El tiempo se acaba. Es preciso reaccionar.
**Parte del proyecto destructivo, golpista, de la mafia del Doctor es la complicidad con el golpismo separatista. Con lo del indulto, el delincuente llama a la “concordia”. Es lógica esa concordia entre golpistas enemigos de España y de la democracia. Como lo fue la concordia del Zapo con la ETA. Un crimen detrás de otro. Siempre con la colaboración del PP, declarada o de hecho.
**No duden de que la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos entra en el proyecto destructivo de España de la mafia del Doctor. No duden de que, llegado el caso, el PP colaboraría, echando alguna lagrimita, eso sí. O estos delincuentes van a la cárcel, o destruyen España y la libertad.
Ceuta, Melilla y Marruecos
(En LD, 16-8-2010)
La ONU considera Gibraltar una colonia, y ha incitado a Inglaterra a descolonizarla (en vano, naturalmente), mientras que Ceuta y Melilla se reconocen como ciudades españolas. Ambas cosas fueron un éxito de la diplomacia franquista, tanto más notable ante la fuerte tendencia demagógica de la ONU. Sin embargo, el Gobierno de Rabat reivindica las dos ciudades, y los socialistas y los separatistas en España le apoyan, con disimulo o abiertamente, a fin de debilitar por cualquier flanco la nación española, o equiparando fraudulentamente el caso con el de Gibraltar.
La exigencia de Rabat ha sido rechazada porque Ceuta y Melilla nunca pertenecieron a un estado marroquí. Propiamente hablando, no existe un estado tal hasta entrado el siglo XVI, con la dinastía saadí, cuyas fronteras se delimitan frente a la presión de portugueses y turcos. Aun así, ese estado tuvo dos características inhabituales. Fue muy expansivo hacia el sur, llegando hasta Tombuctú y practicando un masivo tráfico de esclavos que alteró considerablemente la composición étnica del sur del actual Marruecos; por lo cual Rabat ha reivindicado enormes extensiones del Sahara, para molestia de los estados creados tras la descolonización. Y en el territorio del Marruecos actual fue más bien un estado arabizado, establecido sobre las zonas llanas y próximas al litoral, pero incapaz de dominar la mayor parte del actual país, es decir, las zonas propiamente bereberes de las montañas, donde ni siquiera podía cobrar impuestos: solo conseguía en ellas el rezo en nombre del sultán, tomado como signo de soberanía sin más consecuencias prácticas. Pues siempre ha existido en el Magreb una considerable tensión entre la parte beréber y la arabizada, que todavía hoy estalla a veces en rebeliones. En realidad fue la colonización francesa la que hizo de Marruecos un estado relativamente moderno y efectivo, con los límites actuales, aparte de su expansión por el antiguo Sahara español.
No obstante, Rabat suele considerar precedentes estatales marroquíes los imperios almorávide y almohade, con lo cual podría reclamar –y lo hace de modo implícito, aunque sin pretensiones a corto plazo– casi todo el Magreb, más un tercio o la mitad de la península ibérica por el norte, y Mauritania, por el sur. De hecho, Marruecos ha sido desde su independencia el país magrebí más agresivo y que más conflictos, diplomáticos o bélicos, ha sostenido con todos los países de su entorno y, desde luego, con España. Su método, en nuestro caso, ha sido explotar momentos de debilidad política en Madrid para provocar o avanzar con hechos consumados, a veces mediante agresiones bélicas a cargo de fuerzas supuestamente incontroladas. También extendió unilateralmente sus aguas territoriales, privando de caladeros a los pesqueros españoles, a los que hostigó con detenciones y ametrallamientos. Otra forma de agresión indirecta ha sido el envío ilegal de emigrantes subsaharianos o magrebíes a las costas de Canarias y Andalucía.
Su mayor éxito fue, aprovechando la agonía de Franco, la invasión del Sahara español mediante la Marcha Verde con apoyo useño, motivado este por el peligro de que la colonia cayera en manos de Argelia, entonces un país socialista muy antioccidental. Rabat consiguió su objetivo, que se convirtió durante bastantes años en un regalo envenenado, pues le obligó a sostener una costosísima guerra con el Frente Polisario, respaldado por Argel.
Aunque Marruecos no ha acabado de digerir el Sahara, ganó finalmente la guerra, con lo que su Gobierno ha podido volver los ojos sobre su próximo objetivo, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Para presionar sobre España, Mohamed VI utiliza su posición como aliado de USA y de Francia en el Magreb, juega con la amenaza islámica y atiende a los signos de flaqueza de Madrid. Signos hoy muy ostensibles: movimientos secesionistas en Cataluña y Vascongadas, amparados de hecho por el Gobierno del PSOE, evolución política hacia la disgregación nacional con reconocimiento de “naciones” en las regiones españolas, crisis económica, “alianza de civilizaciones”, es decir, de dictaduras, incluida la marroquí, etc. La demagogia ignara de Obama también le favorece, y París, desde luego, no va a mover un dedo por los intereses españoles.
Pero además, Rabat ha recibido del Gobierno socialista signos inequívocos de aliento a sus aspiraciones, como la reducción de las guarniciones de dichas ciudades o una propaganda ambigua respecto de la naturaleza política de estas. Una ambigüedad viene de lejos. Me comentaba Sabino Fernández Campos su asombro ante la declaración de un alto responsable español a Hasán II (ese alto responsable era el propio rey Juan Carlos, hombre frívolo y necio como ha demostrado muy ampliamente. Debo especificarlo ahora. Unos documentos de la diplomacia useña, desclasificados hace unos años, van en la misma dirección) : “El problema se resolverá según ustedes vayan metiendo marroquíes en Ceuta y Melilla, hasta que sean mayoría”. Un proceso, por cierto, al que hemos asistido año tras año, considerando xenofobia la más elemental y legítima defensa. Cierto que esos marroquíes, en su mayoría, saben bien cómo se vive en Marruecos y no desean volver a lo mismo. Pero en caso de conflicto abierto no hay duda sobre qué camino tomarían.
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Conversación informal
Me pregunta una chica si es cierto que el plan 2050 de la pandilla del Doctor incluye traer 200.000 inmigrantes al año para que “paguen nuestras pensiones”. Le digo que lo acaba de denunciar Abascal. Y le aclaro: “Es un gobierno de auténticos delincuentes. Medio locos, además. Sus antecesores causaron la guerra civil y estos los reivindican, mientras combaten como fieras para derrotar a Franco, fallecido hace 46 años”.
–¿Pero por qué hacen eso? ¿Qué pretenden conseguir? ¿Se les puede frenar?
–La política de esta gente es, efectivamente, delirante. Fomentan el aborto y la inmigración, con el pretexto de que hacen falta jóvenes que paguen las pensiones. Este es solo un ejemplo. Pero claro está que lo hacen por algo, y es que se creen representantes de la humanidad, de una humanidad sin culturas nacionales, sustituidas por cuatro tópicos ideológicos de origen marxista. El marxismo es muy lógico si aceptas unas premisas como la lucha de clases. A partir de ahí, tiene mucha fuerza convincente, aunque las consecuencias son bien visibles. Ahora, estos locos pretenden algo parecido a base de ecologismo, feminismo, cambio climático, lgtbi y demás. Es un conglomerado confuso, pero tiene también una lógica: acabar con las culturas nacionales, la familia, la sexualidad normal, las ideas tradicionales, hasta con el mismo hombre blanco. Porque, según ellos, son la causa de los males que han sufrido los humanos a lo largo de la historia, y que ellos piensan eliminar con sus chifladuras. Todo esto es muy desagradable, no tanto porque sea tan delirante como porque ha alcanzado mucha fuerza.
–Qué horror, es increíble que puedan pasar cosas así, ¿cómo han llegado estos pirados a tener tanto poder? ¿Cómo han pasado inadvertidos de esta manera? Yo no creo que la mayoría de la gente apoye activamente semejantes iniciativas, sin embargo, les votan. ¿Votan al buen tuntún o de verdad están de acuerdo con estas cosas? Es todo muy confuso.
–¿Cómo han llegado esos pirados a tener tanto poder? Porque quienes tenían que oponérseles no se les han opuesto. Lo explicaba muy bien un catedrático: “La derecha en España está condenada a alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda, por falta de formación histórica e ideológica”. Menos mal que ha surgido VOX