Cómo derrotó España el criminal aislamiento decretado, al terminar la guerra mundial, por regímenes comunistas, democracias y dictaduras diversas: https://www.youtube.com/watch?v=dJuWZeoFYPQ
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Dice el brutillo ministro español de asuntos exteriores (los asuntos exteriores de Berlín y Anglosajonia, no los de España) que Rusia es enemiga secular de Europa. Debe de ser porque Rusia sirvió de barrera frente a los mongoles y, ya en tiempos más recientes, derrotó los designios napoleónicos de someter toda Europa a Francia y posteriormente los de Hitler de hacer lo mismo con respecto a Alemania. O, más inmediatamente, ha logrado paralizar en Siria a los que estaban provocando matanzas, terrorismo y flujos inmigratorios masivos hacia Europa, es decir, la OTAN en segundo plano. Y ahora este tipejo se dedica, como Rajoy, a amenazar y provocar a Rusia por cuenta ajena. Con Rusia no tenemos intereses comunes ni conflictos. Con la OTAN tenemos conflictos resumidos –no exclusivamente– en Gibraltar. Mientras no nos libremos de estos canallas España solo servirá de peón para otros. Ningún país es amigo o enemigo de “Europa”.
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Ayer, en la Feria del libro, unos treinta libros firmados en dos horas. No gran cosa, uno cada cuatro minutos. Me dice el encargado que la mayoría de los autores firman bastante menos, lo que no es ningún consuelo. Pero algunas anécdotas. Cuatro mujeres me comentaron su interés por la novela Sonaron gritos…; dos de ellas, jóvenes, dijeron que la habían regalado a varias personas, una me animó a seguir con esa literatura. “Tengo una nueva acabada” “¿Tendrá alguna historia romántica?”. “Creo que sí. Más o menos, alguna hay”. Una chica joven me decía que las novelas en que apenas aparecen mujeres, le aburrían. Normal. Varios preguntan por La Reconquista. “Aquí solo hay libros de Ediciones Encuentro. Ahí enfrente, en la caseta 248, de La Esfera de los Libros deben tenerlo”. Uno lo consigue, pero los otros no: solo había un ejemplar. Tampoco tenían la novela. Los mitos de la guerra civil sí. Nadie preguntó por Los mitos del franquismo ni por el libro sobre Europa.
De los de Encuentro, el más vendido creo que fue Los orígenes de la guerra civil. Había una pila de ejemplares de Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia y no se vendió ni uno. Pasa como con Europa: o bien dan por sabido el tema y, más probablemente, la inmensa mayoría ni sabe ni le interesa, a pesar de ser dos asuntos de máxima actualidad. Y de que no hay apenas bibliografía española sobre Europa y muy poca sobre los separatismos en conjunto. Tiene algo de desconcertante.
No estaba De un tiempo y de un país, del que el año pasado firmé bastantes. Parece agotado, no sé si sería posible una reedición en alguna editorial. Pero lo que me interesó más fue la presencia de un título que tenía olvidado: La quiebra de la historia “progresista”, con el subtítulo “En qué y por qué yerran Beevor, Preston, Juliá, Viñas Reig…” El libro es de hace doce años y debiera haber dado lugar a un debate medianamente serio, o dejarlo cerrado, porque la crítica a esos autores es demoledora y jamás han podido replicarla, dejando aparte descalificaciones personales y exigencias de censura (la primera de esas exigencias fue del historiador democristiano Tusell, en El País).
Aprendí entonces varias cosas: que esperar un debate intelectual de nuestros historiadores “científicos” es pedir peras al olmo. Que con los historiadores convencionalmente llamados “de derecha”, pasa algo semejante: escriben sus textos, a veces valiosos, casi siempre más que los “científico-progresistas”… pero les da pánico entrar en debate (un ejemplo reciente fue el de los lamentables autores que demostraban la falsificación de actas en las elecciones del 36: se apresuraban a anunciar que no querían ningún debate. Vamos, que solo escribían por escribir. Eso sí, me descalificaban sin citarme). Y ni siquiera apoyan a quienes plantamos cara al matonesco fraude historiográfico, como es mi caso o en otro tiempo el de Ricardo de la Cierva: contribuyen al ninguneo y al oscurantismo.
Una tercera lección fue que el dominio de la universidad y de los medios por esa combinación de “científicos” y cantamañanas no responde a ninguna base intelectual sino a una combinación de matonismo y carrerismo desvergonzado. El subtítulo del libro es demasiado benévolo. Esos autores no “yerran” sino que mienten. Han logrado convertir la universidad en una especie de industria del embuste, industria que nos obligan a pagar a todos, y han defendido y seguirán defendiendo sus privilegios con uñas y dientes. Esa gente ha vuelto a quedar en evidencia con la ley de memoria histórica, que por respeto a la inteligencia y a la democracia debería haber sublevado a la universidad en pleno…, y a unos les ha contentado y los demás se han despreocupado. La universidad ha sido el espinazo de la cultura occidental, y ya vemos cómo se encuentra en España.
Un estudiante me comentaba ayer que citar mi nombre en esos ambientes era como citar al diablo, mientras que Preston y compañía son los santos a venerar. Le dije que esa situación no había surgido de repente, sino de un largo proceso que no ha tenido réplica. Y va siendo hora de que la tenga, va siendo más que hora de desafiar el imperio del fraude, en lugar de quejarse. Es necesario conquistar la universidad.

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