; los asesinatos entre esos mismos partidos; la enorme corrupción durante la guerra en la compra de armas y otras actividades… Grandes conquistas,  ciertamente, y muy merecedoras de recordación.

 

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